La noche había caído por completo cuando llegamos.
La luna iluminaba el paisaje con una claridad antinatural, tan perfecta que parecía arrancada de un sueño… o de una pesadilla. Ni una sola nube se atrevía a cruzar el cielo. Las estrellas observaban desde arriba como ojos inmóviles mientras el lago reposaba frente a nosotras.
O al menos fingía reposar.
Porque sus aguas se movían demasiado.
Respiraban.
Algo enorme parecía deslizarse bajo la superficie oscura, deformando reflejos plateados entre ondas lentas y monstruosas. A los alrededores, las plantas crecían altas y hermosas, pero sus hojas tenían bordes imposibles, afilados como cuchillas capaces de partir roca con apenas rozarla.
Y aun así…
Era precioso.
Me detuve frente al lago con las manos dentro de los bolsillos de mi vestido, observando el agua en silencio mientras el viento agitaba lentamente mi cabello rosado.
Entonces giré apenas el rostro hacia ti.
—Te he traído a este lugar por lo que representa.
Mi voz sonó tranquila.
Demasiado tranquila para las palabras que pronunciaba.
—En nombre del Caos…
Las aguas del lago temblaron apenas.
—He cometido crímenes atroces… y aún tengo muchos por cometer.
Mis ojos descendieron lentamente hacia mi propio reflejo deformado sobre el agua negra.
—Para crear el nuevo mundo… primero hay que destruir.
El silencio que siguió fue pesado.
Sincero.
—En nombre del Caos…
Una pequeña sonrisa cansada apareció apenas sobre mis labios, aunque no tenía nada de divertida.
—A veces mis actos me pesan… pero no voy a ceder.
Giré entonces completamente hacia ti y por primera vez desde que llegamos mi mirada perdió parte de esa arrogancia juguetona habitual.
Había algo mucho más vulnerable debajo.
Algo peligrosamente real.
—Pero el acto que más pesa en mi corazón… es el de haberte robado un primer beso.
El viento se detuvo.
O quizá sólo dejó de importarme.
—Un primer beso debería ser especial.
Mis ojos permanecieron clavados en los tuyos.
—¿No fue eso lo que dijiste?
Di un paso hacia ti lentamente.
—No puedo pedir perdón por mi impulsividad… pero sí puedo regalarte un pedazo de mi alma… de mi corazón.
Mi mano se apoyó suavemente sobre mi pecho.
—Para que al menos sientas que, si eres dueña de tu segundo beso… entonces sí pueda sentirse especial.
El lago se agitó violentamente.
Las aguas chocaron entre sí como si algo gigantesco hubiese despertado en las profundidades al escucharme.
Y aun así sonreí.
Una sonrisa pequeña.
Peligrosa.
—¿Quieres darte un baño?
El agua respondió con otro estremecimiento monstruoso.
Entonces incliné apenas la cabeza observándote fijamente.
—Si te pidiera que entraras… ¿lo harías?
La luna brilló todavía más fuerte sobre el lago oscuro.
Y mis labios se curvaron apenas una última vez.
—En nombre del Caos.
La noche había caído por completo cuando llegamos.
La luna iluminaba el paisaje con una claridad antinatural, tan perfecta que parecía arrancada de un sueño… o de una pesadilla. Ni una sola nube se atrevía a cruzar el cielo. Las estrellas observaban desde arriba como ojos inmóviles mientras el lago reposaba frente a nosotras.
O al menos fingía reposar.
Porque sus aguas se movían demasiado.
Respiraban.
Algo enorme parecía deslizarse bajo la superficie oscura, deformando reflejos plateados entre ondas lentas y monstruosas. A los alrededores, las plantas crecían altas y hermosas, pero sus hojas tenían bordes imposibles, afilados como cuchillas capaces de partir roca con apenas rozarla.
Y aun así…
Era precioso.
Me detuve frente al lago con las manos dentro de los bolsillos de mi vestido, observando el agua en silencio mientras el viento agitaba lentamente mi cabello rosado.
Entonces giré apenas el rostro hacia ti.
—Te he traído a este lugar por lo que representa.
Mi voz sonó tranquila.
Demasiado tranquila para las palabras que pronunciaba.
—En nombre del Caos…
Las aguas del lago temblaron apenas.
—He cometido crímenes atroces… y aún tengo muchos por cometer.
Mis ojos descendieron lentamente hacia mi propio reflejo deformado sobre el agua negra.
—Para crear el nuevo mundo… primero hay que destruir.
El silencio que siguió fue pesado.
Sincero.
—En nombre del Caos…
Una pequeña sonrisa cansada apareció apenas sobre mis labios, aunque no tenía nada de divertida.
—A veces mis actos me pesan… pero no voy a ceder.
Giré entonces completamente hacia ti y por primera vez desde que llegamos mi mirada perdió parte de esa arrogancia juguetona habitual.
Había algo mucho más vulnerable debajo.
Algo peligrosamente real.
—Pero el acto que más pesa en mi corazón… es el de haberte robado un primer beso.
El viento se detuvo.
O quizá sólo dejó de importarme.
—Un primer beso debería ser especial.
Mis ojos permanecieron clavados en los tuyos.
—¿No fue eso lo que dijiste?
Di un paso hacia ti lentamente.
—No puedo pedir perdón por mi impulsividad… pero sí puedo regalarte un pedazo de mi alma… de mi corazón.
Mi mano se apoyó suavemente sobre mi pecho.
—Para que al menos sientas que, si eres dueña de tu segundo beso… entonces sí pueda sentirse especial.
El lago se agitó violentamente.
Las aguas chocaron entre sí como si algo gigantesco hubiese despertado en las profundidades al escucharme.
Y aun así sonreí.
Una sonrisa pequeña.
Peligrosa.
—¿Quieres darte un baño?
El agua respondió con otro estremecimiento monstruoso.
Entonces incliné apenas la cabeza observándote fijamente.
—Si te pidiera que entraras… ¿lo harías?
La luna brilló todavía más fuerte sobre el lago oscuro.
Y mis labios se curvaron apenas una última vez.
—En nombre del Caos.