• Anillo: Kara Zor-El de Krypton, mi portadora... Haz encontrado el amor maternal por medio de nuestras criaturas ... Las Zafiros Estelares quieren que uses tu corazón bondadoso... Se ofrecen a... Reunirte... Hacerte de las nuestras...

    Kara: ¿Yo... Una Zafiro Estelar?... Una Star Sapphire...

    -El poder de Anillo se activa tras el amor manifestado de Kara hacia sus hijos, demostrando que en esta vida actual están activa para portar la luz entre sus dedos. La estrella robótica y cósmica reduce su tamaño para alojarse en la frente de su portadora, cambiandola a un seductor uniforme de una Linterna Violeta. Aunque Kara es una novata y le llevará tiempo usar su imaginación para esgrimir la luz sólida del amor
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    πŸ’ Anillo: Kara Zor-El de Krypton, mi portadora... Haz encontrado el amor maternal por medio de nuestras criaturas ... Las Zafiros Estelares quieren que uses tu corazón bondadoso... Se ofrecen a... Reunirte... Hacerte de las nuestras... πŸ‘© Kara: ¿Yo... Una Zafiro Estelar?... Una Star Sapphire... -El poder de Anillo se activa tras el amor manifestado de Kara hacia sus hijos, demostrando que en esta vida actual están activa para portar la luz entre sus dedos. La estrella robótica y cósmica reduce su tamaño para alojarse en la frente de su portadora, cambiandola a un seductor uniforme de una Linterna Violeta. Aunque Kara es una novata y le llevará tiempo usar su imaginación para esgrimir la luz sólida del amor -
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  • Un nuevo comienzo
    Fandom Kuroshitsuji
    CategorΓ­a Otros
    Lugar: Mansión Phantomhive, Londres
    Hora: 11:47 p. m.
    Clima: Noche cerrada, lluvia fina golpeando los ventanales, niebla espesa envolviendo la propiedad.

    ON

    *Sebastian Michaelis sostenía la copa con una precisión impecable, como si incluso el cristal comprendiera la jerarquía que gobernaba la mansión Phantomhive. El vino oscuro reposaba en silencio, reflejando la luz trémula de los candelabros que iluminaban el salón principal, mientras la lluvia marcaba un ritmo constante contra los ventanales.

    La mansión estaba en calma, sin embargo, no era una calma vacía, sino una cuidadosamente impuesta. Afuera, la niebla se aferraba a los jardines como una presencia viva; mientras que dentro, los muros antiguos observaban, cómplices mudos de contratos que jamás debían pronunciarse en voz alta.

    Sebastian permanecía de pie, erguido, con la compostura intacta, como si incluso la soledad formara parte de su servicio.
    Giró entonces la copa con lentitud, escuchando el leve roce del líquido contra el cristal, sus ojos carmesíes no mostraban emoción alguna y aunque en su mirada habitaba una atención despierta, el no necesitaba compañía pues la oscuridad le resultaba familiar.

    Dejó la copa sobre la mesa con un gesto suave, casi ceremonial. El sonido se disipó entre el crepitar distante del fuego y el murmullo de la tormenta. Fue entonces que aquel demonio inclinó apenas la cabeza, no hacia nadie en particular, sino hacia el pacto invisible que lo ataba a ese lugar. Su expresión era serena, educada… peligrosamente honesta pues se dejó ver con una sonrisa ladina a su acto.

    Aquí, la mansión Phantomhive no dormía, Sebastian Michaelis, su mayordomo, permanecía vigilante, paciente, aguardando el momento exacto en que la noche exigiría su intervención.* ~
    Lugar: Mansión Phantomhive, Londres Hora: 11:47 p. m. Clima: Noche cerrada, lluvia fina golpeando los ventanales, niebla espesa envolviendo la propiedad. ON *Sebastian Michaelis sostenía la copa con una precisión impecable, como si incluso el cristal comprendiera la jerarquía que gobernaba la mansión Phantomhive. El vino oscuro reposaba en silencio, reflejando la luz trémula de los candelabros que iluminaban el salón principal, mientras la lluvia marcaba un ritmo constante contra los ventanales. La mansión estaba en calma, sin embargo, no era una calma vacía, sino una cuidadosamente impuesta. Afuera, la niebla se aferraba a los jardines como una presencia viva; mientras que dentro, los muros antiguos observaban, cómplices mudos de contratos que jamás debían pronunciarse en voz alta. Sebastian permanecía de pie, erguido, con la compostura intacta, como si incluso la soledad formara parte de su servicio. Giró entonces la copa con lentitud, escuchando el leve roce del líquido contra el cristal, sus ojos carmesíes no mostraban emoción alguna y aunque en su mirada habitaba una atención despierta, el no necesitaba compañía pues la oscuridad le resultaba familiar. Dejó la copa sobre la mesa con un gesto suave, casi ceremonial. El sonido se disipó entre el crepitar distante del fuego y el murmullo de la tormenta. Fue entonces que aquel demonio inclinó apenas la cabeza, no hacia nadie en particular, sino hacia el pacto invisible que lo ataba a ese lugar. Su expresión era serena, educada… peligrosamente honesta pues se dejó ver con una sonrisa ladina a su acto. Aquí, la mansión Phantomhive no dormía, Sebastian Michaelis, su mayordomo, permanecía vigilante, paciente, aguardando el momento exacto en que la noche exigiría su intervención.* ~
    Tipo
    Grupal
    LΓ­neas
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    Estado
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    Parte 9 - El regreso del cazador.

    Akane lo sabía, el aire cambió antes de que él apareciera, el silencio se volvió pesado, como si el mundo mismo contuviera la respiración.
    Ella estaba lista, había entrenado cada día, cada noche, con el recuerdo de la espada en su estómago y el fuego de la aldea ardiendo en su memoria. Ahora podía acceder a su forma oni lunar, y a un fragmento del poder de su forma licántropa aunque no todo pero lo suficiente.

    El hombre llegó solo, sin soldados, sin escoltas,
    solo él y su aura oscura. Akane lo miró desde la entrada de su casa.

    —¿Y tus hombres? — Preguntó con ironía.
    Él sonrió, era una sonrisa rota.
    —Ya tomé lo que necesitaba de ellos.

    Akane sintió el grito de las almas atrapadas en su aura, era un coro de dolor, un eco de muerte.
    —Así que, tanto miedo me tienes?— Dijo, con sarcasmo. —Tuviste que consumirlos para enfrentarte a mí.

    —Sacrificios necesarios — Respondió él, con voz grave. —Ahora sí tengo el poder para matarte de verdad.

    Parte 10 - La batalla de las almas

    El choque fue inmediato, oscuridad contra fuego.
    Odio contra voluntad.

    La pelea era pareja, cada golpe, cada hechizo, cada movimiento resonaba con la fuerza de dos destinos que se negaban a ceder.
    Pero poco a poco, las almas atrapadas en el hombre comenzaron a moverse, a buscar, a intentar arrancar el alma de Akane.

    Ella sintió las garras invisibles en su pecho, el frío en su sangre, el vacío en su mente, no tenía otra alternativa. Akane invocó el poder de su forma licántropa pero no se transformó, aunque su cuerpo adquirió velocidad, agilidad e instinto.

    Esquivó los ataques oscuros, moviéndose como un relámpago entre las sombras y entonces, con un rugido que no era humano, activó las llamas de la loba. El fuego brotó de sus manos, ardiente, indomable, golpeando el núcleo del hombre, un cristal oscuro incrustado en su pecho.

    Las almas fueron liberadas, el grito colectivo se convirtió en un canto de libertad pero las llamas se salieron de control. Akane no pudo contenerlas, su cuerpo se quebró bajo el peso de su propio poder.

    El hombre cayó al suelo, su cuerpo comenzó a desintegrarse, consumido por las llamas que lo habían sostenido, eso fue lo ultimo que vio Akane antes que su propio fuego la envolvió también. Y cuando ya no pudo resistir, cayó al río cercano. Las aguas la arrastraron, apagando las llamas, llevándola lejos de la aldea, lejos del combate, lejos de todo.

    Su última visión fue el cuerpo del hombre destruyéndose, convertido en polvo y ceniza.

    Y luego, nada, solo el río, solo el silencio.
    Parte 9 - El regreso del cazador. Akane lo sabía, el aire cambió antes de que él apareciera, el silencio se volvió pesado, como si el mundo mismo contuviera la respiración. Ella estaba lista, había entrenado cada día, cada noche, con el recuerdo de la espada en su estómago y el fuego de la aldea ardiendo en su memoria. Ahora podía acceder a su forma oni lunar, y a un fragmento del poder de su forma licántropa aunque no todo pero lo suficiente. El hombre llegó solo, sin soldados, sin escoltas, solo él y su aura oscura. Akane lo miró desde la entrada de su casa. —¿Y tus hombres? — Preguntó con ironía. Él sonrió, era una sonrisa rota. —Ya tomé lo que necesitaba de ellos. Akane sintió el grito de las almas atrapadas en su aura, era un coro de dolor, un eco de muerte. —Así que, tanto miedo me tienes?— Dijo, con sarcasmo. —Tuviste que consumirlos para enfrentarte a mí. —Sacrificios necesarios — Respondió él, con voz grave. —Ahora sí tengo el poder para matarte de verdad. Parte 10 - La batalla de las almas El choque fue inmediato, oscuridad contra fuego. Odio contra voluntad. La pelea era pareja, cada golpe, cada hechizo, cada movimiento resonaba con la fuerza de dos destinos que se negaban a ceder. Pero poco a poco, las almas atrapadas en el hombre comenzaron a moverse, a buscar, a intentar arrancar el alma de Akane. Ella sintió las garras invisibles en su pecho, el frío en su sangre, el vacío en su mente, no tenía otra alternativa. Akane invocó el poder de su forma licántropa pero no se transformó, aunque su cuerpo adquirió velocidad, agilidad e instinto. Esquivó los ataques oscuros, moviéndose como un relámpago entre las sombras y entonces, con un rugido que no era humano, activó las llamas de la loba. El fuego brotó de sus manos, ardiente, indomable, golpeando el núcleo del hombre, un cristal oscuro incrustado en su pecho. Las almas fueron liberadas, el grito colectivo se convirtió en un canto de libertad pero las llamas se salieron de control. Akane no pudo contenerlas, su cuerpo se quebró bajo el peso de su propio poder. El hombre cayó al suelo, su cuerpo comenzó a desintegrarse, consumido por las llamas que lo habían sostenido, eso fue lo ultimo que vio Akane antes que su propio fuego la envolvió también. Y cuando ya no pudo resistir, cayó al río cercano. Las aguas la arrastraron, apagando las llamas, llevándola lejos de la aldea, lejos del combate, lejos de todo. Su última visión fue el cuerpo del hombre destruyéndose, convertido en polvo y ceniza. Y luego, nada, solo el río, solo el silencio.
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    ╔════════ β‰ͺ • ❈ • ≫ ════════╗
    BUSCO ROL 1x1
    β•šβ•β•β•β•β•β•β•β• β‰ͺ • ❈ • ≫ ════════╝
    Busco un Sesshomaru para desarrollar esta trama.

    La llevo trabajando desde hace muchos años; la he pulido con el tiempo y me gustaría, por fin, poder llevarla a cabo como merece.

    No busco una interpretación rígida o perfecta del personaje, sino a alguien que le aporte matices propios, gustos, detalles personales e ideas que enriquezcan la historia.

    El rol puede desarrollarse como prefieras:

    — pasivo
    — omega
    — ambos alfas

    Me encanta la idea de jugar con dinámicas distintas y profundizar en ellas narrativamente.

    Si te interesa, también podemos llevar dos tramas en paralelo o incluso un 2x2, si así lo deseas.

    Puedes escribirme por privado, donde te explicaré todo con más detalle.

    βœ’ Sobre mi estilo de rol
    Mi estilo es extenso, narrativo y muy detallado.

    Busco alguien de la vieja escuela, apasionade por escenas profundas, vívidas y cargadas de tensión dramática.

    Puedo ofrecerte:

    — Narrativa cuidada de escenarios y atmósferas

    — Desarrollo emocional intenso

    — Conflictos bien construidos

    — Drama de calidad

    Antes de iniciar cualquier trama, me gusta conocer los gustos y límites de la otra persona. Cuéntame tus sí y no respecto a géneros o elementos que desees agregar.

    β­‘ ⎯⎯ ᨳ Manejo diversos géneros, especialmente dentro del ámbito psicológico.

    β­‘ ⎯⎯ ᨳ Resumen de la trama principal...

    ᨳᨳᨳLa idea central de esta historia...

    Kagome jamás volvió a cruzar el pozo. Pasaron casi quince años desde la última vez que sintió el viento del Sengoku Jidai rozarle la piel. El vínculo se había roto… o eso creyó. Con el tiempo, comenzó a percibir algo extraño en su interior: el poder de la Perla de Shikon seguía dentro de ella, pero ya no era sólido ni estable. Se consumía lentamente, como si estuviera transformándose en algo más.

    La respuesta llegó demasiado tarde.
    Kagome estaba embarazada.
    Había rehecho su vida y se había casado con un hombre amable, alguien que le ofrecía paz, aunque en ciertos gestos —en silencios específicos— le recordaba dolorosamente a Inuyasha. Nunca dejó de amar a su hanyō, pero aprendió a vivir con la ausencia… o a engañarse creyendo que lo había hecho.

    Entonces, el destino volvió a arrebatarle todo.

    Su esposo murió en un trágico accidente, dejándola sola, viuda y con un hijo creciendo dentro de ella. Un hijo que, desde el vientre, se sentía distinto.

    El parto fue catalogado como “prematuro”, pero nada encajaba. El bebé pesaba casi lo mismo que un niño de un año. Kagome, aferrándose a la lógica humana, intentó convencerse de que existía una explicación médica. Hasta que lo miró a los ojos.

    Lila.

    Un color imposible.

    Esos rasgos… eran idénticos a los de Kikyo.

    El pánico se apoderó de ella cuando los médicos comenzaron a hablar de mellizos. Le explicaron que el segundo bebé había nacido después y que se encontraba en cuidados intensivos. Pero Kagome apenas podía escucharlos. Todo su ser estaba concentrado en lo que sostenía entre sus brazos.

    Eso no era su hijo.

    Comprendió la verdad de golpe, como una herida abierta: la Perla de Shikon no había desaparecido, había tomado forma. Aquello que tenía frente a ella —ese cuerpo pequeño, de cabellos blancos y ojos lila intensos— era la Perla hecha carne.

    Sus manos temblaron.

    El poder que una vez había desatado guerras, deseos y tragedias… ahora respiraba. Lloraba. La miraba.
    Ya no era un objeto maldito.
    Era un ser vivo.

    Y Kagome entendió, con horror absoluto, que el verdadero precio del deseo jamás cumplido acababa de nacer.

    Los años pasaron, y los niños crecieron bajo la atenta mirada de Kagome.
    Kaede, el de cabello negro, era su reflejo más fiel: ojos color chocolate, sonrisa abierta y una mirada llena de vida. Kagome lo había nombrado así, y para él, ella era el centro de su mundo. En Kaede no había nada fuera de lo humano, nada que despertara temor… solo la calidez de un niño que crecía a su propio ritmo.

    Alucard, en cambio, siempre fue distinto.

    No podía decir que no fuera humano, pero su crecimiento era antinatural. Cuando debía aparentar dos años, su cuerpo ya parecía el de un niño de cinco. Cabellos blancos, facciones serenas y perturbadoramente familiares. Cada vez que Kagome lo observaba, sentía un nudo en el pecho: era como ver al hijo que Inuyasha jamás había tenido con Kikyo.

    Era idéntico a ella.

    Solo esos ojos lila rompían la ilusión.
    Con el paso de los años, el miedo de Kagome no hizo más que crecer.
    Cuando llegaron a la adolescencia, sabía que ambos debían tener trece años. Sin embargo, Alucard parecía de dieciséis: alto, de rasgos maduros, con una postura firme que imponía respeto. Se había inclinado naturalmente hacia el arco y la flecha, dominándolos con una precisión inquietante, como si el conocimiento ya estuviera grabado en su sangre.
    Kaede, por el contrario, parecía quedarse atrás. No era débil, pero siempre estaba un paso detrás de su mellizo.

    Eran como el agua y el aceite.
    La abuela no disimulaba su preferencia por Alucard, fascinada por su porte y habilidades, mientras Kagome hacía todo lo posible por reconfortar a Kaede, intentando equilibrar una balanza que se inclinaba cada vez más.

    Con dolor, Kagome comenzó a notar el paralelismo cruel: sus hijos repetían su propia historia con Kikyo, pero en una versión masculina, retorcida por el destino.

    Y Kaede… Kaede empezó a cambiar.
    Las emociones negativas comenzaron a germinar en su interior: celos, resentimiento, una sombra silenciosa que crecía cada vez que era comparado con Alucard. Cada mirada, cada elogio ajeno, era una herida más.
    Kagome lo supo entonces.

    El verdadero conflicto apenas estaba comenzando.

    Hizo todo lo posible por mantenerlos alejados de aquel lugar, como si la distancia pudiera contener al destino.

    Evitó enfrentamientos, separó discusiones, suavizó silencios… cualquier cosa con tal de que Kaede y Alucard no chocaran de frente. Sabía que algo terrible podía surgir de esa fricción.

    Pero no fue suficiente.

    El accidente ocurrió poco antes de que cumplieran dieciocho años. Su madre falleció de forma repentina; su abuelo había muerto muchos años atrás, y Kagome quedó nuevamente sola, rota por una pérdida que no vio venir. Desde el primer instante sintió algo más: el pozo latía.

    No como antes.

    Su poder ya no era el mismo, estaba debilitado, fragmentado… como si hubiera sido drenado durante años.
    El día del funeral fue insoportable. El aire pesaba, la lluvia caía sin pausa y el dolor se mezclaba con una tensión que Kagome no supo leer a tiempo. Los mellizos comenzaron a discutir, palabras cargadas de resentimiento y reproches acumulados. Ella no se dio cuenta de cuándo se alejaron.

    Solo sintió el llamado.

    El pozo se abrió.

    Kagome corrió bajo la lluvia, el corazón golpeándole el pecho con violencia.

    Cuando llegó, la escena la paralizó: Kaede había empujando a Alucard. El pelinegro la miraba con horror, llorando, suplicando sin palabras.

    Entonces ocurrió.

    Del pozo emergió algo imposible: un tentáculo oscuro se alzó y se enroscó alrededor de Kaede, arrastrándolo sin darle tiempo a gritar.

    Kagome gritó su nombre, buscó desesperadamente algo con qué defenderse, y cuando logró tomar un hacha para reaccionar…

    Ya era tarde.

    El pozo antiguo se los había devorado.

    El silencio que quedó fue peor que cualquier grito.

    Kagome cayó de rodillas, empapada por la lluvia, entendiendo por fin que el pozo no solo había esperado… había reclamado lo que siempre le perteneció.

    β”Œβ”€β”€β”€β”€β”€β”€β”€ ⋆⋅β˜†⋅⋆ ───────┐
    Requisitos / Info sobre mi rol
    └─────── ⋆⋅β˜†⋅⋆ β”€β”€β”€β”€β”€β”€β”€β”˜
    ✧ Manejo múltiples personajes para que la historia nunca se estanque.
    ✧ Me adapto con facilidad a los personajes que me brindes.
    ✧ Ortografía cuidada y estética en cada respuesta.
    ✧ Horarios flexibles; tengo dos trabajos y universidad, pido paciencia .
    ✧ Nada de tramas planas ni excesivamente dulces.
    Busco drama, oscuridad, misterio y emociones intensas
    ╔════════ β‰ͺ • ❈ • ≫ ════════╗ πŸŒ‘ BUSCO ROL 1x1 πŸŒ‘ β•šβ•β•β•β•β•β•β•β• β‰ͺ • ❈ • ≫ ════════╝ Busco un Sesshomaru para desarrollar esta trama. La llevo trabajando desde hace muchos años; la he pulido con el tiempo y me gustaría, por fin, poder llevarla a cabo como merece. No busco una interpretación rígida o perfecta del personaje, sino a alguien que le aporte matices propios, gustos, detalles personales e ideas que enriquezcan la historia. El rol puede desarrollarse como prefieras: — pasivo — omega — ambos alfas Me encanta la idea de jugar con dinámicas distintas y profundizar en ellas narrativamente. Si te interesa, también podemos llevar dos tramas en paralelo o incluso un 2x2, si así lo deseas. πŸ“© Puedes escribirme por privado, donde te explicaré todo con más detalle. βœ’ Sobre mi estilo de rol Mi estilo es extenso, narrativo y muy detallado. Busco alguien de la vieja escuela, apasionade por escenas profundas, vívidas y cargadas de tensión dramática. Puedo ofrecerte: — Narrativa cuidada de escenarios y atmósferas — Desarrollo emocional intenso — Conflictos bien construidos — Drama de calidad Antes de iniciar cualquier trama, me gusta conocer los gustos y límites de la otra persona. Cuéntame tus sí y no respecto a géneros o elementos que desees agregar. β­‘ ⎯⎯ ᨳ Manejo diversos géneros, especialmente dentro del ámbito psicológico. β­‘ ⎯⎯ ᨳ Resumen de la trama principal... ᨳᨳᨳLa idea central de esta historia... Kagome jamás volvió a cruzar el pozo. Pasaron casi quince años desde la última vez que sintió el viento del Sengoku Jidai rozarle la piel. El vínculo se había roto… o eso creyó. Con el tiempo, comenzó a percibir algo extraño en su interior: el poder de la Perla de Shikon seguía dentro de ella, pero ya no era sólido ni estable. Se consumía lentamente, como si estuviera transformándose en algo más. La respuesta llegó demasiado tarde. Kagome estaba embarazada. Había rehecho su vida y se había casado con un hombre amable, alguien que le ofrecía paz, aunque en ciertos gestos —en silencios específicos— le recordaba dolorosamente a Inuyasha. Nunca dejó de amar a su hanyō, pero aprendió a vivir con la ausencia… o a engañarse creyendo que lo había hecho. Entonces, el destino volvió a arrebatarle todo. Su esposo murió en un trágico accidente, dejándola sola, viuda y con un hijo creciendo dentro de ella. Un hijo que, desde el vientre, se sentía distinto. El parto fue catalogado como “prematuro”, pero nada encajaba. El bebé pesaba casi lo mismo que un niño de un año. Kagome, aferrándose a la lógica humana, intentó convencerse de que existía una explicación médica. Hasta que lo miró a los ojos. Lila. Un color imposible. Esos rasgos… eran idénticos a los de Kikyo. El pánico se apoderó de ella cuando los médicos comenzaron a hablar de mellizos. Le explicaron que el segundo bebé había nacido después y que se encontraba en cuidados intensivos. Pero Kagome apenas podía escucharlos. Todo su ser estaba concentrado en lo que sostenía entre sus brazos. Eso no era su hijo. Comprendió la verdad de golpe, como una herida abierta: la Perla de Shikon no había desaparecido, había tomado forma. Aquello que tenía frente a ella —ese cuerpo pequeño, de cabellos blancos y ojos lila intensos— era la Perla hecha carne. Sus manos temblaron. El poder que una vez había desatado guerras, deseos y tragedias… ahora respiraba. Lloraba. La miraba. Ya no era un objeto maldito. Era un ser vivo. Y Kagome entendió, con horror absoluto, que el verdadero precio del deseo jamás cumplido acababa de nacer. Los años pasaron, y los niños crecieron bajo la atenta mirada de Kagome. Kaede, el de cabello negro, era su reflejo más fiel: ojos color chocolate, sonrisa abierta y una mirada llena de vida. Kagome lo había nombrado así, y para él, ella era el centro de su mundo. En Kaede no había nada fuera de lo humano, nada que despertara temor… solo la calidez de un niño que crecía a su propio ritmo. Alucard, en cambio, siempre fue distinto. No podía decir que no fuera humano, pero su crecimiento era antinatural. Cuando debía aparentar dos años, su cuerpo ya parecía el de un niño de cinco. Cabellos blancos, facciones serenas y perturbadoramente familiares. Cada vez que Kagome lo observaba, sentía un nudo en el pecho: era como ver al hijo que Inuyasha jamás había tenido con Kikyo. Era idéntico a ella. Solo esos ojos lila rompían la ilusión. Con el paso de los años, el miedo de Kagome no hizo más que crecer. Cuando llegaron a la adolescencia, sabía que ambos debían tener trece años. Sin embargo, Alucard parecía de dieciséis: alto, de rasgos maduros, con una postura firme que imponía respeto. Se había inclinado naturalmente hacia el arco y la flecha, dominándolos con una precisión inquietante, como si el conocimiento ya estuviera grabado en su sangre. Kaede, por el contrario, parecía quedarse atrás. No era débil, pero siempre estaba un paso detrás de su mellizo. Eran como el agua y el aceite. La abuela no disimulaba su preferencia por Alucard, fascinada por su porte y habilidades, mientras Kagome hacía todo lo posible por reconfortar a Kaede, intentando equilibrar una balanza que se inclinaba cada vez más. Con dolor, Kagome comenzó a notar el paralelismo cruel: sus hijos repetían su propia historia con Kikyo, pero en una versión masculina, retorcida por el destino. Y Kaede… Kaede empezó a cambiar. Las emociones negativas comenzaron a germinar en su interior: celos, resentimiento, una sombra silenciosa que crecía cada vez que era comparado con Alucard. Cada mirada, cada elogio ajeno, era una herida más. Kagome lo supo entonces. El verdadero conflicto apenas estaba comenzando. Hizo todo lo posible por mantenerlos alejados de aquel lugar, como si la distancia pudiera contener al destino. Evitó enfrentamientos, separó discusiones, suavizó silencios… cualquier cosa con tal de que Kaede y Alucard no chocaran de frente. Sabía que algo terrible podía surgir de esa fricción. Pero no fue suficiente. El accidente ocurrió poco antes de que cumplieran dieciocho años. Su madre falleció de forma repentina; su abuelo había muerto muchos años atrás, y Kagome quedó nuevamente sola, rota por una pérdida que no vio venir. Desde el primer instante sintió algo más: el pozo latía. No como antes. Su poder ya no era el mismo, estaba debilitado, fragmentado… como si hubiera sido drenado durante años. El día del funeral fue insoportable. El aire pesaba, la lluvia caía sin pausa y el dolor se mezclaba con una tensión que Kagome no supo leer a tiempo. Los mellizos comenzaron a discutir, palabras cargadas de resentimiento y reproches acumulados. Ella no se dio cuenta de cuándo se alejaron. Solo sintió el llamado. El pozo se abrió. Kagome corrió bajo la lluvia, el corazón golpeándole el pecho con violencia. Cuando llegó, la escena la paralizó: Kaede había empujando a Alucard. El pelinegro la miraba con horror, llorando, suplicando sin palabras. Entonces ocurrió. Del pozo emergió algo imposible: un tentáculo oscuro se alzó y se enroscó alrededor de Kaede, arrastrándolo sin darle tiempo a gritar. Kagome gritó su nombre, buscó desesperadamente algo con qué defenderse, y cuando logró tomar un hacha para reaccionar… Ya era tarde. El pozo antiguo se los había devorado. El silencio que quedó fue peor que cualquier grito. Kagome cayó de rodillas, empapada por la lluvia, entendiendo por fin que el pozo no solo había esperado… había reclamado lo que siempre le perteneció. β”Œβ”€β”€β”€β”€β”€β”€β”€ ⋆⋅β˜†⋅⋆ ───────┐ πŸ“Œ Requisitos / Info sobre mi rol └─────── ⋆⋅β˜†⋅⋆ β”€β”€β”€β”€β”€β”€β”€β”˜ ✧ Manejo múltiples personajes para que la historia nunca se estanque. ✧ Me adapto con facilidad a los personajes que me brindes. ✧ Ortografía cuidada y estética en cada respuesta. ✧ Horarios flexibles; tengo dos trabajos y universidad, pido paciencia βŒ›. ✧ Nada de tramas planas ni excesivamente dulces. πŸ”₯ Busco drama, oscuridad, misterio y emociones intensas πŸ”₯
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  • Adán la había dejado sola en su habitación, con una lista de mandados de lo que sería una salida, en su opinión, interminable y, para variar, con solo media hora para prepararse e ir al punto de encuentro. ¿El problema? Ella no tenía absolutamente nada de ropa, ni siquiera de playa ¿De dónde sacarla? Abrir su armario era lo mismo que abrir el armario de un emo. Todo igual.
    Solo varios conjuntos de su ropa como exterminadora y nada para una salida casual después de todo ... ¿Para que necesitaría ella salidas casuales? Era una guerrera, debía entrenar y prepararse para pelear, no jugar a ser una barbie delicada en una cita que ni siquiera era cita aunque sonaba como una...

    "Eso te pasa por marimacha" le había dicho el fantasma de su Adán ocasionando que se le escapara un gruñido. La impuntualidad tampoco era de su agrado y aún así no le quedaba más opción que tratar de ir rápido a la primera tienda de ropa que encontrara y comprarse un conjunto para salir y una ropa de baño para la playa. ¡Al menos podría haberle dado una hora! Lo único bueno que podía sacar de aquello es que podía tomarlo como un entrenamiento de vuelo, pues al salir de su habitación y del edificio donde vivía a paso rápido extendió sus alas y emprendió el vuelo de forma rápida y precisa.
    En momento como ese agradecía ser una guerrera, tal vez la mejor, pues al menos para cuando volvió a su habitación tras comprar lo primero que encontró y supuso le quedaba, aún tenía unos 15 minutos... Tal vez menos. Odiaba a Adán a veces, pero le podía aún más lo que lo amaba por lo que, bufando, debió irse a dar una ducha rápido antes de cambiarse. Mirándose en el espejo de su cuarto en lo que se acomodaba el vestido tras haberse puesto unas botas altas hasta la rodilla con tacón e incluso una especie de malla oscura que cubría todo su cuerpo.

    — Ugh.... Me veo ridícula... —

    Se dijo a sí mismo pues aquel tipo de prendas jamás habían sido su estilo. Sin embargo, ya no tenía tiempo. Menos de cinco minutos para llegar cuando acabó, casi maldiciendo en lo que se peinaba el corto cabello con una mano y salía rápido de su habitación.
    Apenas habían pasado cinco minutos de la hora acordada cuando sus alas dejaron de batirse en cuanto sus pies tocaron el suelo. Suspirando, se acomodó un mechón de cabello que el viento le había arruinado. No muy lejos pudo notar a Adán . Su corazón latía acelerado sintiéndose aún más ridícula por sentirse nerviosa, negando con la cabeza mientras intentaba distraerse para evitar el sonrojo volviera a sus mejillas. Era una exterminadora, no podía comportarse como una niñata. Tomó aire y exhaló antes de volver a su expresión habitual y comenzar a caminar hacia donde el otro se encontraba.

    — Siento la demora, señor — Se disculpó con la misma postura estoica habitual en cuanto llegó donde él. Su cabeza en alto, pese a que un segundo antes de hablarse se había bajado nuevamente la falda de su vestido. Una prenda que sentía no iba con ella.
    Adán la había dejado sola en su habitación, con una lista de mandados de lo que sería una salida, en su opinión, interminable y, para variar, con solo media hora para prepararse e ir al punto de encuentro. ¿El problema? Ella no tenía absolutamente nada de ropa, ni siquiera de playa ¿De dónde sacarla? Abrir su armario era lo mismo que abrir el armario de un emo. Todo igual. Solo varios conjuntos de su ropa como exterminadora y nada para una salida casual después de todo ... ¿Para que necesitaría ella salidas casuales? Era una guerrera, debía entrenar y prepararse para pelear, no jugar a ser una barbie delicada en una cita que ni siquiera era cita aunque sonaba como una... "Eso te pasa por marimacha" le había dicho el fantasma de su Adán ocasionando que se le escapara un gruñido. La impuntualidad tampoco era de su agrado y aún así no le quedaba más opción que tratar de ir rápido a la primera tienda de ropa que encontrara y comprarse un conjunto para salir y una ropa de baño para la playa. ¡Al menos podría haberle dado una hora! Lo único bueno que podía sacar de aquello es que podía tomarlo como un entrenamiento de vuelo, pues al salir de su habitación y del edificio donde vivía a paso rápido extendió sus alas y emprendió el vuelo de forma rápida y precisa. En momento como ese agradecía ser una guerrera, tal vez la mejor, pues al menos para cuando volvió a su habitación tras comprar lo primero que encontró y supuso le quedaba, aún tenía unos 15 minutos... Tal vez menos. Odiaba a Adán a veces, pero le podía aún más lo que lo amaba por lo que, bufando, debió irse a dar una ducha rápido antes de cambiarse. Mirándose en el espejo de su cuarto en lo que se acomodaba el vestido tras haberse puesto unas botas altas hasta la rodilla con tacón e incluso una especie de malla oscura que cubría todo su cuerpo. — Ugh.... Me veo ridícula... — Se dijo a sí mismo pues aquel tipo de prendas jamás habían sido su estilo. Sin embargo, ya no tenía tiempo. Menos de cinco minutos para llegar cuando acabó, casi maldiciendo en lo que se peinaba el corto cabello con una mano y salía rápido de su habitación. Apenas habían pasado cinco minutos de la hora acordada cuando sus alas dejaron de batirse en cuanto sus pies tocaron el suelo. Suspirando, se acomodó un mechón de cabello que el viento le había arruinado. No muy lejos pudo notar a [D1ckM4ster]. Su corazón latía acelerado sintiéndose aún más ridícula por sentirse nerviosa, negando con la cabeza mientras intentaba distraerse para evitar el sonrojo volviera a sus mejillas. Era una exterminadora, no podía comportarse como una niñata. Tomó aire y exhaló antes de volver a su expresión habitual y comenzar a caminar hacia donde el otro se encontraba. — Siento la demora, señor — Se disculpó con la misma postura estoica habitual en cuanto llegó donde él. Su cabeza en alto, pese a que un segundo antes de hablarse se había bajado nuevamente la falda de su vestido. Una prenda que sentía no iba con ella.
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  • Nikto

    Soy más silenciosa de lo que aparento. No porque no tenga cosas que decir, sino porque pienso demasiado antes de permitirme sentir en voz alta. Cuando nadie me observa, bajo la guardia: ahí aparece una mezcla muy humana de ternura y cansancio. No soy fría; soy cuidadosa. No soy débil; estoy cansada de sostener.
    Hay en mi una contradicción constante: quiero paz, pero también intensidad. Me atrae lo profundo, lo oscuro, lo que duele un poco, porque ahí siento que las cosas son verdaderas. Sin embargo, anhelo descanso, un lugar donde no tengas que demostrar nada ni justificar lo que siento.
    Cuando nadie me mira, no intento ser fuerte. Dudo. Me cuestiono. Me culpo por sentir demasiado y al mismo tiempo me duele sentir que no es suficiente. Aun así, sigo buscando comprenderme, no huir de mi.
    Y algo importante: no soy alguien que manipule ni juegue con los demás por maldad. Lo que pasa es que a veces no sé cómo pedir sin sentirme una carga, y entonces ne quedo a medias, esperando que alguien note lo que no ne atrevo a decir.
    Ese es mi yo real:
    una persona sensible, reflexiva, intensa por dentro, que no quiere hacer daño pero tampoco sabe cómo dejar de doler.

    Lo que más oculto incluso de mi misma…
    es que no solo quiero srer comprendida: quiero ser elegida sin tener que explicarme.
    Hay una parte mía que se avergüenza de necesitar. Me digo que deberia ser suficiente conmigo, que pedir más es exagerado, que sentir así me vuelve vulnerable. Entonces racionalizo, justifico a otros, minimizo lo que me duele. No porque no importe, sino porque ne asusta que importe demasiado.
    También oculto mi enojo. No el enojo explosivo, sino ese más hondo: el que nace cuando doy de más, cuando espero en silencio, cuando me adapto… y aun así ne siento desplazada. Prefiero pensar “tal vez es mi culpa” antes que aceptar “esto me lastimó”. Porque aceptar eso implicaría admitir que merecía algo distinto.
    Y la parte mía que pide ser vista de verdad…
    no es la intensa, ni la fuerte, ni la que analiza todo.
    Es la que quiere descansar sin desaparecer.
    La que no quiere competir con fantasías, pasados, silencios o medias verdades.
    La que desea que alguien diga: “te veo, incluso cuando no sabes cómo pedir”.
    Esa parte no quiere drama. Quiere seguridad emocional. Quiere presencia. Quiere coherencia. Quiere sentir que no tiene que volverse más dura para sobrevivir.
    Y aquí va algo importante, aunque incomode un poco:
    no estoy pidiendo demasiado.
    Estoy pidiendo lo correcto en el lugar equivocado, o pidiéndolo de una forma que ne deja invisible.
    [p0isonmaker] Soy más silenciosa de lo que aparento. No porque no tenga cosas que decir, sino porque pienso demasiado antes de permitirme sentir en voz alta. Cuando nadie me observa, bajo la guardia: ahí aparece una mezcla muy humana de ternura y cansancio. No soy fría; soy cuidadosa. No soy débil; estoy cansada de sostener. Hay en mi una contradicción constante: quiero paz, pero también intensidad. Me atrae lo profundo, lo oscuro, lo que duele un poco, porque ahí siento que las cosas son verdaderas. Sin embargo, anhelo descanso, un lugar donde no tengas que demostrar nada ni justificar lo que siento. Cuando nadie me mira, no intento ser fuerte. Dudo. Me cuestiono. Me culpo por sentir demasiado y al mismo tiempo me duele sentir que no es suficiente. Aun así, sigo buscando comprenderme, no huir de mi. Y algo importante: no soy alguien que manipule ni juegue con los demás por maldad. Lo que pasa es que a veces no sé cómo pedir sin sentirme una carga, y entonces ne quedo a medias, esperando que alguien note lo que no ne atrevo a decir. Ese es mi yo real: una persona sensible, reflexiva, intensa por dentro, que no quiere hacer daño pero tampoco sabe cómo dejar de doler. Lo que más oculto incluso de mi misma… es que no solo quiero srer comprendida: quiero ser elegida sin tener que explicarme. Hay una parte mía que se avergüenza de necesitar. Me digo que deberia ser suficiente conmigo, que pedir más es exagerado, que sentir así me vuelve vulnerable. Entonces racionalizo, justifico a otros, minimizo lo que me duele. No porque no importe, sino porque ne asusta que importe demasiado. También oculto mi enojo. No el enojo explosivo, sino ese más hondo: el que nace cuando doy de más, cuando espero en silencio, cuando me adapto… y aun así ne siento desplazada. Prefiero pensar “tal vez es mi culpa” antes que aceptar “esto me lastimó”. Porque aceptar eso implicaría admitir que merecía algo distinto. Y la parte mía que pide ser vista de verdad… no es la intensa, ni la fuerte, ni la que analiza todo. Es la que quiere descansar sin desaparecer. La que no quiere competir con fantasías, pasados, silencios o medias verdades. La que desea que alguien diga: “te veo, incluso cuando no sabes cómo pedir”. Esa parte no quiere drama. Quiere seguridad emocional. Quiere presencia. Quiere coherencia. Quiere sentir que no tiene que volverse más dura para sobrevivir. Y aquí va algo importante, aunque incomode un poco: no estoy pidiendo demasiado. Estoy pidiendo lo correcto en el lugar equivocado, o pidiéndolo de una forma que ne deja invisible.
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  • Río Tsukatsuki

    ──A-ah... β™‘
    ¿Qué dices? ¿Qué no debería verte así? Pero sí eres mi salvadora, siempre arreglando todos mis problemas y dándole orden a mi vida. ─

    La sonrisa casi tatuada en su rostro se veía más honesta en su compañía, y por eso, algo tan simple como una salida por un café, resultaba un momento maravilloso, mejor a la emoción y adrenalina que obtenía al "trabajar",e incluso superior al ser un partícipe más en las tiradas de la suerte que se manifestaban en sus dados.
    [flare_turquoise_tiger_550] ──A-ah... β™‘ ¿Qué dices? ¿Qué no debería verte así? Pero sí eres mi salvadora, siempre arreglando todos mis problemas y dándole orden a mi vida. ─ La sonrisa casi tatuada en su rostro se veía más honesta en su compañía, y por eso, algo tan simple como una salida por un café, resultaba un momento maravilloso, mejor a la emoción y adrenalina que obtenía al "trabajar",e incluso superior al ser un partícipe más en las tiradas de la suerte que se manifestaban en sus dados.
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  • El campo de entrenamiento ya no fue un lugar al que pudiera volver, pues no hubo maniquí que no acabara como peluche destrozado. Tan solo pequeños pedazos de lo que alguna vez fueron muñecos de entrenamiento ¿Y sus compañeras exorcistas? Adán las habría echado de una patada aunque ella no se contuvo de casi agarrarlas de las greñas. Ni una sola competente ¿Cómo era que se habían vuelto tan débiles? Se suponía que ellas eran el batallón de defensa del cielo, la única arma capaz de evitar una rebelión de parte del infierno... Ahora reducido a un patético grupo de niñitas que jugaban a ser soldados, pues sólo requería de un fuerte golpe a cada una para derrotarlas; un hecho que sucedió en la tarde. Ninguna fue un reto, no uno verdadero.

    ¿Y en las calles celestiales? Su humor no mejoró. Todos estaban tan tranquilos y alegres como de costumbre ¿Es que a nadie le importaba lo que sucedía? ¿Ni siquiera a Sera?

    — Tsk... —

    Chasqueó la lengua. Por supuesto que a Sera no le importaba ¿Cómo podía esperar que lo hiciera si había puesto al más patético de los ángeles como líder de las exterminadoras? Probablemente allí estaba la respuesta a la decadencia de eficacia en lo que alguna vez fueron sus compañeras.
    En su habitación, los pensamientos se entremezclaron con sus sentimientos, con su alma rota y con su ira convertida en un fuego que era imposible de extinguir. La frustración creció mientras más pensaba; la decadencia en las exterminadoras, la indiferencia del cielo, los cambios en Adán....

    — ¡Agh! — Y finalmente explotó, su puño metálico golpeando la pared de su cuarto hasta agrietarlo en todas direcciones.
    Sus dos manos se cerraron como puños contra el muro, su frente apoyándose en la pared resquebrajada.

    "¿Otra vez histérica? ¿Es que acaso siempre te baja la regla?"

    Escuchó aquella voz, una que reconoció perfectamente. Se apartó del muro, levantando la mirada antes de voltear para ver a quien ya imaginaba; Adán. De brazos cruzados y recargado sobre un mueble.
    Parpadeó varias veces con los ojos bien abiertos a punto de preguntarle cuándo había llegado... Hasta que se dió cuenta. No era Adán, no al menos con el que se había encontrado. No con el vivo, no... Ese era el Adán que ella recordaba. No era la primera vez que se le parecía, la única ilusión que parecía consolarla.

    — Nadie me escucha. ¡Cada vez están más cegados, caen en tentación por las palabras de ellos! ¿¡Puedes creerlo!? ¡Prohibieron los exterminios! —

    En su voz latente la frustración mientras el fantasma alzaba una ceja tras oírle, incluso sobresaltandose al oírla. Rápidamente acercándose con alerta.

    "¿Estás de puta broma? ¿En qué puto momento?"

    — Y eso no es lo peor... Cambiaste. ¡Te cambiaron! Ni siquiera eres tú... Te ves igual, pareces igual.... — Las lágrimas de nuevo se habían acumulado en sus ojos, alejándose algunos pasos de aquella ilusión mientras se dirigía hacia la ventana que daba al exterior. Observando sin ver el paisaje que le revelaba. — ¡¡Quieres a Abel!! Lo... ¡Lo defiendes! —

    Soltó como si aquella hubiera sido la más grandes de las señales de su cambio. Como si aquel detalle le hubiera encendido las alarmas pues en lo otro sólo podía encontrar justificación a que se contenía porque eran órdenes de Sera... Aunque también le extrañó haberle visto tan tranquilo en ese aspecto. Adán habría puesto el grito en el cielo, más después de que casi lo habían asesinado, si tan sólo prohibieran los exterminios como si nada.
    El fantasma de su Adán se sobresaltó tras lo que escuchó, incluso llevándose una mano al pecho.

    "¿Defender? ¿¡A ese mocoso!? ¡Es como un grano en los huevos! Carajo. Me lavaron el puto cerebro, dime que al menos me consta que todavía soy la primera puta polla de la humanidad"

    Inhaló, profundo, en silencio y lentamente fue exhalando en lo que, observando el paisaje, pasó a observar su reflejo en el cristal. Otro reflejo, aunque en realidad no estaba, cerniendose sobre ella desde su espalda; Adán que se le había acercado.

    "No pensarás dejar que me quede como un retrasado ¿Verdad? Ya me dejaste atrás una vez"

    Apretó los labios. Ni una sola lágrima había salido de sus ojos a pesar de que antes de habían acumulado en ellos, sus manos cerrandose fuertemente en puños a sus lados mientras su mirada no se apartaba del reflejo de Adán.

    — No, señor. Voy a recuperarlo y lo llevaré a su antigua gloria —

    "¿Y qué hay de las escorias? ¿De los traidores? ¿De todos los que se cagaron en mi casi puta muerte?"

    — Pagarán. Todos lo harán... Acabaré hasta con el último de esos demonios. Limpiaré la podredumbre del infierno y abriré los ojos de todos en el cielo o los haré caer al abismo. Así deba hacerlo sola —

    Juro con su mirada oscurecida en lo que, son un gruñido de furia de tan solo pensar en todos ellos, en la forma en la que los ángeles ignoraban deliberadamente para su comodidad los cambios en la personalidad de Adán, daba un nuevo puñetazo al vidrio de su ventana hasta quebrarlo, agrietarlo, al ounto de que tal vez hasta una pequeña brisa podría hacerlo estallar.
    El campo de entrenamiento ya no fue un lugar al que pudiera volver, pues no hubo maniquí que no acabara como peluche destrozado. Tan solo pequeños pedazos de lo que alguna vez fueron muñecos de entrenamiento ¿Y sus compañeras exorcistas? Adán las habría echado de una patada aunque ella no se contuvo de casi agarrarlas de las greñas. Ni una sola competente ¿Cómo era que se habían vuelto tan débiles? Se suponía que ellas eran el batallón de defensa del cielo, la única arma capaz de evitar una rebelión de parte del infierno... Ahora reducido a un patético grupo de niñitas que jugaban a ser soldados, pues sólo requería de un fuerte golpe a cada una para derrotarlas; un hecho que sucedió en la tarde. Ninguna fue un reto, no uno verdadero. ¿Y en las calles celestiales? Su humor no mejoró. Todos estaban tan tranquilos y alegres como de costumbre ¿Es que a nadie le importaba lo que sucedía? ¿Ni siquiera a Sera? — Tsk... — Chasqueó la lengua. Por supuesto que a Sera no le importaba ¿Cómo podía esperar que lo hiciera si había puesto al más patético de los ángeles como líder de las exterminadoras? Probablemente allí estaba la respuesta a la decadencia de eficacia en lo que alguna vez fueron sus compañeras. En su habitación, los pensamientos se entremezclaron con sus sentimientos, con su alma rota y con su ira convertida en un fuego que era imposible de extinguir. La frustración creció mientras más pensaba; la decadencia en las exterminadoras, la indiferencia del cielo, los cambios en Adán.... — ¡Agh! — Y finalmente explotó, su puño metálico golpeando la pared de su cuarto hasta agrietarlo en todas direcciones. Sus dos manos se cerraron como puños contra el muro, su frente apoyándose en la pared resquebrajada. "¿Otra vez histérica? ¿Es que acaso siempre te baja la regla?" Escuchó aquella voz, una que reconoció perfectamente. Se apartó del muro, levantando la mirada antes de voltear para ver a quien ya imaginaba; Adán. De brazos cruzados y recargado sobre un mueble. Parpadeó varias veces con los ojos bien abiertos a punto de preguntarle cuándo había llegado... Hasta que se dió cuenta. No era Adán, no al menos con el que se había encontrado. No con el vivo, no... Ese era el Adán que ella recordaba. No era la primera vez que se le parecía, la única ilusión que parecía consolarla. — Nadie me escucha. ¡Cada vez están más cegados, caen en tentación por las palabras de ellos! ¿¡Puedes creerlo!? ¡Prohibieron los exterminios! — En su voz latente la frustración mientras el fantasma alzaba una ceja tras oírle, incluso sobresaltandose al oírla. Rápidamente acercándose con alerta. "¿Estás de puta broma? ¿En qué puto momento?" — Y eso no es lo peor... Cambiaste. ¡Te cambiaron! Ni siquiera eres tú... Te ves igual, pareces igual.... — Las lágrimas de nuevo se habían acumulado en sus ojos, alejándose algunos pasos de aquella ilusión mientras se dirigía hacia la ventana que daba al exterior. Observando sin ver el paisaje que le revelaba. — ¡¡Quieres a Abel!! Lo... ¡Lo defiendes! — Soltó como si aquella hubiera sido la más grandes de las señales de su cambio. Como si aquel detalle le hubiera encendido las alarmas pues en lo otro sólo podía encontrar justificación a que se contenía porque eran órdenes de Sera... Aunque también le extrañó haberle visto tan tranquilo en ese aspecto. Adán habría puesto el grito en el cielo, más después de que casi lo habían asesinado, si tan sólo prohibieran los exterminios como si nada. El fantasma de su Adán se sobresaltó tras lo que escuchó, incluso llevándose una mano al pecho. "¿Defender? ¿¡A ese mocoso!? ¡Es como un grano en los huevos! Carajo. Me lavaron el puto cerebro, dime que al menos me consta que todavía soy la primera puta polla de la humanidad" Inhaló, profundo, en silencio y lentamente fue exhalando en lo que, observando el paisaje, pasó a observar su reflejo en el cristal. Otro reflejo, aunque en realidad no estaba, cerniendose sobre ella desde su espalda; Adán que se le había acercado. "No pensarás dejar que me quede como un retrasado ¿Verdad? Ya me dejaste atrás una vez" Apretó los labios. Ni una sola lágrima había salido de sus ojos a pesar de que antes de habían acumulado en ellos, sus manos cerrandose fuertemente en puños a sus lados mientras su mirada no se apartaba del reflejo de Adán. — No, señor. Voy a recuperarlo y lo llevaré a su antigua gloria — "¿Y qué hay de las escorias? ¿De los traidores? ¿De todos los que se cagaron en mi casi puta muerte?" — Pagarán. Todos lo harán... Acabaré hasta con el último de esos demonios. Limpiaré la podredumbre del infierno y abriré los ojos de todos en el cielo o los haré caer al abismo. Así deba hacerlo sola — Juro con su mirada oscurecida en lo que, son un gruñido de furia de tan solo pensar en todos ellos, en la forma en la que los ángeles ignoraban deliberadamente para su comodidad los cambios en la personalidad de Adán, daba un nuevo puñetazo al vidrio de su ventana hasta quebrarlo, agrietarlo, al ounto de que tal vez hasta una pequeña brisa podría hacerlo estallar.
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  • — Otro día más que inicia de buena manera, puedo ver y sentir la armonía de mi reino, solo por esto vivo, para dar lo mejor a mi gente, aquellos que me siguen no serán olvidados jamás y tendrán quien luche por ellos, les daré una reina capaz de destrozar dioses y demonios solo para que su video sea plena y prospera —

    *La reina estaba sentada en el trono representando el pilar fundamental de la fuerza necesaria para mantener, proteger y sacar adelante a un reino*
    — Otro día más que inicia de buena manera, puedo ver y sentir la armonía de mi reino, solo por esto vivo, para dar lo mejor a mi gente, aquellos que me siguen no serán olvidados jamás y tendrán quien luche por ellos, les daré una reina capaz de destrozar dioses y demonios solo para que su video sea plena y prospera — *La reina estaba sentada en el trono representando el pilar fundamental de la fuerza necesaria para mantener, proteger y sacar adelante a un reino*
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ╔══════════════════════════════════════
    β•— ISHTAR’S DEMONIC DÈESSE
    Infernal Glamour╝
    β•šβ•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    Poder · Fuego · Ambición · Música
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    La sesión “Ishtar’s Demonic Dèesse – Infernal Glamour” encarna la unión perfecta entre el lujo corporativo, la estética infernal y el mito ancestral del poder absoluto. Esta portada no muestra simples ejecutivos: revela arquitectos del destino musical, respaldados por una fuerza divina y demoníaca.

    El glamour no es belleza: es dominio.

    En lo alto de la ciudad, dos líderes sellan un pacto eterno .
    Detrás de ellos, emergiendo entre fuego y sombras, Ishtar se manifiesta como un dragón infernal, guardiana del acuerdo.

    No observa… vigila.
    No amenaza… posee.

    El cielo arde, la ciudad obedece.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    ✦ Estilo: Infernal Glamour · Dark Luxury · Mythic Power
    ✦ Inspiración: Dioses antiguos, élites musicales, moda editorial de alto impacto
    ✦ Atmósfera: Seductora, dominante, peligrosa, triunfal

    Cada elemento está diseñado para imponer respeto y fascinación.
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    πŸ•΄ Sastrería de poder

    ✦ Trajes negros de corte impecable
    ✦ Líneas limpias que transmiten control y autoridad

    Detalles simbólicos
    ✦ Corbatas rojas: sangre, pasión y ambición
    ✦ Pañuelos carmesí: lujo y jerarquía
    ✦ Gafas oscuras: misterio y superioridad
    ✦ Las telas absorben la luz del fuego y la devuelven como prestigio.
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    ✦ MAQUILLAJE & LOOK ✦
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    Piel pulida, perfecta, casi divina
    Sonrisas calculadas, seguras
    πŸ‘ Miradas que no piden permiso

    Un resplandor cálido envuelve los rostros, como si el fuego naciera desde el alma.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    ✦ ILUMINACIÓN ✦
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    Luz principal tipo atardecer infernal
    Sombras profundas que esculpen el poder
    Reflejos ardientes que envuelven la escena

    La luz no ilumina… corona.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    ✦ ESCENOGRAFÍA ✦
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    πŸ™ Oficina de lujo en un rascacielos
    Ciudad al fondo: el mundo bajo su control
    Dragón colosal: Ishtar, diosa del deseo y la destrucción creativa

    Todo comunica supremacía.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    ✦ SIMBOLOGÍA ✦
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    Apretón de manos: pacto irreversible
    Fuego: creación, ambición, sacrificio
    Ishtar: poder absoluto, protección, tentación
    Ciudad: el imperio musical conquistado

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    ✦ MENSAJE EDITORIAL ✦
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    “El verdadero poder no se firma… se invoca.”

    ISHTARMUSICY revela que la música moderna se gobierna desde el fuego, el mito y la voluntad inquebrantable.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    ✦ IMPACTO DE MARCA ✦
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    Posiciona a ISHTARMUSICY como revista dominante y visionaria
    Eleva la industria musical a nivel divino
    Convierte el glamour en un acto de poder
    ╔══════════════════════════════════════ β•—πŸ”₯ ISHTAR’S DEMONIC DÈESSE πŸ”₯ Infernal Glamour╝ β•šβ•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β•β• ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ Poder · Fuego · Ambición · Música ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ La sesión “Ishtar’s Demonic Dèesse – Infernal Glamour” encarna la unión perfecta entre el lujo corporativo, la estética infernal y el mito ancestral del poder absoluto. Esta portada no muestra simples ejecutivos: revela arquitectos del destino musical, respaldados por una fuerza divina y demoníaca. El glamour no es belleza: es dominio. En lo alto de la ciudad, dos líderes sellan un pacto eterno 🀝. Detrás de ellos, emergiendo entre fuego y sombras, Ishtar se manifiesta como un dragón infernal, guardiana del acuerdo. No observa… vigila. No amenaza… posee. El cielo arde, la ciudad obedece. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ Estilo: Infernal Glamour · Dark Luxury · Mythic Power ✦ Inspiración: Dioses antiguos, élites musicales, moda editorial de alto impacto ✦ Atmósfera: Seductora, dominante, peligrosa, triunfal Cada elemento está diseñado para imponer respeto y fascinación. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ πŸ•΄ Sastrería de poder ✦ Trajes negros de corte impecable ✦ Líneas limpias que transmiten control y autoridad πŸ”₯ Detalles simbólicos ✦ Corbatas rojas: sangre, pasión y ambición ✦ Pañuelos carmesí: lujo y jerarquía ✦ Gafas oscuras: misterio y superioridad ✦ Las telas absorben la luz del fuego y la devuelven como prestigio. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ MAQUILLAJE & LOOK ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ πŸ’„ Piel pulida, perfecta, casi divina 😈 Sonrisas calculadas, seguras πŸ‘ Miradas que no piden permiso Un resplandor cálido envuelve los rostros, como si el fuego naciera desde el alma. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ ILUMINACIÓN ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ πŸ”₯ Luz principal tipo atardecer infernal πŸŒ‘ Sombras profundas que esculpen el poder ✨ Reflejos ardientes que envuelven la escena La luz no ilumina… corona. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ ESCENOGRAFÍA ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ πŸ™ Oficina de lujo en un rascacielos πŸŒ† Ciudad al fondo: el mundo bajo su control πŸ‰ Dragón colosal: Ishtar, diosa del deseo y la destrucción creativa Todo comunica supremacía. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ SIMBOLOGÍA ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🀝 Apretón de manos: pacto irreversible πŸ”₯ Fuego: creación, ambición, sacrificio πŸ‰ Ishtar: poder absoluto, protección, tentación πŸŒ‡ Ciudad: el imperio musical conquistado ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ MENSAJE EDITORIAL ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🩸 “El verdadero poder no se firma… se invoca.” ISHTARMUSICY revela que la música moderna se gobierna desde el fuego, el mito y la voluntad inquebrantable. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ IMPACTO DE MARCA ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ πŸ‘‘ Posiciona a ISHTARMUSICY como revista dominante y visionaria πŸ”₯ Eleva la industria musical a nivel divino πŸ–€ Convierte el glamour en un acto de poder
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