La cafetería estaba oficialmente
cerrada, pero Rem seguía ahí, limpiando con los audífonos puestos y la música a un volumen peligrosamente alto para alguien que estaba solo… o eso creía.
Con el trapeador en la mano, empezó a moverse de un lado a otro entre las mesas, marcando el ritmo con los pies. Primero tímido, luego más suelto, hasta que su cuerpo ya estaba bailando solo. El reflejo del vidrio le devolvía la imagen de un barista convertido en estrella pop.
Tomó el trapeador como micrófono y, sin ningún tipo de vergüenza, empezó a cantar:
—You change your mind like a girl changes clothes…
Se inclinó hacia adelante, señalando a una silla vacía como si fuera el culpable de todos sus males emocionales. Giró sobre sí mismo, el delantal ondeando como si fuera parte del show.
Mientras limpiaba la barra, movía las caderas exageradamente y siguió cantando, ya más metido en el papel:
—You’re hot then you’re cold, you’re yes then you’re no~
En ese momento, resbaló un poco con el piso mojado. Dio un paso torpe, agitó los brazos como molino humano y logró mantenerse de pie por pura suerte. Se quedó quieto dos segundos… luego hizo una reverencia dramática, como si el tropiezo hubiera sido parte de la coreografía.
La cafetera soltó un ruido fuerte justo cuando él alzaba la voz:
—You’re in then you’re out, you’re up then you’re down~
—Gracias, gracias —murmuró, señalándola—. Excelente acompañamiento.
Siguió bailando entre las mesas, cantando y limpiando al mismo tiempo, completamente perdido en la música. Si alguien lo hubiera visto, jamás habría adivinado que ese chico era serio durante el horario de trabajo.
Cuando la canción empezó a bajar, Ren apoyó el trapeador en la pared, respiró hondo y sonrió, satisfecho.
La cafetería estaba limpia… y su mini concierto privado había sido todo un éxito.
La cafetería estaba oficialmente
cerrada, pero Rem seguía ahí, limpiando con los audífonos puestos y la música a un volumen peligrosamente alto para alguien que estaba solo… o eso creía.
Con el trapeador en la mano, empezó a moverse de un lado a otro entre las mesas, marcando el ritmo con los pies. Primero tímido, luego más suelto, hasta que su cuerpo ya estaba bailando solo. El reflejo del vidrio le devolvía la imagen de un barista convertido en estrella pop.
Tomó el trapeador como micrófono y, sin ningún tipo de vergüenza, empezó a cantar:
—You change your mind like a girl changes clothes…
Se inclinó hacia adelante, señalando a una silla vacía como si fuera el culpable de todos sus males emocionales. Giró sobre sí mismo, el delantal ondeando como si fuera parte del show.
Mientras limpiaba la barra, movía las caderas exageradamente y siguió cantando, ya más metido en el papel:
—You’re hot then you’re cold, you’re yes then you’re no~
En ese momento, resbaló un poco con el piso mojado. Dio un paso torpe, agitó los brazos como molino humano y logró mantenerse de pie por pura suerte. Se quedó quieto dos segundos… luego hizo una reverencia dramática, como si el tropiezo hubiera sido parte de la coreografía.
La cafetera soltó un ruido fuerte justo cuando él alzaba la voz:
—You’re in then you’re out, you’re up then you’re down~
—Gracias, gracias —murmuró, señalándola—. Excelente acompañamiento.
Siguió bailando entre las mesas, cantando y limpiando al mismo tiempo, completamente perdido en la música. Si alguien lo hubiera visto, jamás habría adivinado que ese chico era serio durante el horario de trabajo.
Cuando la canción empezó a bajar, Ren apoyó el trapeador en la pared, respiró hondo y sonrió, satisfecho.
La cafetería estaba limpia… y su mini concierto privado había sido todo un éxito.