-La biblioteca prohibida se encontraba bajo el Reino del Eclipse, oculta en las profundidades de la montaña negra sobre la que se alzaba el castillo. No había guardianes. No hacian falta. Pocos seres poseian el valor suficiente para descender hasta aquel lugar donde se almacenaban conocimientos olvidados por los dioses.-
-Vaelith caminaba entre los interminables pasillos de piedra oscura con una lampara antigua en una mano. No buscaba armas, tesoros ni secretos para aumentar su poder. Buscaba historias. Miles de libros cubrian las estanterias, algunos escritos por imperios desaparecidos, otros por pueblos cuyos nombres ya no existian en ningun mapa. Alli, entre el polvo y el silencio, el Rey del Eclipse Carmesi parecia mas un estudioso solitario que un monarca inmortal.-
-Finalmente encontro un volumen pequeño, gastado por el tiempo. Al abrirlo, una sonrisa casi imperceptible apareció en su rostro. No contenía magia ni profecías. Era el diario de un campesino que había vivido hacía más de mil años. Sus páginas hablaban de cosechas, lluvias, amores sencillos y preocupaciones mundanas. Vaelith tomó asiento sobre una vieja escalera de madera y comenzó a leer.-
-Las horas transcurrieron sin que él lo notara. Mientras el reino dormía y las estrellas giraban sobre las torres del Eclipse, el soberano permaneció allí, pasando páginas con cuidado. Había contemplado guerras capaces de destruir continentes y observado el nacimiento de civilizaciones enteras. Sin embargo, eran aquellas pequeñas vidas olvidadas las que más captaban su atencion. Porque para alguien que había vivido demasiado tiempo, los verdaderos tesoros no eran las coronas ni los imperios. Eran los recuerdos de quienes el mundo había olvidado.-
-La biblioteca prohibida se encontraba bajo el Reino del Eclipse, oculta en las profundidades de la montaña negra sobre la que se alzaba el castillo. No había guardianes. No hacian falta. Pocos seres poseian el valor suficiente para descender hasta aquel lugar donde se almacenaban conocimientos olvidados por los dioses.-
-Vaelith caminaba entre los interminables pasillos de piedra oscura con una lampara antigua en una mano. No buscaba armas, tesoros ni secretos para aumentar su poder. Buscaba historias. Miles de libros cubrian las estanterias, algunos escritos por imperios desaparecidos, otros por pueblos cuyos nombres ya no existian en ningun mapa. Alli, entre el polvo y el silencio, el Rey del Eclipse Carmesi parecia mas un estudioso solitario que un monarca inmortal.-
-Finalmente encontro un volumen pequeño, gastado por el tiempo. Al abrirlo, una sonrisa casi imperceptible apareció en su rostro. No contenía magia ni profecías. Era el diario de un campesino que había vivido hacía más de mil años. Sus páginas hablaban de cosechas, lluvias, amores sencillos y preocupaciones mundanas. Vaelith tomó asiento sobre una vieja escalera de madera y comenzó a leer.-
-Las horas transcurrieron sin que él lo notara. Mientras el reino dormía y las estrellas giraban sobre las torres del Eclipse, el soberano permaneció allí, pasando páginas con cuidado. Había contemplado guerras capaces de destruir continentes y observado el nacimiento de civilizaciones enteras. Sin embargo, eran aquellas pequeñas vidas olvidadas las que más captaban su atencion. Porque para alguien que había vivido demasiado tiempo, los verdaderos tesoros no eran las coronas ni los imperios. Eran los recuerdos de quienes el mundo había olvidado.-