《El día que por fin deje de existir, seré el último viento que acaricie los rostros de quienes alguna vez me quisieron, y les susurraré que viviré eternamente en sus recuerdos. Pues habré cumplido mi propósito, abrazar los días más felices, incluso cuando todo a mi alrededor se haya hecho pedazos.
Y en ese susurro leve, casi imperceptible, se quedará también lo que no dije, lo que no pude salvar… porque aun cuando el mundo se rompía bajo mis pies, elegí sonreírle a la vida como quien sabe que el adiós siempre llega demasiado pronto. Incluso para un ser como yo... 》
Releyó la última línea como si intentara recordar quién era realmente. Los últimos días se habían sentido demasiado extraños, incluso para ella. El parque seguía lleno de murmullos lejanos y pasos distraídos, pero en su banca el mundo parecía suspendido.
Un suspiro cansado escapó de sus labios. Cerró la libreta con cuidado y apoyó las manos sobre ella, como si necesitara sentir su peso para mantenerse en el presente.
Alzó la vista hacia el atardecer. No miraba solo los colores, los absorbía, como si temiera que fueran los últimos que sus ojos inmortales alcanzaran a guardar. Su expresión era difícil de descifrar. No era simple nostalgia. Había algo más profundo, una inquietud que ni siquiera ella sabía nombrar. Y que nadie podía ver.
Justo cuando ese pensamiento cruzó su mente, una hoja cayó del árbol que le daba sombra. Era demasiado verde, demasiado viva para el final del día. La sostuvo entre los dedos unos segundos, observando el contraste entre aquella vida intacta y la sombra que siempre la acompañaba.
♧ Qué complicado se pone todo a veces… —susurró. Y aunque su voz fue apenas un hilo, en sus ojos se encendió un destello, como si detrás del cansancio aún latiera algo que se negaba a rendirse, pero que en fondo, sabía que ya estaba empezando a soltarse.
《El día que por fin deje de existir, seré el último viento que acaricie los rostros de quienes alguna vez me quisieron, y les susurraré que viviré eternamente en sus recuerdos. Pues habré cumplido mi propósito, abrazar los días más felices, incluso cuando todo a mi alrededor se haya hecho pedazos.
Y en ese susurro leve, casi imperceptible, se quedará también lo que no dije, lo que no pude salvar… porque aun cuando el mundo se rompía bajo mis pies, elegí sonreírle a la vida como quien sabe que el adiós siempre llega demasiado pronto. Incluso para un ser como yo... 》
Releyó la última línea como si intentara recordar quién era realmente. Los últimos días se habían sentido demasiado extraños, incluso para ella. El parque seguía lleno de murmullos lejanos y pasos distraídos, pero en su banca el mundo parecía suspendido.
Un suspiro cansado escapó de sus labios. Cerró la libreta con cuidado y apoyó las manos sobre ella, como si necesitara sentir su peso para mantenerse en el presente.
Alzó la vista hacia el atardecer. No miraba solo los colores, los absorbía, como si temiera que fueran los últimos que sus ojos inmortales alcanzaran a guardar. Su expresión era difícil de descifrar. No era simple nostalgia. Había algo más profundo, una inquietud que ni siquiera ella sabía nombrar. Y que nadie podía ver.
Justo cuando ese pensamiento cruzó su mente, una hoja cayó del árbol que le daba sombra. Era demasiado verde, demasiado viva para el final del día. La sostuvo entre los dedos unos segundos, observando el contraste entre aquella vida intacta y la sombra que siempre la acompañaba.
♧ Qué complicado se pone todo a veces… —susurró. Y aunque su voz fue apenas un hilo, en sus ojos se encendió un destello, como si detrás del cansancio aún latiera algo que se negaba a rendirse, pero que en fondo, sabía que ya estaba empezando a soltarse.