• —Oh, darling... es imposible decirte que no cuando te ves así de suplicante.—

    Con un gesto lento y provocador, le ofrecí el refugio de mis brazos mientras una sonrisa audaz bailaba en mis labios. La proximidad de mi celo me volvía implacable; sabía que no rechazaría tal oportunidad, pero para obtenerlo, primero tendría que demostrar cómo tentarme con el lenguaje adecuado.
    —Oh, darling... es imposible decirte que no cuando te ves así de suplicante.— Con un gesto lento y provocador, le ofrecí el refugio de mis brazos mientras una sonrisa audaz bailaba en mis labios. La proximidad de mi celo me volvía implacable; sabía que no rechazaría tal oportunidad, pero para obtenerlo, primero tendría que demostrar cómo tentarme con el lenguaje adecuado.
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    FICHA TÉCNICA: ISTHAR'S QUEENS – ISSUE #12

    Información General
    ❥Título de la Publicación: Isthar's Queens
    ❥ Edición: Vol. 12 | "Flashbulb Fever"
    ❥ Agencia Matriz: Isthar’s Demonic Déesse Infernal Glamour

    ❥ Concepto: El cruce entre la elegancia infernal, el estilo urbano de vanguardia y la vida bajo el implacable acoso de los flashes.

    Portada: La Protagonista
    ❥ Modelo Estelar: Serynthia Feu
    ❥ Atuendo: * Crop top carmesí "Infernal Heart".
    Chaqueta de cuero azabache sobre los hombros (estilo effortless chic).
    Minifalda plisada "Midnight Schoolgirl" con medias de red industriales.
    ❥ Escenario: Alfombra roja de alta seguridad, rodeada de la prensa internacional en un set de producción de alto presupuesto.

    ☛ Nota del Editor
    En esta edición, celebramos la dualidad de Serynthia Feu. Representa la capacidad de brillar con luz propia incluso cuando mil luces ajenas intentan cegarla. Es la encarnación del lema de nuestra agencia: Donde el infierno se encuentra con la alta costura.

    I. IDENTIDAD DE MARCA
    ⚜ Cabecera: Isthar’s Queens (Publicación insignia del conglomerado infernal).
    ⚜ Casa de Modelaje: Isthar’s Demonic Déesse Infernal Glamour.
    ⚜ Directora Editorial: High Priestess Lilith V.
    ⚜ Lema de la Edición: "In the blinding light, only the true demons shine." (En la luz cegadora, solo los verdaderos demonios brillan).
    🖤 FICHA TÉCNICA: ISTHAR'S QUEENS – ISSUE #12 🖤 📸 Información General ❥Título de la Publicación: Isthar's Queens ❥ Edición: Vol. 12 | "Flashbulb Fever" ❥ Agencia Matriz: Isthar’s Demonic Déesse Infernal Glamour ❥ Concepto: El cruce entre la elegancia infernal, el estilo urbano de vanguardia y la vida bajo el implacable acoso de los flashes. 🌹 Portada: La Protagonista ❥ Modelo Estelar: Serynthia Feu ❥ Atuendo: * Crop top carmesí "Infernal Heart". Chaqueta de cuero azabache sobre los hombros (estilo effortless chic). Minifalda plisada "Midnight Schoolgirl" con medias de red industriales. ❥ Escenario: Alfombra roja de alta seguridad, rodeada de la prensa internacional en un set de producción de alto presupuesto. ☛ Nota del Editor En esta edición, celebramos la dualidad de Serynthia Feu. Representa la capacidad de brillar con luz propia incluso cuando mil luces ajenas intentan cegarla. Es la encarnación del lema de nuestra agencia: Donde el infierno se encuentra con la alta costura. 🏺 I. IDENTIDAD DE MARCA ⚜ Cabecera: Isthar’s Queens (Publicación insignia del conglomerado infernal). ⚜ Casa de Modelaje: Isthar’s Demonic Déesse Infernal Glamour. ⚜ Directora Editorial: High Priestess Lilith V. ⚜ Lema de la Edición: "In the blinding light, only the true demons shine." (En la luz cegadora, solo los verdaderos demonios brillan).
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  • —Se presiona el puente de la nariz con dos dedos después de consultar el mapa. Deja escapar un resoplido y dobla el mapa como puede. Porque si hay algo que todo el mundo sabe es que es imposible volver a doblar ordenadamente uno de esos puñeteros mapas de carreteras. Tras eso, se pone el casco y arranca la moto de un solo intento dejando atrás kilómetros de carretera pero no a un enemigo implacable—
    —Se presiona el puente de la nariz con dos dedos después de consultar el mapa. Deja escapar un resoplido y dobla el mapa como puede. Porque si hay algo que todo el mundo sabe es que es imposible volver a doblar ordenadamente uno de esos puñeteros mapas de carreteras. Tras eso, se pone el casco y arranca la moto de un solo intento dejando atrás kilómetros de carretera pero no a un enemigo implacable—
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  • ╔═.✾. ═════════════╗
    𝗠𝗔𝗡𝗔𝗗𝗔 𝗖𝗢𝗟𝗠𝗜𝗟𝗟𝗢 𝗚𝗥𝗜𝗦.
    ╚═════════════.✾. ═╝

    𝐀𝐥𝐟𝐚 𝐀𝐥𝐚𝐫𝐢𝐜 𝐕𝐚𝐥𝐤𝐚𝐞𝐫.

    Nombre: Alaric Valkaer

    Edad: 48 años

    Raza: Lobo de sangre pura

    Manada: Colmillo Gris (territorio medio-fuerte, estratégico pero no dominante)

    Rango: Alfa absoluto

    Rol en la manada: Líder supremo, estratega y gobernante.

    Historia

    Alaric nació para gobernar, pero su ambición y miedo al fracaso lo convirtieron en un lobo cruel. Durante la profecía de la Luna Roja, detectó el potencial descomunal de Aerynthia y decidió sellar su poder, borrarle su apellido y forzarla a vivir como Omega. Creyó que así mantendría su dominio absoluto y aseguraría que su heredera aparente, Vaelira, consolidara su poder mediante alianzas estratégicas con otras manadas, especialmente con el Alfa más fuerte del continente.

    Su obsesión con el control lo lleva a humillar, castigar y manipular constantemente a Aerynthia.

    Personalidad

    Dominante y autoritario, implacable en la toma de decisiones.

    Cruel, frío y manipulador, sobre todo con su familia.

    Calculador y estratégico: cada movimiento es pensado para mantener y aumentar su poder.

    Teme perder control más que a la muerte.

    Habilidades

    Combate cuerpo a cuerpo avanzado.

    Estratega militar y político.

    Manipulación psicológica.

    Capacidad para detectar el potencial de otros lobos.

    Relaciones

    Aerynthia: desprecio público. La maldijo, pero reconoce su poder.

    Vaelira: heredera predilecta, la usa como instrumento para alianzas políticas.

    Colmillo Gris: mantiene respeto férreo y disciplina estricta, aunque algunos miembros cuestionan su autoridad.

    𝐕𝐚𝐞𝐥𝐢𝐫𝐚 𝐕𝐚𝐥𝐤𝐚𝐞𝐫.

    Nombre: Vaelira Valkaer

    Edad: 23 años

    Raza: Loba de sangre pura

    Rango: Hija predilecta del Alfa

    Rol: Heredera

    Historia

    Vaelira nació siete minutos después que Aerynthia. Desde pequeña, su padre la entrenó como heredera “legítima”, mientras que su hermana era moldeada para servirla. Inteligente y manipuladora, aprendió rápidamente a usar la crueldad como herramienta.

    Su objetivo: consolidar su poder y posición, incluso a costa de su propia hermana.

    Personalidad

    Ambiciosa y calculadora.

    Cruel, disfruta humillar y controlar.

    Inteligente, estratega social y política.

    No soporta ser opacada; busca constantemente superioridad.

    Habilidades

    Estratega y manipuladora social.

    Combate básico a nivel guerrera entrenada, superior a la media.

    Capacidad para leer a otros lobos y explotarlos psicológicamente.

    Relaciones

    Aerynthia: sombra, objeto de desprecio y manipulación.

    Alaric: favorita del padre, usa su posición para asegurar alianzas.

    Colmillo Gris: proyecta imagen de perfección y liderazgo.

    MANADA — COLMILLO GRIS.

    Territorio: Colinas del Norte

    Fuerza relativa: Media-alta; estratégica y disciplinada, pero no la más poderosa del continente.

    Jerarquía:

    Alfa: Alaric Valkaer

    Beta: Sumamente leal.

    Gamma: Entrenadora de guerreros

    Delta: Guerreros élite

    Omegas: Rango bajo.

    Historia y rol

    Colmillo Gris es fuerte en número y disciplina, pero no tiene magia avanzada ni aliados dominantes. Su poder depende de la estrategia y de mantener control interno.

    Personalidad de la Manada

    Estricta y jerárquica.

    Tradicionalista, con respeto a linajes y jerarquías.

    Fuerte disciplina, castigos claros y cumplimiento absoluto de órdenes.

    Algunos miembros dudan de la legitimidad de Vaelira, pero el miedo a Alaric mantiene el orden.
    ╔═.✾. ═════════════╗ 𝗠𝗔𝗡𝗔𝗗𝗔 𝗖𝗢𝗟𝗠𝗜𝗟𝗟𝗢 𝗚𝗥𝗜𝗦. ╚═════════════.✾. ═╝ 𝐀𝐥𝐟𝐚 𝐀𝐥𝐚𝐫𝐢𝐜 𝐕𝐚𝐥𝐤𝐚𝐞𝐫. Nombre: Alaric Valkaer Edad: 48 años Raza: Lobo de sangre pura Manada: Colmillo Gris (territorio medio-fuerte, estratégico pero no dominante) Rango: Alfa absoluto Rol en la manada: Líder supremo, estratega y gobernante. Historia Alaric nació para gobernar, pero su ambición y miedo al fracaso lo convirtieron en un lobo cruel. Durante la profecía de la Luna Roja, detectó el potencial descomunal de Aerynthia y decidió sellar su poder, borrarle su apellido y forzarla a vivir como Omega. Creyó que así mantendría su dominio absoluto y aseguraría que su heredera aparente, Vaelira, consolidara su poder mediante alianzas estratégicas con otras manadas, especialmente con el Alfa más fuerte del continente. Su obsesión con el control lo lleva a humillar, castigar y manipular constantemente a Aerynthia. Personalidad Dominante y autoritario, implacable en la toma de decisiones. Cruel, frío y manipulador, sobre todo con su familia. Calculador y estratégico: cada movimiento es pensado para mantener y aumentar su poder. Teme perder control más que a la muerte. Habilidades Combate cuerpo a cuerpo avanzado. Estratega militar y político. Manipulación psicológica. Capacidad para detectar el potencial de otros lobos. Relaciones Aerynthia: desprecio público. La maldijo, pero reconoce su poder. Vaelira: heredera predilecta, la usa como instrumento para alianzas políticas. Colmillo Gris: mantiene respeto férreo y disciplina estricta, aunque algunos miembros cuestionan su autoridad. 𝐕𝐚𝐞𝐥𝐢𝐫𝐚 𝐕𝐚𝐥𝐤𝐚𝐞𝐫. Nombre: Vaelira Valkaer Edad: 23 años Raza: Loba de sangre pura Rango: Hija predilecta del Alfa Rol: Heredera Historia Vaelira nació siete minutos después que Aerynthia. Desde pequeña, su padre la entrenó como heredera “legítima”, mientras que su hermana era moldeada para servirla. Inteligente y manipuladora, aprendió rápidamente a usar la crueldad como herramienta. Su objetivo: consolidar su poder y posición, incluso a costa de su propia hermana. Personalidad Ambiciosa y calculadora. Cruel, disfruta humillar y controlar. Inteligente, estratega social y política. No soporta ser opacada; busca constantemente superioridad. Habilidades Estratega y manipuladora social. Combate básico a nivel guerrera entrenada, superior a la media. Capacidad para leer a otros lobos y explotarlos psicológicamente. Relaciones Aerynthia: sombra, objeto de desprecio y manipulación. Alaric: favorita del padre, usa su posición para asegurar alianzas. Colmillo Gris: proyecta imagen de perfección y liderazgo. MANADA — COLMILLO GRIS. Territorio: Colinas del Norte Fuerza relativa: Media-alta; estratégica y disciplinada, pero no la más poderosa del continente. Jerarquía: Alfa: Alaric Valkaer Beta: Sumamente leal. Gamma: Entrenadora de guerreros Delta: Guerreros élite Omegas: Rango bajo. Historia y rol Colmillo Gris es fuerte en número y disciplina, pero no tiene magia avanzada ni aliados dominantes. Su poder depende de la estrategia y de mantener control interno. Personalidad de la Manada Estricta y jerárquica. Tradicionalista, con respeto a linajes y jerarquías. Fuerte disciplina, castigos claros y cumplimiento absoluto de órdenes. Algunos miembros dudan de la legitimidad de Vaelira, pero el miedo a Alaric mantiene el orden.
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  • Confutatis Maledictis
    Categoría Suspenso
    "𝘗𝘳𝘦𝘤𝘦𝘴 𝘮𝘦𝘢𝘦 𝘯𝘰𝘯 𝘴𝘶𝘯𝘵 𝘥𝘪𝘨𝘯𝘢𝘦
    𝘚𝘦𝘥 𝘵𝘶 𝘣𝘰𝘯𝘶𝘴 𝘧𝘢𝘤 𝘣𝘦𝘯𝘪𝘨𝘯𝘦,
    𝘕𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘦𝘯𝘯𝘪 𝘤𝘳𝘦𝘮𝘦𝘳 𝘪𝘨𝘯𝘦".

    El recitar de un antiguo cántico encuentra su lugar en un recinto que, en tiempos mejores, fuese hogar de veneración. Sus vitrales, rotos; su altar, demacrado; el crucifijo de caoba, desfigurado a partes iguales por la intención de sus nuevos residentes y el implacable pasar del tiempo.

    Allí, donde lo sacrosanto ha sido reemplazado por lo sacrílego, un ritual toma lugar, uno en el que la sangre vuelve a tomar protagonismo.

    "𝘐𝘯𝘵𝘦𝘳 𝘰𝘷𝘦𝘴 𝘭𝘰𝘤𝘶𝘮 𝘱𝘳𝘢𝘦𝘴𝘵𝘢,
    𝘌𝘵 𝘢𝘣 𝘩𝘢𝘦𝘥𝘪𝘴 𝘮𝘦 𝘴𝘦𝘲𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢,
    𝘚𝘵𝘢𝘵𝘶𝘦𝘯𝘴 𝘪𝘯 𝘱𝘢𝘳𝘵𝘦 𝘥𝘦𝘹𝘵𝘳𝘢".

    Arrodillado, con las muñecas atadas tras su espalda, su torso desnudo evidenciando los vestigios de la tortura, se encuentra el cordero sacrificial: El ser conocido como "el hijo del Infierno", poseedor de la sangre tóxica.

    Tras él, continuando con el poema, una figura cubierta por una túnica que obstruye la vista a su rostro. Los asistentes al sacrificio, tan silentes como impacientes, de pie frente al espectáculo.

    —Rápido, rápido... —susurra, en una irreverente interrupción que la molestia despierta entre los partícipes del festín. —Me estoy aburriendo. ¿Los vampiros suelen jugar tanto con su comida?
    "𝘗𝘳𝘦𝘤𝘦𝘴 𝘮𝘦𝘢𝘦 𝘯𝘰𝘯 𝘴𝘶𝘯𝘵 𝘥𝘪𝘨𝘯𝘢𝘦 𝘚𝘦𝘥 𝘵𝘶 𝘣𝘰𝘯𝘶𝘴 𝘧𝘢𝘤 𝘣𝘦𝘯𝘪𝘨𝘯𝘦, 𝘕𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘦𝘯𝘯𝘪 𝘤𝘳𝘦𝘮𝘦𝘳 𝘪𝘨𝘯𝘦". El recitar de un antiguo cántico encuentra su lugar en un recinto que, en tiempos mejores, fuese hogar de veneración. Sus vitrales, rotos; su altar, demacrado; el crucifijo de caoba, desfigurado a partes iguales por la intención de sus nuevos residentes y el implacable pasar del tiempo. Allí, donde lo sacrosanto ha sido reemplazado por lo sacrílego, un ritual toma lugar, uno en el que la sangre vuelve a tomar protagonismo. "𝘐𝘯𝘵𝘦𝘳 𝘰𝘷𝘦𝘴 𝘭𝘰𝘤𝘶𝘮 𝘱𝘳𝘢𝘦𝘴𝘵𝘢, 𝘌𝘵 𝘢𝘣 𝘩𝘢𝘦𝘥𝘪𝘴 𝘮𝘦 𝘴𝘦𝘲𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢, 𝘚𝘵𝘢𝘵𝘶𝘦𝘯𝘴 𝘪𝘯 𝘱𝘢𝘳𝘵𝘦 𝘥𝘦𝘹𝘵𝘳𝘢". Arrodillado, con las muñecas atadas tras su espalda, su torso desnudo evidenciando los vestigios de la tortura, se encuentra el cordero sacrificial: El ser conocido como "el hijo del Infierno", poseedor de la sangre tóxica. Tras él, continuando con el poema, una figura cubierta por una túnica que obstruye la vista a su rostro. Los asistentes al sacrificio, tan silentes como impacientes, de pie frente al espectáculo. —Rápido, rápido... —susurra, en una irreverente interrupción que la molestia despierta entre los partícipes del festín. —Me estoy aburriendo. ¿Los vampiros suelen jugar tanto con su comida?
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  • El Entrenamiento Ishtar
    Fandom Clan y Familia Ishtar
    Categoría Ciencia ficción
    —El tatami cruje bajo la presión de dos voluntades enfrentadas.—

    —El Gran Maestro Rex Hiroshi Jaegerjaquez Ishtar permanece erguido, su presencia domina el dojo incluso sin alzar la voz.—

    Rex Hiroshi Ishtar:
    No retrocedas, Sting. El linaje Ishtar no fue forjado para huir… sino para soportar.

    —Con un movimiento seco, Rex desvía la estocada de su hijo; el impacto levanta chispas carmesí que iluminan el recinto.—

    —Sting Byakuren Nura Ishtar aprieta los dientes, el sudor recorre su rostro, pero su mirada no vacila.—

    Sting:
    ¡No pienso caer, padre!

    —Avanza con furia contenida, su arma vibra con energía roja, mezcla de ira, disciplina y orgullo.—

    —Rex sonríe apenas… no con burla, sino con aprobación.—

    Rex Hiroshi Ishtar:
    Bien.
    El dolor es el maestro más honesto.
    Si tu cuerpo tiembla… que tu espíritu se mantenga firme.

    —El Gran Maestro contraataca; cada golpe es preciso, implacable, calculado para empujar a Sting al límite.—

    —Sting retrocede un paso… luego otro… hasta clavar los pies en el suelo.—

    Sting:
    ¡Soy un Ishtar!
    ¡Y no me romperé!

    —La energía de su núcleo estalla; el aire se vuelve pesado, la madera gime.—

    —Rex detiene el golpe final a un suspiro del rostro de su hijo.—

    Silencio.

    —El padre baja el arma.—

    Rex Hiroshi Ishtar:
    Eso que sentiste…
    ese instante en el que decidiste no rendirte…
    ahí nace un verdadero heredero.

    —Apoya una mano firme en el hombro de Sting.—

    Descansa solo un momento.
    Mañana… te llevaré más allá de tus propios límites.

    —El emblema Ishtar parece arder en el aire del dojo.—

    El entrenamiento apenas comienza.
    —El tatami cruje bajo la presión de dos voluntades enfrentadas.— —El Gran Maestro Rex Hiroshi Jaegerjaquez Ishtar permanece erguido, su presencia domina el dojo incluso sin alzar la voz.— Rex Hiroshi Ishtar: No retrocedas, Sting. El linaje Ishtar no fue forjado para huir… sino para soportar. —Con un movimiento seco, Rex desvía la estocada de su hijo; el impacto levanta chispas carmesí que iluminan el recinto.— —Sting Byakuren Nura Ishtar aprieta los dientes, el sudor recorre su rostro, pero su mirada no vacila.— Sting: ¡No pienso caer, padre! —Avanza con furia contenida, su arma vibra con energía roja, mezcla de ira, disciplina y orgullo.— —Rex sonríe apenas… no con burla, sino con aprobación.— Rex Hiroshi Ishtar: Bien. El dolor es el maestro más honesto. Si tu cuerpo tiembla… que tu espíritu se mantenga firme. —El Gran Maestro contraataca; cada golpe es preciso, implacable, calculado para empujar a Sting al límite.— —Sting retrocede un paso… luego otro… hasta clavar los pies en el suelo.— Sting: ¡Soy un Ishtar! ¡Y no me romperé! —La energía de su núcleo estalla; el aire se vuelve pesado, la madera gime.— —Rex detiene el golpe final a un suspiro del rostro de su hijo.— Silencio. —El padre baja el arma.— Rex Hiroshi Ishtar: Eso que sentiste… ese instante en el que decidiste no rendirte… ahí nace un verdadero heredero. —Apoya una mano firme en el hombro de Sting.— Descansa solo un momento. Mañana… te llevaré más allá de tus propios límites. —El emblema Ishtar parece arder en el aire del dojo.— El entrenamiento apenas comienza.
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  • «Escena cerrada»

    El juicio de los Dioses.

    Todo acto tiene una consecuencia, y Kazuo lo sabía muy bien. Por eso no le sorprendió ser convocado ante los dioses en el Reikai, el mundo de los espíritus, donde kamis y seres sobrenaturales vivían sin tener que esconderse del plano mortal.

    Kazuo había sido testigo de cómo la demonio Nekomata Reiko borraba las pruebas de su “delito”. Había matado a un humano, un infeliz que, a criterio del propio Kazuo, se lo merecía. La conocía desde semanas atrás, en circunstancias un tanto peculiares. Pero, de alguna forma, dos seres que por naturaleza debían repelerse conectaron de una manera difícil de explicar. Hubo comprensión en el dolor del otro, forjando un pacto silencioso en el que, incluso entre enemigos, existía un respeto mutuo.

    Pero eso, a ojos de los dioses, era intolerable. A su juicio, la Nekomata había matado por placer, segando una vida humana “indefensa”. Kazuo, como mensajero y ser bendecido por lo celestial, debería haber sido el verdugo de aquel ser corrupto. Sin embargo, buscó —quizá— una “excusa conveniente” para no cumplir con lo que debía ser su deber.

    El zorro tenía sus propias reglas, sus convicciones y su moral. A veces, aquellas ideas no encajaban con las estrictas normas del plano ancestral. Era un ser de más de mil doscientos años que había vivido brutalidades en las que ni su madre, Inari, pudo protegerlo siempre; un dios debe velar por un bien general, no puede estar observando eternamente a un único ser. Por ese libre albedrío Kazuo era conocido en aquel reino como el “Mensajero Problemático”, el hijo predilecto de Inari. Nadie entendía por qué los dioses eran tan permisivos con él, por qué su madre miraba hacia otro lado cuando actuaba por su cuenta. Era como si la diosa confiara ciegamente en su criterio, aunque este fuese en contra de los demás kamis.

    Kazuo era respetado en aquel reino por la mayoría de criaturas sobrenaturales; sin embargo, entre los seres de rango superior, era temido y respetado a partes iguales. Fue por esa “popularidad” que todos acudieron al llamado: al juicio en el que Kazuo sería sometido a sentencia.

    No ofreció resistencia, aun así fue apresado con cadenas doradas, unas de las que ningún ser celestial —ni siquiera los dioses— sería capaz de escapar. Se arrodilló con esa calma y templanza que tanto lo caracterizaban, la mirada fija en los dioses que lo habían convocado sin titubear, mostrando el orgullo inherente a él. Inari era la única en contra de aquel espectáculo; por su cercanía con el acusado no se le permitió participar en aquel teatro. Porque eso era: un teatro. No un juicio, sino un paripé para justificar el castigo.

    Una voz recitó en alto los cargos en su contra. Como kitsune del más alto rango, había hecho la “vista gorda” ante un crimen que debía haber sido ajusticiado con la muerte de la Nekomata. Le otorgaron el don de la palabra. Pensó en no decir nada, pero tras unos largos segundos decidió hablar.

    —No pediré perdón. Soy consciente de mis actos y, a mi juicio, el ojo por ojo fue justificación suficiente. No saldrá clemencia de mis labios, porque aunque aquí termine mi camino, lo haré en paz, siendo fiel a mis convicciones. Y si salgo de esta, estaré dispuesto a afrontar cuantos juicios vengan detrás de este, si creen que debo ser sometido a ellos —habló con esa seguridad tan propia de él.

    A pesar de estar de rodillas y encadenado como el perro en que querían convertirlo, su aura y convicción mantenían su dignidad intacta.

    Pero, pese a aquellas palabras, la sentencia fue firme: latigazos hasta que se arrepintiera. Kazuo no agachó la cabeza; mantuvo la mirada fija, y sus ojos color zafiro centellearon con ese orgullo inquebrantable. Un látigo dorado cayó con fuerza sobre su espalda en cada brazada. Aquel látigo estaba bendecido igual que las cadenas, lo que significaba que las heridas no podrían curarse con su poder de regeneración ni con ningún otro. Aquellas cicatrices tardarían meses en desaparecer, si es que sobrevivía al castigo.

    Inari sollozaba con cada golpe en la espalda de su amado hijo, y los sonidos de estremecimiento del público se mezclaban con el chasquido del látigo. Kazuo no gritó, no lloró, no suplicó. Se mantuvo entero, incluso cuando sus ropas se desgarraron tras cada impacto. La sangre brotaba, su piel lacerada hasta el músculo. Cada latigazo hacía tensar su cuerpo, apretando los dientes para que ni un solo gemido escapara de sus labios sellados. La sangre salió también de su boca: no solo su espalda estaba siendo castigada, sino también el interior de su cuerpo, sacudido con violencia.

    Aquello duró un día… dos… tres. El único momento de descanso era el cambio de verdugo, unos minutos para recobrar el aliento. Kazuo era obstinado: jamás cedería, aunque le costara la vida. En sus momentos de flaqueza solo podía pensar en una cosa: ¿qué estaría haciendo Melina? ¿Lo estaría esperando? Seguro estaba enfadada, creyendo que había escapado al bosque. Estaría preparando su discurso para darle un merecido sermón. No había tenido tiempo de avisarla, de decirle que esa noche no llegaría a casa… o que tal vez no lo haría nunca.

    Al tercer día, los ánimos de los espíritus del reino estaban caldeados. Ya no eran murmuros: eran gritos, reproches y súplicas de clemencia. La misma que Kazuo se negaba a pedir. La presión que los jueces recibían era asfixiante. A Inari no le quedaban lágrimas; pedía perdón en nombre de su hijo, rogando a los kamis mayores que pusieran fin a aquella barbarie. El castigo había sido ejemplar. Demasiado, quizá.

    Finalmente, tras tres días de sentencia implacable, los latigazos cesaron. Las cadenas se aflojaron y se deshicieron como arena dorada, llevadas por la primera brisa.

    Kazuo, aún de rodillas, se tambaleaba. Inari corrió por fin hacia él y se arrodilló a su lado. Él intentó enfocar su mirada y, solo cuando la reconoció, se dejó vencer por el cansancio y el dolor. Cayó como peso muerto sobre el regazo de su diosa.

    —Lo siento… Necesito ir… a casa —fue lo único que alcanzó a decir, con un hilo de voz tras tres días de tormento.

    A la única a quien Kazuo guardaba el máximo respeto era a su diosa; a aquella que lo había “bendecido” al nacer. Era instintivo, imposible de ignorar. Solo quería volver a casa, a su templo, junto a ella.
    «Escena cerrada» El juicio de los Dioses. Todo acto tiene una consecuencia, y Kazuo lo sabía muy bien. Por eso no le sorprendió ser convocado ante los dioses en el Reikai, el mundo de los espíritus, donde kamis y seres sobrenaturales vivían sin tener que esconderse del plano mortal. Kazuo había sido testigo de cómo la demonio Nekomata Reiko borraba las pruebas de su “delito”. Había matado a un humano, un infeliz que, a criterio del propio Kazuo, se lo merecía. La conocía desde semanas atrás, en circunstancias un tanto peculiares. Pero, de alguna forma, dos seres que por naturaleza debían repelerse conectaron de una manera difícil de explicar. Hubo comprensión en el dolor del otro, forjando un pacto silencioso en el que, incluso entre enemigos, existía un respeto mutuo. Pero eso, a ojos de los dioses, era intolerable. A su juicio, la Nekomata había matado por placer, segando una vida humana “indefensa”. Kazuo, como mensajero y ser bendecido por lo celestial, debería haber sido el verdugo de aquel ser corrupto. Sin embargo, buscó —quizá— una “excusa conveniente” para no cumplir con lo que debía ser su deber. El zorro tenía sus propias reglas, sus convicciones y su moral. A veces, aquellas ideas no encajaban con las estrictas normas del plano ancestral. Era un ser de más de mil doscientos años que había vivido brutalidades en las que ni su madre, Inari, pudo protegerlo siempre; un dios debe velar por un bien general, no puede estar observando eternamente a un único ser. Por ese libre albedrío Kazuo era conocido en aquel reino como el “Mensajero Problemático”, el hijo predilecto de Inari. Nadie entendía por qué los dioses eran tan permisivos con él, por qué su madre miraba hacia otro lado cuando actuaba por su cuenta. Era como si la diosa confiara ciegamente en su criterio, aunque este fuese en contra de los demás kamis. Kazuo era respetado en aquel reino por la mayoría de criaturas sobrenaturales; sin embargo, entre los seres de rango superior, era temido y respetado a partes iguales. Fue por esa “popularidad” que todos acudieron al llamado: al juicio en el que Kazuo sería sometido a sentencia. No ofreció resistencia, aun así fue apresado con cadenas doradas, unas de las que ningún ser celestial —ni siquiera los dioses— sería capaz de escapar. Se arrodilló con esa calma y templanza que tanto lo caracterizaban, la mirada fija en los dioses que lo habían convocado sin titubear, mostrando el orgullo inherente a él. Inari era la única en contra de aquel espectáculo; por su cercanía con el acusado no se le permitió participar en aquel teatro. Porque eso era: un teatro. No un juicio, sino un paripé para justificar el castigo. Una voz recitó en alto los cargos en su contra. Como kitsune del más alto rango, había hecho la “vista gorda” ante un crimen que debía haber sido ajusticiado con la muerte de la Nekomata. Le otorgaron el don de la palabra. Pensó en no decir nada, pero tras unos largos segundos decidió hablar. —No pediré perdón. Soy consciente de mis actos y, a mi juicio, el ojo por ojo fue justificación suficiente. No saldrá clemencia de mis labios, porque aunque aquí termine mi camino, lo haré en paz, siendo fiel a mis convicciones. Y si salgo de esta, estaré dispuesto a afrontar cuantos juicios vengan detrás de este, si creen que debo ser sometido a ellos —habló con esa seguridad tan propia de él. A pesar de estar de rodillas y encadenado como el perro en que querían convertirlo, su aura y convicción mantenían su dignidad intacta. Pero, pese a aquellas palabras, la sentencia fue firme: latigazos hasta que se arrepintiera. Kazuo no agachó la cabeza; mantuvo la mirada fija, y sus ojos color zafiro centellearon con ese orgullo inquebrantable. Un látigo dorado cayó con fuerza sobre su espalda en cada brazada. Aquel látigo estaba bendecido igual que las cadenas, lo que significaba que las heridas no podrían curarse con su poder de regeneración ni con ningún otro. Aquellas cicatrices tardarían meses en desaparecer, si es que sobrevivía al castigo. Inari sollozaba con cada golpe en la espalda de su amado hijo, y los sonidos de estremecimiento del público se mezclaban con el chasquido del látigo. Kazuo no gritó, no lloró, no suplicó. Se mantuvo entero, incluso cuando sus ropas se desgarraron tras cada impacto. La sangre brotaba, su piel lacerada hasta el músculo. Cada latigazo hacía tensar su cuerpo, apretando los dientes para que ni un solo gemido escapara de sus labios sellados. La sangre salió también de su boca: no solo su espalda estaba siendo castigada, sino también el interior de su cuerpo, sacudido con violencia. Aquello duró un día… dos… tres. El único momento de descanso era el cambio de verdugo, unos minutos para recobrar el aliento. Kazuo era obstinado: jamás cedería, aunque le costara la vida. En sus momentos de flaqueza solo podía pensar en una cosa: ¿qué estaría haciendo Melina? ¿Lo estaría esperando? Seguro estaba enfadada, creyendo que había escapado al bosque. Estaría preparando su discurso para darle un merecido sermón. No había tenido tiempo de avisarla, de decirle que esa noche no llegaría a casa… o que tal vez no lo haría nunca. Al tercer día, los ánimos de los espíritus del reino estaban caldeados. Ya no eran murmuros: eran gritos, reproches y súplicas de clemencia. La misma que Kazuo se negaba a pedir. La presión que los jueces recibían era asfixiante. A Inari no le quedaban lágrimas; pedía perdón en nombre de su hijo, rogando a los kamis mayores que pusieran fin a aquella barbarie. El castigo había sido ejemplar. Demasiado, quizá. Finalmente, tras tres días de sentencia implacable, los latigazos cesaron. Las cadenas se aflojaron y se deshicieron como arena dorada, llevadas por la primera brisa. Kazuo, aún de rodillas, se tambaleaba. Inari corrió por fin hacia él y se arrodilló a su lado. Él intentó enfocar su mirada y, solo cuando la reconoció, se dejó vencer por el cansancio y el dolor. Cayó como peso muerto sobre el regazo de su diosa. —Lo siento… Necesito ir… a casa —fue lo único que alcanzó a decir, con un hilo de voz tras tres días de tormento. A la única a quien Kazuo guardaba el máximo respeto era a su diosa; a aquella que lo había “bendecido” al nacer. Era instintivo, imposible de ignorar. Solo quería volver a casa, a su templo, junto a ella.
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  • «Wenkamuy».

    Cuando un animal le quita la vida a una persona, los Ainu creen que se transforma en algo distinto, algo monstruoso. Tras perder su miedo y respeto por la humanidad, su espíritu muta al de un dios iracundo y violento, uno que busca castigarnos por nuestra altanería, recordarnos nuestro sitio.

    Recordarnos que la naturaleza es implacable, cruel, despiadada. Que los seres humanos no están por encima, sino que son parte de ella, algo que suelen olvidar con mucha frecuencia.
    «Wenkamuy». Cuando un animal le quita la vida a una persona, los Ainu creen que se transforma en algo distinto, algo monstruoso. Tras perder su miedo y respeto por la humanidad, su espíritu muta al de un dios iracundo y violento, uno que busca castigarnos por nuestra altanería, recordarnos nuestro sitio. Recordarnos que la naturaleza es implacable, cruel, despiadada. Que los seres humanos no están por encima, sino que son parte de ella, algo que suelen olvidar con mucha frecuencia.
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  • "𝚆𝙴'𝙻𝙻 𝙴𝙽𝙳 𝚃𝙷𝙸𝚂..."
    Fandom 𝗧𝗵𝗲 𝗪𝗮𝗹𝗸𝗶𝗻𝗴 𝗗𝗲𝗮𝗱: 𝗗𝗲𝗮𝗱 𝗖𝗶𝘁𝘆
    Categoría Drama

    ㅤㅤㅤㅤ ...𝚃𝙾𝙶𝙴𝚃𝙷𝙴𝚁
    ㅤㅤㅤㅤ ⧽ 𝐒𝐓𝐀𝐑𝐓𝐄𝐑
    ㅤㅤㅤㅤ˹ Negan Smith



    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ¿Cuántos años llevaba deseando aquello? ¿Cuántos días había pasado en vela imaginando cómo mataría a aquel hombre? ¿De cuántas maneras se había imaginado su final? Demasiadas. En sus sueños regresaba a aquella tarde en el valle del molino, allí donde Rick pedía a Siddiq que curase a Negan de aquella fea herida en la garganta. Solo que en aquellas imágenes salidas de su anhelo y su dolor, Negan se desangraba sobre el césped sin nadie que se apiadara. En otras versiones más terribles y oscuras era ella quien sujetaba el bate y veía su cráneo partirse. Y sonreía. O sujetaba el cuchillo. O la pistola… Daba igual el arma, Negan siempre agonizaba en un charco de su propia sangre. Era la imagen que la había mantenido con vida los últimos quince años.

    Se había convencido de que una vez matara a Negan todo iría bien, pero… aquel segundo viaje a Manhattan, aquella conversación con Hershel le hizo saber que no era así, que no sería así… Había abierto una herida muy grande entre si misma y su hijo. Y no se cerraría fácilmente, tal vez nunca.

    Hershel le había pedido que matara a Negan, a pesar de todo. Lo olvidarían todo, volverían a casa. Se acabó.

    Así que eso es lo que hizo, porque Glenn necesitaba paz, porque Hershel necesitaba paz. Porque ella misma necesitaba paz. Negan les había quitado demasiado con aquel bate. Y ahora… era ella quien sujetaba el cuchillo, ese que usó para hundirlo en las costillas del mayor cuando este siquiera se dio cuenta.

    El gemido de dolor de Negan se clavó en cada una de sus terminaciones nerviosas. Y se apegó a ella cuando fue Maggie quien sujetó aquella nueva versión de Lucille. Lo siguió de forma implacable mientras se arrastraba por el suelo con la férrea intención de terminar con su vida, hasta…

    Hasta que vio el dolor en el rostro de Negan al contemplar el caminante en que Ginny se había transformado. No supo exactamente porqué, pero aquello… removió demasiadas cosas dentro de ella. Y entonces se dio cuenta de que realmente no sería capaz de matarle. Porque matar a Negan no le devolvería a Glenn. Porque matar a Negan no le ayudaría a dormir. Porque esa persona ya no era el Negan que había matado a su marido. Y le seguía odiando por seguir con vida. Pero no lo suficiente para arrebatársela.

    Porque ahora Negan era su única oportunidad de salir con vida de aquella puñetera isla. No sabía cómo lo harían ni cuanto les costaría, pero habían llegado allí juntos la primera vez. Y se irían juntos. Costara lo que costara.

    -No tenemos antibióticos -dijo Armstrong aquella tarde. Maggie y él se habían apartado a unos metros mientras Negan descansaba en el sofá- Le subirá la fiebre, Maggie…

    Maggie echó una mirada al hombre en el sofá. Un sofá exageradamente pequeño para alguien tan alto. La sangre todavía manchaba su camisa negra a pesar de que habían conseguido mantener la hemorragia, pero si no encontraban antibióticos la infección lo mataría.

    -Tienes que decidir -continuó su segundo compañero de aventuras en toda aquella locura- O le dejas aquí para que muera y buscamos la forma de escapar sin él o… buscamos lo que necesita y salvamos su vida.

    En ese sofá reposaba, entre décimas de fiebre que subían por minutos, el hombre que había matado a Glenn, a Abraham, que había esclavizado a sus amigos, el hombre que había ayudado a Alpha a arrasar Hilltop… Pero, al mismo tiempo, era el hombre que había protegido a Hershel, el mismo hombre que había salvado la vida de Aaron y Gabriel, el mismo hombre que había detenido a Alpha… Puta escala de grises. Sería demasiado fácil dejarlo allí. Pero… no podía.

    Observó su ceño fruncido y el modo en que el convaleciente superviviente se llevaba la mano al costado, allí donde ella le había apuñalado. Había sido el monstruo que había poblado sus pesadillas y, sin embargo… era humano. Tan humano como cualquiera.

    -No -sentenció Maggie. Luego desvió su mirada de nuevo hacia Armstrong- No morirá aquí -inspiró de forma profunda- Vamos a buscarle antibióticos y vamos a salvarle la vida…

    Armstrong asintió y Maggie se apartó de él para acercarse a Negan. Llegó hasta él y se acuclilló delante del sofá mientras se recolocaba un mechón de cabello tras la oreja.

    -Negan…- lo llamó suavemente y después colocó una mano en su frente. Estaba empezando a subirle la fiebre- Negan…- repitió y cuando él abrió los ojos ella curvó una fugaz sonrisa- Tenemos que irnos, ¿de acuerdo? Vamos a buscarte antibióticos y puede que una camisa nueva -bromeó- Te ayudaré a levantarte…



    #Personajes3D #3D #Comunidad3D #NuevoStarter
    ㅤ ㅤㅤㅤㅤ ...𝚃𝙾𝙶𝙴𝚃𝙷𝙴𝚁 ㅤㅤㅤㅤ ⧽ 𝐒𝐓𝐀𝐑𝐓𝐄𝐑 ㅤㅤㅤㅤ˹ [Here.Is.Negan] ㅤ ㅤ ㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ¿Cuántos años llevaba deseando aquello? ¿Cuántos días había pasado en vela imaginando cómo mataría a aquel hombre? ¿De cuántas maneras se había imaginado su final? Demasiadas. En sus sueños regresaba a aquella tarde en el valle del molino, allí donde Rick pedía a Siddiq que curase a Negan de aquella fea herida en la garganta. Solo que en aquellas imágenes salidas de su anhelo y su dolor, Negan se desangraba sobre el césped sin nadie que se apiadara. En otras versiones más terribles y oscuras era ella quien sujetaba el bate y veía su cráneo partirse. Y sonreía. O sujetaba el cuchillo. O la pistola… Daba igual el arma, Negan siempre agonizaba en un charco de su propia sangre. Era la imagen que la había mantenido con vida los últimos quince años. Se había convencido de que una vez matara a Negan todo iría bien, pero… aquel segundo viaje a Manhattan, aquella conversación con Hershel le hizo saber que no era así, que no sería así… Había abierto una herida muy grande entre si misma y su hijo. Y no se cerraría fácilmente, tal vez nunca. Hershel le había pedido que matara a Negan, a pesar de todo. Lo olvidarían todo, volverían a casa. Se acabó. Así que eso es lo que hizo, porque Glenn necesitaba paz, porque Hershel necesitaba paz. Porque ella misma necesitaba paz. Negan les había quitado demasiado con aquel bate. Y ahora… era ella quien sujetaba el cuchillo, ese que usó para hundirlo en las costillas del mayor cuando este siquiera se dio cuenta. El gemido de dolor de Negan se clavó en cada una de sus terminaciones nerviosas. Y se apegó a ella cuando fue Maggie quien sujetó aquella nueva versión de Lucille. Lo siguió de forma implacable mientras se arrastraba por el suelo con la férrea intención de terminar con su vida, hasta… Hasta que vio el dolor en el rostro de Negan al contemplar el caminante en que Ginny se había transformado. No supo exactamente porqué, pero aquello… removió demasiadas cosas dentro de ella. Y entonces se dio cuenta de que realmente no sería capaz de matarle. Porque matar a Negan no le devolvería a Glenn. Porque matar a Negan no le ayudaría a dormir. Porque esa persona ya no era el Negan que había matado a su marido. Y le seguía odiando por seguir con vida. Pero no lo suficiente para arrebatársela. Porque ahora Negan era su única oportunidad de salir con vida de aquella puñetera isla. No sabía cómo lo harían ni cuanto les costaría, pero habían llegado allí juntos la primera vez. Y se irían juntos. Costara lo que costara. -No tenemos antibióticos -dijo Armstrong aquella tarde. Maggie y él se habían apartado a unos metros mientras Negan descansaba en el sofá- Le subirá la fiebre, Maggie… Maggie echó una mirada al hombre en el sofá. Un sofá exageradamente pequeño para alguien tan alto. La sangre todavía manchaba su camisa negra a pesar de que habían conseguido mantener la hemorragia, pero si no encontraban antibióticos la infección lo mataría. -Tienes que decidir -continuó su segundo compañero de aventuras en toda aquella locura- O le dejas aquí para que muera y buscamos la forma de escapar sin él o… buscamos lo que necesita y salvamos su vida. En ese sofá reposaba, entre décimas de fiebre que subían por minutos, el hombre que había matado a Glenn, a Abraham, que había esclavizado a sus amigos, el hombre que había ayudado a Alpha a arrasar Hilltop… Pero, al mismo tiempo, era el hombre que había protegido a Hershel, el mismo hombre que había salvado la vida de Aaron y Gabriel, el mismo hombre que había detenido a Alpha… Puta escala de grises. Sería demasiado fácil dejarlo allí. Pero… no podía. Observó su ceño fruncido y el modo en que el convaleciente superviviente se llevaba la mano al costado, allí donde ella le había apuñalado. Había sido el monstruo que había poblado sus pesadillas y, sin embargo… era humano. Tan humano como cualquiera. -No -sentenció Maggie. Luego desvió su mirada de nuevo hacia Armstrong- No morirá aquí -inspiró de forma profunda- Vamos a buscarle antibióticos y vamos a salvarle la vida… Armstrong asintió y Maggie se apartó de él para acercarse a Negan. Llegó hasta él y se acuclilló delante del sofá mientras se recolocaba un mechón de cabello tras la oreja. -Negan…- lo llamó suavemente y después colocó una mano en su frente. Estaba empezando a subirle la fiebre- Negan…- repitió y cuando él abrió los ojos ella curvó una fugaz sonrisa- Tenemos que irnos, ¿de acuerdo? Vamos a buscarte antibióticos y puede que una camisa nueva -bromeó- Te ayudaré a levantarte… #Personajes3D #3D #Comunidad3D #NuevoStarter
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    Tan solo otra anónima tarde de otoño en donde la fina brisa acaricia mi rostro; un silencio solo perturbado por el crujir de la hojarasca que ya conforma una amarronada superficie sobre mis pies. El anaranjado cielo se eclipsa con la implacable oscuridad que paulatinamente tiñe el cielo, dividido por el veloz aleteo de una confusa ave que, tardíamente, regresa a su hogar.
    Tan solo otra anónima tarde de otoño en donde la fina brisa acaricia mi rostro; un silencio solo perturbado por el crujir de la hojarasca que ya conforma una amarronada superficie sobre mis pies. El anaranjado cielo se eclipsa con la implacable oscuridad que paulatinamente tiñe el cielo, dividido por el veloz aleteo de una confusa ave que, tardíamente, regresa a su hogar.
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