Blood demands blood, gonna get my hands wet... Like gravity
  • Género Femenino
  • Raza Ángel
  • Fandom Hazbin Hotel
  • Exterminadora
  • Soltero(a)
  • Cumpleaños 14 de julio
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  • Se unió en enero 2026
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  • Teniendo la tarde libre de entrenamientos decidió hacer el vago un poco ¿Y qué mejor que gastar el tiempo en un juego?
    Era eso o dormir con el riesgo de ser acosada por sus pesadillas, una idea nada tentadora en su opinión. Así que los juegos ganaron esta vez

    Por supuesto , el fantasma creado por su imaginación del hombre que amaba también había aparecido haciendo sus tan colaborativos aportes
    Teniendo la tarde libre de entrenamientos decidió hacer el vago un poco ¿Y qué mejor que gastar el tiempo en un juego? Era eso o dormir con el riesgo de ser acosada por sus pesadillas, una idea nada tentadora en su opinión. Así que los juegos ganaron esta vez Por supuesto , el fantasma creado por su imaginación del hombre que amaba también había aparecido haciendo sus tan colaborativos aportes
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  • Aprovechó de aquel día para reordenar su habitación y eso incluía su aburrido guardarropa donde sólo podían verse al menos unos cinco uniformes de exterminadora... Con suerte algún pijama perdido por ahí. Nunca fue de tener una gran variedad de ropa pues no tenía motivos para tenerlo.
    Fue por ello que, acomodando, alzó una ceja al encontrar en cajones mucha ropa y muy variada... Aunque su estilo. Eso le hizo alzar una ceja. ¿Desde cuándo tenía eso? Llegando a fruncir el ceño se preguntó si es que acaso alguien se había metido en su cuarto en su ausencia y le había dejado aquello como una broma
    Aprovechó de aquel día para reordenar su habitación y eso incluía su aburrido guardarropa donde sólo podían verse al menos unos cinco uniformes de exterminadora... Con suerte algún pijama perdido por ahí. Nunca fue de tener una gran variedad de ropa pues no tenía motivos para tenerlo. Fue por ello que, acomodando, alzó una ceja al encontrar en cajones mucha ropa y muy variada... Aunque su estilo. Eso le hizo alzar una ceja. ¿Desde cuándo tenía eso? Llegando a fruncir el ceño se preguntó si es que acaso alguien se había metido en su cuarto en su ausencia y le había dejado aquello como una broma
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  • Abrió los ojos aquella mañana de nuevo de un sobresalto; otra vez la pesadilla. Ya se le estaba haciendo algo frecuente sino rutinario pues parecía negarse a dejarla.
    Despeinada, se llevó las manos al rostro dejándose caer de espaldas en la cama con un quejido.
    El sol ya entraba por la ventana, era más tarde de lo que solía levantarse pero de todas formas no le preocupaba. Aquel día no había entrenamiento ¿Por qué? San Valentín.

    Otro quejido se escapó de sus labios en lo que rodaba los ojos pues le parecía ridículo dejar el día libre tan solo por una tonta celebración.
    No pensaba salir de su habitación ese día, era todo demasiado meloso y cursi para su gusto. Así que volteó de lado y se abrazó a la almohada cerrando sus ojos
    Abrió los ojos aquella mañana de nuevo de un sobresalto; otra vez la pesadilla. Ya se le estaba haciendo algo frecuente sino rutinario pues parecía negarse a dejarla. Despeinada, se llevó las manos al rostro dejándose caer de espaldas en la cama con un quejido. El sol ya entraba por la ventana, era más tarde de lo que solía levantarse pero de todas formas no le preocupaba. Aquel día no había entrenamiento ¿Por qué? San Valentín. Otro quejido se escapó de sus labios en lo que rodaba los ojos pues le parecía ridículo dejar el día libre tan solo por una tonta celebración. No pensaba salir de su habitación ese día, era todo demasiado meloso y cursi para su gusto. Así que volteó de lado y se abrazó a la almohada cerrando sus ojos
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  • No había peores fechas que aquellas... O al menos para ella que no se consideraba especialmente la representación del romanticismo, pues donde sea que iba en las calles celestiales sólo se cruzaba con una cosa; amor. Y ese no era un problema, ella misma estaba enamorada, sino el exceso de publicidad, parejas y preparativos para el próximo fin de semana pues todos estaban exaltados porque San Valentín llegara.

    Incluso las tiendas estaban abarrotadas de ropa especial para la ocasión, prendas que ella llegó a observar de reojo y, por un momento, en su mente se imaginó con uno de esos conjuntos.
    "¿Acaso le gustaría?..." Llegó a cuestionarse tan solo un segundo antes de darse cuenta lo que estaba pensando y que su rostro se tornara de un brilloso dorado. Enseguida negó con la cabeza y se alejó a paso apresurado antes de que su imaginación volviera a volar en una idea completamente equivocada



    #SeductiveSunday
    No había peores fechas que aquellas... O al menos para ella que no se consideraba especialmente la representación del romanticismo, pues donde sea que iba en las calles celestiales sólo se cruzaba con una cosa; amor. Y ese no era un problema, ella misma estaba enamorada, sino el exceso de publicidad, parejas y preparativos para el próximo fin de semana pues todos estaban exaltados porque San Valentín llegara. Incluso las tiendas estaban abarrotadas de ropa especial para la ocasión, prendas que ella llegó a observar de reojo y, por un momento, en su mente se imaginó con uno de esos conjuntos. "¿Acaso le gustaría?..." Llegó a cuestionarse tan solo un segundo antes de darse cuenta lo que estaba pensando y que su rostro se tornara de un brilloso dorado. Enseguida negó con la cabeza y se alejó a paso apresurado antes de que su imaginación volviera a volar en una idea completamente equivocada #SeductiveSunday
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  • De nuevo la pesadilla.
    Una vez más, no tuvo las mejores de las noches; removiéndose entre sueños su mente volvió a reproducirle aquel fatídico momento. Aquella experiencia tan horrible que se le había grabado a fuego en el alma; inolvidable, aterradora, desgarradora...
    Y es que una vez más allí estaba: en el infierno. Rodeada de gritos, aullidos de dolor y el chocar del metal de las armas al encontrarse en su camino. Frente a ella, un cuerpo tirado, abandonado e ignorado, rodeado de un mar dorado producido por su propia sangre.

    Su corazón dolía al latir, su alma quebrándose en una mitad irrecuperable mientras el aire se iba de sus pulmones. Los sonidos a su alrededor no volviéndose más que ecos en la distancia mientras su cuerpo perdía fuerza, sus piernas parecían haberse vuelto inútiles, como si nunca hubiera aprendido a caminar. Un tropezón y luego otro hasta que por fin pudo ponerse en pie y correr, como si una mano le hubiese empujado en la espalda para impulsarla a ir hacia adelante; un impulso que no le duraría demasiado pues tan solo llegar junto al cuerpo es que toda fuerza acumulada se desvanecería una vez más.

    — No, no, no, no.... —

    Tan solo una súplica inaudible. Un rezo ignorado mientras la vista se volvía borrosa, sus manos temblorosas volteando a ver la identidad del cuerpo caído mientras su corazón acababa por casi detenerse al corroborarlo.

    — Adán... ¡¡Adán!! —

    Más la respuesta nunca llegó. Tan solo una sonrisa cariñosa esbozada mientras veía el dorado de sus ojos, tan brillantes como el sol, desvanecerse hasta volverse un apagado opaco. La luz de su vida desaparecida mientras una mitad de ella se la había llevado al morir.

    — ¡¡Adán!! —

    Repitió pero ya nada hubo, aunque suavemente lo sacudió con la única mano que le quedaba.
    La sonrisa se quedó inmóvil en aquellos labios ajenos, imborrable, pero ya no hubo ningún otro movimiento. Su respiración acelerada y el líquido rodando por su mejillas.

    — ¡ADÁN! —

    Sin embargo, al gritar, se encontró sentándose abruptamente en la cama. A su alrededor solo su habitación.
    Ni un rastro de demonios, del paisaje infernal, ni siquiera de la sangre dorada cubriéndola o el cuerpo que tanto había quebrado su alma. Nada había.
    Con pies temblorosos se levantó de la cama y caminó hasta el ventanal, ya reparado, de su habitación; sólo el paisaje celestial la recibió.
    Observó su brazo izquierdo, dorado y prostetico, con la ausencia de una aureola que ella juraba había tomado entre sus manos para usar de pulsera y un recordatorio constante de una venganza jurada en silencio.

    Su corazón aún latía acelerado y podía sentir el rastro de lágrimas que habían humedecido sus mejillas pero solo la ausencia de la aureola en su mano le trajo paz pues eso significaba que había sido todo un sueño, un mal recuerdo, y en realidad su señor en ese momento, probablemente, ya la estuviera esperando en el campo de entrenamiento como siempre lo hacía.
    Se pasó las manos por las mejillas para limpiarse cualquier mojado rastro de sus lágrimas y se dispuso a prepararse para un nuevo día.

    Adán estaba vivo, tan vivo como ella. Y los demonios igual con sólo un reloj de arena cuyos granos caían lentamente anunciando un inminente final que les aguardaba bajo sus manos.
    Sí, Adán estaría vivo pero no libre de amenaza; no mientras los demonios continuaran con sus tranquilas vidas allí abajo, libres de preocupaciones gracias a las nuevas órdenes de Sera. Pero ese era su error, creer que eran libres de preocupaciones pues no era nada más lejano a la realidad mientras ella siguiera con vida. Tarde o temprano su momento llegaría y sería entonces cuando ella tomaría la oportunidad que se le brindaría bajando a aquel agujero infernal una vez más, exterminando hasta al último demonio que pueda suponer una amenaza a la vida del hombre que ella amaba
    De nuevo la pesadilla. Una vez más, no tuvo las mejores de las noches; removiéndose entre sueños su mente volvió a reproducirle aquel fatídico momento. Aquella experiencia tan horrible que se le había grabado a fuego en el alma; inolvidable, aterradora, desgarradora... Y es que una vez más allí estaba: en el infierno. Rodeada de gritos, aullidos de dolor y el chocar del metal de las armas al encontrarse en su camino. Frente a ella, un cuerpo tirado, abandonado e ignorado, rodeado de un mar dorado producido por su propia sangre. Su corazón dolía al latir, su alma quebrándose en una mitad irrecuperable mientras el aire se iba de sus pulmones. Los sonidos a su alrededor no volviéndose más que ecos en la distancia mientras su cuerpo perdía fuerza, sus piernas parecían haberse vuelto inútiles, como si nunca hubiera aprendido a caminar. Un tropezón y luego otro hasta que por fin pudo ponerse en pie y correr, como si una mano le hubiese empujado en la espalda para impulsarla a ir hacia adelante; un impulso que no le duraría demasiado pues tan solo llegar junto al cuerpo es que toda fuerza acumulada se desvanecería una vez más. — No, no, no, no.... — Tan solo una súplica inaudible. Un rezo ignorado mientras la vista se volvía borrosa, sus manos temblorosas volteando a ver la identidad del cuerpo caído mientras su corazón acababa por casi detenerse al corroborarlo. — Adán... ¡¡Adán!! — Más la respuesta nunca llegó. Tan solo una sonrisa cariñosa esbozada mientras veía el dorado de sus ojos, tan brillantes como el sol, desvanecerse hasta volverse un apagado opaco. La luz de su vida desaparecida mientras una mitad de ella se la había llevado al morir. — ¡¡Adán!! — Repitió pero ya nada hubo, aunque suavemente lo sacudió con la única mano que le quedaba. La sonrisa se quedó inmóvil en aquellos labios ajenos, imborrable, pero ya no hubo ningún otro movimiento. Su respiración acelerada y el líquido rodando por su mejillas. — ¡ADÁN! — Sin embargo, al gritar, se encontró sentándose abruptamente en la cama. A su alrededor solo su habitación. Ni un rastro de demonios, del paisaje infernal, ni siquiera de la sangre dorada cubriéndola o el cuerpo que tanto había quebrado su alma. Nada había. Con pies temblorosos se levantó de la cama y caminó hasta el ventanal, ya reparado, de su habitación; sólo el paisaje celestial la recibió. Observó su brazo izquierdo, dorado y prostetico, con la ausencia de una aureola que ella juraba había tomado entre sus manos para usar de pulsera y un recordatorio constante de una venganza jurada en silencio. Su corazón aún latía acelerado y podía sentir el rastro de lágrimas que habían humedecido sus mejillas pero solo la ausencia de la aureola en su mano le trajo paz pues eso significaba que había sido todo un sueño, un mal recuerdo, y en realidad su señor en ese momento, probablemente, ya la estuviera esperando en el campo de entrenamiento como siempre lo hacía. Se pasó las manos por las mejillas para limpiarse cualquier mojado rastro de sus lágrimas y se dispuso a prepararse para un nuevo día. Adán estaba vivo, tan vivo como ella. Y los demonios igual con sólo un reloj de arena cuyos granos caían lentamente anunciando un inminente final que les aguardaba bajo sus manos. Sí, Adán estaría vivo pero no libre de amenaza; no mientras los demonios continuaran con sus tranquilas vidas allí abajo, libres de preocupaciones gracias a las nuevas órdenes de Sera. Pero ese era su error, creer que eran libres de preocupaciones pues no era nada más lejano a la realidad mientras ella siguiera con vida. Tarde o temprano su momento llegaría y sería entonces cuando ella tomaría la oportunidad que se le brindaría bajando a aquel agujero infernal una vez más, exterminando hasta al último demonio que pueda suponer una amenaza a la vida del hombre que ella amaba
    Me entristece
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