- FICROL
- Inicio
- ROLEPLAY
- Artículos
- Starters
- Sagas
- Clasificados
- EXPLORAR
- Bola de Cristal
- Grupos
- Fanpages
- Eventos
- Foros
This face we m̶̦͙̣̯͌̐̀̒͝ͅa̶̠̤̼̪̥͉̪͍̠͂͌͘d̶̺̗̺̿͆e̸̠͓̐̔̃̄́̀̃̏̿ ̵̛̰̬͊͐̋͐̿̄͊̕̕ͅf̷̱͉̮̳̟̱̬͆̚ö̶̡̦̲͎̫̱͖́͐̈́͌̊̂̀͒́͘r̵̰̲͉͈̘̞̎͝ ̸͛̑͗̔̎͜͝R̷̻̲̻̙̹̽̔̐͂́͊̋͝ͅa̷͔͖̗͈̾̉̑d̵̼̗͈̝̟͓̖̼̗̯̈̎̀͑̀̑̒͘i̴͕̝̼̩̳̪̯̇̾̂̄͒̇͊̕͘õ̵͕̆̒̏͂̐͗͠ͅ
- Género Masculino
- Raza Demonio
- Fandom Hazbin Hotel
- Overlord
- Soltero(a)
- Cumpleaños 1 de enero
- 18 Publicaciones
- 20 Escenas
- Se unió en noviembre 2025
- 36 Visitas perfil
- Tipo de personaje
2D
- Los fuegos artificiales resonaban fuera del hotel pero, el interior, resonaba con un sonido completamente distinto. Armonioso, divertido, cómplice... Mientras las celebraciones se llevaban a cabo fuera del edificio, mientras todos gritaban, saltaban y festejaban, el solitario interior sólo dos almas albergaba. Dos almas que tendían a aprovechar cuando los ojos indiscretos no estaban sobre ellos para olvidar las apariencias.
El suave sonido de un piano se escuchaba acompañado de la elegancia de un violín. Un rey y un pecador que en la soledad habían encontrado una curiosa pero compatible compañía.
Mientras algunos recibia aquel nuevo año entre besos, abrazos o incluso con explociones coloridas en el cielo, él lo hacía en compañía de un ángel caído cuya luz jamás había perdido ante sus ojos. Un pedazo de paraíso en medio de un desierto devastado. Sus dedos presionando las últimas teclas de la melodía con suave elegancia antes de apartar las manos. Su sombra con una bandeja en mano que había traído para el particular dúo, dos copas; una con whisky otra con un suave vino.
Levantándose del pequeño asiento del instrumento tomó entre sus manos ambas copas, tendiendole una a Lucifer 𝕾𝖆𝖒𝖆𝖊𝖑 𝕸𝖔𝖗𝖓𝖎𝖓𝖌𝖘𝖙𝖆𝖗
— Feliz nuevo e infernal año, majestad — Saludó, levantando el vaso en su mano dispuesto a brindarLos fuegos artificiales resonaban fuera del hotel pero, el interior, resonaba con un sonido completamente distinto. Armonioso, divertido, cómplice... Mientras las celebraciones se llevaban a cabo fuera del edificio, mientras todos gritaban, saltaban y festejaban, el solitario interior sólo dos almas albergaba. Dos almas que tendían a aprovechar cuando los ojos indiscretos no estaban sobre ellos para olvidar las apariencias. El suave sonido de un piano se escuchaba acompañado de la elegancia de un violín. Un rey y un pecador que en la soledad habían encontrado una curiosa pero compatible compañía. Mientras algunos recibia aquel nuevo año entre besos, abrazos o incluso con explociones coloridas en el cielo, él lo hacía en compañía de un ángel caído cuya luz jamás había perdido ante sus ojos. Un pedazo de paraíso en medio de un desierto devastado. Sus dedos presionando las últimas teclas de la melodía con suave elegancia antes de apartar las manos. Su sombra con una bandeja en mano que había traído para el particular dúo, dos copas; una con whisky otra con un suave vino. Levantándose del pequeño asiento del instrumento tomó entre sus manos ambas copas, tendiendole una a [LuciHe11] — Feliz nuevo e infernal año, majestad — Saludó, levantando el vaso en su mano dispuesto a brindar2 turnos 0 maullidos2
¡Inicia sesión para reaccionar, comentar y compartir! - "Navidad", una festividad cuyo interés siempre fue nulo aunque, en vida, siempre mantuvo falsas fachadas que hiciera creer al resto que el espíritu navideño lo llenaba tanto como al resto. Aunque su espíritu navideño acabase en cenarse a un desgraciado como cena en la nochebuena... Claro, siempre y cuando no estuviese en algún evento social.
Incluso ahora, su habitación carecía de aquel espíritu de navidad que parecía haber poseído el hotel.
Árbol de navidad, bastoncillos de caramelo, luces y otras decoraciones demasiado alegres que sólo podían coincidir con la ingenua alegría positiva de la princesa del infierno.
Como no podía ser de otra forma, todos yacían reunidos en el hall mientras él observaba todo desde distancia calculada. Arriba en lo alto de las escaleras, en el pequeño balconcillo que separaba ambas escalinatas.
Su mirada se paseó entre los huéspedes del hotel que reían y charlaban animadamente. Tan sólo los mismos de siempre; su mascota con aquella araña con la que había decidido enroscarse y las dos pequeñas criaturas que tal vez fueran lo único que le causaran ternura... Y tal vez que pudieran generar en él un aprecio similar como el que tenía por Niffty. Por supuesto, esta última demasiado unida al enano pez que en el último tiempo se le había acercado demasiado.
Charlie con su insoportable novia... Incluso la mujer explosiva.
Su mirada paseó por todos ellos y, más allá, por fin encontró a alguien interesante; solo, para variar.
En un pequeño rincón junto al árbol navideño y la chimenea encendida, un poco más lejos del barullo del bar donde todos se encontraban distraídos, un rey solitario que, irónicamente, él siempre andaba rondando. Lucifer 𝕾𝖆𝖒𝖆𝖊𝖑 𝕸𝖔𝖗𝖓𝖎𝖓𝖌𝖘𝖙𝖆𝖗 , si más ni menos.
Desapareció entre las sombras, justo antes de aparecer detrás de él.
— ¿Acaso el espíritu navideño lo abandonó? — Resonó su voz burlona para hacerle percatarse de su presencia.
Una amplia sonrisa divertida mientras se apoyaba levemente en el cabezal del sillón individual. -¿Necesita ayuda para recuperar un poco de su alegría navideña? - Continuó molestándolo... O tal vez no.
Un pequeño tentáculo de sombra había emergido desde el costado de ambos. En su punta sosteniendo un pequeño racimo de muérdago que había arrancado de algún lado al escabullirse entre las sombras hasta llegar donde él y que ahora sostenía justo sobre sus cabezas.
Su mirada en ningún momento apartándose del rostro del rey, la sonrisa incluso ampliándose cuando el otro se percatara de la pequeña planta sobre él. Y tan solo para que no tuviera excusas porque los terceros los vieran, su sombra siempre cómplice, disimuladamente se había encargado de derribar adrede varias copas de licor dispuestas sobre la barra para que cayeran sobre su mascota. Por supuesto, su sombra se había encargado de desaparecer antes de siquiera ser notada; tan solo un pequeño accidente que atraería las miradas confundidas y sorprendidas de todos para que no se percataran de lo que en una esquina más alejada sucedía."Navidad", una festividad cuyo interés siempre fue nulo aunque, en vida, siempre mantuvo falsas fachadas que hiciera creer al resto que el espíritu navideño lo llenaba tanto como al resto. Aunque su espíritu navideño acabase en cenarse a un desgraciado como cena en la nochebuena... Claro, siempre y cuando no estuviese en algún evento social. Incluso ahora, su habitación carecía de aquel espíritu de navidad que parecía haber poseído el hotel. Árbol de navidad, bastoncillos de caramelo, luces y otras decoraciones demasiado alegres que sólo podían coincidir con la ingenua alegría positiva de la princesa del infierno. Como no podía ser de otra forma, todos yacían reunidos en el hall mientras él observaba todo desde distancia calculada. Arriba en lo alto de las escaleras, en el pequeño balconcillo que separaba ambas escalinatas. Su mirada se paseó entre los huéspedes del hotel que reían y charlaban animadamente. Tan sólo los mismos de siempre; su mascota con aquella araña con la que había decidido enroscarse y las dos pequeñas criaturas que tal vez fueran lo único que le causaran ternura... Y tal vez que pudieran generar en él un aprecio similar como el que tenía por Niffty. Por supuesto, esta última demasiado unida al enano pez que en el último tiempo se le había acercado demasiado. Charlie con su insoportable novia... Incluso la mujer explosiva. Su mirada paseó por todos ellos y, más allá, por fin encontró a alguien interesante; solo, para variar. En un pequeño rincón junto al árbol navideño y la chimenea encendida, un poco más lejos del barullo del bar donde todos se encontraban distraídos, un rey solitario que, irónicamente, él siempre andaba rondando. [LuciHe11] , si más ni menos. Desapareció entre las sombras, justo antes de aparecer detrás de él. — ¿Acaso el espíritu navideño lo abandonó? — Resonó su voz burlona para hacerle percatarse de su presencia. Una amplia sonrisa divertida mientras se apoyaba levemente en el cabezal del sillón individual. -¿Necesita ayuda para recuperar un poco de su alegría navideña? - Continuó molestándolo... O tal vez no. Un pequeño tentáculo de sombra había emergido desde el costado de ambos. En su punta sosteniendo un pequeño racimo de muérdago que había arrancado de algún lado al escabullirse entre las sombras hasta llegar donde él y que ahora sostenía justo sobre sus cabezas. Su mirada en ningún momento apartándose del rostro del rey, la sonrisa incluso ampliándose cuando el otro se percatara de la pequeña planta sobre él. Y tan solo para que no tuviera excusas porque los terceros los vieran, su sombra siempre cómplice, disimuladamente se había encargado de derribar adrede varias copas de licor dispuestas sobre la barra para que cayeran sobre su mascota. Por supuesto, su sombra se había encargado de desaparecer antes de siquiera ser notada; tan solo un pequeño accidente que atraería las miradas confundidas y sorprendidas de todos para que no se percataran de lo que en una esquina más alejada sucedía.13 turnos 0 maullidos1
- Ciudad pentagrama se sintió más lúgubre de lo habitual. Aquella escalofriante sensación que producía la paranoia de sentirse observado aún si al darte la vuelta nada encontrabas, un escalofrío, un sentimiento, que cada alma putrefacta de aquel basurero que llamaban infierno sintió en aquel momento. Aunque no estaban equivocados. Pues mientras no eran observadas las sombras se movían, se reían y volvían a escabullirse entre oscuros callejones.
La ciudad entera en la que todos los pecadores habitada se habían visto repentinamente invadidos por las sombras escurridizas, títeres de su amo que, calmadamente, aguantaba desde su morada por la obtención de Información que tanto buscaba. Una ubicación. Un lugar. Un ángel que hacía mucho había allí caído y ahora, sabedor de sus debilidades, tenía casi a su merced.
Lucifer no podía estar muy lejos. No debía estario. No después de haberlo provocado de aquella forma hasta el punto de hacerlo arrastrarse como lombriz y es que, aunque le constaba que había usado sus alas para escapar, dudaba que tuviera la fuerza suficiente como para poder huir hasta algún otro anillo al cual él no podría acceder. Sin mencionar a Charlie y su hotel. Amaba demasiado a la absurdamente positiva de su hija como para dejarla atrás sólo porque él le había tocado el nervio.
Aún se encontraba de pie frente al gran ventanal de su estación de radio, erguido, estoico. Con sus manos detrás de la espalda mientras esperaba novedades. Algo por lo que no debió esperar demasiado tiempo.
Escurridizas, silenciosas y cautelosas. Tan discretas que más allá de la sensación de ser observados eran prácticamente imperceptibles, sus sombras volvieron a aparecer detrás de él
—¿Y bien?— Cuestionó sin mirar, su vista aún perdida en la vasta ciudad que, ahora sabía, estaba destruida en comparación a sus inicios. Silencio, un silencio que, salvo él, nadie hubiese comprendido. Y es que él no necesitaba palabras para entender. Su sombra asomándose desde un costado suyo a lo que él desvió la mirada para observarle de reojo, aún sin moverse de su posición.
La sombra sonrió victoriosa, tendiéndole con una mano una blanca pluma que tanto contrarrestaba con el ambiente oscuro y pesado que él mismo generaba. Una luz en medio de la oscuridad parecía simular aquella blanquecina plumilla. Extendió una mano, tomándola, llevándola a sus labios y apoyándola con satisfecha sonrisa.
La penumbra desapareció tan de repente como él al escabullirse entre las sombras, fundiéndose en ellas y desapareciendo de la vista de cualquiera. Viajando por el infierno de una forma que nadie podría percatarse de su presencia a menos que así lo deseara, tan solo emergiendo por un momento, de pie, delante de un edificio. Un palacio. Una risa suave, grave, maliciosa, emanando desde lo profundo de su pecho.
—Ni creas que terminé contigo, pequeño ángel — Se aseguró a sí mismo, volviendo a escabullirse entre las sombras mientras se colaba entre los muros del palacio, un hogar y de Lucifer 𝕾𝖆𝖒𝖆𝖊𝖑 𝕸𝖔𝖗𝖓𝖎𝖓𝖌𝖘𝖙𝖆𝖗 ni más ni menos.
Ahora habiendo conocido la manzana de la tentación, estaba negado a no probar su dulzura. A no morder el fruto y embriagarse con su sabor quién sabía si incluso más adictivo que la came humana que él por mucho había consumido. Pero no iba a quedarse con la intriga ni tampoco con los deseos de volver a someter a quien se decía intocable, de volverlo suyo de maneras que, hasta entonces, jamás imaginó. De romper aquel espíritu combativo, quebrar su orgullo, y, por la fuerza de ser necesario, quien por fin obtuviera el control de absolutamente todo.Ciudad pentagrama se sintió más lúgubre de lo habitual. Aquella escalofriante sensación que producía la paranoia de sentirse observado aún si al darte la vuelta nada encontrabas, un escalofrío, un sentimiento, que cada alma putrefacta de aquel basurero que llamaban infierno sintió en aquel momento. Aunque no estaban equivocados. Pues mientras no eran observadas las sombras se movían, se reían y volvían a escabullirse entre oscuros callejones. La ciudad entera en la que todos los pecadores habitada se habían visto repentinamente invadidos por las sombras escurridizas, títeres de su amo que, calmadamente, aguantaba desde su morada por la obtención de Información que tanto buscaba. Una ubicación. Un lugar. Un ángel que hacía mucho había allí caído y ahora, sabedor de sus debilidades, tenía casi a su merced. Lucifer no podía estar muy lejos. No debía estario. No después de haberlo provocado de aquella forma hasta el punto de hacerlo arrastrarse como lombriz y es que, aunque le constaba que había usado sus alas para escapar, dudaba que tuviera la fuerza suficiente como para poder huir hasta algún otro anillo al cual él no podría acceder. Sin mencionar a Charlie y su hotel. Amaba demasiado a la absurdamente positiva de su hija como para dejarla atrás sólo porque él le había tocado el nervio. Aún se encontraba de pie frente al gran ventanal de su estación de radio, erguido, estoico. Con sus manos detrás de la espalda mientras esperaba novedades. Algo por lo que no debió esperar demasiado tiempo. Escurridizas, silenciosas y cautelosas. Tan discretas que más allá de la sensación de ser observados eran prácticamente imperceptibles, sus sombras volvieron a aparecer detrás de él —¿Y bien?— Cuestionó sin mirar, su vista aún perdida en la vasta ciudad que, ahora sabía, estaba destruida en comparación a sus inicios. Silencio, un silencio que, salvo él, nadie hubiese comprendido. Y es que él no necesitaba palabras para entender. Su sombra asomándose desde un costado suyo a lo que él desvió la mirada para observarle de reojo, aún sin moverse de su posición. La sombra sonrió victoriosa, tendiéndole con una mano una blanca pluma que tanto contrarrestaba con el ambiente oscuro y pesado que él mismo generaba. Una luz en medio de la oscuridad parecía simular aquella blanquecina plumilla. Extendió una mano, tomándola, llevándola a sus labios y apoyándola con satisfecha sonrisa. La penumbra desapareció tan de repente como él al escabullirse entre las sombras, fundiéndose en ellas y desapareciendo de la vista de cualquiera. Viajando por el infierno de una forma que nadie podría percatarse de su presencia a menos que así lo deseara, tan solo emergiendo por un momento, de pie, delante de un edificio. Un palacio. Una risa suave, grave, maliciosa, emanando desde lo profundo de su pecho. —Ni creas que terminé contigo, pequeño ángel — Se aseguró a sí mismo, volviendo a escabullirse entre las sombras mientras se colaba entre los muros del palacio, un hogar y de [LuciHe11] ni más ni menos. Ahora habiendo conocido la manzana de la tentación, estaba negado a no probar su dulzura. A no morder el fruto y embriagarse con su sabor quién sabía si incluso más adictivo que la came humana que él por mucho había consumido. Pero no iba a quedarse con la intriga ni tampoco con los deseos de volver a someter a quien se decía intocable, de volverlo suyo de maneras que, hasta entonces, jamás imaginó. De romper aquel espíritu combativo, quebrar su orgullo, y, por la fuerza de ser necesario, quien por fin obtuviera el control de absolutamente todo.26 turnos 0 maullidos - El bar, al igual que el hall del hotel, quedaron en absoluto silencio tras la partida de Lucifer. Sólo el tintinear de los hielos contra el vidrio del vaso era audible cuando él jugaba con el mismo entre sus manos.
Aún sentado en el taburete de aquel bar tan desolado como el hotel, había su brazo libre en la barra y recargado su rostro en su mano mientras, distraídamente, observaba el licor a medio beber en el vaso. El líquido ondeaba en círculos paralelos a los movimientos que él hacía con el recipiente en su mano. Suspiró sin darse cuenta. Su mente divagando más allá del presente. Hacia el pasado, pero no uno muy lejano. Tan solo hacía unos minutos atrás ¿Quién sabía si menos?
Sin embargo, pronto su mente terminó recordando la melodía de un violín. El canto angelical que acompañaba una suave melodía tocada a dueto por dos armoniosos instrumentos. Un brillo dorado que había acabado por iluminar el ambiente incluso más que cualquier luz que pudo alguna vez haber visto.
— Mmm mmm... — Pronto se encontró a sí mismo tarareando, aunque tal vez no fue del todo consciente que lo hacía. Su sombra bajo sus pies, escurriéndose en la pared a su lado, observándolo con expresión confundida y ladeando la cabeza. Intentando verle a los ojos pero él no parecía notario. Su mirada en el licor que todavía hacía girar en su vaso mientras observaba sin mirar. Su mente divagando más allá.
La sombra insistió, pasando a estar frente a él, incluso una mano agitó en sus narices pero, otra vez él no lo notó. O tal vez sí esta segunda vez pero no le importó. Apoyó el vaso en la barra y, sin levantarse, le dio la espalda para apoyarse sutilmente en la misma. Su mirada ahora perdida en el piano y sus oídos parecieron reproducir la suave melodía. Por un momento incluso sus ojos lo engañaron con la ilusión de la magia sucedida alrededor del instrumento.
Apoyando un brazo en la barra y recargando su rostro en el piano, volvió a pensar en silencio.
Volvió a recordar y, poco después, dejó escapar una suave risa silenciosa.
— My radiant beam in the night
I don't need no light to see you
Shine
It's your golden hour (oh)
You slow down tiilime
In your golden hour (oh) —
Comenzó a tararear en voz baja de forma distraída con suave sonrisa.El bar, al igual que el hall del hotel, quedaron en absoluto silencio tras la partida de Lucifer. Sólo el tintinear de los hielos contra el vidrio del vaso era audible cuando él jugaba con el mismo entre sus manos. Aún sentado en el taburete de aquel bar tan desolado como el hotel, había su brazo libre en la barra y recargado su rostro en su mano mientras, distraídamente, observaba el licor a medio beber en el vaso. El líquido ondeaba en círculos paralelos a los movimientos que él hacía con el recipiente en su mano. Suspiró sin darse cuenta. Su mente divagando más allá del presente. Hacia el pasado, pero no uno muy lejano. Tan solo hacía unos minutos atrás ¿Quién sabía si menos? Sin embargo, pronto su mente terminó recordando la melodía de un violín. El canto angelical que acompañaba una suave melodía tocada a dueto por dos armoniosos instrumentos. Un brillo dorado que había acabado por iluminar el ambiente incluso más que cualquier luz que pudo alguna vez haber visto. — Mmm mmm... — Pronto se encontró a sí mismo tarareando, aunque tal vez no fue del todo consciente que lo hacía. Su sombra bajo sus pies, escurriéndose en la pared a su lado, observándolo con expresión confundida y ladeando la cabeza. Intentando verle a los ojos pero él no parecía notario. Su mirada en el licor que todavía hacía girar en su vaso mientras observaba sin mirar. Su mente divagando más allá. La sombra insistió, pasando a estar frente a él, incluso una mano agitó en sus narices pero, otra vez él no lo notó. O tal vez sí esta segunda vez pero no le importó. Apoyó el vaso en la barra y, sin levantarse, le dio la espalda para apoyarse sutilmente en la misma. Su mirada ahora perdida en el piano y sus oídos parecieron reproducir la suave melodía. Por un momento incluso sus ojos lo engañaron con la ilusión de la magia sucedida alrededor del instrumento. Apoyando un brazo en la barra y recargando su rostro en el piano, volvió a pensar en silencio. Volvió a recordar y, poco después, dejó escapar una suave risa silenciosa. — My radiant beam in the night I don't need no light to see you Shine It's your golden hour (oh) You slow down tiilime In your golden hour (oh) — Comenzó a tararear en voz baja de forma distraída con suave sonrisa.0 turnos 0 maullidos3
- Apareció aunque de forma distraída esta vez, casi pensativo pero no de forma habitual.
Aún con el bar vacío (y esta vez poco le importaba que Husk no estuviese) fue su sombra quien del otro lado de la barra le sirvió un vaso con whisky de centeno con hielos. Agarró el vaso con una mano y lo balanceó mirando los hielos girar en su interior, alejándose con tranquilo andar hasta reparar en el piano. Su piano en realidad.
Una idea cruzó su mente y esta vez se resignó a ella. Acercándose al instrumento, bebió un trago del licor antes de dejar el vaso a un lado, tomando asiento y acomodando sus dedos de forma grácil sobre el teclado.
Inhaló y exhaló a la vez que sus dedos presionaban las teclas. La música comenzando a emerger de forma suave, armoniosa. Tanto como quién había escuchado cantar esa melodía.
Pero ¿Quien sabía realmente por qué había elegido tocar esa canción? Y de todas formas él tampoco lo diría en voz alta.
https://youtu.be/elzYMJAwtF8?si=DJS55LDkveo9aLflApareció aunque de forma distraída esta vez, casi pensativo pero no de forma habitual. Aún con el bar vacío (y esta vez poco le importaba que Husk no estuviese) fue su sombra quien del otro lado de la barra le sirvió un vaso con whisky de centeno con hielos. Agarró el vaso con una mano y lo balanceó mirando los hielos girar en su interior, alejándose con tranquilo andar hasta reparar en el piano. Su piano en realidad. Una idea cruzó su mente y esta vez se resignó a ella. Acercándose al instrumento, bebió un trago del licor antes de dejar el vaso a un lado, tomando asiento y acomodando sus dedos de forma grácil sobre el teclado. Inhaló y exhaló a la vez que sus dedos presionaban las teclas. La música comenzando a emerger de forma suave, armoniosa. Tanto como quién había escuchado cantar esa melodía. Pero ¿Quien sabía realmente por qué había elegido tocar esa canción? Y de todas formas él tampoco lo diría en voz alta. https://youtu.be/elzYMJAwtF8?si=DJS55LDkveo9aLfl33 turnos 0 maullidos
3
- Emergió en su habitación directo desde las sombras. Sus piernas le fallaron por un momento pero llegó a sostenerse a tiempo de su tocador. ¿Qué demonios había sido todo eso?
Enseguida se apresuró a servirse un vaso de whisky y rebuscó entre sus cosas hasta dar con sus cigarrillos. Tomó uno llevándoselo a los labios y lo prendió dando una profunda calada antes de exhalar el humo, de espaldas al tocador y apoyándose en él.
Levantó la cabeza al exhalar, observando el humo del cigarro en el aire.
Intentaba no pensar en la forma en la que Lucifer se había atrevido a tocar sus orejas, de tan solo hacerlo sentía su orgullo un poco más roto. Incluso se aferró con un poco más de fuerza al cigarrillo entre sus dedosz volviendo a llevarlo a sus labios para dar otra profunda calada.
Volteó, exhalando y con la misma mano agarró el vaso que previamente había servido con el fuerte licor, bebiendo todo su contenido de una vez. Suspirando al acabar antes de dejar el vaso vacío a un lado.
Miró su reflejo en el espejo, sus orejas abajo. Verlas le hizo gruñir. Odiaba las nuevas debilidades obtenidas en aquella forma demoníaca.
Sin embargo, también alzó una ceja. Llevándose con más calma el cigarrillo a los labios al recordar la expresión de Lucifer. Eso había sido nuevo. Repugnante pero casi interesante.
Comenzaba a sospechar que su pequeña debilidad era mucho más de lo que aparentaba y, aunque no era un área que le gustara explorar, tal vez le mantuviera un ojo encima con mayor interésEmergió en su habitación directo desde las sombras. Sus piernas le fallaron por un momento pero llegó a sostenerse a tiempo de su tocador. ¿Qué demonios había sido todo eso? Enseguida se apresuró a servirse un vaso de whisky y rebuscó entre sus cosas hasta dar con sus cigarrillos. Tomó uno llevándoselo a los labios y lo prendió dando una profunda calada antes de exhalar el humo, de espaldas al tocador y apoyándose en él. Levantó la cabeza al exhalar, observando el humo del cigarro en el aire. Intentaba no pensar en la forma en la que Lucifer se había atrevido a tocar sus orejas, de tan solo hacerlo sentía su orgullo un poco más roto. Incluso se aferró con un poco más de fuerza al cigarrillo entre sus dedosz volviendo a llevarlo a sus labios para dar otra profunda calada. Volteó, exhalando y con la misma mano agarró el vaso que previamente había servido con el fuerte licor, bebiendo todo su contenido de una vez. Suspirando al acabar antes de dejar el vaso vacío a un lado. Miró su reflejo en el espejo, sus orejas abajo. Verlas le hizo gruñir. Odiaba las nuevas debilidades obtenidas en aquella forma demoníaca. Sin embargo, también alzó una ceja. Llevándose con más calma el cigarrillo a los labios al recordar la expresión de Lucifer. Eso había sido nuevo. Repugnante pero casi interesante. Comenzaba a sospechar que su pequeña debilidad era mucho más de lo que aparentaba y, aunque no era un área que le gustara explorar, tal vez le mantuviera un ojo encima con mayor interés7 turnos 0 maullidos1
Ver más…
© 2026 FicRol