• El día estuvo TAN aburrido, que preferí quedarme en casa comiendo esto. ¿Cómo dicen que se llama? ¡Ah, sí! Pizza~

    ¡Ahora amo la pizza!
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  • - Muchísimo tiempo fuera, mi hermano se casa en pocos días y estamos invitados a otra boda ¡solo falta que mi novia pida mi mano!.-
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  • 「I҉̖̖̓̑̐̍̚n҈͈̜̙̮̣̍̂ t̴͎͇͔͎̃͊ḫ̴̗͓̱͚̔̿e̴͔̪̫̓͂̊ f҉̩͖͓̐͛́̅ả̷͉̞̖̙̔͂̂̚k̶̞̱̰̩̿̔̈̒̉ͅe҉̗̗̙̤̃͗͑ ṕ̵̘̭̣͎̇͗̿̅l̵͈̙̪͐̑̚ḁ̵̘͆̌̎̐̎s̷̭̲̊̈̚̚t̵͈̤͋̒̉͒i҈͍̘̳͎͇͐̇̀c̶͈̥̲̬͐̋ Ẹ̴̦̖͊̍ͅa̶̫̳͈̪͕̍̂̍̚r̷̘͍̍͒t̶̗͉͉̣̯́́̋̂̒h̷̦͙̽́」

    Le perturbaba.

    El concepto del tiempo humano era, con sinceridad, un enigma indescifrable. ¿Habían pasado dos años? ¿Quizás tres? La magnitud de los ciclos terrestres se le escapaba entre los dedos. No hacía mucho (en términos cósmicos) que había sido despojado de su rango y de gran parte de su esencia, viéndose obligado a habitar un cuerpo ineficiente, un montón de carne y hueso que le resultaba humillante. Había tenido que aprender procesos rudimentarios, pero el que aún le exigía un esfuerzo visceral era el acto de caminar. Se desplazaba con la fragilidad de un cervatillo recién nacido: sus tobillos cedían con frecuencia y terminaba colapsando contra el suelo de forma estrepitosa. Sin embargo, ante la ausencia de otras facultades, el desplazamiento bipedal no era una opción, sino una condena necesaria.

    Sariel deambulaba por donde quería y cuando quería, dedicando una atención insana a cualquier detalle del entorno, siempre y cuando no fuera un rostro humano.

    La noción del dolor también era una novedad. A pesar de convivir con él desde su primer segundo de exilio, la sensación constante de tener la dermis desgarrada era una tortura más profunda de lo que sus escasas ganas de hablar podrían expresar. Incluso el acto de caminar se volvía un campo de minas; doblarse un pie no era placentero, y debía ser meticuloso con la fricción de la ropa sobre su espalda desollada o el contacto del dorso de sus manos con cualquier superficie. En comparación, las heridas circulares de su rostro eran un suplicio llevadero, algo que casi lograba ignorar.

    Prefería la noche. El día poseía una belleza que disfrutaba, pero la luz solar al incidir en él generaba una sobreexposición visual que le resultaba... incómoda. Sí, esa era la palabra. En la oscuridad, no solo poseía la agudeza visual de un depredador nocturno, sino que las personas se mantenía a una distancia prudente. No alcanzaba a comprender si era por su estatura inusual o por su gélida falta de respuesta, pero la soledad absoluta era un refugio mejor de lo que esperaba. Hacía más de ¿Un año? que no utilizaba su voz; el simple hecho de intentar organizar el sistema de unidades de tiempo le provocaba un mareo físico nauseabundo.

    Recientemente había descubierto la existencia de los dispositivos de captura audiovisual. Le resultaba vagamente entretenido el hecho de que su presencia fuera irrepresentable: en el mejor de los casos, la imagen era un granulado indescifrable; en el peor, el archivo simplemente sucumbía a la corrupción de datos. Esa invisibilidad digital era su mejor arma; no era un acto consciente, pero le daba una cierta paz el saber que nadie podría percibir su rostro a través de una lente.

    Aquella noche, mientras recorría una zona desolada y de iluminación precaria, sus piernas volvieron a ceder. Cayó de costado por segunda vez en el día; una cuota mínima de torpeza para sus estándares. Se quedó en el suelo unos minutos, con las piernas flexionadas y las manos desnudas sosteniendo el peso de su cuerpo contra el asfalto. No le importó si la fricción había lacerado su piel; después de todo, esas heridas sí estaban destinadas a cerrar. Permaneció allí, en silencio, antes de retomar su errática caminata hacia el único placer humano que sí disfrutaba: el sueño.
    「I҉̖̖̓̑̐̍̚n҈͈̜̙̮̣̍̂ t̴͎͇͔͎̃͊ḫ̴̗͓̱͚̔̿e̴͔̪̫̓͂̊ f҉̩͖͓̐͛́̅ả̷͉̞̖̙̔͂̂̚k̶̞̱̰̩̿̔̈̒̉ͅe҉̗̗̙̤̃͗͑ ṕ̵̘̭̣͎̇͗̿̅l̵͈̙̪͐̑̚ḁ̵̘͆̌̎̐̎s̷̭̲̊̈̚̚t̵͈̤͋̒̉͒i҈͍̘̳͎͇͐̇̀c̶͈̥̲̬͐̋ Ẹ̴̦̖͊̍ͅa̶̫̳͈̪͕̍̂̍̚r̷̘͍̍͒t̶̗͉͉̣̯́́̋̂̒h̷̦͙̽́」 Le perturbaba. El concepto del tiempo humano era, con sinceridad, un enigma indescifrable. ¿Habían pasado dos años? ¿Quizás tres? La magnitud de los ciclos terrestres se le escapaba entre los dedos. No hacía mucho (en términos cósmicos) que había sido despojado de su rango y de gran parte de su esencia, viéndose obligado a habitar un cuerpo ineficiente, un montón de carne y hueso que le resultaba humillante. Había tenido que aprender procesos rudimentarios, pero el que aún le exigía un esfuerzo visceral era el acto de caminar. Se desplazaba con la fragilidad de un cervatillo recién nacido: sus tobillos cedían con frecuencia y terminaba colapsando contra el suelo de forma estrepitosa. Sin embargo, ante la ausencia de otras facultades, el desplazamiento bipedal no era una opción, sino una condena necesaria. Sariel deambulaba por donde quería y cuando quería, dedicando una atención insana a cualquier detalle del entorno, siempre y cuando no fuera un rostro humano. La noción del dolor también era una novedad. A pesar de convivir con él desde su primer segundo de exilio, la sensación constante de tener la dermis desgarrada era una tortura más profunda de lo que sus escasas ganas de hablar podrían expresar. Incluso el acto de caminar se volvía un campo de minas; doblarse un pie no era placentero, y debía ser meticuloso con la fricción de la ropa sobre su espalda desollada o el contacto del dorso de sus manos con cualquier superficie. En comparación, las heridas circulares de su rostro eran un suplicio llevadero, algo que casi lograba ignorar. Prefería la noche. El día poseía una belleza que disfrutaba, pero la luz solar al incidir en él generaba una sobreexposición visual que le resultaba... incómoda. Sí, esa era la palabra. En la oscuridad, no solo poseía la agudeza visual de un depredador nocturno, sino que las personas se mantenía a una distancia prudente. No alcanzaba a comprender si era por su estatura inusual o por su gélida falta de respuesta, pero la soledad absoluta era un refugio mejor de lo que esperaba. Hacía más de ¿Un año? que no utilizaba su voz; el simple hecho de intentar organizar el sistema de unidades de tiempo le provocaba un mareo físico nauseabundo. Recientemente había descubierto la existencia de los dispositivos de captura audiovisual. Le resultaba vagamente entretenido el hecho de que su presencia fuera irrepresentable: en el mejor de los casos, la imagen era un granulado indescifrable; en el peor, el archivo simplemente sucumbía a la corrupción de datos. Esa invisibilidad digital era su mejor arma; no era un acto consciente, pero le daba una cierta paz el saber que nadie podría percibir su rostro a través de una lente. Aquella noche, mientras recorría una zona desolada y de iluminación precaria, sus piernas volvieron a ceder. Cayó de costado por segunda vez en el día; una cuota mínima de torpeza para sus estándares. Se quedó en el suelo unos minutos, con las piernas flexionadas y las manos desnudas sosteniendo el peso de su cuerpo contra el asfalto. No le importó si la fricción había lacerado su piel; después de todo, esas heridas sí estaban destinadas a cerrar. Permaneció allí, en silencio, antes de retomar su errática caminata hacia el único placer humano que sí disfrutaba: el sueño.
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  • - "¿Quien necesita una pareja?, oh, si, yo... Necesidad de ser amado"
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  • - Bueno si tu no lo quieres yo aceptare el regalo en tu lugar y no creas que me gusto mucho !!!!! -
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  • Se bienvenido al restaurante ... Cafeteria... Lo que sea... Que sea este lugar ahora con patos incluidos

    -abrio la puerta dejando ver un interior con diseño pantanoso en dónde cientos de patos de varias formas y colores hacían sus típicas actividades de patos mientras algunos humanos comían o acariciaban a los patos, otros pintaban o dibujaban sobre patos de goma o cerámica, fue lo mejor que pudieron hacer sus sirvientes con la orden Dada de la nada de su amo a ellos solo por salvar su trasero. Rodeo un brazo por el cuello de su esposo animando lo a entrar -

    Tenemos toda la noche así que disfruta , te lo mereces después de lo idiota que fui contigo tómalo como una disculpa al modo de la vieja escuela

    S𝖆𝖒𝖆𝖊𝖑 𝕸𝖔𝖗𝖓𝖎𝖓𝖌𝖘𝖙𝖆𝖗
    Se bienvenido al restaurante ... Cafeteria... Lo que sea... Que sea este lugar ahora con patos incluidos -abrio la puerta dejando ver un interior con diseño pantanoso en dónde cientos de patos de varias formas y colores hacían sus típicas actividades de patos mientras algunos humanos comían o acariciaban a los patos, otros pintaban o dibujaban sobre patos de goma o cerámica, fue lo mejor que pudieron hacer sus sirvientes con la orden Dada de la nada de su amo a ellos solo por salvar su trasero. Rodeo un brazo por el cuello de su esposo animando lo a entrar - Tenemos toda la noche así que disfruta , te lo mereces después de lo idiota que fui contigo tómalo como una disculpa al modo de la vieja escuela [LuciHe11]
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  • Cuento relajación, pero tengo algo de hambre. Ojalá las gemas también pudiesen comerse, ojalá tuviera esa capacidad como una amiga que conozco. En fin, tal vez en un rato me acompañan a cenar."
    Cuento relajación, pero tengo algo de hambre. Ojalá las gemas también pudiesen comerse, ojalá tuviera esa capacidad como una amiga que conozco. En fin, tal vez en un rato me acompañan a cenar."
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  • Et les nuits les plus calmes, la seule chose qui reste à faire est de tout remettre à sa place.
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  • ❝ Le puedes mentir al incauto, hablar de valores y ética sin siquiera poseer estas herramientas, pero jamás podrás mentirle al reflejo en el espejo cada que te miras justificar tus actos. ❞
    ❝ Le puedes mentir al incauto, hablar de valores y ética sin siquiera poseer estas herramientas, pero jamás podrás mentirle al reflejo en el espejo cada que te miras justificar tus actos. ❞
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  • ──── 𝘋𝘪𝘰𝘴𝘪𝘵𝘰, 𝘱𝘢𝘥𝘳𝘦 𝘮í𝘰. 𝘋𝘢𝘮𝘦 𝘱𝘢𝘤𝘪𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘦𝘴𝘵𝘢 𝘷𝘦𝘻 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘪 𝘮𝘦 𝘥𝘢𝘴 𝘧𝘶𝘦𝘳𝘻𝘢𝘴 𝘭𝘰𝘴 𝘮𝘢𝘵𝘰. ──── 𝚈𝚊 𝚜á𝚚𝚞𝚎𝚗𝚖𝚎 𝚍𝚎 𝚊𝚚𝚞í. [?]
    ──── 𝘋𝘪𝘰𝘴𝘪𝘵𝘰, 𝘱𝘢𝘥𝘳𝘦 𝘮í𝘰. 𝘋𝘢𝘮𝘦 𝘱𝘢𝘤𝘪𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘦𝘴𝘵𝘢 𝘷𝘦𝘻 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘪 𝘮𝘦 𝘥𝘢𝘴 𝘧𝘶𝘦𝘳𝘻𝘢𝘴 𝘭𝘰𝘴 𝘮𝘢𝘵𝘰. ──── 𝚈𝚊 𝚜á𝚚𝚞𝚎𝚗𝚖𝚎 𝚍𝚎 𝚊𝚚𝚞í. [?]
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