• La consejera Mel está aquí, que bueno verlo por aquí.

    Espero que la esté pasando bien.
    La consejera Mel está aquí, que bueno verlo por aquí. Espero que la esté pasando bien.
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  • ℂ𝖑𝖆𝖚𝖉𝖊 ♱

    Era una noche como cualquier otra, una donde el club estaba lleno de vida y donde todo tipo de transacciones ocurrían: algunas a voluntad propia, otras a la fuerza. Pero todo era lo "normal" ahí dentro.

    Había una mezcla de aromas que, las primeras veces, hicieron que Oriana quisiera vomitar de inmediato. Alcohol, perfumes demasiado dulces, cigarro, incluso algo más primitivo y desagradable: olores que debían permanecer en la intimidad y no mezclarse con el aire de un salón abarrotado. Pero, hoy en día, ella ya no reaccionaba. Había logrado el entumecer sensaciones con el pasar de los años, aunque casi siempre con ayuda.

    Estaba sentada junto a quien solían llamar Niko, uno de los hombres importantes de la organización, y estos estaban haciendo lo que querían aprovechando que el jefe no estaba presente en esa ocasión.

    Los ojos violeta de la chica permanecían perdidos entre las luces de colores que parpadeaban de forma intermitente sobre el salón. La música que retumbaba por todas partes había dejado de tener sentido hacía rato, la escuchaba distante, sin mencionar las voces de los sujetos alrededor de la mesa que parecían estar festejando mientras también se discutían ciertos negocios. El tráfico de armas, drogas, personas... todo lo que hizo que Oriana cayera en ese infierno por un descuido.

    Pero, entre conversaciones, también se escapaban nombres, no siempre completos, a veces alias. En ocasiones podía recordarlos bien, otras esos recuerdos eran muy difusos, pero siempre tenía que fingir que no escuchaba nada si quería mantenerse con vida.

    Mientras tanto, sostenía una copa en su mano izquierda. Ni siquiera dio un sorbo al líquido, el efecto de otras sustancias había empezado a actuar en su sistema y la hundía lentamente en la sensación de desconexión qje tanto necesitaba para soportar noches difíciles. Movía apenas la copa, ya sin sentir sus dedos.

    -¿Pero no será un problema si se da cuenta de que ese adelanto será sustraído de la cuenta? -preguntó uno de los hombres, a lo que una carcajada siguió por parte del que estaba al lado de la pelinegra.

    -Nah, tendrá otras cosas que hacer y de todos modos se verá reflejado demasiado tarde. El jefe dijo que para cuando lo note nosotros ya habremos cambiado de ubicación. Mientras, nos hizo el trabajo gratis. -volvió a reír antes de descansar la mano en el muslo de la joven. Ella la sintió pesada y más como si fueran garras que dedos, clavándose en su carne.

    Bajó la vista de a poco, fijándose en los rostros que conocía, pero ya se veían borrosos, algunos más que otros. Y, aunque no entendió demasiado, supo identificar que algo no andaba bien. Había una tensión e incomodidad entre ellos que se le podría pegar a ella si no fuera porque estaba más bien ida.

    Antes de que la conversación cambiara ocurrió algo raro: la radio que otro de ellos tenía sonó. Pareció que alguien intentaría hablar del otro lado, pero después se escuchó una estática que, si bien duró pocos segundos, fue suficiente para dejar a todos callados.

    -¿Qué mierda fue eso?

    -Nada, seguro uno de estos tarados apretó sin querer el comunicador. Da igual... -pero no daba igual, en realidad. Pronto descubrirían que el tiro les había salido por la culata.
    [SclopetariusNox.txt] Era una noche como cualquier otra, una donde el club estaba lleno de vida y donde todo tipo de transacciones ocurrían: algunas a voluntad propia, otras a la fuerza. Pero todo era lo "normal" ahí dentro. Había una mezcla de aromas que, las primeras veces, hicieron que Oriana quisiera vomitar de inmediato. Alcohol, perfumes demasiado dulces, cigarro, incluso algo más primitivo y desagradable: olores que debían permanecer en la intimidad y no mezclarse con el aire de un salón abarrotado. Pero, hoy en día, ella ya no reaccionaba. Había logrado el entumecer sensaciones con el pasar de los años, aunque casi siempre con ayuda. Estaba sentada junto a quien solían llamar Niko, uno de los hombres importantes de la organización, y estos estaban haciendo lo que querían aprovechando que el jefe no estaba presente en esa ocasión. Los ojos violeta de la chica permanecían perdidos entre las luces de colores que parpadeaban de forma intermitente sobre el salón. La música que retumbaba por todas partes había dejado de tener sentido hacía rato, la escuchaba distante, sin mencionar las voces de los sujetos alrededor de la mesa que parecían estar festejando mientras también se discutían ciertos negocios. El tráfico de armas, drogas, personas... todo lo que hizo que Oriana cayera en ese infierno por un descuido. Pero, entre conversaciones, también se escapaban nombres, no siempre completos, a veces alias. En ocasiones podía recordarlos bien, otras esos recuerdos eran muy difusos, pero siempre tenía que fingir que no escuchaba nada si quería mantenerse con vida. Mientras tanto, sostenía una copa en su mano izquierda. Ni siquiera dio un sorbo al líquido, el efecto de otras sustancias había empezado a actuar en su sistema y la hundía lentamente en la sensación de desconexión qje tanto necesitaba para soportar noches difíciles. Movía apenas la copa, ya sin sentir sus dedos. -¿Pero no será un problema si se da cuenta de que ese adelanto será sustraído de la cuenta? -preguntó uno de los hombres, a lo que una carcajada siguió por parte del que estaba al lado de la pelinegra. -Nah, tendrá otras cosas que hacer y de todos modos se verá reflejado demasiado tarde. El jefe dijo que para cuando lo note nosotros ya habremos cambiado de ubicación. Mientras, nos hizo el trabajo gratis. -volvió a reír antes de descansar la mano en el muslo de la joven. Ella la sintió pesada y más como si fueran garras que dedos, clavándose en su carne. Bajó la vista de a poco, fijándose en los rostros que conocía, pero ya se veían borrosos, algunos más que otros. Y, aunque no entendió demasiado, supo identificar que algo no andaba bien. Había una tensión e incomodidad entre ellos que se le podría pegar a ella si no fuera porque estaba más bien ida. Antes de que la conversación cambiara ocurrió algo raro: la radio que otro de ellos tenía sonó. Pareció que alguien intentaría hablar del otro lado, pero después se escuchó una estática que, si bien duró pocos segundos, fue suficiente para dejar a todos callados. -¿Qué mierda fue eso? -Nada, seguro uno de estos tarados apretó sin querer el comunicador. Da igual... -pero no daba igual, en realidad. Pronto descubrirían que el tiro les había salido por la culata.
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  • Y para celebrar otro exitoso día de mantener Saltadilla a salvo... ¡fiesta de té! JAJAJAJAJAJA.
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  • 𝑰𝒕'𝒔 𝒅𝒆𝒇𝒊𝒏𝒊𝒕𝒆𝒍𝒚 𝒐𝒏𝒆 𝒐𝒇 𝒕𝒉𝒐𝒔𝒆 𝒅𝒂𝒚𝒔 . . .
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  • *La fría brisa nocturna acariciaba suavemente su cabello mientras permanecía de pie en el amplio balcón de su residencia.
    Aquella noche había decidido adoptar una apariencia más humana. Su figura alta descansaba contra la barandilla de piedra, envuelta por la luz plateada de la luna. Los ojos, normalmente llenos de curiosidad y vida, reflejaban ahora una profunda incertidumbre mientras observaban las incontables estrellas que adornaban el firmamento.
    El mundo estaba en calma.
    Y, sin embargo, su mente era un caos.
    Había regresado.
    Después de aquel largo sueño del que apenas conservaba recuerdos. Un sueño tan profundo que a veces le parecía una segunda muerte. Desde entonces, fragmentos de memorias aparecían y desaparecían sin previo aviso, como hojas arrastradas por el viento.
    Sabía que algo faltaba.
    Sabía que había personas que alguna vez fueron importantes.
    Lugares que había amado.
    Momentos que habían marcado su existencia.
    Pero todo se encontraba cubierto por una espesa neblina que le impedía ver con claridad.
    Apoyó los brazos sobre la barandilla y elevó la mirada hacia las constelaciones.
    Normalmente, las estrellas le resultaban familiares. Eran compañeras eternas que siempre parecían susurrarle secretos del universo. Pero aquella noche incluso ellas parecían guardar silencio.
    Cerró los ojos.
    Y entonces volvió a verlo.
    Una silueta.
    Borrosa.
    Distante.
    La sensación de una sonrisa.
    Una voz que no lograba comprender.
    Una presencia que aparecía una y otra vez en sus sueños.
    Su pecho se oprimió.
    Era extraño.
    No recordaba un rostro.
    No recordaba un nombre.
    Pero sí recordaba cómo aquella persona lo hacía sentir.
    Una mezcla de seguridad, afecto y añoranza tan intensa que resultaba dolorosa.
    Abrió lentamente los ojos.*

    —¿Quién eres...?

    *La pregunta escapó de sus labios casi en un susurro.
    El viento nocturno fue la única respuesta.
    Stolas observó el cielo durante largos segundos, buscando algo entre las estrellas que pudiera devolverle aquello que había perdido.*

    —¿Por qué sigo soñando contigo...?

    *Murmuró para sí mismo.
    Sus dedos se cerraron suavemente sobre la piedra del balcón.
    Por alguna razón, estaba convencido de que aquella persona había significado mucho para él.
    Demasiado.
    Y aunque su memoria se negara a mostrarle el rostro que buscaba, su corazón parecía recordarlo perfectamente.
    Por eso continuó allí, bajo la luz de la luna, contemplando las constelaciones con una melancólica expresión, esperando que algún día aquellos recuerdos borrosos dejaran de ser simples sombras y finalmente revelaran la verdad que había olvidado.*
    ✨🌙 *La fría brisa nocturna acariciaba suavemente su cabello mientras permanecía de pie en el amplio balcón de su residencia. Aquella noche había decidido adoptar una apariencia más humana. Su figura alta descansaba contra la barandilla de piedra, envuelta por la luz plateada de la luna. Los ojos, normalmente llenos de curiosidad y vida, reflejaban ahora una profunda incertidumbre mientras observaban las incontables estrellas que adornaban el firmamento. El mundo estaba en calma. Y, sin embargo, su mente era un caos. Había regresado. Después de aquel largo sueño del que apenas conservaba recuerdos. Un sueño tan profundo que a veces le parecía una segunda muerte. Desde entonces, fragmentos de memorias aparecían y desaparecían sin previo aviso, como hojas arrastradas por el viento. Sabía que algo faltaba. Sabía que había personas que alguna vez fueron importantes. Lugares que había amado. Momentos que habían marcado su existencia. Pero todo se encontraba cubierto por una espesa neblina que le impedía ver con claridad. Apoyó los brazos sobre la barandilla y elevó la mirada hacia las constelaciones. Normalmente, las estrellas le resultaban familiares. Eran compañeras eternas que siempre parecían susurrarle secretos del universo. Pero aquella noche incluso ellas parecían guardar silencio. Cerró los ojos. Y entonces volvió a verlo. Una silueta. Borrosa. Distante. La sensación de una sonrisa. Una voz que no lograba comprender. Una presencia que aparecía una y otra vez en sus sueños. Su pecho se oprimió. Era extraño. No recordaba un rostro. No recordaba un nombre. Pero sí recordaba cómo aquella persona lo hacía sentir. Una mezcla de seguridad, afecto y añoranza tan intensa que resultaba dolorosa. Abrió lentamente los ojos.* —¿Quién eres...? *La pregunta escapó de sus labios casi en un susurro. El viento nocturno fue la única respuesta. Stolas observó el cielo durante largos segundos, buscando algo entre las estrellas que pudiera devolverle aquello que había perdido.* —¿Por qué sigo soñando contigo...? *Murmuró para sí mismo. Sus dedos se cerraron suavemente sobre la piedra del balcón. Por alguna razón, estaba convencido de que aquella persona había significado mucho para él. Demasiado. Y aunque su memoria se negara a mostrarle el rostro que buscaba, su corazón parecía recordarlo perfectamente. Por eso continuó allí, bajo la luz de la luna, contemplando las constelaciones con una melancólica expresión, esperando que algún día aquellos recuerdos borrosos dejaran de ser simples sombras y finalmente revelaran la verdad que había olvidado.*
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  • Em de hecho lo que dices es erroneo!
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  • Shishishi , pero que hay por aqui una pequeñe amige .
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  • ❝ 𝐄𝐧 𝐥𝐚 𝐩𝐫𝐢𝐦𝐚𝐯𝐞𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝟏𝟗𝟖𝟖, 𝐫𝐞𝐠𝐫𝐞𝐬𝐞́ 𝐚 𝐍𝐮𝐞𝐯𝐚 𝐎𝐫𝐥𝐞𝐚𝐧𝐬, 𝐲 𝐞𝐧 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐨𝐥𝛊́ 𝐞𝐥 𝐚𝐢𝐫𝐞, 𝐬𝐮𝐩𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐛𝐚 𝐞𝐧 𝐜𝐚𝐬𝐚.
    𝐄𝐫𝐚 𝐮𝐧 𝐚𝐫𝐨𝐦𝐚 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐧𝐬𝐨, 𝐜𝐚𝐬𝐢 𝐝𝐮𝐥𝐜𝐞, 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐞𝐥 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐣𝐚𝐳𝐦𝐢𝐧𝐞𝐬 𝐲 𝐥𝐚𝐬 𝐫𝐨𝐬𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐞𝐫𝐝𝛊́𝐚𝐧 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨 𝐚𝐧𝐭𝐢𝐠𝐮𝐨 𝐩𝐚𝐭𝐢𝐨.
    𝐂𝐚𝐦𝐢𝐧𝐞́ 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐚𝐬 𝐜𝐚𝐥𝐥𝐞𝐬, 𝐬𝐚𝐛𝐨𝐫𝐞𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐚𝐪𝐮𝐞𝐥 𝐩𝐞𝐫𝐟𝐮𝐦𝐞 𝐩𝐞𝐫𝐝𝐢𝐝𝐨 𝐡𝐚𝐜𝛊́𝐚 𝐭𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐭𝐢𝐞𝐦𝐩𝐨. ❞
    ❝ 𝐄𝐧 𝐥𝐚 𝐩𝐫𝐢𝐦𝐚𝐯𝐞𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝟏𝟗𝟖𝟖, 𝐫𝐞𝐠𝐫𝐞𝐬𝐞́ 𝐚 𝐍𝐮𝐞𝐯𝐚 𝐎𝐫𝐥𝐞𝐚𝐧𝐬, 𝐲 𝐞𝐧 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐨𝐥𝛊́ 𝐞𝐥 𝐚𝐢𝐫𝐞, 𝐬𝐮𝐩𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐛𝐚 𝐞𝐧 𝐜𝐚𝐬𝐚. 𝐄𝐫𝐚 𝐮𝐧 𝐚𝐫𝐨𝐦𝐚 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐧𝐬𝐨, 𝐜𝐚𝐬𝐢 𝐝𝐮𝐥𝐜𝐞, 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐞𝐥 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐣𝐚𝐳𝐦𝐢𝐧𝐞𝐬 𝐲 𝐥𝐚𝐬 𝐫𝐨𝐬𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐞𝐫𝐝𝛊́𝐚𝐧 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨 𝐚𝐧𝐭𝐢𝐠𝐮𝐨 𝐩𝐚𝐭𝐢𝐨. 𝐂𝐚𝐦𝐢𝐧𝐞́ 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐚𝐬 𝐜𝐚𝐥𝐥𝐞𝐬, 𝐬𝐚𝐛𝐨𝐫𝐞𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐚𝐪𝐮𝐞𝐥 𝐩𝐞𝐫𝐟𝐮𝐦𝐞 𝐩𝐞𝐫𝐝𝐢𝐝𝐨 𝐡𝐚𝐜𝛊́𝐚 𝐭𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐭𝐢𝐞𝐦𝐩𝐨. ❞
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  • ❝ 𝐀𝐮́𝐧 𝐭𝐞 𝐚𝐦𝐨, 𝐞𝐬𝐞 𝐞𝐬 𝐞𝐥 𝐭𝐨𝐫𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨. 𝐀 𝐋𝐞𝐬𝐭𝐚𝐭 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐥𝐞 𝐚𝐦𝐞́. ¡𝐏𝐞𝐫𝐨 𝐚 𝐭𝐢ⵑ 𝐋𝐚 𝐦𝐞𝐝𝐢𝐝𝐚 𝐝𝐞 𝐦𝐢 𝐨𝐝𝐢𝐨 𝐞𝐬 𝐞𝐬𝐞 𝐚𝐦𝐨𝐫. ¡𝐒𝐨𝐧 𝐥𝐨 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨ⵑ ¿𝐒𝐚𝐛𝐞𝐬 𝐚𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐜𝐮𝐚́𝐧𝐭𝐨 𝐭𝐞 𝐨𝐝𝐢𝐨? ❞
    ❝ 𝐀𝐮́𝐧 𝐭𝐞 𝐚𝐦𝐨, 𝐞𝐬𝐞 𝐞𝐬 𝐞𝐥 𝐭𝐨𝐫𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨. 𝐀 𝐋𝐞𝐬𝐭𝐚𝐭 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐥𝐞 𝐚𝐦𝐞́. ¡𝐏𝐞𝐫𝐨 𝐚 𝐭𝐢ⵑ 𝐋𝐚 𝐦𝐞𝐝𝐢𝐝𝐚 𝐝𝐞 𝐦𝐢 𝐨𝐝𝐢𝐨 𝐞𝐬 𝐞𝐬𝐞 𝐚𝐦𝐨𝐫. ¡𝐒𝐨𝐧 𝐥𝐨 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨ⵑ ¿𝐒𝐚𝐛𝐞𝐬 𝐚𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐜𝐮𝐚́𝐧𝐭𝐨 𝐭𝐞 𝐨𝐝𝐢𝐨? ❞
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  • Shishishi , pace que todo esto es aun mas divertido verlos la caras
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