-Mucho antes de que los reinos mortales aprendieran a nombrar las estrellas, ya existía un lugar donde los horrores nacidos entre galaxias eran encerrados. No era una prisión construida por dioses ni por imperios. Era una herida abierta en el tejido de la realidad, suspendida entre dimensiones muertas y eclipses eternos. Allí, en el corazón de aquella necrópolis cósmica, permanecían cautivas entidades capaces de devorar mundos enteros con un pensamiento, criaturas cuyo simple despertar bastaría para borrar civilizaciones de la existencia.-
-Aquel dominio era conocido como La Cárcel del Eclipse Eterno. Miles de cadenas forjadas con materia imposible sostenían inmensos receptáculos cristalinos donde descansaban seres que jamás debieron existir. Algunos habían nacido antes que el tiempo. Otros eran fragmentos conscientes del vacío primordial. Todos permanecían inmóviles bajo el resplandor enfermizo del gran eclipse que observaba desde lo alto como un ojo celestial condenado a nunca cerrarse.-
-Y sobre todos ellos reinaba una única figura.-
-"Vaelith Crimsom Lunae, el Rey del Eclipse Carmesí."-
-Su título no era honorífico ni simbólico. Era una responsabilidad impuesta por fuerzas tan antiguas como la propia creación. Mientras los monarcas mortales gobernaban ciudades, ejércitos y naciones, Vaelith gobernaba el silencio entre las estrellas. Era el vigilante de los condenados, el guardián de los horrores cósmicos y el último muro que separaba al universo de aquello que aguardaba tras las cadenas.-
-Desde la plataforma central de la prisión, observaba las gigantescas cámaras suspendidas en la oscuridad. Sus ojos rojizos recorrían cada celda, cada grieta, cada vibración anómala de los sellos ancestrales. Sabía que muchas de aquellas criaturas llevaban incontables eras intentando escapar. Algunas susurraban promesas de poder. Otras maldiciones. Otras simplemente aguardaban pacientemente el inevitable desgaste del tiempo.-
|No es posible ingresar a este lugar, sin el Permiso de Vaelith.|
-Mucho antes de que los reinos mortales aprendieran a nombrar las estrellas, ya existía un lugar donde los horrores nacidos entre galaxias eran encerrados. No era una prisión construida por dioses ni por imperios. Era una herida abierta en el tejido de la realidad, suspendida entre dimensiones muertas y eclipses eternos. Allí, en el corazón de aquella necrópolis cósmica, permanecían cautivas entidades capaces de devorar mundos enteros con un pensamiento, criaturas cuyo simple despertar bastaría para borrar civilizaciones de la existencia.-
-Aquel dominio era conocido como La Cárcel del Eclipse Eterno. Miles de cadenas forjadas con materia imposible sostenían inmensos receptáculos cristalinos donde descansaban seres que jamás debieron existir. Algunos habían nacido antes que el tiempo. Otros eran fragmentos conscientes del vacío primordial. Todos permanecían inmóviles bajo el resplandor enfermizo del gran eclipse que observaba desde lo alto como un ojo celestial condenado a nunca cerrarse.-
-Y sobre todos ellos reinaba una única figura.-
-"Vaelith Crimsom Lunae, el Rey del Eclipse Carmesí."-
-Su título no era honorífico ni simbólico. Era una responsabilidad impuesta por fuerzas tan antiguas como la propia creación. Mientras los monarcas mortales gobernaban ciudades, ejércitos y naciones, Vaelith gobernaba el silencio entre las estrellas. Era el vigilante de los condenados, el guardián de los horrores cósmicos y el último muro que separaba al universo de aquello que aguardaba tras las cadenas.-
-Desde la plataforma central de la prisión, observaba las gigantescas cámaras suspendidas en la oscuridad. Sus ojos rojizos recorrían cada celda, cada grieta, cada vibración anómala de los sellos ancestrales. Sabía que muchas de aquellas criaturas llevaban incontables eras intentando escapar. Algunas susurraban promesas de poder. Otras maldiciones. Otras simplemente aguardaban pacientemente el inevitable desgaste del tiempo.-
|No es posible ingresar a este lugar, sin el Permiso de Vaelith.|