๐๐ช๐ฟ๐ฎ ๐๐ธ๐พ ๐ฎ๐ฟ๐ฎ๐ป ๐ฏ๐ฎ๐ต๐ฝ ๐ช๐ผ ๐ฝ๐ฑ๐ธ๐พ๐ฐ๐ฑ ๐ช ๐ผ๐ฑ๐ช๐ญ๐ธ๐ ๐๐ช๐ผ ๐ฏ๐ธ๐ต๐ต๐ธ๐๐ฒ๐ท๐ฐ ๐๐ธ๐พ?
— Jason, la cena está servida. — El guisado era un estofado simple, acompañado de una hogaza de pan medio duro. El hombre hedía a alcohol, su llegada recién era de la cantina del pueblo, ni siquiera de trabajar, probó lo que su cuchara alcanzó a agarrar. De inmediato buscó echar el contenido del plato a su mujer, solo que ella alcanzó a moverse y cayó sobre el suelo. — ¡Si me vas a dar esa mierda de tragar mejor no me des nada, imbécil! — ella se quedó quieta, asustada, sabía que cualquier movimiento en falso haría que la golpeara, otra vez. Anna Smith era una mujer delgada, casi llegando al extremo. Todo el tiempo estaba llena de moretones, su pálida piel hacía que se notaran aún más. Tenían dos hijos, dos niñas de quince y catorce años respectivamente. A Anna no le gustaba la manera en que Jason las veía, lo hacía como un hombre ve a una mujer y no como un padre a una hija. Aunque le asustaba mucho, tampoco es que pudiera hacer algo… El peso de ser la esposa de un alcohólico la estaba acabando lentamente.
Pero ni siquiera mantenerse sin respirar iba a salvar a Anna aquella noche. Jason se puso de pie, un hombre de más de 1.90, pesando como 130kg se abalanzó sobre ella. Golpe tras golpe sobre el rostro, costillas, estómago. Los gritos intensos de Anna despertaron a las niñas que solo gritaban “¡Suéltala papá!” pero él no entendía palabras, él solo se dejaba llevar por la maldad y el alcohol que siempre lo dominaban.
Christine, la hija mayor fue quien recogió a su mamá, llevándola con su poca fuerza a un rincón de la pequeña casa. Anna soportaba el maltrato, la podredumbre con la que las tenía viviendo, pero lo que pasó después no iba a soportarlo.
Cuando la otra niña regresó a dormir, Jason entró por Theresa y se la llevó a su habitación.
Cubrió sus labios, lastimó su cuerpo; rompió su niñez de la manera más bruta.
La otra niña se quedó toda la noche curando las heridas de Anna, hervía en fiebre de la golpiza tan brutal. Cuando Jason terminó con Theresa, la dejó ir a su habitación, en medio de lágrimas, en medio del dolor que todo implicaba. Theresa no quería seguir, Jason le arrancó las ganas de vivir.
Ni siquiera amaneció, ni siquiera dijo nada… Ni siquiera…
Huyó por la ventana de su cuarto, era baja y delgada, solo tenía catorce años. Christine no oyó ruido más que los ronquidos de Jason.
Por la mañana nadie la encontraba, eran casi las nueve, Anna pudo recuperarse un poco. Aunque uno de sus ojos tenía un moretón tan grande que no podía ni abrirlo. Buscaron a Theresa por horas, por días.
Hasta que un día la encontraron, casi una semana después. Con el cuerpo inflamado, sobre el río, flotando boca arriba.
Anna se dejó caer de rodillas, estaba rota. Pero Jason parecía muy tranquilo, el padre solo parecía aceptar demasiado rápido que su hija de catorce años apareciera sin vida, flotando como un objeto sin propósito.
Christine lo veía todo; Anna también.
Anna tuvo un sueño triste, como si su hija desde el otro lado le mostrara lo que pasó. Todas las noches a partir de ahí dormía en la cama de Theresa. Todas las noches se dormía hasta que las lágrimas ya no salían y la tristeza invadía cada rincón de ese lugar. Quería hacer que Jason pagara, porque se veía tan tranquilo que… Solo quería aplastar su cabeza contra las piedras, nada era un pago lo suficientemente poderoso, solo las llamas del infierno cobrarían justicia para el cerdo que dañó a su hija.
En el momento que se casó con el que parecía ser un buen hombre y era una total mentira lo supo, siempre lo supo; Dios la abandonó.
Dios cerró los ojos cuando la golpeaba…
Dios hizo caso omiso a sus súplicas de llevarse a Jason…
Dios ignoró completamente a Anna cuando le pedía que no lo dejara dañar a sus hijas…
La abandonó desde siempre.
¿Entonces quién acudiría al llamado de una madre enojada, llena de dolor y sin un solo centavo que pudiera comprar justicia?
Catherine: La bruja dorada.
Durante años escuchó la leyenda del aquelarre maldito por matricidio, pero solo atinaban a poner tijeras en forma de cruz para evitar que las brujas se llevaran a sus hijos. ¿Pero no estaba el principal peligro dentro de su casa en forma de hombre? El asco le revolvía el estómago por tener a Jason cerca aún. Vivía a la sombra de Christine para protegerla.
Pero un día hizo un ritual, no fue difícil, sus sueños empezaban a revelar cosas que le servirían para el hechizo. Un círculo de sangre, velas y la voluntad de ofrecer su propia vida para que la bruja se llevara a Jason a enfrentarse al mismísimo infierno.
Catherine acudió.
La tormenta avivó en medio del bosque cuando los destellos dorados aparecieron. Había mariposas que parecían hechas de oro, pero de alguna manera todo era tan lúgubre que no pudo ni celebrarlo. Unos ojos dorados, brillando en medio de la noche, en medio de la lluvia.
— Conozco tu pena. Conozco tu dolor. Así será. — la voz casi hipnótica de Catherine parecía calmar a Anna. — No tengo oro o propiedades, bruja Dorada. Pero te ofrezco mi vida que es lo último que me queda. — Catherine la observó, aunque no conocía del todo la empatía, algo despertó dentro de ella. Un sentimiento sin igual, como si el ver a la madre desesperada activara algo que desconocía de su propio mar de pensamientos. — Me llevaré a Christine, Anna. — la madre se asustó, se puso en pie de un salto sin nada de fuerzas, pero con un fuego en los ojos que parecía imitar las llamas infernales. — No, no le haré daño. La tomaré como mi aprendiz y la alejaré de la pobreza en la que vive. Pero será una hija de la noche y no podrás verla jamás. Pero podrá hacer algo que tú jamás podrías, Anna. Christine tendrá el poder de que ningún hombre jamás pueda hacerle daño.
Anna cayó de rodillas; rota por dentro.
Porque ahora sabía que aunque Jason no existiera, ella nunca podría cuidar del todo ni a su propia hija. La única que le quedaba, así como tampoco pudo proteger a Theresa.
๐ ๐ฟ๐ฎ๐ท๐ฐ๐ฎ๐ช๐ท๐ฌ๐ฎ ๐๐ธ๐พ๐ท๐ญ๐ผ ๐ซ๐ธ๐ฝ๐ฑ ๐ฒ๐ฝ๐ผ ๐ฝ๐ช๐ป๐ฐ๐ฎ๐ฝ ๐ช๐ท๐ญ ๐ฝ๐ฑ๐ฎ ๐ธ๐ท๐ฎ ๐๐ฑ๐ธ ๐ฎ๐๐ช๐ฌ๐ฝ๐ผ ๐ฒ๐ฝ.
Jason Smith salió de la cantina un día más, como era tradición.
Salió feliz, porque una puta le había dado una mamada por tres monedas de cobre.
Estaba pensando en Christine.
De repente, habría jurado que vio una mariposa dorada.
Negó con la cabeza, debía volver a casa, estaba con mucho sueño, muy cansado.
A lo lejos vio lo más increíble que habían visto sus ojos, una hermosa mujer rubia.
Ella le hizo un gesto invitándolo.
Se acercó.
La mujer lo invitó al bosque.
La siguió, iba duro.
Tan duro que empezaba a dolerle.
Mientras caminaba el dolor se volvía intolerable.
Quiso volver, pero atrás solo había más bosque.
De repente estaba perdido, se hizo de noche.
Una música rara empezó a sonar.
[ https://www.youtube.com/watch?v=G0xXuhZuSs0 ]
Le seguía doliendo la entrepierna, como si sus bolas empezaran a abrirse.
Oyó risas infantiles.
Era Theresa…
Pero Theresa estaba muerta.
Era una tontería.
Sus testículos se despegaron, cayó hasta su miembro podrido.
Le salían gusanos.
Un hedor infernal.
Theresa estaba frente a él.
Le ofreció su mano, Jason corrió.
Pero el panorama se repetía una y otra vez.
Estaba sangrando, gritaba de dolor.
Theresa corría en círculos alrededor de él, riéndose.
Un hueco en el suelo.
Olía a azufre.
Olía a justicia.
Theresa lo empujó.
Catherine cerró el hueco.
Jason ardería por siempre en el infierno; su alma no tenía perdón.
Ahora Theresa podría descansar, y Christine sería una bruja.
Anna ahora estaba sola, no lo soportó... El río donde murió Theresa le daría su descanso.