• Lazos
    -AU- En los pasillos de la escuela se podía ver a un estudiante de la casa verde llevando a cuestas a un estudiante mucho más joven de la casa azul. Este parecía herido, pero no tanto como para necesitar ser cargado de esa manera por el estudiante de Green Lion. —¿No es ese el niño prodigio?—¡Sí, sí lo es! ¡Y lo...
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  • Tal parece, que debo investigar ese suceso, tal vez nos ayude a dar con charlatán...

    ✶ Fandom: #VanitasNoCarte
    ✶ Comunidad: #Comunidad2D #Personaje2D
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  • Estoy orgulloso de mi parte de diosa que heredé mi madre, es algo que no puedo evitar.
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  • La noche me abrazaba como un viejo amigo, pero esta vez no encontraba consuelo en su oscuridad. Las estrellas apenas brillaban entre las nubes, y el aire estaba cargado de humedad. Necesitaba salir. Mi casa se había vuelto un lugar opresivo, cada rincón resonando con aquella voz que ahora no solo aparecía en mis sueños, sino que se atrevía a hablarme incluso despierto.

    El vino no bastaba ya. Aunque no solía recurrir al alcohol como solución, la desesperación comenzaba a apoderarse de mí. Si quería acallar el eco que me atormentaba, necesitaba algo más fuerte, algo que nublara mis sentidos hasta hacerme olvidar, aunque solo fuera por unas horas. Salir de allí era la única opción. Tal vez perderme entre el bullicio de otros seres, entre risas y ruido, podría otorgarme un momento de paz.

    Elegí un bar en las afueras de la ciudad, uno donde pudiera pasar desapercibido. Su clientela no era del tipo que hiciera preguntas o miradas largas; eso me bastaba. Un lugar oscuro, lleno de sombras y de historias que nadie querría contar en voz alta. Justo lo que necesitaba.

    —Lo más fuerte que tengas —dije al barman sin mirarlo, mi voz baja y cortante.

    El vaso llegó rápido, el líquido oscuro y denso, prometiendo una embriaguez más rápida de lo habitual. Pero sabía que no sería suficiente. El alcohol no afectaba a mi cuerpo como lo hacía con los humanos, pero si bebía lo suficiente, podría entumecer esa parte de mí que seguía escuchando la maldita voz.
    La noche me abrazaba como un viejo amigo, pero esta vez no encontraba consuelo en su oscuridad. Las estrellas apenas brillaban entre las nubes, y el aire estaba cargado de humedad. Necesitaba salir. Mi casa se había vuelto un lugar opresivo, cada rincón resonando con aquella voz que ahora no solo aparecía en mis sueños, sino que se atrevía a hablarme incluso despierto. El vino no bastaba ya. Aunque no solía recurrir al alcohol como solución, la desesperación comenzaba a apoderarse de mí. Si quería acallar el eco que me atormentaba, necesitaba algo más fuerte, algo que nublara mis sentidos hasta hacerme olvidar, aunque solo fuera por unas horas. Salir de allí era la única opción. Tal vez perderme entre el bullicio de otros seres, entre risas y ruido, podría otorgarme un momento de paz. Elegí un bar en las afueras de la ciudad, uno donde pudiera pasar desapercibido. Su clientela no era del tipo que hiciera preguntas o miradas largas; eso me bastaba. Un lugar oscuro, lleno de sombras y de historias que nadie querría contar en voz alta. Justo lo que necesitaba. —Lo más fuerte que tengas —dije al barman sin mirarlo, mi voz baja y cortante. El vaso llegó rápido, el líquido oscuro y denso, prometiendo una embriaguez más rápida de lo habitual. Pero sabía que no sería suficiente. El alcohol no afectaba a mi cuerpo como lo hacía con los humanos, pero si bebía lo suficiente, podría entumecer esa parte de mí que seguía escuchando la maldita voz.
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  • Siempre eres tan impulsiva a la hora de algo... por dios ahora dame ese cuchillo y dejame resolverlo, te dije que esta mision era para mi, metete a la cabaña, ahorita yo me deshago del cuerpo y entro contigo, ¿si?

    Todo estara bien pequeña, te amo

    -la tomo de su mano armada para quitarle el cuchillo y tomandola de las mejillas le planto un calido beso tratando de calmarla y dandole su abrigo quedando sin camisa bajo la nieve asi dirigiendola a la cabaña a que se calentara-

    Prometo no tardar
    Siempre eres tan impulsiva a la hora de algo... por dios ahora dame ese cuchillo y dejame resolverlo, te dije que esta mision era para mi, metete a la cabaña, ahorita yo me deshago del cuerpo y entro contigo, ¿si? Todo estara bien pequeña, te amo -la tomo de su mano armada para quitarle el cuchillo y tomandola de las mejillas le planto un calido beso tratando de calmarla y dandole su abrigo quedando sin camisa bajo la nieve asi dirigiendola a la cabaña a que se calentara- Prometo no tardar
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  • Outfit del día de hoy.
    Outfit del día de hoy. 💖💐
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  • Carmina Valenti siempre había sentido una conexión profunda con su cabello cobrizo y rizado. Desde pequeña, lo había cuidado con esmero, aprendiendo a domar cada rizo rebelde y a darle forma según su estado de ánimo. Algunos días lo llevaba suelto, enmarañado y salvaje, mientras que otros prefería atarlo en una trenza o envolverlo en un pañuelo elegante. Para ella, su cabello era una extensión de su ser, una forma de expresión que reflejaba su fuerza y creatividad.

    Sin embargo, ese orgullo se convertía en un trago amargo cada vez que alguien la elogiaba por él. Las palabras "me encanta tu cabello" eran suficientes para que su sonrisa se congelara, y sus pensamientos volvieran a un rincón oscuro de su memoria. Era el mismo cabello que su madre había llevado, idéntico en color y textura. Una herencia que, en lugar de acercarla a un legado familiar positivo, la arrastraba hacia recuerdos que prefería dejar enterrados.

    Durante su adolescencia y hasta hace pocos años, Carmina había intentado escapar de esa conexión. A diario, tomaba la plancha de cabello y la deslizaba con rabia controlada sobre cada mechón rizado, alisando lo que para ella representaba un vínculo con su madre, una mujer atrapada en las sombras de la ciudad, enredada en el mundo de las drogas y la prostitución. Su madre había muerto joven, en las calles, dejando a su hija con más preguntas que respuestas. Para Carmina, su cabello era una marca visible de esa historia, una que no quería que otros vieran reflejada en ella.

    Planchar su cabello se había convertido en un ritual de distanciamiento, un intento de borrar cualquier semejanza con esa mujer de la que intentaba alejarse. Pero, un día, simplemente se cansó. No hubo un momento dramático ni una epifanía reveladora; solo el cansancio acumulado de intentar ser alguien distinta a lo que el destino le había dado. Dejó de luchar contra los rizos, dejó de alisar la historia que cargaba en cada mechón, aunque los recuerdos seguían ahí, incrustados en su mente.

    Aún adoraba su cabello y dedicaba tiempo a cuidarlo, pero cada vez que un cumplido llegaba, su interior se tensaba. "Gracias", solía decir, forzando una sonrisa, mientras por dentro deseaba que nadie más volviera a mencionarlo.
    Carmina Valenti siempre había sentido una conexión profunda con su cabello cobrizo y rizado. Desde pequeña, lo había cuidado con esmero, aprendiendo a domar cada rizo rebelde y a darle forma según su estado de ánimo. Algunos días lo llevaba suelto, enmarañado y salvaje, mientras que otros prefería atarlo en una trenza o envolverlo en un pañuelo elegante. Para ella, su cabello era una extensión de su ser, una forma de expresión que reflejaba su fuerza y creatividad. Sin embargo, ese orgullo se convertía en un trago amargo cada vez que alguien la elogiaba por él. Las palabras "me encanta tu cabello" eran suficientes para que su sonrisa se congelara, y sus pensamientos volvieran a un rincón oscuro de su memoria. Era el mismo cabello que su madre había llevado, idéntico en color y textura. Una herencia que, en lugar de acercarla a un legado familiar positivo, la arrastraba hacia recuerdos que prefería dejar enterrados. Durante su adolescencia y hasta hace pocos años, Carmina había intentado escapar de esa conexión. A diario, tomaba la plancha de cabello y la deslizaba con rabia controlada sobre cada mechón rizado, alisando lo que para ella representaba un vínculo con su madre, una mujer atrapada en las sombras de la ciudad, enredada en el mundo de las drogas y la prostitución. Su madre había muerto joven, en las calles, dejando a su hija con más preguntas que respuestas. Para Carmina, su cabello era una marca visible de esa historia, una que no quería que otros vieran reflejada en ella. Planchar su cabello se había convertido en un ritual de distanciamiento, un intento de borrar cualquier semejanza con esa mujer de la que intentaba alejarse. Pero, un día, simplemente se cansó. No hubo un momento dramático ni una epifanía reveladora; solo el cansancio acumulado de intentar ser alguien distinta a lo que el destino le había dado. Dejó de luchar contra los rizos, dejó de alisar la historia que cargaba en cada mechón, aunque los recuerdos seguían ahí, incrustados en su mente. Aún adoraba su cabello y dedicaba tiempo a cuidarlo, pero cada vez que un cumplido llegaba, su interior se tensaba. "Gracias", solía decir, forzando una sonrisa, mientras por dentro deseaba que nadie más volviera a mencionarlo.
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  • "Día 6. Invasión de fantasmas! Los fantasmas invaden ficrol!
    Día 7. Vuélvete un cazafantasmas para detener la invasión! "

    ------

    Las explicaciones lógicas, en este momento, no existían.
    De un momento para el otro, la mansión Phantomhive se vio invadida por fantasmas.
    Estos se hallaban en el salón, en los dormitorios, en la cocina, ¡hasta en el baño!
    Merodeaban en cada rincón, en cada pasillo y en cada lugar donde mirasen e intentasen esconderse.
    —¡Padre, la mansión ya no es segura! —gritó Junior mientras corría junto el adulto. —¡Debemos ir al exterior!
    Era la opción más viable, un espacio abierto les permitiría mayores posibilidades de escape.

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    Charles Grey
    #Inkfest
    "Día 6. Invasión de fantasmas! Los fantasmas invaden ficrol! Día 7. Vuélvete un cazafantasmas para detener la invasión! " ------ Las explicaciones lógicas, en este momento, no existían. De un momento para el otro, la mansión Phantomhive se vio invadida por fantasmas. Estos se hallaban en el salón, en los dormitorios, en la cocina, ¡hasta en el baño! Merodeaban en cada rincón, en cada pasillo y en cada lugar donde mirasen e intentasen esconderse. —¡Padre, la mansión ya no es segura! —gritó Junior mientras corría junto el adulto. —¡Debemos ir al exterior! Era la opción más viable, un espacio abierto les permitiría mayores posibilidades de escape. ------ [EarlGrey] #Inkfest
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  • Aun que me vea fuerte y valiente sin miedo a nada , es que la verdad no quiero me niego a aceptar un futuro sin mi caballero,es algo jamas aceptaría.
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  • Había días, especialmente cuando era demasiada la calma, en que no podía más que rememorar aquel tiempo como ángel, pero más aún, el tiempo de su destierro.

    Seguía pareciéndole irónico, increíble que los seres más "puros" pudieran cometer las peores atrocidades, el divertirse castigándolo, torturándolo, queriendo escucharlo llorar y suplicar como si de una enfermiza fantasía se tratase.

    Por momentos, aquellas cicatrices en su cuerpo ardían como si fueran heridas recientes, a pesar de haber muerto y renacido, era una marca que el pasado no le permitía borrar, suspirando y mirando por el balcón al cielo.
    Había días, especialmente cuando era demasiada la calma, en que no podía más que rememorar aquel tiempo como ángel, pero más aún, el tiempo de su destierro. Seguía pareciéndole irónico, increíble que los seres más "puros" pudieran cometer las peores atrocidades, el divertirse castigándolo, torturándolo, queriendo escucharlo llorar y suplicar como si de una enfermiza fantasía se tratase. Por momentos, aquellas cicatrices en su cuerpo ardían como si fueran heridas recientes, a pesar de haber muerto y renacido, era una marca que el pasado no le permitía borrar, suspirando y mirando por el balcón al cielo.
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