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No todos los recuerdos pueden guardarse. Algunos se niegan a permanecer enterrados, y otros… exigen ser contados. Estas son las crónicas de Akane: fragmentos prohibidos que jamás debieron escribirse, pero que persisten, como el eco de algo que no quiere ser olvidado.
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- Categoría Fantasía
- Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.Esto se ha publicado como Out Of Character.Tenlo en cuenta al responder.Parte 13 - La guardiana del bosque.
La corriente había entregado a Akane a la orilla, pero fue una ogra quien la salvó. Grande y fuerte, con rasgos más finos que los de su especie, la joven ogra la cargó hasta su cabaña en el bosque. Allí, rodeada de hierbas colgadas en las paredes y frascos de cristal con líquidos de colores, comenzó el proceso de sanación.
La ogra conocía la medicina de plantas y la alquimia de pociones.
Había aprendido a mezclar ambos saberes, creando remedios más poderosos que los comunes. Sabía que podían sanar casi cualquier daño, salvo la pérdida de un miembro.
Por eso confió en que una sola poción bastaría.
Pero al ver la magnitud de las heridas de Akane, comprendió que no sería suficiente. Así que decidió administrarle pociones dos veces al día, durante cuatro días, con paciencia, con cuidado, con la fuerza de alguien que sabe que la vida es frágil.
El segundo día, Akane abrió los ojos apenas un instante, la visión era borrosa, pero alcanzó a distinguir la figura de la ogra inclinada sobre ella, ofreciéndole una poción. Por un momento, la silueta se confundió con un recuerdo, el cabello, la postura, la firmeza en la mirada…
Akane sonrió débilmente y murmuró: Abuela Jennifer…
Antes de que la ogra pudiera responder, Akane volvió a caer en el sueño. La ogra se quedó quieta, arqueando una ceja.
"¿Abuela? ¿Tan mayor me veo? A lo mucho podría confundirme con su madre… pero ¿abuela?"
Sacudió la cabeza, divertida y un poco ofendida, mientras pensaba que aquella joven debía estar delirando por la fiebre.
Parte 14 - El despertar y la aclaración.
Pasaron unos mas días. Las pociones habían hecho efecto y Akane comenzó a recuperar fuerzas. Cuando despertó plenamente, la ogra se acercó para revisar sus heridas, Akane, aún medio dormida, dio un pequeño sobresalto y murmuró otra vez:
-Jennifer…
La ogra ladeó la cabeza, con una sonrisa irónica.
-No soy tan mayor como crees. Y, para tu información, supongo que tenemos casi la misma edad. Así que no me confundas con una señora mayor.
Akane se frotó los ojos, y al observar mejor notó el cabello rojo intenso de la ogra, tan distinto al negro verdoso de Jennifer. Se sonrojó y se disculpó: Lo siento… no es que te viera como alguien mayor. Es que mi abuela Jennifer se ve tan joven que parece tener no más de veinte años.
La ogra parpadeó, confundida. -¿Tu abuela? ¿De veinte años? Eso no tiene sentido. Los ogros vivimos mucho tiempo, sí, pero una abuela que parece una jovencita… ¿qué clase de criatura es? ¿Acaso es un demonio?
Akane suspiró, con una sonrisa cansada. -Peor... Demonio es una palabra que se queda corta.-
Luego pensó un momento y agregó: Oh, ¿te refieres a su especie? No, no es un demonio. Ella… es complicado de explicar.
La ogra ladeó la cabeza, intrigada.
-¿Qué clase de abuela será esa tal Jennifer?" pensó, mientras seguía cuidando a Akane.Parte 13 - La guardiana del bosque. La corriente había entregado a Akane a la orilla, pero fue una ogra quien la salvó. Grande y fuerte, con rasgos más finos que los de su especie, la joven ogra la cargó hasta su cabaña en el bosque. Allí, rodeada de hierbas colgadas en las paredes y frascos de cristal con líquidos de colores, comenzó el proceso de sanación. La ogra conocía la medicina de plantas y la alquimia de pociones. Había aprendido a mezclar ambos saberes, creando remedios más poderosos que los comunes. Sabía que podían sanar casi cualquier daño, salvo la pérdida de un miembro. Por eso confió en que una sola poción bastaría. Pero al ver la magnitud de las heridas de Akane, comprendió que no sería suficiente. Así que decidió administrarle pociones dos veces al día, durante cuatro días, con paciencia, con cuidado, con la fuerza de alguien que sabe que la vida es frágil. El segundo día, Akane abrió los ojos apenas un instante, la visión era borrosa, pero alcanzó a distinguir la figura de la ogra inclinada sobre ella, ofreciéndole una poción. Por un momento, la silueta se confundió con un recuerdo, el cabello, la postura, la firmeza en la mirada… Akane sonrió débilmente y murmuró: Abuela Jennifer… Antes de que la ogra pudiera responder, Akane volvió a caer en el sueño. La ogra se quedó quieta, arqueando una ceja. "¿Abuela? ¿Tan mayor me veo? A lo mucho podría confundirme con su madre… pero ¿abuela?" Sacudió la cabeza, divertida y un poco ofendida, mientras pensaba que aquella joven debía estar delirando por la fiebre. Parte 14 - El despertar y la aclaración. Pasaron unos mas días. Las pociones habían hecho efecto y Akane comenzó a recuperar fuerzas. Cuando despertó plenamente, la ogra se acercó para revisar sus heridas, Akane, aún medio dormida, dio un pequeño sobresalto y murmuró otra vez: -Jennifer… La ogra ladeó la cabeza, con una sonrisa irónica. -No soy tan mayor como crees. Y, para tu información, supongo que tenemos casi la misma edad. Así que no me confundas con una señora mayor. Akane se frotó los ojos, y al observar mejor notó el cabello rojo intenso de la ogra, tan distinto al negro verdoso de Jennifer. Se sonrojó y se disculpó: Lo siento… no es que te viera como alguien mayor. Es que mi abuela Jennifer se ve tan joven que parece tener no más de veinte años. La ogra parpadeó, confundida. -¿Tu abuela? ¿De veinte años? Eso no tiene sentido. Los ogros vivimos mucho tiempo, sí, pero una abuela que parece una jovencita… ¿qué clase de criatura es? ¿Acaso es un demonio? Akane suspiró, con una sonrisa cansada. -Peor... Demonio es una palabra que se queda corta.- Luego pensó un momento y agregó: Oh, ¿te refieres a su especie? No, no es un demonio. Ella… es complicado de explicar. La ogra ladeó la cabeza, intrigada. -¿Qué clase de abuela será esa tal Jennifer?" pensó, mientras seguía cuidando a Akane.0 comentarios 1 compartido¡Inicia sesión para reaccionar, comentar y compartir! - Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.Esto se ha publicado como Out Of Character.Tenlo en cuenta al responder.Parte 11 - Reflexión en el río.
El agua me lleva, fría y serena,
como si quisiera borrar mis pasos,
como si quisiera devolverme al silencio.
He perdido fuerza desde que llegué a este mundo, pero aun así, derroté al cazador.
Aun así, vengué a la aldea y por primera vez, siento paz.
Si muero aquí, quizás mi alma regrese a mi hogar. Quizás el río me devuelva a donde todo comenzó y por un instante, pienso en rendirme,
dejar que la corriente decida.
Pero entonces recuerdo a mi abuela Jennifer.
Recuerdo su voz firme en los días de entrenamiento, cuando yo temía no sobrevivir a su dureza. Ella me decía: "No tienes derecho a morir, no aún. Hay cosas que aún no has hecho.
Hay gente que te ama, y no puedes hacerlos sufrir."
Sus palabras arden más fuerte que el fuego.
Me recuerdan que rendirse no es opción, que en mis venas no solo corre la sangre Ishtar, sino también la sangre Queen y las Queen son las más tercas, las que nunca se doblan, las que nunca aceptan la derrota.
Así que no, no moriré aquí, no me rendiré.
El río puede arrastrar mi cuerpo, pero mi espíritu seguirá luchando. Porque vivir no es un derecho que se entrega al azar, es una promesa que se honra con cada respiración.
Y mientras floto, me repito: "Morir no es una opción. Seguir es mi destino y aún hay cosas que debo hacer".
Parte 12 - Una pequeña esperanza.
La corriente había arrastrado a Akane lejos de la aldea, dejándola inconsciente en la orilla del río. Su cuerpo estaba cubierto de heridas, pero dentro de ella aún ardía un poder que se negaba a apagarse.
En ese momento, una joven ogra regresaba de cazar. Caminaba con calma hacia su hogar, y al pasar cerca del río se inclinó para beber agua fresca. Fue entonces que la vio: una muchacha de cabello blanco con puntas verdes, tendida en la hierba, respirando con dificultad.
La ogra se acercó con cautela. Al poner su mano sobre el pecho de Akane, sintió que su poder luchaba por seguir viviendo, como una llama que se resiste al viento. Sin dudarlo, la levantó en sus brazos y la llevó a su casa, decidida a salvarla.Parte 11 - Reflexión en el río. El agua me lleva, fría y serena, como si quisiera borrar mis pasos, como si quisiera devolverme al silencio. He perdido fuerza desde que llegué a este mundo, pero aun así, derroté al cazador. Aun así, vengué a la aldea y por primera vez, siento paz. Si muero aquí, quizás mi alma regrese a mi hogar. Quizás el río me devuelva a donde todo comenzó y por un instante, pienso en rendirme, dejar que la corriente decida. Pero entonces recuerdo a mi abuela Jennifer. Recuerdo su voz firme en los días de entrenamiento, cuando yo temía no sobrevivir a su dureza. Ella me decía: "No tienes derecho a morir, no aún. Hay cosas que aún no has hecho. Hay gente que te ama, y no puedes hacerlos sufrir." Sus palabras arden más fuerte que el fuego. Me recuerdan que rendirse no es opción, que en mis venas no solo corre la sangre Ishtar, sino también la sangre Queen y las Queen son las más tercas, las que nunca se doblan, las que nunca aceptan la derrota. Así que no, no moriré aquí, no me rendiré. El río puede arrastrar mi cuerpo, pero mi espíritu seguirá luchando. Porque vivir no es un derecho que se entrega al azar, es una promesa que se honra con cada respiración. Y mientras floto, me repito: "Morir no es una opción. Seguir es mi destino y aún hay cosas que debo hacer". Parte 12 - Una pequeña esperanza. La corriente había arrastrado a Akane lejos de la aldea, dejándola inconsciente en la orilla del río. Su cuerpo estaba cubierto de heridas, pero dentro de ella aún ardía un poder que se negaba a apagarse. En ese momento, una joven ogra regresaba de cazar. Caminaba con calma hacia su hogar, y al pasar cerca del río se inclinó para beber agua fresca. Fue entonces que la vio: una muchacha de cabello blanco con puntas verdes, tendida en la hierba, respirando con dificultad. La ogra se acercó con cautela. Al poner su mano sobre el pecho de Akane, sintió que su poder luchaba por seguir viviendo, como una llama que se resiste al viento. Sin dudarlo, la levantó en sus brazos y la llevó a su casa, decidida a salvarla.4 comentarios 1 compartido1
- Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.Esto se ha publicado como Out Of Character.Tenlo en cuenta al responder.Parte 9 - El regreso del cazador.
Akane lo sabía, el aire cambió antes de que él apareciera, el silencio se volvió pesado, como si el mundo mismo contuviera la respiración.
Ella estaba lista, había entrenado cada día, cada noche, con el recuerdo de la espada en su estómago y el fuego de la aldea ardiendo en su memoria. Ahora podía acceder a su forma oni lunar, y a un fragmento del poder de su forma licántropa aunque no todo pero lo suficiente.
El hombre llegó solo, sin soldados, sin escoltas,
solo él y su aura oscura. Akane lo miró desde la entrada de su casa.
—¿Y tus hombres? — Preguntó con ironía.
Él sonrió, era una sonrisa rota.
—Ya tomé lo que necesitaba de ellos.
Akane sintió el grito de las almas atrapadas en su aura, era un coro de dolor, un eco de muerte.
—Así que, tanto miedo me tienes?— Dijo, con sarcasmo. —Tuviste que consumirlos para enfrentarte a mí.
—Sacrificios necesarios — Respondió él, con voz grave. —Ahora sí tengo el poder para matarte de verdad.
Parte 10 - La batalla de las almas
El choque fue inmediato, oscuridad contra fuego.
Odio contra voluntad.
La pelea era pareja, cada golpe, cada hechizo, cada movimiento resonaba con la fuerza de dos destinos que se negaban a ceder.
Pero poco a poco, las almas atrapadas en el hombre comenzaron a moverse, a buscar, a intentar arrancar el alma de Akane.
Ella sintió las garras invisibles en su pecho, el frío en su sangre, el vacío en su mente, no tenía otra alternativa. Akane invocó el poder de su forma licántropa pero no se transformó, aunque su cuerpo adquirió velocidad, agilidad e instinto.
Esquivó los ataques oscuros, moviéndose como un relámpago entre las sombras y entonces, con un rugido que no era humano, activó las llamas de la loba. El fuego brotó de sus manos, ardiente, indomable, golpeando el núcleo del hombre, un cristal oscuro incrustado en su pecho.
Las almas fueron liberadas, el grito colectivo se convirtió en un canto de libertad pero las llamas se salieron de control. Akane no pudo contenerlas, su cuerpo se quebró bajo el peso de su propio poder.
El hombre cayó al suelo, su cuerpo comenzó a desintegrarse, consumido por las llamas que lo habían sostenido, eso fue lo ultimo que vio Akane antes que su propio fuego la envolvió también. Y cuando ya no pudo resistir, cayó al río cercano. Las aguas la arrastraron, apagando las llamas, llevándola lejos de la aldea, lejos del combate, lejos de todo.
Su última visión fue el cuerpo del hombre destruyéndose, convertido en polvo y ceniza.
Y luego, nada, solo el río, solo el silencio.Parte 9 - El regreso del cazador. Akane lo sabía, el aire cambió antes de que él apareciera, el silencio se volvió pesado, como si el mundo mismo contuviera la respiración. Ella estaba lista, había entrenado cada día, cada noche, con el recuerdo de la espada en su estómago y el fuego de la aldea ardiendo en su memoria. Ahora podía acceder a su forma oni lunar, y a un fragmento del poder de su forma licántropa aunque no todo pero lo suficiente. El hombre llegó solo, sin soldados, sin escoltas, solo él y su aura oscura. Akane lo miró desde la entrada de su casa. —¿Y tus hombres? — Preguntó con ironía. Él sonrió, era una sonrisa rota. —Ya tomé lo que necesitaba de ellos. Akane sintió el grito de las almas atrapadas en su aura, era un coro de dolor, un eco de muerte. —Así que, tanto miedo me tienes?— Dijo, con sarcasmo. —Tuviste que consumirlos para enfrentarte a mí. —Sacrificios necesarios — Respondió él, con voz grave. —Ahora sí tengo el poder para matarte de verdad. Parte 10 - La batalla de las almas El choque fue inmediato, oscuridad contra fuego. Odio contra voluntad. La pelea era pareja, cada golpe, cada hechizo, cada movimiento resonaba con la fuerza de dos destinos que se negaban a ceder. Pero poco a poco, las almas atrapadas en el hombre comenzaron a moverse, a buscar, a intentar arrancar el alma de Akane. Ella sintió las garras invisibles en su pecho, el frío en su sangre, el vacío en su mente, no tenía otra alternativa. Akane invocó el poder de su forma licántropa pero no se transformó, aunque su cuerpo adquirió velocidad, agilidad e instinto. Esquivó los ataques oscuros, moviéndose como un relámpago entre las sombras y entonces, con un rugido que no era humano, activó las llamas de la loba. El fuego brotó de sus manos, ardiente, indomable, golpeando el núcleo del hombre, un cristal oscuro incrustado en su pecho. Las almas fueron liberadas, el grito colectivo se convirtió en un canto de libertad pero las llamas se salieron de control. Akane no pudo contenerlas, su cuerpo se quebró bajo el peso de su propio poder. El hombre cayó al suelo, su cuerpo comenzó a desintegrarse, consumido por las llamas que lo habían sostenido, eso fue lo ultimo que vio Akane antes que su propio fuego la envolvió también. Y cuando ya no pudo resistir, cayó al río cercano. Las aguas la arrastraron, apagando las llamas, llevándola lejos de la aldea, lejos del combate, lejos de todo. Su última visión fue el cuerpo del hombre destruyéndose, convertido en polvo y ceniza. Y luego, nada, solo el río, solo el silencio.0 comentarios 2 compartidos
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- Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.Esto se ha publicado como Out Of Character.Tenlo en cuenta al responder.Parte VIII - El eco de los pasos.
Dos meses habían pasado desde el incendio.
La aldea era ahora un pueblo fantasma, las casas vacías crujían con el viento y las huellas de los que partieron se habían borrado con la lluvia, pero Akane... seguía ahí.
Cada mañana, Akane se levantaba antes del sol.
Caminaba entre los escombros, saludaba al silencio, y comenzaba su entrenamiento. No solo magia, también el cuerpo. Recordó las enseñanzas de su abuela Jennifer:
“El poder sin control es solo ruido. El cuerpo debe sostener lo que el alma invoca.”
Así que volvió a lo básico; Posturas, resistencia, golpes, equilibrio. Al principio, su cuerpo temblaba, pero con cada día, los músculos respondían, la agilidad regresaba. No era la fuerza que tuvo antes pero era suya, ganada con sudor, no con herencia.
Ahora que su cuerpo se habia fortalecido intento rompe de nuevo el sello de su poder. Akane apretó los dientes, recordó las enseñanzas de Jennifer, recordó el dolor, recordó la espada en su estómago y entonces lo sintió.
Una presencia, familiar, oscura pero sobre todo...
Violenta. Akane abrió los ojos, el cielo se había vuelto más gris, el aire más denso y en la distancia, lo vio.
Estaba de pie entre los árboles, observándola;
No con sorpresa sino con desprecio.
Akane se levantó, su sangre hervía pero no de miedo, sino de emoción.
-Así que viniste.- Murmuró. -Perfecto.-
Era hora de ajustar cuentas y esta vez, Akane no sangraría sola.Parte VIII - El eco de los pasos. Dos meses habían pasado desde el incendio. La aldea era ahora un pueblo fantasma, las casas vacías crujían con el viento y las huellas de los que partieron se habían borrado con la lluvia, pero Akane... seguía ahí. Cada mañana, Akane se levantaba antes del sol. Caminaba entre los escombros, saludaba al silencio, y comenzaba su entrenamiento. No solo magia, también el cuerpo. Recordó las enseñanzas de su abuela Jennifer: “El poder sin control es solo ruido. El cuerpo debe sostener lo que el alma invoca.” Así que volvió a lo básico; Posturas, resistencia, golpes, equilibrio. Al principio, su cuerpo temblaba, pero con cada día, los músculos respondían, la agilidad regresaba. No era la fuerza que tuvo antes pero era suya, ganada con sudor, no con herencia. Ahora que su cuerpo se habia fortalecido intento rompe de nuevo el sello de su poder. Akane apretó los dientes, recordó las enseñanzas de Jennifer, recordó el dolor, recordó la espada en su estómago y entonces lo sintió. Una presencia, familiar, oscura pero sobre todo... Violenta. Akane abrió los ojos, el cielo se había vuelto más gris, el aire más denso y en la distancia, lo vio. Estaba de pie entre los árboles, observándola; No con sorpresa sino con desprecio. Akane se levantó, su sangre hervía pero no de miedo, sino de emoción. -Así que viniste.- Murmuró. -Perfecto.- Era hora de ajustar cuentas y esta vez, Akane no sangraría sola.0 comentarios 0 compartidos1
- Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.Esto se ha publicado como Out Of Character.Tenlo en cuenta al responder.Parte VII - Donde arde el corazón.
Akane salió de entre los escombros con el cuerpo temblando y la sangre aún tibia en su abdomen. El cielo estaba cubierto de humo, y la aldea que había sido su refugio ardía como un recuerdo que se niega a morir, Akane caminó entre las llamas, con los ojos nublados por el polvo y el miedo. Pensó lo peor, que todos habían muerto, que estaba sola otra vez.
Pero entonces escuchó voces, voces familiares, gritos, esfuerzo. Corrió por las calles polvosas, tropezando con madera quemada y piedras sueltas, hasta encontrar a un grupo de aldeanos tratando de apagar el fuego con cubos de agua y mantas húmedas. Sin pensarlo, Akane alzó las manos y canalizó su magia, pequeñas explosiones controladas comenzaron a sofocar las llamas, disipando el oxígeno justo en los puntos críticos, era una técnica que nunca había usado así pero funcionaba.
La gente la miró con asombro.
-¡Akane! ¡Estás viva!
-¡Gracias al cielos!
Ella no respondió, solo siguió ayudando hasta que el último fuego se apagó. y entonces cayó sentada en el suelo, exhausta, con el vestido manchado de sangre y ceniza.
Mientras recuperaba el aliento, Akane pensó que su magia no era así de débil antes, y si este mundo tenía tanto maná en el aire… ¿por qué se sentía limitada? La respuesta llegó como un susurro interno: El sello, no solo había sellado su forma licántropa, había sellado su poder.
Sus amigos se acercaron, la rodearon con alivio.
Uno de ellos, el cazador de cabello rojizo, le preguntó: ¿Cómo sobreviviste? Pensamos que…
Akane sonrió con tristeza. -Mi madre es una maga blanca. Tengo algo de su magia. Me ayuda a sanar… aunque es débil. Me salvó, pero tardó mucho.-
Los demás asintieron, impresionados pero cuando Akane preguntó por el abuelo, las miradas bajaron.
-No sobrevivió.- Dijo uno de ellos. -Cuando escuchó lo que pasó… su corazón no lo resistió.-
Akane sintió que el mundo se detenía, quiso culparse pero sus amigos la detuvieron.
-No fue tu culpa. Él te amaba... Y tú le diste alegría en sus últimos días.
Dos días después, enterraron a los muertos,
el aire estaba lleno de ceniza y silencio, la gente habló, la aldea ya no pertenecía al reino de Estris y los señores feudales la habían abandonado, Gardarian no había enviado ayuda y los bandidos volverían.
Todos decidieron pedir refugio en la ciudad de Gargan. Todos… menos Akane.
-No iré con ustedes.- Dijo, firme.
-¡No digas locuras!- Le respondió uno de sus amigos. -¡Ven con nosotros!-
-No.- Repitió Akane. -Si me voy, el abuelo estará solo. Quiero acompañarlo un poco más.-
Sus amigos comprendieron, Akane queria guardar luto por el anciano que la adopto como su niega y aunque sabia que era peligroso quedarse, tambien sabían que la chica era capaz, que lo que pasó en la posada fue una sorpresa y que si ese hombre regresaba… esta vez, Akane estaría lista.
Unos días después, todos partieron, la aldea quedó vacía, solo Akane permanecía.
Caminaba entre las casas quemadas, reparando lo que podía, no por nostalgia,
sino por respeto.
Sabía que si iba con ellos, podría ponerlos en peligro, ese hombre… Ese poder… Volvería.
Pero esta vez, Akane no sería una víctima, sería la guardiana, la loba que había despertado, la llama que no se extingue.Parte VII - Donde arde el corazón. Akane salió de entre los escombros con el cuerpo temblando y la sangre aún tibia en su abdomen. El cielo estaba cubierto de humo, y la aldea que había sido su refugio ardía como un recuerdo que se niega a morir, Akane caminó entre las llamas, con los ojos nublados por el polvo y el miedo. Pensó lo peor, que todos habían muerto, que estaba sola otra vez. Pero entonces escuchó voces, voces familiares, gritos, esfuerzo. Corrió por las calles polvosas, tropezando con madera quemada y piedras sueltas, hasta encontrar a un grupo de aldeanos tratando de apagar el fuego con cubos de agua y mantas húmedas. Sin pensarlo, Akane alzó las manos y canalizó su magia, pequeñas explosiones controladas comenzaron a sofocar las llamas, disipando el oxígeno justo en los puntos críticos, era una técnica que nunca había usado así pero funcionaba. La gente la miró con asombro. -¡Akane! ¡Estás viva! -¡Gracias al cielos! Ella no respondió, solo siguió ayudando hasta que el último fuego se apagó. y entonces cayó sentada en el suelo, exhausta, con el vestido manchado de sangre y ceniza. Mientras recuperaba el aliento, Akane pensó que su magia no era así de débil antes, y si este mundo tenía tanto maná en el aire… ¿por qué se sentía limitada? La respuesta llegó como un susurro interno: El sello, no solo había sellado su forma licántropa, había sellado su poder. Sus amigos se acercaron, la rodearon con alivio. Uno de ellos, el cazador de cabello rojizo, le preguntó: ¿Cómo sobreviviste? Pensamos que… Akane sonrió con tristeza. -Mi madre es una maga blanca. Tengo algo de su magia. Me ayuda a sanar… aunque es débil. Me salvó, pero tardó mucho.- Los demás asintieron, impresionados pero cuando Akane preguntó por el abuelo, las miradas bajaron. -No sobrevivió.- Dijo uno de ellos. -Cuando escuchó lo que pasó… su corazón no lo resistió.- Akane sintió que el mundo se detenía, quiso culparse pero sus amigos la detuvieron. -No fue tu culpa. Él te amaba... Y tú le diste alegría en sus últimos días. Dos días después, enterraron a los muertos, el aire estaba lleno de ceniza y silencio, la gente habló, la aldea ya no pertenecía al reino de Estris y los señores feudales la habían abandonado, Gardarian no había enviado ayuda y los bandidos volverían. Todos decidieron pedir refugio en la ciudad de Gargan. Todos… menos Akane. -No iré con ustedes.- Dijo, firme. -¡No digas locuras!- Le respondió uno de sus amigos. -¡Ven con nosotros!- -No.- Repitió Akane. -Si me voy, el abuelo estará solo. Quiero acompañarlo un poco más.- Sus amigos comprendieron, Akane queria guardar luto por el anciano que la adopto como su niega y aunque sabia que era peligroso quedarse, tambien sabían que la chica era capaz, que lo que pasó en la posada fue una sorpresa y que si ese hombre regresaba… esta vez, Akane estaría lista. Unos días después, todos partieron, la aldea quedó vacía, solo Akane permanecía. Caminaba entre las casas quemadas, reparando lo que podía, no por nostalgia, sino por respeto. Sabía que si iba con ellos, podría ponerlos en peligro, ese hombre… Ese poder… Volvería. Pero esta vez, Akane no sería una víctima, sería la guardiana, la loba que había despertado, la llama que no se extingue.0 comentarios 0 compartidos - Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.Esto se ha publicado como Out Of Character.Tenlo en cuenta al responder.Parte VI - Bajo los escombros.
Un año había pasado desde que Akane llegó a ese mundo. Un año de cacerías compartidas, de risas en la posada, de tardes tranquilas entre campos dorados. Un año en el que, por primera vez, Akane sintió que pertenecía.
El jefe de la aldea a quien ahora llamaba “abuelo” sin pensarlo la había acogido como a una hija. Y ella, poco a poco, había dejado atrás el peso del apellido Ishtar, el eco de Queen, el legado que nunca quiso. Aquí no era heredera, ni arma, ni símbolo, era solo Akane y eso bastaba.
Una tarde, mientras ayudaba a una señora con leña, esta le comentó que su hijo, un aventurero en la ciudad volvería pronto. “Me encantaría que lo conocieras,” dijo con una sonrisa. Akane sonrió también, por primera vez, pensó que no sería mala idea.
Esa noche, la posada estaba llena de cazadores.
Akane se sentó con sus compañeros, compartiendo pan, carne, y planes para la próxima misión. No notó al grupo de forasteros que entró, era normal que viajeros pasaran por la aldea rumbo a la ciudad pero entonces lo sintió.
Un poder violento, hambriento, como una herida abierta en el aire.
Akane volteó, un hombre la miraba fijamente.
Su presencia era como un cuchillo en la atmósfera, ella intentó ignorarlo,
Pero entonces él murmuró: Increíble que incluso las bestias se sienten a la mesa con los humanos, cuando su lugar es el bosque, con las demás bestias.
Las palabras fueron como un disparo al pasado,
Akane recordó al hombre que intentó sellarla, el que la arrojó a este mundo, el que la llamó monstruo.
Se levantó, iba a responder pero no tuvo tiempo.
La espada entró en su estómago como una traición. El dolor fue punzante, absoluto.
Las chicas que atendían gritaron, los cazadores, sus amigos se levantaron pero antes de que pudieran moverse, una ráfaga de magia oscura golpeó el pecho de Akane, lanzándola contra las mesas... Madera rota, sillas volando, sangre en el suelo.
Akane intentó sanar pero no pudo.
La herida estaba envuelta en magia oscura, haciendo que su regeneración no funcionaba.
El sello de su forma lobo no respondía y el mundo se volvió negro.
Horas después, Akane despertó, el dolor seguía ahí, pero la herida había comenzado a cerrarse;
No del todo pero lo suficiente para moverse.
Se arrastró entre los escombros, la posada estaba destruida, el aire olía a humo y sangre.
Y cuando salió al exterior, lo vio:
La aldea ardía, los campos que había recorrido,
el hogar que había aprendido a amar. Todo estaba en llamas.
Akane se quedó quieta, el viento soplaba cenizas sobre su piel y en ese momento, supo que el pasado no la había soltado.
Que el mundo que la había acogido estaba pagando por lo que ella era, o por lo que alguien creía que era.Parte VI - Bajo los escombros. Un año había pasado desde que Akane llegó a ese mundo. Un año de cacerías compartidas, de risas en la posada, de tardes tranquilas entre campos dorados. Un año en el que, por primera vez, Akane sintió que pertenecía. El jefe de la aldea a quien ahora llamaba “abuelo” sin pensarlo la había acogido como a una hija. Y ella, poco a poco, había dejado atrás el peso del apellido Ishtar, el eco de Queen, el legado que nunca quiso. Aquí no era heredera, ni arma, ni símbolo, era solo Akane y eso bastaba. Una tarde, mientras ayudaba a una señora con leña, esta le comentó que su hijo, un aventurero en la ciudad volvería pronto. “Me encantaría que lo conocieras,” dijo con una sonrisa. Akane sonrió también, por primera vez, pensó que no sería mala idea. Esa noche, la posada estaba llena de cazadores. Akane se sentó con sus compañeros, compartiendo pan, carne, y planes para la próxima misión. No notó al grupo de forasteros que entró, era normal que viajeros pasaran por la aldea rumbo a la ciudad pero entonces lo sintió. Un poder violento, hambriento, como una herida abierta en el aire. Akane volteó, un hombre la miraba fijamente. Su presencia era como un cuchillo en la atmósfera, ella intentó ignorarlo, Pero entonces él murmuró: Increíble que incluso las bestias se sienten a la mesa con los humanos, cuando su lugar es el bosque, con las demás bestias. Las palabras fueron como un disparo al pasado, Akane recordó al hombre que intentó sellarla, el que la arrojó a este mundo, el que la llamó monstruo. Se levantó, iba a responder pero no tuvo tiempo. La espada entró en su estómago como una traición. El dolor fue punzante, absoluto. Las chicas que atendían gritaron, los cazadores, sus amigos se levantaron pero antes de que pudieran moverse, una ráfaga de magia oscura golpeó el pecho de Akane, lanzándola contra las mesas... Madera rota, sillas volando, sangre en el suelo. Akane intentó sanar pero no pudo. La herida estaba envuelta en magia oscura, haciendo que su regeneración no funcionaba. El sello de su forma lobo no respondía y el mundo se volvió negro. Horas después, Akane despertó, el dolor seguía ahí, pero la herida había comenzado a cerrarse; No del todo pero lo suficiente para moverse. Se arrastró entre los escombros, la posada estaba destruida, el aire olía a humo y sangre. Y cuando salió al exterior, lo vio: La aldea ardía, los campos que había recorrido, el hogar que había aprendido a amar. Todo estaba en llamas. Akane se quedó quieta, el viento soplaba cenizas sobre su piel y en ese momento, supo que el pasado no la había soltado. Que el mundo que la había acogido estaba pagando por lo que ella era, o por lo que alguien creía que era.0 comentarios 0 compartidos1
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