• Sabe que no puede cambiar el pasado de los recuerdos vividos, el refractario se lo recuerda constantemente, al menos con lo que la simulación fluye, es capaz de despedirse de los kubrows de su infancia, los últimos de su linaje evolutivo, para un matadero por su pelaje.

    Aun atontados por los sedantes logra llegar hasta el recinto de estos donde acaricia al alfa que sigue postrado, sintiendo la suavidad y calidez del pelaje del kubrow.

    - Has sido un buen chico, apenas era un chiquillo cuando nos separamos, mi padre crió a tu padre y al padre de tu padre, para sobrevivir al invierno eterno.

    Continua acariciando el torso de la enorme bestia aun cuando Hayden sea un adulto, hasta que puede sentir y ver con el manto del vació que el corazón de la bestia a muerto.

    -Al menos desde el refractario, me despedi, chico grande.

    Donde se deslizo una mano se manifiestan las garras de Chroma, Hayden desapareciendo y en su lugar Chroma solo gruñe en voz baja por el destino de otra bestia, las alarmas suenan y las luces se apagan mientras se escuchan pasos apresurados por los pasillos aledaños.

    - GROAAAAAAR!

    Hayden abre los ojos emergiendo del agua del refractario luego de revivir ese pequeño evento de su pasado, sin embargo, a su lado hay un nuevo objeto, un fragmento de roca preciosa reluciente tallado con la forma de uno de los colmillos de ese Kubrow.

    Un regalo inusual, dirige la mirada hacia los alrededores mientras sale de esa piscina con ese diente de piedra preciosa en su diestra.

    - Un trofeo que sin duda atesorare como prueba de mi superación.
    Sabe que no puede cambiar el pasado de los recuerdos vividos, el refractario se lo recuerda constantemente, al menos con lo que la simulación fluye, es capaz de despedirse de los kubrows de su infancia, los últimos de su linaje evolutivo, para un matadero por su pelaje. Aun atontados por los sedantes logra llegar hasta el recinto de estos donde acaricia al alfa que sigue postrado, sintiendo la suavidad y calidez del pelaje del kubrow. - Has sido un buen chico, apenas era un chiquillo cuando nos separamos, mi padre crió a tu padre y al padre de tu padre, para sobrevivir al invierno eterno. Continua acariciando el torso de la enorme bestia aun cuando Hayden sea un adulto, hasta que puede sentir y ver con el manto del vació que el corazón de la bestia a muerto. -Al menos desde el refractario, me despedi, chico grande. Donde se deslizo una mano se manifiestan las garras de Chroma, Hayden desapareciendo y en su lugar Chroma solo gruñe en voz baja por el destino de otra bestia, las alarmas suenan y las luces se apagan mientras se escuchan pasos apresurados por los pasillos aledaños. - GROAAAAAAR! Hayden abre los ojos emergiendo del agua del refractario luego de revivir ese pequeño evento de su pasado, sin embargo, a su lado hay un nuevo objeto, un fragmento de roca preciosa reluciente tallado con la forma de uno de los colmillos de ese Kubrow. Un regalo inusual, dirige la mirada hacia los alrededores mientras sale de esa piscina con ese diente de piedra preciosa en su diestra. - Un trofeo que sin duda atesorare como prueba de mi superación.
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  • « ¿En qué momento sucedió esto? »

    Fue una pregunta casual que cruzó su mente. De esas que llegan repentinamente cuando se intenta tener lucidez mental, como cuando intentas retroceder para entender ese pequeño momento donde las cosas se salieron de control. Así estaba Vincent, de pie, observando cómo ahora tenía tres gatos que alimentar en lugar de dos; no era algo habitual que tomara una decisión tan impulsiva de agregar una mascota más a su hogar pero, en realidad, no entendía aún cómo habían sucedido las cosas.

    "Debe ser porque tienes un corazón blando". Los comentarios de Monique siempre lo hacían reflexionar cuando parecían tan extraños como acertados. Sí, era cierto, solía ser débil ante ciertos impulsos como ese, ante la idea de no poder brindarle un hogar a una criatura que lo necesitaba o imaginarse el sufrimiento que debía estar pasando en soledad. En el frío y peligro de las calles, en el hambre del abandono y la tristeza del olvido. Cada vez que Vincent pensaba en cómo había encontrado a Massimo, más se sentía seguro de que la decisión era la correcta.

    "Debe ser por la culpa". Volvió a pensar. Lo hizo con profundidad y con pesadez, como si realmente no tuviera otra opción con la cual sentirse a gusto o una conclusión que lo dejara satisfecho. Era la idea de que podía ayudarlo por los gatos que, en su infancia, hubiese tenido que dejar de lado por no contar con los recursos en su hogar o no estar en su posibilidad. Ahora que tenía el espacio, el tiempo y los recursos, sentía que podía hacer una diferencia en la vida de sus tres gatos: Alessandro, Serafina y, ahora, Massimo.

    Vincent los volvió a observar y, otra vez, se quedó absorto intentando comprender la forma en que sus tres mininos habían terminado por relacionarse tan bien. En ese momento ni parecían ser los gatos que lo despertaban en la mañana, a primera hora, para pedir comida ni tampoco parecían ser los rebeldes que tenían su departamento patas arriba con el caos de sus juegos.

    — ¿Qué haría sin ustedes, chiquillos? Entonces, ¿aceptarían un gato más?
    « ¿En qué momento sucedió esto? » Fue una pregunta casual que cruzó su mente. De esas que llegan repentinamente cuando se intenta tener lucidez mental, como cuando intentas retroceder para entender ese pequeño momento donde las cosas se salieron de control. Así estaba Vincent, de pie, observando cómo ahora tenía tres gatos que alimentar en lugar de dos; no era algo habitual que tomara una decisión tan impulsiva de agregar una mascota más a su hogar pero, en realidad, no entendía aún cómo habían sucedido las cosas. "Debe ser porque tienes un corazón blando". Los comentarios de Monique siempre lo hacían reflexionar cuando parecían tan extraños como acertados. Sí, era cierto, solía ser débil ante ciertos impulsos como ese, ante la idea de no poder brindarle un hogar a una criatura que lo necesitaba o imaginarse el sufrimiento que debía estar pasando en soledad. En el frío y peligro de las calles, en el hambre del abandono y la tristeza del olvido. Cada vez que Vincent pensaba en cómo había encontrado a Massimo, más se sentía seguro de que la decisión era la correcta. "Debe ser por la culpa". Volvió a pensar. Lo hizo con profundidad y con pesadez, como si realmente no tuviera otra opción con la cual sentirse a gusto o una conclusión que lo dejara satisfecho. Era la idea de que podía ayudarlo por los gatos que, en su infancia, hubiese tenido que dejar de lado por no contar con los recursos en su hogar o no estar en su posibilidad. Ahora que tenía el espacio, el tiempo y los recursos, sentía que podía hacer una diferencia en la vida de sus tres gatos: Alessandro, Serafina y, ahora, Massimo. Vincent los volvió a observar y, otra vez, se quedó absorto intentando comprender la forma en que sus tres mininos habían terminado por relacionarse tan bien. En ese momento ni parecían ser los gatos que lo despertaban en la mañana, a primera hora, para pedir comida ni tampoco parecían ser los rebeldes que tenían su departamento patas arriba con el caos de sus juegos. — ¿Qué haría sin ustedes, chiquillos? Entonces, ¿aceptarían un gato más?
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  • Sentado sobre una rama alta, con un poleron cubriéndole el torso y la luna colándose entre las hojas, Sniffles observaba su reflejo distorsionado en la superficie del lago oscuro. “¿La raza define quién eres?”, se preguntaba en silencio, sus dedos tocaba sin querer el pelaje de su mejilla, como recordando una infancia que parecía lejana. Si su sangre provenía de vermilinguos. ¿Era un animal disfrazado de humano?. Por primera vez en mucho tiempo, dudó si realmente podía escapar del legado que fluía en sus venas… o si, como la niebla que invocaba, su destino estaba condenado a tomar la forma del animal que siempre ha reprimido.
    Sentado sobre una rama alta, con un poleron cubriéndole el torso y la luna colándose entre las hojas, Sniffles observaba su reflejo distorsionado en la superficie del lago oscuro. “¿La raza define quién eres?”, se preguntaba en silencio, sus dedos tocaba sin querer el pelaje de su mejilla, como recordando una infancia que parecía lejana. Si su sangre provenía de vermilinguos. ¿Era un animal disfrazado de humano?. Por primera vez en mucho tiempo, dudó si realmente podía escapar del legado que fluía en sus venas… o si, como la niebla que invocaba, su destino estaba condenado a tomar la forma del animal que siempre ha reprimido.
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  • Nota psicológica — Sesión Nº 14
    Paciente: Luana

    Motivo de consulta: Trastorno por trauma complejo. Episodios disociativos.
    Observaciones clínicas:

    “Hoy trajo una imagen: una copa rota, sostenida únicamente por curitas. Dijo que así se siente: un recipiente que fue hecho para contener, pero que aprendió a funcionar quebrado.”

    1. Estado emocional durante la sesión
    Luana permaneció en silencio prolongado al inicio. No hubo llanto ni agitación externa, pero sí una tensión evidente en su postura: hombros elevados, manos entrelazadas, respiración contenida.
    Cuando se le pidió describir la imagen, respondió con una calma que no coincide con la gravedad de su relato emocional.

    2. Metáfora central del día: “La copa remendada”
    La imagen representa para ella:
    Fragmentación interna. Dice sentir que sus emociones “se filtran”, como si nunca lograra retener lo que debería.
    Intentos fallidos de reparación. Menciona que los “parches” son esfuerzos externos para hacerla funcionar, no elecciones propias.
    Fuga constante. Habla de que siempre hay algo escapándose de ella: confianza, seguridad, recuerdos.
    No hay referencias a daño físico; su lenguaje es simbólico, pero profundamente cargado.

    3. Revelaciones verbales relevantes
    Luana expresó que durante años le dijeron que debía “aguantar sin romperse”, que una grieta era “una traición”.
    Hoy, por primera vez, dijo:
    “No me rompí yo. Me rompieron.”
    Luego guardó silencio, como si escuchar sus propias palabras la desconcertara.

    4. Conductas observadas
    Evita contacto visual al hablar de su infancia.
    Muestra mayor firmeza emocional cuando menciona a los Carson, pero con un tono vacío, desprendido.
    Se aferra a su cuaderno durante toda la sesión; parece ser su único punto de seguridad.

    5. Proceso terapéutico actual
    Explora los recuerdos que durante años le enseñaron a ignorar o reinterpretar.
    Trabajamos en ayudarla a distinguir su identidad real de la que le impusieron.
    Presenta avances: reconoce que aquello que vivió no fue “entrenamiento” sino condicionamiento emocional extremo.

    6. Nota del terapeuta
    Luana muestra una fuerza silenciosa que parece nacida del dolor, pero intento ayudarla a comprender que su valor no depende de lo que soportó, sino de lo que todavía puede construir.

    La metáfora de la copa no indica peligro para sí misma; es una forma de describir su vulnerabilidad y las heridas emocionales que carga.
    ๐Ÿ—‚๏ธ Nota psicológica — Sesión Nº 14 Paciente: Luana Motivo de consulta: Trastorno por trauma complejo. Episodios disociativos. Observaciones clínicas: “Hoy trajo una imagen: una copa rota, sostenida únicamente por curitas. Dijo que así se siente: un recipiente que fue hecho para contener, pero que aprendió a funcionar quebrado.” 1. Estado emocional durante la sesión Luana permaneció en silencio prolongado al inicio. No hubo llanto ni agitación externa, pero sí una tensión evidente en su postura: hombros elevados, manos entrelazadas, respiración contenida. Cuando se le pidió describir la imagen, respondió con una calma que no coincide con la gravedad de su relato emocional. 2. Metáfora central del día: “La copa remendada” La imagen representa para ella: Fragmentación interna. Dice sentir que sus emociones “se filtran”, como si nunca lograra retener lo que debería. Intentos fallidos de reparación. Menciona que los “parches” son esfuerzos externos para hacerla funcionar, no elecciones propias. Fuga constante. Habla de que siempre hay algo escapándose de ella: confianza, seguridad, recuerdos. No hay referencias a daño físico; su lenguaje es simbólico, pero profundamente cargado. 3. Revelaciones verbales relevantes Luana expresó que durante años le dijeron que debía “aguantar sin romperse”, que una grieta era “una traición”. Hoy, por primera vez, dijo: “No me rompí yo. Me rompieron.” Luego guardó silencio, como si escuchar sus propias palabras la desconcertara. 4. Conductas observadas Evita contacto visual al hablar de su infancia. Muestra mayor firmeza emocional cuando menciona a los Carson, pero con un tono vacío, desprendido. Se aferra a su cuaderno durante toda la sesión; parece ser su único punto de seguridad. 5. Proceso terapéutico actual Explora los recuerdos que durante años le enseñaron a ignorar o reinterpretar. Trabajamos en ayudarla a distinguir su identidad real de la que le impusieron. Presenta avances: reconoce que aquello que vivió no fue “entrenamiento” sino condicionamiento emocional extremo. 6. Nota del terapeuta Luana muestra una fuerza silenciosa que parece nacida del dolor, pero intento ayudarla a comprender que su valor no depende de lo que soportó, sino de lo que todavía puede construir. La metáfora de la copa no indica peligro para sí misma; es una forma de describir su vulnerabilidad y las heridas emocionales que carga.
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  • ๐‘ท๐‘ฌ๐‘จ๐‘ช๐‘ฌ ๐‘พ๐‘จ๐‘บ ๐‘ต๐‘ฌ๐‘ฝ๐‘ฌ๐‘น ๐‘จ๐‘ต ๐‘ถ๐‘ท๐‘ป๐‘ฐ๐‘ถ๐‘ต
    Fandom Marvel
    Categorรญa Acción
    La situación actual con los centinelas no hacía más que darle la razón. Si tan solo lo hubieran escuchado cuando dijo que era un error confiar en la CIA y en todo lo que tuviera que ver con el gobierno, quizás las cosas podrían ser diferentes.

    El gobierno había decretado ley marcial, pero no era el ejército quien custodiaba las calles. Reemplazaron hombres por máquinas, por robots gigantes, cazadores de mutantes. Como si colocarles un collar inhibidor no fuese suficiente castigo, suficiente humillación para una raza incomprendida aunque claramente superior.

    Pesé a estar en desventaja, Erik había conseguido hacerse de un pequeño grupo de mutantes. Juntos eran la nueva resistencia, se reuinan una vez a la semana y en lugares diferentes, pasando el poco tiempo que tenían buscando la forma de quitarse ese artefacto del cuello aunque no habían tenido éxito, funcionaba igual para todos, soltando descargas eléctricas cuando trataban de extraerlos insertado alguna herramienta.

    Los gemelos Lensherr, Wanda y Pietro, también mutantes; trataban de que su padre desistiera de su idea por liberar a su gente pero Erik no entendía motivos ni razones. Había vivido una situación como esa en la infancia, más cruda y cruel, pero la situación actual no estaba muy lejos de tomar el camino que tomaron los alemanes.

    Prefería sacrificarse su vida, sacrificarse por sus hijos, por sus amigos, por todos aquellos mutantes que habían muerto injustamente. Decidió esperar para llevar a cabo su plan y tras burlar la seguridad en Industrias Trask, consiguió entrar haciéndose pasar por un obrebero, una elección inteligente y bastante acertada ya que en su mayoría eran mutantes.

    Aprovecho un descuido del arquitecto que los guiaba a la zona donde iban a trabajar y tras deambular por los corredores vacíos de la empresa, llego a la oficina de Bolivar Trask, el responsable de la nueva era de esclavitud mutante.

    Forzó la cerradura de la puerta y al entrar se encontro cara a cara con un hombre de cabello negro, sentado al otro lado del escritorio como si hubiera estado esperándolo. No conocía a ese hombre pero al menos no era el dueño de la empresa y eso lo tranquilizo.

    โ”€โ”€Disculpe, creíamos que este piso estaba vacío. Tiene que salir ahora, vamos a remodelar estas oficinasโ”€โ”€ Le explico al desconocido, señalando la identificación en su pecho que lo acreditaba como un obrero más.

    ๐ƒ๐š„๐š‚๐šƒ๐™ธ๐™ฝ ๐š๐š‘๐šŽ ๐๐š’๐š•๐š˜๐š
    La situación actual con los centinelas no hacía más que darle la razón. Si tan solo lo hubieran escuchado cuando dijo que era un error confiar en la CIA y en todo lo que tuviera que ver con el gobierno, quizás las cosas podrían ser diferentes. El gobierno había decretado ley marcial, pero no era el ejército quien custodiaba las calles. Reemplazaron hombres por máquinas, por robots gigantes, cazadores de mutantes. Como si colocarles un collar inhibidor no fuese suficiente castigo, suficiente humillación para una raza incomprendida aunque claramente superior. Pesé a estar en desventaja, Erik había conseguido hacerse de un pequeño grupo de mutantes. Juntos eran la nueva resistencia, se reuinan una vez a la semana y en lugares diferentes, pasando el poco tiempo que tenían buscando la forma de quitarse ese artefacto del cuello aunque no habían tenido éxito, funcionaba igual para todos, soltando descargas eléctricas cuando trataban de extraerlos insertado alguna herramienta. Los gemelos Lensherr, Wanda y Pietro, también mutantes; trataban de que su padre desistiera de su idea por liberar a su gente pero Erik no entendía motivos ni razones. Había vivido una situación como esa en la infancia, más cruda y cruel, pero la situación actual no estaba muy lejos de tomar el camino que tomaron los alemanes. Prefería sacrificarse su vida, sacrificarse por sus hijos, por sus amigos, por todos aquellos mutantes que habían muerto injustamente. Decidió esperar para llevar a cabo su plan y tras burlar la seguridad en Industrias Trask, consiguió entrar haciéndose pasar por un obrebero, una elección inteligente y bastante acertada ya que en su mayoría eran mutantes. Aprovecho un descuido del arquitecto que los guiaba a la zona donde iban a trabajar y tras deambular por los corredores vacíos de la empresa, llego a la oficina de Bolivar Trask, el responsable de la nueva era de esclavitud mutante. Forzó la cerradura de la puerta y al entrar se encontro cara a cara con un hombre de cabello negro, sentado al otro lado del escritorio como si hubiera estado esperándolo. No conocía a ese hombre pero al menos no era el dueño de la empresa y eso lo tranquilizo. โ”€โ”€Disculpe, creíamos que este piso estaba vacío. Tiene que salir ahora, vamos a remodelar estas oficinasโ”€โ”€ Le explico al desconocido, señalando la identificación en su pecho que lo acreditaba como un obrero más. [PANDEM0NIO]
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  • ๐‘ฌ๐’ ๐’„๐’‚๐’›๐’‚๐’…๐’๐’“, ๐’๐’‚ ๐’“๐’†๐’ƒ๐’†๐’๐’…๐’† ๐’š ๐’†๐’ ๐’ƒ๐’–๐’๐’Œ๐’†๐’“
    Fandom Supernatural
    Categorรญa Acción
    โš† ๐™Ž๐’•๐™–๐’“๐™ฉ๐’†๐™ง ๐™ฅ๐’‚๐™ง๐’‚: ๐ท๐˜Œ๐ด๐˜• ๐˜ž๐ผ๐˜•๐ถ๐˜๐ธ๐˜š๐‘‡๐˜Œ๐‘…


    El mundo parecía ir realmente bien. Los hermanos, según le habían contado a Jody y después Jody a ellas, habían acabado con el puñetero Dios, ahora otra persona regia los cielos, el nefilim de Lucifer, un chaval llamado Jack, que según tenía entendido pretendía dejar el destino de las personas en manos de cada uno, cosa que debería ser una buena noticia, pero que a Claire en aquellos momentos no era algo que le entusiasmara en demasía, visto el giro que había tomado su vida.
    Por otro lado, los hermanos habían decidido abrir el bunker a cualquiera que necesitara información, protección, o simplemente un lugar donde recobrarse de las heridas de una cacería dura.
    También sabía que Castiel había muerto, y aunque su historia con el ángel no había sido la mejor, también debia admitir que había terminado por cogerle cariño, ya no le culpaba por la muerte de su padre, él había tomado sus propias decisiones. Y en secreto aún esperaba verle aparecer con su gabardina, la corbata mal puesta y su incapacidad de entender el mundo que le rodeaba.

    En general todo parecía estar cambiando para mejor. Todo menos, por supuesto su vida. Porque, ¿Cuándo le había salido algo bien a ella? Desde que su padre aceptó que un ángel se metiera en su cuerpo y se fue de casa, y luego su madre la dejara al cargo de su abuela para buscar al hombre que les había abandonado por una disposición divina… nunca.

    De modo que, ¿Por qué iba a cambiar ahora? Quizás había pensado erróneamente que podría ser, que ya le tocaba ser feliz, dejar de sufrir dejar de perder, pero aquella tarde en la que Kaia había quedado con ella en su lugar favorito del pueblo, el parque infantil, en los columpios, jamás se hubiera imaginado que fuera para terminar con su relación.
    No recordaba los motivos, ni si quiera sabía si había sido culpa suya, si había hecho, o dejado de hacer algo, no importaba. Se había terminado y ella volvía a estar perdida.
    Habían pasado semanas de aquello, no había dicho nada en casa, su mayor deseo en esos momentos no era responder preguntas de su hermana o Jody, ni explicar con lujo de detalles como había ido la conversación, o dejar que ellas se esforzaran por animarla. Ni si quiera había llorado, simplemente había vuelto a su estado de ánimo algo más taciturno de lo normal, hecho que a pesar de todo no llegaba a llamar demasiado la atención de nadie.

    Pero si seguía en aquella casa, al final tendría que dar explicaciones, ya le resultaba extraño que no hubieran preguntado por la morena, su presencia a cenar un par de veces por semana ya no se cuestionaba.

    >> Un día como otro cualquiera, sin mucho que hacer, mientras dibujaba de manera abstraída sobre un papel sus ojos recaen en un pequeño cuadrado en la parte inferior derecha del papel, el cual estaba cubierto de un plástico transparente y dejaba ver el interior de lo que ahora ve que es un sobre.
    Recordaba haberlo recibido, recordaba haberlo mandado directamente a un cajón.
    Tras ese recuadro estaba su nombre y la dirección de Sioux Falls de la casa de la Sheriff. La carta había llegado hacia un año, justo para su veintiún cumpleaños, su mayoría de edad.

    La citaban en un despacho de abogados, donde le darían las llaves de un pequeño trastero en el que se encontraba todo cuanto su abuela le había dejado al morir.
    Quizás…
    Aunque no sabe que es lo que va a encontrar allí, tras un año Claire decide aceptar abrir aquella puerta y usarla como huida como primer paso lejos de la casa de su madre adoptiva. El trastero como ya avisaba la carta no es muy grande, y en su mayor parte está repleto de cajas llenas de recuerdos.
    Después de varias horas allí, abriendo cajas al azar y de haber sacado, varios libros y un álbum de fotografías, Claire cierra el trastero y se guarda la llave sin llegar a saber si volvería a traspasar aquella puerta. No guardaba con demasiado cariño los recuerdos acerca de su infancia.

    La diferencia con cualquier otro día es que en aquella ocasión no vuelve a Sioux Falls, en el asiento del copiloto de su Subaru Loyale rojo está la bolsa que había llenado en el trastero, pero en el maletero guarda una bolsa más grande con toda su ropa y sus diarios.
    Si, se había ido de casa, pero había dejado una nota, y no tenía duda de que en cuanto pisara su lugar de destino Jody sabría dónde estaba. De modo que conduce durante toda la noche, llegando hasta aquel lugar cuando el sol pinta de rosa el cielo en un precioso amanecer que ella no disfruta, porque su mirada escanea el lugar al que nunca había ido todavía.

    No tarda en entrar y bajar el primer tramo de escaleras, y no duda de que en cuanto abre aquella pesada y ruidosa puerta de metal, todo el bunker sabe que alguien ha llegado, y efectivamente la figura de Dean Winchester no tarda más de un par de minutos en aparecer, con la mano derecha a la espalda y rostro precavido.

    — ¿Así recibes a las visitas? Pensaba que esto estaba abierto para todos los cazadores que lo necesitaran... ¿Hay hecho café? Necesito café.
    โš† ๐™Ž๐’•๐™–๐’“๐™ฉ๐’†๐™ง ๐™ฅ๐’‚๐™ง๐’‚: [BRINGMES0MEPIE] El mundo parecía ir realmente bien. Los hermanos, según le habían contado a Jody y después Jody a ellas, habían acabado con el puñetero Dios, ahora otra persona regia los cielos, el nefilim de Lucifer, un chaval llamado Jack, que según tenía entendido pretendía dejar el destino de las personas en manos de cada uno, cosa que debería ser una buena noticia, pero que a Claire en aquellos momentos no era algo que le entusiasmara en demasía, visto el giro que había tomado su vida. Por otro lado, los hermanos habían decidido abrir el bunker a cualquiera que necesitara información, protección, o simplemente un lugar donde recobrarse de las heridas de una cacería dura. También sabía que Castiel había muerto, y aunque su historia con el ángel no había sido la mejor, también debia admitir que había terminado por cogerle cariño, ya no le culpaba por la muerte de su padre, él había tomado sus propias decisiones. Y en secreto aún esperaba verle aparecer con su gabardina, la corbata mal puesta y su incapacidad de entender el mundo que le rodeaba. En general todo parecía estar cambiando para mejor. Todo menos, por supuesto su vida. Porque, ¿Cuándo le había salido algo bien a ella? Desde que su padre aceptó que un ángel se metiera en su cuerpo y se fue de casa, y luego su madre la dejara al cargo de su abuela para buscar al hombre que les había abandonado por una disposición divina… nunca. De modo que, ¿Por qué iba a cambiar ahora? Quizás había pensado erróneamente que podría ser, que ya le tocaba ser feliz, dejar de sufrir dejar de perder, pero aquella tarde en la que Kaia había quedado con ella en su lugar favorito del pueblo, el parque infantil, en los columpios, jamás se hubiera imaginado que fuera para terminar con su relación. No recordaba los motivos, ni si quiera sabía si había sido culpa suya, si había hecho, o dejado de hacer algo, no importaba. Se había terminado y ella volvía a estar perdida. Habían pasado semanas de aquello, no había dicho nada en casa, su mayor deseo en esos momentos no era responder preguntas de su hermana o Jody, ni explicar con lujo de detalles como había ido la conversación, o dejar que ellas se esforzaran por animarla. Ni si quiera había llorado, simplemente había vuelto a su estado de ánimo algo más taciturno de lo normal, hecho que a pesar de todo no llegaba a llamar demasiado la atención de nadie. Pero si seguía en aquella casa, al final tendría que dar explicaciones, ya le resultaba extraño que no hubieran preguntado por la morena, su presencia a cenar un par de veces por semana ya no se cuestionaba. >> Un día como otro cualquiera, sin mucho que hacer, mientras dibujaba de manera abstraída sobre un papel sus ojos recaen en un pequeño cuadrado en la parte inferior derecha del papel, el cual estaba cubierto de un plástico transparente y dejaba ver el interior de lo que ahora ve que es un sobre. Recordaba haberlo recibido, recordaba haberlo mandado directamente a un cajón. Tras ese recuadro estaba su nombre y la dirección de Sioux Falls de la casa de la Sheriff. La carta había llegado hacia un año, justo para su veintiún cumpleaños, su mayoría de edad. La citaban en un despacho de abogados, donde le darían las llaves de un pequeño trastero en el que se encontraba todo cuanto su abuela le había dejado al morir. Quizás… Aunque no sabe que es lo que va a encontrar allí, tras un año Claire decide aceptar abrir aquella puerta y usarla como huida como primer paso lejos de la casa de su madre adoptiva. El trastero como ya avisaba la carta no es muy grande, y en su mayor parte está repleto de cajas llenas de recuerdos. Después de varias horas allí, abriendo cajas al azar y de haber sacado, varios libros y un álbum de fotografías, Claire cierra el trastero y se guarda la llave sin llegar a saber si volvería a traspasar aquella puerta. No guardaba con demasiado cariño los recuerdos acerca de su infancia. La diferencia con cualquier otro día es que en aquella ocasión no vuelve a Sioux Falls, en el asiento del copiloto de su Subaru Loyale rojo está la bolsa que había llenado en el trastero, pero en el maletero guarda una bolsa más grande con toda su ropa y sus diarios. Si, se había ido de casa, pero había dejado una nota, y no tenía duda de que en cuanto pisara su lugar de destino Jody sabría dónde estaba. De modo que conduce durante toda la noche, llegando hasta aquel lugar cuando el sol pinta de rosa el cielo en un precioso amanecer que ella no disfruta, porque su mirada escanea el lugar al que nunca había ido todavía. No tarda en entrar y bajar el primer tramo de escaleras, y no duda de que en cuanto abre aquella pesada y ruidosa puerta de metal, todo el bunker sabe que alguien ha llegado, y efectivamente la figura de Dean Winchester no tarda más de un par de minutos en aparecer, con la mano derecha a la espalda y rostro precavido. — ¿Así recibes a las visitas? Pensaba que esto estaba abierto para todos los cazadores que lo necesitaran... ¿Hay hecho café? Necesito café.
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  • La vuelta al trabajo siempre ha sido algo reconfortable, pero a su vez dura y está vez lo ha sido algo más debido a que he tenido que dejar a cargo de una niñera a Niki, no me arrepiento, pero siento como se ha desprendido un poco mi corazón. Se que está en buenas manos, pero a su vez quiero estar con ella. Me he prometido a mí misma de reducir las horas, para estar con ella. Pero también ha sido para darle la mejor infancia que yo he tenido.
    La vuelta al trabajo siempre ha sido algo reconfortable, pero a su vez dura y está vez lo ha sido algo más debido a que he tenido que dejar a cargo de una niñera a Niki, no me arrepiento, pero siento como se ha desprendido un poco mi corazón. Se que está en buenas manos, pero a su vez quiero estar con ella. Me he prometido a mí misma de reducir las horas, para estar con ella. Pero también ha sido para darle la mejor infancia que yo he tenido.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    || ¿Debería subir primero una ficha de su infancia y luego otra de su adolescencia o hacer un resumen de ambas y ya?
    || ¿Debería subir primero una ficha de su infancia y luego otra de su adolescencia o hacer un resumen de ambas y ya? :STK-58:
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    || Debería profundizar más en la infancia y adolescencia de Isla para haceros saber lo traumada que está
    || Debería profundizar más en la infancia y adolescencia de Isla para haceros saber lo traumada que está :STK-19:
    Me enjaja
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  • โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐ทí๐‘Ž ๐‘™๐‘–๐‘๐‘Ÿ๐‘’ ๐‘ฆ ๐‘™๐‘Ž ๐‘ก๐‘Ÿ๐‘Ž๐‘›๐‘ž๐‘ข๐‘–๐‘™๐‘–๐‘‘๐‘Ž๐‘‘ ๐‘Ž๐‘‘๐‘’๐‘๐‘ข๐‘Ž๐‘‘๐‘Ž. โ”€โ”€โ”€โ”€

    [] ๐ต๐‘’๐‘Ÿ๐‘™í๐‘›, ๐ด๐‘™๐‘’๐‘š๐‘Ž๐‘›๐‘–๐‘Ž — ๐Ÿถ๐Ÿธ:๐Ÿน๐Ÿถ ๐‘ƒ.๐‘€

    Caminaba en ese entonces por las calles de Kreuzberg bajo una lluvia fina pero persistente que Berlín parece regalarle casi a diario en esta época del año. El paraguas negro que lleva apenas alcanza a cubrirlo; el viento frío se encarga de mojarle los bordes del abrigo y de salpicarle las botas cada vez que pisa un charco mal calculado.

    Las luces de los semáforos se reflejan en los adoquines brillantes y en los charcos que multiplican la ciudad. Pasa frente a murales enormes medio descoloridos, bicicletas encadenadas que parecen haber sido abandonadas hace décadas, y escaparates de tiendas de segunda mano que exhiben lámparas extrañas y vinilos polvorientos.

    Hay algo reconfortante en esa mezcla de desorden y melancolía que desprende el barrio.

    Después de unos quince minutos deambulando sin rumbo fijo, la ve: una pequeña cafetería con ventanales grandes y empañados, un letrero de madera pintado a mano que simplemente dice :

    โ ๐Š๐€๐…๐…๐„๐„ & ๐Š๐”๐‚๐‡๐„๐ โž

    y una luz cálida color ámbar que se derrama hacia la calle como si quisiera invitar a cualquiera que pase por ahí.

    Empuja la puerta y el tintineo de una campanita anuncia su llegada.

    El aroma a café recién molido y masa horneada lo envuelve de inmediato. Se sacude un poco el agua del abrigo, cierra el paraguas y lo apoya junto a otros en la entrada.

    ๐˜— : โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜Ž๐˜ถ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜›๐˜ข๐˜จ. ๐˜ž๐˜ข๐˜ด ๐˜ฎö๐˜ค๐˜ฉ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ด๐˜ต ๐˜ฅ๐˜ถ? โ”€โ”€โ”€โ”€ (๐˜‰๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ด ๐˜ต๐˜ข๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด ¿๐˜˜๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ฆ๐˜ข? )

    Dice la chica detrás del mostrador con una sonrisa amable.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜Ž๐˜ถ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜›๐˜ข๐˜จ. ๐˜Œ๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜Š๐˜ข๐˜ฑ๐˜ฑ๐˜ถ๐˜ค๐˜ค๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฐ, ๐˜ฃ๐˜ช๐˜ต๐˜ต๐˜ฆ. โ”€โ”€โ”€โ”€ (¡๐˜‰๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ด ๐˜ต๐˜ข๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด! ๐˜œ๐˜ฏ ๐˜ค๐˜ข๐˜ฑ๐˜ถ๐˜ค๐˜ฉ๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฐ, ๐˜ฑ๐˜ฐ๐˜ณ ๐˜ง๐˜ข๐˜ท๐˜ฐ๐˜ณ.)

    Responde en un alemán correcto pero con ese acento que todavía delata que no lleva tantos años aquí.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜œ๐˜ฏ๐˜ฅ. . . ๐˜ท๐˜ช๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ญ๐˜ฆ๐˜ช๐˜ค๐˜ฉ๐˜ต ๐˜ฆ๐˜ช๐˜ฏ ๐˜š๐˜ตü๐˜ค๐˜ฌ ๐˜ˆ๐˜ฑ๐˜ง๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ด๐˜ต๐˜ณ๐˜ถ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ญ, ๐˜ธ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ฏ ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ธ๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ค๐˜ฉ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜จ๐˜ช๐˜ฃ๐˜ต. โ”€โ”€โ”€โ”€ ( ๐˜ . . . ๐˜˜๐˜ถ๐˜ช๐˜ปá๐˜ด ๐˜ถ๐˜ฏ ๐˜ต๐˜ณ๐˜ฐ๐˜ป๐˜ฐ ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ด๐˜ต๐˜ณ๐˜ถ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ญ ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ฎ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ป๐˜ข๐˜ฏ๐˜ข, ๐˜ด๐˜ช ๐˜ฉ๐˜ข๐˜บ.)

    Se lleva la bandeja a una mesa junto a la ventana. Se sienta, se quita la bufanda húmeda y deja que el calor del local le vaya descongelando los dedos. Afuera, la lluvia sigue cayendo en hilos finos y pacientes.

    Adentro, el vapor del cappuccino sube en espirales lentas mientras la espuma dibuja un corazón imperfecto que se deshace poco a poco.

    Mira la calle, la gente que pasa apresurada con capuchas y paraguas rotos, las luces que se encienden temprano porque el cielo gris nunca termina de aclararse. Piensa que en dos días tiene que volver al trabajo y debe aprovechar un poco cada momento.

    Pero por ahora hay café caliente, un pedazo de strudel con canela que huele a infancia ajena, y el sonido suave de la lluvia golpeando el vidrio.

    Y eso, por unos minutos más, le parece suficiente.
    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐ทí๐‘Ž ๐‘™๐‘–๐‘๐‘Ÿ๐‘’ ๐‘ฆ ๐‘™๐‘Ž ๐‘ก๐‘Ÿ๐‘Ž๐‘›๐‘ž๐‘ข๐‘–๐‘™๐‘–๐‘‘๐‘Ž๐‘‘ ๐‘Ž๐‘‘๐‘’๐‘๐‘ข๐‘Ž๐‘‘๐‘Ž. โ”€โ”€โ”€โ”€ [๐Ÿ‡ฉ๐Ÿ‡ช] ๐ต๐‘’๐‘Ÿ๐‘™í๐‘›, ๐ด๐‘™๐‘’๐‘š๐‘Ž๐‘›๐‘–๐‘Ž — ๐Ÿถ๐Ÿธ:๐Ÿน๐Ÿถ ๐‘ƒ.๐‘€ Caminaba en ese entonces por las calles de Kreuzberg bajo una lluvia fina pero persistente que Berlín parece regalarle casi a diario en esta época del año. El paraguas negro que lleva apenas alcanza a cubrirlo; el viento frío se encarga de mojarle los bordes del abrigo y de salpicarle las botas cada vez que pisa un charco mal calculado. Las luces de los semáforos se reflejan en los adoquines brillantes y en los charcos que multiplican la ciudad. Pasa frente a murales enormes medio descoloridos, bicicletas encadenadas que parecen haber sido abandonadas hace décadas, y escaparates de tiendas de segunda mano que exhiben lámparas extrañas y vinilos polvorientos. Hay algo reconfortante en esa mezcla de desorden y melancolía que desprende el barrio. Después de unos quince minutos deambulando sin rumbo fijo, la ve: una pequeña cafetería con ventanales grandes y empañados, un letrero de madera pintado a mano que simplemente dice : โ ๐Š๐€๐…๐…๐„๐„ & ๐Š๐”๐‚๐‡๐„๐ โž y una luz cálida color ámbar que se derrama hacia la calle como si quisiera invitar a cualquiera que pase por ahí. Empuja la puerta y el tintineo de una campanita anuncia su llegada. El aroma a café recién molido y masa horneada lo envuelve de inmediato. Se sacude un poco el agua del abrigo, cierra el paraguas y lo apoya junto a otros en la entrada. ๐˜— : โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜Ž๐˜ถ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜›๐˜ข๐˜จ. ๐˜ž๐˜ข๐˜ด ๐˜ฎö๐˜ค๐˜ฉ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ด๐˜ต ๐˜ฅ๐˜ถ? โ”€โ”€โ”€โ”€ (๐˜‰๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ด ๐˜ต๐˜ข๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด ¿๐˜˜๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ฆ๐˜ข? ) Dice la chica detrás del mostrador con una sonrisa amable. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜Ž๐˜ถ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜›๐˜ข๐˜จ. ๐˜Œ๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜Š๐˜ข๐˜ฑ๐˜ฑ๐˜ถ๐˜ค๐˜ค๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฐ, ๐˜ฃ๐˜ช๐˜ต๐˜ต๐˜ฆ. โ”€โ”€โ”€โ”€ (¡๐˜‰๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ด ๐˜ต๐˜ข๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด! ๐˜œ๐˜ฏ ๐˜ค๐˜ข๐˜ฑ๐˜ถ๐˜ค๐˜ฉ๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฐ, ๐˜ฑ๐˜ฐ๐˜ณ ๐˜ง๐˜ข๐˜ท๐˜ฐ๐˜ณ.) Responde en un alemán correcto pero con ese acento que todavía delata que no lleva tantos años aquí. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜œ๐˜ฏ๐˜ฅ. . . ๐˜ท๐˜ช๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ญ๐˜ฆ๐˜ช๐˜ค๐˜ฉ๐˜ต ๐˜ฆ๐˜ช๐˜ฏ ๐˜š๐˜ตü๐˜ค๐˜ฌ ๐˜ˆ๐˜ฑ๐˜ง๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ด๐˜ต๐˜ณ๐˜ถ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ญ, ๐˜ธ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ฏ ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ธ๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ค๐˜ฉ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜จ๐˜ช๐˜ฃ๐˜ต. โ”€โ”€โ”€โ”€ ( ๐˜ . . . ๐˜˜๐˜ถ๐˜ช๐˜ปá๐˜ด ๐˜ถ๐˜ฏ ๐˜ต๐˜ณ๐˜ฐ๐˜ป๐˜ฐ ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ด๐˜ต๐˜ณ๐˜ถ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ญ ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ฎ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ป๐˜ข๐˜ฏ๐˜ข, ๐˜ด๐˜ช ๐˜ฉ๐˜ข๐˜บ.) Se lleva la bandeja a una mesa junto a la ventana. Se sienta, se quita la bufanda húmeda y deja que el calor del local le vaya descongelando los dedos. Afuera, la lluvia sigue cayendo en hilos finos y pacientes. Adentro, el vapor del cappuccino sube en espirales lentas mientras la espuma dibuja un corazón imperfecto que se deshace poco a poco. Mira la calle, la gente que pasa apresurada con capuchas y paraguas rotos, las luces que se encienden temprano porque el cielo gris nunca termina de aclararse. Piensa que en dos días tiene que volver al trabajo y debe aprovechar un poco cada momento. Pero por ahora hay café caliente, un pedazo de strudel con canela que huele a infancia ajena, y el sonido suave de la lluvia golpeando el vidrio. Y eso, por unos minutos más, le parece suficiente.
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