• Nova parecia estar llegando de una de sus patrullas sollozando con los ojos vidriosos -no se murio nadie no mas se me partio una uña y me esta doliendo- puso una sonrisita pues entre dolores y todo le seguia causando gracia su propia situacion
    Nova parecia estar llegando de una de sus patrullas sollozando con los ojos vidriosos -no se murio nadie no mas se me partio una uña y me esta doliendo- puso una sonrisita pues entre dolores y todo le seguia causando gracia su propia situacion
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  • 𝐶𝑟𝑜́𝑛𝑖𝑐𝑎 𝑑𝑒 𝑆𝑖𝑒𝑔𝑚𝑒𝑦𝑒𝑟 — 𝑆𝑎𝑛𝑔𝑟𝑒 𝑁𝑒𝑔𝑟𝑎
    Fandom OC
    Categoría Fantasía
    Estaba sentado sobre una roca helada, con la capa pesada de nieve y mi espada descansando sobre las rodillas, contemplaba a lo lejos aquel gran bastión. Sus torres se alzaban imponentes entre la ventisca, envueltas en un halo de misterio. Valdrakkar. Calculé que aún me faltaban tres días de marcha dura para llegar, cruzar el barranco helado, atravesar los bosques densos y subir la última cordillera. Tres días de frío que cala hasta los huesos, incluso para alguien como yo. El viento aullaba, la nieve caía sin descanso, y yo solo pensaba en el camino que tenía por delante.

    En ese preciso momento, mientras yo observaba el castillo con serenidad, sin sospechar nada, dentro de sus muros ya había comenzado el infierno. Una orden de asesinos se había infiltrado como sombras silenciosas. Dagas envenenadas, pasos que no hacían ruido sobre la nieve de los tejados. Guardias caían uno tras otro, nobles eran degollados en sus salones, y la traición se extendía como una plaga por los pasillos de Valdrakkar. El reino que desde lejos parecía un refugio de paz ya sangraba por dentro.

    Yo no lo sabía, simplemente me levanté, me ajusté el yelmo y continué mi camino con pasos firmes, dejando huellas profundas en la nieve, ajeno todavía al caos que me esperaba al final de esas tres jornadas.

    Cuando crucé las puertas de Valdrakkar, el castillo ya era un matadero. El olor a sangre caliente mezclada con nieve me golpeó como un puñetazo. Apenas había dado unos pasos cuando las sombras se movieron. Eran muchos. Demasiados. Al menos una docena de aquellos asesinos se lanzaron sobre mí desde los balcones, los pasillos y las vigas del techo. Vestían negro absoluto, máscaras lisas sin ojos.

    Sus dagas envenenadas buscaban las juntas de mi armadura. Desenvainé mi espada, con un movimiento corté el aire con un rugido metálico. Partí a dos de un solo tajo, el impacto resonando en las placas de mi peto. Giré, y mi codo blindado aplastó el cráneo de otro contra una columna. La nieve y la sangre salpicaban mi yelmo mientras avanzaba, es una de las razones por las que llevo armadura, menos posibilidades de quedar incapacitado de golpe.

    Aun así eran demasiados. Sus golpes llovían sobre mí, dagas resbalando contra el acero, pero algunas encontraron las uniones. Una se hundió bajo la axila, otra atravesó la juntura del muslo, y varias más perforaron la espalda donde las placas se unían. Sentí el veneno entrar como fuego líquido que quemaba a través de la carne bajo el metal. Aun así seguí luchando. Maté tantos que el salón principal era un matadero de sombras y acero. Mi armadura resonaba con cada impacto, abollada y rayada, pero yo seguía en pie.
    Hasta que me rodearon por completo.
    Un golpe de maza en la parte trasera del yelmo me hizo caer de rodillas con un estruendo metálico. Luego vinieron las dagas: una docena perforando las juntas, clavándose profundo. El líder de los asesinos hundió su hoja larga directamente a través de la visera de mi yelmo, atravesándome el ojo y el cerebro.
    Todo se volvió negro dentro del acero.

    Tras unos minutos mi cuerpo inmortal se rebeló. Dentro de la armadura, el infierno comenzó. El veneno ardía como ácido fundido, quemando venas y órganos, mientras la regeneración luchaba contra él. Se podía oír desde fuera, el crujido grotesco de huesos recomponiéndose, la carne retorciéndose y burbujeando bajo las placas, expulsando chorros de sangre ennegrecida y veneno por las juntas del yelmo y los guanteletes. Mi espalda se arqueaba violentamente dentro del peto, haciendo que la armadura entera se sacudiera y crujiera como si un demonio estuviera naciendo dentro de ella. Trozos de carne muerta y venenosa salían expulsados por las aberturas del yelmo, humeando en el aire frío.

    Los asesinos que aún quedaban retrocedieron aterrorizados al ver cómo la figura blindada se levantaba sola, tambaleante, con líquido negro chorreando por todas las ranuras de la armadura. El yelmo, abollado y perforado, se giró hacia ellos con un movimiento lento y antinatural.

    — Un monstruo... — Susurró uno.

    Mi espada volvió a alzarse, aún empuñada por una mano que se regeneraba dentro del guantelete. Maté a los últimos en un frenesí brutal y lento, cada golpe acompañado del sonido metálico de mi armadura y los sonidos húmedos y grotescos de mi carne reconstruyéndose.
    Cuando todo terminó, me derrumbé contra una pared, la armadura abollada y chorreando sangre y veneno. Respiraba con dificultad dentro del yelmo, el dolor aún recorriéndome como llamas eternas. La hija del señor y los pocos supervivientes me observaban entre horror y esperanza.

    En cuanto pude levantarme nuevamente me marche de allí, siempre odie esa mirada de agradecimiento falsa, ya habían reportado el incidente a la Orden. No tardarían en llegar a intentar terminar lo que alguna vez comenzaron.
    Estaba sentado sobre una roca helada, con la capa pesada de nieve y mi espada descansando sobre las rodillas, contemplaba a lo lejos aquel gran bastión. Sus torres se alzaban imponentes entre la ventisca, envueltas en un halo de misterio. Valdrakkar. Calculé que aún me faltaban tres días de marcha dura para llegar, cruzar el barranco helado, atravesar los bosques densos y subir la última cordillera. Tres días de frío que cala hasta los huesos, incluso para alguien como yo. El viento aullaba, la nieve caía sin descanso, y yo solo pensaba en el camino que tenía por delante. En ese preciso momento, mientras yo observaba el castillo con serenidad, sin sospechar nada, dentro de sus muros ya había comenzado el infierno. Una orden de asesinos se había infiltrado como sombras silenciosas. Dagas envenenadas, pasos que no hacían ruido sobre la nieve de los tejados. Guardias caían uno tras otro, nobles eran degollados en sus salones, y la traición se extendía como una plaga por los pasillos de Valdrakkar. El reino que desde lejos parecía un refugio de paz ya sangraba por dentro. Yo no lo sabía, simplemente me levanté, me ajusté el yelmo y continué mi camino con pasos firmes, dejando huellas profundas en la nieve, ajeno todavía al caos que me esperaba al final de esas tres jornadas. Cuando crucé las puertas de Valdrakkar, el castillo ya era un matadero. El olor a sangre caliente mezclada con nieve me golpeó como un puñetazo. Apenas había dado unos pasos cuando las sombras se movieron. Eran muchos. Demasiados. Al menos una docena de aquellos asesinos se lanzaron sobre mí desde los balcones, los pasillos y las vigas del techo. Vestían negro absoluto, máscaras lisas sin ojos. Sus dagas envenenadas buscaban las juntas de mi armadura. Desenvainé mi espada, con un movimiento corté el aire con un rugido metálico. Partí a dos de un solo tajo, el impacto resonando en las placas de mi peto. Giré, y mi codo blindado aplastó el cráneo de otro contra una columna. La nieve y la sangre salpicaban mi yelmo mientras avanzaba, es una de las razones por las que llevo armadura, menos posibilidades de quedar incapacitado de golpe. Aun así eran demasiados. Sus golpes llovían sobre mí, dagas resbalando contra el acero, pero algunas encontraron las uniones. Una se hundió bajo la axila, otra atravesó la juntura del muslo, y varias más perforaron la espalda donde las placas se unían. Sentí el veneno entrar como fuego líquido que quemaba a través de la carne bajo el metal. Aun así seguí luchando. Maté tantos que el salón principal era un matadero de sombras y acero. Mi armadura resonaba con cada impacto, abollada y rayada, pero yo seguía en pie. Hasta que me rodearon por completo. Un golpe de maza en la parte trasera del yelmo me hizo caer de rodillas con un estruendo metálico. Luego vinieron las dagas: una docena perforando las juntas, clavándose profundo. El líder de los asesinos hundió su hoja larga directamente a través de la visera de mi yelmo, atravesándome el ojo y el cerebro. Todo se volvió negro dentro del acero. Tras unos minutos mi cuerpo inmortal se rebeló. Dentro de la armadura, el infierno comenzó. El veneno ardía como ácido fundido, quemando venas y órganos, mientras la regeneración luchaba contra él. Se podía oír desde fuera, el crujido grotesco de huesos recomponiéndose, la carne retorciéndose y burbujeando bajo las placas, expulsando chorros de sangre ennegrecida y veneno por las juntas del yelmo y los guanteletes. Mi espalda se arqueaba violentamente dentro del peto, haciendo que la armadura entera se sacudiera y crujiera como si un demonio estuviera naciendo dentro de ella. Trozos de carne muerta y venenosa salían expulsados por las aberturas del yelmo, humeando en el aire frío. Los asesinos que aún quedaban retrocedieron aterrorizados al ver cómo la figura blindada se levantaba sola, tambaleante, con líquido negro chorreando por todas las ranuras de la armadura. El yelmo, abollado y perforado, se giró hacia ellos con un movimiento lento y antinatural. — Un monstruo... — Susurró uno. Mi espada volvió a alzarse, aún empuñada por una mano que se regeneraba dentro del guantelete. Maté a los últimos en un frenesí brutal y lento, cada golpe acompañado del sonido metálico de mi armadura y los sonidos húmedos y grotescos de mi carne reconstruyéndose. Cuando todo terminó, me derrumbé contra una pared, la armadura abollada y chorreando sangre y veneno. Respiraba con dificultad dentro del yelmo, el dolor aún recorriéndome como llamas eternas. La hija del señor y los pocos supervivientes me observaban entre horror y esperanza. En cuanto pude levantarme nuevamente me marche de allí, siempre odie esa mirada de agradecimiento falsa, ya habían reportado el incidente a la Orden. No tardarían en llegar a intentar terminar lo que alguna vez comenzaron.
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  • (Momento lore)

    [Debido a que le recomendaron hacer reposo unos dias, Gyuseki se encontraria en su departamento, se había quedado dormido en el sofá mientras leía un libro, para su mala suerte le tocaría tener una extraña pesadilla]

    Aagh mí cabeza~
    ¿Hmm? Pero que clase de sitio es este.. ¿Donde estoy..?

    ×me levantaría del suelo para poder ver mejor la zona pero solo pude observar varios árboles carbonizados, crucifijos de gran tamaño y una densa niebla, sin mencionar que el cielo estaba teñido de rojo×

    Debe ser una pesadilla ¿Verdad? Claramente me quedé dormido leyendo ese estupido libro.

    ???: para mí se siente muy real, ¿Cuál sería la pesadilla?~

    ×al escuchar aquella voz me voltearia rápidamente para prepararme en caso de verme obligado a atacar pero terminaría abriendo mis ojos de par en par al ver a un sujeto idéntico a mi×

    Esto no puede ser real es imposible que lo sea.. ¿Quien eres..?

    Gyuseki 2: la pregunta ofende muchísimo, ¿Quien soy? Obviamente soy tu pero sin duda soy la mejor versión de ti.

    ×ambos quedaríamos de pie mirándonos mutuamente pero en mi caso solo estaba alerta pues no sabía las intenciones de aquel ser desconocido×

    Gyuseki 2: soy mucho más fuerte que tu. Mucho más veloz que tu. Mucho más inteligente que tu. Muchisimo más serio y despiadado que tu.

    Ya veo tu eres mí yo del pasado ¿No es así? Creí haberte sepultado en lo más profundo de mis recuerdos, justo donde no pudiera recordar nada de ti.

    Gyuseki 2: exacto eso hiciste pero no sirvió ¿Verdad? Aquí me tienes.. tu pedazo de escoria, cobarde, bueno para nada, debilucho. ¿Para que viniste al mundo? Lo único que haces es estorbarle a personas como yo

    Di todo lo que quieras pero quien siempre tendrá el control seré yo ¡Jamás voy a liberar a alguien como tu!

    Gyuseki 2: descuida eso es cuestión de tiempo las agujas del reloj ya empezaron a moverse, y una vez que el detonante aparezca frente a ti yo seré libre.

    ×en solo un segundo aquel otro Gyuseki apareció delante de mí y me atravezo el vientre usando su mano como cuchilla. para mí sorpresa el dolor de sentio tan real que no pude evitar soltar un fuerte grito de dolor al mismo tiempo que la sangre salía por mí boca×

    Gyuseki 2: no me importa si son humanos, dragones o incluso elfos.. los voy a destrozar y les quitaré sus corazones para comermelos

    ¡Aagh! ¡Ahhhh! ¡Maldito!
    No voy a dejarte hacer tal cosa.. alguien como tu no va a vencerme..

    Gyuseki 2: eso ya lo veremos..

    ×todo se oscureció de repente y al rato desperté de aquella pesadilla llevando rápidamente mí mano a la zona de mí vientre revisando que todo estuviera bien×

    Carajo.. eso fue demasiado real (¿Las agujas comenzaron a moverse? Esto no me gusta.. que me está sucediendo..)
    (Momento lore) [Debido a que le recomendaron hacer reposo unos dias, Gyuseki se encontraria en su departamento, se había quedado dormido en el sofá mientras leía un libro, para su mala suerte le tocaría tener una extraña pesadilla] Aagh mí cabeza~ ¿Hmm? Pero que clase de sitio es este.. ¿Donde estoy..? ×me levantaría del suelo para poder ver mejor la zona pero solo pude observar varios árboles carbonizados, crucifijos de gran tamaño y una densa niebla, sin mencionar que el cielo estaba teñido de rojo× Debe ser una pesadilla ¿Verdad? Claramente me quedé dormido leyendo ese estupido libro. ???: para mí se siente muy real, ¿Cuál sería la pesadilla?~ ×al escuchar aquella voz me voltearia rápidamente para prepararme en caso de verme obligado a atacar pero terminaría abriendo mis ojos de par en par al ver a un sujeto idéntico a mi× Esto no puede ser real es imposible que lo sea.. ¿Quien eres..? Gyuseki 2: la pregunta ofende muchísimo, ¿Quien soy? Obviamente soy tu pero sin duda soy la mejor versión de ti. ×ambos quedaríamos de pie mirándonos mutuamente pero en mi caso solo estaba alerta pues no sabía las intenciones de aquel ser desconocido× Gyuseki 2: soy mucho más fuerte que tu. Mucho más veloz que tu. Mucho más inteligente que tu. Muchisimo más serio y despiadado que tu. Ya veo tu eres mí yo del pasado ¿No es así? Creí haberte sepultado en lo más profundo de mis recuerdos, justo donde no pudiera recordar nada de ti. Gyuseki 2: exacto eso hiciste pero no sirvió ¿Verdad? Aquí me tienes.. tu pedazo de escoria, cobarde, bueno para nada, debilucho. ¿Para que viniste al mundo? Lo único que haces es estorbarle a personas como yo Di todo lo que quieras pero quien siempre tendrá el control seré yo ¡Jamás voy a liberar a alguien como tu! Gyuseki 2: descuida eso es cuestión de tiempo las agujas del reloj ya empezaron a moverse, y una vez que el detonante aparezca frente a ti yo seré libre. ×en solo un segundo aquel otro Gyuseki apareció delante de mí y me atravezo el vientre usando su mano como cuchilla. para mí sorpresa el dolor de sentio tan real que no pude evitar soltar un fuerte grito de dolor al mismo tiempo que la sangre salía por mí boca× Gyuseki 2: no me importa si son humanos, dragones o incluso elfos.. los voy a destrozar y les quitaré sus corazones para comermelos ¡Aagh! ¡Ahhhh! ¡Maldito! No voy a dejarte hacer tal cosa.. alguien como tu no va a vencerme.. Gyuseki 2: eso ya lo veremos.. ×todo se oscureció de repente y al rato desperté de aquella pesadilla llevando rápidamente mí mano a la zona de mí vientre revisando que todo estuviera bien× Carajo.. eso fue demasiado real (¿Las agujas comenzaron a moverse? Esto no me gusta.. que me está sucediendo..)
    Me shockea
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  • Pero se que era un dia como este cuando lo conoci a profe gojo en mi antiguo hogar .....

    Tenía cinco años cuando el mundo decidió romperse, y yo fui la que sostuvo el martillo.

    ​No recuerdo mucho de cómo empezó ese día, solo que el pecho me ardía. Era un dolor denso, negro, que no cabía dentro de mi cuerpo infantil. Vivía en un pueblo pequeño, de esos donde el viento siempre huele a tierra húmeda y hojas secas, pero esa tarde el aire se volvió pesado, tanto que costaba respirar. Los adultos gritaban. Recuerdo sus caras distorsionadas por el miedo, pero no me miraban a mí con compasión; me miraban como si yo fuera el monstruo debajo de sus camas.

    ​Y tal vez tenían razón.

    ​Cuando mi habilidad del caos despertó, no fue un destello sutil. Fue un estallido. Sentí un tirón violento en el estómago y, de repente, la gravedad dejó de tener sentido. Mis pies se despegaron del suelo. El suelo mismo empezó a agrietarse, levantándose en pedazos de piedra y tierra que orbitaban a mi alrededor. Un vórtice inestable y oscuro me envolvió, destrozando las casas cercanas, torciendo la realidad como si fuera papel mojado.

    ​Cerré los ojos con fuerza, llorando lágrimas que se sentían calientes y espesas. Cuando los abrí, la vista se me había teñido de un rojo violento. Podía sentir la sangre agolpándose en mis párpados, inyectada en mis ojos por la pura presión de una energía que no sabía cómo controlar. Estaba sola en el centro de mi propia tormenta, flotando, esperando que todo terminara o que me consumiera por completo.

    ​Entonces, el caos se detuvo. No porque se hubiera calmado, sino porque algo más fuerte lo estaba obligando a frenar.

    ​A través del torbellino de escombros y ráfagas oscuras, vi una silueta que caminaba con una calma casi insultante. Era un joven alto, de cabello blanco como la nieve que brillaba a la luz de la tarde. Llevaba unas gafas oscuras que no lograban ocultar del todo la intensidad de su mirada.
    ​A medida que se acercaba, la energía destructiva que yo desprendía chocaba contra una barrera invisible a su alrededor y se disipaba. Su técnica del Ilimitado lo protegía de mi tormenta, conteniendo el desastre con una facilidad pasmosa.
    ​Él se detuvo a unos metros de mí, mirándome flotar. Esperaba que me atacara. Sabía, por puro instinto, que yo era una anomalía peligrosa, algo que los hechiceros llaman una "maldición de Grado Especial". Pero cuando aquel chico se bajó un poco las gafas, revelando unos ojos de un azul tan infinito y brillante que hacían que el cielo pareciera pálido, no vi asco ni miedo en ellos.
    ​Vio mi potencial destructor, sí. Vio el peligro. Pero, sobre todo, vio la inmensa soledad de una niña de cinco años que solo quería que el dolor parara.

    ​—Vaya... Así que tú eras el pequeño terremoto —dijo. Su voz era extrañamente ligera, casi divertida, rompiendo toda la tensión del ambiente.

    ​Extendió una mano hacia mí. No para atacarme, sino para invitarme a bajar. Con un simple gesto de sus dedos, la presión en mi pecho disminuyó y el vórtice se deshizo, dejándome caer suavemente sobre la tierra removida. Mis piernas temblaron y caí de rodillas, agotada, con la respiración entrecortada y la vista aún nublada de rojo.
    ​Él se agachó para quedar a mi altura, ignorando el desastre que nos rodeaba. Supe después que los altos mandos de su mundo habrían ordenado mi ejecución inmediata sin parpadear. Pero a Satoru Gojo nunca le importó lo que dijeran los viejos sabios.

    ​—Tienes unos ojos bastante interesantes, pequeña —me dijo, dedicándome una sonrisa ladeada que, por primera vez en mi corta vida, me hizo sentir a salvo—. ¿Qué te parece si venimos conmigo? Te prometo que el mundo es mucho más divertido cuando aprendes a romperlo a tu manera.

    ​En ese momento, entre las ruinas de mi pueblo, me di cuenta de que el caos no me había destruido. Me había llevado hasta el hombre más fuerte del mundo. Y él, en lugar de borrarme, decidió天 adoptarme en secreto.
    Pero se que era un dia como este cuando lo conoci a profe gojo en mi antiguo hogar ..... Tenía cinco años cuando el mundo decidió romperse, y yo fui la que sostuvo el martillo. ​No recuerdo mucho de cómo empezó ese día, solo que el pecho me ardía. Era un dolor denso, negro, que no cabía dentro de mi cuerpo infantil. Vivía en un pueblo pequeño, de esos donde el viento siempre huele a tierra húmeda y hojas secas, pero esa tarde el aire se volvió pesado, tanto que costaba respirar. Los adultos gritaban. Recuerdo sus caras distorsionadas por el miedo, pero no me miraban a mí con compasión; me miraban como si yo fuera el monstruo debajo de sus camas. ​Y tal vez tenían razón. ​Cuando mi habilidad del caos despertó, no fue un destello sutil. Fue un estallido. Sentí un tirón violento en el estómago y, de repente, la gravedad dejó de tener sentido. Mis pies se despegaron del suelo. El suelo mismo empezó a agrietarse, levantándose en pedazos de piedra y tierra que orbitaban a mi alrededor. Un vórtice inestable y oscuro me envolvió, destrozando las casas cercanas, torciendo la realidad como si fuera papel mojado. ​Cerré los ojos con fuerza, llorando lágrimas que se sentían calientes y espesas. Cuando los abrí, la vista se me había teñido de un rojo violento. Podía sentir la sangre agolpándose en mis párpados, inyectada en mis ojos por la pura presión de una energía que no sabía cómo controlar. Estaba sola en el centro de mi propia tormenta, flotando, esperando que todo terminara o que me consumiera por completo. ​Entonces, el caos se detuvo. No porque se hubiera calmado, sino porque algo más fuerte lo estaba obligando a frenar. ​A través del torbellino de escombros y ráfagas oscuras, vi una silueta que caminaba con una calma casi insultante. Era un joven alto, de cabello blanco como la nieve que brillaba a la luz de la tarde. Llevaba unas gafas oscuras que no lograban ocultar del todo la intensidad de su mirada. ​A medida que se acercaba, la energía destructiva que yo desprendía chocaba contra una barrera invisible a su alrededor y se disipaba. Su técnica del Ilimitado lo protegía de mi tormenta, conteniendo el desastre con una facilidad pasmosa. ​Él se detuvo a unos metros de mí, mirándome flotar. Esperaba que me atacara. Sabía, por puro instinto, que yo era una anomalía peligrosa, algo que los hechiceros llaman una "maldición de Grado Especial". Pero cuando aquel chico se bajó un poco las gafas, revelando unos ojos de un azul tan infinito y brillante que hacían que el cielo pareciera pálido, no vi asco ni miedo en ellos. ​Vio mi potencial destructor, sí. Vio el peligro. Pero, sobre todo, vio la inmensa soledad de una niña de cinco años que solo quería que el dolor parara. ​—Vaya... Así que tú eras el pequeño terremoto —dijo. Su voz era extrañamente ligera, casi divertida, rompiendo toda la tensión del ambiente. ​Extendió una mano hacia mí. No para atacarme, sino para invitarme a bajar. Con un simple gesto de sus dedos, la presión en mi pecho disminuyó y el vórtice se deshizo, dejándome caer suavemente sobre la tierra removida. Mis piernas temblaron y caí de rodillas, agotada, con la respiración entrecortada y la vista aún nublada de rojo. ​Él se agachó para quedar a mi altura, ignorando el desastre que nos rodeaba. Supe después que los altos mandos de su mundo habrían ordenado mi ejecución inmediata sin parpadear. Pero a Satoru Gojo nunca le importó lo que dijeran los viejos sabios. ​—Tienes unos ojos bastante interesantes, pequeña —me dijo, dedicándome una sonrisa ladeada que, por primera vez en mi corta vida, me hizo sentir a salvo—. ¿Qué te parece si venimos conmigo? Te prometo que el mundo es mucho más divertido cuando aprendes a romperlo a tu manera. ​En ese momento, entre las ruinas de mi pueblo, me di cuenta de que el caos no me había destruido. Me había llevado hasta el hombre más fuerte del mundo. Y él, en lugar de borrarme, decidió天 adoptarme en secreto.
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    𝕋𝕙𝕖 𝕣𝕖𝕧𝕖𝕣𝕤𝕖 𝕠𝕗 𝕥𝕙𝕖 𝕥𝕠𝕣𝕟 𝕡𝕒𝕘𝕖 - - - - - - - - - - - - - Part: 2
    𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛

    - Enlace a la primera parte: https://ficrol.com/posts/384471

    El primer crujido no fue un estruendo, sino un susurro seco y desgarrador como el de una hoja de papel que se rasga de arriba abajo. El zumbido sónico alcanzó una frecuencia tan aguda que el manto de terciopelo negro del cielo comenzó a deshilacharse en hilos de sombra pura, cayendo sobre la superficie del agua dulce como ceniza de una hoguera extinta.

    La fisura roja se ensanchó, transformándose en una cicatriz líquida que dividió el espacio en dos. Para ambas criaturas romper esa barrera significó un dolor tan intenso y despiadado que lo innombrable rápidamente se asimiló: Anunaki sintió el frío aplastante del fondo marino morder sus patas de humo; Apzu experimentó la desgarradora asfixia del aire seco y el peso de una gravedad que no sabía cómo sostener su cuerpo.

    Sin embargo, ninguno de los dos retrocedió. Las frentes permanecieron unidas mientras la barrera invisible se deshacía entre ambos en astillas de luz escarlata, flotando en el aire como luciérnagas moribundas.

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰
    El Primer y Último Tacto
    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    El encuentro físico fue una combustión silenciosa de texturas imposibles. El pelaje de humo suspendido de Anunaki se entrelazó con los hilos de plata de Apzu, creando un torbellino de destellos grises y metalizados que desafiaba la lógica del nexo. Las lágrimas de oro viejo de la criatura terrestre se mezclaron con las burbujas de azul helado del habitante del reverso, tiñendo el agua de un color violeta inédito.

    No siendo eso suficiente, ninguno de los dos encontró la salvación en su abrazo, atravesando una violenta confirmación de esa incompatibilidad narrativa que arrastraban consigo. Se dieron cuenta que al ocupar la misma coordenada física, sus esencias empezarían a repelerse; reaccionando de forma destructiva y apabullante.

    Allí sus siluetas, hermosas pero condenadas, comenzaron a transformarse en piedra desde las extremidades. La misma regla que los había mantenido separados ahora cobraba su precio, convirtiendo su carne en el mismo material rígido del espejo que acababan de romper. Se estaban transformando en la prisión de la que intentaban escapar.

    Ahora, cabe recalcar, querido lector, que desde el margen del escenario noté como mi pluma estilográfica tembló entre mis dedos. El manuscrito estaba absorbiendo una presión insoportable; las palabras en mi cuaderno se amontonaron, borrosas, manchadas por el colapso de sus dos líneas de existencia.

    Por supuesto que, como bien habrás pensado, yo pude haberlo evitado desde un principio. Pude haber tachado la fisura con un trazo rápido de mi tinta fucsia, rebobinando el tiempo para devolver a Anunaki a su superficie solitaria y a Apzu a su abismo profundo, salvando sus vidas a cambio de restaurar su condena a la distancia. Pero el verdadero drama aborrece la cobardía de los editores que prefieren la seguridad de un desarrollo monótono sobre la belleza de un clímax perfecto.

    Así que dejé que el cristal terminara su trabajo.

    Sus frentes permanecieron unidas y sus miradas se clavaron la una en la otra por última vez mientras el proceso se completaba. En mitad del lago, allí donde la grieta roja finalmente se cerró con un último suspiro de vapor, quedó una única estructura: una estatua perfecta, translúcida y eterna, de dos criaturas unidas en un abrazo imposible de romper.

    El cielo recuperó su calma oscura y el agua volvió a ser una superficie inflexible. Sin embargo, el lugar ya no estaba vacío. Ahora, cualquiera que camine por este rincón y mire el fondo del espejo líquido, ya no verá su propio reflejo; verá la silueta de los amantes que prefirieron volverse piedra antes que seguir viviendo separados por el grosor de una página.
    𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛 𝕋𝕙𝕖 𝕣𝕖𝕧𝕖𝕣𝕤𝕖 𝕠𝕗 𝕥𝕙𝕖 𝕥𝕠𝕣𝕟 𝕡𝕒𝕘𝕖 - - - - - - - - - - - - - Part: 2 𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛𝄛 - Enlace a la primera parte: https://ficrol.com/posts/384471 El primer crujido no fue un estruendo, sino un susurro seco y desgarrador como el de una hoja de papel que se rasga de arriba abajo. El zumbido sónico alcanzó una frecuencia tan aguda que el manto de terciopelo negro del cielo comenzó a deshilacharse en hilos de sombra pura, cayendo sobre la superficie del agua dulce como ceniza de una hoguera extinta. La fisura roja se ensanchó, transformándose en una cicatriz líquida que dividió el espacio en dos. Para ambas criaturas romper esa barrera significó un dolor tan intenso y despiadado que lo innombrable rápidamente se asimiló: Anunaki sintió el frío aplastante del fondo marino morder sus patas de humo; Apzu experimentó la desgarradora asfixia del aire seco y el peso de una gravedad que no sabía cómo sostener su cuerpo. Sin embargo, ninguno de los dos retrocedió. Las frentes permanecieron unidas mientras la barrera invisible se deshacía entre ambos en astillas de luz escarlata, flotando en el aire como luciérnagas moribundas. ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ El Primer y Último Tacto ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ El encuentro físico fue una combustión silenciosa de texturas imposibles. El pelaje de humo suspendido de Anunaki se entrelazó con los hilos de plata de Apzu, creando un torbellino de destellos grises y metalizados que desafiaba la lógica del nexo. Las lágrimas de oro viejo de la criatura terrestre se mezclaron con las burbujas de azul helado del habitante del reverso, tiñendo el agua de un color violeta inédito. No siendo eso suficiente, ninguno de los dos encontró la salvación en su abrazo, atravesando una violenta confirmación de esa incompatibilidad narrativa que arrastraban consigo. Se dieron cuenta que al ocupar la misma coordenada física, sus esencias empezarían a repelerse; reaccionando de forma destructiva y apabullante. Allí sus siluetas, hermosas pero condenadas, comenzaron a transformarse en piedra desde las extremidades. La misma regla que los había mantenido separados ahora cobraba su precio, convirtiendo su carne en el mismo material rígido del espejo que acababan de romper. Se estaban transformando en la prisión de la que intentaban escapar. Ahora, cabe recalcar, querido lector, que desde el margen del escenario noté como mi pluma estilográfica tembló entre mis dedos. El manuscrito estaba absorbiendo una presión insoportable; las palabras en mi cuaderno se amontonaron, borrosas, manchadas por el colapso de sus dos líneas de existencia. Por supuesto que, como bien habrás pensado, yo pude haberlo evitado desde un principio. Pude haber tachado la fisura con un trazo rápido de mi tinta fucsia, rebobinando el tiempo para devolver a Anunaki a su superficie solitaria y a Apzu a su abismo profundo, salvando sus vidas a cambio de restaurar su condena a la distancia. Pero el verdadero drama aborrece la cobardía de los editores que prefieren la seguridad de un desarrollo monótono sobre la belleza de un clímax perfecto. Así que dejé que el cristal terminara su trabajo. Sus frentes permanecieron unidas y sus miradas se clavaron la una en la otra por última vez mientras el proceso se completaba. En mitad del lago, allí donde la grieta roja finalmente se cerró con un último suspiro de vapor, quedó una única estructura: una estatua perfecta, translúcida y eterna, de dos criaturas unidas en un abrazo imposible de romper. El cielo recuperó su calma oscura y el agua volvió a ser una superficie inflexible. Sin embargo, el lugar ya no estaba vacío. Ahora, cualquiera que camine por este rincón y mire el fondo del espejo líquido, ya no verá su propio reflejo; verá la silueta de los amantes que prefirieron volverse piedra antes que seguir viviendo separados por el grosor de una página.
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  • Escena I.
    Sección: Memorias del pasado.
    Relato: El principe va a casa.

    Rose corrió hacia donde había escuchado a Maeron, buscándolo asustada.

    Había escuchado quejidos, gritos y cadenas; temía que se hubiese encontrado con cazadores y que estos lo lastimaran.

    Lo primero que vio fue el cuerpo de un hombre en el suelo, con rasguños. Avanzó un poco más solo para encontrar otros dos hombres inconscientes, una jaula y sus redes; en el centro estaba Maeron, transformado en zorro, estaba alerta, agresivo.

    Maeron vio a Rose, pero no se calmo al reconocerla. Dio unos cuantos pasos atrás en posición de ataque, enseñando sus colmillos carmesí, con el pelaje erizado y la cola entre las patas.

    Rose lo miró quieta un segundo antes de ir hacia él y abrazarlo. Sintió a Maeron removerse y arañar, emitiendo gruñidos profundos por el miedo, pero a pesar de que eso le causara dolor, ella no lo soltó.

    Rose se mordió la lengua para no emitir ningún quejido y apretó ligeramente a Maeron contra sí, acariciando su pelaje con sus dedos, esperando a que se calmara.

    Maeron poco a poco dejó de moverse y rasguñarla, en cuanto Rose sintió eso relajó el agarre y cerró los ojos, respirando profundamente.

    El pequeño zorro se quedó quieto, respirando con agitación sobre el hombro de Rose. Lamió sus dientes, reconociendo el sabor metálico sobre su lengua. Su cuerpo entero se ensanchaba con cada respiración y Rose noto que el pelaje debajo de sus dedos se sentía puntiagudo.

    Rose apretó los labios y cerró con cuidado las alas alrededor de ellos. No tanto, en caso de que Maeron quisiera apartarse. Comenzó a tararear una canción y acarició la cabeza del zorro, mientras su otra mano permanecía rodeando su cuerpo.

    Maeron emitió un gruñido cuando la mano se poso sobre su cabeza, pero no se movió, se quedó inmóvil en los brazos de Rose.

    Pasaron varios minutos antes de que Rose percibiera que el cuerpo del zorro se relajaba dentro de su agarre. Maeron apoyo lentamente la cabeza en el hombro de Rose, escuchando su canción.

    Finalmente el gran zorro comenzó a disminuir su tamaño y Rose quitó sus alas para ver al niño de doce años que ahora descansaba sobre ella.

    Maeron no la abrazo. Sujeto su cola con ambas manos contra su pecho y la mirada perdida en el horizonte. Sus ojos estaban humedos de lágrimas sin derramar.

    - Mi casa... - Murmuro Maeron, con la quebrada.

    Rose sintió que se le rompía el corazón al oírlo, porque había visto en estado de la pequeña cabaña que el zorro había cuidado con tanto esmero para vivir en paz; los cazadores lo habían destruido todo.

    Maeron ya no tenía un hogar aquí, pero puede ser que todavía podría darle uno.

    Rose atrajo al niño hacia ella de nuevo y lo abrazo con fuerza. Rodeo a Maeron y a si mismo con un capullo de alas, deseando poder proteger al niño de este mundo.

    - No tengo casa, Rose... - Hablo de nuevo, con la voz desprovista de calor.- Ya no tengo... Ya no sé donde... - Su voz se cortó. - Van a volver... Van a volver - Repitió, impotente.

    Colaboración con: Rose Walcott
    Escena I. Sección: Memorias del pasado. Relato: El principe va a casa. Rose corrió hacia donde había escuchado a Maeron, buscándolo asustada. Había escuchado quejidos, gritos y cadenas; temía que se hubiese encontrado con cazadores y que estos lo lastimaran. Lo primero que vio fue el cuerpo de un hombre en el suelo, con rasguños. Avanzó un poco más solo para encontrar otros dos hombres inconscientes, una jaula y sus redes; en el centro estaba Maeron, transformado en zorro, estaba alerta, agresivo. Maeron vio a Rose, pero no se calmo al reconocerla. Dio unos cuantos pasos atrás en posición de ataque, enseñando sus colmillos carmesí, con el pelaje erizado y la cola entre las patas. Rose lo miró quieta un segundo antes de ir hacia él y abrazarlo. Sintió a Maeron removerse y arañar, emitiendo gruñidos profundos por el miedo, pero a pesar de que eso le causara dolor, ella no lo soltó. Rose se mordió la lengua para no emitir ningún quejido y apretó ligeramente a Maeron contra sí, acariciando su pelaje con sus dedos, esperando a que se calmara. Maeron poco a poco dejó de moverse y rasguñarla, en cuanto Rose sintió eso relajó el agarre y cerró los ojos, respirando profundamente. El pequeño zorro se quedó quieto, respirando con agitación sobre el hombro de Rose. Lamió sus dientes, reconociendo el sabor metálico sobre su lengua. Su cuerpo entero se ensanchaba con cada respiración y Rose noto que el pelaje debajo de sus dedos se sentía puntiagudo. Rose apretó los labios y cerró con cuidado las alas alrededor de ellos. No tanto, en caso de que Maeron quisiera apartarse. Comenzó a tararear una canción y acarició la cabeza del zorro, mientras su otra mano permanecía rodeando su cuerpo. Maeron emitió un gruñido cuando la mano se poso sobre su cabeza, pero no se movió, se quedó inmóvil en los brazos de Rose. Pasaron varios minutos antes de que Rose percibiera que el cuerpo del zorro se relajaba dentro de su agarre. Maeron apoyo lentamente la cabeza en el hombro de Rose, escuchando su canción. Finalmente el gran zorro comenzó a disminuir su tamaño y Rose quitó sus alas para ver al niño de doce años que ahora descansaba sobre ella. Maeron no la abrazo. Sujeto su cola con ambas manos contra su pecho y la mirada perdida en el horizonte. Sus ojos estaban humedos de lágrimas sin derramar. - Mi casa... - Murmuro Maeron, con la quebrada. Rose sintió que se le rompía el corazón al oírlo, porque había visto en estado de la pequeña cabaña que el zorro había cuidado con tanto esmero para vivir en paz; los cazadores lo habían destruido todo. Maeron ya no tenía un hogar aquí, pero puede ser que todavía podría darle uno. Rose atrajo al niño hacia ella de nuevo y lo abrazo con fuerza. Rodeo a Maeron y a si mismo con un capullo de alas, deseando poder proteger al niño de este mundo. - No tengo casa, Rose... - Hablo de nuevo, con la voz desprovista de calor.- Ya no tengo... Ya no sé donde... - Su voz se cortó. - Van a volver... Van a volver - Repitió, impotente. Colaboración con: [haze_amethyst_lion_533]
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  • El Reencuentro.
    Categoría Acción


    Primera parte: https://ficrol.com/posts/384516

    El dolor seguía aumentando y apenas podía mantenerme en pie. Mi respiración era agitada y sentía que algo dentro de mí intentaba escapar. Fue entonces cuando las vi, eran dos enormes alas negras que surgieron de mi espalda envueltas en una oleada de mana oscuro. Di un delante por puro reflejo.

    -¿Qué *****...?-

    Aquellas cosas eran enormes. Parecían alas de murciélago pertenecientes a una bestia, no a una demonio noble como yo. Intenté moverlas y para mi sorpresa, respondieron de inmediato. Un impulso repentino me arrancó del suelo y salí disparada hacia arriba.

    -¡Aaaaah!

    Por un instante pensé que iba a caer, pero mi cuerpo se estabilizó solo. Las alas obedecían mis movimientos como si siempre hubieran estado ahí. Atravesé el techo destruido de la biblioteca y me elevé sobre el castillo.

    El viento golpeó mi rostro, abajo podía ver una ciudad gigantesca, miles de luces, torres extrañas y calles iluminadas. Habian extraños vehículos moviéndose como si fueran criaturas mecánicas.

    Nunca había visto nada parecido, era hermoso y aterrador, ahí comprendí que no estaba en casa, este no era mi mundo.

    Seguí volando hasta alejarme del castillo y finalmente descendí en un lugar que parecía un parque. Durante horas luché contra mi propio cuerpo. Una y otra vez intentaba contener aquella energía que amenazaba con desgarrarme desde dentro. Cuando finalmente logré estabilizarme, mi forma cambió.

    Miré mis manos normales. un poco mas tranquila miré mi reflejo en el agua de una fuente cercana y sentí vergüenza. No tenía cuernos, no tenía alas. No tenía nada, parecía una descornada, la casta más baja y despreciada de mi mundo.

    Apreté los dientes con rabia, era humillante. -Papá, Mamá... denme fuerza.- *Susurre tratando de contener mis lagrimas, pero no era tiempo de llorar, si quería sobrevivir tendría que soportarlo.

    Los días siguientes fueron un infierno. Utilicé mi magia para someter a una humana y obligarla a servirme. Me proporcionó ropa, comida y un lugar donde ocultarme. Mientras ella dormía o realizaba las tareas que le ordenaba, yo pasaba horas intentando controlar aquella nueva condición.

    Mi verdadera forma demoníaca había cambiado, ya no era la demonio noble que había sido. Lo que aparecía cuando perdía el control era algo mucho peor, una especie de demonio bestia gigante, una monstruosidad, una Kyojin.

    Cada día conseguía mantener la apariencia humana durante más tiempo, aunque el esfuerzo seguía siendo agotador.

    Fue varios días después cuando ocurrió, caminaba sola por el mismo parque durante la noche. Había logrado mantener mi forma humana durante casi todo el día y comenzaba a pensar que finalmente estaba adaptándome a ese mundo pero entonces apareció.

    Un enorme pilar de luz bajo desde el cielo, me detuve de golpe, mi corazón comenzó a acelerarse. Podía sentirla, aquella energía la reconocía porque era la misma presencia que había percibido en el castillo.

    La misma que emanaban las reliquias prohibidas que mi familia resguardaba por su peligros poder, el poder Ishtar.

    Era tan intenso que me revolvió el estómago, mis ojos se entrecerraron, toda la rabia acumulada durante aquellos días volvió de golpe.

    Ellos me habían traído aquí, me secuestraron de mi hogar, ahora me daba cuenta que mi madre también habida sido secuestrada como yo. Ellos la tenian, me la quitaron hace 70 años, ellos eran los responsables de todo, esos malditos Ishtar.

    Mi cuerpo reaccionó, el mana explotó a mi alrededor, mis huesos crujieron, mis alas surgieron nuevamente, mis manos volvieron a deformarse pero esta vez no me asustaban, estas cosas horribles me iban a servir para pelear contra ellos. Senti una gran emoción, por fin podría vengarme. Este deseo de luchar hizo que mi tamaño aumentara hasta superar los dos metros. La forma Kyojin había regresado y ahora tenia la altura de mi madre.

    Sin perder un segundo mas batí mis alas y me lancé hacia el origen de aquella energía, atravesé el cielo nocturno a toda velocidad hasta localizar dos figuras, eran dos mujeres. Una de cabello azul y la otra de cabello rosa.

    Las observé desde el aire, no parecían gran cosa, la de cabello rosa tenía unos cuernos pequeños, tan pequeños que en mi mundo habría sido considerada una simple astilla, una demonio de rango inferior. Y sin embargo ambas desprendían aquella energía maldita. Mi mana explotó alrededor de mi cuerpo c mientras descendía frente a ellas. El suelo tembló cuando aterricé, mis alas se extendieron detrás de mí y mis ojos brillaron con furia.

    -Así que aquí están...- Una sonrisa de desprecio apareció en mi rostro. -Díganme algo, sucias Ishtar... ¿Por qué me trajeron a este mundo?

    Lombard Queen Azraeth Akane Qᵘᵉᵉⁿ Ishtar Veythra Lili Queen Ishtar
    Primera parte: https://ficrol.com/posts/384516 El dolor seguía aumentando y apenas podía mantenerme en pie. Mi respiración era agitada y sentía que algo dentro de mí intentaba escapar. Fue entonces cuando las vi, eran dos enormes alas negras que surgieron de mi espalda envueltas en una oleada de mana oscuro. Di un delante por puro reflejo. -¿Qué *****...?- Aquellas cosas eran enormes. Parecían alas de murciélago pertenecientes a una bestia, no a una demonio noble como yo. Intenté moverlas y para mi sorpresa, respondieron de inmediato. Un impulso repentino me arrancó del suelo y salí disparada hacia arriba. -¡Aaaaah! Por un instante pensé que iba a caer, pero mi cuerpo se estabilizó solo. Las alas obedecían mis movimientos como si siempre hubieran estado ahí. Atravesé el techo destruido de la biblioteca y me elevé sobre el castillo. El viento golpeó mi rostro, abajo podía ver una ciudad gigantesca, miles de luces, torres extrañas y calles iluminadas. Habian extraños vehículos moviéndose como si fueran criaturas mecánicas. Nunca había visto nada parecido, era hermoso y aterrador, ahí comprendí que no estaba en casa, este no era mi mundo. Seguí volando hasta alejarme del castillo y finalmente descendí en un lugar que parecía un parque. Durante horas luché contra mi propio cuerpo. Una y otra vez intentaba contener aquella energía que amenazaba con desgarrarme desde dentro. Cuando finalmente logré estabilizarme, mi forma cambió. Miré mis manos normales. un poco mas tranquila miré mi reflejo en el agua de una fuente cercana y sentí vergüenza. No tenía cuernos, no tenía alas. No tenía nada, parecía una descornada, la casta más baja y despreciada de mi mundo. Apreté los dientes con rabia, era humillante. -Papá, Mamá... denme fuerza.- *Susurre tratando de contener mis lagrimas, pero no era tiempo de llorar, si quería sobrevivir tendría que soportarlo. Los días siguientes fueron un infierno. Utilicé mi magia para someter a una humana y obligarla a servirme. Me proporcionó ropa, comida y un lugar donde ocultarme. Mientras ella dormía o realizaba las tareas que le ordenaba, yo pasaba horas intentando controlar aquella nueva condición. Mi verdadera forma demoníaca había cambiado, ya no era la demonio noble que había sido. Lo que aparecía cuando perdía el control era algo mucho peor, una especie de demonio bestia gigante, una monstruosidad, una Kyojin. Cada día conseguía mantener la apariencia humana durante más tiempo, aunque el esfuerzo seguía siendo agotador. Fue varios días después cuando ocurrió, caminaba sola por el mismo parque durante la noche. Había logrado mantener mi forma humana durante casi todo el día y comenzaba a pensar que finalmente estaba adaptándome a ese mundo pero entonces apareció. Un enorme pilar de luz bajo desde el cielo, me detuve de golpe, mi corazón comenzó a acelerarse. Podía sentirla, aquella energía la reconocía porque era la misma presencia que había percibido en el castillo. La misma que emanaban las reliquias prohibidas que mi familia resguardaba por su peligros poder, el poder Ishtar. Era tan intenso que me revolvió el estómago, mis ojos se entrecerraron, toda la rabia acumulada durante aquellos días volvió de golpe. Ellos me habían traído aquí, me secuestraron de mi hogar, ahora me daba cuenta que mi madre también habida sido secuestrada como yo. Ellos la tenian, me la quitaron hace 70 años, ellos eran los responsables de todo, esos malditos Ishtar. Mi cuerpo reaccionó, el mana explotó a mi alrededor, mis huesos crujieron, mis alas surgieron nuevamente, mis manos volvieron a deformarse pero esta vez no me asustaban, estas cosas horribles me iban a servir para pelear contra ellos. Senti una gran emoción, por fin podría vengarme. Este deseo de luchar hizo que mi tamaño aumentara hasta superar los dos metros. La forma Kyojin había regresado y ahora tenia la altura de mi madre. Sin perder un segundo mas batí mis alas y me lancé hacia el origen de aquella energía, atravesé el cielo nocturno a toda velocidad hasta localizar dos figuras, eran dos mujeres. Una de cabello azul y la otra de cabello rosa. Las observé desde el aire, no parecían gran cosa, la de cabello rosa tenía unos cuernos pequeños, tan pequeños que en mi mundo habría sido considerada una simple astilla, una demonio de rango inferior. Y sin embargo ambas desprendían aquella energía maldita. Mi mana explotó alrededor de mi cuerpo c mientras descendía frente a ellas. El suelo tembló cuando aterricé, mis alas se extendieron detrás de mí y mis ojos brillaron con furia. -Así que aquí están...- Una sonrisa de desprecio apareció en mi rostro. -Díganme algo, sucias Ishtar... ¿Por qué me trajeron a este mundo? [Lombard_9] [akane_qi] [Lili.Queen]
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  • El portal se abrió como una herida en la hechura del mundo.

    El hombre fue arrancado de dondequiera que hubiese estado y arrojado a través de aquella luz impía. Su cuerpo se retorció en el tránsito. La carne pareció olvidar su forma. Los huesos crujieron como ramas secas bajo el peso de una tormenta invisible.

    Un poder inmenso despertó en su interior. No era una llama ni un río. Era algo más antiguo. Más vasto. La energía manó de él sin obediencia y la piedra se quebró bajo sus pies. Cráteres surgieron en la roca desnuda. Las escalinatas temblaron. El aire se llenó de polvo y fragmentos que flotaban alrededor de su figura como satélites errantes.

    Cuando el resplandor menguó, contempló el lugar. Escaleras sin término, ascendían hacia unas puertas colosales cuya sola presencia parecía desafiar la razón de los hombres. Las puertas del TRIUNVIRATO aguardaban inmóviles bajo una luz pálida.

    El demonio de renombrado linaje ajustó el sombrero oscuro sobre su cabeza. Su cabello, amarillo como trigo bajo cierto fulgor y blanco como ceniza bajo otro, danzaba con las corrientes invisibles de aquel reino extraño. Sobre su hombro descansaba una espada extensa y terrible. El filo parecía capaz de partir la misma noche.

    Comenzó a subir. Sus pasos resonaron en el vacío.

    ○Bueno, bueno... ¿dónde estoy?

    El acento británico se deslizó en el aire. Las puertas se abrieron. Y entonces ocurrió...el cambio. Fue súbito y cruel. Sintió los huesos doblarse dentro de su carne. Su espalda se arqueó. Los músculos se contrajeron. El rostro que durante eras había poseído la perfección temible de los demonios superiores comenzó a marchitarse.

    Las facciones divinas se hundieron y palidecieron como un fantasma. La piel adquirió los signos de una edad que jamás había conocido. Cuando terminó, donde antes se hallaba una belleza capaz de doblegar reyes y encender guerras, permanecía el semblante envejecido. Un hombre que los mortales habrían juzgado cercano a los cuarenta años. Llevó una mano a su rostro. Sus dedos temblaban.

    ○¿Mi cuerpo...? ¿Qué le pasa a mi cuerpo?

    Había miedo en su voz. Miedo verdadero. Entonces la luz regresó y lo envolvió. El mundo desapareció y apareció en otro. Un sitio desconocido.

    ○¡Hermana! ¿Dónde estás?

    El grito brotó de su garganta. Movió la espada por puro instinto. El acero cortó el aire con violencia. Era el gesto de alguien preparado para matar ejércitos enteros con tal de proteger a una sola persona. Mas algo se quebró. Un dolor insoportable recorrió su brazo. Escuchó el sonido. Decenas de fracturas. Los huesos estallaron bajo la piel. Cayó de rodillas. La espada golpeó el suelo. Respiró con dificultad, luego alzó la vista. Y habló.

    ○Por la virtud, la historia y el poder que me confiere el peso de mi padre... Azraeth... te ordeno volver a ser mi mano. El aire permaneció inmóvil. Durante un instante no ocurrió nada. Después la carne comenzó a moverse. Los fragmentos óseos regresaron a su sitio. Los tendones se reconstruyeron. La piel se cerró y la mano volvió a existir. Lombard la observó. Abrió los dedos y los cerró, volvió a abrirlos. Ni una sola herida. Ni una sola cicatriz. Se incorporó lentamente.

    Miró la extremidad restaurada como si contemplara un milagro imposible. Luego observó el mundo que lo rodeaba. Y por primera vez, el demonio quedó sin voz.

    ○Esto... esto es...

    Permaneció allí, inmóvil bajo la luz desconocida, mientras el universo se desplegaba ante sus ojos como un libro cuya primera página acababa de abrirse.
    El portal se abrió como una herida en la hechura del mundo. El hombre fue arrancado de dondequiera que hubiese estado y arrojado a través de aquella luz impía. Su cuerpo se retorció en el tránsito. La carne pareció olvidar su forma. Los huesos crujieron como ramas secas bajo el peso de una tormenta invisible. Un poder inmenso despertó en su interior. No era una llama ni un río. Era algo más antiguo. Más vasto. La energía manó de él sin obediencia y la piedra se quebró bajo sus pies. Cráteres surgieron en la roca desnuda. Las escalinatas temblaron. El aire se llenó de polvo y fragmentos que flotaban alrededor de su figura como satélites errantes. Cuando el resplandor menguó, contempló el lugar. Escaleras sin término, ascendían hacia unas puertas colosales cuya sola presencia parecía desafiar la razón de los hombres. Las puertas del TRIUNVIRATO aguardaban inmóviles bajo una luz pálida. El demonio de renombrado linaje ajustó el sombrero oscuro sobre su cabeza. Su cabello, amarillo como trigo bajo cierto fulgor y blanco como ceniza bajo otro, danzaba con las corrientes invisibles de aquel reino extraño. Sobre su hombro descansaba una espada extensa y terrible. El filo parecía capaz de partir la misma noche. Comenzó a subir. Sus pasos resonaron en el vacío. ○Bueno, bueno... ¿dónde estoy? El acento británico se deslizó en el aire. Las puertas se abrieron. Y entonces ocurrió...el cambio. Fue súbito y cruel. Sintió los huesos doblarse dentro de su carne. Su espalda se arqueó. Los músculos se contrajeron. El rostro que durante eras había poseído la perfección temible de los demonios superiores comenzó a marchitarse. Las facciones divinas se hundieron y palidecieron como un fantasma. La piel adquirió los signos de una edad que jamás había conocido. Cuando terminó, donde antes se hallaba una belleza capaz de doblegar reyes y encender guerras, permanecía el semblante envejecido. Un hombre que los mortales habrían juzgado cercano a los cuarenta años. Llevó una mano a su rostro. Sus dedos temblaban. ○¿Mi cuerpo...? ¿Qué le pasa a mi cuerpo? Había miedo en su voz. Miedo verdadero. Entonces la luz regresó y lo envolvió. El mundo desapareció y apareció en otro. Un sitio desconocido. ○¡Hermana! ¿Dónde estás? El grito brotó de su garganta. Movió la espada por puro instinto. El acero cortó el aire con violencia. Era el gesto de alguien preparado para matar ejércitos enteros con tal de proteger a una sola persona. Mas algo se quebró. Un dolor insoportable recorrió su brazo. Escuchó el sonido. Decenas de fracturas. Los huesos estallaron bajo la piel. Cayó de rodillas. La espada golpeó el suelo. Respiró con dificultad, luego alzó la vista. Y habló. ○Por la virtud, la historia y el poder que me confiere el peso de mi padre... Azraeth... te ordeno volver a ser mi mano. El aire permaneció inmóvil. Durante un instante no ocurrió nada. Después la carne comenzó a moverse. Los fragmentos óseos regresaron a su sitio. Los tendones se reconstruyeron. La piel se cerró y la mano volvió a existir. Lombard la observó. Abrió los dedos y los cerró, volvió a abrirlos. Ni una sola herida. Ni una sola cicatriz. Se incorporó lentamente. Miró la extremidad restaurada como si contemplara un milagro imposible. Luego observó el mundo que lo rodeaba. Y por primera vez, el demonio quedó sin voz. ○Esto... esto es... Permaneció allí, inmóvil bajo la luz desconocida, mientras el universo se desplegaba ante sus ojos como un libro cuya primera página acababa de abrirse.
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  • Billy llegó a la gran mansión de los hermanos Alessandro Wang Balissari y Lorenzo Moretti, ni siquiera entro por la puerta, atravesó uno de los grandes espejos de la casa como si fuera agua, su mirada estaba perdida, entre la furia, el miedo y el cansancio usaba una mano para hacer flotar la cabeza de Halley, está tenía una cara de dolor y pena, todavía ssngrsba un poco y unas partes de su vértebra calgana al igual que su cabello rojo de las puntas, los okos de Billy brillaban en un cerulio intenso, lleno de furia al encontrarse con Alejandro, pero al verlo no mostró expresiones algunas, solo se acercó con pasos pesados de sus botas manchadas dejando un desaste en el suelo de esa casa— Primero...- le lanzó a alesssadro una mano cortada, era grande con un anillo, la mano de uno de sus guardias— No quiero que mandes a tus perros otra vez tras de mi...ten tu puta mierda...— le lanzó a los pies la cabeza de Halley, esta cayó en un sonido húmedo y seco al suelo todavia manchando partes de la ropa de Alessandro, Billy estaba temblando, su cuerpo al borde del colapso, se fistingua algo raro en sus manos, parecían estar manchadas de algo en las puntas, algo negro, eso no importa, lo importante es que habia pasado por sobre de todos, sus guardias y por sobre Alessandro, habia cumplido su parte— Ahora sí ya me quieren...verdad...?-eso último lo dijo girando a ver a Lorenzo antes de colpsar en el suelo-
    Billy llegó a la gran mansión de los hermanos [flare_onyx_bear_870] y [lorenzo_moretti], ni siquiera entro por la puerta, atravesó uno de los grandes espejos de la casa como si fuera agua, su mirada estaba perdida, entre la furia, el miedo y el cansancio usaba una mano para hacer flotar la cabeza de Halley, está tenía una cara de dolor y pena, todavía ssngrsba un poco y unas partes de su vértebra calgana al igual que su cabello rojo de las puntas, los okos de Billy brillaban en un cerulio intenso, lleno de furia al encontrarse con Alejandro, pero al verlo no mostró expresiones algunas, solo se acercó con pasos pesados de sus botas manchadas dejando un desaste en el suelo de esa casa— Primero...- le lanzó a alesssadro una mano cortada, era grande con un anillo, la mano de uno de sus guardias— No quiero que mandes a tus perros otra vez tras de mi...ten tu puta mierda...— le lanzó a los pies la cabeza de Halley, esta cayó en un sonido húmedo y seco al suelo todavia manchando partes de la ropa de Alessandro, Billy estaba temblando, su cuerpo al borde del colapso, se fistingua algo raro en sus manos, parecían estar manchadas de algo en las puntas, algo negro, eso no importa, lo importante es que habia pasado por sobre de todos, sus guardias y por sobre Alessandro, habia cumplido su parte— Ahora sí ya me quieren...verdad...?-eso último lo dijo girando a ver a Lorenzo antes de colpsar en el suelo-
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
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    La llegada.

    La primera vez que vi aquella luz fue hace tres años. Al principio parecía una estrella más, era algo extraño pero distante, pero con el paso del tiempo comenzó a crecer, cada noche era un poco más grande, un poco más brillante, y cada vez que la observaba sentía una incomodidad difícil de explicar. Aquella noche me encontraba en una gala organizada por una familia noble. Había música, y aburridas conversaciones sobre política. Todo era tan normal como siempre. Salí al balcón para tomar aire mientras me preguntaba porque me enviaron a mi y no a mi hermano mayor, el es el que esta mas interesado en estas cosas. Y entonces la vi otra vez. La luz seguía ahí, suspendida en el cielo nocturno, pero esta vez era enorme. Un escalofrío recorrió mi espalda y me abracé a mí misma mientras dirigía mi vista las dos lunas, por alguna razón, siempre que las veía me tranquilizaban, como si al verlas algo me dijera que todo iba estar bien. Según las historias, en la Luna Blanca y la Luna Negra en ellas descansaban las almas de los amantes que le dieron origen a la "Heroína Sin Nombre", aquella mujer cuyo nombre los dioses borraron de la historia. Aunque me decía a mi misma que todo iba estar bien, la sensación extraña en mi pecho no se fue.

    De pronto un rayo descendió desde aquella luz, atravesó el cielo como una lanza y comenzó a arrasar todo a su paso. Me quedé paralizada durante un instante antes de reaccionar. Corrí hacia el interior de la mansión para avisar a todos, para gritarles que escaparan, pero antes de que pudiera abrir la boca el mundo entero estalló.

    Cuando recuperé la conciencia ya no estaba en la mansión. Me encontraba tendida sobre el suelo de una enorme biblioteca que jamás había visto. Había libros por todas partes, estanterías gigantescas y una sensación extraña que impregnaba el aire. Me incorporé lentamente, todavía mareada. Entonces la sentí aquella energía, era desconocida, pero al mismo tiempo me resultaba inquietantemente familiar. A mi mente vino la imagen de las reliquias selladas por mi familia, los objetos que supuestamente pertenecieron a los Ishtar, los traidores. La energía de aquel lugar era parecida, pero infinitamente más intensa. Intenté ponerme de pie para comprender dónde estaba cuando una punzada brutal atravesó mi cuerpo.

    Caí de rodillas. Sentí como si algo estuviera desgarrándose dentro de mí. El dolor me hizo gritar y al mirar mi mano sentí un miedo que jamás había experimentado. Mi brazo había cambiado. La piel se había oscurecido, mis dedos eran más largos y mis uñas parecían garras monstruosas. Intenté mover la mano mientras el dolor aumentaba, pero cada segundo era peor. Sentía una presión insoportable en el pecho, como si algo quisiera abrirse paso desde mi interior. Volví a gritar y fue entonces cuando escuché pasos como si fuera una marcha cada vez mas cerca.

    Las puertas de la biblioteca se abrieron de golpe y varios guardias armados irrumpieron en la sala. Uno de ellos levantó su espada hacia mí.

    -¡En nombre de la Emperatriz Sasha, identifíquese!

    Mi mente se quedó en blanco, "Sasha", de veras había dicho Sasha? El nombre de la Reina Maldita, la misma que vivió hace miles de años?

    El miedo se apoderó de mí por completo. No entendía dónde estaba, no entendía qué estaba pasando. Mi respiración se acelero y el dolor aumentó hasta un punto insoportable. Sentí algo romperse dentro de mí y, antes de darme cuenta, una explosión de energía surgió de mi cuerpo.

    Las estanterías estallaron, los libros salieron despedidos por los aires, las ventanas se hicieron añicos y los guardias fueron arrojados violentamente contra las paredes. El suelo se agrietó bajo mis pies mientras la biblioteca se llenaba de escombros. Cuando logré volver a mirar mis manos descubrí que la otra también se había transformado. Las dos eran monstruosas ahora.

    Retrocedí aterrada entre los restos de la sala. Mi cuerpo seguía cambiando, sentía aquella energía recorriendo mis venas, volviéndose cada vez más salvaje. Los libros ardían entre los escombros y los guardias intentaban ponerse de pie entre los restos mientras yo apenas podía mantenerme en pie. Solo había una idea en mi cabeza. -Tengo que escapar!-

    Porque cuanto más tiempo permanecía en aquel lugar, más sentía que mi poder se estaba descontrolando. Y lo peor de todo era que comenzaba a tener la aterradora sensación de que ya no era yo quien estaba controlando ese poder, sino que era él quien estaba comenzando a controlarme a mí.
    La llegada. La primera vez que vi aquella luz fue hace tres años. Al principio parecía una estrella más, era algo extraño pero distante, pero con el paso del tiempo comenzó a crecer, cada noche era un poco más grande, un poco más brillante, y cada vez que la observaba sentía una incomodidad difícil de explicar. Aquella noche me encontraba en una gala organizada por una familia noble. Había música, y aburridas conversaciones sobre política. Todo era tan normal como siempre. Salí al balcón para tomar aire mientras me preguntaba porque me enviaron a mi y no a mi hermano mayor, el es el que esta mas interesado en estas cosas. Y entonces la vi otra vez. La luz seguía ahí, suspendida en el cielo nocturno, pero esta vez era enorme. Un escalofrío recorrió mi espalda y me abracé a mí misma mientras dirigía mi vista las dos lunas, por alguna razón, siempre que las veía me tranquilizaban, como si al verlas algo me dijera que todo iba estar bien. Según las historias, en la Luna Blanca y la Luna Negra en ellas descansaban las almas de los amantes que le dieron origen a la "Heroína Sin Nombre", aquella mujer cuyo nombre los dioses borraron de la historia. Aunque me decía a mi misma que todo iba estar bien, la sensación extraña en mi pecho no se fue. De pronto un rayo descendió desde aquella luz, atravesó el cielo como una lanza y comenzó a arrasar todo a su paso. Me quedé paralizada durante un instante antes de reaccionar. Corrí hacia el interior de la mansión para avisar a todos, para gritarles que escaparan, pero antes de que pudiera abrir la boca el mundo entero estalló. Cuando recuperé la conciencia ya no estaba en la mansión. Me encontraba tendida sobre el suelo de una enorme biblioteca que jamás había visto. Había libros por todas partes, estanterías gigantescas y una sensación extraña que impregnaba el aire. Me incorporé lentamente, todavía mareada. Entonces la sentí aquella energía, era desconocida, pero al mismo tiempo me resultaba inquietantemente familiar. A mi mente vino la imagen de las reliquias selladas por mi familia, los objetos que supuestamente pertenecieron a los Ishtar, los traidores. La energía de aquel lugar era parecida, pero infinitamente más intensa. Intenté ponerme de pie para comprender dónde estaba cuando una punzada brutal atravesó mi cuerpo. Caí de rodillas. Sentí como si algo estuviera desgarrándose dentro de mí. El dolor me hizo gritar y al mirar mi mano sentí un miedo que jamás había experimentado. Mi brazo había cambiado. La piel se había oscurecido, mis dedos eran más largos y mis uñas parecían garras monstruosas. Intenté mover la mano mientras el dolor aumentaba, pero cada segundo era peor. Sentía una presión insoportable en el pecho, como si algo quisiera abrirse paso desde mi interior. Volví a gritar y fue entonces cuando escuché pasos como si fuera una marcha cada vez mas cerca. Las puertas de la biblioteca se abrieron de golpe y varios guardias armados irrumpieron en la sala. Uno de ellos levantó su espada hacia mí. -¡En nombre de la Emperatriz Sasha, identifíquese! Mi mente se quedó en blanco, "Sasha", de veras había dicho Sasha? El nombre de la Reina Maldita, la misma que vivió hace miles de años? El miedo se apoderó de mí por completo. No entendía dónde estaba, no entendía qué estaba pasando. Mi respiración se acelero y el dolor aumentó hasta un punto insoportable. Sentí algo romperse dentro de mí y, antes de darme cuenta, una explosión de energía surgió de mi cuerpo. Las estanterías estallaron, los libros salieron despedidos por los aires, las ventanas se hicieron añicos y los guardias fueron arrojados violentamente contra las paredes. El suelo se agrietó bajo mis pies mientras la biblioteca se llenaba de escombros. Cuando logré volver a mirar mis manos descubrí que la otra también se había transformado. Las dos eran monstruosas ahora. Retrocedí aterrada entre los restos de la sala. Mi cuerpo seguía cambiando, sentía aquella energía recorriendo mis venas, volviéndose cada vez más salvaje. Los libros ardían entre los escombros y los guardias intentaban ponerse de pie entre los restos mientras yo apenas podía mantenerme en pie. Solo había una idea en mi cabeza. -Tengo que escapar!- Porque cuanto más tiempo permanecía en aquel lugar, más sentía que mi poder se estaba descontrolando. Y lo peor de todo era que comenzaba a tener la aterradora sensación de que ya no era yo quien estaba controlando ese poder, sino que era él quien estaba comenzando a controlarme a mí.
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