This face we m̶̦͙̣̯͌̐̀̒͝ͅa̶̠̤̼̪̥͉̪͍̠͂͌͘d̶̺̗̺̿͆e̸̠͓̐̔̃̄́̀̃̏̿ ̵̛̰̬͊͐̋͐̿̄͊̕̕ͅf̷̱͉̮̳̟̱̬͆̚ö̶̡̦̲͎̫̱͖́͐̈́͌̊̂̀͒́͘r̵̰̲͉͈̘̞̎͝ ̸͛̑͗̔̎͜͝R̷̻̲̻̙̹̽̔̐͂́͊̋͝ͅa̷͔͖̗͈̾̉̑d̵̼̗͈̝̟͓̖̼̗̯̈̎̀͑̀̑̒͘i̴͕̝̼̩̳̪̯̇̾̂̄͒̇͊̕͘õ̵͕̆̒̏͂̐͗͠ͅ
  • Género Masculino
  • Raza Demonio
  • Fandom Hazbin Hotel
  • Overlord
  • Cumpleaños 1 de enero
  • 22 Publicaciones
  • 24 Escenas
  • Se unió en noviembre 2025
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  • Tipo de personaje
    2D
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  • ¿Dónde está? No tiene idea. ¿Quién es él mismo? Tampoco. Pero sí que tenía ansias de destruirlo absolutamente todo.

    — Uuuhh... —

    Se le escapó en una exclamación cuando descubrió podía hacer emerger tentáculos desde su espalda y transportarse a través de las sombras.
    Una pequeña risa malvada que se le escapó en lo que observaba sus garras, ahora, parado en dos patas.

    — Aka Tooka — Se dijo a sí mismo en voz alta antes de reír. Vio una sombra emerger, atada a sus pies pero que no se reflejaba con su apariencia, una humana, una distinta que, aunque con cierta preocupación, lo observó ladeando la cabeza en lo que reía. — Bucha Chi Bagga Chan Chiti —

    Le dijo antes de reír desapareciendo entre la oscuridad de las sombras
    ¿Dónde está? No tiene idea. ¿Quién es él mismo? Tampoco. Pero sí que tenía ansias de destruirlo absolutamente todo. — Uuuhh... — Se le escapó en una exclamación cuando descubrió podía hacer emerger tentáculos desde su espalda y transportarse a través de las sombras. Una pequeña risa malvada que se le escapó en lo que observaba sus garras, ahora, parado en dos patas. — Aka Tooka — Se dijo a sí mismo en voz alta antes de reír. Vio una sombra emerger, atada a sus pies pero que no se reflejaba con su apariencia, una humana, una distinta que, aunque con cierta preocupación, lo observó ladeando la cabeza en lo que reía. — Bucha Chi Bagga Chan Chiti — Le dijo antes de reír desapareciendo entre la oscuridad de las sombras
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  • — . . . . —

    Silencio. Silencio absoluto mientras con la sonrisa plantada en su rostro observaba al animalito. Incluso su sombra emergió a su lado y, juntos, ladearon la cabeza a la vez entrecerrando sus ojos... ¿Sería acaso imaginación suya?...

    Ni siquiera se molestó en tocarlo. Tan solo usó un tentáculo de sombra para alzarlo y verlo mejor.

    — Ugh, no tengo tiempo para mascotas —

    Soltó tan de repente como su forma de dejarlo caer al piso. Pero era un gato, teóricamente debería caer de pie así que no se molestó, dándole la espalda mientras comenzaba a alejarse. ¿Enserio Charlie creía que quería una mascota? Ya tenía una, con una correa muy firme y que era muy obediente a sus órdenes. ¿Para que quería una inútil?
    Se sentó en un asiento cerca de su tocador donde reposaba una botella de licor, sin embargo cuando estuvo dispuesto a servirse un vaso sintió un repentino peso en el regazo que le hizo sobresaltarse de sorpresa exclamando un sonido de ciervo. Con un gruñido bajó la mirada para encontrarse con el animal que parecía haberse acurrucado. Esta vez lo tomó él entre sus manos, levantandolo y haciendo que lo mirase a la cara.

    — ¿Qué crees que estás haciendo inútil bola de pelo? —

    Cuestionó como si el animal fuera a responder. Por supuesto, no solo no lo hizo sino que ladeó la cabeza antes de maullar y ronronear. ¿Parecía que estaba sonriendo? En su mente se le vino la imagen de Lucifer.... Era igual de adorable....
    Gruñendo, lo dejó finalmente sobre su regazo. Permitiendo que se acomodara de nuevo mientras él gruñía resignado y su sombra parecía burlarse detrás de él.
    — . . . . — Silencio. Silencio absoluto mientras con la sonrisa plantada en su rostro observaba al animalito. Incluso su sombra emergió a su lado y, juntos, ladearon la cabeza a la vez entrecerrando sus ojos... ¿Sería acaso imaginación suya?... Ni siquiera se molestó en tocarlo. Tan solo usó un tentáculo de sombra para alzarlo y verlo mejor. — Ugh, no tengo tiempo para mascotas — Soltó tan de repente como su forma de dejarlo caer al piso. Pero era un gato, teóricamente debería caer de pie así que no se molestó, dándole la espalda mientras comenzaba a alejarse. ¿Enserio Charlie creía que quería una mascota? Ya tenía una, con una correa muy firme y que era muy obediente a sus órdenes. ¿Para que quería una inútil? Se sentó en un asiento cerca de su tocador donde reposaba una botella de licor, sin embargo cuando estuvo dispuesto a servirse un vaso sintió un repentino peso en el regazo que le hizo sobresaltarse de sorpresa exclamando un sonido de ciervo. Con un gruñido bajó la mirada para encontrarse con el animal que parecía haberse acurrucado. Esta vez lo tomó él entre sus manos, levantandolo y haciendo que lo mirase a la cara. — ¿Qué crees que estás haciendo inútil bola de pelo? — Cuestionó como si el animal fuera a responder. Por supuesto, no solo no lo hizo sino que ladeó la cabeza antes de maullar y ronronear. ¿Parecía que estaba sonriendo? En su mente se le vino la imagen de Lucifer.... Era igual de adorable.... Gruñendo, lo dejó finalmente sobre su regazo. Permitiendo que se acomodara de nuevo mientras él gruñía resignado y su sombra parecía burlarse detrás de él.
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  • Las doradas cadenas envolvieron su cuello así como una serpiente constrictora a su presa, de nuevo su libertad arrebatada por un nuevo contrato pese a que sabía cuánto le había costado romper el que había formado con Rosie. Cuántos años tuvo que soportar el seguir órdenes que no le agradaban, saberse la mascota de alguien más para que, ahora libre, volviera a caer en garras angelicales esta vez.
    Y, sin embargo, en su interior se debatía el por qué aquellas cadenas que lo atrapaban ahora no se sentían tan pesadas como otras que portó. Por qué no las sentía asfixiantes alrededor de su cuello como se suponía debía ser... ¿Realmente había hecho aquello por poder? Tal y como Lucifer le había preguntado... ¿Realmente estaba tan desesperado por mantener lo obtenido como para rebajarse a vender su alma por la eternidad sin oportunidad de retorno está vez? Y aunque mantenía sus orejas abajo y de forma leve su ceño fruncido, cuando su mirada pasó de la cadena dorada a los ojos ajenos la respuesta había llegado tan rápido que incluso lo asustó; sí. Sí lo estaba. Más no estaba desesperado por retener en su alcance el poder que Lucifer le había dado, no, estaba desesperado por mantener al ángel a su lado así él tuviera que rebajarse a no más que cualquier miserable demonio.

    Antes de que su mente pudiera seguir dándole vueltas al asunto, sintió el tirón en su cuello que le hizo agacharse. Una acción que frunció su ceño y casi le arrebató un gruñido de desagrado... Casi. Pues antes de que un sólo sonido pudiera salir de sus labios se encontró silenciado. Sorprendido. De nuevo aquella suavidad de los labios ajenos sobre los suyos que apenas si le dejó abrir sus ojos ampliamente con sorpresa antes de verlo salir corriendo, siguiéndolo con su mirada hasta que desapareció por el balcón.
    Escuchó el aletear de sus alas hasta que el silencio volvió a rodearlo, observando la ventana abierta ya vacía, una suave ventizca que apenas movía las cortinas. Cuando una de sus manos ascendió, acariciando casi imperceptible sus labios de forma inconsciente, su sombra emergió a su lado mirándolo con una sonrisa. Ignorando su presencia y su mirada cuando tras varios minutos de pie en el mismo lugar logró dar un paso, alejándose.
    Sus pasos se sentían pesados ¿O tal vez eran livianos? Una mano en su pecho cuando comenzó a sentir su corazón latir acelerado ¿Por qué pasaba aquello? De nuevo las interrogantes, tal vez incluso la inseguridad o el estrés. Sus manos apoyándose con demasiada brusquedad sobre la superficie de su tocador cuando trastabilló al llegar, su respiración casi acelerada al no conseguir las respuestas a sus preguntas o tal vez no deseando admitirlas. Levantando su mirada, observando su reflejo en el espejo, logró ver el brillo dorado que ahora rodeaba su cuello. Una joyería delicada, preciosa y brillante que contrastaba demasiado con su estilo pero que, ahora, era un vivo recordatorio de a quién pertenecía...

    Una de sus manos se alzó, ascendiendo lentamente hasta que finalmente sus dedos rosaron la serpiente que rodeaba su cuello, acariciando la joyera como si temiera romperla... ¿Temiera romperla? De nuevo su ceño fruncido. ¿Cómo no quería que eso ocurriera? Si después de todo era la prueba de que ahora él no era un alma libre...
    Y su mirada pareció suavizarse, su sombra apareciendo de nuevo a su lado mirándole en silencio en lo que él bajaba su mano para servirse una copa de whisky y beber hasta el fondo antes de volver a ver su reflejo. A su mente llegó de nuevo aquel beso, ambos besos pero sin duda un poco más aquel más reciente. Su mano libre acarició sus propios labios aunque con más seguridad está vez. Sí, ahora le pertenecía a alguien y, aunque lo negara, la idea no le desagradara más no por el hecho de volverse mascota sino más bien por saber en manos de quién estaba... Y con ello también llegó una nueva frustración. Sí, ahora él pertenecía a Lucifer ¿Pero qué había del ángel? Pues él también lo quería en su poder más ya no para someterlo o dañarlo. Ni siquiera para humillarlo.

    La codicia que siempre lo había impulsado, aquella que siempre rugía ambrienta en su alma, de nuevo sintiéndose insatisfecha. Él que todo lo quería aunque todo lo tenía, esta vez anhelaba mucho más de lo que creyó imaginar alguna vez. Quería tener en su poder a Lucifer, quería tenerlo entre sus garras más no se refería a algo carnal.
    Al igual que el soberano tenía su alma, él quería la ajena. Quería su alma, sus pensamientos, su risa, su aliento, sus penas y su alegría... Quería su corazón y sus sentimientos.
    Su mirada brilló de un rojo intenso al ver una vez más su reflejo y su sombra sonrió a su lado. Aún a pesar del orgullo que no le permitía aún admitir una verdad tan cierta como la vida misma, ya tenía una meta que alcanzar pues, determinado, había decidido que quería a Lucifer.
    Las doradas cadenas envolvieron su cuello así como una serpiente constrictora a su presa, de nuevo su libertad arrebatada por un nuevo contrato pese a que sabía cuánto le había costado romper el que había formado con Rosie. Cuántos años tuvo que soportar el seguir órdenes que no le agradaban, saberse la mascota de alguien más para que, ahora libre, volviera a caer en garras angelicales esta vez. Y, sin embargo, en su interior se debatía el por qué aquellas cadenas que lo atrapaban ahora no se sentían tan pesadas como otras que portó. Por qué no las sentía asfixiantes alrededor de su cuello como se suponía debía ser... ¿Realmente había hecho aquello por poder? Tal y como Lucifer le había preguntado... ¿Realmente estaba tan desesperado por mantener lo obtenido como para rebajarse a vender su alma por la eternidad sin oportunidad de retorno está vez? Y aunque mantenía sus orejas abajo y de forma leve su ceño fruncido, cuando su mirada pasó de la cadena dorada a los ojos ajenos la respuesta había llegado tan rápido que incluso lo asustó; sí. Sí lo estaba. Más no estaba desesperado por retener en su alcance el poder que Lucifer le había dado, no, estaba desesperado por mantener al ángel a su lado así él tuviera que rebajarse a no más que cualquier miserable demonio. Antes de que su mente pudiera seguir dándole vueltas al asunto, sintió el tirón en su cuello que le hizo agacharse. Una acción que frunció su ceño y casi le arrebató un gruñido de desagrado... Casi. Pues antes de que un sólo sonido pudiera salir de sus labios se encontró silenciado. Sorprendido. De nuevo aquella suavidad de los labios ajenos sobre los suyos que apenas si le dejó abrir sus ojos ampliamente con sorpresa antes de verlo salir corriendo, siguiéndolo con su mirada hasta que desapareció por el balcón. Escuchó el aletear de sus alas hasta que el silencio volvió a rodearlo, observando la ventana abierta ya vacía, una suave ventizca que apenas movía las cortinas. Cuando una de sus manos ascendió, acariciando casi imperceptible sus labios de forma inconsciente, su sombra emergió a su lado mirándolo con una sonrisa. Ignorando su presencia y su mirada cuando tras varios minutos de pie en el mismo lugar logró dar un paso, alejándose. Sus pasos se sentían pesados ¿O tal vez eran livianos? Una mano en su pecho cuando comenzó a sentir su corazón latir acelerado ¿Por qué pasaba aquello? De nuevo las interrogantes, tal vez incluso la inseguridad o el estrés. Sus manos apoyándose con demasiada brusquedad sobre la superficie de su tocador cuando trastabilló al llegar, su respiración casi acelerada al no conseguir las respuestas a sus preguntas o tal vez no deseando admitirlas. Levantando su mirada, observando su reflejo en el espejo, logró ver el brillo dorado que ahora rodeaba su cuello. Una joyería delicada, preciosa y brillante que contrastaba demasiado con su estilo pero que, ahora, era un vivo recordatorio de a quién pertenecía... Una de sus manos se alzó, ascendiendo lentamente hasta que finalmente sus dedos rosaron la serpiente que rodeaba su cuello, acariciando la joyera como si temiera romperla... ¿Temiera romperla? De nuevo su ceño fruncido. ¿Cómo no quería que eso ocurriera? Si después de todo era la prueba de que ahora él no era un alma libre... Y su mirada pareció suavizarse, su sombra apareciendo de nuevo a su lado mirándole en silencio en lo que él bajaba su mano para servirse una copa de whisky y beber hasta el fondo antes de volver a ver su reflejo. A su mente llegó de nuevo aquel beso, ambos besos pero sin duda un poco más aquel más reciente. Su mano libre acarició sus propios labios aunque con más seguridad está vez. Sí, ahora le pertenecía a alguien y, aunque lo negara, la idea no le desagradara más no por el hecho de volverse mascota sino más bien por saber en manos de quién estaba... Y con ello también llegó una nueva frustración. Sí, ahora él pertenecía a Lucifer ¿Pero qué había del ángel? Pues él también lo quería en su poder más ya no para someterlo o dañarlo. Ni siquiera para humillarlo. La codicia que siempre lo había impulsado, aquella que siempre rugía ambrienta en su alma, de nuevo sintiéndose insatisfecha. Él que todo lo quería aunque todo lo tenía, esta vez anhelaba mucho más de lo que creyó imaginar alguna vez. Quería tener en su poder a Lucifer, quería tenerlo entre sus garras más no se refería a algo carnal. Al igual que el soberano tenía su alma, él quería la ajena. Quería su alma, sus pensamientos, su risa, su aliento, sus penas y su alegría... Quería su corazón y sus sentimientos. Su mirada brilló de un rojo intenso al ver una vez más su reflejo y su sombra sonrió a su lado. Aún a pesar del orgullo que no le permitía aún admitir una verdad tan cierta como la vida misma, ya tenía una meta que alcanzar pues, determinado, había decidido que quería a Lucifer.
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  • Con año nuevo finalizado, no era sino hasta ahora que se cuestionaba por qué demonios había tomado aquella decisión.
    No solo había gastado estúpidamente un favor tan valioso, la deuda del rey para con él, sino que además con el favor cumplido se le había revocado su propia protección. Pues, de desearlo, ahora Lucifer podía matarlo.

    Varias veces dejó que su frente golpeara suavemente la superficie de la barra del bar, haciendo caso omiso al rostro perplejo y confundido que su gato tenía al verle. No le importaba, de todas formas le constaba que no abriría la boca.

    Un beso. Todo tirado por la borda por un simple beso.
    Y aún así, al recordar la expresión de genuina felicidad, aquel suave sonrojo en el rostro de ángel e incluso la pequeña y armoniosa risa; de nuevo aquella extraña sensación en su pecho que le hizo gruñir con frustración. Sus orejas reclinadas hacia atrás.
    Apenas levantó la mirada cuando oyó el sonido de algo resbalar en la superficie de la barra; Husk le había preparado un vaso cargado de una considerable cantidad de whisky de centeno adornado con tres pequeños hielos.

    Con un suspiro cargado con pesadez, apoyó un codo en la barra y dejó el peso de su cabeza fuera sostenido con una mano mientras con la libre jugaba con el licor. Sosteniendo el vaso de vidrio mientras hacia girar los hielos en su interior, su mirada perdida sutilmente en ellos... ¿Realmente se arrepentía?
    La parte lógica, calculadora, estratégica de él decía que sí... Que había sido la decisión más estúpida que alguna vez pudo tomar y ¿Honestamente? Tenía razón.
    Y después estaba su otra parte, una que creyó sellar, dejar a un lado; al desviar la mirada hacia un costado estaba su sombra. Ambos codos sobre la mesada y su mentón entre sus manos mientras lo observaba con una sonrisa divertida pero cómplice. Una sonrisa que le hizo gruñir bajando las orejas tanto como pudo mientras desviaba la mirada y bebía un largo trago de su licor. Allí estaba la otra parte suya, la que no le importaba las consecuencias a futuro y que había disfrutado, por alguna extraña razón, cada segundo de su favor cobrado.
    Con año nuevo finalizado, no era sino hasta ahora que se cuestionaba por qué demonios había tomado aquella decisión. No solo había gastado estúpidamente un favor tan valioso, la deuda del rey para con él, sino que además con el favor cumplido se le había revocado su propia protección. Pues, de desearlo, ahora Lucifer podía matarlo. Varias veces dejó que su frente golpeara suavemente la superficie de la barra del bar, haciendo caso omiso al rostro perplejo y confundido que su gato tenía al verle. No le importaba, de todas formas le constaba que no abriría la boca. Un beso. Todo tirado por la borda por un simple beso. Y aún así, al recordar la expresión de genuina felicidad, aquel suave sonrojo en el rostro de ángel e incluso la pequeña y armoniosa risa; de nuevo aquella extraña sensación en su pecho que le hizo gruñir con frustración. Sus orejas reclinadas hacia atrás. Apenas levantó la mirada cuando oyó el sonido de algo resbalar en la superficie de la barra; Husk le había preparado un vaso cargado de una considerable cantidad de whisky de centeno adornado con tres pequeños hielos. Con un suspiro cargado con pesadez, apoyó un codo en la barra y dejó el peso de su cabeza fuera sostenido con una mano mientras con la libre jugaba con el licor. Sosteniendo el vaso de vidrio mientras hacia girar los hielos en su interior, su mirada perdida sutilmente en ellos... ¿Realmente se arrepentía? La parte lógica, calculadora, estratégica de él decía que sí... Que había sido la decisión más estúpida que alguna vez pudo tomar y ¿Honestamente? Tenía razón. Y después estaba su otra parte, una que creyó sellar, dejar a un lado; al desviar la mirada hacia un costado estaba su sombra. Ambos codos sobre la mesada y su mentón entre sus manos mientras lo observaba con una sonrisa divertida pero cómplice. Una sonrisa que le hizo gruñir bajando las orejas tanto como pudo mientras desviaba la mirada y bebía un largo trago de su licor. Allí estaba la otra parte suya, la que no le importaba las consecuencias a futuro y que había disfrutado, por alguna extraña razón, cada segundo de su favor cobrado.
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  • Los fuegos artificiales resonaban fuera del hotel pero, el interior, resonaba con un sonido completamente distinto. Armonioso, divertido, cómplice... Mientras las celebraciones se llevaban a cabo fuera del edificio, mientras todos gritaban, saltaban y festejaban, el solitario interior sólo dos almas albergaba. Dos almas que tendían a aprovechar cuando los ojos indiscretos no estaban sobre ellos para olvidar las apariencias.

    El suave sonido de un piano se escuchaba acompañado de la elegancia de un violín. Un rey y un pecador que en la soledad habían encontrado una curiosa pero compatible compañía.
    Mientras algunos recibia aquel nuevo año entre besos, abrazos o incluso con explociones coloridas en el cielo, él lo hacía en compañía de un ángel caído cuya luz jamás había perdido ante sus ojos. Un pedazo de paraíso en medio de un desierto devastado. Sus dedos presionando las últimas teclas de la melodía con suave elegancia antes de apartar las manos. Su sombra con una bandeja en mano que había traído para el particular dúo, dos copas; una con whisky otra con un suave vino.
    Levantándose del pequeño asiento del instrumento tomó entre sus manos ambas copas, tendiendole una a S𝖆𝖒𝖆𝖊𝖑 𝕸𝖔𝖗𝖓𝖎𝖓𝖌𝖘𝖙𝖆𝖗

    — Feliz nuevo e infernal año, majestad — Saludó, levantando el vaso en su mano dispuesto a brindar
    Los fuegos artificiales resonaban fuera del hotel pero, el interior, resonaba con un sonido completamente distinto. Armonioso, divertido, cómplice... Mientras las celebraciones se llevaban a cabo fuera del edificio, mientras todos gritaban, saltaban y festejaban, el solitario interior sólo dos almas albergaba. Dos almas que tendían a aprovechar cuando los ojos indiscretos no estaban sobre ellos para olvidar las apariencias. El suave sonido de un piano se escuchaba acompañado de la elegancia de un violín. Un rey y un pecador que en la soledad habían encontrado una curiosa pero compatible compañía. Mientras algunos recibia aquel nuevo año entre besos, abrazos o incluso con explociones coloridas en el cielo, él lo hacía en compañía de un ángel caído cuya luz jamás había perdido ante sus ojos. Un pedazo de paraíso en medio de un desierto devastado. Sus dedos presionando las últimas teclas de la melodía con suave elegancia antes de apartar las manos. Su sombra con una bandeja en mano que había traído para el particular dúo, dos copas; una con whisky otra con un suave vino. Levantándose del pequeño asiento del instrumento tomó entre sus manos ambas copas, tendiendole una a [LuciHe11] — Feliz nuevo e infernal año, majestad — Saludó, levantando el vaso en su mano dispuesto a brindar
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  • "Navidad", una festividad cuyo interés siempre fue nulo aunque, en vida, siempre mantuvo falsas fachadas que hiciera creer al resto que el espíritu navideño lo llenaba tanto como al resto. Aunque su espíritu navideño acabase en cenarse a un desgraciado como cena en la nochebuena... Claro, siempre y cuando no estuviese en algún evento social.
    Incluso ahora, su habitación carecía de aquel espíritu de navidad que parecía haber poseído el hotel.
    Árbol de navidad, bastoncillos de caramelo, luces y otras decoraciones demasiado alegres que sólo podían coincidir con la ingenua alegría positiva de la princesa del infierno.

    Como no podía ser de otra forma, todos yacían reunidos en el hall mientras él observaba todo desde distancia calculada. Arriba en lo alto de las escaleras, en el pequeño balconcillo que separaba ambas escalinatas.
    Su mirada se paseó entre los huéspedes del hotel que reían y charlaban animadamente. Tan sólo los mismos de siempre; su mascota con aquella araña con la que había decidido enroscarse y las dos pequeñas criaturas que tal vez fueran lo único que le causaran ternura... Y tal vez que pudieran generar en él un aprecio similar como el que tenía por Niffty. Por supuesto, esta última demasiado unida al enano pez que en el último tiempo se le había acercado demasiado.
    Charlie con su insoportable novia... Incluso la mujer explosiva.
    Su mirada paseó por todos ellos y, más allá, por fin encontró a alguien interesante; solo, para variar.

    En un pequeño rincón junto al árbol navideño y la chimenea encendida, un poco más lejos del barullo del bar donde todos se encontraban distraídos, un rey solitario que, irónicamente, él siempre andaba rondando. S𝖆𝖒𝖆𝖊𝖑 𝕸𝖔𝖗𝖓𝖎𝖓𝖌𝖘𝖙𝖆𝖗 , si más ni menos.
    Desapareció entre las sombras, justo antes de aparecer detrás de él.

    — ¿Acaso el espíritu navideño lo abandonó? — Resonó su voz burlona para hacerle percatarse de su presencia.

    Una amplia sonrisa divertida mientras se apoyaba levemente en el cabezal del sillón individual. -¿Necesita ayuda para recuperar un poco de su alegría navideña? - Continuó molestándolo... O tal vez no.
    Un pequeño tentáculo de sombra había emergido desde el costado de ambos. En su punta sosteniendo un pequeño racimo de muérdago que había arrancado de algún lado al escabullirse entre las sombras hasta llegar donde él y que ahora sostenía justo sobre sus cabezas.
    Su mirada en ningún momento apartándose del rostro del rey, la sonrisa incluso ampliándose cuando el otro se percatara de la pequeña planta sobre él. Y tan solo para que no tuviera excusas porque los terceros los vieran, su sombra siempre cómplice, disimuladamente se había encargado de derribar adrede varias copas de licor dispuestas sobre la barra para que cayeran sobre su mascota. Por supuesto, su sombra se había encargado de desaparecer antes de siquiera ser notada; tan solo un pequeño accidente que atraería las miradas confundidas y sorprendidas de todos para que no se percataran de lo que en una esquina más alejada sucedía.
    "Navidad", una festividad cuyo interés siempre fue nulo aunque, en vida, siempre mantuvo falsas fachadas que hiciera creer al resto que el espíritu navideño lo llenaba tanto como al resto. Aunque su espíritu navideño acabase en cenarse a un desgraciado como cena en la nochebuena... Claro, siempre y cuando no estuviese en algún evento social. Incluso ahora, su habitación carecía de aquel espíritu de navidad que parecía haber poseído el hotel. Árbol de navidad, bastoncillos de caramelo, luces y otras decoraciones demasiado alegres que sólo podían coincidir con la ingenua alegría positiva de la princesa del infierno. Como no podía ser de otra forma, todos yacían reunidos en el hall mientras él observaba todo desde distancia calculada. Arriba en lo alto de las escaleras, en el pequeño balconcillo que separaba ambas escalinatas. Su mirada se paseó entre los huéspedes del hotel que reían y charlaban animadamente. Tan sólo los mismos de siempre; su mascota con aquella araña con la que había decidido enroscarse y las dos pequeñas criaturas que tal vez fueran lo único que le causaran ternura... Y tal vez que pudieran generar en él un aprecio similar como el que tenía por Niffty. Por supuesto, esta última demasiado unida al enano pez que en el último tiempo se le había acercado demasiado. Charlie con su insoportable novia... Incluso la mujer explosiva. Su mirada paseó por todos ellos y, más allá, por fin encontró a alguien interesante; solo, para variar. En un pequeño rincón junto al árbol navideño y la chimenea encendida, un poco más lejos del barullo del bar donde todos se encontraban distraídos, un rey solitario que, irónicamente, él siempre andaba rondando. [LuciHe11] , si más ni menos. Desapareció entre las sombras, justo antes de aparecer detrás de él. — ¿Acaso el espíritu navideño lo abandonó? — Resonó su voz burlona para hacerle percatarse de su presencia. Una amplia sonrisa divertida mientras se apoyaba levemente en el cabezal del sillón individual. -¿Necesita ayuda para recuperar un poco de su alegría navideña? - Continuó molestándolo... O tal vez no. Un pequeño tentáculo de sombra había emergido desde el costado de ambos. En su punta sosteniendo un pequeño racimo de muérdago que había arrancado de algún lado al escabullirse entre las sombras hasta llegar donde él y que ahora sostenía justo sobre sus cabezas. Su mirada en ningún momento apartándose del rostro del rey, la sonrisa incluso ampliándose cuando el otro se percatara de la pequeña planta sobre él. Y tan solo para que no tuviera excusas porque los terceros los vieran, su sombra siempre cómplice, disimuladamente se había encargado de derribar adrede varias copas de licor dispuestas sobre la barra para que cayeran sobre su mascota. Por supuesto, su sombra se había encargado de desaparecer antes de siquiera ser notada; tan solo un pequeño accidente que atraería las miradas confundidas y sorprendidas de todos para que no se percataran de lo que en una esquina más alejada sucedía.
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