Sin azúcar, amargo, fuerte. Café, como el café debe de ser. Es así como a ella le gustaba, y así lo había memorizado.
— Cuántas voces nuevas.
En efecto. Recientemente, muchas voces nuevas, timbres distintos que mensajes escondidos, entre sus líneas, en el aire dejaban suspendidas. Todas las había memorizado. Todas. Si cerca de ella tenían que estar, era necesario.
A la aguda campanilla del temporizador se adelantó, apagándola un segundo antes de su escandaloso aviso. Es que, como sólo él había despertado aún, sacrílego hubiese sido el ruido.
Era temprano. Temprano; la luz del alba un candor débil. El pan salió del horno, los haces de vapor grisáceo anunciándolo.
"El truco para un pan bien esponjoso", de su memoria brotó el momento. Ese momento que, como tanto otros, había...
"¡Memorízalo! Pon atención", el regaño con tinte a familia surgió.
"Tienes que amasar con los pulgares primero, con el resto de los dedos haces que entre el aire, y..."
¿De quién era la voz? ¿Lo ha olvidado?
No, claro que no.
— Un libro, ¿hm? — Surgió su voz, ronca por el reciente despertar. Calentó el café su garganta, y de su pecho, un suspiro. En el periódico sobre la mesa, de fecha anacrónica, el título de un evento que... ¿había olvidado?
Ah, no. Ya quedó claro que eso era imposible. Memorizar era lo suyo, después de todo.
— Qué interesante.
El desayuno, de ella, de ambos, estaba listo. Quizás de alguna de esas voces nueves, si se apuraban.
Sin azúcar, amargo, fuerte. Café, como el café debe de ser. Es así como a ella le gustaba, y así lo había memorizado.
— Cuántas voces nuevas.
En efecto. Recientemente, muchas voces nuevas, timbres distintos que mensajes escondidos, entre sus líneas, en el aire dejaban suspendidas. Todas las había memorizado. Todas. Si cerca de ella tenían que estar, era necesario.
A la aguda campanilla del temporizador se adelantó, apagándola un segundo antes de su escandaloso aviso. Es que, como sólo él había despertado aún, sacrílego hubiese sido el ruido.
Era temprano. Temprano; la luz del alba un candor débil. El pan salió del horno, los haces de vapor grisáceo anunciándolo.
"El truco para un pan bien esponjoso", de su memoria brotó el momento. Ese momento que, como tanto otros, había...
"¡Memorízalo! Pon atención", el regaño con tinte a familia surgió.
"Tienes que amasar con los pulgares primero, con el resto de los dedos haces que entre el aire, y..."
¿De quién era la voz? ¿Lo ha olvidado?
No, claro que no.
— Un libro, ¿hm? — Surgió su voz, ronca por el reciente despertar. Calentó el café su garganta, y de su pecho, un suspiro. En el periódico sobre la mesa, de fecha anacrónica, el título de un evento que... ¿había olvidado?
Ah, no. Ya quedó claro que eso era imposible. Memorizar era lo suyo, después de todo.
— Qué interesante.
El desayuno, de ella, de ambos, estaba listo. Quizás de alguna de esas voces nueves, si se apuraban.