𝓠𝓾𝓮𝓮𝓷 𝓸𝓯 𝓗𝓮𝓵𝓵
  • en Hiatus
  • Género Femenino
  • Raza Demonio
  • Fandom Hazbin Hotel
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    Cuenta cerrada de forma temporal (retorno indefinido)
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  • El portal se abrió en medio de ciudad pentagrama atrayendo miradas sorprendidas. ¿Por qué allí? Si sus vacaciones iban a verse interrumpidas, al menos debía asegurarse de que su retorno fuera cuanto menos escandaloso; asegurarse que todos supieran que ella estaba allí. Aún si su plan de permanecer fuera algo temporal parecía que debía recordar quién era la reina de aquel lugar; la verdadera soberana.
    Que el cielo se enterara que había abandonado la tranquilidad y confort del Edén no era algo que le preocupara ¿Qué era un par de plumas menos en las engreídas alas de Sera? De todas formas sólo el propio narcisismo de los ángeles pudo haberlos engañado con una verdad tan falsa como podía serlo ella; que la tenían como prisionera. Jamás lo había sido. ¿Cómo atraparla si no fue ella misma quien decidió dejarse atrapar para tomarse un descanso? Si es que algún plan de doble sentido impulsado por sus propias ambiciones no era el motivo real, claro. Aunque eso era algo que sólo ella sabía.

    Cruzó el portal aún con el atuendo tan casual que llevaba desde el jardín celestial; sin molestarse en quitarse sus gafas o su sombrero. Ignorando por completo las mandíbulas caer en los pecadores a su alrededor que habían presenciado su aparición, incluso algún otro que se había agotado con su bebida o los ojos desorbitados en sus espectadores.
    El silencio sepulcral en las calles infernales mientras el portal se cerraba detrás de ella. Sólo el resonar de sus tacos con aquel cautivador andar mientras se acercó al primer desdichado que encontró que parecía anonadado por su presencia y... Honestamente ¿Cómo culparlo? Con un dedo de su mano apenas si rozó el cuello del demonio, ascendiendo hasta su mentón para obligarle a mantener la mirada en alto aunque jamás se molestó en bajarse los lentes

    — Ow, mi pobre, desdichada y casi inútil alma pecadora... La fortuna parece haberte sonreído pues tendrás la oportunidad de ayudarme. ¿Por qué no me dices dónde está el hotel de mi adorada e ingenua hija? —

    ¿Podía saber aquella información por su propia cuenta? Por supuesto, pero dónde estaría la diversión si lo hiciera aquello era por mucho más entretenido.
    Temblando cual gelatina, con evidente sudor, con unos nervios que parecían superar los de un perro rosado y un tartamudeo aún peor que los de un puerquito con traje; acabó por señalarle el camino. Su encantadora sonrisa en su rostro mientras al alejarse le lanzaba un beso desde la distancia.

    — Sabía que serías útil, gracias querido —

    Con su cabello que parecía ondear en una brisa inexistente, siguió alejándose por las calles infernales en un andar casi hipnotizante como su misma apariencia. Atrajo miradas y estaba segura que incluso la de cámaras.
    La expresión perpleja en el rostro de todos mientras, tras salir del trance, el rumor comenzaba a esparcirse; en voz alta, en redes, en cada lugar donde la noticia pudiera llegar.

    Lilith había vuelto.
    El portal se abrió en medio de ciudad pentagrama atrayendo miradas sorprendidas. ¿Por qué allí? Si sus vacaciones iban a verse interrumpidas, al menos debía asegurarse de que su retorno fuera cuanto menos escandaloso; asegurarse que todos supieran que ella estaba allí. Aún si su plan de permanecer fuera algo temporal parecía que debía recordar quién era la reina de aquel lugar; la verdadera soberana. Que el cielo se enterara que había abandonado la tranquilidad y confort del Edén no era algo que le preocupara ¿Qué era un par de plumas menos en las engreídas alas de Sera? De todas formas sólo el propio narcisismo de los ángeles pudo haberlos engañado con una verdad tan falsa como podía serlo ella; que la tenían como prisionera. Jamás lo había sido. ¿Cómo atraparla si no fue ella misma quien decidió dejarse atrapar para tomarse un descanso? Si es que algún plan de doble sentido impulsado por sus propias ambiciones no era el motivo real, claro. Aunque eso era algo que sólo ella sabía. Cruzó el portal aún con el atuendo tan casual que llevaba desde el jardín celestial; sin molestarse en quitarse sus gafas o su sombrero. Ignorando por completo las mandíbulas caer en los pecadores a su alrededor que habían presenciado su aparición, incluso algún otro que se había agotado con su bebida o los ojos desorbitados en sus espectadores. El silencio sepulcral en las calles infernales mientras el portal se cerraba detrás de ella. Sólo el resonar de sus tacos con aquel cautivador andar mientras se acercó al primer desdichado que encontró que parecía anonadado por su presencia y... Honestamente ¿Cómo culparlo? Con un dedo de su mano apenas si rozó el cuello del demonio, ascendiendo hasta su mentón para obligarle a mantener la mirada en alto aunque jamás se molestó en bajarse los lentes — Ow, mi pobre, desdichada y casi inútil alma pecadora... La fortuna parece haberte sonreído pues tendrás la oportunidad de ayudarme. ¿Por qué no me dices dónde está el hotel de mi adorada e ingenua hija? — ¿Podía saber aquella información por su propia cuenta? Por supuesto, pero dónde estaría la diversión si lo hiciera aquello era por mucho más entretenido. Temblando cual gelatina, con evidente sudor, con unos nervios que parecían superar los de un perro rosado y un tartamudeo aún peor que los de un puerquito con traje; acabó por señalarle el camino. Su encantadora sonrisa en su rostro mientras al alejarse le lanzaba un beso desde la distancia. — Sabía que serías útil, gracias querido — Con su cabello que parecía ondear en una brisa inexistente, siguió alejándose por las calles infernales en un andar casi hipnotizante como su misma apariencia. Atrajo miradas y estaba segura que incluso la de cámaras. La expresión perpleja en el rostro de todos mientras, tras salir del trance, el rumor comenzaba a esparcirse; en voz alta, en redes, en cada lugar donde la noticia pudiera llegar. Lilith había vuelto.
    Me endiabla
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  • El teléfono sonó mientras su móvil se sacudía ante la vibración. No era la primera vez y sabía que tampoco sería la última. Apenas si miró la pantalla de su celular para verificar de cuál de sus dos posibles remitentes sería aunque no demoró demasiado en descifrarlo.
    Desvió su atención de la pantalla esperando a que por sí sola cortara mientras ella volvía a enfocarse en su taza de té. Tomando la taza con elegante cuidado para beber un sorbo de su contenido en lo que el celular dejaba de sonar.

    Sabía que minutos más tarde un mensaje sobre un nuevo buzón de voz le llegaría. Probablemente con un contenido similar a todos los anteriores que había escuchado.
    Dejó escapar un suspiro cuando bajó la taza, apoyándola en el posavasos antes de tomar su celular. Marcó el buzón de voz y dejó el móvil a un lado, comenzando a escuchar los mensajes de voz sin escuchar en lo que tomaba uno de los tantos bocadillos de la mesa.
    Tranquila, serena, apacible. Nada podía perturbarle la paz conseguida.... ¿Verdad? Y es que el bocadillo quedó a medio camino, sin encontrar sus labios, cuando escuchó en el mensaje de su hija oír sobre la redención. No era la primera vez que lo oía, claro, pues ya hasta el hartazgo había tenido que escuchar en innumerables mensajes respecto al hotel que su hija había fundado. Una idea que, creyó, por su carencia de realismo Charlie pronto desistiría... Pero fue ingenuo de su parte el haberse confiado.

    El primer redimido. Por primera vez desde la creación de absolutamente todo un alma había logrado ascender.
    Su mano con el bocadillo descendió y sus labios se apretaron, cortando el mensaje de voz aún sin acabar de ser escuchado. Levantándose de su asiento antes de tomar su móvil.
    Suponía que, sus vacaciones y sus propias ambiciones, debían de tomarse un pequeño receso para solucionar ciertos problemas antes de que empeorasen.
    El teléfono sonó mientras su móvil se sacudía ante la vibración. No era la primera vez y sabía que tampoco sería la última. Apenas si miró la pantalla de su celular para verificar de cuál de sus dos posibles remitentes sería aunque no demoró demasiado en descifrarlo. Desvió su atención de la pantalla esperando a que por sí sola cortara mientras ella volvía a enfocarse en su taza de té. Tomando la taza con elegante cuidado para beber un sorbo de su contenido en lo que el celular dejaba de sonar. Sabía que minutos más tarde un mensaje sobre un nuevo buzón de voz le llegaría. Probablemente con un contenido similar a todos los anteriores que había escuchado. Dejó escapar un suspiro cuando bajó la taza, apoyándola en el posavasos antes de tomar su celular. Marcó el buzón de voz y dejó el móvil a un lado, comenzando a escuchar los mensajes de voz sin escuchar en lo que tomaba uno de los tantos bocadillos de la mesa. Tranquila, serena, apacible. Nada podía perturbarle la paz conseguida.... ¿Verdad? Y es que el bocadillo quedó a medio camino, sin encontrar sus labios, cuando escuchó en el mensaje de su hija oír sobre la redención. No era la primera vez que lo oía, claro, pues ya hasta el hartazgo había tenido que escuchar en innumerables mensajes respecto al hotel que su hija había fundado. Una idea que, creyó, por su carencia de realismo Charlie pronto desistiría... Pero fue ingenuo de su parte el haberse confiado. El primer redimido. Por primera vez desde la creación de absolutamente todo un alma había logrado ascender. Su mano con el bocadillo descendió y sus labios se apretaron, cortando el mensaje de voz aún sin acabar de ser escuchado. Levantándose de su asiento antes de tomar su móvil. Suponía que, sus vacaciones y sus propias ambiciones, debían de tomarse un pequeño receso para solucionar ciertos problemas antes de que empeorasen.
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