El rostro le dolía. Llevaba demasiadas horas sonriendo a la multitud de gente que compartía mesa con ella. Todo eran felicitaciones por sus nupcias de hace unos meses. Mucha gente no había podido asistir a la celebración de las mismas, pero un torneo era incluso más alentador para que la gente fuese hasta la capital.
Y tenía a su esposo a su lado. Regalándole alguna que otra caricia para el deleite de los presentes. O eso pensaban todos.
Los escalofríos le recorrían el cuerpo cada vez que tenía que fingir que recibir aquellas atenciones era algo agradable para ella. Algo que necesitaba. Y nada podía distar más de la realidad. Claro que conocía la tradición de su familia de unir en matrimonio a personas que compartían sangre. Pero no hubiese esperado que su matrimonio fuese con Aerion.
Nunca se habían llevado bien. No podía recordar un momento de su vida en el cual no le hubiese mirado con desprecio. O se hubiese burlado de él. O hubiese sentido una pizca de cariño por él. Estaba completamente chiflado.
Fue por eso que, despidiendo a los últimos rezagados de aquel banquete, pudo finalmente bajar su mano de la mesa, coger una copa de vino, y finalmente poner su rostro sin una sonrisa adornándolo. Porque no sentía ni un ápice de simpatía por la persona que tenía a su lado.
𝖠𝖤𝖱𝖨𝖮𝖭 𝖳𝖠𝖱𝖦𝖠𝖱𝖸𝖤𝖭 El rostro le dolía. Llevaba demasiadas horas sonriendo a la multitud de gente que compartía mesa con ella. Todo eran felicitaciones por sus nupcias de hace unos meses. Mucha gente no había podido asistir a la celebración de las mismas, pero un torneo era incluso más alentador para que la gente fuese hasta la capital.
Y tenía a su esposo a su lado. Regalándole alguna que otra caricia para el deleite de los presentes. O eso pensaban todos.
Los escalofríos le recorrían el cuerpo cada vez que tenía que fingir que recibir aquellas atenciones era algo agradable para ella. Algo que necesitaba. Y nada podía distar más de la realidad. Claro que conocía la tradición de su familia de unir en matrimonio a personas que compartían sangre. Pero no hubiese esperado que su matrimonio fuese con Aerion.
Nunca se habían llevado bien. No podía recordar un momento de su vida en el cual no le hubiese mirado con desprecio. O se hubiese burlado de él. O hubiese sentido una pizca de cariño por él. Estaba completamente chiflado.
Fue por eso que, despidiendo a los últimos rezagados de aquel banquete, pudo finalmente bajar su mano de la mesa, coger una copa de vino, y finalmente poner su rostro sin una sonrisa adornándolo. Porque no sentía ni un ápice de simpatía por la persona que tenía a su lado.
[DR4GONBLOOD]