• — Hey chicas! No las esperaba aquí, ¿Tienen novedades nuevas? —

    Elizabeth recibía a sus compañeras, mientras estaba sentada, esperando recibir información sobre todo lo que hay que hacer y el nuevo trabajo que tendrán de ahora en adelante.




    Orden de rol:
    Cecilia Immergreen
    Raora Panthera
    — Hey chicas! No las esperaba aquí, ¿Tienen novedades nuevas? — Elizabeth recibía a sus compañeras, mientras estaba sentada, esperando recibir información sobre todo lo que hay que hacer y el nuevo trabajo que tendrán de ahora en adelante. Orden de rol: [ember_amethyst_octopus_437] [nebula_violet_wolf_765]
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  • Agent of Schism
    Nombre: Amanda Gal Owes.Edad: Desconocido. Estatura: 1.60 m. Peso: Desconocido. Ocupación: Actriz. Av'Grund-lar: XII, el cisma.La decimosegunda Av'Grund, agente del cisma, del cese abrupto y doloroso de las relaciones, los vínculos y la vida misma. Cuando el reloj del Juicio Final marca las doce, El Colgado es volteado. La doceava carta del Tarot, El...
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  • Es bastante irrespetuoso que le tomes una foto así a una dama
    Es bastante irrespetuoso que le tomes una foto así a una dama
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  • Este es Mika
    Nombre: Mikahil Kim (Mantiene su apellido materno y su segundo nombre en secreto) Edad: 24 años Reside en: Corea Profesiones: Psicólogo y bailarín-coreógrafo (hobby)   Una breve Historia Mika, como casi todos lo llaman por ser su nombre "demasiado largo" nació según él sabe en algún lugar de China, su madre, de ascendencia china...
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  • No solo controlo el clima, también domino las alturas. Besitos a los que se quedaron abajo.
    No solo controlo el clima, también domino las alturas. Besitos a los que se quedaron abajo. 😘👑
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  • Ya habían pasado algunas horas desde el grandioso plan de Yessen, aunque al fin y al cabo podía resultar útil su idea. El grupo se dividió nuevamente para continuar con la pesada tarea de exterminar cuánta criatura se les atraviese.

    Anyel se marchó junto con Hanary Naeko y Veyra Leˑron, para poner a prueba la posibilidad de evolución en aquellas criaturas, comenzando a ser difíciles de percibir para el azabache y su grupo, pero si la castaña los puede encontrar, ya no habría de que preocuparse si llegan a camuflarse entre los humanos.

    —Bien, los que si sentimos están muertos... ¿Percibes algo en las personas que acaban de escapar o algo cercano que no podamos sentir nosotros?—Dirigió su mirada a la castaña, esperando que efectivamente pudiera encontrar algo, aunque todavía no se descarta la posibilidad de que en ese grupo no hubiese ninguno.
    Ya habían pasado algunas horas desde el grandioso plan de Yessen, aunque al fin y al cabo podía resultar útil su idea. El grupo se dividió nuevamente para continuar con la pesada tarea de exterminar cuánta criatura se les atraviese. Anyel se marchó junto con [tidal_titanium_lion_574] y [vey.ra], para poner a prueba la posibilidad de evolución en aquellas criaturas, comenzando a ser difíciles de percibir para el azabache y su grupo, pero si la castaña los puede encontrar, ya no habría de que preocuparse si llegan a camuflarse entre los humanos. —Bien, los que si sentimos están muertos... ¿Percibes algo en las personas que acaban de escapar o algo cercano que no podamos sentir nosotros?—Dirigió su mirada a la castaña, esperando que efectivamente pudiera encontrar algo, aunque todavía no se descarta la posibilidad de que en ese grupo no hubiese ninguno.
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  • Fᴀʙᴜʟᴀᴇ Mᴀʟᴇғɪᴄᴀʀᴜᴍ - ☨ ─────── 〘 P E S T I L E N T I A 〙

    Bʀɪsʙᴀɴᴇ, Aᴜsᴛʀᴀʟɪᴀ. ── 7:26 P.M.

    Dᴇᴋᴀᴘʜᴀʀᴍᴀ Rx Sᴏʟᴜᴛɪᴏɴs | Bʀᴀɴᴄʜ #00013

    Fᴇᴀᴛᴜʀɪɴɢ: Triskaidekaphobia


    La hora pico finalmente cedió, mitigando el poco flujo del tráfico en las arterias principales de Fortitude Valley, propiciando así que el corazón del distrito financiero comenzase a vaciarse todavía más conforme el cobijo de la noche arropaba el cielo, ahogando con ello los últimos retazos de la luz del sol que apenas y se colaban entre los edificios. Estos últimos finalmente ensombrecieron por completo las calles, que ahora se iluminaban poco a poco con las luces artificiales de los pequeños comercios que persistían fuera de lo que se podría considerar un horario laboral decente.

    En medio de la calle Brunswick, ahora lúgubre y vacía, uno de esos pequeños “comercios” persistía. La más pequeña y olvidada sucursal de Dekapharma; tan solo uno de los tentáculos de un monstruoso conglomerado corporativo que había devorado el ramo farmacéutico en años recientes, sus acciones estallando en valor luego de lanzar al mercado numerosos tratamientos paliativos para el denominado “Virus Rojo” que había azotado y diezmado a la humanidad hace tan solo tres años. Sin cura alguna, pero sí con múltiples opciones para llevar de la mano hasta la tumba a sus afligidos.

    Dentro del local, el zumbido eléctrico producido por los balastros de las luces fluorescentes parecía ser el único sonido presente, constante e imperante. Aquello, hasta que en los ductos de ventilación ocultos tras el techo de tablaroca, pareció escucharse un golpeteo rítmico que fue creciendo poco a poco, aproximándose hasta la zona del mostrador. Distante y suave, poco a poco acercándose. Hasta que los balastros fallaron, y las luces comenzaron a parpadear esporádicamente.

    Súbitamente, el golpeteo contra la lamina cobró vigor y se volvió incesante. Como si alguien, o algo, buscase su camino fuera de este intentando reventar el metal. Cada vez más, y más cerca. Los tubos de flúor de la iluminación no paraban de centellear, a momentos dejando apenas un par de segundos de escasa y casi nula luz, solo para volver a encenderse con un abrumador fulgor.

    Hasta que en lo que pareció ser un agonizante destello que prolongó su tenue y endeble luz por un par de segundos, se pudo apreciar un líquido negro y viscoso como la brea borboteando desde la rendija de ventilación, y derramándose sonoramente sobre el suelo con un sonido húmedo y pesado. Las luces cedieron, y por un minuto que fácilmente podría haberse confundido por una hora, la oscuridad se apoderó del lugar, junto con un silencio ensordecedor.

    Una incómoda calma reinó.

    Hasta que de pronto las luces parpadearon en una ráfaga cegadora, y como si encontraran su equilibrio, se quedaron encendidas de nuevo. El zumbido de los balastros volvió a ser el sonido de fondo, y todo pareció regresar a la normalidad. Excepto por la imponente figura de una mujer morena, vestida en lo que parecía ser un atuendo de negocios ────más provocativo que formal──── justo frente al mostrador.

    De pronto, las puertas corredizas y automatizadas en la fachada del local se abrieron solas, y luego volvieron a cerrarse lentamente, el sonido digitalizado de una campanilla anunciando una entrada que nunca ocurrió. Sathôna se limitó a voltear hacia atrás para ver como se cerraban, y con una sonrisa enérgica y llena de perfidia, devolvió su mirada hacía el frente. Su voz ronca sonaba intrínsecamente como una amenaza, a pesar de la suavidad con la que pronunciaba sus palabras.

    ────Espero no haber llegado fuera del horario de servicio. Pero incluso en ese caso, seguramente una excepción se podría hacer, ¿no es así? Todos hemos sufrido tanto con lo que ha pasado recientemente, al fin y al cabo …

    Fᴀʙᴜʟᴀᴇ Mᴀʟᴇғɪᴄᴀʀᴜᴍ - ☨ ─────── 〘 P E S T I L E N T I A 〙 Bʀɪsʙᴀɴᴇ, Aᴜsᴛʀᴀʟɪᴀ. ── 7:26 P.M. Dᴇᴋᴀᴘʜᴀʀᴍᴀ Rx Sᴏʟᴜᴛɪᴏɴs | Bʀᴀɴᴄʜ #00013 Fᴇᴀᴛᴜʀɪɴɢ: [x_i_i_i] La hora pico finalmente cedió, mitigando el poco flujo del tráfico en las arterias principales de Fortitude Valley, propiciando así que el corazón del distrito financiero comenzase a vaciarse todavía más conforme el cobijo de la noche arropaba el cielo, ahogando con ello los últimos retazos de la luz del sol que apenas y se colaban entre los edificios. Estos últimos finalmente ensombrecieron por completo las calles, que ahora se iluminaban poco a poco con las luces artificiales de los pequeños comercios que persistían fuera de lo que se podría considerar un horario laboral decente. En medio de la calle Brunswick, ahora lúgubre y vacía, uno de esos pequeños “comercios” persistía. La más pequeña y olvidada sucursal de Dekapharma; tan solo uno de los tentáculos de un monstruoso conglomerado corporativo que había devorado el ramo farmacéutico en años recientes, sus acciones estallando en valor luego de lanzar al mercado numerosos tratamientos paliativos para el denominado “Virus Rojo” que había azotado y diezmado a la humanidad hace tan solo tres años. Sin cura alguna, pero sí con múltiples opciones para llevar de la mano hasta la tumba a sus afligidos. Dentro del local, el zumbido eléctrico producido por los balastros de las luces fluorescentes parecía ser el único sonido presente, constante e imperante. Aquello, hasta que en los ductos de ventilación ocultos tras el techo de tablaroca, pareció escucharse un golpeteo rítmico que fue creciendo poco a poco, aproximándose hasta la zona del mostrador. Distante y suave, poco a poco acercándose. Hasta que los balastros fallaron, y las luces comenzaron a parpadear esporádicamente. Súbitamente, el golpeteo contra la lamina cobró vigor y se volvió incesante. Como si alguien, o algo, buscase su camino fuera de este intentando reventar el metal. Cada vez más, y más cerca. Los tubos de flúor de la iluminación no paraban de centellear, a momentos dejando apenas un par de segundos de escasa y casi nula luz, solo para volver a encenderse con un abrumador fulgor. Hasta que en lo que pareció ser un agonizante destello que prolongó su tenue y endeble luz por un par de segundos, se pudo apreciar un líquido negro y viscoso como la brea borboteando desde la rendija de ventilación, y derramándose sonoramente sobre el suelo con un sonido húmedo y pesado. Las luces cedieron, y por un minuto que fácilmente podría haberse confundido por una hora, la oscuridad se apoderó del lugar, junto con un silencio ensordecedor. Una incómoda calma reinó. Hasta que de pronto las luces parpadearon en una ráfaga cegadora, y como si encontraran su equilibrio, se quedaron encendidas de nuevo. El zumbido de los balastros volvió a ser el sonido de fondo, y todo pareció regresar a la normalidad. Excepto por la imponente figura de una mujer morena, vestida en lo que parecía ser un atuendo de negocios ────más provocativo que formal──── justo frente al mostrador. De pronto, las puertas corredizas y automatizadas en la fachada del local se abrieron solas, y luego volvieron a cerrarse lentamente, el sonido digitalizado de una campanilla anunciando una entrada que nunca ocurrió. Sathôna se limitó a voltear hacia atrás para ver como se cerraban, y con una sonrisa enérgica y llena de perfidia, devolvió su mirada hacía el frente. Su voz ronca sonaba intrínsecamente como una amenaza, a pesar de la suavidad con la que pronunciaba sus palabras. ────Espero no haber llegado fuera del horario de servicio. Pero incluso en ese caso, seguramente una excepción se podría hacer, ¿no es así? Todos hemos sufrido tanto con lo que ha pasado recientemente, al fin y al cabo …
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  • Venga a mí
    muerte violenta
    con propósito de lucha.

    O
    de no ser el caso
    el calor del vino y de la sangre atada en un respiro agitado en la caricia tosca del vaivén irregular
    en el respiro exhilarante aún tras la calma del silencio agudo
    que aúlla el fin de la violencia
    y vaticina la quietud
    O el desenfreno.
    Venga a mí muerte violenta con propósito de lucha. O de no ser el caso el calor del vino y de la sangre atada en un respiro agitado en la caricia tosca del vaivén irregular en el respiro exhilarante aún tras la calma del silencio agudo que aúlla el fin de la violencia y vaticina la quietud O el desenfreno.
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  • -¡Feliz cumpleaños ZELK!. Una laptop con una gran capacidad y RAM para tí.
    -¡Feliz cumpleaños ZELK!. Una laptop con una gran capacidad y RAM para tí. :STK-64:
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    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ 𝐒𝐚𝐯𝐞 𝐚 𝐡𝐨𝐫𝐬𝐞. 𝐑𝐢𝐝𝐞 𝐚 𝐜𝐨𝐰𝐠𝐢𝐫𝐥
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