• Ya estoy viendo estrellitas y dice la cancion

    Hoy dejo entrar el sol por la ventana
    Y me pierdo en tu mirada de amanecer
    Hoy dejo que mi cuerpo se despierte
    Lo llevo, lo traigo, lo muevo y lo dejo ser
    Hoy dejo que mis manos te conozcan
    Que mi alma se escape de noche para ir por ti
    Hoy dejo que mi mente se detenga
    Y reaccione mi corazón para correr a ti

    Tú me haces sentir bien
    Es un baile incontrolable
    Es absurdo intentar
    Comprender lo que siento
    Solo sé que es honesto
    Solo sé que es honesto

    Es increíble que lo que es
    Así de fácil vive y solo es
    Que no requiere de esfuerzos
    Para endulzar los momentos
    Es increíble que, si no es
    Te pone triste, pero no lo es
    Solo consume tu tiempo
    Te va apagando por dentro

    Y para nada son indirectas (Claro que yes porque me pongo nerviosa si lo tengo en frente)
    Ya estoy viendo estrellitas y dice la cancion Hoy dejo entrar el sol por la ventana Y me pierdo en tu mirada de amanecer Hoy dejo que mi cuerpo se despierte Lo llevo, lo traigo, lo muevo y lo dejo ser Hoy dejo que mis manos te conozcan Que mi alma se escape de noche para ir por ti Hoy dejo que mi mente se detenga Y reaccione mi corazón para correr a ti Tú me haces sentir bien Es un baile incontrolable Es absurdo intentar Comprender lo que siento Solo sé que es honesto Solo sé que es honesto Es increíble que lo que es Así de fácil vive y solo es Que no requiere de esfuerzos Para endulzar los momentos Es increíble que, si no es Te pone triste, pero no lo es Solo consume tu tiempo Te va apagando por dentro Y para nada son indirectas (Claro que yes porque me pongo nerviosa si lo tengo en frente) :STK-4:
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  • Mientras que para otros, la ausencia de la pareja significaba desenfreno, un respiro de la rutina, un escape fugaz hacia lo prohibido, para Takeo...
    También significaba un desenfreno, despues de todo, él mismo se llamaba un animal poco racional. Era una rebelión silenciosa, una transgresión cuidadosamente calculada, un acto de insubordinación contra su propia sensatez.

    Lejos de Ohime, lejos de ella y su mirada inquisitiva, de la dulzura que siempre lo anclaba a él a la realidad, Takeo se permitía soñar sin ataduras, sin la prudencia que solía regir sus días. Se convertía en presa fácil de sus impulsos más intensos, de esos deseos que hervían en su interior y que, por más que intentara ignorarlos, seguían tentándolo con una promesa. Sabía que era una locura, que no debía, que no podía… pero aún así, lo hacía, lo imaginaba dia y noche.

    Porque había algo irresistible en la clandestinidad de aquel pensamiento, en la emoción de sumergirse en un deseo oculto, uno que no se atrevía a confesarle a Ohime. Porque era un anhelo egoísta que temía no encontrar eco en su voz. No quería que ella lo juzgara, no quería que lo detuviera, no quería que le preguntara si estaba seguro. Porque no lo estaba. Y, al mismo tiempo, lo estaba más que nunca.

    Cada noche, en la soledad de su habitación, Takeo cerraba los ojos y se permitía imaginarlo: un refugio en medio del bullicio, un lugar donde pudiera estar más cerca de sin las limitaciones de la distancia. Un departamento en Tokio, elegante pero acogedor, donde cada rincón estuviera impregnado de su presencia.

    Era un pensamiento que le aceleraba el pulso, que lo hacía sentir vivo. Era el sabor embriagador de un secreto bien guardado. Era la emoción de un riesgo disfrazado de certeza, el vértigo de tomar una decisión, de anticiparse a su reacción, de apostar todo en una jugada impulsiva.

    Y sin embargo, en el fondo de su ser, Takeo sabía que no era un capricho pasajero. Sabía que, una vez que diera el paso, no habría vuelta atrás. Pero ¿acaso no era eso lo más emocionante de todo?

    Finalmente, lo hizo.

    Firmó los papeles~
    Ahora era el dueño de una casa muy cerca de la Tokio Tower.
    Recorrió cada habitación sintiendo cómo la realidad tomaba forma ante sus ojos. No se quedó solo en la compra; eligió cuidadosamente algunos de los muebles, los detalles que harían de aquel espacio un hogar. Un sofá cómodo donde pudieran acurrucarse, una mesa de madera donde compartir desayunos, estantes que esperaban ser llenados con sus libros y pequeños objetos que hablaran de ellos.

    Era solo el inicio, pero ya podían comenzar a vivir en él. Y cuando Ohime cruzara por primera vez aquella puerta, cuando viera lo que había hecho por ellos, Takeo sabría que todo, cada impulso, cada locura, había valido la pena.
    Mientras que para otros, la ausencia de la pareja significaba desenfreno, un respiro de la rutina, un escape fugaz hacia lo prohibido, para Takeo... También significaba un desenfreno, despues de todo, él mismo se llamaba un animal poco racional. Era una rebelión silenciosa, una transgresión cuidadosamente calculada, un acto de insubordinación contra su propia sensatez. Lejos de Ohime, lejos de ella y su mirada inquisitiva, de la dulzura que siempre lo anclaba a él a la realidad, Takeo se permitía soñar sin ataduras, sin la prudencia que solía regir sus días. Se convertía en presa fácil de sus impulsos más intensos, de esos deseos que hervían en su interior y que, por más que intentara ignorarlos, seguían tentándolo con una promesa. Sabía que era una locura, que no debía, que no podía… pero aún así, lo hacía, lo imaginaba dia y noche. Porque había algo irresistible en la clandestinidad de aquel pensamiento, en la emoción de sumergirse en un deseo oculto, uno que no se atrevía a confesarle a Ohime. Porque era un anhelo egoísta que temía no encontrar eco en su voz. No quería que ella lo juzgara, no quería que lo detuviera, no quería que le preguntara si estaba seguro. Porque no lo estaba. Y, al mismo tiempo, lo estaba más que nunca. Cada noche, en la soledad de su habitación, Takeo cerraba los ojos y se permitía imaginarlo: un refugio en medio del bullicio, un lugar donde pudiera estar más cerca de sin las limitaciones de la distancia. Un departamento en Tokio, elegante pero acogedor, donde cada rincón estuviera impregnado de su presencia. Era un pensamiento que le aceleraba el pulso, que lo hacía sentir vivo. Era el sabor embriagador de un secreto bien guardado. Era la emoción de un riesgo disfrazado de certeza, el vértigo de tomar una decisión, de anticiparse a su reacción, de apostar todo en una jugada impulsiva. Y sin embargo, en el fondo de su ser, Takeo sabía que no era un capricho pasajero. Sabía que, una vez que diera el paso, no habría vuelta atrás. Pero ¿acaso no era eso lo más emocionante de todo? Finalmente, lo hizo. Firmó los papeles~ Ahora era el dueño de una casa muy cerca de la Tokio Tower. Recorrió cada habitación sintiendo cómo la realidad tomaba forma ante sus ojos. No se quedó solo en la compra; eligió cuidadosamente algunos de los muebles, los detalles que harían de aquel espacio un hogar. Un sofá cómodo donde pudieran acurrucarse, una mesa de madera donde compartir desayunos, estantes que esperaban ser llenados con sus libros y pequeños objetos que hablaran de ellos. Era solo el inicio, pero ya podían comenzar a vivir en él. Y cuando Ohime cruzara por primera vez aquella puerta, cuando viera lo que había hecho por ellos, Takeo sabría que todo, cada impulso, cada locura, había valido la pena.
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  • - Buenas gente bonita! Estoy en busca de buenos roleos, si alguien está aburrido como yo lo espero al privado

    *Saluda con una mano mientras con la otra soluciona un escape de una prisión en Rusia utilizando un clip de papel*
    - Buenas gente bonita! Estoy en busca de buenos roleos, si alguien está aburrido como yo lo espero al privado 🤙 *Saluda con una mano mientras con la otra soluciona un escape de una prisión en Rusia utilizando un clip de papel*
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  • ¿Sabes, Hope Mikaelson? El motel será una mierda, pero... la ducha es cojonuda..

    — Se asoma lo justo porque no quiere que el vapor que ha credo un microclima de jungla amazónica y su humedad allí dentro se escape. —
    ¿Sabes, [thetribrid]? El motel será una mierda, pero... la ducha es cojonuda.. — Se asoma lo justo porque no quiere que el vapor que ha credo un microclima de jungla amazónica y su humedad allí dentro se escape. —
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  • No me regales tus besos; permíteme robártelos con sigilo, saborearlos y perderme en su dulzura como si cada uno fuese el primero.

    Regálame tu mirada. Déjame encontrarla en cada rincón, hacerla mía en cada suspiro, hasta que el aliento se me escape en su fulgor.

    Regálame tu voz. Susurra mi nombre y hazlo eterno en tus labios.

    Y, a cambio, déjame entregarte mi alma. Cautiva en tus manos, rendida a tu voluntad, dispuesta a ser lo que desees.

    Tuyo, por y para siempre…

    𝑬𝒍𝒊𝒛𝒂𝒃𝒆𝒕𝒉 ✴ 𝑩𝒍𝒐𝒐𝒅𝒇𝒍𝒂𝒎𝒆
    No me regales tus besos; permíteme robártelos con sigilo, saborearlos y perderme en su dulzura como si cada uno fuese el primero. Regálame tu mirada. Déjame encontrarla en cada rincón, hacerla mía en cada suspiro, hasta que el aliento se me escape en su fulgor. Regálame tu voz. Susurra mi nombre y hazlo eterno en tus labios. Y, a cambio, déjame entregarte mi alma. Cautiva en tus manos, rendida a tu voluntad, dispuesta a ser lo que desees. Tuyo, por y para siempre… [Liz_bloodFlame]
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  • //Podéis responder aquí o por mp, sin problema.

    "𝐈'𝐥𝐥 𝐚𝐥𝐰𝐚𝐲𝐬 𝐞𝐬𝐜𝐚𝐩𝐞... 𝐀𝐧𝐝, 𝐬𝐨𝐦𝐞𝐝𝐚𝐲, 𝐈 𝐰𝐢𝐥𝐥 𝐫𝐢𝐩 𝐮𝐩 𝐲𝐨𝐮𝐫 𝐭𝐡𝐫𝐨𝐚𝐭 𝐰𝐢𝐭𝐡 𝐦𝐲 𝐟𝐚𝐧𝐠𝐬."

    Su última huida, a pesar de que ambos lograron eludir a sus captores durante mucho tiempo, no resultó tan fructífera como se esperaría. Finalmente dieron con ellos de nuevo, les castigaron de incontables formas y volvieron a la vida de mierda que parecía ser su destino, uno que se repetiría una y otra vez, o al menos eso empezaba a creer.
    El largo viaje, a las nuevas tierras que serían anfitrionas de las luchas clandestinas de bestias, finalizó con una jornada de innombrables humillaciones a las criaturas por parte de su amo, Ivo Dupont, el cual se volvió aún más desalmado, obsesivo, depravado y sádico desde el último intento de escape de los chicos.

    Aquella misma noche les tocaba pelear a ambos wendigos y la batalla no resultaría para nada sencilla. Ardua y pesada esta les dejó graves heridas que dada su pobre alimentación no sanarían rápidamente. Lo que era peor, ambos eran conscientes de lo que les esperaba como "celebración" dada la euforia de su amo ante una batalla ganada y solo imaginarlo a Kahalan se le ponía la piel de gallina y se le revolvía el estómago. Debían huir, bajo cualquier costo. Sabían que serían atrapados pues los rastrearían mediante los dispositivos de localización en sus nucas, pero aún así debían intentarlo, como tantas otras veces lo hicieron en diversas ciudades del mundo.
    En medio de la anarquía y locura que ocasionó su huida, provocado varias muertes, heridos y peleas a su paso, acabaron tomado caminos separados sin poder evitarlo, siendo cada uno de ellos (así como otras criaturas que aprovecharon la oportunidad) perseguidos por diversos grupos mafiosos que allí se encontraban, principalmente por los hombres del ya mencionado y poderoso, Ivo.

    Los pasos de la apresurada fuga de Kahalan lo llevaron a la ciudad, repleta de oscuras calles que no conocía y otras a penas iluminadas por algunas farolas. No podía distraerse, un solo movimiento en falso y sería atrapado y por ende, castigado. Sin embargo las heridas abiertas no cesaban de sangrar y los huesos rotos no parecían soldar velozmente, todo a causa del poco alimento que su amo les ofrecía para poder mantenerlos a raya. Dejó que sus pasos le llevasen hasta un pequeño callejón sin un ápice de luz, cayendo con la espalda apoyada a un viejo y sucio contenedor de basura que albergaba los asquerosos restos de los antros y clubes de alrededor, que aún se mantenían abiertos al público y con música estridente que resonaba por todas partes.
    Aún mantenía su forma de wendigo, suerte para él que pareció que ningún humano le vio, por lo que debía cambiar. Dio paso a la transformación, dolorosa sin duda, pues sus huesos debían romperse y sus músculos y piel desgarrarse para dar paso a una apariencia más humana.
    Gritaba de dolor a pesar de que intentaba contenerse con las pocas fuerzas que le restaban. Retorciéndose en el suelo.

    -¡Aaaah! ¡Joder!.... ¡Ggh!

    Algo bueno es que al hacer eso, sus huesos se volvían a soldar por si solos, aunque las heridas abiertas no cerraban bien.
    Su cuerpo, delgado pero atlético estaba cubierto de incontables cicatrices antiguas y recientes. A demás, la poca ropa que llevaba, a parte de sucia, estaba completamente desgarrada.

    Sabía que los estarían siguiendo a ambos y que no tendría demasiado tiempo para reposar y esperar a que sus heridas sanen, no tardarían en dar con él. Debía encontrar un humano del que alimentarse cuanto antes, para recobrar algo de fuerza rápido y poder seguir huyendo. Intentó ponerse en pie, sujetándose a las mugrientas paredes del callejón, casi arrastrándose hacia la salida de este y, sin pensarlo dos veces mientras su visión se volvía borrosa y la respiración pesada por el dolor y el hambre, se aferró con fuerza a las ropas de la primera persona que pasó por delante de él.
    //Podéis responder aquí o por mp, sin problema. "𝐈'𝐥𝐥 𝐚𝐥𝐰𝐚𝐲𝐬 𝐞𝐬𝐜𝐚𝐩𝐞... 𝐀𝐧𝐝, 𝐬𝐨𝐦𝐞𝐝𝐚𝐲, 𝐈 𝐰𝐢𝐥𝐥 𝐫𝐢𝐩 𝐮𝐩 𝐲𝐨𝐮𝐫 𝐭𝐡𝐫𝐨𝐚𝐭 𝐰𝐢𝐭𝐡 𝐦𝐲 𝐟𝐚𝐧𝐠𝐬." Su última huida, a pesar de que ambos lograron eludir a sus captores durante mucho tiempo, no resultó tan fructífera como se esperaría. Finalmente dieron con ellos de nuevo, les castigaron de incontables formas y volvieron a la vida de mierda que parecía ser su destino, uno que se repetiría una y otra vez, o al menos eso empezaba a creer. El largo viaje, a las nuevas tierras que serían anfitrionas de las luchas clandestinas de bestias, finalizó con una jornada de innombrables humillaciones a las criaturas por parte de su amo, Ivo Dupont, el cual se volvió aún más desalmado, obsesivo, depravado y sádico desde el último intento de escape de los chicos. Aquella misma noche les tocaba pelear a ambos wendigos y la batalla no resultaría para nada sencilla. Ardua y pesada esta les dejó graves heridas que dada su pobre alimentación no sanarían rápidamente. Lo que era peor, ambos eran conscientes de lo que les esperaba como "celebración" dada la euforia de su amo ante una batalla ganada y solo imaginarlo a Kahalan se le ponía la piel de gallina y se le revolvía el estómago. Debían huir, bajo cualquier costo. Sabían que serían atrapados pues los rastrearían mediante los dispositivos de localización en sus nucas, pero aún así debían intentarlo, como tantas otras veces lo hicieron en diversas ciudades del mundo. En medio de la anarquía y locura que ocasionó su huida, provocado varias muertes, heridos y peleas a su paso, acabaron tomado caminos separados sin poder evitarlo, siendo cada uno de ellos (así como otras criaturas que aprovecharon la oportunidad) perseguidos por diversos grupos mafiosos que allí se encontraban, principalmente por los hombres del ya mencionado y poderoso, Ivo. Los pasos de la apresurada fuga de Kahalan lo llevaron a la ciudad, repleta de oscuras calles que no conocía y otras a penas iluminadas por algunas farolas. No podía distraerse, un solo movimiento en falso y sería atrapado y por ende, castigado. Sin embargo las heridas abiertas no cesaban de sangrar y los huesos rotos no parecían soldar velozmente, todo a causa del poco alimento que su amo les ofrecía para poder mantenerlos a raya. Dejó que sus pasos le llevasen hasta un pequeño callejón sin un ápice de luz, cayendo con la espalda apoyada a un viejo y sucio contenedor de basura que albergaba los asquerosos restos de los antros y clubes de alrededor, que aún se mantenían abiertos al público y con música estridente que resonaba por todas partes. Aún mantenía su forma de wendigo, suerte para él que pareció que ningún humano le vio, por lo que debía cambiar. Dio paso a la transformación, dolorosa sin duda, pues sus huesos debían romperse y sus músculos y piel desgarrarse para dar paso a una apariencia más humana. Gritaba de dolor a pesar de que intentaba contenerse con las pocas fuerzas que le restaban. Retorciéndose en el suelo. -¡Aaaah! ¡Joder!.... ¡Ggh! Algo bueno es que al hacer eso, sus huesos se volvían a soldar por si solos, aunque las heridas abiertas no cerraban bien. Su cuerpo, delgado pero atlético estaba cubierto de incontables cicatrices antiguas y recientes. A demás, la poca ropa que llevaba, a parte de sucia, estaba completamente desgarrada. Sabía que los estarían siguiendo a ambos y que no tendría demasiado tiempo para reposar y esperar a que sus heridas sanen, no tardarían en dar con él. Debía encontrar un humano del que alimentarse cuanto antes, para recobrar algo de fuerza rápido y poder seguir huyendo. Intentó ponerse en pie, sujetándose a las mugrientas paredes del callejón, casi arrastrándose hacia la salida de este y, sin pensarlo dos veces mientras su visión se volvía borrosa y la respiración pesada por el dolor y el hambre, se aferró con fuerza a las ropas de la primera persona que pasó por delante de él.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.
    //Vale, algunas personas se pueden sentir confusas, sí, soy yo, la usser de Kahalan y de otro par de roles que tenía aquí (por ejemplo Shinobu Ikeda) que como podréis comprobar, han desaparecido.

    Vamos a aclarar un par de cosas al respecto. Por varios motivos que no quiero hacer públicos no tenía intención de volver ni aquí ni a ninguna otra plataforma de rol. Peeeero~ Mi hijo me llama, le tengo demasiado cariño a Kahalan (a mis otros bebés también, pero él fue siempre el principal, lo siento)

    Y para ser totalmente sincera, una de las cosas que me motivó a querer volver con mi señor mosqueón fue el reciente mv de "Escape" de Stray Kids hahahaha, culpa de ellos. A de más de que el usser de Caín y yo somos amigos casi de toda la vida y bueno, se echaba de menos rolear con él hahahaha.

    Aclarado esto, espero volver a ver a gente con la que roleaba aquí y todos sois bienvenidos a crear fantásticas historias junto a mi hijo.

    Posible pregunta que alguno os haréis: ¿Tengo intención de volver a traer a la vida a mis otros hijos? Por el momento no, quizá más a delante, no lo descarto.

    Saludos~

    Att. Laufey
    //Vale, algunas personas se pueden sentir confusas, sí, soy yo, la usser de Kahalan y de otro par de roles que tenía aquí (por ejemplo Shinobu Ikeda) que como podréis comprobar, han desaparecido. Vamos a aclarar un par de cosas al respecto. Por varios motivos que no quiero hacer públicos no tenía intención de volver ni aquí ni a ninguna otra plataforma de rol. Peeeero~ Mi hijo me llama, le tengo demasiado cariño a Kahalan (a mis otros bebés también, pero él fue siempre el principal, lo siento) Y para ser totalmente sincera, una de las cosas que me motivó a querer volver con mi señor mosqueón fue el reciente mv de "Escape" de Stray Kids hahahaha, culpa de ellos. A de más de que el usser de Caín y yo somos amigos casi de toda la vida y bueno, se echaba de menos rolear con él hahahaha. Aclarado esto, espero volver a ver a gente con la que roleaba aquí y todos sois bienvenidos a crear fantásticas historias junto a mi hijo. Posible pregunta que alguno os haréis: ¿Tengo intención de volver a traer a la vida a mis otros hijos? Por el momento no, quizá más a delante, no lo descarto. Saludos~ Att. Laufey
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Lamento si me les escape pero me cayo un bloqueo cañon.
    No pude seguir y mejor le dejo así a responder mal
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  • El color era un blanco deslumbrante, tan puro que casi dolía. Al principio pensé que estaba ciego, que mi vista se había vuelto inútil en este lugar. Pero no, era el blanco. Un blanco que no tenía sombra, que no podía ser tocado ni comprendido. Todo lo que veía se desvanecía en su resplandor, y me pregunté si alguna vez había conocido la oscuridad o el contraste.

    Mis ojos, antes acostumbrados a los matices cálidos de mi ser, ahora se deshacían bajo este horizonte de luz cegadora. Miré mis manos nuevamente. El rojo de mi piel, la intensidad de mi cabello… se estaban disolviendo. El blanco me tragaba, me arrastraba hacia él como una corriente invisible. Mis propios colores se fragmentaban y se fundían con él, como si nunca hubieran sido míos.

    —No… —susurré, el sonido de mi voz quedando ahogado en ese mar de blanco—. ¿Dónde está todo lo que soy?

    No había sombra para darme forma. No había contornos que me definieran. Era como si mi existencia misma estuviera desmoronándose en la pureza cegadora de este mundo, perdiendo toda esencia, toda diferencia.

    El blanco era infinito, pero no por su magnitud, sino por su vacío. La luz no era luz, era una fuerza que eliminaba todo lo que tocaba, que arrancaba las huellas de mi ser. Me sentí vaciarme, como si el propio color me negara la posibilidad de existir de la forma en que lo había hecho hasta ahora.

    No pude evitarlo. Me agaché, cerrando los ojos con fuerza, intentando escapar de la opresión de este blanco absoluto. Pero no había escape. Y en ese momento entendí: en este lugar, los colores no solo eran independientes de mí, sino que me habían abandonado por completo.
    El color era un blanco deslumbrante, tan puro que casi dolía. Al principio pensé que estaba ciego, que mi vista se había vuelto inútil en este lugar. Pero no, era el blanco. Un blanco que no tenía sombra, que no podía ser tocado ni comprendido. Todo lo que veía se desvanecía en su resplandor, y me pregunté si alguna vez había conocido la oscuridad o el contraste. Mis ojos, antes acostumbrados a los matices cálidos de mi ser, ahora se deshacían bajo este horizonte de luz cegadora. Miré mis manos nuevamente. El rojo de mi piel, la intensidad de mi cabello… se estaban disolviendo. El blanco me tragaba, me arrastraba hacia él como una corriente invisible. Mis propios colores se fragmentaban y se fundían con él, como si nunca hubieran sido míos. —No… —susurré, el sonido de mi voz quedando ahogado en ese mar de blanco—. ¿Dónde está todo lo que soy? No había sombra para darme forma. No había contornos que me definieran. Era como si mi existencia misma estuviera desmoronándose en la pureza cegadora de este mundo, perdiendo toda esencia, toda diferencia. El blanco era infinito, pero no por su magnitud, sino por su vacío. La luz no era luz, era una fuerza que eliminaba todo lo que tocaba, que arrancaba las huellas de mi ser. Me sentí vaciarme, como si el propio color me negara la posibilidad de existir de la forma en que lo había hecho hasta ahora. No pude evitarlo. Me agaché, cerrando los ojos con fuerza, intentando escapar de la opresión de este blanco absoluto. Pero no había escape. Y en ese momento entendí: en este lugar, los colores no solo eran independientes de mí, sino que me habían abandonado por completo.
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  • Solo me escape un rato a mundo mortal ..... se que encontrare algo por aqui
    Solo me escape un rato a mundo mortal ..... se que encontrare algo por aqui
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