• El cuarto era pequeño, frío y completamente insonorizado. Una única lámpara colgaba del techo, balanceándose apenas y proyectando sombras largas sobre el suelo de cemento.

    En el centro de la habitación se encontraba un joven cura atado firmemente a una silla metálica. Sus muñecas estaban sujetas detrás del respaldo y varias cuerdas rodeaban su torso y sus piernas. Un fino hilo de sangre descendía desde la comisura de sus labios hasta su barbilla, señal de que el interrogatorio no había sido precisamente amable.

    Frente a él permanecía un grupo de figuras encapuchadas. Sus rostros quedaban ocultos bajo las sombras de las capuchas, observándolo en silencio como depredadores esperando que su presa mostrara miedo.

    El sacerdote levantó lentamente la cabeza. A pesar de los golpes y las ataduras, sus ojos conservaban una extraña firmeza.

    -Ustedes... ustedes estuvieron implicados aquel día...

    Murmuró con voz ronca

    -¡Cobardes! ¡Digan su nombre!

    Durante unos segundos reinó el silencio. Finalmente, uno de los encapuchados dio un paso al frente: Somos el Culto de Saturno.

    Aquellas palabras parecieron confirmar las sospechas del cura. Una leve sonrisa apareció en sus labios ensangrentados.

    La situación era terrible a simple vista. Estaba solo, inmovilizado y rodeado por enemigos que claramente no tenían buenas intenciones. Sin embargo, algo en su expresión resultaba inquietante para sus captores. No era la mirada de un hombre derrotado. Sus dedos, ocultos tras el respaldo de la silla, realizaron un movimiento casi imperceptible.

    El joven sacerdote observó uno por uno a los miembros del culto mientras inclinaba ligeramente la cabeza.

    -Ya veo... así que realmente eran ustedes.

    La sonrisa se ensanchó apenas. Los encapuchados intercambiaron miradas confundidas. El cura parecía demasiado tranquilo para alguien en su situación.
    Aunque estaba maniatado, golpeado y encerrado en un cuarto del que nadie podía oírlo escapar... el sacerdote todavía guardaba más de un truco bajo la manga.
    El cuarto era pequeño, frío y completamente insonorizado. Una única lámpara colgaba del techo, balanceándose apenas y proyectando sombras largas sobre el suelo de cemento. En el centro de la habitación se encontraba un joven cura atado firmemente a una silla metálica. Sus muñecas estaban sujetas detrás del respaldo y varias cuerdas rodeaban su torso y sus piernas. Un fino hilo de sangre descendía desde la comisura de sus labios hasta su barbilla, señal de que el interrogatorio no había sido precisamente amable. Frente a él permanecía un grupo de figuras encapuchadas. Sus rostros quedaban ocultos bajo las sombras de las capuchas, observándolo en silencio como depredadores esperando que su presa mostrara miedo. El sacerdote levantó lentamente la cabeza. A pesar de los golpes y las ataduras, sus ojos conservaban una extraña firmeza. -Ustedes... ustedes estuvieron implicados aquel día... Murmuró con voz ronca -¡Cobardes! ¡Digan su nombre! Durante unos segundos reinó el silencio. Finalmente, uno de los encapuchados dio un paso al frente: Somos el Culto de Saturno. Aquellas palabras parecieron confirmar las sospechas del cura. Una leve sonrisa apareció en sus labios ensangrentados. La situación era terrible a simple vista. Estaba solo, inmovilizado y rodeado por enemigos que claramente no tenían buenas intenciones. Sin embargo, algo en su expresión resultaba inquietante para sus captores. No era la mirada de un hombre derrotado. Sus dedos, ocultos tras el respaldo de la silla, realizaron un movimiento casi imperceptible. El joven sacerdote observó uno por uno a los miembros del culto mientras inclinaba ligeramente la cabeza. -Ya veo... así que realmente eran ustedes. La sonrisa se ensanchó apenas. Los encapuchados intercambiaron miradas confundidas. El cura parecía demasiado tranquilo para alguien en su situación. Aunque estaba maniatado, golpeado y encerrado en un cuarto del que nadie podía oírlo escapar... el sacerdote todavía guardaba más de un truco bajo la manga.
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  • "𝐴𝘩, 𝑡𝑢́... 𝑎𝑙𝑚𝑎 𝑒𝑛𝑐𝑎𝑑𝑒𝑛𝑎𝑑𝑎 𝑎 𝑙𝑎 𝑙𝑢𝑧 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑎𝑛𝑡𝑜 𝑣𝑒𝑛𝑒𝑟𝑎𝑠. ¿𝑁𝑜 𝑠𝑖𝑒𝑛𝑡𝑒𝑠 𝑒𝑙 𝑝𝑒𝑠𝑜 𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑎 𝑓𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑢𝑚𝑒.ᐣ 𝐷𝜄́𝑎 𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑑𝜄́𝑎, 𝑟𝑒𝑧𝑎𝑠, 𝑠𝑢𝑝𝑙𝑖𝑐𝑎𝑠, 𝑡𝑒 𝑛𝑖𝑒𝑔𝑎𝑠 𝑎 𝑡𝑖 𝑚𝑖𝑠𝑚𝑜 𝑙𝑜𝑠 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑜𝑠 𝑚𝑎́𝑠 𝑠𝑖𝑚𝑝𝑙𝑒𝑠, 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑙𝑎 𝑓𝑒𝑙𝑖𝑐𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛 𝑝𝑒𝑐𝑎𝑑𝑜. 𝑃𝑒𝑟𝑜 𝑦𝑜 𝑡𝑒 𝑝𝑟𝑒𝑔𝑢𝑛𝑡𝑜: ¿𝑞𝑢𝑒́ 𝑒𝑠 𝑙𝑎 𝑓𝑒𝑙𝑖𝑐𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑠𝑖𝑛𝑜 𝑢𝑛 𝑑𝑒𝑠𝑡𝑒𝑙𝑙𝑜 𝑒𝑓𝜄́𝑚𝑒𝑟𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒 𝑒𝑠𝑐𝑎𝑝𝑎 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑑𝑒𝑑𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑠𝑎𝑛𝑡𝑜𝑠.ᐣ

    𝑉𝑒𝑛, 𝑎𝑐𝑒́𝑟𝑐𝑎𝑡𝑒 𝑎 𝑚𝜄́. 𝑁𝑜 𝑡𝑒𝑚𝑎𝑠, 𝑛𝑜 𝑠𝑜𝑦 𝑒𝑙 𝑚𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑢𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑒 𝘩𝑎𝑛 𝑝𝑖𝑛𝑡𝑎𝑑𝑜 𝑒𝑛 𝑠𝑒𝑟𝑚𝑜𝑛𝑒𝑠 𝑦 𝑐𝑢𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑖𝑛𝑓𝑎𝑛𝑡𝑒𝑠. 𝑆𝑜𝑦 𝑙𝑎 𝑣𝑒𝑟𝑑𝑎𝑑 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒 𝑜𝑐𝑢𝑙𝑡𝑎 𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑒𝑙 𝑣𝑒𝑙𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑠𝑎𝑛𝑡𝑖𝑑𝑎𝑑, 𝑙𝑎 𝑠𝑜𝑚𝑏𝑟𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑑𝑎 𝑠𝑒𝑛𝑡𝑖𝑑𝑜 𝑎 𝑙𝑎 𝑙𝑢𝑧. 𝐸𝑛 𝑚𝑖 𝑎𝑏𝑟𝑎𝑧𝑜 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑟𝑎́𝑠 𝑒𝑙 𝑐𝑜𝑛𝑜𝑐𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑝𝑟𝑜𝘩𝑖𝑏𝑖𝑑𝑜, 𝑙𝑎 𝑙𝑖𝑏𝑒𝑟𝑡𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑟𝑜𝑚𝑝𝑒𝑟 𝑡𝑢𝑠 𝑐𝑎𝑑𝑒𝑛𝑎𝑠 𝑖𝑛𝑣𝑖𝑠𝑖𝑏𝑙𝑒𝑠.

    ¿𝑃𝑜𝑟 𝑞𝑢𝑒́ 𝑡𝑒𝑚𝑒𝑟 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑒𝑛𝑡𝑖𝑒𝑛𝑑𝑒𝑠.ᐣ ¿𝑃𝑜𝑟 𝑞𝑢𝑒́ 𝑛𝑒𝑔𝑎𝑟 𝑙𝑎 𝑝𝑎𝑟𝑡𝑒 𝑜𝑠𝑐𝑢𝑟𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝘩𝑎𝑏𝑖𝑡𝑎 𝑒𝑛 𝑡𝑖.ᐣ 𝐿𝑎 𝑝𝑢𝑟𝑒𝑧𝑎 𝑎𝑏𝑠𝑜𝑙𝑢𝑡𝑎 𝑒𝑠 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑒𝑛𝑡𝑖𝑟𝑎, 𝑢𝑛 𝑐𝑎𝑠𝑡𝑖𝑔𝑜 𝑑𝑖𝑠𝑓𝑟𝑎𝑧𝑎𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑣𝑖𝑟𝑡𝑢𝑑. 𝐷𝑒́𝑗𝑎𝑚𝑒 𝑚𝑜𝑠𝑡𝑟𝑎𝑟𝑡𝑒 𝑒𝑙 𝑝𝑜𝑑𝑒𝑟 𝑞𝑢𝑒 𝑦𝑎𝑐𝑒 𝑒𝑛 𝑎𝑐𝑒𝑝𝑡𝑎𝑟 𝑡𝑢 𝑛𝑎𝑡𝑢𝑟𝑎𝑙𝑒𝑧𝑎 𝑐𝑜𝑚𝑝𝑙𝑒𝑡𝑎, 𝑠𝑖𝑛 𝑚𝑎́𝑠𝑐𝑎𝑟𝑎𝑠 𝑛𝑖 𝑟𝑒𝑚𝑜𝑟𝑑𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠.

    𝑆𝑜𝑙𝑜 𝑢𝑛 𝑠𝑢𝑠𝑢𝑟𝑟𝑜, 𝑢𝑛 𝑝𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑠𝑒𝑙𝑙𝑎𝑑𝑜 𝑐𝑜𝑛 𝑙𝑎 𝑠𝑎𝑛𝑔𝑟𝑒 𝑑𝑒 𝑡𝑢 𝑣𝑜𝑙𝑢𝑛𝑡𝑎𝑑. 𝑌 𝑠𝑒𝑟𝑎́𝑠 𝑙𝑖𝑏𝑟𝑒... 𝑙𝑖𝑏𝑟𝑒 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑠𝑒𝑛𝑡𝑖𝑟, 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑎𝑚𝑎𝑟, 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑠𝑡𝑟𝑢𝑖𝑟 𝑜 𝑐𝑟𝑒𝑎𝑟 𝑠𝑖𝑛 𝑙𝑎 𝑐𝑢𝑙𝑝𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑒 𝑐𝑎𝑟𝑐𝑜𝑚𝑒. ¿𝑁𝑜 𝑒𝑠 𝑒𝑠𝑜 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑟𝑒𝑎𝑙𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑎𝑠, 𝑎𝑙𝑚𝑎 𝑚𝜄́𝑎.ᐣ

    𝑃𝑖𝑒𝑛𝑠𝑎 𝑏𝑖𝑒𝑛, 𝑝𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑟𝑡𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑎𝑏𝑟𝑒𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑚𝑖𝑔𝑜 𝑛𝑜 𝑡𝑖𝑒𝑛𝑒 𝑣𝑢𝑒𝑙𝑡𝑎 𝑎𝑡𝑟𝑎́𝑠."
    "𝐴𝘩, 𝑡𝑢́... 𝑎𝑙𝑚𝑎 𝑒𝑛𝑐𝑎𝑑𝑒𝑛𝑎𝑑𝑎 𝑎 𝑙𝑎 𝑙𝑢𝑧 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑎𝑛𝑡𝑜 𝑣𝑒𝑛𝑒𝑟𝑎𝑠. ¿𝑁𝑜 𝑠𝑖𝑒𝑛𝑡𝑒𝑠 𝑒𝑙 𝑝𝑒𝑠𝑜 𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑎 𝑓𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑢𝑚𝑒.ᐣ 𝐷𝜄́𝑎 𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑑𝜄́𝑎, 𝑟𝑒𝑧𝑎𝑠, 𝑠𝑢𝑝𝑙𝑖𝑐𝑎𝑠, 𝑡𝑒 𝑛𝑖𝑒𝑔𝑎𝑠 𝑎 𝑡𝑖 𝑚𝑖𝑠𝑚𝑜 𝑙𝑜𝑠 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑜𝑠 𝑚𝑎́𝑠 𝑠𝑖𝑚𝑝𝑙𝑒𝑠, 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑙𝑎 𝑓𝑒𝑙𝑖𝑐𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛 𝑝𝑒𝑐𝑎𝑑𝑜. 𝑃𝑒𝑟𝑜 𝑦𝑜 𝑡𝑒 𝑝𝑟𝑒𝑔𝑢𝑛𝑡𝑜: ¿𝑞𝑢𝑒́ 𝑒𝑠 𝑙𝑎 𝑓𝑒𝑙𝑖𝑐𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑠𝑖𝑛𝑜 𝑢𝑛 𝑑𝑒𝑠𝑡𝑒𝑙𝑙𝑜 𝑒𝑓𝜄́𝑚𝑒𝑟𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒 𝑒𝑠𝑐𝑎𝑝𝑎 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑑𝑒𝑑𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑠𝑎𝑛𝑡𝑜𝑠.ᐣ 𝑉𝑒𝑛, 𝑎𝑐𝑒́𝑟𝑐𝑎𝑡𝑒 𝑎 𝑚𝜄́. 𝑁𝑜 𝑡𝑒𝑚𝑎𝑠, 𝑛𝑜 𝑠𝑜𝑦 𝑒𝑙 𝑚𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑢𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑒 𝘩𝑎𝑛 𝑝𝑖𝑛𝑡𝑎𝑑𝑜 𝑒𝑛 𝑠𝑒𝑟𝑚𝑜𝑛𝑒𝑠 𝑦 𝑐𝑢𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑖𝑛𝑓𝑎𝑛𝑡𝑒𝑠. 𝑆𝑜𝑦 𝑙𝑎 𝑣𝑒𝑟𝑑𝑎𝑑 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒 𝑜𝑐𝑢𝑙𝑡𝑎 𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑒𝑙 𝑣𝑒𝑙𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑠𝑎𝑛𝑡𝑖𝑑𝑎𝑑, 𝑙𝑎 𝑠𝑜𝑚𝑏𝑟𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑑𝑎 𝑠𝑒𝑛𝑡𝑖𝑑𝑜 𝑎 𝑙𝑎 𝑙𝑢𝑧. 𝐸𝑛 𝑚𝑖 𝑎𝑏𝑟𝑎𝑧𝑜 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑟𝑎́𝑠 𝑒𝑙 𝑐𝑜𝑛𝑜𝑐𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑝𝑟𝑜𝘩𝑖𝑏𝑖𝑑𝑜, 𝑙𝑎 𝑙𝑖𝑏𝑒𝑟𝑡𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑟𝑜𝑚𝑝𝑒𝑟 𝑡𝑢𝑠 𝑐𝑎𝑑𝑒𝑛𝑎𝑠 𝑖𝑛𝑣𝑖𝑠𝑖𝑏𝑙𝑒𝑠. ¿𝑃𝑜𝑟 𝑞𝑢𝑒́ 𝑡𝑒𝑚𝑒𝑟 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑒𝑛𝑡𝑖𝑒𝑛𝑑𝑒𝑠.ᐣ ¿𝑃𝑜𝑟 𝑞𝑢𝑒́ 𝑛𝑒𝑔𝑎𝑟 𝑙𝑎 𝑝𝑎𝑟𝑡𝑒 𝑜𝑠𝑐𝑢𝑟𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝘩𝑎𝑏𝑖𝑡𝑎 𝑒𝑛 𝑡𝑖.ᐣ 𝐿𝑎 𝑝𝑢𝑟𝑒𝑧𝑎 𝑎𝑏𝑠𝑜𝑙𝑢𝑡𝑎 𝑒𝑠 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑒𝑛𝑡𝑖𝑟𝑎, 𝑢𝑛 𝑐𝑎𝑠𝑡𝑖𝑔𝑜 𝑑𝑖𝑠𝑓𝑟𝑎𝑧𝑎𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑣𝑖𝑟𝑡𝑢𝑑. 𝐷𝑒́𝑗𝑎𝑚𝑒 𝑚𝑜𝑠𝑡𝑟𝑎𝑟𝑡𝑒 𝑒𝑙 𝑝𝑜𝑑𝑒𝑟 𝑞𝑢𝑒 𝑦𝑎𝑐𝑒 𝑒𝑛 𝑎𝑐𝑒𝑝𝑡𝑎𝑟 𝑡𝑢 𝑛𝑎𝑡𝑢𝑟𝑎𝑙𝑒𝑧𝑎 𝑐𝑜𝑚𝑝𝑙𝑒𝑡𝑎, 𝑠𝑖𝑛 𝑚𝑎́𝑠𝑐𝑎𝑟𝑎𝑠 𝑛𝑖 𝑟𝑒𝑚𝑜𝑟𝑑𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠. 𝑆𝑜𝑙𝑜 𝑢𝑛 𝑠𝑢𝑠𝑢𝑟𝑟𝑜, 𝑢𝑛 𝑝𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑠𝑒𝑙𝑙𝑎𝑑𝑜 𝑐𝑜𝑛 𝑙𝑎 𝑠𝑎𝑛𝑔𝑟𝑒 𝑑𝑒 𝑡𝑢 𝑣𝑜𝑙𝑢𝑛𝑡𝑎𝑑. 𝑌 𝑠𝑒𝑟𝑎́𝑠 𝑙𝑖𝑏𝑟𝑒... 𝑙𝑖𝑏𝑟𝑒 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑠𝑒𝑛𝑡𝑖𝑟, 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑎𝑚𝑎𝑟, 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑑𝑒𝑠𝑡𝑟𝑢𝑖𝑟 𝑜 𝑐𝑟𝑒𝑎𝑟 𝑠𝑖𝑛 𝑙𝑎 𝑐𝑢𝑙𝑝𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑒 𝑐𝑎𝑟𝑐𝑜𝑚𝑒. ¿𝑁𝑜 𝑒𝑠 𝑒𝑠𝑜 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑟𝑒𝑎𝑙𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑎𝑠, 𝑎𝑙𝑚𝑎 𝑚𝜄́𝑎.ᐣ 𝑃𝑖𝑒𝑛𝑠𝑎 𝑏𝑖𝑒𝑛, 𝑝𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑟𝑡𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑎𝑏𝑟𝑒𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑚𝑖𝑔𝑜 𝑛𝑜 𝑡𝑖𝑒𝑛𝑒 𝑣𝑢𝑒𝑙𝑡𝑎 𝑎𝑡𝑟𝑎́𝑠."
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  • Que pasó con mi clima frío..? Cielos. -No soporta el calor intenso, amaba el calor durante el frío, dejar su estómago al descubierto siempre le ayudaba a refrescarse-

    Mataría por un helado.....
    Que pasó con mi clima frío..? Cielos. -No soporta el calor intenso, amaba el calor durante el frío, dejar su estómago al descubierto siempre le ayudaba a refrescarse- Mataría por un helado.....
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  • *La transformación agónica y dolorosa cada vez se volvía más y más intensa. Las escamas comenzaban a brotar y poco a poco las alas se iban apoderando de mi forma física.*

    Crosis: "¡SUCUMBE ANTE LA VOLUNTAD DEL VACÍO! ¡TU RESISTENCIA ES SIMPLEMENTE INUTIL!"

    "¡YO SOY EL PADRE DE TODAS LAS ABERRACIONES! ¡YO CONTROLO LA MUERTE Y EL VACÍO!"

    *Mi voz se escuchaba cada vez más gutural y distorsionada, cada resquicio de humanidad se iba perdiendo y mi mente era cada vez más Crosis que Jero.*
    *La transformación agónica y dolorosa cada vez se volvía más y más intensa. Las escamas comenzaban a brotar y poco a poco las alas se iban apoderando de mi forma física.* Crosis: "¡SUCUMBE ANTE LA VOLUNTAD DEL VACÍO! ¡TU RESISTENCIA ES SIMPLEMENTE INUTIL!" "¡YO SOY EL PADRE DE TODAS LAS ABERRACIONES! ¡YO CONTROLO LA MUERTE Y EL VACÍO!" *Mi voz se escuchaba cada vez más gutural y distorsionada, cada resquicio de humanidad se iba perdiendo y mi mente era cada vez más Crosis que Jero.*
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    𝙷𝚘𝚕𝚊 𝚍𝚊𝚖𝚊𝚜 𝚢 𝚌𝚊𝚋𝚊𝚕𝚕𝚎𝚛𝚘𝚜¡ 𝚜𝚘𝚕𝚘 𝚚𝚞𝚎𝚛𝚒𝚊 𝚊𝚗𝚞𝚗𝚌𝚒𝚊𝚛 𝚚𝚞𝚎 𝚎𝚜𝚝𝚊𝚖𝚘𝚜 𝚎𝚗 𝚋𝚞𝚜𝚌𝚊 𝚍𝚎 𝚗𝚞𝚎𝚜𝚝𝚛𝚘𝚜 𝚊𝚖𝚒𝚐𝚘𝚜 𝚎𝚡𝚝𝚛𝚊𝚟𝚒𝚊𝚍𝚘𝚜 ^𝚠^ 𝚜𝚒 𝚍𝚎𝚜𝚎𝚊𝚜 𝚊𝚢𝚞𝚍𝚊𝚛𝚗𝚘𝚜 𝚊 𝚎𝚗𝚌𝚘𝚗𝚝𝚛𝚊𝚛𝚕𝚘𝚜 𝚜𝚎𝚛𝚒𝚊 𝙶𝙴𝙽𝙸𝙰𝙻¡ (𝚗𝚘𝚝𝚊: 𝚕𝚊 𝚏𝚛𝚊𝚗𝚚𝚞𝚒𝚌𝚒𝚊 𝚍𝚎 𝚜𝚘𝚗𝚒𝚌 𝚎𝚜 𝚝𝚊𝚗 𝚐𝚛𝚊𝚗𝚍𝚎 𝚚𝚞𝚎 𝚎𝚜 𝚒𝚖𝚙𝚘𝚜𝚒𝚋𝚕𝚎 𝚙𝚘𝚗𝚎𝚛 𝚊 𝚝𝚘𝚍𝚘𝚜 𝚙𝚎𝚛𝚘 𝚜𝚘𝚋𝚛𝚊 𝚍𝚎𝚌𝚒𝚛 𝚚𝚞𝚎 𝚌𝚞𝚊𝚕𝚚𝚞𝚒𝚎𝚛 𝚙𝚎𝚛𝚜𝚘𝚗𝚊𝚓𝚎 𝚎𝚜 𝚋𝚒𝚎𝚗𝚟𝚎𝚗𝚒𝚍𝚘)

    *-𝑼𝒏𝒂 𝒑𝒆𝒒𝒖𝒆ñ𝒂 𝒍𝒊𝒔𝒕𝒂 𝒅𝒆 𝒍𝒐𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒇𝒂𝒍𝒕𝒂𝒏-*

    -𝒔𝒐𝒏𝒊𝒄
    -𝒕𝒂𝒊𝒍𝒔
    -𝒂𝒎𝒚
    -𝒔𝒉𝒂𝒅𝒐𝒘
    -𝒌𝒏𝒖𝒄𝒌𝒍𝒆𝒔
    -𝒃𝒍𝒂𝒛𝒆
    -𝒔𝒊𝒍𝒗𝒆𝒓
    -𝒆𝒈𝒈𝒎𝒂𝒏
    -𝒗𝒆𝒄𝒕𝒐𝒓 𝒕𝒉𝒆 𝒄𝒐𝒄𝒐𝒅𝒓𝒊𝒍𝒆
    -𝒓𝒐𝒖𝒈𝒆 𝒕𝒉𝒆 𝒃𝒂𝒕
    -𝒐𝒎𝒆𝒈𝒂
    -𝒓𝒂𝒚
    -𝒕𝒂𝒏𝒈𝒍𝒆
    -𝒆𝒔𝒑𝒊𝒐 𝒆𝒍 𝒄𝒂𝒎𝒂𝒍𝒆𝒐𝒏
    -𝒄𝒉𝒂𝒓𝒎𝒚 𝒍𝒂 𝒂𝒃𝒆𝒋𝒂
    -𝒆𝒕𝒄 (𝒖𝒏 𝒆𝒕𝒄 𝒎𝒖𝒚 𝒈𝒓𝒂𝒏𝒅𝒆.. 𝒅𝒊𝒐𝒔𝒊𝒕𝒐, 𝒆𝒔𝒕𝒂 𝒇𝒓𝒂𝒏𝒒𝒖𝒊𝒄𝒊𝒂 𝒆𝒔 𝒆𝒏𝒐𝒓𝒎𝒆)
    𝙷𝚘𝚕𝚊 𝚍𝚊𝚖𝚊𝚜 𝚢 𝚌𝚊𝚋𝚊𝚕𝚕𝚎𝚛𝚘𝚜¡ 𝚜𝚘𝚕𝚘 𝚚𝚞𝚎𝚛𝚒𝚊 𝚊𝚗𝚞𝚗𝚌𝚒𝚊𝚛 𝚚𝚞𝚎 𝚎𝚜𝚝𝚊𝚖𝚘𝚜 𝚎𝚗 𝚋𝚞𝚜𝚌𝚊 𝚍𝚎 𝚗𝚞𝚎𝚜𝚝𝚛𝚘𝚜 𝚊𝚖𝚒𝚐𝚘𝚜 𝚎𝚡𝚝𝚛𝚊𝚟𝚒𝚊𝚍𝚘𝚜 ^𝚠^ 𝚜𝚒 𝚍𝚎𝚜𝚎𝚊𝚜 𝚊𝚢𝚞𝚍𝚊𝚛𝚗𝚘𝚜 𝚊 𝚎𝚗𝚌𝚘𝚗𝚝𝚛𝚊𝚛𝚕𝚘𝚜 𝚜𝚎𝚛𝚒𝚊 𝙶𝙴𝙽𝙸𝙰𝙻¡ (𝚗𝚘𝚝𝚊: 𝚕𝚊 𝚏𝚛𝚊𝚗𝚚𝚞𝚒𝚌𝚒𝚊 𝚍𝚎 𝚜𝚘𝚗𝚒𝚌 𝚎𝚜 𝚝𝚊𝚗 𝚐𝚛𝚊𝚗𝚍𝚎 𝚚𝚞𝚎 𝚎𝚜 𝚒𝚖𝚙𝚘𝚜𝚒𝚋𝚕𝚎 𝚙𝚘𝚗𝚎𝚛 𝚊 𝚝𝚘𝚍𝚘𝚜 𝚙𝚎𝚛𝚘 𝚜𝚘𝚋𝚛𝚊 𝚍𝚎𝚌𝚒𝚛 𝚚𝚞𝚎 𝚌𝚞𝚊𝚕𝚚𝚞𝚒𝚎𝚛 𝚙𝚎𝚛𝚜𝚘𝚗𝚊𝚓𝚎 𝚎𝚜 𝚋𝚒𝚎𝚗𝚟𝚎𝚗𝚒𝚍𝚘) *-𝑼𝒏𝒂 𝒑𝒆𝒒𝒖𝒆ñ𝒂 𝒍𝒊𝒔𝒕𝒂 𝒅𝒆 𝒍𝒐𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒇𝒂𝒍𝒕𝒂𝒏-* -𝒔𝒐𝒏𝒊𝒄 -𝒕𝒂𝒊𝒍𝒔 -𝒂𝒎𝒚 -𝒔𝒉𝒂𝒅𝒐𝒘 -𝒌𝒏𝒖𝒄𝒌𝒍𝒆𝒔 -𝒃𝒍𝒂𝒛𝒆 -𝒔𝒊𝒍𝒗𝒆𝒓 -𝒆𝒈𝒈𝒎𝒂𝒏 -𝒗𝒆𝒄𝒕𝒐𝒓 𝒕𝒉𝒆 𝒄𝒐𝒄𝒐𝒅𝒓𝒊𝒍𝒆 -𝒓𝒐𝒖𝒈𝒆 𝒕𝒉𝒆 𝒃𝒂𝒕 -𝒐𝒎𝒆𝒈𝒂 -𝒓𝒂𝒚 -𝒕𝒂𝒏𝒈𝒍𝒆 -𝒆𝒔𝒑𝒊𝒐 𝒆𝒍 𝒄𝒂𝒎𝒂𝒍𝒆𝒐𝒏 -𝒄𝒉𝒂𝒓𝒎𝒚 𝒍𝒂 𝒂𝒃𝒆𝒋𝒂 -𝒆𝒕𝒄 (𝒖𝒏 𝒆𝒕𝒄 𝒎𝒖𝒚 𝒈𝒓𝒂𝒏𝒅𝒆.. 𝒅𝒊𝒐𝒔𝒊𝒕𝒐, 𝒆𝒔𝒕𝒂 𝒇𝒓𝒂𝒏𝒒𝒖𝒊𝒄𝒊𝒂 𝒆𝒔 𝒆𝒏𝒐𝒓𝒎𝒆)
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  • Gigi Murin

    Se estaba acercando a un edificio donde tenia un reporte se le habia visto por ultima vez a la joven que estaban buscando -Gigi no vayas a destruir nada sino hace falta entendido? Intentemos hablar primero no tiene todo que ser violencia de inmediato- Se detuvo al llegar frente a un apartamento confirmando la direccion
    [Gigi_Slasher] Se estaba acercando a un edificio donde tenia un reporte se le habia visto por ultima vez a la joven que estaban buscando -Gigi no vayas a destruir nada sino hace falta entendido? Intentemos hablar primero no tiene todo que ser violencia de inmediato- Se detuvo al llegar frente a un apartamento confirmando la direccion
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  • el armadillo estaba tranquilamente sentado en medio de un bosque, mientras tarareaba una cancion familiar ("i'm here") repentinamente un pajaro se coloco sobre su pie; captando su atencion.
    —❝𝐡𝐞𝐲, 𝐡𝐨𝐥𝐚 𝐚𝐦𝐢𝐠𝐮𝐢𝐭𝐨 ¿𝐭𝐮 𝐭𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞𝐧 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐯𝐢𝐚𝐣𝐞?❞
    el armadillo estaba tranquilamente sentado en medio de un bosque, mientras tarareaba una cancion familiar ("i'm here") repentinamente un pajaro se coloco sobre su pie; captando su atencion. —❝𝐡𝐞𝐲, 𝐡𝐨𝐥𝐚 𝐚𝐦𝐢𝐠𝐮𝐢𝐭𝐨 ¿𝐭𝐮 𝐭𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞𝐧 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐯𝐢𝐚𝐣𝐞?❞
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  • ¿Te diviertes?
    Bien.
    Cuando sea mi turno, no te quejes.

    // Respondiendo//
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  • 。 𝗧𝗵𝗶𝘀 𝗰𝗶𝘁𝘆 𝗻𝗲𝘃𝗲𝗿 𝗳𝘂𝗰𝗸𝗶𝗻𝗴 𝘀𝗹𝗲𝗲𝗽.
    Categoría Original
    La lluvia no caía.

    Se desplomaba.

    Ácida. Enferma. Con el mismo ánimo de vivir que la mayoría de los habitantes.

    Bajaba desde un cielo sin estrellas, atravesado por anuncios holográficos que parpadeaban sobre los edificios como heridas de neón. Cada gota dejaba manchas iridiscentes sobre el asfalto, mezclándose con vómito, combustible y sangre vieja arrastrada desde algún callejón donde a nadie le importaba quién había gritado por última vez.

    La ciudad seguía viva.

    Y ese era el problema.

    Vivía como viven las cucarachas dentro de un cadáver: moviéndose entre carne podrida, comiendo lo que quedaba y fingiendo que aquello era el progreso.

    Los rascacielos corporativos se elevaban sobre los barrios bajos como dioses en vidrio blindado. Arriba, los ejecutivos bebían agua purificada y vendían guerras con sonrisas perfectas. Abajo, la gente empeñaba pulmones, recuerdos, brazos, córneas y dignidad por una noche más de calefacción, una dosis más de calma o una bala menos en la cabeza.

    Las pantallas gigantes repetían propaganda gubernamental entre comerciales de implantes militares y cuerpos sintéticos de alquiler.

    OBEDECE. CONSUME. MEJORA. SOBREVIVE.


    En mitad de aquella avenida desdentada, bajo el toldo roto de una clínica ilegal de ripperdocs, estaba él.

    El cazador.

    Nadie tenia claro si era su nombre, su oficio o simplemente una advertencia.

    Llevaba un sombrero viejo, empapado por la lluvia y deformado por años de mugre, balas y malas decisiones. El parche sobre su ojo derecho estaba hecho de cuero negro cuarteado, sujeto con una correa que le cruzaba la sien como una cicatriz más en el rostro. Un abrigo largo de fibra antibalas remendada, botas gastadas, guantes sin dedos y una camisa que había sobrevivido a demasiadas peleas para seguir llamándose así misma prenda.

    En su cintura colgaba una pistola pesada, vieja, brutal. No era elegante. No tenía luces decorativas ni asistencia inteligente. Solo era metal, con un retroceso brutal y una tendencia a dejar agujeros enormes sobre la carne humana.

    El cazador aspiró el humo de un cigarrillo y miró el cadáver del hombre tirado frente a él.

    O lo que quedaba.

    Tenía la mandíbula arrancada, cables nerviosos saliéndole del cuello como lombrices plateadas y media cara convertida en una masa brillante de carne, cromo y hueso pulverizado. Sus ojos ópticos seguían encendidos, enfocando y desenfocando el vacío mientras una voz interna repetía, completamente rota:

    — Error... Error... Error…

    El cazador soltó humo por la nariz.

    — Bienvenido al club, idiota.

    A un lado, una mujer con uniforme corporativo temblaba bajo un paraguas transparente. El logo de su empresa brillaba sobre su pecho con una pulcritud obscena, completamente fuera de lugar en una calle donde hasta las ratas parecían tener deudas.

    — Usted fue contratado para traerlo vivo. —dijo ella, intentando sonar firme.

    El cazador giró la cabeza.

    Su único ojo visible era pálido, cansado, hundido bajo una ceja marcada por cicatrices viejas. No había culpa en su expresión.

    Tampoco orgullo.

    Solo hastío.

    — Y él fue contratado para no intentar partirme en dos con unas mantis oxidadas. —respondió con voz ronca—. Mira qué noche tan llena de putas decepciones, ¿no?

    La ejecutiva tragó saliva. Evidentemente nerviosa.

    — La corporación no pagará el total.

    El cazador apagó el cigarrillo contra la chapa ensangrentada del cadáver.

    — La corporación puede meterse el contrato por el puerto neural y actualizarse hasta sangrar por el culo.

    Los drones policiales pasaron por encima, proyectando luces rojas sobre los charcos de sangre.

    Nadie se detuvo. Nadie preguntó.

    En aquella ciudad, si un muerto no bloqueaba el tráfico ni afectaba las acciones de una compañía; era simplemente decoración urbana.

    El cazador se agachó junto al cuerpo y arrancó de su nuca un chip bañado en sangre.

    Lo observó al sostenerlo entre dos dedos, viendo cómo los filamentos internos todavía chisporroteaban como nervios expuestos.

    — Al menos esto sí vale algo.

    La mujer dio un paso atrás.

    — Eso es propiedad privada.

    Él la miró.

    Pesado.

    Despacio.

    Con una paciencia tan podrida que parecía violencia concentrada.

    — Cariño, todo aquí es propiedad privada. Los edificios, la lluvia, tus órganos, mi maldito cansancio. La diferencia es que yo todavía tengo manos para tomar lo que necesito.

    Guardó el chip en el bolsillo interior del abrigo.

    Y la mujer se fue con prisa. Aterrada. Agradecida de no haber muerto.

    Entonces su comunicador vibró.

    Una llamada entrante. Número oculto. Señal encriptada.
    Demasiado limpia para venir de alguien pobre. Demasiado sucia para venir de alguien honesto.

    El cazador suspiró.

    — Fantástico. Más mierda cayendo sobre mí.

    Aceptó la llamada.

    Una voz distorsionada llenó su oído, fría como metal bajo la lengua.

    — Tenemos otro trabajo para ti.

    Él observó la avenida, las pantallas, los cuerpos bajo plástico negro, los niños con implantes baratos rebuscando comida entre contenedores marcados con advertencias químicas.

    Veía a la ciudad entera abrir la boca, masticar a su gente y pedir más.

    — Qué sorpresa... —murmuró—. Por un segundo pensé que el mundo había decidido dejarme pudrir en paz.

    La voz continuó.

    — Hay un activo que se ha rebelado. Tráela. Con vida. 

    El cazador se quedó quieto.

    La lluvia golpeó el ala de su sombrero.

    Una gota bajó por el borde de su parche.

    — ¿Con vida? Eso es complicado.

    — Solo nos sirve con vida. No lo arruines.

    Él soltó una risa baja, áspera, sin humor.

    — Pero ese es mi encanto.

    Hubo un silencio al otro lado de la línea.

    — El riesgo es elevado. La paga alta.

    El cazador cerró el ojo.

    Por un instante, pareció casi dormido de pie bajo la lluvia venenosa.

    Luego sonrió.

    Una mueca desgastada.

    Cansada.

    — Entonces supongo que volveré a vender otro pedazo de mi alma. Total, ya nadie compra el lote completo.

    Cortó la llamada.

    A lo lejos, más allá de los bloques residenciales carcomidos por óxido y pantallas pornográficas defectuosas; una torre abandonada se alzaba contra el cielo eléctrico. Sus ventanas estaban oscuras. Demasiado oscuras para una ciudad que nunca dejaba morir la luz.

    El cazador se acomodó el sombrero, revisó su pistola y empezó a caminar.

    Cada paso chapoteaba en agua sucia, sangre diluida y reflejos de neón.

    — Veamos con que me sorprende esta ciudad de mierda.

    Gruñó para sí mismo, pero siguió avanzando porque en aquel mundo nadie era libre.

    Solo existían distintos precios para la misma condena.
    La lluvia no caía. Se desplomaba. Ácida. Enferma. Con el mismo ánimo de vivir que la mayoría de los habitantes. Bajaba desde un cielo sin estrellas, atravesado por anuncios holográficos que parpadeaban sobre los edificios como heridas de neón. Cada gota dejaba manchas iridiscentes sobre el asfalto, mezclándose con vómito, combustible y sangre vieja arrastrada desde algún callejón donde a nadie le importaba quién había gritado por última vez. La ciudad seguía viva. Y ese era el problema. Vivía como viven las cucarachas dentro de un cadáver: moviéndose entre carne podrida, comiendo lo que quedaba y fingiendo que aquello era el progreso. Los rascacielos corporativos se elevaban sobre los barrios bajos como dioses en vidrio blindado. Arriba, los ejecutivos bebían agua purificada y vendían guerras con sonrisas perfectas. Abajo, la gente empeñaba pulmones, recuerdos, brazos, córneas y dignidad por una noche más de calefacción, una dosis más de calma o una bala menos en la cabeza. Las pantallas gigantes repetían propaganda gubernamental entre comerciales de implantes militares y cuerpos sintéticos de alquiler. OBEDECE. CONSUME. MEJORA. SOBREVIVE. En mitad de aquella avenida desdentada, bajo el toldo roto de una clínica ilegal de ripperdocs, estaba él. El cazador. Nadie tenia claro si era su nombre, su oficio o simplemente una advertencia. Llevaba un sombrero viejo, empapado por la lluvia y deformado por años de mugre, balas y malas decisiones. El parche sobre su ojo derecho estaba hecho de cuero negro cuarteado, sujeto con una correa que le cruzaba la sien como una cicatriz más en el rostro. Un abrigo largo de fibra antibalas remendada, botas gastadas, guantes sin dedos y una camisa que había sobrevivido a demasiadas peleas para seguir llamándose así misma prenda. En su cintura colgaba una pistola pesada, vieja, brutal. No era elegante. No tenía luces decorativas ni asistencia inteligente. Solo era metal, con un retroceso brutal y una tendencia a dejar agujeros enormes sobre la carne humana. El cazador aspiró el humo de un cigarrillo y miró el cadáver del hombre tirado frente a él. O lo que quedaba. Tenía la mandíbula arrancada, cables nerviosos saliéndole del cuello como lombrices plateadas y media cara convertida en una masa brillante de carne, cromo y hueso pulverizado. Sus ojos ópticos seguían encendidos, enfocando y desenfocando el vacío mientras una voz interna repetía, completamente rota: — Error... Error... Error… El cazador soltó humo por la nariz. — Bienvenido al club, idiota. A un lado, una mujer con uniforme corporativo temblaba bajo un paraguas transparente. El logo de su empresa brillaba sobre su pecho con una pulcritud obscena, completamente fuera de lugar en una calle donde hasta las ratas parecían tener deudas. — Usted fue contratado para traerlo vivo. —dijo ella, intentando sonar firme. El cazador giró la cabeza. Su único ojo visible era pálido, cansado, hundido bajo una ceja marcada por cicatrices viejas. No había culpa en su expresión. Tampoco orgullo. Solo hastío. — Y él fue contratado para no intentar partirme en dos con unas mantis oxidadas. —respondió con voz ronca—. Mira qué noche tan llena de putas decepciones, ¿no? La ejecutiva tragó saliva. Evidentemente nerviosa. — La corporación no pagará el total. El cazador apagó el cigarrillo contra la chapa ensangrentada del cadáver. — La corporación puede meterse el contrato por el puerto neural y actualizarse hasta sangrar por el culo. Los drones policiales pasaron por encima, proyectando luces rojas sobre los charcos de sangre. Nadie se detuvo. Nadie preguntó. En aquella ciudad, si un muerto no bloqueaba el tráfico ni afectaba las acciones de una compañía; era simplemente decoración urbana. El cazador se agachó junto al cuerpo y arrancó de su nuca un chip bañado en sangre. Lo observó al sostenerlo entre dos dedos, viendo cómo los filamentos internos todavía chisporroteaban como nervios expuestos. — Al menos esto sí vale algo. La mujer dio un paso atrás. — Eso es propiedad privada. Él la miró. Pesado. Despacio. Con una paciencia tan podrida que parecía violencia concentrada. — Cariño, todo aquí es propiedad privada. Los edificios, la lluvia, tus órganos, mi maldito cansancio. La diferencia es que yo todavía tengo manos para tomar lo que necesito. Guardó el chip en el bolsillo interior del abrigo. Y la mujer se fue con prisa. Aterrada. Agradecida de no haber muerto. Entonces su comunicador vibró. Una llamada entrante. Número oculto. Señal encriptada. Demasiado limpia para venir de alguien pobre. Demasiado sucia para venir de alguien honesto. El cazador suspiró. — Fantástico. Más mierda cayendo sobre mí. Aceptó la llamada. Una voz distorsionada llenó su oído, fría como metal bajo la lengua. — Tenemos otro trabajo para ti. Él observó la avenida, las pantallas, los cuerpos bajo plástico negro, los niños con implantes baratos rebuscando comida entre contenedores marcados con advertencias químicas. Veía a la ciudad entera abrir la boca, masticar a su gente y pedir más. — Qué sorpresa... —murmuró—. Por un segundo pensé que el mundo había decidido dejarme pudrir en paz. La voz continuó. — Hay un activo que se ha rebelado. Tráela. Con vida.  El cazador se quedó quieto. La lluvia golpeó el ala de su sombrero. Una gota bajó por el borde de su parche. — ¿Con vida? Eso es complicado. — Solo nos sirve con vida. No lo arruines. Él soltó una risa baja, áspera, sin humor. — Pero ese es mi encanto. Hubo un silencio al otro lado de la línea. — El riesgo es elevado. La paga alta. El cazador cerró el ojo. Por un instante, pareció casi dormido de pie bajo la lluvia venenosa. Luego sonrió. Una mueca desgastada. Cansada. — Entonces supongo que volveré a vender otro pedazo de mi alma. Total, ya nadie compra el lote completo. Cortó la llamada. A lo lejos, más allá de los bloques residenciales carcomidos por óxido y pantallas pornográficas defectuosas; una torre abandonada se alzaba contra el cielo eléctrico. Sus ventanas estaban oscuras. Demasiado oscuras para una ciudad que nunca dejaba morir la luz. El cazador se acomodó el sombrero, revisó su pistola y empezó a caminar. Cada paso chapoteaba en agua sucia, sangre diluida y reflejos de neón. — Veamos con que me sorprende esta ciudad de mierda. Gruñó para sí mismo, pero siguió avanzando porque en aquel mundo nadie era libre. Solo existían distintos precios para la misma condena.
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  • Isla Rowan
    —Qué bonito es salir con mi mejor amiga. —Si, solo quiere joder. (?)
    [legend_peridot_mule_195] —Qué bonito es salir con mi mejor amiga. —Si, solo quiere joder. (?)
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