El teléfono sonó mientras su móvil se sacudía ante la vibración. No era la primera vez y sabía que tampoco sería la última. Apenas si miró la pantalla de su celular para verificar de cuál de sus dos posibles remitentes sería aunque no demoró demasiado en descifrarlo.
Desvió su atención de la pantalla esperando a que por sí sola cortara mientras ella volvía a enfocarse en su taza de té. Tomando la taza con elegante cuidado para beber un sorbo de su contenido en lo que el celular dejaba de sonar.

Sabía que minutos más tarde un mensaje sobre un nuevo buzón de voz le llegaría. Probablemente con un contenido similar a todos los anteriores que había escuchado.
Dejó escapar un suspiro cuando bajó la taza, apoyándola en el posavasos antes de tomar su celular. Marcó el buzón de voz y dejó el móvil a un lado, comenzando a escuchar los mensajes de voz sin escuchar en lo que tomaba uno de los tantos bocadillos de la mesa.
Tranquila, serena, apacible. Nada podía perturbarle la paz conseguida.... ¿Verdad? Y es que el bocadillo quedó a medio camino, sin encontrar sus labios, cuando escuchó en el mensaje de su hija oír sobre la redención. No era la primera vez que lo oía, claro, pues ya hasta el hartazgo había tenido que escuchar en innumerables mensajes respecto al hotel que su hija había fundado. Una idea que, creyó, por su carencia de realismo Charlie pronto desistiría... Pero fue ingenuo de su parte el haberse confiado.

El primer redimido. Por primera vez desde la creación de absolutamente todo un alma había logrado ascender.
Su mano con el bocadillo descendió y sus labios se apretaron, cortando el mensaje de voz aún sin acabar de ser escuchado. Levantándose de su asiento antes de tomar su móvil.
Suponía que, sus vacaciones y sus propias ambiciones, debían de tomarse un pequeño receso para solucionar ciertos problemas antes de que empeorasen.
El teléfono sonó mientras su móvil se sacudía ante la vibración. No era la primera vez y sabía que tampoco sería la última. Apenas si miró la pantalla de su celular para verificar de cuál de sus dos posibles remitentes sería aunque no demoró demasiado en descifrarlo. Desvió su atención de la pantalla esperando a que por sí sola cortara mientras ella volvía a enfocarse en su taza de té. Tomando la taza con elegante cuidado para beber un sorbo de su contenido en lo que el celular dejaba de sonar. Sabía que minutos más tarde un mensaje sobre un nuevo buzón de voz le llegaría. Probablemente con un contenido similar a todos los anteriores que había escuchado. Dejó escapar un suspiro cuando bajó la taza, apoyándola en el posavasos antes de tomar su celular. Marcó el buzón de voz y dejó el móvil a un lado, comenzando a escuchar los mensajes de voz sin escuchar en lo que tomaba uno de los tantos bocadillos de la mesa. Tranquila, serena, apacible. Nada podía perturbarle la paz conseguida.... ¿Verdad? Y es que el bocadillo quedó a medio camino, sin encontrar sus labios, cuando escuchó en el mensaje de su hija oír sobre la redención. No era la primera vez que lo oía, claro, pues ya hasta el hartazgo había tenido que escuchar en innumerables mensajes respecto al hotel que su hija había fundado. Una idea que, creyó, por su carencia de realismo Charlie pronto desistiría... Pero fue ingenuo de su parte el haberse confiado. El primer redimido. Por primera vez desde la creación de absolutamente todo un alma había logrado ascender. Su mano con el bocadillo descendió y sus labios se apretaron, cortando el mensaje de voz aún sin acabar de ser escuchado. Levantándose de su asiento antes de tomar su móvil. Suponía que, sus vacaciones y sus propias ambiciones, debían de tomarse un pequeño receso para solucionar ciertos problemas antes de que empeorasen.
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