• Buenas, ¿No hay nadie por aquí? Tengo esto muy vacío ..
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  • ¿Y si todo aquello es solo un repetitivo ciclo del cual no puede escapar?.

    Nada asegura que tras la presunta muerte se vuelva a repetir la misma historia.
    ¿Y si todo aquello es solo un repetitivo ciclo del cual no puede escapar?. Nada asegura que tras la presunta muerte se vuelva a repetir la misma historia.
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  • Para no perder la costumbre...
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  • °[𝐈𝐍𝐒𝐓𝐀𝐆𝐑𝐀𝐌 𝐏𝐎𝐒𝐓]°
    @ᴀᴅʀɪáɴᴄʟᴀʀᴋ

    - 𝐇𝐨𝐲 𝐟𝐮𝐞 𝐮𝐧 𝐝í𝐚 𝐝𝐞 𝐩𝐮𝐫𝐚 𝐧𝐨𝐬𝐭𝐚𝐥𝐠𝐢𝐚 𝐲 𝐫𝐞𝐜𝐮𝐞𝐫𝐝𝐨𝐬 𝐛𝐨𝐧𝐢𝐭𝐨𝐬.
    °[𝐈𝐍𝐒𝐓𝐀𝐆𝐑𝐀𝐌 𝐏𝐎𝐒𝐓]° @ᴀᴅʀɪáɴᴄʟᴀʀᴋ - 𝐇𝐨𝐲 𝐟𝐮𝐞 𝐮𝐧 𝐝í𝐚 𝐝𝐞 𝐩𝐮𝐫𝐚 𝐧𝐨𝐬𝐭𝐚𝐥𝐠𝐢𝐚 𝐲 𝐫𝐞𝐜𝐮𝐞𝐫𝐝𝐨𝐬 𝐛𝐨𝐧𝐢𝐭𝐨𝐬. 🌅
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  • Evento… para recordar
    Categoría Original
    ㅤ╰─► 𝑹𝒐𝒍 𝒕𝒐:
    Adrián Clark

    El jardín estaba bonito, eso había que admitirlo. Luces cálidas colgadas entre los árboles, mesas redondas perfectamente ordenadas y camareros sabiendo perfectamente hacia quiénes moverse. Todo muy elegante, muy correcto… y muy insoportable para Vega.

    Se quedó a medio paso detrás de sus padres mientras ellos saludaban a otra pareja. Su hermano ya había desaparecido hacia la mesa de bebidas en cuanto pudo escapar sin que su madre lo fulminara con la mirada.

    Vega sostuvo la copa que le habían puesto en la mano nada más entrar. Ni siquiera sabía qué era, pero le servía como excusa para no tener que estrechar manos cada diez segundos.

    —¿No estás encantada? —susurró su madre sin mirarla, con esa sonrisa fija que no se quitaba ni para respirar.

    —Claro —respondió Vega en automático, también sin mirarla—. Mi plan favorito para un viernes.

    Su padre rió suavemente como si fuera un chiste, aunque ambos sabían que no lo era, y volvió a girarse hacia la conversación sobre negocios, inversiones y todas esas cosas a las que ella le aburría. Vega aprovechó para dar un pequeño paso atrás. Luego otro. Nadie lo notó.

    Caminó hacia uno de los laterales del jardín, donde la música llegaba más baja. Apoyó la copa en una mesa alta y se acomodó allí, observando sin realmente prestar atención a algo concreto.

    Cerca de ella, dos mujeres hablaban mientras miraban hacia la entrada principal.

    —Dicen que han traído a un fotógrafo muy bueno —comentó una—. No el típico de eventos… uno independiente.

    —Sí, el hijo de los Herrera lo pidió, al parecer tiene buena reputación aunque sea joven.

    Vega alzó apenas las cejas.
    “Sesión de fotos, perfecto. Justo lo que le faltaba a la noche” —pensó, volteando sus ojos de inmediato.

    Suspiró suave, tomó de nuevo su copa y se giró un poco, buscando una salida visual… aunque fuera por un momento. Todavía no había visto al famoso fotógrafo, pero ya estaba considerando seriamente en desaparecer entre los setos.
    ㅤ╰─► 𝑹𝒐𝒍 𝒕𝒐: [tempest_lime_cow_260] El jardín estaba bonito, eso había que admitirlo. Luces cálidas colgadas entre los árboles, mesas redondas perfectamente ordenadas y camareros sabiendo perfectamente hacia quiénes moverse. Todo muy elegante, muy correcto… y muy insoportable para Vega. Se quedó a medio paso detrás de sus padres mientras ellos saludaban a otra pareja. Su hermano ya había desaparecido hacia la mesa de bebidas en cuanto pudo escapar sin que su madre lo fulminara con la mirada. Vega sostuvo la copa que le habían puesto en la mano nada más entrar. Ni siquiera sabía qué era, pero le servía como excusa para no tener que estrechar manos cada diez segundos. —¿No estás encantada? —susurró su madre sin mirarla, con esa sonrisa fija que no se quitaba ni para respirar. —Claro —respondió Vega en automático, también sin mirarla—. Mi plan favorito para un viernes. Su padre rió suavemente como si fuera un chiste, aunque ambos sabían que no lo era, y volvió a girarse hacia la conversación sobre negocios, inversiones y todas esas cosas a las que ella le aburría. Vega aprovechó para dar un pequeño paso atrás. Luego otro. Nadie lo notó. Caminó hacia uno de los laterales del jardín, donde la música llegaba más baja. Apoyó la copa en una mesa alta y se acomodó allí, observando sin realmente prestar atención a algo concreto. Cerca de ella, dos mujeres hablaban mientras miraban hacia la entrada principal. —Dicen que han traído a un fotógrafo muy bueno —comentó una—. No el típico de eventos… uno independiente. —Sí, el hijo de los Herrera lo pidió, al parecer tiene buena reputación aunque sea joven. Vega alzó apenas las cejas. “Sesión de fotos, perfecto. Justo lo que le faltaba a la noche” —pensó, volteando sus ojos de inmediato. Suspiró suave, tomó de nuevo su copa y se giró un poco, buscando una salida visual… aunque fuera por un momento. Todavía no había visto al famoso fotógrafo, pero ya estaba considerando seriamente en desaparecer entre los setos.
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  • Cascadas y Recuerdos
    Categoría Original
    Adrián aparcó el coche al borde del camino de tierra, apagó el motor y se quedó un momento sentado, mirando a través del parabrisas. El sonido del agua cayendo ya se oía desde allí, constante y suave, como un viejo amigo que nunca se cansa de saludar.

    Bajó despacio, cerró la puerta con cuidado y se ajustó la capucha del hoodie negro, aunque no hacía frío. Solo era por costumbre, por sentirse un poco más envuelto en algo familiar.

    Caminó por el sendero estrecho entre los helechos y los rododendros en flor, las zapatillas hundiéndose ligeramente en la tierra húmeda. Cuando llegó al claro, se detuvo justo donde el agua se precipitaba en cascada, blanca y espumosa contra las rocas musgosas. El aire olía a verde mojado, a pino y a recuerdos que no había tocado en años.

    Se quedó de espaldas a la cascada un segundo, con las manos en los bolsillos, mirando el agua caer. Luego sonrió, una sonrisa tranquila y genuina que le llegó hasta los ojos.

    —Joder, mamá… sigues trayéndome aquí aunque ya no estés —murmuró bajito, casi riendo para sí mismo.

    Recordó todo de golpe, como si alguien hubiera pulsado play: él con siete u ocho años, corriendo delante con una rama en la mano haciendo de espada, su madre detrás con la cámara colgando del cuello, riendo porque siempre se le olvidaba quitar el tapón del objetivo. Y su padre —sí, su padre también estaba esa vez, una de las pocas—, con el pelo revuelto por el viento, cargándolo en hombros para que viera mejor el arcoíris que salía en la niebla de la cascada. “Mira, Adri, eso solo pasa cuando el sol y el agua se ponen de acuerdo”, le había dicho, y él se había sentido el rey del mundo.

    No fue un viaje perfecto. Su padre se fue pronto después, y las visitas se acabaron. Pero esa tarde, esa cascada, ese arcoíris… eso se quedó intacto. Alegre. Brillante. Como si el tiempo no hubiera podido tocarlo.

    Adrián sacó la cámara del bolsillo interior del hoodie —la misma que le dejó su madre—, la encendió y apuntó hacia la cascada. Hizo una foto sin mirar la pantalla, solo por instinto. Luego otra, capturando las flores violetas que asomaban entre el verde. Y otra más, de las gotas suspendidas en el aire.
    Bajó la cámara y se sentó en una roca plana, dejando que el ruido del agua le llenara los oídos. No había nadie más allí. Solo él, el bosque y esos recuerdos que, por una vez, no dolían. Solo calentaban.

    —Gracias por traerme aquí, mamá —dijo en voz alta, con una sonrisa torcida pero feliz—. Y gracias a ti también, viejo… por venir esa vez.

    Se quedó un rato más, mirando el agua caer, sintiéndose ligero.
    Como si, por un momento, todo estuviera en su sitio. Luego se levantó, se sacudió las hojas de los pantalones y empezó a caminar de vuelta al coche, silbando una melodía vieja que su madre solía cantar en el viaje de ida.

    La vida seguía siendo corta, pero días como este hacían que valiera la pena vivirla a todo volumen.
    Adrián aparcó el coche al borde del camino de tierra, apagó el motor y se quedó un momento sentado, mirando a través del parabrisas. El sonido del agua cayendo ya se oía desde allí, constante y suave, como un viejo amigo que nunca se cansa de saludar. Bajó despacio, cerró la puerta con cuidado y se ajustó la capucha del hoodie negro, aunque no hacía frío. Solo era por costumbre, por sentirse un poco más envuelto en algo familiar. Caminó por el sendero estrecho entre los helechos y los rododendros en flor, las zapatillas hundiéndose ligeramente en la tierra húmeda. Cuando llegó al claro, se detuvo justo donde el agua se precipitaba en cascada, blanca y espumosa contra las rocas musgosas. El aire olía a verde mojado, a pino y a recuerdos que no había tocado en años. Se quedó de espaldas a la cascada un segundo, con las manos en los bolsillos, mirando el agua caer. Luego sonrió, una sonrisa tranquila y genuina que le llegó hasta los ojos. —Joder, mamá… sigues trayéndome aquí aunque ya no estés —murmuró bajito, casi riendo para sí mismo. Recordó todo de golpe, como si alguien hubiera pulsado play: él con siete u ocho años, corriendo delante con una rama en la mano haciendo de espada, su madre detrás con la cámara colgando del cuello, riendo porque siempre se le olvidaba quitar el tapón del objetivo. Y su padre —sí, su padre también estaba esa vez, una de las pocas—, con el pelo revuelto por el viento, cargándolo en hombros para que viera mejor el arcoíris que salía en la niebla de la cascada. “Mira, Adri, eso solo pasa cuando el sol y el agua se ponen de acuerdo”, le había dicho, y él se había sentido el rey del mundo. No fue un viaje perfecto. Su padre se fue pronto después, y las visitas se acabaron. Pero esa tarde, esa cascada, ese arcoíris… eso se quedó intacto. Alegre. Brillante. Como si el tiempo no hubiera podido tocarlo. Adrián sacó la cámara del bolsillo interior del hoodie —la misma que le dejó su madre—, la encendió y apuntó hacia la cascada. Hizo una foto sin mirar la pantalla, solo por instinto. Luego otra, capturando las flores violetas que asomaban entre el verde. Y otra más, de las gotas suspendidas en el aire. Bajó la cámara y se sentó en una roca plana, dejando que el ruido del agua le llenara los oídos. No había nadie más allí. Solo él, el bosque y esos recuerdos que, por una vez, no dolían. Solo calentaban. —Gracias por traerme aquí, mamá —dijo en voz alta, con una sonrisa torcida pero feliz—. Y gracias a ti también, viejo… por venir esa vez. Se quedó un rato más, mirando el agua caer, sintiéndose ligero. Como si, por un momento, todo estuviera en su sitio. Luego se levantó, se sacudió las hojas de los pantalones y empezó a caminar de vuelta al coche, silbando una melodía vieja que su madre solía cantar en el viaje de ida. La vida seguía siendo corta, pero días como este hacían que valiera la pena vivirla a todo volumen.
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  • Mejor asi podré soportar el calor, aunque necesito ayuda para el bloqueador.
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  • Aaahg... ¡Que molesto!... Obtener un alma nunca se me hizo tan tedioso... Porque tú única condición era ser enterrado?... Maldita sea...
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  • 《 ¿Un beso con mordida y sangre?
    Sí, dame, si quiero tu sangre ♡ 》
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  • -12B estaba de lo mas aburrida, no habia tenido noticias del Bunker, ¿se habrá olvidado de ella?
    En fin es algo que no tiene idea.
    Bosteza profundamente y se acomoda bajo un árbol para asi dormir, un poco..
    Pues su sistema, necesita reposo. -
    -12B estaba de lo mas aburrida, no habia tenido noticias del Bunker, ¿se habrá olvidado de ella? En fin es algo que no tiene idea. Bosteza profundamente y se acomoda bajo un árbol para asi dormir, un poco.. Pues su sistema, necesita reposo. -
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