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Acción , Aventura , Comedia , Contemporáneo , Drama , Romance , Slice of Life , Suspenso , Original , Terror
- Era innegable que Carmina habitaba una contradicción silenciosa. A veces, su corazón se desviaba hacia la vida de sus amigas: alianzas brillando en los dedos, promesas de futuro, títulos por concluir y esa idea de éxito cuidadosamente adornada para existir en pantallas ajenas.
Otras veces —las más sinceras—, se aferraba a la calma de lo que ya tenía. Al murmullo cotidiano del negocio familiar, a la rutina compartida con su abuela, la mujer que la había criado y que, sin saberlo, se había convertido en su centro. ¿Cómo abandonarla? La sola idea resultaba inconcebible.
Por eso, una tarde cualquiera de viernes, después del trabajo, con el té humeante entre las manos, algo sencillo para comer y la silenciosa compañía de los gatos del barrio que iban y venían como viejos conocidos, era un pequeño refugio. Un instante tan pleno que no cambiaría por nada.Era innegable que Carmina habitaba una contradicción silenciosa. A veces, su corazón se desviaba hacia la vida de sus amigas: alianzas brillando en los dedos, promesas de futuro, títulos por concluir y esa idea de éxito cuidadosamente adornada para existir en pantallas ajenas. Otras veces —las más sinceras—, se aferraba a la calma de lo que ya tenía. Al murmullo cotidiano del negocio familiar, a la rutina compartida con su abuela, la mujer que la había criado y que, sin saberlo, se había convertido en su centro. ¿Cómo abandonarla? La sola idea resultaba inconcebible. Por eso, una tarde cualquiera de viernes, después del trabajo, con el té humeante entre las manos, algo sencillo para comer y la silenciosa compañía de los gatos del barrio que iban y venían como viejos conocidos, era un pequeño refugio. Un instante tan pleno que no cambiaría por nada.0 turnos 0 maullidos6
¡Inicia sesión para reaccionar, comentar y compartir! - —Ser tu propia jefa a veces es más complicado de lo que parece. Creo que soy mi propia esclava. — murmuró mientras revisaba su celular, estaba por realizar unas compras en línea, aplicando el clásico "para eso trabajo".—Ser tu propia jefa a veces es más complicado de lo que parece. Creo que soy mi propia esclava. — murmuró mientras revisaba su celular, estaba por realizar unas compras en línea, aplicando el clásico "para eso trabajo".3 turnos 0 maullidos
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- Un descanso bien merecido, ojalá así fuera a diario.Un descanso bien merecido, ojalá así fuera a diario.3 turnos 0 maullidos
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- ¡Feliz navidad y año nuevo atrasado!¡Feliz navidad y año nuevo atrasado!0 turnos 0 maullidos
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- Al amanecer, la pequeña campana sobre la puerta de la Bottega Valenti tintinea débilmente con la primera corriente fría del día. Carmina ya está despierta desde mucho antes: abre las persianas metálicas mientras el aire otoñal le eriza la piel, ese tipo de frío que no duele, pero sí avisa que el verano ya es un recuerdo.
La calle huele a leña húmeda, a pan recién horneado en la panadería de la esquina y a hojas secas que el viento arrastra sin prisa. Carmina se frota las manos para calentárselas y entra a la tienda, donde el silencio es tan acogedor como una cobija vieja. Enciende las luces cálidas, que contra las sombras parecen pequeñas fogatas repartidas entre los estantes.
Lo primero es preparar el café. La máquina antigua resopla con su gruñido familiar, y el aroma empieza a llenar la tienda. Carmina siempre guarda la primera taza para su abuela, quien baja las escaleras unos minutos después, envuelta en un suéter grueso de color mostaza.
—Fa freddo oggi… —murmura Lucia, frotándose los brazos.
Carmina sonríe.
—Te lo dije, nonna, ya viene el invierno escondido entre las hojas.
Mientras la abuela se sienta detrás del mostrador, Carmina revisa los productos recién llegados: mermeladas caseras, galletas de avellana, jabones artesanales que la gente empieza a comprar porque “huelen a hogar”. Organiza las manzanas rojas en una pequeña cesta de madera; algunas aún conservan esa frescura crujiente típica de octubre.
A media mañana, los clientes habituales empiezan a entrar, sacudiéndose hojas del cabello, comentando el clima, pidiendo un café caliente para el camino. La campana de la puerta no deja de sonar. Carmina reconoce cada voz, cada paso.
—¿Ya pusiste las decoraciones de otoño? —pregunta la señora Fiorini.
Carmina señala el ventanal: unas guirnaldas de hojas secas y pequeñas calabazas pintadas a mano.
—Las hice anoche —responde.
—Se siente más acogedor aquí que en mi propia casa —ríe la señora.
Por la tarde, el cielo se vuelve gris, y el viento trae el olor a lluvia. Carmina sale un momento a sujetar el cartel de ofertas para que no se lo lleve el aire. El clima cambia rápido: el viento helado le enrojece las mejillas y hace que su bufanda se infle como un pequeño paracaídas. Sin embargo, ella disfruta de esa sensación: el otoño siempre la ha hecho sentir acompañada, como si el mundo se encogiera un poco hacia adentro, volviéndose más íntimo.
De vuelta en la tienda, ve a su abuela adormecida en la silla, las manos tibias alrededor de una taza de té ya frío. Carmina se acerca, le coloca suavemente una bufanda sobre los hombros y baja las luces, dejando solo las necesarias para que el lugar permanezca cálido y vivo.
La tarde se disuelve despacio, y la Bottega Valenti respira con ella: crujidos de madera, olor a café, susurro de hojas al chocar contra la puerta. Carmina cierra los ojos un segundo, escuchando.
Otoño siempre les sienta bien.Al amanecer, la pequeña campana sobre la puerta de la Bottega Valenti tintinea débilmente con la primera corriente fría del día. Carmina ya está despierta desde mucho antes: abre las persianas metálicas mientras el aire otoñal le eriza la piel, ese tipo de frío que no duele, pero sí avisa que el verano ya es un recuerdo. La calle huele a leña húmeda, a pan recién horneado en la panadería de la esquina y a hojas secas que el viento arrastra sin prisa. Carmina se frota las manos para calentárselas y entra a la tienda, donde el silencio es tan acogedor como una cobija vieja. Enciende las luces cálidas, que contra las sombras parecen pequeñas fogatas repartidas entre los estantes. Lo primero es preparar el café. La máquina antigua resopla con su gruñido familiar, y el aroma empieza a llenar la tienda. Carmina siempre guarda la primera taza para su abuela, quien baja las escaleras unos minutos después, envuelta en un suéter grueso de color mostaza. —Fa freddo oggi… —murmura Lucia, frotándose los brazos. Carmina sonríe. —Te lo dije, nonna, ya viene el invierno escondido entre las hojas. Mientras la abuela se sienta detrás del mostrador, Carmina revisa los productos recién llegados: mermeladas caseras, galletas de avellana, jabones artesanales que la gente empieza a comprar porque “huelen a hogar”. Organiza las manzanas rojas en una pequeña cesta de madera; algunas aún conservan esa frescura crujiente típica de octubre. A media mañana, los clientes habituales empiezan a entrar, sacudiéndose hojas del cabello, comentando el clima, pidiendo un café caliente para el camino. La campana de la puerta no deja de sonar. Carmina reconoce cada voz, cada paso. —¿Ya pusiste las decoraciones de otoño? —pregunta la señora Fiorini. Carmina señala el ventanal: unas guirnaldas de hojas secas y pequeñas calabazas pintadas a mano. —Las hice anoche —responde. —Se siente más acogedor aquí que en mi propia casa —ríe la señora. Por la tarde, el cielo se vuelve gris, y el viento trae el olor a lluvia. Carmina sale un momento a sujetar el cartel de ofertas para que no se lo lleve el aire. El clima cambia rápido: el viento helado le enrojece las mejillas y hace que su bufanda se infle como un pequeño paracaídas. Sin embargo, ella disfruta de esa sensación: el otoño siempre la ha hecho sentir acompañada, como si el mundo se encogiera un poco hacia adentro, volviéndose más íntimo. De vuelta en la tienda, ve a su abuela adormecida en la silla, las manos tibias alrededor de una taza de té ya frío. Carmina se acerca, le coloca suavemente una bufanda sobre los hombros y baja las luces, dejando solo las necesarias para que el lugar permanezca cálido y vivo. La tarde se disuelve despacio, y la Bottega Valenti respira con ella: crujidos de madera, olor a café, susurro de hojas al chocar contra la puerta. Carmina cierra los ojos un segundo, escuchando. Otoño siempre les sienta bien.0 turnos 0 maullidos
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- Empieza la mejor semana del año. Creo que haré maratón de películas de terror.Empieza la mejor semana del año. Creo que haré maratón de películas de terror.4 turnos 0 maullidos4
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