• — 𝑁𝑜 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑢𝑑𝑖𝑎𝑟. 𝑁𝑜 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑜 𝑟𝑒𝑠𝑢𝑚𝑖𝑟. 𝑄𝑢𝑖𝑒𝑟𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑚𝑒 𝑠𝑒𝑐𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑒𝑛 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑖𝑟 𝑎 𝑐𝑜𝑚𝑒𝑟 ℎ𝑎𝑚𝑏𝑢𝑟𝑔𝑢𝑒𝑠𝑎𝑠.
    — 𝑁𝑜 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑢𝑑𝑖𝑎𝑟. 𝑁𝑜 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑜 𝑟𝑒𝑠𝑢𝑚𝑖𝑟. 𝑄𝑢𝑖𝑒𝑟𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑚𝑒 𝑠𝑒𝑐𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑒𝑛 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑖𝑟 𝑎 𝑐𝑜𝑚𝑒𝑟 ℎ𝑎𝑚𝑏𝑢𝑟𝑔𝑢𝑒𝑠𝑎𝑠.
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  • ❝ 𝐒𝐢 𝐩𝐮𝐝𝐢𝐞𝐫𝐚𝐬 𝐯𝐞𝐫𝐭𝐞, 𝐨𝛊́𝐫 𝐭𝐮 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐚 𝐯𝐨𝐳, 𝐭𝐮 𝐦𝐮́𝐬𝐢𝐜𝐚… 𝐧𝐨 𝐯𝐞𝐫𝛊́𝐚𝐬 𝐨𝐬𝐜𝐮𝐫𝐢𝐝𝐚𝐝… 𝐯𝐞𝐫𝛊́𝐚𝐬 𝐮𝐧𝐚 𝐢𝐥𝐮𝐦𝐢𝐧𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬 𝐬𝐨𝐥𝐨 𝐭𝐮𝐲𝐚… 𝐥𝐚 𝐥𝐮𝐳 𝐲 𝐥𝐚 𝐛𝐞𝐥𝐥𝐞𝐳𝐚 𝐬𝐞 𝐮𝐧𝐞𝐧 𝐞𝐧 𝐭𝐢 𝐞𝐧 𝐦𝐢𝐥 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐬 𝐝𝐢𝐟𝐞𝐫𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬. ❞
    ❝ 𝐒𝐢 𝐩𝐮𝐝𝐢𝐞𝐫𝐚𝐬 𝐯𝐞𝐫𝐭𝐞, 𝐨𝛊́𝐫 𝐭𝐮 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐚 𝐯𝐨𝐳, 𝐭𝐮 𝐦𝐮́𝐬𝐢𝐜𝐚… 𝐧𝐨 𝐯𝐞𝐫𝛊́𝐚𝐬 𝐨𝐬𝐜𝐮𝐫𝐢𝐝𝐚𝐝… 𝐯𝐞𝐫𝛊́𝐚𝐬 𝐮𝐧𝐚 𝐢𝐥𝐮𝐦𝐢𝐧𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬 𝐬𝐨𝐥𝐨 𝐭𝐮𝐲𝐚… 𝐥𝐚 𝐥𝐮𝐳 𝐲 𝐥𝐚 𝐛𝐞𝐥𝐥𝐞𝐳𝐚 𝐬𝐞 𝐮𝐧𝐞𝐧 𝐞𝐧 𝐭𝐢 𝐞𝐧 𝐦𝐢𝐥 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐬 𝐝𝐢𝐟𝐞𝐫𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬. ❞
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  • — Tengo un presentimiento horrible
    — Tengo un presentimiento horrible
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  • Hay una fascinación indescriptible en abrir un libro antiguo; leer sobre la magia no es solo descubrir conjuros y rituales, sino asomarse a una época donde la humanidad aún creía que los secretos del universo podían ser descifrados con la mente y el corazón.
    Hay una fascinación indescriptible en abrir un libro antiguo; leer sobre la magia no es solo descubrir conjuros y rituales, sino asomarse a una época donde la humanidad aún creía que los secretos del universo podían ser descifrados con la mente y el corazón.
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  • *Después del malestar, ya mas calmada, decidio dejar claro las cosas. *

    Yo no estoy buscando nada romántico con nadie, mi corazón ya tiene dueño y solo tengo ojos para él.. Asi que lo mucho que podría ofrecer es amistad..
    Y ya están avisados lo que puedo ofrecer.
    *Después del malestar, ya mas calmada, decidio dejar claro las cosas. * Yo no estoy buscando nada romántico con nadie, mi corazón ya tiene dueño y solo tengo ojos para él.. Asi que lo mucho que podría ofrecer es amistad.. Y ya están avisados lo que puedo ofrecer.
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  • Un joven rubio de cabello corto permanecía de pie frente al hombre. Sus manos temblaban apenas perceptiblemente y su voz sonaba quebradiza, como si cada palabra le costara un esfuerzo descomunal.

    °¿De verdad tengo que hacerlo?... ¿Es la única manera?

    El otro lo observó con aquella expresión vacía que parecía incapaz de transmitir emoción alguna.

    ○Tú mismo te metiste en este embrollo. Viniste a pedirme ayuda sabiendo perfectamente que te advertí de las consecuencias.

    El muchacho chasqueó la lengua con frustración.

    °Tch...

    Con movimientos lentos se remangó la chaqueta, dejando al descubierto el brazo.

    °Al menos... les dirás que la amo. Que jamás quise hacerle daño.

    Por primera vez el hombre desvió la mirada hacia la extremidad descubierta. Extrajo una jeringa de un pequeño estuche metálico y examinó el líquido oscuro que reposaba en su interior.

    ○Es tu destino formar parte del Drive.

    Su tono era tan indiferente que resultaba inquietante.

    ○Todo por andar husmeando donde no debías. Vaya hombre se enamoro mi estúpida hija.

    El joven apretó la mandíbula con fuerza. Intentó contener las lágrimas, pero sus ojos ya brillaban por la angustia. Sabía lo que ocurriría después. Sabía que aquella inyección marcaría el final de su vida tal como la conocía.

    Todos sus planes, sus sueños y las promesas que había compartido con ella se desvanecerían en cuestión de minutos.

    Frente a él, el hombre introdujo la aguja con la misma naturalidad con la que otros firmaban un documento. No había compasión en su mirada. No había odio tampoco. Solo una fría aceptación.

    Y mientras el contenido de la jeringa desaparecía lentamente de su interior, el muchacho comprendió que estaba cruzando un umbral del que nadie regresaba siendo la misma persona. Quizá sobreviviría. Quizá despertaría algún poder extraordinario. O quizá terminaría convertido en una aberración.

    Pero, en cualquier caso, el hombre que había amado a aquella muchacha acababa de comenzar a desaparecer.
    Un joven rubio de cabello corto permanecía de pie frente al hombre. Sus manos temblaban apenas perceptiblemente y su voz sonaba quebradiza, como si cada palabra le costara un esfuerzo descomunal. °¿De verdad tengo que hacerlo?... ¿Es la única manera? El otro lo observó con aquella expresión vacía que parecía incapaz de transmitir emoción alguna. ○Tú mismo te metiste en este embrollo. Viniste a pedirme ayuda sabiendo perfectamente que te advertí de las consecuencias. El muchacho chasqueó la lengua con frustración. °Tch... Con movimientos lentos se remangó la chaqueta, dejando al descubierto el brazo. °Al menos... les dirás que la amo. Que jamás quise hacerle daño. Por primera vez el hombre desvió la mirada hacia la extremidad descubierta. Extrajo una jeringa de un pequeño estuche metálico y examinó el líquido oscuro que reposaba en su interior. ○Es tu destino formar parte del Drive. Su tono era tan indiferente que resultaba inquietante. ○Todo por andar husmeando donde no debías. Vaya hombre se enamoro mi estúpida hija. El joven apretó la mandíbula con fuerza. Intentó contener las lágrimas, pero sus ojos ya brillaban por la angustia. Sabía lo que ocurriría después. Sabía que aquella inyección marcaría el final de su vida tal como la conocía. Todos sus planes, sus sueños y las promesas que había compartido con ella se desvanecerían en cuestión de minutos. Frente a él, el hombre introdujo la aguja con la misma naturalidad con la que otros firmaban un documento. No había compasión en su mirada. No había odio tampoco. Solo una fría aceptación. Y mientras el contenido de la jeringa desaparecía lentamente de su interior, el muchacho comprendió que estaba cruzando un umbral del que nadie regresaba siendo la misma persona. Quizá sobreviviría. Quizá despertaría algún poder extraordinario. O quizá terminaría convertido en una aberración. Pero, en cualquier caso, el hombre que había amado a aquella muchacha acababa de comenzar a desaparecer.
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  • — ¿𝖳𝖾 𝗊𝗎𝖾𝖽𝖺𝗋á𝗌 𝗆𝗂𝗋𝖺𝗇𝖽𝗈?
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  • [Luna asiste a una reunión corporativa en dónde se presentan los directores de cada una de las 27 divisiones de Umbra Corp. Normalmente las divisiones ilegales como la "W" o la "Q" jamás se presentan. Sin embargo el día de hoy aparece en persona el director general de la infame división Q: El Dr. Edgar Markov]

    *Tan sólo ver su rostro me hace perder totalmente mis estribos. Empuño una pistola y le apunto sin dudar en frente de todos los asistentes*
    Dra Luna: -Miserable... Te presentas ante nosotros como si nada. Luego del desastre que protagonizó tu división. Pero por sobretodo... Luego de que tus unidades de combate acabaran con la vida de mi padre... ¡CREISTE QUE NO ME ENTERARÍA! *acerco aún más mi arma*

    Dr Edgar Markov: -Por favor Lunita. Corta de una vez el drama. Sé perfectamente que no te atreverás a apretar el gatillo. *se acerca el mismo más hacia el arma* -No podrías. Demasiado entrampada en tus protocolos de conducta. En la reglas. En las leyes. Sabes perfectamente lo que pasaría si me matas aquí y ahora. Estarías traicionando a Umbra Corp. ¿Eres capaz de hacer eso?. ¿Al igual como lo hizo tu padre cuando decidió a ayudar a una bestia sin nombre?. [dice refiriédose a Unknown ] Vámos. Aprieta el gatillo. *menciona con voz desafiante*

    Dra Luna: *Frunzo el ceño. Presiono aun más el arma contra su pecho. Sin embargo... Termino cediendo. Dejo de apuntarle y dejo la sala de reuniones completamente indignada*

    Dr Edgar Markov: *Como si nada hubiera pasado se dirige a los presentes* -Bien. Ya que la Dra Lunita ya terminó con su rabieta Hora de mostrarles que la división Q esta lejos de estar muerta. *Sonríe maquiavelicamente un humanoide con armadura entra en la habitación*
    [Luna asiste a una reunión corporativa en dónde se presentan los directores de cada una de las 27 divisiones de Umbra Corp. Normalmente las divisiones ilegales como la "W" o la "Q" jamás se presentan. Sin embargo el día de hoy aparece en persona el director general de la infame división Q: El Dr. Edgar Markov] *Tan sólo ver su rostro me hace perder totalmente mis estribos. Empuño una pistola y le apunto sin dudar en frente de todos los asistentes* Dra Luna: -Miserable... Te presentas ante nosotros como si nada. Luego del desastre que protagonizó tu división. Pero por sobretodo... Luego de que tus unidades de combate acabaran con la vida de mi padre... ¡CREISTE QUE NO ME ENTERARÍA! *acerco aún más mi arma* Dr Edgar Markov: -Por favor Lunita. Corta de una vez el drama. Sé perfectamente que no te atreverás a apretar el gatillo. *se acerca el mismo más hacia el arma* -No podrías. Demasiado entrampada en tus protocolos de conducta. En la reglas. En las leyes. Sabes perfectamente lo que pasaría si me matas aquí y ahora. Estarías traicionando a Umbra Corp. ¿Eres capaz de hacer eso?. ¿Al igual como lo hizo tu padre cuando decidió a ayudar a una bestia sin nombre?. [dice refiriédose a [Uni_Darkness_Softspot] ] Vámos. Aprieta el gatillo. *menciona con voz desafiante* Dra Luna: *Frunzo el ceño. Presiono aun más el arma contra su pecho. Sin embargo... Termino cediendo. Dejo de apuntarle y dejo la sala de reuniones completamente indignada* Dr Edgar Markov: *Como si nada hubiera pasado se dirige a los presentes* -Bien. Ya que la Dra Lunita ya terminó con su rabieta Hora de mostrarles que la división Q esta lejos de estar muerta. *Sonríe maquiavelicamente un humanoide con armadura entra en la habitación*
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  • Mi mayor alegría como maestra es ver cómo mis estudiantes dejan de avergonzarse de su cuerpo y comienzan a celebrarlo. Ese es el verdadero arte ♥
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  • Esto es solo para ti.. Espero te guste...

    *Con una cajita de dulces entre sus manos, dulces hechos por ella. *
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