Rol con
Derek Morgan
Viktor Frankl escribió:
"No tenemos control sobre lo que nos sucede, pero sí sobre cómo respondemos a ello."
El sol ya caía en la ciudad de Washington DC, recortando edificios contra un cielo matizado en tonos rojizos y perezosos. El tráfico no se detenía, ni el tránsito de los peatones o sus charlas pasajeras. Las ciudades no se detenían por nadie y parecían no temblar ante los crímenes que azotaban las calles. Ocultos entre ríos de tinta en la prensa.
Aquel día, la capitana Harlow Archer había tenido uno de esos dias malos. Siempre que perdía a un compañero, a un miembro de su comunidad era un día malo… muy malo. Muy gris. Apagado. Su día habia transcurrido entre reuniones con el fiscal, con el alcalde y con la familia del sargento abatido. Era su deber mostrar apoyo en aquellos terribles momentos. Tenia que dar la cara y parecer entera, aunque su interior se hubiera fragmentado al haber perdido a un amigo. Y ahora no sabia con qué cara afrontaría el funeral del día siguiente.
Por eso, la capitana en lugar de regresar a casa, habia recogido su ropa de deporte, se habia enfundado sus guantes de contacto y ahora mataba la frustración golpeando un saco de boxeo en un gimnasio alejado de su propio barrio. Donde esperaba que nadie supiera quien era ella, donde pudiera dejar ir el dolor, la pena, la rabia…
Cada toque de los guantes sobre el saco retumbaba en la sala casi vacía. Sus pies pivotaban rítmicamente sobre el suelo de madera flexible pero Harlow no sentía la tensión. Ni en sus piernas, ni sus brazos. Su mirada no veia, estaba abstraída. Lejos de allí.
Rol con [CH0COLATETHUNDER]
Viktor Frankl escribió:
"No tenemos control sobre lo que nos sucede, pero sí sobre cómo respondemos a ello."
El sol ya caía en la ciudad de Washington DC, recortando edificios contra un cielo matizado en tonos rojizos y perezosos. El tráfico no se detenía, ni el tránsito de los peatones o sus charlas pasajeras. Las ciudades no se detenían por nadie y parecían no temblar ante los crímenes que azotaban las calles. Ocultos entre ríos de tinta en la prensa.
Aquel día, la capitana Harlow Archer había tenido uno de esos dias malos. Siempre que perdía a un compañero, a un miembro de su comunidad era un día malo… muy malo. Muy gris. Apagado. Su día habia transcurrido entre reuniones con el fiscal, con el alcalde y con la familia del sargento abatido. Era su deber mostrar apoyo en aquellos terribles momentos. Tenia que dar la cara y parecer entera, aunque su interior se hubiera fragmentado al haber perdido a un amigo. Y ahora no sabia con qué cara afrontaría el funeral del día siguiente.
Por eso, la capitana en lugar de regresar a casa, habia recogido su ropa de deporte, se habia enfundado sus guantes de contacto y ahora mataba la frustración golpeando un saco de boxeo en un gimnasio alejado de su propio barrio. Donde esperaba que nadie supiera quien era ella, donde pudiera dejar ir el dolor, la pena, la rabia…
Cada toque de los guantes sobre el saco retumbaba en la sala casi vacía. Sus pies pivotaban rítmicamente sobre el suelo de madera flexible pero Harlow no sentía la tensión. Ni en sus piernas, ni sus brazos. Su mirada no veia, estaba abstraída. Lejos de allí.