• Muy buen día a todos(as)
    Daozhang
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  • —No puedo seguir así, me siguen buscando, hay carteles con la apariencia de "Anne" (apariencia y nombre que usaba sobre la tierra) por doquier, mi cabaña ya no es segura, tendré que huir de nuevo.- Cubierta casi de pies a cabeza con esa capucha, llevaba la vieja valija tomada con una mano la cual portaba el cráneo de su padre, y dos obsequios de una entidad anónima, sobre la mano libre su cayado de madera (arma del caos) el cual tomaba cualquier forma en el campo de batalla.

    Era tiempo de cambiar de apariencia y de lugar, ya no tenía el apoyo de aquel que un día lo fue todo; sin embargo, como un rayo sobre su mente, recuerdo aquel sujeto, varón relajado e imprudente, que la había ayudado tiempo atrás.

    —Él... -Espero llegar a un alujar apartado del poblado, para poder transportarse, mencionó un maleficio. — (==========), cuál logro desvanecerla como si fueran ruinas sobre el suelo, apareciendo frente a la casa del bárbaro tocando con el puño cerrado sobre la puerta de madera. 

    —¡Toc!, ¡Toc!.
    [leonv]
    —No puedo seguir así, me siguen buscando, hay carteles con la apariencia de "Anne" (apariencia y nombre que usaba sobre la tierra) por doquier, mi cabaña ya no es segura, tendré que huir de nuevo.- Cubierta casi de pies a cabeza con esa capucha, llevaba la vieja valija tomada con una mano la cual portaba el cráneo de su padre, y dos obsequios de una entidad anónima, sobre la mano libre su cayado de madera (arma del caos) el cual tomaba cualquier forma en el campo de batalla. Era tiempo de cambiar de apariencia y de lugar, ya no tenía el apoyo de aquel que un día lo fue todo; sin embargo, como un rayo sobre su mente, recuerdo aquel sujeto, varón relajado e imprudente, que la había ayudado tiempo atrás. —Él... -Espero llegar a un alujar apartado del poblado, para poder transportarse, mencionó un maleficio. — (==========), cuál logro desvanecerla como si fueran ruinas sobre el suelo, apareciendo frente a la casa del bárbaro tocando con el puño cerrado sobre la puerta de madera.  —¡Toc!, ¡Toc!. [leonv]
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  • •—La Madrastra III

    La muchacha se ha quitado las vendas de los ojos con rapidez, como si llevara mucho tiempo esperando a por ese momento de libertad.

    — Mamá dice que es normal, que se me pasará pronto, que son cosas que pasan a todas las novias cuando se ponen muy nerviosas —explica, con voz tan baja que casi parece murmurar.

    El brujo y el mundo entero ahí fuera sabe muy bien que eso no es cierto. Las novias no se vuelven ciegas por estar nerviosas antes de sus bodas, ni una persona ciega necesita estar encerrada de esta manera.

    — Lo que mamá no te dijo es la forma de sanar, ¿No es así? —Adivina—. ¿Cuál es tu nombre?

    — Katerina —responde ella.

    Pero no dice nada respecto a la primera pregunta. Tolek lo hizo a propósito para que Katerina escogiera qué es más importante para ella, si defender el honor de su madre o ella misma. Y la buena noticia es que Katerina siente que ella misma es más importante.

    — Bien, haremos algo que ningún médico ha hecho por ti, es algo que sólo hacemos los brujos —explica, mientras se acerca a ella lentamente—. Voy a mirar tus ojos más de cerca, voy a encender la lámpara a un lado de tu cama.

    Y así lo hace. Observa entonces que los ojos de Katerina no reaccionan al cambio de luz, y tras un vistazo mucho más cerca nota que, tal y como esperaba, no hay señales de cataratas ni afecciones detectables a primera vista. El hombre que pidió el favor ya había dicho así al cuervo, que ningún médico ha podido ayudarle.

    — Vas a estar bien —dice, terminando su examen—. Ten, quiero que me digas qué es esto —pide, mientras le entrega las gafas de mamá.

    — Esto es... son unos anteojos —responde ella, tocando cuidadosamente las gafas entre sus manos.

    — Pero no son unos anteojos cualquiera.

    — ¿Son los anteojos de mi madre? —Pregunta ella, algo sorprendida.

    Tolek sabe que ha hecho bien al entregárselos, pues así es más fácil hacerle creer inconscientemente a Katerina que mamá no sólo aprueba esta reunión, también está dispuesta a ser parte de la sanación.

    — Así es.

    Luego, Tolek recorre la habitación con la mirada en busca de algo que pertenezca a Katerina. Pero ahí no hay nada que no cumpla una función estética.

    — Este no es tu cuarto, ¿No es así? —Observa.

    — No. Este es el cuarto de invitados, mi madre dice que es mejor que esté aquí.

    Sin preguntar el porqué, el brujo imagina lo apartada que debió sentirse Katerina en el momento en que mamá le trajo aquí. Una forma muy eficiente de hacerle sentir culpable por enfermarse, es decir, por decidir casarse... con quien ella no aprueba.

    — Necesitaré algo que te pertenezca y que quieras mucho, algo como tu juguete favorito, por ejemplo —dice.

    Y puede apostar a que Katerina tiene uno, pese a que ya es una mujer adolescente que está en edad como para casarse legalmente.

    — Hay un muñeco de un hipopótamo en mi cama. Es horrible y está viejísimo, pero lo quiero mucho. Me lo regaló papá cuando empecé a ir a la escuela —responde ella, algo avergonzada, pero bien dispuesta.

    — Eso será perfecto.

    El brujo debe salir de la habitación, pero ello no rompe el sello que ha puesto en la puerta. Por ende, debe pedirle al hombre que le lleve al cuarto de Katerina para alejarle del intento de ir a verla en la habitación de visitas. Sería problemático que se encontrara con que no puede entrar.

    — Bien, tengo a tu hipopótamo —anuncia, metiéndose nuevamente en la habitación de visitas—. Tienes razón, está horrible.

    Tras un par de risas de ambos, Tolek lleva el muñeco a las manos de Katerina para que lo sostenga junto a los anteojos de mamá.

    — ¿Cómo se llama el futuro novio?

    — Jared. Jared Hastings. Es un amigo de la infancia, íbamos juntos a la escuela.

    — Imagino que Jared ya conoce la existencia del hipopótamo feo. Si no se asustó, es que te quiere mucho —bromea.

    En realidad, Tolek está tejiendo relaciones inconscientes en la cabeza de Katerina. Desde ahora y por el tiempo suficiente como para realizar el conjuro, ella pensará en Jared cada vez que recuerde al hipopótamo.

    #ElBrujoCojo #Brujerías
    •—La Madrastra III La muchacha se ha quitado las vendas de los ojos con rapidez, como si llevara mucho tiempo esperando a por ese momento de libertad. — Mamá dice que es normal, que se me pasará pronto, que son cosas que pasan a todas las novias cuando se ponen muy nerviosas —explica, con voz tan baja que casi parece murmurar. El brujo y el mundo entero ahí fuera sabe muy bien que eso no es cierto. Las novias no se vuelven ciegas por estar nerviosas antes de sus bodas, ni una persona ciega necesita estar encerrada de esta manera. — Lo que mamá no te dijo es la forma de sanar, ¿No es así? —Adivina—. ¿Cuál es tu nombre? — Katerina —responde ella. Pero no dice nada respecto a la primera pregunta. Tolek lo hizo a propósito para que Katerina escogiera qué es más importante para ella, si defender el honor de su madre o ella misma. Y la buena noticia es que Katerina siente que ella misma es más importante. — Bien, haremos algo que ningún médico ha hecho por ti, es algo que sólo hacemos los brujos —explica, mientras se acerca a ella lentamente—. Voy a mirar tus ojos más de cerca, voy a encender la lámpara a un lado de tu cama. Y así lo hace. Observa entonces que los ojos de Katerina no reaccionan al cambio de luz, y tras un vistazo mucho más cerca nota que, tal y como esperaba, no hay señales de cataratas ni afecciones detectables a primera vista. El hombre que pidió el favor ya había dicho así al cuervo, que ningún médico ha podido ayudarle. — Vas a estar bien —dice, terminando su examen—. Ten, quiero que me digas qué es esto —pide, mientras le entrega las gafas de mamá. — Esto es... son unos anteojos —responde ella, tocando cuidadosamente las gafas entre sus manos. — Pero no son unos anteojos cualquiera. — ¿Son los anteojos de mi madre? —Pregunta ella, algo sorprendida. Tolek sabe que ha hecho bien al entregárselos, pues así es más fácil hacerle creer inconscientemente a Katerina que mamá no sólo aprueba esta reunión, también está dispuesta a ser parte de la sanación. — Así es. Luego, Tolek recorre la habitación con la mirada en busca de algo que pertenezca a Katerina. Pero ahí no hay nada que no cumpla una función estética. — Este no es tu cuarto, ¿No es así? —Observa. — No. Este es el cuarto de invitados, mi madre dice que es mejor que esté aquí. Sin preguntar el porqué, el brujo imagina lo apartada que debió sentirse Katerina en el momento en que mamá le trajo aquí. Una forma muy eficiente de hacerle sentir culpable por enfermarse, es decir, por decidir casarse... con quien ella no aprueba. — Necesitaré algo que te pertenezca y que quieras mucho, algo como tu juguete favorito, por ejemplo —dice. Y puede apostar a que Katerina tiene uno, pese a que ya es una mujer adolescente que está en edad como para casarse legalmente. — Hay un muñeco de un hipopótamo en mi cama. Es horrible y está viejísimo, pero lo quiero mucho. Me lo regaló papá cuando empecé a ir a la escuela —responde ella, algo avergonzada, pero bien dispuesta. — Eso será perfecto. El brujo debe salir de la habitación, pero ello no rompe el sello que ha puesto en la puerta. Por ende, debe pedirle al hombre que le lleve al cuarto de Katerina para alejarle del intento de ir a verla en la habitación de visitas. Sería problemático que se encontrara con que no puede entrar. — Bien, tengo a tu hipopótamo —anuncia, metiéndose nuevamente en la habitación de visitas—. Tienes razón, está horrible. Tras un par de risas de ambos, Tolek lleva el muñeco a las manos de Katerina para que lo sostenga junto a los anteojos de mamá. — ¿Cómo se llama el futuro novio? — Jared. Jared Hastings. Es un amigo de la infancia, íbamos juntos a la escuela. — Imagino que Jared ya conoce la existencia del hipopótamo feo. Si no se asustó, es que te quiere mucho —bromea. En realidad, Tolek está tejiendo relaciones inconscientes en la cabeza de Katerina. Desde ahora y por el tiempo suficiente como para realizar el conjuro, ella pensará en Jared cada vez que recuerde al hipopótamo. #ElBrujoCojo #Brujerías
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  • -Me encantó ver Netflix contigo [Santiago] .
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  • Buen dia a todo el mundo!
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  • Muy buen día. Que tengan un excelente inicio de semana!!!
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  • - Vamos New Alexa deja de molestar, me estás fastidiando una resaca cojonuda...tsk...
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  • La noche de ayer fue fantástica, lástima que se me hizo demasiado corta ~
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  • 𝔇𝔬𝔪𝔦𝔫𝔬 𝔢𝔣𝔣𝔢𝔠𝔱
    Fandom Continente de Ruthouryn
    Categoría Drama
    ࿐ ࿔*:・゚
    𝑫𝒐𝒏 𝒏𝒐𝒕 𝒃𝒆 𝒂𝒇𝒓𝒂𝒊𝒅, 𝒇𝒐𝒓 𝒊𝒇 𝒎𝒚 𝒅𝒆𝒔𝒕𝒊𝒏𝒚 𝒊𝒔 𝒕𝒐 𝒇𝒂𝒍𝒍, 𝒂𝒕 𝒍𝒆𝒂𝒔𝒕 𝑰 𝒘𝒐𝒏'𝒕 𝒇𝒂𝒍𝒍 𝒂𝒍𝒐𝒏𝒆. [WHIT3KNlGHT]
    ࿐ ࿔*:・゚

    —Aidna no tenía el placer de conocer a la Reina de Vindur en persona.

    A decir verdad, pese a las historias terribles que le habían contado sobre la mujer, algo dentro de la joven princesa le hacía mirar a La Regina con otros ojos; no con los del miedo, sino con los de la admiración. Rhianwen era, cuanto menos, admirable en su afán de conquista. Humana, pero una humana poderosa... y peligrosa.

    Quizá, Aidna había perdido el miedo mucho tiempo atrás. Uno no tiene miedo cuando no tiene absolutamente nada que perder. Shadi le había robado la capacidad de anhelar, de soñar, de volar. Su cuerpo estaba ya marchito tras tantos años de encierro, su alma de luchadora había acabado por doblegarse, y pese a su actitud desenfadada y burlona, cuando nadie miraba Aidna no sonreía. Sus maldades ya no le hacían reír, y toda la travesura ahora se había convertido en una mezcla de resentimiento y hastío.

    Por ello, cuando recibió la carta de Rhianwen, se sorprendió al notar el rápido latido de su corazón. Fue en ese momento en el que decidió que ya había esperado demasiado, y que era hora hora de dejar caer la primera pieza de dominó.

    Se encerró en sus aposentos e hizo llamar a su hermana, la única en la que podía confiar. Ella, y solo ella, sería capaz de asistirla con su plan.

    Por fin iba a enercer su venganza. Aidna abrió las pesadas cortinas y observó el paisaje nevado—. Su alteza Rhianwen... un heredero. Interesante.
    ࿐ ࿔*:・゚ 𝑫𝒐𝒏 𝒏𝒐𝒕 𝒃𝒆 𝒂𝒇𝒓𝒂𝒊𝒅, 𝒇𝒐𝒓 𝒊𝒇 𝒎𝒚 𝒅𝒆𝒔𝒕𝒊𝒏𝒚 𝒊𝒔 𝒕𝒐 𝒇𝒂𝒍𝒍, 𝒂𝒕 𝒍𝒆𝒂𝒔𝒕 𝑰 𝒘𝒐𝒏'𝒕 𝒇𝒂𝒍𝒍 𝒂𝒍𝒐𝒏𝒆. [WHIT3KNlGHT] ࿐ ࿔*:・゚ —Aidna no tenía el placer de conocer a la Reina de Vindur en persona. A decir verdad, pese a las historias terribles que le habían contado sobre la mujer, algo dentro de la joven princesa le hacía mirar a La Regina con otros ojos; no con los del miedo, sino con los de la admiración. Rhianwen era, cuanto menos, admirable en su afán de conquista. Humana, pero una humana poderosa... y peligrosa. Quizá, Aidna había perdido el miedo mucho tiempo atrás. Uno no tiene miedo cuando no tiene absolutamente nada que perder. Shadi le había robado la capacidad de anhelar, de soñar, de volar. Su cuerpo estaba ya marchito tras tantos años de encierro, su alma de luchadora había acabado por doblegarse, y pese a su actitud desenfadada y burlona, cuando nadie miraba Aidna no sonreía. Sus maldades ya no le hacían reír, y toda la travesura ahora se había convertido en una mezcla de resentimiento y hastío. Por ello, cuando recibió la carta de Rhianwen, se sorprendió al notar el rápido latido de su corazón. Fue en ese momento en el que decidió que ya había esperado demasiado, y que era hora hora de dejar caer la primera pieza de dominó. Se encerró en sus aposentos e hizo llamar a su hermana, la única en la que podía confiar. Ella, y solo ella, sería capaz de asistirla con su plan. Por fin iba a enercer su venganza. Aidna abrió las pesadas cortinas y observó el paisaje nevado—. Su alteza Rhianwen... un heredero. Interesante.
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  • Buenos dias, cariño~.
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