— Tomó la mano de su esposo y lo guió a fuera de la casa, la noche estaba cálida y silenciosa, parecía que hasta los grillos se habían puesto de acuerdo para darles paz. El jardín estaba lleno de luces, Mika las había puesto con cuidado hace unos días ya enticipando el momento que creyó, llegaría más tarde, pero en ese momento supo que era el momento justo.
Llevó a su amado hasta el centro, en medio de los árboles y le tomó las manos con delicadeza.
Le sonrió dulcemente y luego, sin soltarlo, se arrodilló con cuidado hasta quedar a sus pies, guardó silencio, dejando que el aire fresco de la noche los rodeara. —
— Tomó la mano de su esposo y lo guió a fuera de la casa, la noche estaba cálida y silenciosa, parecía que hasta los grillos se habían puesto de acuerdo para darles paz. El jardín estaba lleno de luces, Mika las había puesto con cuidado hace unos días ya enticipando el momento que creyó, llegaría más tarde, pero en ese momento supo que era el momento justo.
Llevó a su amado hasta el centro, en medio de los árboles y le tomó las manos con delicadeza.
Le sonrió dulcemente y luego, sin soltarlo, se arrodilló con cuidado hasta quedar a sus pies, guardó silencio, dejando que el aire fresco de la noche los rodeara. —