Después de varias de horas de papeleo la Maestra Intendente se había parado de su escritorio, solo para estirar las piernas un poco, miró por la ventana, miró hacia la puerta cerrada, no había nadie mas que ella. Por un momento dejó pasar que era una recatada dama, y aquella impulsiva, rebelde y libre Jean de la academia salió por un momento, extendió sus brazos al techo, estiró sus brazos lo más que puedo mientras cerraba los ojos y suspiraba a ojos cerrados con un ligero alivió sintiendo como su espalda se iba arqueando marcando estéticamente la curvatura de su espalda, sintió como su columna se estiraba, como tronaban sus tensos hombros y algunos huesitos de su espina.
-¡Mmmh! ¡Aaah!,,
Incluso sus piernas se estiraron, casi por reflejo se paró de puntitas sobre sus botas y sintió como todo su cuerpo se desentumía. flexionó su brazo izquierdo a la altura de su hombro y giró bruscamente en esa dirección su cintura 3 veces, escuchó un "Crack" suspiró un poco y sonrió aliviada, hizo lo mismo hacia el otro lado.
-Por el Arconte Anemo... Si necesitaba estirarme un poco~...
Caminó por su oficina dando unos silenciosos pasos y se topó con un estuche que no habría en mucho tiempo, a pesar de ello, no había polvo, ni una sola partícula de polvo en aquella casi estéril oficina, en sus labios se dibujó una sonrisa y pasó sus yemas por el estuche con una suave caricia, lo abrió y en el se encontraba un violín.
-¿Será?...
Se preguntó a si misma sonriendo un poco, se preguntaba si aún se acordaba de como tocarlo. Lo tomó con la delicadeza de una dama, lo puso en su hombro y apoyó suavemente su mejilla en el descanso del instrumentó, tomó el arco y lo deslizó entre las cuerdas perfectamente afinadas del violín. Sus ojos se cerraron y sus labios sonrieron, no había olvidado en absoluto como tocar. Continuó con una suave pieza.
Después de varias de horas de papeleo la Maestra Intendente se había parado de su escritorio, solo para estirar las piernas un poco, miró por la ventana, miró hacia la puerta cerrada, no había nadie mas que ella. Por un momento dejó pasar que era una recatada dama, y aquella impulsiva, rebelde y libre Jean de la academia salió por un momento, extendió sus brazos al techo, estiró sus brazos lo más que puedo mientras cerraba los ojos y suspiraba a ojos cerrados con un ligero alivió sintiendo como su espalda se iba arqueando marcando estéticamente la curvatura de su espalda, sintió como su columna se estiraba, como tronaban sus tensos hombros y algunos huesitos de su espina.
-¡Mmmh! ¡Aaah!,,
Incluso sus piernas se estiraron, casi por reflejo se paró de puntitas sobre sus botas y sintió como todo su cuerpo se desentumía. flexionó su brazo izquierdo a la altura de su hombro y giró bruscamente en esa dirección su cintura 3 veces, escuchó un "Crack" suspiró un poco y sonrió aliviada, hizo lo mismo hacia el otro lado.
-Por el Arconte Anemo... Si necesitaba estirarme un poco~...
Caminó por su oficina dando unos silenciosos pasos y se topó con un estuche que no habría en mucho tiempo, a pesar de ello, no había polvo, ni una sola partícula de polvo en aquella casi estéril oficina, en sus labios se dibujó una sonrisa y pasó sus yemas por el estuche con una suave caricia, lo abrió y en el se encontraba un violín.
-¿Será?...
Se preguntó a si misma sonriendo un poco, se preguntaba si aún se acordaba de como tocarlo. Lo tomó con la delicadeza de una dama, lo puso en su hombro y apoyó suavemente su mejilla en el descanso del instrumentó, tomó el arco y lo deslizó entre las cuerdas perfectamente afinadas del violín. Sus ojos se cerraron y sus labios sonrieron, no había olvidado en absoluto como tocar. Continuó con una suave pieza.