• —...creo que estoy empezando a entender por qué los presos se vuelven locos. No es por la falta de libertad, no. ¡ES POR EL MALDITO ABURRIMIENTO! ¡Ya saquenme de aquiiii! ¡¿Alguien quiere pensar en mi salud mental?! —se pone a gritar y hacer berrinche. (?)
    —...creo que estoy empezando a entender por qué los presos se vuelven locos. No es por la falta de libertad, no. ¡ES POR EL MALDITO ABURRIMIENTO! ¡Ya saquenme de aquiiii! ¡¿Alguien quiere pensar en mi salud mental?! —se pone a gritar y hacer berrinche. (?)
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  • Hoy la tarde está demasiado fría, mmm y no tengo nada para hacer debería irme para la finca un buen rato
    Hoy la tarde está demasiado fría, mmm y no tengo nada para hacer debería irme para la finca un buen rato
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  • Genial hora de avisar Steven

    ♣Dije molesto, entrandome dirigiéndome a mi estudió para sentarme en el escritorio, buscando los papeles que me decía mi asistente revisando los, uno por uno para después agarrar la pluma fuente♣

    Mi momento de descanso arruinado
    Genial hora de avisar Steven ♣Dije molesto, entrandome dirigiéndome a mi estudió para sentarme en el escritorio, buscando los papeles que me decía mi asistente revisando los, uno por uno para después agarrar la pluma fuente♣ Mi momento de descanso arruinado
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  • — ¿Tuviste un día pesado? Ven, recuesta aquí tu cabeza y cuéntame.
    — ¿Tuviste un día pesado? Ven, recuesta aquí tu cabeza y cuéntame.
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  • La verdad es lo unico que puedo tener este mundo que , una simpre soledad gracias por todo mis amigo
    La verdad es lo unico que puedo tener este mundo que , una simpre soledad gracias por todo mis amigo
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  • — Los latidos de su corazón están muy acelerados. ¿Se encuentra bien?
    — Los latidos de su corazón están muy acelerados. ¿Se encuentra bien?
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  • || Ausente últimamente, lo siento.

    Se supone que aquí servían el mejor whisky...
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  • 饾應饾挀饾拹虂饾拸饾拪饾拕饾拏 饾拝饾拞 饾懞饾拪饾拞饾拡饾拵饾拞饾挌饾拞饾挀, 饾懍饾拲 饾懍饾挀饾挀饾拹饾挀 饾拝饾拞 饾懍饾拲饾拝饾拞饾拸饾拵饾拹饾拹饾挀.

    En aquellos días, cuando mi sangre aún ardía con el fuego de la juventud y servía bajo los estandartes de la Orden, llegamos a un pueblo olvidado entre las colinas grises llamado Eldenmoor. Docenas de niños habían desaparecido bajo la luz de la luna llena. La Orden sospechaba un culto, y no se equivocaba.

    Aquella noche los encontramos en el sótano de la casa más grande del pueblo: un matrimonio respetado, pilares de la comunidad. El padre y la madre, con túnicas manchadas de sangre seca, terminaban un ritual. Un niño de no más de ocho años yacía atado al altar de piedra, aún vivo, mientras le abrían las venas para alimentar a la entidad oscura que invocaban. Sus rostros mostraban puro éxtasis. Sonreían.

    No hubo juicio. No hubo piedad. Los corté en pedazos allí mismo, delante del altar. Sus gritos se mezclaron con los del niño que logré salvar. Cuando terminé, la habitación olía a hierro y muerte. Pero había un testigo. El hijo de aquella escoria, un niño pequeño, dormía en la habitación contigua. Dudé y lo dejé vivir.

    Años después, el destino me trajo de vuelta a Eldenmoor. En el centro de la plaza principal, bajo un cielo plomizo, el joven, ahora convertido en un hombre consumido por el odio, me tenía acorralado contra la vieja fuente de piedra. El cuchillo oxidado entraba y salía de mi pecho y abdomen con furia salvaje. La sangre salpicaba el empedrado, tiñendo de rojo las grietas entre las piedras. Los aldeanos observaban desde las sombras, aterrorizados.

    Cada puñalada era más desesperada. Mis heridas se abrían y se cerraban casi al instante.

    " ¡¡Muere, maldito monstruo!! " Gritaba entre sollozos. " ¡¡Esto es por mi familia!! ¡Los degollaste como animales! "

    Lo dejé continuar unos segundos más, observándolo con absoluta frialdad. Entonces, en un movimiento rápido y preciso, levanté la mano y le agarré la muñeca con fuerza de hierro, deteniendo el cuchillo en el aire justo antes de que volviera a clavarse.

    El joven forcejeó, pero era inútil. Mis dedos se cerraron como una tenaza.

    — Mírame. —
    Ordené con voz baja y gélida, sin elevar el tono.
    — Sigue apuñalando cuanto quieras. No los vas a traer de vuelta. —

    El atacante intentó liberarse, gritando de rabia.

    " ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué los mataste, hijo de puta?! "

    Mantuve su muñeca inmovilizada y lo miré directamente a los ojos, sin una gota de compasión.

    — Porque tus padres no eran inocentes aldeanos. Eran pero que basura. —

    El joven soltó un alarido desgarrador e intentó apuñalarme de nuevo con la mano libre. Entonces, con un movimiento seco y brutal, torcí su muñeca y le rompí el brazo con un crujido audible. El hueso se fracturó limpiamente. El cuchillo cayó al suelo entre los gritos de dolor del joven.

    — Sigue desperdiciando tu vida si tanto lo deseas —
    Continué con la misma voz fría y monótona, soltando su brazo roto.
    — Nada de lo que hagas cambiará que tus padres eran escoria que se alimentaba de la sangre de inocentes. —

    El joven cayó de rodillas, sujetándose el brazo destrozado entre sollozos y maldiciones, mientras yo permanecía de pie frente a él, cubierto de mi propia sangre que ya empezaba a secarse.
    饾應饾挀饾拹虂饾拸饾拪饾拕饾拏 饾拝饾拞 饾懞饾拪饾拞饾拡饾拵饾拞饾挌饾拞饾挀, 饾懍饾拲 饾懍饾挀饾挀饾拹饾挀 饾拝饾拞 饾懍饾拲饾拝饾拞饾拸饾拵饾拹饾拹饾挀. En aquellos días, cuando mi sangre aún ardía con el fuego de la juventud y servía bajo los estandartes de la Orden, llegamos a un pueblo olvidado entre las colinas grises llamado Eldenmoor. Docenas de niños habían desaparecido bajo la luz de la luna llena. La Orden sospechaba un culto, y no se equivocaba. Aquella noche los encontramos en el sótano de la casa más grande del pueblo: un matrimonio respetado, pilares de la comunidad. El padre y la madre, con túnicas manchadas de sangre seca, terminaban un ritual. Un niño de no más de ocho años yacía atado al altar de piedra, aún vivo, mientras le abrían las venas para alimentar a la entidad oscura que invocaban. Sus rostros mostraban puro éxtasis. Sonreían. No hubo juicio. No hubo piedad. Los corté en pedazos allí mismo, delante del altar. Sus gritos se mezclaron con los del niño que logré salvar. Cuando terminé, la habitación olía a hierro y muerte. Pero había un testigo. El hijo de aquella escoria, un niño pequeño, dormía en la habitación contigua. Dudé y lo dejé vivir. Años después, el destino me trajo de vuelta a Eldenmoor. En el centro de la plaza principal, bajo un cielo plomizo, el joven, ahora convertido en un hombre consumido por el odio, me tenía acorralado contra la vieja fuente de piedra. El cuchillo oxidado entraba y salía de mi pecho y abdomen con furia salvaje. La sangre salpicaba el empedrado, tiñendo de rojo las grietas entre las piedras. Los aldeanos observaban desde las sombras, aterrorizados. Cada puñalada era más desesperada. Mis heridas se abrían y se cerraban casi al instante. " ¡¡Muere, maldito monstruo!! " Gritaba entre sollozos. " ¡¡Esto es por mi familia!! ¡Los degollaste como animales! " Lo dejé continuar unos segundos más, observándolo con absoluta frialdad. Entonces, en un movimiento rápido y preciso, levanté la mano y le agarré la muñeca con fuerza de hierro, deteniendo el cuchillo en el aire justo antes de que volviera a clavarse. El joven forcejeó, pero era inútil. Mis dedos se cerraron como una tenaza. — Mírame. — Ordené con voz baja y gélida, sin elevar el tono. — Sigue apuñalando cuanto quieras. No los vas a traer de vuelta. — El atacante intentó liberarse, gritando de rabia. " ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué los mataste, hijo de puta?! " Mantuve su muñeca inmovilizada y lo miré directamente a los ojos, sin una gota de compasión. — Porque tus padres no eran inocentes aldeanos. Eran pero que basura. — El joven soltó un alarido desgarrador e intentó apuñalarme de nuevo con la mano libre. Entonces, con un movimiento seco y brutal, torcí su muñeca y le rompí el brazo con un crujido audible. El hueso se fracturó limpiamente. El cuchillo cayó al suelo entre los gritos de dolor del joven. — Sigue desperdiciando tu vida si tanto lo deseas — Continué con la misma voz fría y monótona, soltando su brazo roto. — Nada de lo que hagas cambiará que tus padres eran escoria que se alimentaba de la sangre de inocentes. — El joven cayó de rodillas, sujetándose el brazo destrozado entre sollozos y maldiciones, mientras yo permanecía de pie frente a él, cubierto de mi propia sangre que ya empezaba a secarse.
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  • 銋ゃ叅
    饾槙饾槹... 饾槺饾槩饾槼饾槩 饾槸饾槩饾槬饾槩 饾槮饾槾饾樀饾槩饾槪饾槩 饾槬饾槮 饾槷饾槩饾槶 饾槱饾樁饾槷饾槹饾槼. 饾槡饾槹饾槶饾槹 饾樀饾樁饾樂饾槹 饾槬饾槳饾槩饾槾 饾槷饾槩饾槶饾槹饾槾.
    銋ゃ叅 饾槙饾槹... 饾槺饾槩饾槼饾槩 饾槸饾槩饾槬饾槩 饾槮饾槾饾樀饾槩饾槪饾槩 饾槬饾槮 饾槷饾槩饾槶 饾槱饾樁饾槷饾槹饾槼. 饾槡饾槹饾槶饾槹 饾樀饾樁饾樂饾槹 饾槬饾槳饾槩饾槾 饾槷饾槩饾槶饾槹饾槾.
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  • —No recomiendo entrar a ninguna estructura que, en los últimos tres días, haya manifestado cambios en su color, olor o temperatura ambiental.
    —No recomiendo entrar a ninguna estructura que, en los últimos tres días, haya manifestado cambios en su color, olor o temperatura ambiental.
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