• Recomienden lugares para ir cuando no hay nada que hacer. Ando aburrido puñetaaa.
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  • Wyrd

    "Aquello que no eliges buscar, pero que decides no olvidar..."
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  • — ¿Tienes lo que querías desde un inicio o lo que pudiste obtener más rápido? Cuando me siento perdida, esa pregunta me ayuda a reencaminarme. —
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  • La lluvia siempre seran las lagrimas de mi madre.. Tantas guerras que he librado y sitios destrozados... Perdona madre pero es mi deber salvarlos y demostrar que mi furia de demonio es la combinacion perfecta de la esencia de un dios..

    -agacha la cabeza mientras pensaba en las palabras de su madre aunque escucho un ruido cerca como si alguien se acercara-

    Quien anda ahi?.. Identificate...
    La lluvia siempre seran las lagrimas de mi madre.. Tantas guerras que he librado y sitios destrozados... Perdona madre pero es mi deber salvarlos y demostrar que mi furia de demonio es la combinacion perfecta de la esencia de un dios.. -agacha la cabeza mientras pensaba en las palabras de su madre aunque escucho un ruido cerca como si alguien se acercara- Quien anda ahi?.. Identificate...
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  • Adoro andar en ropa interior 🫦
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  • Se que las mentiras , tienen un final pero hasta entonces y hasta que llege su verdad seguire o esta el fin de mis dias.
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  • Las garras de la inocencia

    Razor era conocido en Mondstadt como un chico enérgico, tranquilo e inocente. Para muchos, incluso tierno. Sin embargo, bajo esa apariencia se escondía una mente alerta al peligro, una inteligencia nata para el combate y, por encima de todo, un instinto feroz por proteger a su manada, a quienes consideraba su verdadera familia.

    El mercado negro surtía de todo a quienes buscaban lo que no podía conseguirse por medios legales: pociones adulteradas, alcohol, ingredientes a sobreprecio, armas, materiales… y pieles. Demasiadas pieles.

    Tras los últimos aullidos, profundos y majestuosos, la noche cayó sobre el bosque. La manada dormía. Razor se encontraba acurrucado bajo el tronco de un árbol, abrazado a uno de los lobos más viejos; los cachorros descansaban junto a sus madres, y el alfa vigilaba desde lo alto de una roca.

    Entonces, un crujido.

    Las orejas del alfa se alzaron de golpe. Razor abrió los ojos al mismo tiempo, conteniendo la respiración. No era un animal nocturno.

    Las antorchas se encendieron de repente, rodeando a la manada. El fuego crepitó, proyectando sombras torcidas entre los árboles. Humanos avanzaban con cautela, cuchillos y mazos en mano, sonriendo mientras hablaban del botín.

    El alfa saltó frente a su manada, erizando el pelaje y gruñendo. Dudaron un segundo… pero eran demasiados.

    Desde un punto ciego, varios bandidos se lanzaron sobre una de las lobas. Los chillidos de los cachorros cortaron el aire cuando fueron arrancados de su madre y metidos en un saco.

    La risa de uno de los hombres se apagó de golpe.

    Un impacto seco. Brutal.

    Razor había caído sobre él, clavándole la rodilla en el pecho. El bandido quedó inconsciente antes de tocar el suelo.

    +¿Q-qué fue eso? ¡Dijeron que no había nadie cuidando!

    Las espadas se alzaron. Entonces lo vieron.

    +¡Es solo un niño!
    —¡Yo… proteger… familia! —gruñó Razor, con los colmillos apretados—. ¡Ustedes… ser… malos!

    Se lanzó.

    Los lobos se unieron al ataque. Dientes, garras, gritos. Cada alarido de dolor de su manada hacía que los golpes de Razor fueran más fuertes, más salvajes.

    No luchaba como un caballero. No había técnica elegante, solo reflejos afilados, agilidad y una fuerza nacida del instinto.

    +¡No puede ser… tiene una Visión!

    Las garras Electro brillaron en la oscuridad. Uno a uno, los bandidos cayeron. Razor sangraba, respiraba con dificultad… pero en sus ojos no había dolor. Solo furia. Y determinación.

    Cuando el silencio volvió al bosque, todos yacían en el suelo.

    Razor los ató con ayuda de la manada. El bosque exigía sangre, y él lo sabía. Lo sentía. Pero recordó voces. Jean. Lisa. Kaeya.

    Convenció a los lobos de no matar.

    La ley del bosque era una. La de Mondstadt, otra.

    Y esta vez, eligió confiar. Herido y cansado llegó a Mondstadt bajo los primeros rayos del sol, dando pasos lentos con un pie y leves arrastres con el otro, herias en el cuerpo que si bien no eran mortales la cantidad de ellas hubieran dejado fuera de combate a cualquier otro. Los guardias de la puerta principal a la ciudad reconocieron a Razor de inmediato y, al ver el estado en el que se encontraba fueron a su auxilio de inmediato.

    -Gente...mala....bosque... -Alcanzó a decir a penas había sido alcanzado por uno de los guardias sosteniéndolo en brazos. Razor cayó inconsciente.-
    Las garras de la inocencia Razor era conocido en Mondstadt como un chico enérgico, tranquilo e inocente. Para muchos, incluso tierno. Sin embargo, bajo esa apariencia se escondía una mente alerta al peligro, una inteligencia nata para el combate y, por encima de todo, un instinto feroz por proteger a su manada, a quienes consideraba su verdadera familia. El mercado negro surtía de todo a quienes buscaban lo que no podía conseguirse por medios legales: pociones adulteradas, alcohol, ingredientes a sobreprecio, armas, materiales… y pieles. Demasiadas pieles. Tras los últimos aullidos, profundos y majestuosos, la noche cayó sobre el bosque. La manada dormía. Razor se encontraba acurrucado bajo el tronco de un árbol, abrazado a uno de los lobos más viejos; los cachorros descansaban junto a sus madres, y el alfa vigilaba desde lo alto de una roca. Entonces, un crujido. Las orejas del alfa se alzaron de golpe. Razor abrió los ojos al mismo tiempo, conteniendo la respiración. No era un animal nocturno. Las antorchas se encendieron de repente, rodeando a la manada. El fuego crepitó, proyectando sombras torcidas entre los árboles. Humanos avanzaban con cautela, cuchillos y mazos en mano, sonriendo mientras hablaban del botín. El alfa saltó frente a su manada, erizando el pelaje y gruñendo. Dudaron un segundo… pero eran demasiados. Desde un punto ciego, varios bandidos se lanzaron sobre una de las lobas. Los chillidos de los cachorros cortaron el aire cuando fueron arrancados de su madre y metidos en un saco. La risa de uno de los hombres se apagó de golpe. Un impacto seco. Brutal. Razor había caído sobre él, clavándole la rodilla en el pecho. El bandido quedó inconsciente antes de tocar el suelo. +¿Q-qué fue eso? ¡Dijeron que no había nadie cuidando! Las espadas se alzaron. Entonces lo vieron. +¡Es solo un niño! —¡Yo… proteger… familia! —gruñó Razor, con los colmillos apretados—. ¡Ustedes… ser… malos! Se lanzó. Los lobos se unieron al ataque. Dientes, garras, gritos. Cada alarido de dolor de su manada hacía que los golpes de Razor fueran más fuertes, más salvajes. No luchaba como un caballero. No había técnica elegante, solo reflejos afilados, agilidad y una fuerza nacida del instinto. +¡No puede ser… tiene una Visión! Las garras Electro brillaron en la oscuridad. Uno a uno, los bandidos cayeron. Razor sangraba, respiraba con dificultad… pero en sus ojos no había dolor. Solo furia. Y determinación. Cuando el silencio volvió al bosque, todos yacían en el suelo. Razor los ató con ayuda de la manada. El bosque exigía sangre, y él lo sabía. Lo sentía. Pero recordó voces. Jean. Lisa. Kaeya. Convenció a los lobos de no matar. La ley del bosque era una. La de Mondstadt, otra. Y esta vez, eligió confiar. Herido y cansado llegó a Mondstadt bajo los primeros rayos del sol, dando pasos lentos con un pie y leves arrastres con el otro, herias en el cuerpo que si bien no eran mortales la cantidad de ellas hubieran dejado fuera de combate a cualquier otro. Los guardias de la puerta principal a la ciudad reconocieron a Razor de inmediato y, al ver el estado en el que se encontraba fueron a su auxilio de inmediato. -Gente...mala....bosque... -Alcanzó a decir a penas había sido alcanzado por uno de los guardias sosteniéndolo en brazos. Razor cayó inconsciente.-
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  • Gritar no va a recolocarte los huesos… no es culpa mía que no te hayas muerto al caer.
    Gritar no va a recolocarte los huesos… no es culpa mía que no te hayas muerto al caer.
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  • ──── 𝘏𝘦 𝘥𝘪𝘤𝘩𝘰 : 𝘊𝘈𝘚𝘖 𝘊𝘌𝘙. . . 𝘈𝘩, 𝘯𝘰, 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘳𝘢. 𝘋𝘪𝘴𝘤𝘶𝘭𝘱𝘦𝘯. ────

    Busca entre las hojas hasta dar con la que era.

    ──── 𝘏𝘦 𝘥𝘪𝘤𝘩𝘰 : ¡𝘏𝘖𝘙𝘕𝘠! ────

    Golpea con el martillo dando el veredicto final.

    Imagen utilizada para dictaminar que lo que ve el espectador es Horny. Se aplicará mediante la ley. [?]
    ──── 𝘏𝘦 𝘥𝘪𝘤𝘩𝘰 : 𝘊𝘈𝘚𝘖 𝘊𝘌𝘙. . . 𝘈𝘩, 𝘯𝘰, 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘳𝘢. 𝘋𝘪𝘴𝘤𝘶𝘭𝘱𝘦𝘯. ──── Busca entre las hojas hasta dar con la que era. ──── 𝘏𝘦 𝘥𝘪𝘤𝘩𝘰 : ¡𝘏𝘖𝘙𝘕𝘠! ──── Golpea con el martillo dando el veredicto final. Imagen utilizada para dictaminar que lo que ve el espectador es Horny. Se aplicará mediante la ley. [?]
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  • Después de todo
    Fandom Hellaverse
    Categoría Otros
    Rol privado con: Vassago
    Lugar: ira

    Hacia a penas unos minutos en los que había terminado el juicio que eñ un principio era para condenar al sucio imp con el que, el desesperado miserable de Stolas había estado retozando y que,finalmente sirvió para desterrar a dicho príncipe.

    Andrealphus caminaba satisfecho por el pasillo, la cabeza bien alta pues sus legiones, poderes y cargos de Stolas habían pasado a él. Sin duda, haría mucho mejor uso de los mismos y desde luego, se emplearía a fondo en su nuevo trabajo de escudriñar las estrellas y desentrañar profecías. Partiendo de la base de que él no le entregaría el grimorio a nadie. Siéndole imposible de borrar su sonrisa, se quedó mirándo su propio reflejo en uno de los ventanales, a fin de cuentas, ira tenía un paisaje de lo más insulso y polvoriento, acariciando el plumón de su ropa alrededor del cuello, empezó a preguntarse ¿Cual sería su siguiente paso? Pues estaba claro que a partir de aquí, solo podía seguir ascendiendo en la escala social.

    Sin embargo sus ojos azules desprovistos de pupila se fijaron eñ otro reflejo que apareció unos pasos a penas tras él, Vassago.

    —Así que… Pendejo arrogante…—repitió las palabras que el loro había dicho en la sala, mientras se volteaba, apoyando elegante su espalda en la pared, con una mano todavía posada de forma delicada en el plumón.

    —¿No crees que te has emocionado demasiado?—preguntó de forma retórica, enarcando una ceja y sonriendo con cierta malicia, esperando a que el otro se acercase; no se contuvo de dedicarle una mirada descarada de arriba a abajo, a fin de cuentas no habia nadie más que ellos dos ahi.
    Rol privado con: [pulse_beryl_frog_252] Lugar: ira Hacia a penas unos minutos en los que había terminado el juicio que eñ un principio era para condenar al sucio imp con el que, el desesperado miserable de Stolas había estado retozando y que,finalmente sirvió para desterrar a dicho príncipe. Andrealphus caminaba satisfecho por el pasillo, la cabeza bien alta pues sus legiones, poderes y cargos de Stolas habían pasado a él. Sin duda, haría mucho mejor uso de los mismos y desde luego, se emplearía a fondo en su nuevo trabajo de escudriñar las estrellas y desentrañar profecías. Partiendo de la base de que él no le entregaría el grimorio a nadie. Siéndole imposible de borrar su sonrisa, se quedó mirándo su propio reflejo en uno de los ventanales, a fin de cuentas, ira tenía un paisaje de lo más insulso y polvoriento, acariciando el plumón de su ropa alrededor del cuello, empezó a preguntarse ¿Cual sería su siguiente paso? Pues estaba claro que a partir de aquí, solo podía seguir ascendiendo en la escala social. Sin embargo sus ojos azules desprovistos de pupila se fijaron eñ otro reflejo que apareció unos pasos a penas tras él, Vassago. —Así que… Pendejo arrogante…—repitió las palabras que el loro había dicho en la sala, mientras se volteaba, apoyando elegante su espalda en la pared, con una mano todavía posada de forma delicada en el plumón. —¿No crees que te has emocionado demasiado?—preguntó de forma retórica, enarcando una ceja y sonriendo con cierta malicia, esperando a que el otro se acercase; no se contuvo de dedicarle una mirada descarada de arriba a abajo, a fin de cuentas no habia nadie más que ellos dos ahi.
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