• Buenos dia!!!
    Les deseo a todos ustedes.
    Buenos dia!!! Les deseo a todos ustedes.
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  • ── Vaya, sí eso es lo que necesita. Vaya, no le detendré. ──

    Isaac aceptó la petición con una calma que rozaba la desidia. Ella quería una iglesia; quería rezar para remendar un espíritu que ya goteaba oscuridad.

    Pero cuando la alerta de "bestia en el templo" llegó a oídos del joven Van Helsing, no hubo sorpresa, solo una confirmación de lo inevitable.

    Al cruzar el umbral, la encontró. No había gruñidos, solo el rítmico chocar de las cuentas de un rosario entre garras. Ella oraba, sumergida en ese trance hipnótico que solo la fe o la locura pueden provocar.

    Isaac, con la paciencia de quien ha visto a dioses sangrar, se sentó a su lado. No desenfundó el acero; simplemente unió sus manos y esperó.

    Al terminar el último susurro, la verdad cayó sobre la mesa con el peso de una lápida, así que Isaac le ofreció las únicas dos salidas que su apellido permitía: la muerte a manos de él, o el milagro de recuperar su piel.

    Las horas se consumieron entre el incienso, las velas que se iban derritiendo con el paso del tiempo y el frío

    Isaac salió de la iglesia cargando el cadáver de una mujer, ocultando sus propias facciones bajo la capucha.

    No hubo pelea; resultaba extrañamente perturbador que un monstruo decidiera reclamar su propia muerte, como si supiera que su nueva apariencia jamás la iba a decir descansar, ignorante a que si había posibilidad de volver a lucir humana, pero ella no tuvo interés en ello.
    ── Vaya, sí eso es lo que necesita. Vaya, no le detendré. ── Isaac aceptó la petición con una calma que rozaba la desidia. Ella quería una iglesia; quería rezar para remendar un espíritu que ya goteaba oscuridad. Pero cuando la alerta de "bestia en el templo" llegó a oídos del joven Van Helsing, no hubo sorpresa, solo una confirmación de lo inevitable. Al cruzar el umbral, la encontró. No había gruñidos, solo el rítmico chocar de las cuentas de un rosario entre garras. Ella oraba, sumergida en ese trance hipnótico que solo la fe o la locura pueden provocar. Isaac, con la paciencia de quien ha visto a dioses sangrar, se sentó a su lado. No desenfundó el acero; simplemente unió sus manos y esperó. Al terminar el último susurro, la verdad cayó sobre la mesa con el peso de una lápida, así que Isaac le ofreció las únicas dos salidas que su apellido permitía: la muerte a manos de él, o el milagro de recuperar su piel. Las horas se consumieron entre el incienso, las velas que se iban derritiendo con el paso del tiempo y el frío Isaac salió de la iglesia cargando el cadáver de una mujer, ocultando sus propias facciones bajo la capucha. No hubo pelea; resultaba extrañamente perturbador que un monstruo decidiera reclamar su propia muerte, como si supiera que su nueva apariencia jamás la iba a decir descansar, ignorante a que si había posibilidad de volver a lucir humana, pero ella no tuvo interés en ello.
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  • Confesiones de un veterano de la cruz
    Rodrigo de León llevaba tantos años enterrando hombres bajo estandartes santos que había aprendido algo que los jóvenes recién llegados todavía ignoraban: Los juramentos quedan muy bonitos frente al altar, pero la guerra termina arrancándoselos a casi todos. Algunos los pierden poco a poco, entre hambre, frío y sangre. Otros nacen ya...
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  • *Intento estrellar mi cabeza a toda velocidad con el cocinero. Pero fallo rotundamente* ¿Funciono?. Algo anda mal... Porque tengo tanta hambre... Oh oh... *observo mis pequeñas patas* Falle rotundamente. Debo salir de aquí antes de que. *el cocinero ve la rata en la cocina y empieza a perseguirme* NOOOO. *corro por mi "vida" a través de la cocina del restaurant*
    *Intento estrellar mi cabeza a toda velocidad con el cocinero. Pero fallo rotundamente* ¿Funciono?. Algo anda mal... Porque tengo tanta hambre... Oh oh... *observo mis pequeñas patas* Falle rotundamente. Debo salir de aquí antes de que. *el cocinero ve la rata en la cocina y empieza a perseguirme* NOOOO. *corro por mi "vida" a través de la cocina del restaurant*
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  • El sol se hunde lentamente tras las montañas lejanas, tiñendo el cielo de un rojo oscuro y profundo. Siegmeyer y Gavlan han caminado un buen trecho juntos y se han detenido en las ruinas de un viejo fuerte medio derruido. Algunas columnas caídas y muros cubiertos de hiedra forman un refugio improvisado. El viento es frío y trae el olor a tierra húmeda y piedra antigua. Ambos se han sentado sobre bloques de piedra para descansar un momento y comer algo antes de continuar.

    Siegmeyer jugaba con la humanidad que le había dado el contrari. Finalmente con la espalda recta, decidió quitárse el yelmo por primera vez en mucho rato y dejando ver su rostro cansado pero sereno. Sostiene un trozo de pan duro y carne seca en las manos. — …El camino ha sido más tranquilo de lo que esperaba. — Mira hacia el horizonte donde el sol desaparece. — Aun así… no confío en esta calma. Come algo, Gavlan. Pronto tendremos que seguir antes de que la noche nos cubra por completo. — Da un mordisco lento, pensativo.

    Gavlan
    El sol se hunde lentamente tras las montañas lejanas, tiñendo el cielo de un rojo oscuro y profundo. Siegmeyer y Gavlan han caminado un buen trecho juntos y se han detenido en las ruinas de un viejo fuerte medio derruido. Algunas columnas caídas y muros cubiertos de hiedra forman un refugio improvisado. El viento es frío y trae el olor a tierra húmeda y piedra antigua. Ambos se han sentado sobre bloques de piedra para descansar un momento y comer algo antes de continuar. Siegmeyer jugaba con la humanidad que le había dado el contrari. Finalmente con la espalda recta, decidió quitárse el yelmo por primera vez en mucho rato y dejando ver su rostro cansado pero sereno. Sostiene un trozo de pan duro y carne seca en las manos. — …El camino ha sido más tranquilo de lo que esperaba. — Mira hacia el horizonte donde el sol desaparece. — Aun así… no confío en esta calma. Come algo, Gavlan. Pronto tendremos que seguir antes de que la noche nos cubra por completo. — Da un mordisco lento, pensativo. [radiant_malachite_ape_821]
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  • Aló ~ Kyo amor ~
    Sí, soy yo.
    Solo para decirte que el patrón se repitió.
    Sí, ahora mismo estoy resguardando a la victima.
    ¿Puedes venir por nosotros?
    Helado, queremos helado.
    Aló ~ Kyo amor ~ Sí, soy yo. Solo para decirte que el patrón se repitió. Sí, ahora mismo estoy resguardando a la victima. ¿Puedes venir por nosotros? Helado, queremos helado.
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  • Por fin juntos de nuevo, te echado de menos mi jugador favorito de rugby Charlie Argent Turner
    Por fin juntos de nuevo, te echado de menos mi jugador favorito de rugby [Witcher_cx] 🖤
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  • Este cosa es jodidamente delicioso.
    Este cosa es jodidamente delicioso.
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  • —Un nombre.

    Los nombres son importantes, particularmente importantes para los Ainu. Es a través de los nombres que lo intangible se entiende, que se le da una identidad -y todo lo que ellos implica- a las fuerzas de la naturaleza, a los espíritus antes anónimos.

    Es por eso que los Ainu eligen sus nombres: Durante la infancia, se reciben nombres provisionales, basados en sucesos que hayan ocurrido cerca del nacimiento, o algún gusto o particularidad del infante. Hasta que se alcanza una edad apropiada, es que a un Ainu se le permite elegir un nombre.

    Aunque no tiene nada que ver con la edad. No es el número lo que determina cuando estamos listos, son nuestras vivencias, los procesos mediante los cuales nos hemos transformado. Un Ainu no sabe que está listo para elegir su nombre, hasta que ocurre. Hasta que llega ese momento de epifanía en el que todo cuadra.

    Es así como elegiremos un nombre. Uno que represente todo por lo que hemos pasado, por lo que nos falta pasar, los miedos que atrás dejamos, las esperanzas que en el futuro hemos decidido depositar.

    Un nombre para nosotras.
    —Un nombre. Los nombres son importantes, particularmente importantes para los Ainu. Es a través de los nombres que lo intangible se entiende, que se le da una identidad -y todo lo que ellos implica- a las fuerzas de la naturaleza, a los espíritus antes anónimos. Es por eso que los Ainu eligen sus nombres: Durante la infancia, se reciben nombres provisionales, basados en sucesos que hayan ocurrido cerca del nacimiento, o algún gusto o particularidad del infante. Hasta que se alcanza una edad apropiada, es que a un Ainu se le permite elegir un nombre. Aunque no tiene nada que ver con la edad. No es el número lo que determina cuando estamos listos, son nuestras vivencias, los procesos mediante los cuales nos hemos transformado. Un Ainu no sabe que está listo para elegir su nombre, hasta que ocurre. Hasta que llega ese momento de epifanía en el que todo cuadra. Es así como elegiremos un nombre. Uno que represente todo por lo que hemos pasado, por lo que nos falta pasar, los miedos que atrás dejamos, las esperanzas que en el futuro hemos decidido depositar. Un nombre para nosotras.
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  • Supongo que te mostraré como se monta una ola..
    Supongo que te mostraré como se monta una ola..
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