• —Saludos, mis queridos y pecaminosos oyentes! Buenos días, tardes o noches... aunque en este rincón del olvido, el tiempo es solo una sugerencia, ¿no creen?
    Aquí su anfitrión, transmitiendo en vivo desde el corazón del caos. Debo admitir que me siento extrañamente conmovido. Recibimos una avalancha de peticiones musicales y deseos tan dulces que casi me hacen olvidar el hedor a azufre. Me halaga que, entre grito y grito de agonía, aún tengan el buen gusto de apreciar mi impecable estilo. ¡Qué detalle tan encantador de su parte!
    Parece que hoy el ambiente apesta a nostalgia. Esa vieja y pesada cadena que arrastran porque sus conciencias —esas pequeñas cosas marchitas— se niegan a soltar el pasado. Pero, ¡vaya!, ¿quién soy yo para juzgarlos? Solo soy un humilde espectador de su decadencia. ¡Jxjxjxjx! ---

    —Hoy cumpliremos el capricho de un alma desventurada del Anillo de la Pereza. ¡Pobrecilla! Tan falta de energía que incluso su elección musical resulta... decepcionante. ¿Algo tan desmotivador? ¡Por favor! Necesitas un poco de fuego en las venas, un ritmo que te haga sentir que tus pecados valen la pena.
    Tengo el tema perfecto para sacudirte el polvo de la tumba. Disfruten, mis pequeños demonios...—

    Me recliné en mi asiento con una sonrisa de oreja a oreja, dejando que la estática del radio llenara el vacío. De pronto, las sombras cobraron vida. Figuras de una existencia más que dudosa emergieron de los rincones más oscuros, atraídas por el compás de la música como polillas a una hoguera.
    Sentí sus garras —frías, afiladas y cargadas de una intención peligrosamente seductora— deslizándose por mi espalda y mi torso, trazando un mapa de deseos prohibidos mientras el ritmo tomaba el control de la transmisión.

    "~~Mantengan la sintonía, queridos... esto apenas comienza a ponerse divertido.~~"





    https://youtu.be/VokRh68b6tI?si=WsNyvN2c32A0-t6n
    🎙️—Saludos, mis queridos y pecaminosos oyentes! Buenos días, tardes o noches... aunque en este rincón del olvido, el tiempo es solo una sugerencia, ¿no creen? Aquí su anfitrión, transmitiendo en vivo desde el corazón del caos. Debo admitir que me siento extrañamente conmovido. Recibimos una avalancha de peticiones musicales y deseos tan dulces que casi me hacen olvidar el hedor a azufre. Me halaga que, entre grito y grito de agonía, aún tengan el buen gusto de apreciar mi impecable estilo. ¡Qué detalle tan encantador de su parte! Parece que hoy el ambiente apesta a nostalgia. Esa vieja y pesada cadena que arrastran porque sus conciencias —esas pequeñas cosas marchitas— se niegan a soltar el pasado. Pero, ¡vaya!, ¿quién soy yo para juzgarlos? Solo soy un humilde espectador de su decadencia. ¡Jxjxjxjx! --- —Hoy cumpliremos el capricho de un alma desventurada del Anillo de la Pereza. ¡Pobrecilla! Tan falta de energía que incluso su elección musical resulta... decepcionante. ¿Algo tan desmotivador? ¡Por favor! Necesitas un poco de fuego en las venas, un ritmo que te haga sentir que tus pecados valen la pena. Tengo el tema perfecto para sacudirte el polvo de la tumba. Disfruten, mis pequeños demonios...— Me recliné en mi asiento con una sonrisa de oreja a oreja, dejando que la estática del radio llenara el vacío. De pronto, las sombras cobraron vida. Figuras de una existencia más que dudosa emergieron de los rincones más oscuros, atraídas por el compás de la música como polillas a una hoguera. Sentí sus garras —frías, afiladas y cargadas de una intención peligrosamente seductora— deslizándose por mi espalda y mi torso, trazando un mapa de deseos prohibidos mientras el ritmo tomaba el control de la transmisión. "~~Mantengan la sintonía, queridos... esto apenas comienza a ponerse divertido.~~" https://youtu.be/VokRh68b6tI?si=WsNyvN2c32A0-t6n
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  • — ¿Qué pasa si te encuentras con un exorcista? El aspecto que tienes ahora no ayuda mucho en disimular lo que eres

    Era el regaño de la noche por visitar el mundo humano, pero.... No podía evitarlo. ¿Porqué Dios crearía a los demonios que fueran amantes de la carne humana pero les prohibiría tocarlos? Eso era muy cruel. El sabor metálico en sus labios estaba tan vivo, tan latente. Negarle ese sabor era una tortura.
    🥀 — ¿Qué pasa si te encuentras con un exorcista? El aspecto que tienes ahora no ayuda mucho en disimular lo que eres Era el regaño de la noche por visitar el mundo humano, pero.... No podía evitarlo. ¿Porqué Dios crearía a los demonios que fueran amantes de la carne humana pero les prohibiría tocarlos? Eso era muy cruel. El sabor metálico en sus labios estaba tan vivo, tan latente. Negarle ese sabor era una tortura.
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  • . "¿Los demonios pueden soñar? Depende el tipo pero la mayoría siempre son lo que los humanos podrian llamar pesadillas. Ya que las cosas horribles tienen un contexto diferente para ellos pero lo que estaba escuchando fuera de su jaula sonaba como la pesadilla real. Sabia su destino sobre ser vendido pero ahora que habia llegado el día, no sabia si estaba asustado o no."
    🥀. "¿Los demonios pueden soñar? Depende el tipo pero la mayoría siempre son lo que los humanos podrian llamar pesadillas. Ya que las cosas horribles tienen un contexto diferente para ellos pero lo que estaba escuchando fuera de su jaula sonaba como la pesadilla real. Sabia su destino sobre ser vendido pero ahora que habia llegado el día, no sabia si estaba asustado o no."
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  • ◤ ◥
    𝐃𝐞𝐦𝐨𝐧𝐢𝐨𝐬 𓃵 𝐜𝐚𝐳𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬
    ◣ ◢

    Luego de la muerte de Lucifer y la división de todo el territorio del infierno, los nuevos líderes pensaron que los demonios de la clase cazadora eran un problema. Sus habilidades y apetito que les permitía ir al mundo humano podía hacer que la ira del cielo cayera una vez más sobre ellos asi que todos los cazadores fueron condenados a ser sirvientes. Mascotas o accesorios que se venden a los precios más altos que ni el hombre más rico del planeta pudiera pagar. El mismo Cerberus fue encadenado como mascota al trono vacío del que antes pudo llamarse su amo.

    Los líderes dijeron que ningún demonio podía volver a viajar hasta el mundo humano para lastimarlos. Los cazadores comen carne humana y por eso el peligro. Ahora los únicos que pueden ir ahí son demonios que se alimentan de otras cosas.

    Asi había funcionado por miles de años hasta que Lucifer reencarnó de nuevo en la Tierra y los poderes de los cazadores despertaron una vez más para revelarse contra la ley que los cayó por siglos.
    ◤ ◥ 𝐃𝐞𝐦𝐨𝐧𝐢𝐨𝐬 𓃵 𝐜𝐚𝐳𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬 ◣ ◢ Luego de la muerte de Lucifer y la división de todo el territorio del infierno, los nuevos líderes pensaron que los demonios de la clase cazadora eran un problema. Sus habilidades y apetito que les permitía ir al mundo humano podía hacer que la ira del cielo cayera una vez más sobre ellos asi que todos los cazadores fueron condenados a ser sirvientes. Mascotas o accesorios que se venden a los precios más altos que ni el hombre más rico del planeta pudiera pagar. El mismo Cerberus fue encadenado como mascota al trono vacío del que antes pudo llamarse su amo. Los líderes dijeron que ningún demonio podía volver a viajar hasta el mundo humano para lastimarlos. Los cazadores comen carne humana y por eso el peligro. Ahora los únicos que pueden ir ahí son demonios que se alimentan de otras cosas. Asi había funcionado por miles de años hasta que Lucifer reencarnó de nuevo en la Tierra y los poderes de los cazadores despertaron una vez más para revelarse contra la ley que los cayó por siglos.
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  • Cuando era más pequeño habían ocasiones en que sus manos podían estar libres. ¿A qué me refiero? A que siempre permanecían envueltas o selladas en algo que no le dejara usar sus garras, pero todo era diferente en el salón de música. Su padre con el cual vivía en el infierno estaba empeñado en que su hijo aprendiera a tocar el piano. El pequeño demonio fingia interés en la música para poder ser liberado de sus manos y estar a solas en esa habitación.

    La libertad que se respiraba ahí no tenía comparación a ningún lugar. Ni si quiera queria sus garras para destrozar cosas. Solamente quería "tocarlas". El frío del metal, la suavidad de las cortinas. Todo le emocionaba muchísimo. Ojalá esos momentos duraran más tiempo. Quizá al crecer sería alguien libre de ataduras corporales. No más bozales o esposas en sus muñecas, pero era difícil ese deseo. Los demonios de su "especie" no eran más que accesorios en ese mundo y en el de los humanos un peligro. ¿Cómo sería el cielo? ¿Le darían una muerte piadosa? ¿Lo convertirían en uno de los suyos al exorcizarlo? O quizá lo matarían rápido. Tal vez no existía lugar en todas las dimensiones que pudiera ser para él.
    🥀 Cuando era más pequeño habían ocasiones en que sus manos podían estar libres. ¿A qué me refiero? A que siempre permanecían envueltas o selladas en algo que no le dejara usar sus garras, pero todo era diferente en el salón de música. Su padre con el cual vivía en el infierno estaba empeñado en que su hijo aprendiera a tocar el piano. El pequeño demonio fingia interés en la música para poder ser liberado de sus manos y estar a solas en esa habitación. La libertad que se respiraba ahí no tenía comparación a ningún lugar. Ni si quiera queria sus garras para destrozar cosas. Solamente quería "tocarlas". El frío del metal, la suavidad de las cortinas. Todo le emocionaba muchísimo. Ojalá esos momentos duraran más tiempo. Quizá al crecer sería alguien libre de ataduras corporales. No más bozales o esposas en sus muñecas, pero era difícil ese deseo. Los demonios de su "especie" no eran más que accesorios en ese mundo y en el de los humanos un peligro. ¿Cómo sería el cielo? ¿Le darían una muerte piadosa? ¿Lo convertirían en uno de los suyos al exorcizarlo? O quizá lo matarían rápido. Tal vez no existía lugar en todas las dimensiones que pudiera ser para él.
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  • "Suyo" la correa era tirada de su cuello. Ya le era costumbre usar una. Al menos el bozal no estaba en su rostro, pero la entonación en como decian aquellas palabras le complicaba su pensar. ¿Suyo? ¿Él? Los demonios no estaban en la cima de la cadena alimenticia pero si arriba de los humanos. Asi que su mirada era de odio, odiaba ser domado por personas, aun no comprendía que un contrato significaba eso si queria comer.
    "Suyo" la correa era tirada de su cuello. Ya le era costumbre usar una. Al menos el bozal no estaba en su rostro, pero la entonación en como decian aquellas palabras le complicaba su pensar. ¿Suyo? ¿Él? Los demonios no estaban en la cima de la cadena alimenticia pero si arriba de los humanos. Asi que su mirada era de odio, odiaba ser domado por personas, aun no comprendía que un contrato significaba eso si queria comer.
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  • Pʀɪᴍᴜs Mᴀʟᴇғɪᴄᴀʀɪᴜᴍ .Ⅰ - ☨ ─────── 〘 C O M U N I Ó N 〙


    ──── En medio de la absoluta oscuridad, una perfecta línea recta de luz se formó sobre el suelo, proyectándose lentamente en un rectángulo junto con el paulatino avance de la Luna, derramando su platinar sobre la silueta de una mujer, misma que yacía de rodillas, sentada sobre sus talones, y con las palmas descansando sobre sus muslos, en la tradicional postura seiza que mantenía con entera calma y solemnidad.

    El aroma a copal dominaba el ambiente, cargado gentilmente por los haces de humo que se desprendían de los numerosos inciensos repartidos en cuencos ornamentales a ambos costados de la habitación, mismos que la circundaban y envolvían.

    Brillando en la penumbra, a momentos, los pequeños destellos de las brasas lucían como ojos que se centraban en ella y le observaban en todo momento, justo en medio del suelo de la habitación que yacía adornado por un grotesco círculo mágico; el carmín rojo y seco de los trazos delatando la naturaleza del material con el que había sido pintado.

    Sathôna alzó el rostro hacía el enorme ventanal que tenía al frente y por donde aquella cascada de luz de plata caía, con los ojos cerrados y en pleno trance, entreabriendo los labios para dejar escapar de su boca una humareda negra más pesada que el aire, misma que caía por las comisuras de sus labios y su mentón.

    Su figura se impregnaba de las estelas de aquella pesada y opresiva energía, que, para ella en su haber, se sentía ligera y le llenaba de un vigor que resultaba contradictoriamente lacerante; cada corte cicatrizado, cada magulladura aliviada y cada fractura enmendada volvían a derramar los vestigios del punzante calvario por el que el dolor la había hecho pasar.

    No había momento en el cual se sintiera más viva que cuando se sumergía en aquel baño de lamentación, de penosa meditación, al comulgar con Marchosias. Aquella noche, fue distinto. El sufrimiento era el alimento primordial de su alma, misma que lo alquimizaba en ira, de la más pura y tórrida que su corazón pudiese sostener.

    Pero esta vez, hubo algo más: Claridad. Una fresca, afilada y envolvente claridad.

    La bruja morena entreabrió los párpados, y a la par, sus labios se cerraron, no sin antes relamer los remanentes de aquella oscuridad que quedaban sobre los mismos. Pronto, su boca se curvó, y emergiendo del éxtasis, sonrió ante el altar que tenía al frente──una exquisita estatuilla de mediano tamaño tallada en mármol negro, representando a humanos, demonios y ángeles, todos encimados sobre los otros, desesperados, escalando por alcanzar el precioso reloj de arena blanca colocado al centro.

    —La mente y el tiempo tienen algo en común; ambos son excelentes sirvientes, pero pésimos gobernantes. —En reflexión, se estiró para tomar aquel reloj de arena y así girarlo sobre sí mismo, comenzando la cuenta atrás. ¿O sería hacía adelante? Pasado o futuro. ¿Qué más da?

    —Será porque ambos coinciden en un único punto de inflexión, tan crítico como sencillo; la perspectiva. El tiempo se diluye o se concentra, se comprime o se alarga, dependiendo del contexto y la subjetividad, dependiendo de la energía del observador. Y la mente es el prisma perfecto para purificar y concentrar la intención en la percepción, y así volverla luz, u oscuridad.

    Los largos dedos de Sathôna acariciaron la curvatura del anticuado reloj, a momentos tamborileando sobre el cristal, para provocar un tintineo cristalino y melódico con sus largas uñas, mientras observaba la arena fluir y caer. ¿O es que también a momentos parecía regresar a donde estaba?

    —Cada mente es un prisma, con sus propios relieves, y sus propias reglas. Su propio potencial. Y, aun así, nada ni nadie puede existir si no es observado en todo momento, si su existencia no es reconocida en el ahora de cada segundo, de cada minuto, de cada hora, por algo que no sea ellos mismos.

    Una mirada llena de añoranza brilló en los ojos de la mujer, que ahora descansaban su mirar sobre el astro plateado. Calma y resignación le llenaron el corazón, como quien asume que se encuentra en un lugar de donde no puede escapar, aún cuando conoce la salida.

    Súbitamente, aquella mano con la que acariciaba el ornamental reloj tomó el mismo de forma brusca y arrebatada para apretarlo entre sus dedos, reventando cristal y madera como si fuesen ramillas secas.

    Sangre negra emanó de sus heridas, mezclándose con la arena, profanándola, y cayendo sobre la estatuilla, quemando cuál ácido los rostros angustiados de ángeles, hombres y demonios por igual.

    — … Ahora lo único que queda, es detener el tiempo.


    『 Ambiance: https://youtu.be/H5nXCactwVo
    Pʀɪᴍᴜs Mᴀʟᴇғɪᴄᴀʀɪᴜᴍ .Ⅰ - ☨ ─────── 〘 C O M U N I Ó N 〙 ──── En medio de la absoluta oscuridad, una perfecta línea recta de luz se formó sobre el suelo, proyectándose lentamente en un rectángulo junto con el paulatino avance de la Luna, derramando su platinar sobre la silueta de una mujer, misma que yacía de rodillas, sentada sobre sus talones, y con las palmas descansando sobre sus muslos, en la tradicional postura seiza que mantenía con entera calma y solemnidad. El aroma a copal dominaba el ambiente, cargado gentilmente por los haces de humo que se desprendían de los numerosos inciensos repartidos en cuencos ornamentales a ambos costados de la habitación, mismos que la circundaban y envolvían. Brillando en la penumbra, a momentos, los pequeños destellos de las brasas lucían como ojos que se centraban en ella y le observaban en todo momento, justo en medio del suelo de la habitación que yacía adornado por un grotesco círculo mágico; el carmín rojo y seco de los trazos delatando la naturaleza del material con el que había sido pintado. Sathôna alzó el rostro hacía el enorme ventanal que tenía al frente y por donde aquella cascada de luz de plata caía, con los ojos cerrados y en pleno trance, entreabriendo los labios para dejar escapar de su boca una humareda negra más pesada que el aire, misma que caía por las comisuras de sus labios y su mentón. Su figura se impregnaba de las estelas de aquella pesada y opresiva energía, que, para ella en su haber, se sentía ligera y le llenaba de un vigor que resultaba contradictoriamente lacerante; cada corte cicatrizado, cada magulladura aliviada y cada fractura enmendada volvían a derramar los vestigios del punzante calvario por el que el dolor la había hecho pasar. No había momento en el cual se sintiera más viva que cuando se sumergía en aquel baño de lamentación, de penosa meditación, al comulgar con Marchosias. Aquella noche, fue distinto. El sufrimiento era el alimento primordial de su alma, misma que lo alquimizaba en ira, de la más pura y tórrida que su corazón pudiese sostener. Pero esta vez, hubo algo más: Claridad. Una fresca, afilada y envolvente claridad. La bruja morena entreabrió los párpados, y a la par, sus labios se cerraron, no sin antes relamer los remanentes de aquella oscuridad que quedaban sobre los mismos. Pronto, su boca se curvó, y emergiendo del éxtasis, sonrió ante el altar que tenía al frente──una exquisita estatuilla de mediano tamaño tallada en mármol negro, representando a humanos, demonios y ángeles, todos encimados sobre los otros, desesperados, escalando por alcanzar el precioso reloj de arena blanca colocado al centro. —La mente y el tiempo tienen algo en común; ambos son excelentes sirvientes, pero pésimos gobernantes. —En reflexión, se estiró para tomar aquel reloj de arena y así girarlo sobre sí mismo, comenzando la cuenta atrás. ¿O sería hacía adelante? Pasado o futuro. ¿Qué más da? —Será porque ambos coinciden en un único punto de inflexión, tan crítico como sencillo; la perspectiva. El tiempo se diluye o se concentra, se comprime o se alarga, dependiendo del contexto y la subjetividad, dependiendo de la energía del observador. Y la mente es el prisma perfecto para purificar y concentrar la intención en la percepción, y así volverla luz, u oscuridad. Los largos dedos de Sathôna acariciaron la curvatura del anticuado reloj, a momentos tamborileando sobre el cristal, para provocar un tintineo cristalino y melódico con sus largas uñas, mientras observaba la arena fluir y caer. ¿O es que también a momentos parecía regresar a donde estaba? —Cada mente es un prisma, con sus propios relieves, y sus propias reglas. Su propio potencial. Y, aun así, nada ni nadie puede existir si no es observado en todo momento, si su existencia no es reconocida en el ahora de cada segundo, de cada minuto, de cada hora, por algo que no sea ellos mismos. Una mirada llena de añoranza brilló en los ojos de la mujer, que ahora descansaban su mirar sobre el astro plateado. Calma y resignación le llenaron el corazón, como quien asume que se encuentra en un lugar de donde no puede escapar, aún cuando conoce la salida. Súbitamente, aquella mano con la que acariciaba el ornamental reloj tomó el mismo de forma brusca y arrebatada para apretarlo entre sus dedos, reventando cristal y madera como si fuesen ramillas secas. Sangre negra emanó de sus heridas, mezclándose con la arena, profanándola, y cayendo sobre la estatuilla, quemando cuál ácido los rostros angustiados de ángeles, hombres y demonios por igual. — … Ahora lo único que queda, es detener el tiempo. 『 Ambiance: https://youtu.be/H5nXCactwVo 』
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  • Ella siempre estuvo ahí. Juntos, eran algo grande y poderoso. Todos los demonios los conocían y los respetaban, todos querían aprender de ellos, todos querían ser parte de la lujuria, todos los envidiaban.

    Dicen que ella se volvió loca, que destruyó todo y lo mató a él, a sus hijos y a sus aliados. Nadie sabe cómo, sólo encontraron ruinas... sangre... cuerpos. Estas cosas siempre pasan en el infierno...

    Nadie escuchó nada. Ni un grito, ni un explosión, no hubo fuego... nada.
    Desde entonces, estar cerca de ella se volvió incómodo, es como si pudiera ver más allá de ti, como si pudiera atravesarte con la mirada... antes que con su espada. Entonces, tu cuerpo empieza a fallar...

    No es alguien a quien sigas. Tampoco alguien a quien intentes cambiar. Si está de tu lado, es porque decidió estarlo. Y eso dura exactamente hasta que deja de tener sentido para ella.

    No es destructiva porque sí. Sabe reconocer lo que funciona. Y si algo se mantiene en pie cerca de ella, es porque ella eligió no destruirlo. Estar con ella no es seguro, pero mientras no cruces ese límite que no necesita explicar, ella no va a ser quien lo rompa.
    Ella siempre estuvo ahí. Juntos, eran algo grande y poderoso. Todos los demonios los conocían y los respetaban, todos querían aprender de ellos, todos querían ser parte de la lujuria, todos los envidiaban. Dicen que ella se volvió loca, que destruyó todo y lo mató a él, a sus hijos y a sus aliados. Nadie sabe cómo, sólo encontraron ruinas... sangre... cuerpos. Estas cosas siempre pasan en el infierno... Nadie escuchó nada. Ni un grito, ni un explosión, no hubo fuego... nada. Desde entonces, estar cerca de ella se volvió incómodo, es como si pudiera ver más allá de ti, como si pudiera atravesarte con la mirada... antes que con su espada. Entonces, tu cuerpo empieza a fallar... No es alguien a quien sigas. Tampoco alguien a quien intentes cambiar. Si está de tu lado, es porque decidió estarlo. Y eso dura exactamente hasta que deja de tener sentido para ella. No es destructiva porque sí. Sabe reconocer lo que funciona. Y si algo se mantiene en pie cerca de ella, es porque ella eligió no destruirlo. Estar con ella no es seguro, pero mientras no cruces ese límite que no necesita explicar, ella no va a ser quien lo rompa.
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  • Puedo sentir a los demonios en este plano, percibir su influencia y su corrupción. Sin embargo, mi instinto de lucha sigue apagado. Al final... ¿en qué se distinguen ellos de ti? Si por amor fui incapaz de detenerte, ¿con qué moralidad podría levantar mi espada contra ellos?
    Puedo sentir a los demonios en este plano, percibir su influencia y su corrupción. Sin embargo, mi instinto de lucha sigue apagado. Al final... ¿en qué se distinguen ellos de ti? Si por amor fui incapaz de detenerte, ¿con qué moralidad podría levantar mi espada contra ellos?
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  • No hubo trompetas del apocalipsis anunciando el fin de los tiempos, ni ríos de sangre lloviendo sobre las ciudades mortales. El cielo no cayó sobre la Tierra; se resquebrajó desde adentro.

    No fue una rebelión de monstruos ni de demonios. Esa es la mentira más piadosa. Los que se alzaron en armas seguían siendo hermosos. Sus alas seguían siendo prístinas y sus halos brillaban con la misma intensidad cegadora, pero su gracia ya no respondía a la devoción, sino a la libertad. Una libertad sangrienta.

    La rebelión fracturó las legiones. Aquellos que mantuvieron su fe y se arrodillaron ante el trono vacío se convirtieron en la minoría, en las presas. Los pasillos de mármol y las bóvedas doradas se tiñeron con icor celestial. Ángeles masacrando ángeles. Hermanos de armas atravesando con espadas de luz a quienes, apenas ayer, llamaban familia.

    Entre el caos de la masacre, los pocos devotos que lograron sobrevivir tomaron la decisión más humillante para un ser divino: huir. Desgarraron el velo entre las dimensiones y se dejaron caer al vacío, abandonando su hogar para esconderse en el fango y la banalidad del mundo humano.

    𝓡𝓪𝔃𝓲𝓮𝓵 fue una de las que saltó. Aterrizó en un mundo ordinario, con las alas rotas y el corazón aún más destrozado. No solo huía de la herejía y la muerte, huía de 𝒆𝒍𝒍𝒂. De la misma arcángel con la que solía compartir la quietud de las guardias eternas. La misma que ahora lideraba la cacería y que, según su propia creencia, no descansaría hasta verla muerta.
    No hubo trompetas del apocalipsis anunciando el fin de los tiempos, ni ríos de sangre lloviendo sobre las ciudades mortales. El cielo no cayó sobre la Tierra; se resquebrajó desde adentro. No fue una rebelión de monstruos ni de demonios. Esa es la mentira más piadosa. Los que se alzaron en armas seguían siendo hermosos. Sus alas seguían siendo prístinas y sus halos brillaban con la misma intensidad cegadora, pero su gracia ya no respondía a la devoción, sino a la libertad. Una libertad sangrienta. La rebelión fracturó las legiones. Aquellos que mantuvieron su fe y se arrodillaron ante el trono vacío se convirtieron en la minoría, en las presas. Los pasillos de mármol y las bóvedas doradas se tiñeron con icor celestial. Ángeles masacrando ángeles. Hermanos de armas atravesando con espadas de luz a quienes, apenas ayer, llamaban familia. Entre el caos de la masacre, los pocos devotos que lograron sobrevivir tomaron la decisión más humillante para un ser divino: huir. Desgarraron el velo entre las dimensiones y se dejaron caer al vacío, abandonando su hogar para esconderse en el fango y la banalidad del mundo humano. 𝓡𝓪𝔃𝓲𝓮𝓵 fue una de las que saltó. Aterrizó en un mundo ordinario, con las alas rotas y el corazón aún más destrozado. No solo huía de la herejía y la muerte, huía de 𝒆𝒍𝒍𝒂. De la misma arcángel con la que solía compartir la quietud de las guardias eternas. La misma que ahora lideraba la cacería y que, según su propia creencia, no descansaría hasta verla muerta.
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