• Sury Sakai
    Ficha de Personaje (OC) Información General Nombre:  Sury Sakai Edad:  17 años..  Género: Femenino. Especie/Raza:  Humana. Rol / Clase:  En su vida pasada fue una cazadora de demonios..  Ocupación: Actualmente estudia medicina, su vida es tranquila y monótona. Apariencia Altura: Aproximadamente 157 cm ...
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  • Adán la había dejado sola en su habitación, con una lista de mandados de lo que sería una salida, en su opinión, interminable y, para variar, con solo media hora para prepararse e ir al punto de encuentro. ¿El problema? Ella no tenía absolutamente nada de ropa, ni siquiera de playa ¿De dónde sacarla? Abrir su armario era lo mismo que abrir el armario de un emo. Todo igual.
    Solo varios conjuntos de su ropa como exterminadora y nada para una salida casual después de todo ... ¿Para que necesitaría ella salidas casuales? Era una guerrera, debía entrenar y prepararse para pelear, no jugar a ser una barbie delicada en una cita que ni siquiera era cita aunque sonaba como una...

    "Eso te pasa por marimacha" le había dicho el fantasma de su Adán ocasionando que se le escapara un gruñido. La impuntualidad tampoco era de su agrado y aún así no le quedaba más opción que tratar de ir rápido a la primera tienda de ropa que encontrara y comprarse un conjunto para salir y una ropa de baño para la playa. ¡Al menos podría haberle dado una hora! Lo único bueno que podía sacar de aquello es que podía tomarlo como un entrenamiento de vuelo, pues al salir de su habitación y del edificio donde vivía a paso rápido extendió sus alas y emprendió el vuelo de forma rápida y precisa.
    En momento como ese agradecía ser una guerrera, tal vez la mejor, pues al menos para cuando volvió a su habitación tras comprar lo primero que encontró y supuso le quedaba, aún tenía unos 15 minutos... Tal vez menos. Odiaba a Adán a veces, pero le podía aún más lo que lo amaba por lo que, bufando, debió irse a dar una ducha rápido antes de cambiarse. Mirándose en el espejo de su cuarto en lo que se acomodaba el vestido tras haberse puesto unas botas altas hasta la rodilla con tacón e incluso una especie de malla oscura que cubría todo su cuerpo.

    — Ugh.... Me veo ridícula... —

    Se dijo a sí mismo pues aquel tipo de prendas jamás habían sido su estilo. Sin embargo, ya no tenía tiempo. Menos de cinco minutos para llegar cuando acabó, casi maldiciendo en lo que se peinaba el corto cabello con una mano y salía rápido de su habitación.
    Apenas habían pasado cinco minutos de la hora acordada cuando sus alas dejaron de batirse en cuanto sus pies tocaron el suelo. Suspirando, se acomodó un mechón de cabello que el viento le había arruinado. No muy lejos pudo notar a Adán . Su corazón latía acelerado sintiéndose aún más ridícula por sentirse nerviosa, negando con la cabeza mientras intentaba distraerse para evitar el sonrojo volviera a sus mejillas. Era una exterminadora, no podía comportarse como una niñata. Tomó aire y exhaló antes de volver a su expresión habitual y comenzar a caminar hacia donde el otro se encontraba.

    — Siento la demora, señor — Se disculpó con la misma postura estoica habitual en cuanto llegó donde él. Su cabeza en alto, pese a que un segundo antes de hablarse se había bajado nuevamente la falda de su vestido. Una prenda que sentía no iba con ella.
    Adán la había dejado sola en su habitación, con una lista de mandados de lo que sería una salida, en su opinión, interminable y, para variar, con solo media hora para prepararse e ir al punto de encuentro. ¿El problema? Ella no tenía absolutamente nada de ropa, ni siquiera de playa ¿De dónde sacarla? Abrir su armario era lo mismo que abrir el armario de un emo. Todo igual. Solo varios conjuntos de su ropa como exterminadora y nada para una salida casual después de todo ... ¿Para que necesitaría ella salidas casuales? Era una guerrera, debía entrenar y prepararse para pelear, no jugar a ser una barbie delicada en una cita que ni siquiera era cita aunque sonaba como una... "Eso te pasa por marimacha" le había dicho el fantasma de su Adán ocasionando que se le escapara un gruñido. La impuntualidad tampoco era de su agrado y aún así no le quedaba más opción que tratar de ir rápido a la primera tienda de ropa que encontrara y comprarse un conjunto para salir y una ropa de baño para la playa. ¡Al menos podría haberle dado una hora! Lo único bueno que podía sacar de aquello es que podía tomarlo como un entrenamiento de vuelo, pues al salir de su habitación y del edificio donde vivía a paso rápido extendió sus alas y emprendió el vuelo de forma rápida y precisa. En momento como ese agradecía ser una guerrera, tal vez la mejor, pues al menos para cuando volvió a su habitación tras comprar lo primero que encontró y supuso le quedaba, aún tenía unos 15 minutos... Tal vez menos. Odiaba a Adán a veces, pero le podía aún más lo que lo amaba por lo que, bufando, debió irse a dar una ducha rápido antes de cambiarse. Mirándose en el espejo de su cuarto en lo que se acomodaba el vestido tras haberse puesto unas botas altas hasta la rodilla con tacón e incluso una especie de malla oscura que cubría todo su cuerpo. — Ugh.... Me veo ridícula... — Se dijo a sí mismo pues aquel tipo de prendas jamás habían sido su estilo. Sin embargo, ya no tenía tiempo. Menos de cinco minutos para llegar cuando acabó, casi maldiciendo en lo que se peinaba el corto cabello con una mano y salía rápido de su habitación. Apenas habían pasado cinco minutos de la hora acordada cuando sus alas dejaron de batirse en cuanto sus pies tocaron el suelo. Suspirando, se acomodó un mechón de cabello que el viento le había arruinado. No muy lejos pudo notar a [D1ckM4ster]. Su corazón latía acelerado sintiéndose aún más ridícula por sentirse nerviosa, negando con la cabeza mientras intentaba distraerse para evitar el sonrojo volviera a sus mejillas. Era una exterminadora, no podía comportarse como una niñata. Tomó aire y exhaló antes de volver a su expresión habitual y comenzar a caminar hacia donde el otro se encontraba. — Siento la demora, señor — Se disculpó con la misma postura estoica habitual en cuanto llegó donde él. Su cabeza en alto, pese a que un segundo antes de hablarse se había bajado nuevamente la falda de su vestido. Una prenda que sentía no iba con ella.
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  • —Un detalle fascinante es que la probabilidad de que una mujer oni resista el embarazo de un hombre lobo son altas además sería una buena genética

    —Mantiene pensando esa posibilidad.—
    —Un detalle fascinante es que la probabilidad de que una mujer oni resista el embarazo de un hombre lobo son altas además sería una buena genética —Mantiene pensando esa posibilidad.—
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  • La noche de los desaparecidos
    Fandom X-Files
    Categoría Suspenso
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    Antes de entrar en la oficina, Dana Scully había pasado por la cafetería que había al final de la calle. Si iba a tener que aguantar a Fox "Spooky" Mulder iba a necesitar un café bien cargado, por lo que tomando asiento en la barra, y dejando el bolso que llevaba en su regazo, pidió uno.

    Hubiera sido para llevar, pero vio que el periódico se encontraba sobre la barra, sin nadie que lo estuviera leyendo y pensó que podría leerlo mientras se lo tomaba. Necesitaba algo con coherencia antes de bajar al sótano y volver a todas esas cintas, películas antiguas y diapositivas que probablemente hubieran tenido errores a la hora de crearlas y eso explicaba todas las cosas que Mulder llamaba "sobrenaturales". Pero Dana no tenía ganas de discutirle, no estaba allí para eso, sino para documentar el método científico que usaba en los casos.

    Sin embargo, Dana chasqueó la lengua, pensando que ni en ese momento de tranquilidad iba a poder librarse de las cosas "extrañas". Su café había llegado y estaba abriendo el sobre de azúcar para echárselo, mientras leía el titular de la noticia. "Apareció tras diez años desaparecido".

    El artículo hablaba de cosas que habían estado sucediendo en Eugene, Oregón, había vivido en las últimas semanas una extraña situación. Personas que habían estado desapareciendo en los últimos 15 años, y que ya habían sido declaradas muertas, habían ido apareciendo. El primer caso era el de Mike Thompson, un muchacho de 20 años que desapareció mientras iba a la universidad y que al volver, no sólo era como si el tiempo no hubiera pasado para él, pues seguía igual, sino que hablaba como si todavía siguiera con su rutina de hace 14 años.

    El último de los casos había sido el de Mila Gomes, una señora que había desaparecido hacía 10 años, mientras estaba fuera, haciendo la compra y que al volver, hasta los productos que llevaba se sentían como si no hubieran caducado, a pesar de que la mayoría tenían una fecha muy anterior.

    Dana leyó el artículo, chasqueando la lengua, y pensando que aquello era sólo personas queriendo aprovecharse de situaciones así. Terminó el café, pagó y dejó el periódico sobre la barra para el siguiente cliente, antes de salir de la cafetería.

    Cruzó la entrada del edificio gubernamental, pasando su identificación y sin perder el tiempo se dirigió al ascensor. Saludó a algunos compañeros por el camino, y bajó.

    Mientras recorría el pequeño y estrecho pasillo desde el ascensor, hasta la oficina de los X-Files, Dana sólo deseó que Mulder no hubiera leído aquella mañana el periódico y que allí no hubiera un caso o varios casos, ligados a esas desapariciones.
    [TRUSTNO1] Antes de entrar en la oficina, Dana Scully había pasado por la cafetería que había al final de la calle. Si iba a tener que aguantar a Fox "Spooky" Mulder iba a necesitar un café bien cargado, por lo que tomando asiento en la barra, y dejando el bolso que llevaba en su regazo, pidió uno. Hubiera sido para llevar, pero vio que el periódico se encontraba sobre la barra, sin nadie que lo estuviera leyendo y pensó que podría leerlo mientras se lo tomaba. Necesitaba algo con coherencia antes de bajar al sótano y volver a todas esas cintas, películas antiguas y diapositivas que probablemente hubieran tenido errores a la hora de crearlas y eso explicaba todas las cosas que Mulder llamaba "sobrenaturales". Pero Dana no tenía ganas de discutirle, no estaba allí para eso, sino para documentar el método científico que usaba en los casos. Sin embargo, Dana chasqueó la lengua, pensando que ni en ese momento de tranquilidad iba a poder librarse de las cosas "extrañas". Su café había llegado y estaba abriendo el sobre de azúcar para echárselo, mientras leía el titular de la noticia. "Apareció tras diez años desaparecido". El artículo hablaba de cosas que habían estado sucediendo en Eugene, Oregón, había vivido en las últimas semanas una extraña situación. Personas que habían estado desapareciendo en los últimos 15 años, y que ya habían sido declaradas muertas, habían ido apareciendo. El primer caso era el de Mike Thompson, un muchacho de 20 años que desapareció mientras iba a la universidad y que al volver, no sólo era como si el tiempo no hubiera pasado para él, pues seguía igual, sino que hablaba como si todavía siguiera con su rutina de hace 14 años. El último de los casos había sido el de Mila Gomes, una señora que había desaparecido hacía 10 años, mientras estaba fuera, haciendo la compra y que al volver, hasta los productos que llevaba se sentían como si no hubieran caducado, a pesar de que la mayoría tenían una fecha muy anterior. Dana leyó el artículo, chasqueando la lengua, y pensando que aquello era sólo personas queriendo aprovecharse de situaciones así. Terminó el café, pagó y dejó el periódico sobre la barra para el siguiente cliente, antes de salir de la cafetería. Cruzó la entrada del edificio gubernamental, pasando su identificación y sin perder el tiempo se dirigió al ascensor. Saludó a algunos compañeros por el camino, y bajó. Mientras recorría el pequeño y estrecho pasillo desde el ascensor, hasta la oficina de los X-Files, Dana sólo deseó que Mulder no hubiera leído aquella mañana el periódico y que allí no hubiera un caso o varios casos, ligados a esas desapariciones.
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    Cualquier línea
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  • — El primer desayuno que le hago a mi amorcito Dąrkūš Wøl£
    — El primer desayuno que le hago a mi amorcito [mirage_cyan_wolf_604]
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  • ¿Dónde está? No tiene idea. ¿Quién es él mismo? Tampoco. Pero sí que tenía ansias de destruirlo absolutamente todo.

    — Uuuhh... —

    Se le escapó en una exclamación cuando descubrió podía hacer emerger tentáculos desde su espalda y transportarse a través de las sombras.
    Una pequeña risa malvada que se le escapó en lo que observaba sus garras, ahora, parado en dos patas.

    — Aka Tooka — Se dijo a sí mismo en voz alta antes de reír. Vio una sombra emerger, atada a sus pies pero que no se reflejaba con su apariencia, una humana, una distinta que, aunque con cierta preocupación, lo observó ladeando la cabeza en lo que reía. — Bucha Chi Bagga Chan Chiti —

    Le dijo antes de reír desapareciendo entre la oscuridad de las sombras
    ¿Dónde está? No tiene idea. ¿Quién es él mismo? Tampoco. Pero sí que tenía ansias de destruirlo absolutamente todo. — Uuuhh... — Se le escapó en una exclamación cuando descubrió podía hacer emerger tentáculos desde su espalda y transportarse a través de las sombras. Una pequeña risa malvada que se le escapó en lo que observaba sus garras, ahora, parado en dos patas. — Aka Tooka — Se dijo a sí mismo en voz alta antes de reír. Vio una sombra emerger, atada a sus pies pero que no se reflejaba con su apariencia, una humana, una distinta que, aunque con cierta preocupación, lo observó ladeando la cabeza en lo que reía. — Bucha Chi Bagga Chan Chiti — Le dijo antes de reír desapareciendo entre la oscuridad de las sombras
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  • ¡Feliz cumpleaños Eddie Munson!
    ¡Feliz cumpleaños [haze_lime_crow_601]!
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  • — Hola, me aburro, adiós .
    — Hola, me aburro, adiós 💋.
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  • La lluvia golpeaba suavemente contra los ventanales del lujoso hotel, pintando siluetas borrosas en los cristales. Afuera, la ciudad parecía susurrar secretos entre gotas, mientras las luces de los autos creaban reflejos temblorosos en el pavimento mojado.

    Dentro del vestíbulo principal, la bajita puercoespín se encontraba de pie, inmóvil como una estatua, con un esmoquin negro perfectamente ajustado a su figura delgada y femenina.

    Su corbata se le había torcido por la carrera anterior, así que, con una expresión tranquila y dedos ágiles, se la acomodó frente a un espejo cercano. Sus ojos, más brillantes que nunca, reflejaban una mezcla de emoción y concentración.

    —Mi primer trabajo como guarda de seguridad. —murmuró para sí, dejando escapar una sonrisa, mientras pensaba en lo emocionada: ser guarda de seguridad de un político extranjero en medio de una situación peligrosa.

    **La misión comenzó desde la puerta del hotel.**
    Cuando el cliente bajó, rodeado de asistentes y escoltas tradicionales, la puercoespín caminaba a su lado con paso seguro. De pronto, entre la multitud y la lluvia, una figura sospechosa se lanzó hacia el cliente empuñando un arma.

    —¡Hey! ¡Usted! —gritó un guardaespaldas, pero fue la roedora quien reaccionó primero.

    Con un giro ágil, la hembra dio un salto, y con un giro de sus piernas, conectó una patada directa al rostro del agresor. El sujeto cayó al suelo, inconsciente, antes de que pudiera apretar el gatillo.

    —Esto de futbolista me ayuda bastante. —murmuró, sacudiéndose el pantalón con aire despreocupado.

    Horas más tarde, la puercoespín se mantuvo de pie en una esquina, con los brazos cruzados y la mirada fija como la de un halcón. Su aura, perfectamente controlada, cubría el perímetro. No decía ni una palabra, pero los cazadores de tesoros, mercenarios y ladrones que pensaban robar algo... al sentir esa presión, simplemente se retiraban con un sudor frío recorriéndoles la espalda.

    Al caer altas horas de la noche, la criatura tras terminar su trabajo, se dispone a regresar a casa caminando y empapada.por la lluvia, la joven miró su reflejo en un charco, sonriendo feliz.
    La lluvia golpeaba suavemente contra los ventanales del lujoso hotel, pintando siluetas borrosas en los cristales. Afuera, la ciudad parecía susurrar secretos entre gotas, mientras las luces de los autos creaban reflejos temblorosos en el pavimento mojado. Dentro del vestíbulo principal, la bajita puercoespín se encontraba de pie, inmóvil como una estatua, con un esmoquin negro perfectamente ajustado a su figura delgada y femenina. Su corbata se le había torcido por la carrera anterior, así que, con una expresión tranquila y dedos ágiles, se la acomodó frente a un espejo cercano. Sus ojos, más brillantes que nunca, reflejaban una mezcla de emoción y concentración. —Mi primer trabajo como guarda de seguridad. —murmuró para sí, dejando escapar una sonrisa, mientras pensaba en lo emocionada: ser guarda de seguridad de un político extranjero en medio de una situación peligrosa. **La misión comenzó desde la puerta del hotel.** Cuando el cliente bajó, rodeado de asistentes y escoltas tradicionales, la puercoespín caminaba a su lado con paso seguro. De pronto, entre la multitud y la lluvia, una figura sospechosa se lanzó hacia el cliente empuñando un arma. —¡Hey! ¡Usted! —gritó un guardaespaldas, pero fue la roedora quien reaccionó primero. Con un giro ágil, la hembra dio un salto, y con un giro de sus piernas, conectó una patada directa al rostro del agresor. El sujeto cayó al suelo, inconsciente, antes de que pudiera apretar el gatillo. —Esto de futbolista me ayuda bastante. —murmuró, sacudiéndose el pantalón con aire despreocupado. Horas más tarde, la puercoespín se mantuvo de pie en una esquina, con los brazos cruzados y la mirada fija como la de un halcón. Su aura, perfectamente controlada, cubría el perímetro. No decía ni una palabra, pero los cazadores de tesoros, mercenarios y ladrones que pensaban robar algo... al sentir esa presión, simplemente se retiraban con un sudor frío recorriéndoles la espalda. Al caer altas horas de la noche, la criatura tras terminar su trabajo, se dispone a regresar a casa caminando y empapada.por la lluvia, la joven miró su reflejo en un charco, sonriendo feliz.
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  • No prestaba atención a nada en específico, todo parecía carecer de interés para ella. Sus ojos azules vagaban sin rumbo, desprovistos de un propósito claro. A su alrededor, la ciudad resplandecía. Incluso durante la noche, el bullicio urbano se hacía presente: los carteles luminosos con sus llamativas publicidades, las luces que delineaban las calles y coronaban los edificios. Sin embargo, nada de aquello lograba capturar su atención. Con el codo descansando suavemente sobre la barandilla y la mano sosteniendo su mentón, parecía debatirse entre el aburrimiento y la reflexión.

    ──── "No puedo creer que haya pasado tanto tiempo..." ──── pensó con melancolía, mientras exhalaba por los labios, liberando apenas un suspiro, como queriendo desprenderse de algo que pesaba en su interior ──── Si estuvieras aquí, probablemente te pediría... ──── susurró en voz baja, hablando para sí misma. Pero antes de decir algo "indebido", optó por interrumpirse. ¿Para qué decir más? Al final del día, el orgullo Viltrumita no era algo que pudiera disiparse fácilmente, aun después de tantos años viviendo en la Tierra.

    ──── ¿Pero que estoy diciendo? debo estar loca.
    No prestaba atención a nada en específico, todo parecía carecer de interés para ella. Sus ojos azules vagaban sin rumbo, desprovistos de un propósito claro. A su alrededor, la ciudad resplandecía. Incluso durante la noche, el bullicio urbano se hacía presente: los carteles luminosos con sus llamativas publicidades, las luces que delineaban las calles y coronaban los edificios. Sin embargo, nada de aquello lograba capturar su atención. Con el codo descansando suavemente sobre la barandilla y la mano sosteniendo su mentón, parecía debatirse entre el aburrimiento y la reflexión. ──── "No puedo creer que haya pasado tanto tiempo..." ──── pensó con melancolía, mientras exhalaba por los labios, liberando apenas un suspiro, como queriendo desprenderse de algo que pesaba en su interior ──── Si estuvieras aquí, probablemente te pediría... ──── susurró en voz baja, hablando para sí misma. Pero antes de decir algo "indebido", optó por interrumpirse. ¿Para qué decir más? Al final del día, el orgullo Viltrumita no era algo que pudiera disiparse fácilmente, aun después de tantos años viviendo en la Tierra. ──── ¿Pero que estoy diciendo? debo estar loca.
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