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- Abrió los ojos aquella mañana de nuevo de un sobresalto; otra vez la pesadilla. Ya se le estaba haciendo algo frecuente sino rutinario pues parecía negarse a dejarla.
Despeinada, se llevó las manos al rostro dejándose caer de espaldas en la cama con un quejido.
El sol ya entraba por la ventana, era más tarde de lo que solía levantarse pero de todas formas no le preocupaba. Aquel día no había entrenamiento ¿Por qué? San Valentín.
Otro quejido se escapó de sus labios en lo que rodaba los ojos pues le parecía ridículo dejar el día libre tan solo por una tonta celebración.
No pensaba salir de su habitación ese día, era todo demasiado meloso y cursi para su gusto. Así que volteó de lado y se abrazó a la almohada cerrando sus ojosAbrió los ojos aquella mañana de nuevo de un sobresalto; otra vez la pesadilla. Ya se le estaba haciendo algo frecuente sino rutinario pues parecía negarse a dejarla. Despeinada, se llevó las manos al rostro dejándose caer de espaldas en la cama con un quejido. El sol ya entraba por la ventana, era más tarde de lo que solía levantarse pero de todas formas no le preocupaba. Aquel día no había entrenamiento ¿Por qué? San Valentín. Otro quejido se escapó de sus labios en lo que rodaba los ojos pues le parecía ridículo dejar el día libre tan solo por una tonta celebración. No pensaba salir de su habitación ese día, era todo demasiado meloso y cursi para su gusto. Así que volteó de lado y se abrazó a la almohada cerrando sus ojos4 turnos 0 maullidos¡Inicia sesión para reaccionar, comentar y compartir! - No había peores fechas que aquellas... O al menos para ella que no se consideraba especialmente la representación del romanticismo, pues donde sea que iba en las calles celestiales sólo se cruzaba con una cosa; amor. Y ese no era un problema, ella misma estaba enamorada, sino el exceso de publicidad, parejas y preparativos para el próximo fin de semana pues todos estaban exaltados porque San Valentín llegara.
Incluso las tiendas estaban abarrotadas de ropa especial para la ocasión, prendas que ella llegó a observar de reojo y, por un momento, en su mente se imaginó con uno de esos conjuntos.
"¿Acaso le gustaría?..." Llegó a cuestionarse tan solo un segundo antes de darse cuenta lo que estaba pensando y que su rostro se tornara de un brilloso dorado. Enseguida negó con la cabeza y se alejó a paso apresurado antes de que su imaginación volviera a volar en una idea completamente equivocada
#SeductiveSundayNo había peores fechas que aquellas... O al menos para ella que no se consideraba especialmente la representación del romanticismo, pues donde sea que iba en las calles celestiales sólo se cruzaba con una cosa; amor. Y ese no era un problema, ella misma estaba enamorada, sino el exceso de publicidad, parejas y preparativos para el próximo fin de semana pues todos estaban exaltados porque San Valentín llegara. Incluso las tiendas estaban abarrotadas de ropa especial para la ocasión, prendas que ella llegó a observar de reojo y, por un momento, en su mente se imaginó con uno de esos conjuntos. "¿Acaso le gustaría?..." Llegó a cuestionarse tan solo un segundo antes de darse cuenta lo que estaba pensando y que su rostro se tornara de un brilloso dorado. Enseguida negó con la cabeza y se alejó a paso apresurado antes de que su imaginación volviera a volar en una idea completamente equivocada #SeductiveSunday0 turnos 0 maullidos2
- De nuevo la pesadilla.
Una vez más, no tuvo las mejores de las noches; removiéndose entre sueños su mente volvió a reproducirle aquel fatídico momento. Aquella experiencia tan horrible que se le había grabado a fuego en el alma; inolvidable, aterradora, desgarradora...
Y es que una vez más allí estaba: en el infierno. Rodeada de gritos, aullidos de dolor y el chocar del metal de las armas al encontrarse en su camino. Frente a ella, un cuerpo tirado, abandonado e ignorado, rodeado de un mar dorado producido por su propia sangre.
Su corazón dolía al latir, su alma quebrándose en una mitad irrecuperable mientras el aire se iba de sus pulmones. Los sonidos a su alrededor no volviéndose más que ecos en la distancia mientras su cuerpo perdía fuerza, sus piernas parecían haberse vuelto inútiles, como si nunca hubiera aprendido a caminar. Un tropezón y luego otro hasta que por fin pudo ponerse en pie y correr, como si una mano le hubiese empujado en la espalda para impulsarla a ir hacia adelante; un impulso que no le duraría demasiado pues tan solo llegar junto al cuerpo es que toda fuerza acumulada se desvanecería una vez más.
— No, no, no, no.... —
Tan solo una súplica inaudible. Un rezo ignorado mientras la vista se volvía borrosa, sus manos temblorosas volteando a ver la identidad del cuerpo caído mientras su corazón acababa por casi detenerse al corroborarlo.
— Adán... ¡¡Adán!! —
Más la respuesta nunca llegó. Tan solo una sonrisa cariñosa esbozada mientras veía el dorado de sus ojos, tan brillantes como el sol, desvanecerse hasta volverse un apagado opaco. La luz de su vida desaparecida mientras una mitad de ella se la había llevado al morir.
— ¡¡Adán!! —
Repitió pero ya nada hubo, aunque suavemente lo sacudió con la única mano que le quedaba.
La sonrisa se quedó inmóvil en aquellos labios ajenos, imborrable, pero ya no hubo ningún otro movimiento. Su respiración acelerada y el líquido rodando por su mejillas.
— ¡ADÁN! —
Sin embargo, al gritar, se encontró sentándose abruptamente en la cama. A su alrededor solo su habitación.
Ni un rastro de demonios, del paisaje infernal, ni siquiera de la sangre dorada cubriéndola o el cuerpo que tanto había quebrado su alma. Nada había.
Con pies temblorosos se levantó de la cama y caminó hasta el ventanal, ya reparado, de su habitación; sólo el paisaje celestial la recibió.
Observó su brazo izquierdo, dorado y prostetico, con la ausencia de una aureola que ella juraba había tomado entre sus manos para usar de pulsera y un recordatorio constante de una venganza jurada en silencio.
Su corazón aún latía acelerado y podía sentir el rastro de lágrimas que habían humedecido sus mejillas pero solo la ausencia de la aureola en su mano le trajo paz pues eso significaba que había sido todo un sueño, un mal recuerdo, y en realidad su señor en ese momento, probablemente, ya la estuviera esperando en el campo de entrenamiento como siempre lo hacía.
Se pasó las manos por las mejillas para limpiarse cualquier mojado rastro de sus lágrimas y se dispuso a prepararse para un nuevo día.
Adán estaba vivo, tan vivo como ella. Y los demonios igual con sólo un reloj de arena cuyos granos caían lentamente anunciando un inminente final que les aguardaba bajo sus manos.
Sí, Adán estaría vivo pero no libre de amenaza; no mientras los demonios continuaran con sus tranquilas vidas allí abajo, libres de preocupaciones gracias a las nuevas órdenes de Sera. Pero ese era su error, creer que eran libres de preocupaciones pues no era nada más lejano a la realidad mientras ella siguiera con vida. Tarde o temprano su momento llegaría y sería entonces cuando ella tomaría la oportunidad que se le brindaría bajando a aquel agujero infernal una vez más, exterminando hasta al último demonio que pueda suponer una amenaza a la vida del hombre que ella amabaDe nuevo la pesadilla. Una vez más, no tuvo las mejores de las noches; removiéndose entre sueños su mente volvió a reproducirle aquel fatídico momento. Aquella experiencia tan horrible que se le había grabado a fuego en el alma; inolvidable, aterradora, desgarradora... Y es que una vez más allí estaba: en el infierno. Rodeada de gritos, aullidos de dolor y el chocar del metal de las armas al encontrarse en su camino. Frente a ella, un cuerpo tirado, abandonado e ignorado, rodeado de un mar dorado producido por su propia sangre. Su corazón dolía al latir, su alma quebrándose en una mitad irrecuperable mientras el aire se iba de sus pulmones. Los sonidos a su alrededor no volviéndose más que ecos en la distancia mientras su cuerpo perdía fuerza, sus piernas parecían haberse vuelto inútiles, como si nunca hubiera aprendido a caminar. Un tropezón y luego otro hasta que por fin pudo ponerse en pie y correr, como si una mano le hubiese empujado en la espalda para impulsarla a ir hacia adelante; un impulso que no le duraría demasiado pues tan solo llegar junto al cuerpo es que toda fuerza acumulada se desvanecería una vez más. — No, no, no, no.... — Tan solo una súplica inaudible. Un rezo ignorado mientras la vista se volvía borrosa, sus manos temblorosas volteando a ver la identidad del cuerpo caído mientras su corazón acababa por casi detenerse al corroborarlo. — Adán... ¡¡Adán!! — Más la respuesta nunca llegó. Tan solo una sonrisa cariñosa esbozada mientras veía el dorado de sus ojos, tan brillantes como el sol, desvanecerse hasta volverse un apagado opaco. La luz de su vida desaparecida mientras una mitad de ella se la había llevado al morir. — ¡¡Adán!! — Repitió pero ya nada hubo, aunque suavemente lo sacudió con la única mano que le quedaba. La sonrisa se quedó inmóvil en aquellos labios ajenos, imborrable, pero ya no hubo ningún otro movimiento. Su respiración acelerada y el líquido rodando por su mejillas. — ¡ADÁN! — Sin embargo, al gritar, se encontró sentándose abruptamente en la cama. A su alrededor solo su habitación. Ni un rastro de demonios, del paisaje infernal, ni siquiera de la sangre dorada cubriéndola o el cuerpo que tanto había quebrado su alma. Nada había. Con pies temblorosos se levantó de la cama y caminó hasta el ventanal, ya reparado, de su habitación; sólo el paisaje celestial la recibió. Observó su brazo izquierdo, dorado y prostetico, con la ausencia de una aureola que ella juraba había tomado entre sus manos para usar de pulsera y un recordatorio constante de una venganza jurada en silencio. Su corazón aún latía acelerado y podía sentir el rastro de lágrimas que habían humedecido sus mejillas pero solo la ausencia de la aureola en su mano le trajo paz pues eso significaba que había sido todo un sueño, un mal recuerdo, y en realidad su señor en ese momento, probablemente, ya la estuviera esperando en el campo de entrenamiento como siempre lo hacía. Se pasó las manos por las mejillas para limpiarse cualquier mojado rastro de sus lágrimas y se dispuso a prepararse para un nuevo día. Adán estaba vivo, tan vivo como ella. Y los demonios igual con sólo un reloj de arena cuyos granos caían lentamente anunciando un inminente final que les aguardaba bajo sus manos. Sí, Adán estaría vivo pero no libre de amenaza; no mientras los demonios continuaran con sus tranquilas vidas allí abajo, libres de preocupaciones gracias a las nuevas órdenes de Sera. Pero ese era su error, creer que eran libres de preocupaciones pues no era nada más lejano a la realidad mientras ella siguiera con vida. Tarde o temprano su momento llegaría y sería entonces cuando ella tomaría la oportunidad que se le brindaría bajando a aquel agujero infernal una vez más, exterminando hasta al último demonio que pueda suponer una amenaza a la vida del hombre que ella amaba0 turnos 0 maullidos1
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- Lo que le faltaba... Pasar de una feroz exterminadora a una mera niñeraLo que le faltaba... Pasar de una feroz exterminadora a una mera niñera0 turnos 0 maullidos2
- Tal y como había advertido, pues no bromeaba con lo que salía de su boca, había tenido entrenando a sus compañeras hasta altas horas sin dejarlas partir a descansar hasta que la luna casi llegó a lo alto... Casi, a agradecer que había sido lo suficientemente benévola para dejarlas partir entonces y no cuando la luna estuviera en su punto más alto como había dicho que haría.
Estaba cansada, pues resultaba agotador tener que tratar con todo un ejército se inútiles... Aunque siempre le habían resultado medio patéticas, ahora se pasaban de inútiles. Aunque no estuvo del todo segura si era el intenso entrenamiento lo que la había dejado agotada o era más bien un cansancio mental pues tampoco había dejado de darle vueltas en la cabeza al asunto de la reunión de Adán en el infierno.
— ¿Bajar para una reunión? Tsk... —
Había murmurado entre dientes en su retorno a su habitación. No recordaba el primer hombre accediera a una cosa como esa tan fácil, incluso recordaba que si utilizaba hologramas era para no tener que llevar su pura presencia a un lugar tan desagradable a excepción de los exterminios pues era divertido.
Suponía que era otro truco de los demonios ¿Cómo no? Era beneficioso para ellos, además de que el arcángel había mencionado su tendencia a ir solo ¿Qué mejor ocasión para ellos que no podían ascender que aprovechar la soledad en la reunión para seguirle lavandole el cerebro? Por fortuna ahora había le había concedido el permiso de acompañarle y pese a que tendría que mantenerse en su lugar y no abrir la boca, al menos podría asegurarse, estando siempre a su lado, de que nadie podría seguir hechizandolo.
Suspiró, desviando su mirada al cielo estrellado. Tan solo un manto nocturno despejado con pequeños puntos brillantes adornando... Luego observó el camino que la llevaba a su cuarto. Frunció el ceño, de todas formas no tenía sueño y necesitaba despejar la mente por lo que, desplegando sus alas y alzando el vuelo, desvió su camino en otra dirección. Una que ocasionalmente tomaba de forma solitaria y en su mayoría a altas horas de la noche.
Sobrevolando la ciudad celestial, traspasó la vivaz animosidad de la ciudad dejando las luces y la civilización detrás, yendo incluso más lejos que las área de las exterminadoras. Las luces comenzaron a apagarse y los ruidos desaparecer tan solo quedándole como compañía el sonido de algún grillo distante o la luz de la luna como su única guía en lo que la oscuridad la rodeaba, más no la asustaba. Pues la oscuridad que bañaba el cielo no era más peligrosa que un mar calmado, tan sólo silencioso y solitario pero sin verdaderas amenazas que se escondieran entre sus sombras. Aún así no estaría a oscuras tanto tiempo pues pronto una luz brillante le llegaría, casi tan cegador como un faro para quien no lo conociera, una luz que al acercarse tomaría la forma de un árbol. Una planta que deslumbraba elegancia y delicadeza pero que también se veía antiguo.
Sus alas se batieron para detenerse y luego sus pies tocaron la tierra reseca bajo ella. Un páramo, un desierto cuya una fuente de vida parecía ser aquella planta frente a ella pues no era otro sino el árbol de la vida.
En silencio y con cuidado se acercó hasta su grueso tronco, apenas con cauteloso cuidado tocando su corteza un momento en lo que tomaba aire y suspiraba. Tal vez una forma de rendirle respeto antes de volver a volar, esta vez con más calma, hasta poder ascender a una de las tantas ramas y sentarse en ella. Desde allí observó el cielo estrellado cuyas estrellas parecían incluso estar más cerca que antes, más brillantes. Suspirando esbozó una sonrisa aprovechando la calma silenciosa que la rodeaba para aclarar su mente y eliminar sus preocupacionesTal y como había advertido, pues no bromeaba con lo que salía de su boca, había tenido entrenando a sus compañeras hasta altas horas sin dejarlas partir a descansar hasta que la luna casi llegó a lo alto... Casi, a agradecer que había sido lo suficientemente benévola para dejarlas partir entonces y no cuando la luna estuviera en su punto más alto como había dicho que haría. Estaba cansada, pues resultaba agotador tener que tratar con todo un ejército se inútiles... Aunque siempre le habían resultado medio patéticas, ahora se pasaban de inútiles. Aunque no estuvo del todo segura si era el intenso entrenamiento lo que la había dejado agotada o era más bien un cansancio mental pues tampoco había dejado de darle vueltas en la cabeza al asunto de la reunión de Adán en el infierno. — ¿Bajar para una reunión? Tsk... — Había murmurado entre dientes en su retorno a su habitación. No recordaba el primer hombre accediera a una cosa como esa tan fácil, incluso recordaba que si utilizaba hologramas era para no tener que llevar su pura presencia a un lugar tan desagradable a excepción de los exterminios pues era divertido. Suponía que era otro truco de los demonios ¿Cómo no? Era beneficioso para ellos, además de que el arcángel había mencionado su tendencia a ir solo ¿Qué mejor ocasión para ellos que no podían ascender que aprovechar la soledad en la reunión para seguirle lavandole el cerebro? Por fortuna ahora había le había concedido el permiso de acompañarle y pese a que tendría que mantenerse en su lugar y no abrir la boca, al menos podría asegurarse, estando siempre a su lado, de que nadie podría seguir hechizandolo. Suspiró, desviando su mirada al cielo estrellado. Tan solo un manto nocturno despejado con pequeños puntos brillantes adornando... Luego observó el camino que la llevaba a su cuarto. Frunció el ceño, de todas formas no tenía sueño y necesitaba despejar la mente por lo que, desplegando sus alas y alzando el vuelo, desvió su camino en otra dirección. Una que ocasionalmente tomaba de forma solitaria y en su mayoría a altas horas de la noche. Sobrevolando la ciudad celestial, traspasó la vivaz animosidad de la ciudad dejando las luces y la civilización detrás, yendo incluso más lejos que las área de las exterminadoras. Las luces comenzaron a apagarse y los ruidos desaparecer tan solo quedándole como compañía el sonido de algún grillo distante o la luz de la luna como su única guía en lo que la oscuridad la rodeaba, más no la asustaba. Pues la oscuridad que bañaba el cielo no era más peligrosa que un mar calmado, tan sólo silencioso y solitario pero sin verdaderas amenazas que se escondieran entre sus sombras. Aún así no estaría a oscuras tanto tiempo pues pronto una luz brillante le llegaría, casi tan cegador como un faro para quien no lo conociera, una luz que al acercarse tomaría la forma de un árbol. Una planta que deslumbraba elegancia y delicadeza pero que también se veía antiguo. Sus alas se batieron para detenerse y luego sus pies tocaron la tierra reseca bajo ella. Un páramo, un desierto cuya una fuente de vida parecía ser aquella planta frente a ella pues no era otro sino el árbol de la vida. En silencio y con cuidado se acercó hasta su grueso tronco, apenas con cauteloso cuidado tocando su corteza un momento en lo que tomaba aire y suspiraba. Tal vez una forma de rendirle respeto antes de volver a volar, esta vez con más calma, hasta poder ascender a una de las tantas ramas y sentarse en ella. Desde allí observó el cielo estrellado cuyas estrellas parecían incluso estar más cerca que antes, más brillantes. Suspirando esbozó una sonrisa aprovechando la calma silenciosa que la rodeaba para aclarar su mente y eliminar sus preocupaciones30 turnos 0 maullidos2
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