La ciudad no tenía nombre en los mapas nuevos.
Solo un punto gris más entre tantos otros… pero para Jack Morrison, era otro frente.Los edificios partidos a la mitad se alzaban como esqueletos, el viento arrastrando ceniza y papeles viejos entre calles donde antes hubo vida. Un viejo letrero luminoso parpadeaba a ratos, resistiéndose a morir, igual que él.Desde la azotea de un edificio derrumbado, Jack observaba a través de la mira de su rifle. El visor térmico dibujaba siluetas débiles entre los escombros: saqueadores, quizá mercenarios. Nada nuevo.
—Hogar dulce hogar…
murmuró con voz ronca, ajustándose la chaqueta.Overwatch estaba muerta.O eso decían.
Saltó al suelo con un golpe seco, avanzando entre sombras. Cada paso era medido, cada ruido analizado. Esta ciudad necesitaba algo más que promesas rotas y recuerdos… necesitaba a alguien que aún estuviera dispuesto a ensuciarse las manos.Y Jack Morrison nunca supo hacer otra cosa.
La ciudad no tenía nombre en los mapas nuevos.
Solo un punto gris más entre tantos otros… pero para Jack Morrison, era otro frente.Los edificios partidos a la mitad se alzaban como esqueletos, el viento arrastrando ceniza y papeles viejos entre calles donde antes hubo vida. Un viejo letrero luminoso parpadeaba a ratos, resistiéndose a morir, igual que él.Desde la azotea de un edificio derrumbado, Jack observaba a través de la mira de su rifle. El visor térmico dibujaba siluetas débiles entre los escombros: saqueadores, quizá mercenarios. Nada nuevo.
—Hogar dulce hogar…
murmuró con voz ronca, ajustándose la chaqueta.Overwatch estaba muerta.O eso decían.
Saltó al suelo con un golpe seco, avanzando entre sombras. Cada paso era medido, cada ruido analizado. Esta ciudad necesitaba algo más que promesas rotas y recuerdos… necesitaba a alguien que aún estuviera dispuesto a ensuciarse las manos.Y Jack Morrison nunca supo hacer otra cosa.