• Ya se había aburrido de todo lo que pasaba a su alrededor, que decidió aquella tarde, sentarse en el taburete del piano, e interpretar una de sus melodías favoritas de Mozart.

    Se preguntaba un poco porque de todas las piezas había elegido para sí misma, la marcha turca como la sublime puesta en escena de su favoritismo, si Chopin o Wagner, tenían canciones más fuertes que iban con su carácter, aun así estaba ahí, dejando que sus dedos hicieran lo suyo, tocaran como si estuviera sentada en las piernas de Lestat cuando era una niña y apenas aprendía, cómo funcionaba un piano.

    — Le monde ne change pas, il ne fait que tourner en rond et je suis toujours là, avec le même humour interprétant la magie.— Su cabeza se movía un poco de un lado a otro, ensimismándose en la melodía, por un momento ella era Mozart, por un momento había un público que agradecía cada pausa, cada nota, por un momento no estaba sola.
    Ya se había aburrido de todo lo que pasaba a su alrededor, que decidió aquella tarde, sentarse en el taburete del piano, e interpretar una de sus melodías favoritas de Mozart. Se preguntaba un poco porque de todas las piezas había elegido para sí misma, la marcha turca como la sublime puesta en escena de su favoritismo, si Chopin o Wagner, tenían canciones más fuertes que iban con su carácter, aun así estaba ahí, dejando que sus dedos hicieran lo suyo, tocaran como si estuviera sentada en las piernas de Lestat cuando era una niña y apenas aprendía, cómo funcionaba un piano. — Le monde ne change pas, il ne fait que tourner en rond et je suis toujours là, avec le même humour interprétant la magie.— Su cabeza se movía un poco de un lado a otro, ensimismándose en la melodía, por un momento ella era Mozart, por un momento había un público que agradecía cada pausa, cada nota, por un momento no estaba sola.
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  • Jamás me voy a quitar esta cosa ¡Jamás!

    -esta completamente feliz su esposo lo a estado consintiendo a pesar de que no a hecho nada para merecer tanta atención y cariño-
    Jamás me voy a quitar esta cosa ¡Jamás! -esta completamente feliz su esposo lo a estado consintiendo a pesar de que no a hecho nada para merecer tanta atención y cariño-
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  • Le dirigió una mirada fría.

    —Es un terrible compañero.
    Le dirigió una mirada fría. —Es un terrible compañero.
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  • ⸻ 𝐓𝐡𝐞 𝐛𝐞𝐚𝐮𝐭𝐲 𝐨𝐟 𝐭𝐡𝐞 𝐰𝐨𝐫𝐥𝐝, 𝐦𝐚𝐲𝐛𝐞 𝐢𝐭 𝐣𝐮𝐬𝐭 𝐧𝐞𝐞𝐝𝐬 𝐭𝐨 𝐛𝐞 𝐬𝐞𝐞𝐧 𝐛𝐲 𝐞𝐲𝐞𝐬 𝐭𝐡𝐚𝐭 𝐚𝐩𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐚𝐭𝐞 𝐢𝐭.
    ⸻ 𝐓𝐡𝐞 𝐛𝐞𝐚𝐮𝐭𝐲 𝐨𝐟 𝐭𝐡𝐞 𝐰𝐨𝐫𝐥𝐝, 𝐦𝐚𝐲𝐛𝐞 𝐢𝐭 𝐣𝐮𝐬𝐭 𝐧𝐞𝐞𝐝𝐬 𝐭𝐨 𝐛𝐞 𝐬𝐞𝐞𝐧 𝐛𝐲 𝐞𝐲𝐞𝐬 𝐭𝐡𝐚𝐭 𝐚𝐩𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐚𝐭𝐞 𝐢𝐭.
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  • Dii name los Alduin ahrk zu'u am aan dovah
    Dii name los Alduin ahrk zu'u am aan dovah
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  • Sunday vibes
    ✔ High on catnip and listening to Cecile Believe.
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  • Tengo las manos entumecidas tras realizar aquel hechizo, es increíble lo poderosa que fue aquella maldición lanzada por esos demonios.

    Espero que esto haya hecho que las almas de esos inocentes puedan descansar en paz.
    Tengo las manos entumecidas tras realizar aquel hechizo, es increíble lo poderosa que fue aquella maldición lanzada por esos demonios. Espero que esto haya hecho que las almas de esos inocentes puedan descansar en paz.
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  • — Que por error me leas y que sea tu mejor error. —
    — Que por error me leas y que sea tu mejor error. —
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  • No, no se puede dejar de entrenar y fortalecer el cuerpo , la mente también.

    Con el pasar del tiempo los enemigos se vuelven más temibles y sus estrategias más desleales. debes estar siempre atento a sus acciones.
    ¿la magia? es un arma importante pero ¿Qué pasaría si tu magia no les afecta en absoluto?

    bien, para esos casos tienes la fuerza bruta.
    No, no se puede dejar de entrenar y fortalecer el cuerpo , la mente también. Con el pasar del tiempo los enemigos se vuelven más temibles y sus estrategias más desleales. debes estar siempre atento a sus acciones. ¿la magia? es un arma importante pero ¿Qué pasaría si tu magia no les afecta en absoluto? bien, para esos casos tienes la fuerza bruta.
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  • La lluvia caía con fuerza cuando Carmina empujó suavemente la puerta de su apartamento, ayudando a Lucia a entrar. Su abuela apoyaba el peso ensu nieta, avanzando con pasos lentos pero firmes. El olor a humedad en el aire se mezclaba con el tenue aroma a jazmín que Lucia siempre llevaba consigo, una fragancia que, para Carmina, significaba hogar.

    "¿Quieres sentarte un momento, abuela?" preguntó mientras dejaba las llaves sobre la mesa.

    Lucia asintió con una leve sonrisa, dejándose caer en su sillón favorito, junto a la ventana. Carmina observó cómo la lluvia formaba ríos en el cristal, pero su mente estaba lejos, repasando los últimos días en el hospital. Las palabras del médico resonaban todavía: "Cuidado constante. Su salud es delicada."

    Carmina se movió por el pequeño apartamento, viendo detalles que antes le habían parecido irrelevantes: los escalones sin barandales, los estantes altos llenos de cosas innecesarias, la alfombra desgastada que podía ser un peligro. Su abuela la miraba en silencio, como si pudiera leer sus pensamientos.

    "Deja de preocuparte tanto, niña," dijo Lucia con voz suave. "Ni soy vieja, ni tan inútil."

    Carmina esbozó una sonrisa, pero sus manos apretaron el borde de una silla. Sabía que no era cuestión de subestimar a Lucia, sino de prepararse para cuidarla mejor. Esa noche, después de acostar a su abuela y asegurarse de que estuviera cómoda, sacó una libreta y un bolígrafo.

    Escribió:

    - Instalar barandales en las escaleras.
    - Preparar comidas más saludables.
    - Reducir horas en el trabajo para pasar más tiempo con Lucia.
    - Hablar con una enfermera para revisiones regulares.
    - Contratar empleados con urgencia.


    Cada punto la hacía sentirse un poco más aliviada, como si plasmar sus preocupaciones en papel las hiciera más manejables.

    Mientras terminaba de escribir, escuchó la respiración pausada de Lucia desde el cuarto contiguo. Carmina sabía que no podía detener el tiempo, pero podía asegurarse de que los días que quedaran fueran más fáciles, más llenos de amor y menos de descuidos.

    Apagó la luz y se permitió, por primera vez en días, cerrar los ojos con algo de esperanza.
    La lluvia caía con fuerza cuando Carmina empujó suavemente la puerta de su apartamento, ayudando a Lucia a entrar. Su abuela apoyaba el peso ensu nieta, avanzando con pasos lentos pero firmes. El olor a humedad en el aire se mezclaba con el tenue aroma a jazmín que Lucia siempre llevaba consigo, una fragancia que, para Carmina, significaba hogar. "¿Quieres sentarte un momento, abuela?" preguntó mientras dejaba las llaves sobre la mesa. Lucia asintió con una leve sonrisa, dejándose caer en su sillón favorito, junto a la ventana. Carmina observó cómo la lluvia formaba ríos en el cristal, pero su mente estaba lejos, repasando los últimos días en el hospital. Las palabras del médico resonaban todavía: "Cuidado constante. Su salud es delicada." Carmina se movió por el pequeño apartamento, viendo detalles que antes le habían parecido irrelevantes: los escalones sin barandales, los estantes altos llenos de cosas innecesarias, la alfombra desgastada que podía ser un peligro. Su abuela la miraba en silencio, como si pudiera leer sus pensamientos. "Deja de preocuparte tanto, niña," dijo Lucia con voz suave. "Ni soy vieja, ni tan inútil." Carmina esbozó una sonrisa, pero sus manos apretaron el borde de una silla. Sabía que no era cuestión de subestimar a Lucia, sino de prepararse para cuidarla mejor. Esa noche, después de acostar a su abuela y asegurarse de que estuviera cómoda, sacó una libreta y un bolígrafo. Escribió: - Instalar barandales en las escaleras. - Preparar comidas más saludables. - Reducir horas en el trabajo para pasar más tiempo con Lucia. - Hablar con una enfermera para revisiones regulares. - Contratar empleados con urgencia. Cada punto la hacía sentirse un poco más aliviada, como si plasmar sus preocupaciones en papel las hiciera más manejables. Mientras terminaba de escribir, escuchó la respiración pausada de Lucia desde el cuarto contiguo. Carmina sabía que no podía detener el tiempo, pero podía asegurarse de que los días que quedaran fueran más fáciles, más llenos de amor y menos de descuidos. Apagó la luz y se permitió, por primera vez en días, cerrar los ojos con algo de esperanza.
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