— Mamá, ya lo he dicho varias veces, no sé y no puedo reparar tu cafetera.
¿Cuántas veces más iba a tener ese tipo de conversaciones? Estaba seguro de que, si le daban una moneda por cada ocasión que su madre le pidiera arreglar un electrodoméstico, tendría suficiente para comprarse un auto, uno a escala, para lograr quitarse el fastidio de escuchar siempre la misma conversación con la que aquella mujer se excusaba.
— Sí, sí, me queda claro, mamá. Pero escúchame, yo sé de computadoras, yo arreglo computadoras. No tengo idea del porqué tu cafetera no enciende pero, a ver... —Un suspiro pesado denotó su frustración. Se revolvió el flequillo y terminó asistiendo cuando la mujer usó la apelación de siempre: Si no la ayudaba, tendría que pedírselo a su padre y esperar tres meses a que le prestara atención.— Dime, ¿si está conectada? ¿Puedes revisar que si esté enchufado el... Ah, así que no la habías conectado. Conectala y revisa si... Sí, sí mamá. Sí, lo sé, disfruta tu café, mamá. Te llamaré más tarde.
— Mamá, ya lo he dicho varias veces, no sé y no puedo reparar tu cafetera.
¿Cuántas veces más iba a tener ese tipo de conversaciones? Estaba seguro de que, si le daban una moneda por cada ocasión que su madre le pidiera arreglar un electrodoméstico, tendría suficiente para comprarse un auto, uno a escala, para lograr quitarse el fastidio de escuchar siempre la misma conversación con la que aquella mujer se excusaba.
— Sí, sí, me queda claro, mamá. Pero escúchame, yo sé de computadoras, yo arreglo computadoras. No tengo idea del porqué tu cafetera no enciende pero, a ver... —Un suspiro pesado denotó su frustración. Se revolvió el flequillo y terminó asistiendo cuando la mujer usó la apelación de siempre: Si no la ayudaba, tendría que pedírselo a su padre y esperar tres meses a que le prestara atención.— Dime, ¿si está conectada? ¿Puedes revisar que si esté enchufado el... Ah, así que no la habías conectado. Conectala y revisa si... Sí, sí mamá. Sí, lo sé, disfruta tu café, mamá. Te llamaré más tarde.