• Mi don, tu maldición
    Fandom Crossover
    Categoría Acción
    El Mito y la Condena
    En los anales ocultos de la historia humana, el nombre de los Dessendre se pronuncia con un respeto que raya en la adoración. Para los pocos que han visto rasgarse el velo de la realidad y han sobrevivido a las fauces de lo innombrable, esta dinastía es el escudo definitivo de la humanidad. Ser un Dessendre es, a ojos de los desesperados, una bendición divina; pertenecer a un linaje de héroes semidioses que, desde la Europa medieval, han caminado entre las sombras para que el mundo pueda vivir bajo la luz.

    Pero la verdad detrás de las baladas es una tragedia bañada en sangre.

    Todo comenzó con el Primer Ancestro, un coloso de barba indomable y una fuerza que desafiaba las leyes de la naturaleza. En una época de caos, forjó un pacto con una deidad primigenia y sin nombre. El precio fue devastador: la servidumbre eterna de toda su descendencia. A cambio, la entidad selló el pacto con un regalo ponzoñoso; al cumplir los catorce años, cada miembro de la sangre Dessendre despertaría un don místico único, una herramienta de destrucción diseñada específicamente para matar monstruos.

    Lo que el mundo ve como una herencia excepcional, la familia lo conoce por su verdadero nombre: una tortura generacional. Los dones no son una bendición, son las cadenas que los arrastran al matadero. A lo largo de los siglos, el árbol genealógico de los Dessendre no ha crecido hacia el cielo, sino que se ha enterrado en tumbas prematuras. Madres, padres, hijos y hermanos... la inmensa mayoría ha perecido entre gritos, desmembrados en la oscuridad por las mismas bestias que juraron cazar. Cada victoria de la familia se ha pagado con la extinción de sus propios miembros. Para el resto del mundo son leyendas vivientes; para ellos mismos, son fantasmas en lista de espera.

    A este calvario se suma la crueldad del aislamiento. Mientras los pocos salvados los alaban como deidades, la masa ignorante los ha repudiado durante siglos, tachándolos de charlatanes, locos y herejes. Los Dessendre mueren en la más absoluta soledad, protegiendo a un mundo que los desprecia, sirviendo a un dios que los condenó.

    Hoy, las cenizas de esta dinastía maldita descansan sobre los hombros de un solo hombre: Verso.

    Sobre él pesa la corona más amarga, pues Verso es una anomalía viviente. Sus catorce años quedaron atrás, y el eco de la deidad antigua jamás resonó en su espíritu. No hubo destello místico, ni fuego en sus manos, ni visiones del más allá. La sangre sagrada parece haberlo ignorado, dejándolo completamente desarmado ante la herencia familiar.

    En una dinastía donde no tener un don equivale a una sentencia de muerte inmediata, cualquiera se habría rendido al miedo. Pero Verso no es un Dessendre ordinario. Entendiendo que la debilidad sería su fin, decidió desafiar el designio de los dioses y de los monstruos. Convirtió la ausencia de magia en su mayor fortaleza, sometiéndose a un calvario de entrenamiento físico y mental que horrorizaría a sus propios ancestros. Si no nació para ser un arma, se forjaría a sí mismo en una.

    El Intelecto Arquitectónico: Mientras otros confían en la fuerza bruta de sus dones, Verso opera con una fría precisión quirúrgica. Su mente es una enciclopedia de lo arcano; disecciona la mitología, calcula las variables y estudia la anatomía de sus presas hasta encontrar la única fisura en su inmortalidad. Él no pelea contra los monstruos; los ejecuta tras haberlos desmantelado estratégicamente en su cabeza.

    La Agilidad del Espectro: Sabiendo que su cuerpo no sanará de un golpe sobrenatural, Verso perfeccionó el arte de la evasión absoluta. Se mueve con una fluidez casi fantasmal, anticipando el peligro antes de que se materialice. En el campo de batalla, es una sombra inalcanzable.

    El Arsenal de la Venganza: Su cuerpo es una extensión viviente de cualquier herramienta de muerte. Manipula con igual maestría las espadas de plata bendecidas que sus antepasados usaron en las Cruzadas, como el armamento táctico y balístico más avanzado de la era moderna.

    Verso Dessendre camina hacia la noche sabiendo que es el eslabón más frágil de una cadena de mártires, pero también el más implacable. No tiene el poder de un dios, pero posee la voluntad inquebrantable de los hombres que se niegan a morir.

    "Mis antepasados murieron protegiendo este mundo con la magia de una deidad que nos odia. Yo no tengo milagros. Solo tengo mi ingenio, mi velocidad y un arsenal de hierro. Y esta noche, eso será más que suficiente para demostrarles a los monstruos por qué deberían temernos a los humanos."
    — Verso Dessendre.

    ____________________________________
    «Época actual»

    Había llegado a la mansión Dessendre una nota, una petición. Se decía qué en una antigua central eléctrica abandonada se habían hallado cuerpos sin vida. La policía había determinado qué se trataba de "suicidas desangrándose hasta morir". ¿Quién carajo pensaría qué encontrar cuerpos desangrados sería por suicidio? Solo policías queriendo huir del inminente destino.

    Verso, un hombre de mediana edad, pisando ya los 40's. Sabía lo qué dicha carta solicitaba y a qué cláse de esperpentos se refería. Por lo qué tomó su equipamiento, lo subió a la camioneta tipo Jeep todo terreno qué guardaba en uno de lo garages y se encaminó a plena luz del día cayendo por el oeste, rumbo a la dichosa central eléctrica.

    «Hoy solo quería recostarme y ver televisión cómo la gente común, pero aquí vamos de nuevo»

    Se veía en su rostro rebosante de "emoción" el poco interés qué tenía, pero se tomaba muy en serio el trabajo; era la clase de hombre qué jamás subestimaría una situación peligrosa.

    Pasaron un par de horas conduciendo, el sol había caído por completo y era solo la luna la qué observaba desde el firmamento.
    Llegó al lugar, se estacionó en lo qué era un parking abandonado a su suerte, sucio, amplio y totalmente vacío hasta ahora.

    El hombre se preparó, un par de dagas ocultas bajo la gabardina, una ballesta de mano en la funda de su espalda, la espada de plata envainada a su costado izquierdo, el colgante en forma de cruz a la altura de la clavícula y un frasco qué ocultó en el bolsillo superior izquierdo de la gabardina. Tomó también una lámpara de baterías con la mano izuquierda y cerró la camioneta con llave.

    Estaba ahora en la entrada, se veía tétrico y lo qué daba una sensación escalofriante era qué no se escuchaba nada más qué el viento zarandeando uno qué otro cable o láminas de metal qué golpeaban entre sí.

    Inspiró y exhaló con tranquilidad achinando los ojos, para posteriormente abrirlos por completo y adentrarse en el lugar lentamente, observando a todos lados y en todas direcciones. Podría ser qué hubiese uno de esos seres o quizás le tocaría regresar a casa a descansar.
    El Mito y la Condena En los anales ocultos de la historia humana, el nombre de los Dessendre se pronuncia con un respeto que raya en la adoración. Para los pocos que han visto rasgarse el velo de la realidad y han sobrevivido a las fauces de lo innombrable, esta dinastía es el escudo definitivo de la humanidad. Ser un Dessendre es, a ojos de los desesperados, una bendición divina; pertenecer a un linaje de héroes semidioses que, desde la Europa medieval, han caminado entre las sombras para que el mundo pueda vivir bajo la luz. Pero la verdad detrás de las baladas es una tragedia bañada en sangre. Todo comenzó con el Primer Ancestro, un coloso de barba indomable y una fuerza que desafiaba las leyes de la naturaleza. En una época de caos, forjó un pacto con una deidad primigenia y sin nombre. El precio fue devastador: la servidumbre eterna de toda su descendencia. A cambio, la entidad selló el pacto con un regalo ponzoñoso; al cumplir los catorce años, cada miembro de la sangre Dessendre despertaría un don místico único, una herramienta de destrucción diseñada específicamente para matar monstruos. Lo que el mundo ve como una herencia excepcional, la familia lo conoce por su verdadero nombre: una tortura generacional. Los dones no son una bendición, son las cadenas que los arrastran al matadero. A lo largo de los siglos, el árbol genealógico de los Dessendre no ha crecido hacia el cielo, sino que se ha enterrado en tumbas prematuras. Madres, padres, hijos y hermanos... la inmensa mayoría ha perecido entre gritos, desmembrados en la oscuridad por las mismas bestias que juraron cazar. Cada victoria de la familia se ha pagado con la extinción de sus propios miembros. Para el resto del mundo son leyendas vivientes; para ellos mismos, son fantasmas en lista de espera. A este calvario se suma la crueldad del aislamiento. Mientras los pocos salvados los alaban como deidades, la masa ignorante los ha repudiado durante siglos, tachándolos de charlatanes, locos y herejes. Los Dessendre mueren en la más absoluta soledad, protegiendo a un mundo que los desprecia, sirviendo a un dios que los condenó. Hoy, las cenizas de esta dinastía maldita descansan sobre los hombros de un solo hombre: Verso. Sobre él pesa la corona más amarga, pues Verso es una anomalía viviente. Sus catorce años quedaron atrás, y el eco de la deidad antigua jamás resonó en su espíritu. No hubo destello místico, ni fuego en sus manos, ni visiones del más allá. La sangre sagrada parece haberlo ignorado, dejándolo completamente desarmado ante la herencia familiar. En una dinastía donde no tener un don equivale a una sentencia de muerte inmediata, cualquiera se habría rendido al miedo. Pero Verso no es un Dessendre ordinario. Entendiendo que la debilidad sería su fin, decidió desafiar el designio de los dioses y de los monstruos. Convirtió la ausencia de magia en su mayor fortaleza, sometiéndose a un calvario de entrenamiento físico y mental que horrorizaría a sus propios ancestros. Si no nació para ser un arma, se forjaría a sí mismo en una. El Intelecto Arquitectónico: Mientras otros confían en la fuerza bruta de sus dones, Verso opera con una fría precisión quirúrgica. Su mente es una enciclopedia de lo arcano; disecciona la mitología, calcula las variables y estudia la anatomía de sus presas hasta encontrar la única fisura en su inmortalidad. Él no pelea contra los monstruos; los ejecuta tras haberlos desmantelado estratégicamente en su cabeza. La Agilidad del Espectro: Sabiendo que su cuerpo no sanará de un golpe sobrenatural, Verso perfeccionó el arte de la evasión absoluta. Se mueve con una fluidez casi fantasmal, anticipando el peligro antes de que se materialice. En el campo de batalla, es una sombra inalcanzable. El Arsenal de la Venganza: Su cuerpo es una extensión viviente de cualquier herramienta de muerte. Manipula con igual maestría las espadas de plata bendecidas que sus antepasados usaron en las Cruzadas, como el armamento táctico y balístico más avanzado de la era moderna. Verso Dessendre camina hacia la noche sabiendo que es el eslabón más frágil de una cadena de mártires, pero también el más implacable. No tiene el poder de un dios, pero posee la voluntad inquebrantable de los hombres que se niegan a morir. "Mis antepasados murieron protegiendo este mundo con la magia de una deidad que nos odia. Yo no tengo milagros. Solo tengo mi ingenio, mi velocidad y un arsenal de hierro. Y esta noche, eso será más que suficiente para demostrarles a los monstruos por qué deberían temernos a los humanos." — Verso Dessendre. ____________________________________ «Época actual» Había llegado a la mansión Dessendre una nota, una petición. Se decía qué en una antigua central eléctrica abandonada se habían hallado cuerpos sin vida. La policía había determinado qué se trataba de "suicidas desangrándose hasta morir". ¿Quién carajo pensaría qué encontrar cuerpos desangrados sería por suicidio? Solo policías queriendo huir del inminente destino. Verso, un hombre de mediana edad, pisando ya los 40's. Sabía lo qué dicha carta solicitaba y a qué cláse de esperpentos se refería. Por lo qué tomó su equipamiento, lo subió a la camioneta tipo Jeep todo terreno qué guardaba en uno de lo garages y se encaminó a plena luz del día cayendo por el oeste, rumbo a la dichosa central eléctrica. «Hoy solo quería recostarme y ver televisión cómo la gente común, pero aquí vamos de nuevo» Se veía en su rostro rebosante de "emoción" el poco interés qué tenía, pero se tomaba muy en serio el trabajo; era la clase de hombre qué jamás subestimaría una situación peligrosa. Pasaron un par de horas conduciendo, el sol había caído por completo y era solo la luna la qué observaba desde el firmamento. Llegó al lugar, se estacionó en lo qué era un parking abandonado a su suerte, sucio, amplio y totalmente vacío hasta ahora. El hombre se preparó, un par de dagas ocultas bajo la gabardina, una ballesta de mano en la funda de su espalda, la espada de plata envainada a su costado izquierdo, el colgante en forma de cruz a la altura de la clavícula y un frasco qué ocultó en el bolsillo superior izquierdo de la gabardina. Tomó también una lámpara de baterías con la mano izuquierda y cerró la camioneta con llave. Estaba ahora en la entrada, se veía tétrico y lo qué daba una sensación escalofriante era qué no se escuchaba nada más qué el viento zarandeando uno qué otro cable o láminas de metal qué golpeaban entre sí. Inspiró y exhaló con tranquilidad achinando los ojos, para posteriormente abrirlos por completo y adentrarse en el lugar lentamente, observando a todos lados y en todas direcciones. Podría ser qué hubiese uno de esos seres o quizás le tocaría regresar a casa a descansar.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me encocora
    1
    1 turno 0 maullidos
  • Pero se que era un dia como este cuando lo conoci a profe gojo en mi antiguo hogar .....

    Tenía cinco años cuando el mundo decidió romperse, y yo fui la que sostuvo el martillo.

    ​No recuerdo mucho de cómo empezó ese día, solo que el pecho me ardía. Era un dolor denso, negro, que no cabía dentro de mi cuerpo infantil. Vivía en un pueblo pequeño, de esos donde el viento siempre huele a tierra húmeda y hojas secas, pero esa tarde el aire se volvió pesado, tanto que costaba respirar. Los adultos gritaban. Recuerdo sus caras distorsionadas por el miedo, pero no me miraban a mí con compasión; me miraban como si yo fuera el monstruo debajo de sus camas.

    ​Y tal vez tenían razón.

    ​Cuando mi habilidad del caos despertó, no fue un destello sutil. Fue un estallido. Sentí un tirón violento en el estómago y, de repente, la gravedad dejó de tener sentido. Mis pies se despegaron del suelo. El suelo mismo empezó a agrietarse, levantándose en pedazos de piedra y tierra que orbitaban a mi alrededor. Un vórtice inestable y oscuro me envolvió, destrozando las casas cercanas, torciendo la realidad como si fuera papel mojado.

    ​Cerré los ojos con fuerza, llorando lágrimas que se sentían calientes y espesas. Cuando los abrí, la vista se me había teñido de un rojo violento. Podía sentir la sangre agolpándose en mis párpados, inyectada en mis ojos por la pura presión de una energía que no sabía cómo controlar. Estaba sola en el centro de mi propia tormenta, flotando, esperando que todo terminara o que me consumiera por completo.

    ​Entonces, el caos se detuvo. No porque se hubiera calmado, sino porque algo más fuerte lo estaba obligando a frenar.

    ​A través del torbellino de escombros y ráfagas oscuras, vi una silueta que caminaba con una calma casi insultante. Era un joven alto, de cabello blanco como la nieve que brillaba a la luz de la tarde. Llevaba unas gafas oscuras que no lograban ocultar del todo la intensidad de su mirada.
    ​A medida que se acercaba, la energía destructiva que yo desprendía chocaba contra una barrera invisible a su alrededor y se disipaba. Su técnica del Ilimitado lo protegía de mi tormenta, conteniendo el desastre con una facilidad pasmosa.
    ​Él se detuvo a unos metros de mí, mirándome flotar. Esperaba que me atacara. Sabía, por puro instinto, que yo era una anomalía peligrosa, algo que los hechiceros llaman una "maldición de Grado Especial". Pero cuando aquel chico se bajó un poco las gafas, revelando unos ojos de un azul tan infinito y brillante que hacían que el cielo pareciera pálido, no vi asco ni miedo en ellos.
    ​Vio mi potencial destructor, sí. Vio el peligro. Pero, sobre todo, vio la inmensa soledad de una niña de cinco años que solo quería que el dolor parara.

    ​—Vaya... Así que tú eras el pequeño terremoto —dijo. Su voz era extrañamente ligera, casi divertida, rompiendo toda la tensión del ambiente.

    ​Extendió una mano hacia mí. No para atacarme, sino para invitarme a bajar. Con un simple gesto de sus dedos, la presión en mi pecho disminuyó y el vórtice se deshizo, dejándome caer suavemente sobre la tierra removida. Mis piernas temblaron y caí de rodillas, agotada, con la respiración entrecortada y la vista aún nublada de rojo.
    ​Él se agachó para quedar a mi altura, ignorando el desastre que nos rodeaba. Supe después que los altos mandos de su mundo habrían ordenado mi ejecución inmediata sin parpadear. Pero a Satoru Gojo nunca le importó lo que dijeran los viejos sabios.

    ​—Tienes unos ojos bastante interesantes, pequeña —me dijo, dedicándome una sonrisa ladeada que, por primera vez en mi corta vida, me hizo sentir a salvo—. ¿Qué te parece si venimos conmigo? Te prometo que el mundo es mucho más divertido cuando aprendes a romperlo a tu manera.

    ​En ese momento, entre las ruinas de mi pueblo, me di cuenta de que el caos no me había destruido. Me había llevado hasta el hombre más fuerte del mundo. Y él, en lugar de borrarme, decidió天 adoptarme en secreto.
    Pero se que era un dia como este cuando lo conoci a profe gojo en mi antiguo hogar ..... Tenía cinco años cuando el mundo decidió romperse, y yo fui la que sostuvo el martillo. ​No recuerdo mucho de cómo empezó ese día, solo que el pecho me ardía. Era un dolor denso, negro, que no cabía dentro de mi cuerpo infantil. Vivía en un pueblo pequeño, de esos donde el viento siempre huele a tierra húmeda y hojas secas, pero esa tarde el aire se volvió pesado, tanto que costaba respirar. Los adultos gritaban. Recuerdo sus caras distorsionadas por el miedo, pero no me miraban a mí con compasión; me miraban como si yo fuera el monstruo debajo de sus camas. ​Y tal vez tenían razón. ​Cuando mi habilidad del caos despertó, no fue un destello sutil. Fue un estallido. Sentí un tirón violento en el estómago y, de repente, la gravedad dejó de tener sentido. Mis pies se despegaron del suelo. El suelo mismo empezó a agrietarse, levantándose en pedazos de piedra y tierra que orbitaban a mi alrededor. Un vórtice inestable y oscuro me envolvió, destrozando las casas cercanas, torciendo la realidad como si fuera papel mojado. ​Cerré los ojos con fuerza, llorando lágrimas que se sentían calientes y espesas. Cuando los abrí, la vista se me había teñido de un rojo violento. Podía sentir la sangre agolpándose en mis párpados, inyectada en mis ojos por la pura presión de una energía que no sabía cómo controlar. Estaba sola en el centro de mi propia tormenta, flotando, esperando que todo terminara o que me consumiera por completo. ​Entonces, el caos se detuvo. No porque se hubiera calmado, sino porque algo más fuerte lo estaba obligando a frenar. ​A través del torbellino de escombros y ráfagas oscuras, vi una silueta que caminaba con una calma casi insultante. Era un joven alto, de cabello blanco como la nieve que brillaba a la luz de la tarde. Llevaba unas gafas oscuras que no lograban ocultar del todo la intensidad de su mirada. ​A medida que se acercaba, la energía destructiva que yo desprendía chocaba contra una barrera invisible a su alrededor y se disipaba. Su técnica del Ilimitado lo protegía de mi tormenta, conteniendo el desastre con una facilidad pasmosa. ​Él se detuvo a unos metros de mí, mirándome flotar. Esperaba que me atacara. Sabía, por puro instinto, que yo era una anomalía peligrosa, algo que los hechiceros llaman una "maldición de Grado Especial". Pero cuando aquel chico se bajó un poco las gafas, revelando unos ojos de un azul tan infinito y brillante que hacían que el cielo pareciera pálido, no vi asco ni miedo en ellos. ​Vio mi potencial destructor, sí. Vio el peligro. Pero, sobre todo, vio la inmensa soledad de una niña de cinco años que solo quería que el dolor parara. ​—Vaya... Así que tú eras el pequeño terremoto —dijo. Su voz era extrañamente ligera, casi divertida, rompiendo toda la tensión del ambiente. ​Extendió una mano hacia mí. No para atacarme, sino para invitarme a bajar. Con un simple gesto de sus dedos, la presión en mi pecho disminuyó y el vórtice se deshizo, dejándome caer suavemente sobre la tierra removida. Mis piernas temblaron y caí de rodillas, agotada, con la respiración entrecortada y la vista aún nublada de rojo. ​Él se agachó para quedar a mi altura, ignorando el desastre que nos rodeaba. Supe después que los altos mandos de su mundo habrían ordenado mi ejecución inmediata sin parpadear. Pero a Satoru Gojo nunca le importó lo que dijeran los viejos sabios. ​—Tienes unos ojos bastante interesantes, pequeña —me dijo, dedicándome una sonrisa ladeada que, por primera vez en mi corta vida, me hizo sentir a salvo—. ¿Qué te parece si venimos conmigo? Te prometo que el mundo es mucho más divertido cuando aprendes a romperlo a tu manera. ​En ese momento, entre las ruinas de mi pueblo, me di cuenta de que el caos no me había destruido. Me había llevado hasta el hombre más fuerte del mundo. Y él, en lugar de borrarme, decidió天 adoptarme en secreto.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • --- Mhm... Esa nube tiene una forma extraña...

    El azabache se encontraba distraído. Perdido en su burbuja. No sabía bien porque, pero ese día no tenía muchas ganas de nada.

    --- ¿Un gato tal vez?

    Su vista perdida en el cielo, no muy al tanto de lo que sucedía a su alrededor.
    --- Mhm... Esa nube tiene una forma extraña... El azabache se encontraba distraído. Perdido en su burbuja. No sabía bien porque, pero ese día no tenía muchas ganas de nada. --- ¿Un gato tal vez? Su vista perdida en el cielo, no muy al tanto de lo que sucedía a su alrededor.
    Me entristece
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Primer contacto con el culto de Saturno-Arco 1.
    Fandom Culto de Saturno
    Categoría Acción
    Prologo: https://ficrol.com/posts/381251

    Y así transcurrió el tiempo. Nami y Zelkova erraron de un paraje a otro, mudando de escondrijo con cautela casi enfermiza. La muchacha había sanado por completo; las llagas y dolencias que antaño la aquejaban no eran ya más que un recuerdo marchito.

    Mas cuando se aproximaban a una parada de autobús junto a un aparcadero semivacío, la desventura volvió a cernirse sobre ellos.

    Sin preámbulo alguno, un hombre surgió a espaldas de Nami. El frío cañón de una pistola se hundió contra su espinazo, en contacto directo con la tela de sus ropas. No había vacilación ni misericordia en su semblante.

    ○Suban al coche

    Dictaminó con voz adusta.

    No les quedó sino acatar. Con mesura forzada, ambos abordaron el vehículo, oculto entre los demás automóviles del estacionamiento. Las puertas se cerraron con un chasquido lúgubre, semejante al de una trampa al apresar a su presa.

    Entonces comenzó el trayecto. Kilómetro tras kilómetro, la carretera se extendió como una sierpe de asfalto bajo la penumbra. Nadie hablaba. El aire dentro del habitáculo era opresivo, cargado de un ominoso presagio. Finalmente, el automóvil abandonó los caminos transitados y se internó en parajes cada vez más yermos, hasta detenerse ante una choza aislada, perdida en medio de la nada. Aquel no era un secuestro común. Era la antesala de un juego mortífero.

    Así dio comienzo el primer arco del Culto a Saturno: Ruleta Rusa
    Prologo: https://ficrol.com/posts/381251 Y así transcurrió el tiempo. Nami y Zelkova erraron de un paraje a otro, mudando de escondrijo con cautela casi enfermiza. La muchacha había sanado por completo; las llagas y dolencias que antaño la aquejaban no eran ya más que un recuerdo marchito. Mas cuando se aproximaban a una parada de autobús junto a un aparcadero semivacío, la desventura volvió a cernirse sobre ellos. Sin preámbulo alguno, un hombre surgió a espaldas de Nami. El frío cañón de una pistola se hundió contra su espinazo, en contacto directo con la tela de sus ropas. No había vacilación ni misericordia en su semblante. ○Suban al coche Dictaminó con voz adusta. No les quedó sino acatar. Con mesura forzada, ambos abordaron el vehículo, oculto entre los demás automóviles del estacionamiento. Las puertas se cerraron con un chasquido lúgubre, semejante al de una trampa al apresar a su presa. Entonces comenzó el trayecto. Kilómetro tras kilómetro, la carretera se extendió como una sierpe de asfalto bajo la penumbra. Nadie hablaba. El aire dentro del habitáculo era opresivo, cargado de un ominoso presagio. Finalmente, el automóvil abandonó los caminos transitados y se internó en parajes cada vez más yermos, hasta detenerse ante una choza aislada, perdida en medio de la nada. Aquel no era un secuestro común. Era la antesala de un juego mortífero. Así dio comienzo el primer arco del Culto a Saturno: Ruleta Rusa
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    1
    8 turnos 0 maullidos
  • https://music.youtube.com/watch?v=tkzYyEp4zB4
    https://music.youtube.com/watch?v=tkzYyEp4zB4
    Me encocora
    Me gusta
    Me endiabla
    9
    0 turnos 0 maullidos
  • 𝐸𝑙 𝑙𝑎𝑔𝑜 𝑒𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑡𝑒 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑦 𝑦𝑜 𝑠𝑜𝑦 𝑝𝑎𝑟𝑡𝑒 𝑑𝑒𝑙 𝑙𝑎𝑔𝑜... 𝑀𝑒 𝑒𝑛𝑐𝑎𝑛𝑡𝑎 𝑙𝑎 𝑙𝑜𝑐𝑢𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑁𝑢𝑒𝑣𝑎 𝑌𝑜𝑟𝑘, 𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑗𝑢𝑟𝑜 𝑞𝑢𝑒, 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑐𝑙𝑎𝑠𝑒𝑠, 𝑒𝑙 𝑐𝑜𝑛𝑐𝑟𝑒𝑡𝑜 𝑦 𝑒𝑙 𝑟𝑢𝑖𝑑𝑜, 𝑠𝑖 𝑛𝑜 𝑚𝑒 𝑒𝑠𝑐𝑎𝑝𝑜 𝑢𝑛 𝑟𝑎𝑡𝑜, 𝑚𝑒 𝑚𝑎𝑟𝑐ℎ𝑖𝑡𝑜. 𝑉𝑒𝑛𝑖𝑟 𝑎𝑞𝑢í 𝑒𝑠 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑣𝑜𝑙𝑣𝑒𝑟 𝑎 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑖𝑟𝑎𝑟 𝑑𝑒𝑠𝑝𝑢é𝑠 𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑒𝑛𝑒𝑟 𝑙𝑎 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑖𝑟𝑎𝑐𝑖ó𝑛 𝑑𝑢𝑟𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑑í𝑎𝑠 𝑒𝑛𝑡𝑒𝑟𝑜𝑠 𓂃 𓈒𓏸‪‪
    𝐸𝑙 𝑙𝑎𝑔𝑜 𝑒𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑡𝑒 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑦 𝑦𝑜 𝑠𝑜𝑦 𝑝𝑎𝑟𝑡𝑒 𝑑𝑒𝑙 𝑙𝑎𝑔𝑜... 𝑀𝑒 𝑒𝑛𝑐𝑎𝑛𝑡𝑎 𝑙𝑎 𝑙𝑜𝑐𝑢𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑁𝑢𝑒𝑣𝑎 𝑌𝑜𝑟𝑘, 𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑗𝑢𝑟𝑜 𝑞𝑢𝑒, 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑐𝑙𝑎𝑠𝑒𝑠, 𝑒𝑙 𝑐𝑜𝑛𝑐𝑟𝑒𝑡𝑜 𝑦 𝑒𝑙 𝑟𝑢𝑖𝑑𝑜, 𝑠𝑖 𝑛𝑜 𝑚𝑒 𝑒𝑠𝑐𝑎𝑝𝑜 𝑢𝑛 𝑟𝑎𝑡𝑜, 𝑚𝑒 𝑚𝑎𝑟𝑐ℎ𝑖𝑡𝑜. 𝑉𝑒𝑛𝑖𝑟 𝑎𝑞𝑢í 𝑒𝑠 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑣𝑜𝑙𝑣𝑒𝑟 𝑎 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑖𝑟𝑎𝑟 𝑑𝑒𝑠𝑝𝑢é𝑠 𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑒𝑛𝑒𝑟 𝑙𝑎 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑖𝑟𝑎𝑐𝑖ó𝑛 𝑑𝑢𝑟𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑑í𝑎𝑠 𝑒𝑛𝑡𝑒𝑟𝑜𝑠 𓂃 𓈒𓏸‪‪
    Me encocora
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • *Esa noche, Lili fue a ver un hermoso cerezo sagrado, estaba maravillada, parecía brillar como si fuera un hermoso cielo azulado.
    La joven estaba callada, solo mirando ese hermosa visión, mostró una leve sonrisa, comenzado a soplar el viento, cayendo algunos pétalos de esas flores.

    Lili extiende la mano, un pelo cayo en su palma, acercado su rostro contemplado el hermoso y frágil pétalo en su mano. *

    Tan hermoso..

    *Comentó suavemente.*
    *Esa noche, Lili fue a ver un hermoso cerezo sagrado, estaba maravillada, parecía brillar como si fuera un hermoso cielo azulado. La joven estaba callada, solo mirando ese hermosa visión, mostró una leve sonrisa, comenzado a soplar el viento, cayendo algunos pétalos de esas flores. Lili extiende la mano, un pelo cayo en su palma, acercado su rostro contemplado el hermoso y frágil pétalo en su mano. * Tan hermoso.. *Comentó suavemente.*
    Me encocora
    Me gusta
    Me shockea
    5
    0 turnos 0 maullidos
  • —Quería que Chris siguiera conociendo su vida y parte de su vida era su "guarida" una finca familiar heredada y descuidada, la cual Minami se encargó de reconstruir a lo largo de los años, era una casa de campo de la nobleza, en ella contenía desde documentos, hasta todo tipo de pócimas y materiales que había podido recolectar en todas las noches de cacería, pero había algo más.—

    Llegamos amor...

    —Abrió el portón, un jardín lleno de rosas y la finca antigua de fondo, un escenario propio de una vampiresa solitaría, pero, al abrir la puerta, se acercó otro ser, una perrita que parecía una mezcla entre un border collie y un pastor belga, de pelaje negro con una mancha blanca a lo largo de su pecho y en su cabeza un par de cuernos, se detuvo ante ellos, con una gran sonrisa canina, sacando la lengua y moviendo la cola. La joven se hincó y acarició su cabecita aquella perrita le lamió la mejilla y Minami sonrió.—

    Ven amor, acércate, te presento a Layla, es una perrita-demonio que adopté en una cacería que tuve...
    —Quería que Chris siguiera conociendo su vida y parte de su vida era su "guarida" una finca familiar heredada y descuidada, la cual Minami se encargó de reconstruir a lo largo de los años, era una casa de campo de la nobleza, en ella contenía desde documentos, hasta todo tipo de pócimas y materiales que había podido recolectar en todas las noches de cacería, pero había algo más.— Llegamos amor... —Abrió el portón, un jardín lleno de rosas y la finca antigua de fondo, un escenario propio de una vampiresa solitaría, pero, al abrir la puerta, se acercó otro ser, una perrita que parecía una mezcla entre un border collie y un pastor belga, de pelaje negro con una mancha blanca a lo largo de su pecho y en su cabeza un par de cuernos, se detuvo ante ellos, con una gran sonrisa canina, sacando la lengua y moviendo la cola. La joven se hincó y acarició su cabecita aquella perrita le lamió la mejilla y Minami sonrió.— Ven amor, acércate, te presento a Layla, es una perrita-demonio que adopté en una cacería que tuve...
    Me gusta
    Me encocora
    2
    5 turnos 0 maullidos
  • Por una de las ventanas Río observo todo lo que pasaba con Billy y ********

    — Me quitaste el cadáver de William para esto...te voy a dar una última oportunidad

    Dónde Lorenzo Moretti estaba, no muy lejos de el aparece una mujer, su vestimenta era algo extraña, pprtaba una corona rara y un velo, esto pudo llamar la atención de Lorenzo, cuando esté la observo la mujer levanto la mirada, mostrando como la mitad de su cara era la de un esqueleto y con una voz distorsiona le hablo

    — Así que tú eres el que me entrega tantos cuerpos...si...pareces un asesino...
    Por una de las ventanas Río observo todo lo que pasaba con Billy y ******** — Me quitaste el cadáver de William para esto...te voy a dar una última oportunidad Dónde [lorenzo_moretti] estaba, no muy lejos de el aparece una mujer, su vestimenta era algo extraña, pprtaba una corona rara y un velo, esto pudo llamar la atención de Lorenzo, cuando esté la observo la mujer levanto la mirada, mostrando como la mitad de su cara era la de un esqueleto y con una voz distorsiona le hablo — Así que tú eres el que me entrega tantos cuerpos...si...pareces un asesino...
    9 turnos 0 maullidos
  • La muerte parte 1.

    Después de despedirse de Mike Billy regreso a westview, la gente de ahí no lo conocía, entro caminando con un suéter abierto y el gorro puesto sin mirar a nadie, unas calles después llegó a los simientos de una casa wue ni estaba construida aún, lleno de grafitis que decían "Muerte a la bruja" o "Jodete Wanda", Billi observo el lugar con tranquilidad y serenidad en la cara cargando algunas cosas en sus manos, la primera era una foto de sus padres cuando aún estaban con los vengadores, Wanda en tranqulidad y felicidad perfecta junto a visión en su forma humana sonriente abrazando a Wanda, lo segundo fue el cuadro donde venían las flores secas de su primera cita con Lorenzo las vuales ambas cosas dejo en la "Entrada" de dicha casa, unas horas despues de caminar por el bosque aquella sombra de siempre se le acercó, y mientras Billy lloraba en el suelo de una iglesia abandonada en medio del bosque acaricipoco su mejilla dándole consuelo,poco el color negro dejando verle bien la cara...
    La muerte parte 1. Después de despedirse de Mike Billy regreso a westview, la gente de ahí no lo conocía, entro caminando con un suéter abierto y el gorro puesto sin mirar a nadie, unas calles después llegó a los simientos de una casa wue ni estaba construida aún, lleno de grafitis que decían "Muerte a la bruja" o "Jodete Wanda", Billi observo el lugar con tranquilidad y serenidad en la cara cargando algunas cosas en sus manos, la primera era una foto de sus padres cuando aún estaban con los vengadores, Wanda en tranqulidad y felicidad perfecta junto a visión en su forma humana sonriente abrazando a Wanda, lo segundo fue el cuadro donde venían las flores secas de su primera cita con Lorenzo las vuales ambas cosas dejo en la "Entrada" de dicha casa, unas horas despues de caminar por el bosque aquella sombra de siempre se le acercó, y mientras Billy lloraba en el suelo de una iglesia abandonada en medio del bosque acaricipoco su mejilla dándole consuelo,poco el color negro dejando verle bien la cara...
    Me shockea
    1
    6 turnos 0 maullidos
Patrocinados