*La destrucción, desenlace de la batalla entre Veythra y Vharkhul por ahora.*
Jenny Queen Orc ・❥・ Fenrir Queen・❥・
No me aparto.
Ni cuando lo siento.
Esa cosa… trepando por mi hombro… abriéndose paso bajo la piel como si ya me perteneciera.
Ojos. Dientes. Hambre.
Sonrío.
—Así que… aprendes.
Las grietas se abren sobre mí.
Las manos negras descienden.
Lentas.
Pesadas.
Inevitables.
Perfecto.
Flexiono ligeramente las rodillas.
Y caigo.
No hacia atrás.
No hacia un lado.
Hacia abajo.
Más profundo que ellas.
Más rápido.
Mi cuerpo desciende como una bala, arrastrándolo conmigo sin soltar la guadaña atrapada en su carne, forzando su propio peso a seguirme mientras atravieso las manos negras desde abajo.
Golpeo.
Una.
Dos.
Ambas manos estallan al contacto, desviadas, abiertas, incapaces de cerrarse.
Y no me detengo.
La tierra cede.
Capas de roca, presión, oscuridad…
Todo se rompe a nuestro paso.
Kilómetros.
Más.
Más.
Hasta que…
Impactamos.
El núcleo.
Un segundo suspendido.
El mundo conteniendo el aliento.
Y entonces…
Lo uso.
La gravedad se pliega.
Se invierte.
Se rompe.
Y lo lanzo.
De abajo hacia arriba.
Atravesamos el planeta entero como un disparo imposible, arrastrando grietas, fracturas, fuego… el mundo se abre en dos direcciones, incapaz de sostener el paso de nuestros cuerpos.
Hasta que salimos.
Al otro lado.
El impacto final nos separa.
Carne.
Hueso.
Fragmentos.
Dos cuerpos destrozados…
Que empiezan a rehacerse.
Silencio.
Un latido.
Otro.
Mi forma orca…
Cede.
Pero no como aparento.
No es decisión.
No es control.
Es el límite.
Una grieta interna que no puedo sostener más tiempo.
Aun así… sonrío.
Como si lo hubiera elegido.
Como si siempre hubiera sido parte del plan.
La piel se suaviza.
Las líneas brutales desaparecen.
La melena cae dorada sobre mis hombros, larga, salvaje… mis ojos aún ardiendo con ese brillo indomable. Mi figura vuelve a ser esbelta… elegante… engañosa.
Pero la sonrisa…
Esa no cambia.
—Basta.
Mi voz corta el aire.
Ligera.
Casi aburrida.
—Admito que es divertido…
Inclino la cabeza, observándolo regenerarse.
—Pero tengo cachorros en este mundo.
Una pausa.
—El combate acaba aquí.
Una pequeña risa.
Suave.
Turbia.
—Y ahora.
Miro alrededor.
El mundo…
Irreconocible.
Grietas.
Fuego.
Restos de algo que fue estable.
Me encojo ligeramente de hombros.
—Ya alguien arreglará este desastre…
Mis labios se curvan.
—Khkhehe.
El ogro parecía satisfecho alimentándose de los huesos de los habitantes de una ciudad arrasada.
Se respiraba Caos y Veythra lo sentía en su ser.
*La destrucción, desenlace de la batalla entre Veythra y Vharkhul por ahora.*
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[Sury_Sakai_1724]
No me aparto.
Ni cuando lo siento.
Esa cosa… trepando por mi hombro… abriéndose paso bajo la piel como si ya me perteneciera.
Ojos. Dientes. Hambre.
Sonrío.
—Así que… aprendes.
Las grietas se abren sobre mí.
Las manos negras descienden.
Lentas.
Pesadas.
Inevitables.
Perfecto.
Flexiono ligeramente las rodillas.
Y caigo.
No hacia atrás.
No hacia un lado.
Hacia abajo.
Más profundo que ellas.
Más rápido.
Mi cuerpo desciende como una bala, arrastrándolo conmigo sin soltar la guadaña atrapada en su carne, forzando su propio peso a seguirme mientras atravieso las manos negras desde abajo.
Golpeo.
Una.
Dos.
Ambas manos estallan al contacto, desviadas, abiertas, incapaces de cerrarse.
Y no me detengo.
La tierra cede.
Capas de roca, presión, oscuridad…
Todo se rompe a nuestro paso.
Kilómetros.
Más.
Más.
Hasta que…
Impactamos.
El núcleo.
Un segundo suspendido.
El mundo conteniendo el aliento.
Y entonces…
Lo uso.
La gravedad se pliega.
Se invierte.
Se rompe.
Y lo lanzo.
De abajo hacia arriba.
Atravesamos el planeta entero como un disparo imposible, arrastrando grietas, fracturas, fuego… el mundo se abre en dos direcciones, incapaz de sostener el paso de nuestros cuerpos.
Hasta que salimos.
Al otro lado.
El impacto final nos separa.
Carne.
Hueso.
Fragmentos.
Dos cuerpos destrozados…
Que empiezan a rehacerse.
Silencio.
Un latido.
Otro.
Mi forma orca…
Cede.
Pero no como aparento.
No es decisión.
No es control.
Es el límite.
Una grieta interna que no puedo sostener más tiempo.
Aun así… sonrío.
Como si lo hubiera elegido.
Como si siempre hubiera sido parte del plan.
La piel se suaviza.
Las líneas brutales desaparecen.
La melena cae dorada sobre mis hombros, larga, salvaje… mis ojos aún ardiendo con ese brillo indomable. Mi figura vuelve a ser esbelta… elegante… engañosa.
Pero la sonrisa…
Esa no cambia.
—Basta.
Mi voz corta el aire.
Ligera.
Casi aburrida.
—Admito que es divertido…
Inclino la cabeza, observándolo regenerarse.
—Pero tengo cachorros en este mundo.
Una pausa.
—El combate acaba aquí.
Una pequeña risa.
Suave.
Turbia.
—Y ahora.
Miro alrededor.
El mundo…
Irreconocible.
Grietas.
Fuego.
Restos de algo que fue estable.
Me encojo ligeramente de hombros.
—Ya alguien arreglará este desastre…
Mis labios se curvan.
—Khkhehe.
El ogro parecía satisfecho alimentándose de los huesos de los habitantes de una ciudad arrasada.
Se respiraba Caos y Veythra lo sentía en su ser.