Mine había aprendido la lección antes de cumplir los veinte años, en las aulas de la universidad donde sus compañeros heredaban imperios mientras él se conformaba con ganarse una beca. El mundo, descubrió, no funcionaba con méritos, sino con conexiones. Podías ser el hombre más brillante de una sala, y aún así no significaba nada. No en la yakuza. Allí, los lazos de sangre se forjaban con la certeza de que el hombre a tu lado estaría dispuesto a ๐ฐ๐ผ๐ฟ๐๐ฎ๐ฟ๐๐ฒ ๐๐ป ๐ฑ๐ฒ๐ฑ๐ผ ๐ฝ๐ผ๐ฟ ๐๐ถ. Mine lo sabía antes de dar el primer paso. Así que, como todo en su vida, lo planificó con la meticulosidad de quien no puede permitirse un error.
Investigó durante meses. Pagó a informantes que bebían su salario en whisky barato, consultó archivos judiciales que el resto del mundo había olvidado, rastreó nombres que nadie más recordaba hasta dar con uno. Un hombre que había sido parte de un clan menor en los márgenes del Tojo, ๐ฎ๐น๐ด๐๐ถ๐ฒ๐ป ๐๐ฎ๐ป ๐ถ๐ฟ๐ฟ๐ฒ๐น๐ฒ๐๐ฎ๐ป๐๐ฒ ๐พ๐๐ฒ ๐๐ ๐ฝ๐ฟ๐ผ๐ฝ๐ถ๐ฎ ๐ณ๐ฎ๐บ๐ถ๐น๐ถ๐ฎ ๐น๐ผ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐ฎ๐ฏ๐ฎ๐ป๐ฑ๐ผ๐ป๐ฎ๐ฑ๐ผ ๐ฎ ๐๐ ๐๐๐ฒ๐ฟ๐๐ฒ cuando la justicia lo atrapó. El cargo hizo que hasta los yakuzas más endurecidos fruncieran el ceño cuando Mine mencionó el nombre en voz baja. ๐๐ฐ๐ผ๐๐ผ ๐ฆ๐ฒ๐ ๐๐ฎ๐น. La condena había sido larga, el escarnio público implacable, la vergüenza tan absoluta que el hombre salió de prisión sin un solo contacto al que recurrir. Perfecto, pensó Mine. ๐๐น๐ด๐๐ถ๐ฒ๐ป ๐๐ฎ๐ป ๐ฑ๐ฒ๐๐ฝ๐ฟ๐ฒ๐ฐ๐ถ๐ฎ๐ฑ๐ผ ๐ฝ๐ผ๐ฟ ๐๐ผ๐ฑ๐ผ๐ ๐ป๐ผ ๐๐ฒ๐ป๐ฑ๐ฟ๐ฬ๐ฎ ๐บ๐ฎฬ๐ ๐ผ๐ฝ๐ฐ๐ถ๐ผฬ๐ป ๐พ๐๐ฒ ๐ฎ๐ณ๐ฒ๐ฟ๐ฟ๐ฎ๐ฟ๐๐ฒ ๐ฎ ๐พ๐๐ถ๐ฒ๐ป ๐น๐ฒ ๐๐ฒ๐ป๐ฑ๐ถ๐ฒ๐ฟ๐ฎ ๐น๐ฎ ๐บ๐ฎ๐ป๐ผ.
La primera vez que lo vio fue en una sala de visitas penitenciaria, el hombre era más bajo de lo que esperaba, con un cuerpo que la cárcel no había hecho más que engordar, un rostro inflamado por los años de mala comida y peor trato, y una mirada que alternaba entre la desconfianza del animal acorralado y una sumisión ๐ฐ๐ฎ๐๐ถ ๐๐ฒ๐ฟ๐ด๐ผ๐ป๐๐ผ๐๐ฎ. Cuando Mine se acercó, los otros reclusos que compartían el espacio se alejaron como si el aire a su alrededor estuviera contaminado. Sintió el estómago revolverse, una náusea agria que le subió por la garganta y que solo pudo contener apretando la mandíbula con una fuerza que le hizo crujir los dientes. Aquel hombre era lo más bajo que podía encontrarse en la sociedad japonesa, un paria entre los parias, tan repulsivo que incluso los asesinos y los estafadores le daban la espalda.
Y Mine sonrió. Extendió la mano con la palma hacia arriba, un gesto de apertura que había ensayado frente al espejo durante semanas, y dijo las palabras que había construido con cuidado. Habló de oportunidades, de segundas chances, de cómo alguien con su conocimiento del mundo exterior y alguien con la experiencia del hombre dentro podían construir algo juntos. Su voz no tembló y su gesto no se quebró. ๐ก๐ถ ๐๐ถ๐พ๐๐ถ๐ฒ๐ฟ๐ฎ ๐ฐ๐๐ฎ๐ป๐ฑ๐ผ ๐น๐ฎ ๐บ๐ฎ๐ป๐ผ ๐๐๐ฑ๐ผ๐ฟ๐ผ๐๐ฎ ๐ ๐ฑ๐ฒ๐บ๐ฎ๐๐ถ๐ฎ๐ฑ๐ผ ๐ฐ๐ฎ๐น๐ถ๐ฒ๐ป๐๐ฒ ๐ฑ๐ฒ๐น ๐ฒ๐ ๐ฐ๐ผ๐ป๐๐ถ๐ฐ๐๐ผ ๐ฎ๐ฝ๐ฟ๐ฒ๐๐ผฬ ๐น๐ฎ ๐๐๐๐ฎ ๐ฐ๐ผ๐ป ๐๐ป๐ฎ ๐ฒ๐ณ๐๐๐ถ๐๐ถ๐ฑ๐ฎ๐ฑ ๐พ๐๐ฒ ๐น๐ฒ ๐ต๐ถ๐๐ผ ๐๐ฒ๐ป๐๐ถ๐ฟ ๐ฐ๐ผ๐บ๐ผ ๐๐ถ ๐ฒ๐๐๐๐๐ถ๐ฒ๐ฟ๐ฎ ๐๐ผ๐ฐ๐ฎ๐ป๐ฑ๐ผ ๐ฎ๐น๐ด๐ผ ๐ฝ๐๐๐ฟ๐ฒ๐ณ๐ฎ๐ฐ๐๐ผ.
Durante meses, Mine se obligó a estar presente. A escuchar las mismas historias aburridas sobre sus conquistas, los mismos chistes vulgares que hacían que sus subordinados más leales desviaran la mirada con incomodidad cuando el hombre reía demasiado fuerte en los bares de Kabukichล. A pagar las cuentas, primero las pequeñas, luego las grandes. Un apartamento aquí, un coche allá, dinero para "inversiones" que nunca se materializaban en nada excepto en deudas más grandes. Cada vez que el hombre lo llamaba "hermano" con esa voz untuosa, Mine sentía algo retorcerse en su interior, ๐๐ป ๐ฎ๐ป๐ถ๐บ๐ฎ๐น ๐ฎ๐๐พ๐๐ฒ๐ฎ๐ฑ๐ผ ๐พ๐๐ฒ ๐ฎ๐ฟ๐ฎ๐ปฬ๐ฎ๐ฏ๐ฎ ๐น๐ฎ๐ ๐ฝ๐ฎ๐ฟ๐ฒ๐ฑ๐ฒ๐ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ ๐ฒ๐๐๐ผฬ๐บ๐ฎ๐ด๐ผ. Pero sostenía la sonrisa, apretaba el hombro del otro con un gesto de camaradería que había ensayado tantas veces que se había vuelto mecánico. Esperaba, pues aquel ๐๐๐ฅ๐๐ข era el único que podía brindarle contactos.
Lo que no esperaba, lo que ningún plan financiero ni análisis de riesgo podría haber previsto, fue el momento en que algo dentro de él se dobló.
Ocurrió una noche de lluvia, en un callejón detrás de un izakaya donde habían estado bebiendo hasta que las luces de neón empezaron a parpadear como estrellas moribundas. El hombre estaba ebrio, más de lo habitual, apoyado contra la pared húmeda mientras Mine fingía buscar su teléfono para pedir un taxi. Y entonces, entre balbuceos y eructos, las palabras salieron.
—Somos hermanos jurados, Yoshitaka. Hermanos. Juntos hasta la muerte, ¿entiendes? ๐๐ฎ๐๐๐ฎ ๐น๐ฎ ๐บ๐๐ฒ๐ฟ๐๐ฒ.
La lluvia caía sobre los hombros de Mine, empapando la tela cara de su abrigo, y por un instante, solo un pequeño instante que después repasaría en su memoria cientos de veces, ๐ฝ๐ฟ๐ฒ๐ด๐๐ป๐๐ฎ๐ป๐ฑ๐ผ๐๐ฒ ๐๐ถ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ถ๐ฎ ๐๐ถ๐ฑ๐ผ ๐ฎ๐น๐ด๐ผ ๐ฟ๐ฒ๐ฎ๐น ๐ผ ๐๐ถ๐บ๐ฝ๐น๐ฒ๐บ๐ฒ๐ป๐๐ฒ ๐ฑ๐ฒ๐๐ฒ๐๐ฝ๐ฒ๐ฟ๐ฎ๐ฐ๐ถ๐ผฬ๐ป... Mine sintió algo. Una pequeña calidez, una pequeña grieta en los muros que el habia construido con tanto cuidado. Tal vez, pensó mientras miraba al hombre tambaleante bajo la lluvia, ๐๐ฎ๐น ๐๐ฒ๐ ๐ฒ๐๐๐ฎ ๐ฐ๐ผ๐๐ฎ ๐ด๐ฟ๐ผ๐๐ฒ๐๐ฐ๐ฎ ๐ฟ๐ฒ๐ฎ๐น๐บ๐ฒ๐ป๐๐ฒ ๐น๐ผ ๐ฑ๐ฒ๐ฐ๐ฬ๐ฎ ๐ฒ๐ป ๐๐ฒ๐ฟ๐ถ๐ผ. Tal vez todos los gestos, las borracheras compartidas, las conversaciones sin sentido sobre el futuro, tal vez todo eso había construido algo real. Algo que Mine nunca había tenido.
Fue un pensamiento pasajero, duró lo que el parpadeo de una luciérnaga en verano. A la mañana siguiente, cuando el hombre llamó para pedir más dinero con la misma voz de siempre y la misma falta de vergüenza, Mine ya había enterrado ese momento en lo más profundo de su mente.
La traición llegó tres meses después, aunque en retrospectiva, Mine sabía que había estado gestándose desde el primer día. Un trato. Algo grande, algo que pondría a la Familia Hakuho en una posición de poder dentro del Clan. El hombre había insistido en participar, en demostrar que era más que la mascota que los otros clanes susurraban a sus espaldas. Mine aceptó, a pesar de cada instinto que le gritaba que no lo hiciera. ๐ง๐ฎ๐น ๐๐ฒ๐, ๐๐ฒ ๐ฑ๐ถ๐ท๐ผ, ๐๐ฎ๐น ๐๐ฒ๐ ๐ฎ๐๐ฬ ๐ฒ๐น ๐๐ฬ๐ป๐ฐ๐๐น๐ผ ๐พ๐๐ฒ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ๐ป ๐ฐ๐ผ๐ป๐๐๐ฟ๐๐ถ๐ฑ๐ผ ๐ฑ๐ฒ๐ท๐ฎ๐ฟ๐ฬ๐ฎ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ฒ๐ฟ ๐๐ผ๐น๐ผ ๐ฝ๐ฎ๐น๐ฎ๐ฏ๐ฟ๐ฎ๐ ๐ฒ๐ฏ๐ฟ๐ถ๐ฎ๐ ๐ฒ๐ป ๐๐ป ๐ฐ๐ฎ๐น๐น๐ฒ๐ท๐ผฬ๐ป.
La emboscada fue perfectamente ejecutada. Las luces de los vehículos, las armas desenfundadas, los gritos de los hombres de Mine cayendo alrededor. Y el hombre que debía cubrirle la espalda, aquel al que había sacado de la cárcel, ๐ฎ๐น ๐พ๐๐ฒ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐๐ฒ๐๐๐ถ๐ฑ๐ผ, ๐ฎ๐น๐ถ๐บ๐ฒ๐ป๐๐ฎ๐ฑ๐ผ, ๐ฝ๐ฟ๐ผ๐๐ฒ๐ด๐ถ๐ฑ๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐น๐ฎ๐ ๐ฏ๐๐ฟ๐น๐ฎ๐ ๐ฑ๐ฒ ๐น๐ผ๐ ๐ฑ๐ฒ๐บ๐ฎฬ๐ ๐ฐ๐น๐ฎ๐ป๐ฒ๐, ๐ฑ๐ฒ๐๐ฎ๐ฝ๐ฎ๐ฟ๐ฒ๐ฐ๐ถ๐ผฬ ๐ฒ๐ป ๐น๐ฎ ๐ฐ๐ผ๐ป๐ณ๐๐๐ถ๐ผฬ๐ป ๐ฐ๐ผ๐ป ๐๐ผ๐ฑ๐ผ ๐ฒ๐น ๐ฑ๐ถ๐ป๐ฒ๐ฟ๐ผ. Con todo. Mine recordaba haber sangrado esa noche, arrastrándose por un callejón distinto al de la promesa de hermanos jurados, con un tajo en el costado que le enseñó lo que era estar realmente solo.
No lo buscó, no envió hombres tras él, no hizo nada excepto esperar. Y Mine Yoshitaka sabía esperar como nadie. Había esperado años para construir su imperio financiero, había esperado décadas para encontrar un lugar al que pertenecer, había esperado toda una vida para dejar de sentirse como el niño huérfano que miraba desde afuera. Podía esperar unos meses más, después de todo, Mine se convenció así mismo de que ๐น๐ฎ ๐๐ฒ๐ป๐ด๐ฎ๐ป๐๐ฎ ๐ฒ๐ ๐๐ป ๐ท๐๐ฒ๐ด๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ผ๐ป๐๐ผ๐.
El hombre volvió cuando el dinero se acabó. Volvió con la misma sonrisa untuosa, la misma falta de vergüenza, los mismos gestos de camaradería... y Mine sonrió. Le dio la bienvenida, puso una mano en su hombro y dijo que entendía, que eran tiempos difíciles, que los hermanos se perdonan. Cada palabra era un cuchillo que enterraba en su propia carne, pero la sonrisa no se movió ni un milímetro.
Dejó que el hombre creyera que había triunfado, que la traición había sido olvidada, que su lugar junto al futuro patriarca seguía intacto. Le prestó dinero cuando lo pidió, asintió con la cabeza cuando el hombre hablaba de sus planes grandiosos, rió cuando contaba sus chistes vulgares. Cada interacción era una prueba de resistencia, un ejercicio de control tan exquisito que a veces Mine se sorprendía a sí mismo, ๐ฝ๐ฟ๐ฒ๐ด๐๐ป๐๐ฎฬ๐ป๐ฑ๐ผ๐๐ฒ ๐๐ถ ๐ฟ๐ฒ๐ฎ๐น๐บ๐ฒ๐ป๐๐ฒ ๐ฒ๐ฟ๐ฎ ๐ต๐๐บ๐ฎ๐ป๐ผ ๐ผ ๐๐ผ๐น๐ผ ๐๐ป๐ฎ ๐บ๐ฎฬ๐พ๐๐ถ๐ป๐ฎ ๐ฑ๐ถ๐๐ณ๐ฟ๐ฎ๐๐ฎ๐ฑ๐ฎ ๐ฑ๐ฒ ๐ต๐ผ๐บ๐ฏ๐ฟ๐ฒ.
Pero la paciencia, como todo en la vida, tenía un límite.
Fue una tarde cualquiera. Mine estaba en su oficina de la sede de la Familia Hakuho, repasando informes trimestrales que prometían ganancias récord, cuando el hombre irrumpió sin anunciarse. Ya había estado bebiendo, el aliento a shลchลซ llegó antes que él, impregnando el aire con ese olor agrio que Mine había aprendido a identificar como presagio de problemas. Y entonces comenzó..
Primero fueron las acusaciones: Que Mine le debía más, que lo había mantenido en una posición baja a propósito para humillarlo, que él había puesto su vida en riesgo por el clan y qué había recibido a cambio. La voz del hombre crecía en volumen y en absurdez, cada palabra más inflamada que la anterior, hasta que el traqueteo de los muebles al ser empujados se sumó al ruido. Una lámpara de mesa de porcelana china, una pieza que Mine había adquirido en una subasta en Kioto, valorada en más de lo que aquel cerdo había ganado en toda su vida, voló contra la pared y estalló en fragmentos blancos. Un portarretratos con una fotografía que Mine ni siquiera recordaba haber colocado allí siguió el mismo camino. Luego un jarrón, luego un monitor...
—¡ME DEBES TODO! —el grito del hombre resonó entre las paredes de caoba, sus puños golpeando el escritorio donde Mine todavía estaba sentado, observando con una calma que parecía sobrenatural—. ¡TODO EL DINERO, MINE! ¡Y TUS HOMBRES! ¡ME CANSÉ DE ESTA MIERDA! ¡VOY A ARMAR UNA GUERRA SI NO ME DAS LO QUE ME CORRESPONDE!
Sus manos gordezuelas se cerraron sobre el borde del escritorio, volcando la taza de té que Mine había estado bebiendo momentos antes. El líquido caliente se derramó sobre los informes, arruinando horas de trabajo meticuloso. Y fue eso, de todas las cosas, lo que hizo que algo en los ojos de Mine cambiara. No fue la amenaza de guerra, no fue la destrucción de sus pertenencias. Fue el té sobre los informes. ๐๐น ๐ด๐ฒ๐๐๐ผ ๐ฝ๐ฒ๐พ๐๐ฒ๐ปฬ๐ผ, ๐ฐ๐ฎ๐๐ถ ๐ถ๐ป๐๐ถ๐ด๐ป๐ถ๐ณ๐ถ๐ฐ๐ฎ๐ป๐๐ฒ, ๐พ๐๐ฒ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐น๐ฎ๐ฏ๐ฎ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ป๐ฎ ๐ณ๐ฎ๐น๐๐ฎ ๐ฑ๐ฒ ๐ฟ๐ฒ๐๐ฝ๐ฒ๐๐ผ ๐๐ฎ๐ป ๐ฝ๐ฟ๐ผ๐ณ๐๐ป๐ฑ๐ฎ ๐พ๐๐ฒ ๐ป๐ถ ๐๐ถ๐พ๐๐ถ๐ฒ๐ฟ๐ฎ ๐บ๐ฒ๐ฟ๐ฒ๐ฐ๐ฬ๐ฎ ๐๐ฒ๐ฟ ๐ฐ๐ผ๐ป๐๐ถ๐ฑ๐ฒ๐ฟ๐ฎ๐ฑ๐ฎ.
El hombre seguía gritando, su cara congestionada hasta adquirir un tono púrpura, la saliva volando de sus labios mientras enumeraba todas las formas en que Mine le había fallado. No había notado cómo la sonrisa de Mine, esa sonrisa que había sostenido durante dos años enteros, había desaparecido de su rostro como si nunca hubiera existido.
Cuando Mine se levantó de su silla, lo hizo con fluidez, el golpe fue tan rápido que el hombre apenas tuvo tiempo de parpadear antes de que el puño de Mine se hundiera en su estómago blando con precisión. El aire salió de sus pulmones en un gemido húmedo, sus rodillas se doblaron, y luego vino el segundo golpe, y el tercero. ๐๐ฎ๐ฑ๐ฎ ๐ถ๐บ๐ฝ๐ฎ๐ฐ๐๐ผ ๐ฒ๐ฟ๐ฎ ๐๐ป๐ฎ ๐น๐ถ๐ฏ๐ฒ๐ฟ๐ฎ๐ฐ๐ถ๐ผฬ๐ป, ๐ฐ๐ฎ๐ฑ๐ฎ ๐๐ผ๐ป๐ถ๐ฑ๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐ต๐๐ฒ๐๐ผ ๐ฐ๐ผ๐ป๐๐ฟ๐ฎ ๐ฐ๐ฎ๐ฟ๐ป๐ฒ ๐๐ป ๐ฒ๐ฐ๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ผ๐ฑ๐ฎ๐ ๐น๐ฎ๐ ๐๐ผ๐ป๐ฟ๐ถ๐๐ฎ๐ ๐ณ๐ฎ๐น๐๐ฎ๐, ๐๐ผ๐ฑ๐ฎ๐ ๐น๐ฎ๐ ๐ฝ๐ฟ๐ผ๐บ๐ฒ๐๐ฎ๐ ๐ฟ๐ผ๐๐ฎ๐, ๐๐ผ๐ฑ๐ฎ๐ ๐น๐ฎ๐ ๐ป๐ผ๐ฐ๐ต๐ฒ๐ ๐ฒ๐ป ๐พ๐๐ฒ ๐ ๐ถ๐ป๐ฒ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐บ๐ถ๐ฟ๐ฎ๐ฑ๐ผ ๐ฎ๐น ๐๐ฒ๐ฐ๐ต๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ ๐ฎ๐ฝ๐ฎ๐ฟ๐๐ฎ๐บ๐ฒ๐ป๐๐ผ ๐ฝ๐ฟ๐ฒ๐ด๐๐ป๐๐ฎฬ๐ป๐ฑ๐ผ๐๐ฒ ๐ฝ๐ผ๐ฟ ๐พ๐๐ฒฬ ๐๐ฒ๐ด๐๐ฬ๐ฎ ๐๐ถ๐ป๐๐ถ๐ฒ๐ป๐ฑ๐ผ ๐ฒ๐๐ฒ ๐๐ฎ๐ฐ๐ฬ๐ผ ๐ฎ ๐ฝ๐ฒ๐๐ฎ๐ฟ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ผ๐ฑ๐ผ ๐น๐ผ ๐พ๐๐ฒ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐น๐ผ๐ด๐ฟ๐ฎ๐ฑ๐ผ.
La sangre salpicó la manga de su traje, pero Mine ni siquiera parpadeó. Sus nudillos ardían, y el dolor era casi agradable, desestresante diría.
Cuando el hombre yacía en el suelo, entre los restos de porcelana y los papeles manchados de té, emitiendo sonidos que ya no eran palabras sino gemidos, Mine se enderezó. Tomó un pañuelo de su bolsillo interior y se limpió los nudillos meticulosidad. Sólo entonces, con un gesto casi perezoso de su mano, ๐น๐น๐ฎ๐บ๐ผฬ ๐ฎ ๐๐๐ ๐๐๐ฏ๐ผ๐ฟ๐ฑ๐ถ๐ป๐ฎ๐ฑ๐ผ๐.
Dos hombres en traje negro aparecieron en el marco de la puerta, sus rostros perfectamente impasibles, esperando instrucciones.
Mine los miró, y luego desvió la vista hacia el bulto tembloroso en el suelo. Su voz, cuando habló, fue baja y serena, el mismo tono que usaba para aprobar presupuestos trimestrales.
—๐ก๐ผ ๐น๐ผ ๐ต๐ฎ๐ด๐ฎ๐ป ๐ฎ๐พ๐๐ฬ
Salió de la oficina sin mirar atrás. Caminó por el pasillo de la sede con pasos medidos, escuchando cómo los gritos comenzaban de nuevo detrás de él, más agudos y más desesperados, la voz de aquel hombre que ya no era su "mejor amigo", ๐พ๐๐ฒ ๐ป๐๐ป๐ฐ๐ฎ ๐น๐ผ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐๐ถ๐ฑ๐ผ, ๐พ๐๐ฒ ๐ป๐๐ป๐ฐ๐ฎ ๐ฝ๐ผ๐ฑ๐ฟ๐ฬ๐ฎ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฒ๐ฟ๐น๐ผ ๐๐ถ๐ฑ๐ผ.
Porque esa era la lección, ¿no? Mine había aprendido muy pronto que en este mundo no recibes nada gratis. Y aquella cosa en el suelo de su oficina, ese despojo que gemía entre la sangre y los restos de porcelana, nunca había sido un hermano. ๐ฆ๐ผ๐น๐ผ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐๐ถ๐ฑ๐ผ ๐๐ป ๐ฐ๐ผ๐ป๐๐ฟ๐ฎ๐๐ผ ๐บ๐ฎ๐น ๐ฟ๐ฒ๐ฑ๐ฎ๐ฐ๐๐ฎ๐ฑ๐ผ, ๐๐ป๐ฎ ๐ถ๐ป๐๐ฒ๐ฟ๐๐ถ๐ผฬ๐ป ๐ฐ๐ผ๐ป ๐ฟ๐ฒ๐ป๐ฑ๐ถ๐บ๐ถ๐ฒ๐ป๐๐ผ๐ ๐ป๐ฒ๐ด๐ฎ๐๐ถ๐๐ผ๐, ๐๐ป๐ฎ ๐ฝ๐ฎฬ๐ด๐ถ๐ป๐ฎ ๐บ๐ฎฬ๐ ๐ฒ๐ป ๐ฒ๐น ๐น๐ฎ๐ฟ๐ด๐ผ ๐ฒ๐ ๐ฝ๐ฒ๐ฑ๐ถ๐ฒ๐ป๐๐ฒ ๐ฑ๐ฒ ๐ฟ๐ฎ๐๐ผ๐ป๐ฒ๐ ๐ฝ๐ผ๐ฟ ๐น๐ฎ๐ ๐พ๐๐ฒ ๐ ๐ถ๐ป๐ฒ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐ฑ๐ฒ๐ท๐ฎ๐ฑ๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐ฐ๐ฟ๐ฒ๐ฒ๐ฟ ๐พ๐๐ฒ ๐น๐ผ๐ ๐น๐ฎ๐๐ผ๐ ๐ฒ๐ป๐๐ฟ๐ฒ ๐ต๐ผ๐บ๐ฏ๐ฟ๐ฒ๐ ๐ฝ๐ผ๐ฑ๐ฬ๐ฎ๐ป ๐๐ฒ๐ฟ ๐ฎ๐น๐ด๐ผ ๐บ๐ฎฬ๐ ๐พ๐๐ฒ ๐๐ฟ๐ฎ๐ป๐๐ฎ๐ฐ๐ฐ๐ถ๐ผ๐ป๐ฒ๐.
Investigó durante meses. Pagó a informantes que bebían su salario en whisky barato, consultó archivos judiciales que el resto del mundo había olvidado, rastreó nombres que nadie más recordaba hasta dar con uno. Un hombre que había sido parte de un clan menor en los márgenes del Tojo, ๐ฎ๐น๐ด๐๐ถ๐ฒ๐ป ๐๐ฎ๐ป ๐ถ๐ฟ๐ฟ๐ฒ๐น๐ฒ๐๐ฎ๐ป๐๐ฒ ๐พ๐๐ฒ ๐๐ ๐ฝ๐ฟ๐ผ๐ฝ๐ถ๐ฎ ๐ณ๐ฎ๐บ๐ถ๐น๐ถ๐ฎ ๐น๐ผ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐ฎ๐ฏ๐ฎ๐ป๐ฑ๐ผ๐ป๐ฎ๐ฑ๐ผ ๐ฎ ๐๐ ๐๐๐ฒ๐ฟ๐๐ฒ cuando la justicia lo atrapó. El cargo hizo que hasta los yakuzas más endurecidos fruncieran el ceño cuando Mine mencionó el nombre en voz baja. ๐๐ฐ๐ผ๐๐ผ ๐ฆ๐ฒ๐ ๐๐ฎ๐น. La condena había sido larga, el escarnio público implacable, la vergüenza tan absoluta que el hombre salió de prisión sin un solo contacto al que recurrir. Perfecto, pensó Mine. ๐๐น๐ด๐๐ถ๐ฒ๐ป ๐๐ฎ๐ป ๐ฑ๐ฒ๐๐ฝ๐ฟ๐ฒ๐ฐ๐ถ๐ฎ๐ฑ๐ผ ๐ฝ๐ผ๐ฟ ๐๐ผ๐ฑ๐ผ๐ ๐ป๐ผ ๐๐ฒ๐ป๐ฑ๐ฟ๐ฬ๐ฎ ๐บ๐ฎฬ๐ ๐ผ๐ฝ๐ฐ๐ถ๐ผฬ๐ป ๐พ๐๐ฒ ๐ฎ๐ณ๐ฒ๐ฟ๐ฟ๐ฎ๐ฟ๐๐ฒ ๐ฎ ๐พ๐๐ถ๐ฒ๐ป ๐น๐ฒ ๐๐ฒ๐ป๐ฑ๐ถ๐ฒ๐ฟ๐ฎ ๐น๐ฎ ๐บ๐ฎ๐ป๐ผ.
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La traición llegó tres meses después, aunque en retrospectiva, Mine sabía que había estado gestándose desde el primer día. Un trato. Algo grande, algo que pondría a la Familia Hakuho en una posición de poder dentro del Clan. El hombre había insistido en participar, en demostrar que era más que la mascota que los otros clanes susurraban a sus espaldas. Mine aceptó, a pesar de cada instinto que le gritaba que no lo hiciera. ๐ง๐ฎ๐น ๐๐ฒ๐, ๐๐ฒ ๐ฑ๐ถ๐ท๐ผ, ๐๐ฎ๐น ๐๐ฒ๐ ๐ฎ๐๐ฬ ๐ฒ๐น ๐๐ฬ๐ป๐ฐ๐๐น๐ผ ๐พ๐๐ฒ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ๐ป ๐ฐ๐ผ๐ป๐๐๐ฟ๐๐ถ๐ฑ๐ผ ๐ฑ๐ฒ๐ท๐ฎ๐ฟ๐ฬ๐ฎ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ฒ๐ฟ ๐๐ผ๐น๐ผ ๐ฝ๐ฎ๐น๐ฎ๐ฏ๐ฟ๐ฎ๐ ๐ฒ๐ฏ๐ฟ๐ถ๐ฎ๐ ๐ฒ๐ป ๐๐ป ๐ฐ๐ฎ๐น๐น๐ฒ๐ท๐ผฬ๐ป.
La emboscada fue perfectamente ejecutada. Las luces de los vehículos, las armas desenfundadas, los gritos de los hombres de Mine cayendo alrededor. Y el hombre que debía cubrirle la espalda, aquel al que había sacado de la cárcel, ๐ฎ๐น ๐พ๐๐ฒ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐๐ฒ๐๐๐ถ๐ฑ๐ผ, ๐ฎ๐น๐ถ๐บ๐ฒ๐ป๐๐ฎ๐ฑ๐ผ, ๐ฝ๐ฟ๐ผ๐๐ฒ๐ด๐ถ๐ฑ๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐น๐ฎ๐ ๐ฏ๐๐ฟ๐น๐ฎ๐ ๐ฑ๐ฒ ๐น๐ผ๐ ๐ฑ๐ฒ๐บ๐ฎฬ๐ ๐ฐ๐น๐ฎ๐ป๐ฒ๐, ๐ฑ๐ฒ๐๐ฎ๐ฝ๐ฎ๐ฟ๐ฒ๐ฐ๐ถ๐ผฬ ๐ฒ๐ป ๐น๐ฎ ๐ฐ๐ผ๐ป๐ณ๐๐๐ถ๐ผฬ๐ป ๐ฐ๐ผ๐ป ๐๐ผ๐ฑ๐ผ ๐ฒ๐น ๐ฑ๐ถ๐ป๐ฒ๐ฟ๐ผ. Con todo. Mine recordaba haber sangrado esa noche, arrastrándose por un callejón distinto al de la promesa de hermanos jurados, con un tajo en el costado que le enseñó lo que era estar realmente solo.
No lo buscó, no envió hombres tras él, no hizo nada excepto esperar. Y Mine Yoshitaka sabía esperar como nadie. Había esperado años para construir su imperio financiero, había esperado décadas para encontrar un lugar al que pertenecer, había esperado toda una vida para dejar de sentirse como el niño huérfano que miraba desde afuera. Podía esperar unos meses más, después de todo, Mine se convenció así mismo de que ๐น๐ฎ ๐๐ฒ๐ป๐ด๐ฎ๐ป๐๐ฎ ๐ฒ๐ ๐๐ป ๐ท๐๐ฒ๐ด๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ผ๐ป๐๐ผ๐.
El hombre volvió cuando el dinero se acabó. Volvió con la misma sonrisa untuosa, la misma falta de vergüenza, los mismos gestos de camaradería... y Mine sonrió. Le dio la bienvenida, puso una mano en su hombro y dijo que entendía, que eran tiempos difíciles, que los hermanos se perdonan. Cada palabra era un cuchillo que enterraba en su propia carne, pero la sonrisa no se movió ni un milímetro.
Dejó que el hombre creyera que había triunfado, que la traición había sido olvidada, que su lugar junto al futuro patriarca seguía intacto. Le prestó dinero cuando lo pidió, asintió con la cabeza cuando el hombre hablaba de sus planes grandiosos, rió cuando contaba sus chistes vulgares. Cada interacción era una prueba de resistencia, un ejercicio de control tan exquisito que a veces Mine se sorprendía a sí mismo, ๐ฝ๐ฟ๐ฒ๐ด๐๐ป๐๐ฎฬ๐ป๐ฑ๐ผ๐๐ฒ ๐๐ถ ๐ฟ๐ฒ๐ฎ๐น๐บ๐ฒ๐ป๐๐ฒ ๐ฒ๐ฟ๐ฎ ๐ต๐๐บ๐ฎ๐ป๐ผ ๐ผ ๐๐ผ๐น๐ผ ๐๐ป๐ฎ ๐บ๐ฎฬ๐พ๐๐ถ๐ป๐ฎ ๐ฑ๐ถ๐๐ณ๐ฟ๐ฎ๐๐ฎ๐ฑ๐ฎ ๐ฑ๐ฒ ๐ต๐ผ๐บ๐ฏ๐ฟ๐ฒ.
Pero la paciencia, como todo en la vida, tenía un límite.
Fue una tarde cualquiera. Mine estaba en su oficina de la sede de la Familia Hakuho, repasando informes trimestrales que prometían ganancias récord, cuando el hombre irrumpió sin anunciarse. Ya había estado bebiendo, el aliento a shลchลซ llegó antes que él, impregnando el aire con ese olor agrio que Mine había aprendido a identificar como presagio de problemas. Y entonces comenzó..
Primero fueron las acusaciones: Que Mine le debía más, que lo había mantenido en una posición baja a propósito para humillarlo, que él había puesto su vida en riesgo por el clan y qué había recibido a cambio. La voz del hombre crecía en volumen y en absurdez, cada palabra más inflamada que la anterior, hasta que el traqueteo de los muebles al ser empujados se sumó al ruido. Una lámpara de mesa de porcelana china, una pieza que Mine había adquirido en una subasta en Kioto, valorada en más de lo que aquel cerdo había ganado en toda su vida, voló contra la pared y estalló en fragmentos blancos. Un portarretratos con una fotografía que Mine ni siquiera recordaba haber colocado allí siguió el mismo camino. Luego un jarrón, luego un monitor...
—¡ME DEBES TODO! —el grito del hombre resonó entre las paredes de caoba, sus puños golpeando el escritorio donde Mine todavía estaba sentado, observando con una calma que parecía sobrenatural—. ¡TODO EL DINERO, MINE! ¡Y TUS HOMBRES! ¡ME CANSÉ DE ESTA MIERDA! ¡VOY A ARMAR UNA GUERRA SI NO ME DAS LO QUE ME CORRESPONDE!
Sus manos gordezuelas se cerraron sobre el borde del escritorio, volcando la taza de té que Mine había estado bebiendo momentos antes. El líquido caliente se derramó sobre los informes, arruinando horas de trabajo meticuloso. Y fue eso, de todas las cosas, lo que hizo que algo en los ojos de Mine cambiara. No fue la amenaza de guerra, no fue la destrucción de sus pertenencias. Fue el té sobre los informes. ๐๐น ๐ด๐ฒ๐๐๐ผ ๐ฝ๐ฒ๐พ๐๐ฒ๐ปฬ๐ผ, ๐ฐ๐ฎ๐๐ถ ๐ถ๐ป๐๐ถ๐ด๐ป๐ถ๐ณ๐ถ๐ฐ๐ฎ๐ป๐๐ฒ, ๐พ๐๐ฒ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐น๐ฎ๐ฏ๐ฎ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ป๐ฎ ๐ณ๐ฎ๐น๐๐ฎ ๐ฑ๐ฒ ๐ฟ๐ฒ๐๐ฝ๐ฒ๐๐ผ ๐๐ฎ๐ป ๐ฝ๐ฟ๐ผ๐ณ๐๐ป๐ฑ๐ฎ ๐พ๐๐ฒ ๐ป๐ถ ๐๐ถ๐พ๐๐ถ๐ฒ๐ฟ๐ฎ ๐บ๐ฒ๐ฟ๐ฒ๐ฐ๐ฬ๐ฎ ๐๐ฒ๐ฟ ๐ฐ๐ผ๐ป๐๐ถ๐ฑ๐ฒ๐ฟ๐ฎ๐ฑ๐ฎ.
El hombre seguía gritando, su cara congestionada hasta adquirir un tono púrpura, la saliva volando de sus labios mientras enumeraba todas las formas en que Mine le había fallado. No había notado cómo la sonrisa de Mine, esa sonrisa que había sostenido durante dos años enteros, había desaparecido de su rostro como si nunca hubiera existido.
Cuando Mine se levantó de su silla, lo hizo con fluidez, el golpe fue tan rápido que el hombre apenas tuvo tiempo de parpadear antes de que el puño de Mine se hundiera en su estómago blando con precisión. El aire salió de sus pulmones en un gemido húmedo, sus rodillas se doblaron, y luego vino el segundo golpe, y el tercero. ๐๐ฎ๐ฑ๐ฎ ๐ถ๐บ๐ฝ๐ฎ๐ฐ๐๐ผ ๐ฒ๐ฟ๐ฎ ๐๐ป๐ฎ ๐น๐ถ๐ฏ๐ฒ๐ฟ๐ฎ๐ฐ๐ถ๐ผฬ๐ป, ๐ฐ๐ฎ๐ฑ๐ฎ ๐๐ผ๐ป๐ถ๐ฑ๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐ต๐๐ฒ๐๐ผ ๐ฐ๐ผ๐ป๐๐ฟ๐ฎ ๐ฐ๐ฎ๐ฟ๐ป๐ฒ ๐๐ป ๐ฒ๐ฐ๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ผ๐ฑ๐ฎ๐ ๐น๐ฎ๐ ๐๐ผ๐ป๐ฟ๐ถ๐๐ฎ๐ ๐ณ๐ฎ๐น๐๐ฎ๐, ๐๐ผ๐ฑ๐ฎ๐ ๐น๐ฎ๐ ๐ฝ๐ฟ๐ผ๐บ๐ฒ๐๐ฎ๐ ๐ฟ๐ผ๐๐ฎ๐, ๐๐ผ๐ฑ๐ฎ๐ ๐น๐ฎ๐ ๐ป๐ผ๐ฐ๐ต๐ฒ๐ ๐ฒ๐ป ๐พ๐๐ฒ ๐ ๐ถ๐ป๐ฒ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐บ๐ถ๐ฟ๐ฎ๐ฑ๐ผ ๐ฎ๐น ๐๐ฒ๐ฐ๐ต๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ ๐ฎ๐ฝ๐ฎ๐ฟ๐๐ฎ๐บ๐ฒ๐ป๐๐ผ ๐ฝ๐ฟ๐ฒ๐ด๐๐ป๐๐ฎฬ๐ป๐ฑ๐ผ๐๐ฒ ๐ฝ๐ผ๐ฟ ๐พ๐๐ฒฬ ๐๐ฒ๐ด๐๐ฬ๐ฎ ๐๐ถ๐ป๐๐ถ๐ฒ๐ป๐ฑ๐ผ ๐ฒ๐๐ฒ ๐๐ฎ๐ฐ๐ฬ๐ผ ๐ฎ ๐ฝ๐ฒ๐๐ฎ๐ฟ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ผ๐ฑ๐ผ ๐น๐ผ ๐พ๐๐ฒ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐น๐ผ๐ด๐ฟ๐ฎ๐ฑ๐ผ.
La sangre salpicó la manga de su traje, pero Mine ni siquiera parpadeó. Sus nudillos ardían, y el dolor era casi agradable, desestresante diría.
Cuando el hombre yacía en el suelo, entre los restos de porcelana y los papeles manchados de té, emitiendo sonidos que ya no eran palabras sino gemidos, Mine se enderezó. Tomó un pañuelo de su bolsillo interior y se limpió los nudillos meticulosidad. Sólo entonces, con un gesto casi perezoso de su mano, ๐น๐น๐ฎ๐บ๐ผฬ ๐ฎ ๐๐๐ ๐๐๐ฏ๐ผ๐ฟ๐ฑ๐ถ๐ป๐ฎ๐ฑ๐ผ๐.
Dos hombres en traje negro aparecieron en el marco de la puerta, sus rostros perfectamente impasibles, esperando instrucciones.
Mine los miró, y luego desvió la vista hacia el bulto tembloroso en el suelo. Su voz, cuando habló, fue baja y serena, el mismo tono que usaba para aprobar presupuestos trimestrales.
—๐ก๐ผ ๐น๐ผ ๐ต๐ฎ๐ด๐ฎ๐ป ๐ฎ๐พ๐๐ฬ
Salió de la oficina sin mirar atrás. Caminó por el pasillo de la sede con pasos medidos, escuchando cómo los gritos comenzaban de nuevo detrás de él, más agudos y más desesperados, la voz de aquel hombre que ya no era su "mejor amigo", ๐พ๐๐ฒ ๐ป๐๐ป๐ฐ๐ฎ ๐น๐ผ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐๐ถ๐ฑ๐ผ, ๐พ๐๐ฒ ๐ป๐๐ป๐ฐ๐ฎ ๐ฝ๐ผ๐ฑ๐ฟ๐ฬ๐ฎ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฒ๐ฟ๐น๐ผ ๐๐ถ๐ฑ๐ผ.
Porque esa era la lección, ¿no? Mine había aprendido muy pronto que en este mundo no recibes nada gratis. Y aquella cosa en el suelo de su oficina, ese despojo que gemía entre la sangre y los restos de porcelana, nunca había sido un hermano. ๐ฆ๐ผ๐น๐ผ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐๐ถ๐ฑ๐ผ ๐๐ป ๐ฐ๐ผ๐ป๐๐ฟ๐ฎ๐๐ผ ๐บ๐ฎ๐น ๐ฟ๐ฒ๐ฑ๐ฎ๐ฐ๐๐ฎ๐ฑ๐ผ, ๐๐ป๐ฎ ๐ถ๐ป๐๐ฒ๐ฟ๐๐ถ๐ผฬ๐ป ๐ฐ๐ผ๐ป ๐ฟ๐ฒ๐ป๐ฑ๐ถ๐บ๐ถ๐ฒ๐ป๐๐ผ๐ ๐ป๐ฒ๐ด๐ฎ๐๐ถ๐๐ผ๐, ๐๐ป๐ฎ ๐ฝ๐ฎฬ๐ด๐ถ๐ป๐ฎ ๐บ๐ฎฬ๐ ๐ฒ๐ป ๐ฒ๐น ๐น๐ฎ๐ฟ๐ด๐ผ ๐ฒ๐ ๐ฝ๐ฒ๐ฑ๐ถ๐ฒ๐ป๐๐ฒ ๐ฑ๐ฒ ๐ฟ๐ฎ๐๐ผ๐ป๐ฒ๐ ๐ฝ๐ผ๐ฟ ๐น๐ฎ๐ ๐พ๐๐ฒ ๐ ๐ถ๐ป๐ฒ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐ฑ๐ฒ๐ท๐ฎ๐ฑ๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐ฐ๐ฟ๐ฒ๐ฒ๐ฟ ๐พ๐๐ฒ ๐น๐ผ๐ ๐น๐ฎ๐๐ผ๐ ๐ฒ๐ป๐๐ฟ๐ฒ ๐ต๐ผ๐บ๐ฏ๐ฟ๐ฒ๐ ๐ฝ๐ผ๐ฑ๐ฬ๐ฎ๐ป ๐๐ฒ๐ฟ ๐ฎ๐น๐ด๐ผ ๐บ๐ฎฬ๐ ๐พ๐๐ฒ ๐๐ฟ๐ฎ๐ป๐๐ฎ๐ฐ๐ฐ๐ถ๐ผ๐ป๐ฒ๐.
Mine había aprendido la lección antes de cumplir los veinte años, en las aulas de la universidad donde sus compañeros heredaban imperios mientras él se conformaba con ganarse una beca. El mundo, descubrió, no funcionaba con méritos, sino con conexiones. Podías ser el hombre más brillante de una sala, y aún así no significaba nada. No en la yakuza. Allí, los lazos de sangre se forjaban con la certeza de que el hombre a tu lado estaría dispuesto a ๐ฐ๐ผ๐ฟ๐๐ฎ๐ฟ๐๐ฒ ๐๐ป ๐ฑ๐ฒ๐ฑ๐ผ ๐ฝ๐ผ๐ฟ ๐๐ถ. Mine lo sabía antes de dar el primer paso. Así que, como todo en su vida, lo planificó con la meticulosidad de quien no puede permitirse un error.
Investigó durante meses. Pagó a informantes que bebían su salario en whisky barato, consultó archivos judiciales que el resto del mundo había olvidado, rastreó nombres que nadie más recordaba hasta dar con uno. Un hombre que había sido parte de un clan menor en los márgenes del Tojo, ๐ฎ๐น๐ด๐๐ถ๐ฒ๐ป ๐๐ฎ๐ป ๐ถ๐ฟ๐ฟ๐ฒ๐น๐ฒ๐๐ฎ๐ป๐๐ฒ ๐พ๐๐ฒ ๐๐ ๐ฝ๐ฟ๐ผ๐ฝ๐ถ๐ฎ ๐ณ๐ฎ๐บ๐ถ๐น๐ถ๐ฎ ๐น๐ผ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐ฎ๐ฏ๐ฎ๐ป๐ฑ๐ผ๐ป๐ฎ๐ฑ๐ผ ๐ฎ ๐๐ ๐๐๐ฒ๐ฟ๐๐ฒ cuando la justicia lo atrapó. El cargo hizo que hasta los yakuzas más endurecidos fruncieran el ceño cuando Mine mencionó el nombre en voz baja. ๐๐ฐ๐ผ๐๐ผ ๐ฆ๐ฒ๐
๐๐ฎ๐น. La condena había sido larga, el escarnio público implacable, la vergüenza tan absoluta que el hombre salió de prisión sin un solo contacto al que recurrir. Perfecto, pensó Mine. ๐๐น๐ด๐๐ถ๐ฒ๐ป ๐๐ฎ๐ป ๐ฑ๐ฒ๐๐ฝ๐ฟ๐ฒ๐ฐ๐ถ๐ฎ๐ฑ๐ผ ๐ฝ๐ผ๐ฟ ๐๐ผ๐ฑ๐ผ๐ ๐ป๐ผ ๐๐ฒ๐ป๐ฑ๐ฟ๐ฬ๐ฎ ๐บ๐ฎฬ๐ ๐ผ๐ฝ๐ฐ๐ถ๐ผฬ๐ป ๐พ๐๐ฒ ๐ฎ๐ณ๐ฒ๐ฟ๐ฟ๐ฎ๐ฟ๐๐ฒ ๐ฎ ๐พ๐๐ถ๐ฒ๐ป ๐น๐ฒ ๐๐ฒ๐ป๐ฑ๐ถ๐ฒ๐ฟ๐ฎ ๐น๐ฎ ๐บ๐ฎ๐ป๐ผ.
La primera vez que lo vio fue en una sala de visitas penitenciaria, el hombre era más bajo de lo que esperaba, con un cuerpo que la cárcel no había hecho más que engordar, un rostro inflamado por los años de mala comida y peor trato, y una mirada que alternaba entre la desconfianza del animal acorralado y una sumisión ๐ฐ๐ฎ๐๐ถ ๐๐ฒ๐ฟ๐ด๐ผ๐ป๐๐ผ๐๐ฎ. Cuando Mine se acercó, los otros reclusos que compartían el espacio se alejaron como si el aire a su alrededor estuviera contaminado. Sintió el estómago revolverse, una náusea agria que le subió por la garganta y que solo pudo contener apretando la mandíbula con una fuerza que le hizo crujir los dientes. Aquel hombre era lo más bajo que podía encontrarse en la sociedad japonesa, un paria entre los parias, tan repulsivo que incluso los asesinos y los estafadores le daban la espalda.
Y Mine sonrió. Extendió la mano con la palma hacia arriba, un gesto de apertura que había ensayado frente al espejo durante semanas, y dijo las palabras que había construido con cuidado. Habló de oportunidades, de segundas chances, de cómo alguien con su conocimiento del mundo exterior y alguien con la experiencia del hombre dentro podían construir algo juntos. Su voz no tembló y su gesto no se quebró. ๐ก๐ถ ๐๐ถ๐พ๐๐ถ๐ฒ๐ฟ๐ฎ ๐ฐ๐๐ฎ๐ป๐ฑ๐ผ ๐น๐ฎ ๐บ๐ฎ๐ป๐ผ ๐๐๐ฑ๐ผ๐ฟ๐ผ๐๐ฎ ๐ ๐ฑ๐ฒ๐บ๐ฎ๐๐ถ๐ฎ๐ฑ๐ผ ๐ฐ๐ฎ๐น๐ถ๐ฒ๐ป๐๐ฒ ๐ฑ๐ฒ๐น ๐ฒ๐
๐ฐ๐ผ๐ป๐๐ถ๐ฐ๐๐ผ ๐ฎ๐ฝ๐ฟ๐ฒ๐๐ผฬ ๐น๐ฎ ๐๐๐๐ฎ ๐ฐ๐ผ๐ป ๐๐ป๐ฎ ๐ฒ๐ณ๐๐๐ถ๐๐ถ๐ฑ๐ฎ๐ฑ ๐พ๐๐ฒ ๐น๐ฒ ๐ต๐ถ๐๐ผ ๐๐ฒ๐ป๐๐ถ๐ฟ ๐ฐ๐ผ๐บ๐ผ ๐๐ถ ๐ฒ๐๐๐๐๐ถ๐ฒ๐ฟ๐ฎ ๐๐ผ๐ฐ๐ฎ๐ป๐ฑ๐ผ ๐ฎ๐น๐ด๐ผ ๐ฝ๐๐๐ฟ๐ฒ๐ณ๐ฎ๐ฐ๐๐ผ.
Durante meses, Mine se obligó a estar presente. A escuchar las mismas historias aburridas sobre sus conquistas, los mismos chistes vulgares que hacían que sus subordinados más leales desviaran la mirada con incomodidad cuando el hombre reía demasiado fuerte en los bares de Kabukichล. A pagar las cuentas, primero las pequeñas, luego las grandes. Un apartamento aquí, un coche allá, dinero para "inversiones" que nunca se materializaban en nada excepto en deudas más grandes. Cada vez que el hombre lo llamaba "hermano" con esa voz untuosa, Mine sentía algo retorcerse en su interior, ๐๐ป ๐ฎ๐ป๐ถ๐บ๐ฎ๐น ๐ฎ๐๐พ๐๐ฒ๐ฎ๐ฑ๐ผ ๐พ๐๐ฒ ๐ฎ๐ฟ๐ฎ๐ปฬ๐ฎ๐ฏ๐ฎ ๐น๐ฎ๐ ๐ฝ๐ฎ๐ฟ๐ฒ๐ฑ๐ฒ๐ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ ๐ฒ๐๐๐ผฬ๐บ๐ฎ๐ด๐ผ. Pero sostenía la sonrisa, apretaba el hombro del otro con un gesto de camaradería que había ensayado tantas veces que se había vuelto mecánico. Esperaba, pues aquel ๐๐๐ฅ๐๐ข era el único que podía brindarle contactos.
Lo que no esperaba, lo que ningún plan financiero ni análisis de riesgo podría haber previsto, fue el momento en que algo dentro de él se dobló.
Ocurrió una noche de lluvia, en un callejón detrás de un izakaya donde habían estado bebiendo hasta que las luces de neón empezaron a parpadear como estrellas moribundas. El hombre estaba ebrio, más de lo habitual, apoyado contra la pared húmeda mientras Mine fingía buscar su teléfono para pedir un taxi. Y entonces, entre balbuceos y eructos, las palabras salieron.
—Somos hermanos jurados, Yoshitaka. Hermanos. Juntos hasta la muerte, ¿entiendes? ๐๐ฎ๐๐๐ฎ ๐น๐ฎ ๐บ๐๐ฒ๐ฟ๐๐ฒ.
La lluvia caía sobre los hombros de Mine, empapando la tela cara de su abrigo, y por un instante, solo un pequeño instante que después repasaría en su memoria cientos de veces, ๐ฝ๐ฟ๐ฒ๐ด๐๐ป๐๐ฎ๐ป๐ฑ๐ผ๐๐ฒ ๐๐ถ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ถ๐ฎ ๐๐ถ๐ฑ๐ผ ๐ฎ๐น๐ด๐ผ ๐ฟ๐ฒ๐ฎ๐น ๐ผ ๐๐ถ๐บ๐ฝ๐น๐ฒ๐บ๐ฒ๐ป๐๐ฒ ๐ฑ๐ฒ๐๐ฒ๐๐ฝ๐ฒ๐ฟ๐ฎ๐ฐ๐ถ๐ผฬ๐ป... Mine sintió algo. Una pequeña calidez, una pequeña grieta en los muros que el habia construido con tanto cuidado. Tal vez, pensó mientras miraba al hombre tambaleante bajo la lluvia, ๐๐ฎ๐น ๐๐ฒ๐ ๐ฒ๐๐๐ฎ ๐ฐ๐ผ๐๐ฎ ๐ด๐ฟ๐ผ๐๐ฒ๐๐ฐ๐ฎ ๐ฟ๐ฒ๐ฎ๐น๐บ๐ฒ๐ป๐๐ฒ ๐น๐ผ ๐ฑ๐ฒ๐ฐ๐ฬ๐ฎ ๐ฒ๐ป ๐๐ฒ๐ฟ๐ถ๐ผ. Tal vez todos los gestos, las borracheras compartidas, las conversaciones sin sentido sobre el futuro, tal vez todo eso había construido algo real. Algo que Mine nunca había tenido.
Fue un pensamiento pasajero, duró lo que el parpadeo de una luciérnaga en verano. A la mañana siguiente, cuando el hombre llamó para pedir más dinero con la misma voz de siempre y la misma falta de vergüenza, Mine ya había enterrado ese momento en lo más profundo de su mente.
La traición llegó tres meses después, aunque en retrospectiva, Mine sabía que había estado gestándose desde el primer día. Un trato. Algo grande, algo que pondría a la Familia Hakuho en una posición de poder dentro del Clan. El hombre había insistido en participar, en demostrar que era más que la mascota que los otros clanes susurraban a sus espaldas. Mine aceptó, a pesar de cada instinto que le gritaba que no lo hiciera. ๐ง๐ฎ๐น ๐๐ฒ๐, ๐๐ฒ ๐ฑ๐ถ๐ท๐ผ, ๐๐ฎ๐น ๐๐ฒ๐ ๐ฎ๐๐ฬ ๐ฒ๐น ๐๐ฬ๐ป๐ฐ๐๐น๐ผ ๐พ๐๐ฒ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ๐ป ๐ฐ๐ผ๐ป๐๐๐ฟ๐๐ถ๐ฑ๐ผ ๐ฑ๐ฒ๐ท๐ฎ๐ฟ๐ฬ๐ฎ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ฒ๐ฟ ๐๐ผ๐น๐ผ ๐ฝ๐ฎ๐น๐ฎ๐ฏ๐ฟ๐ฎ๐ ๐ฒ๐ฏ๐ฟ๐ถ๐ฎ๐ ๐ฒ๐ป ๐๐ป ๐ฐ๐ฎ๐น๐น๐ฒ๐ท๐ผฬ๐ป.
La emboscada fue perfectamente ejecutada. Las luces de los vehículos, las armas desenfundadas, los gritos de los hombres de Mine cayendo alrededor. Y el hombre que debía cubrirle la espalda, aquel al que había sacado de la cárcel, ๐ฎ๐น ๐พ๐๐ฒ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐๐ฒ๐๐๐ถ๐ฑ๐ผ, ๐ฎ๐น๐ถ๐บ๐ฒ๐ป๐๐ฎ๐ฑ๐ผ, ๐ฝ๐ฟ๐ผ๐๐ฒ๐ด๐ถ๐ฑ๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐น๐ฎ๐ ๐ฏ๐๐ฟ๐น๐ฎ๐ ๐ฑ๐ฒ ๐น๐ผ๐ ๐ฑ๐ฒ๐บ๐ฎฬ๐ ๐ฐ๐น๐ฎ๐ป๐ฒ๐, ๐ฑ๐ฒ๐๐ฎ๐ฝ๐ฎ๐ฟ๐ฒ๐ฐ๐ถ๐ผฬ ๐ฒ๐ป ๐น๐ฎ ๐ฐ๐ผ๐ป๐ณ๐๐๐ถ๐ผฬ๐ป ๐ฐ๐ผ๐ป ๐๐ผ๐ฑ๐ผ ๐ฒ๐น ๐ฑ๐ถ๐ป๐ฒ๐ฟ๐ผ. Con todo. Mine recordaba haber sangrado esa noche, arrastrándose por un callejón distinto al de la promesa de hermanos jurados, con un tajo en el costado que le enseñó lo que era estar realmente solo.
No lo buscó, no envió hombres tras él, no hizo nada excepto esperar. Y Mine Yoshitaka sabía esperar como nadie. Había esperado años para construir su imperio financiero, había esperado décadas para encontrar un lugar al que pertenecer, había esperado toda una vida para dejar de sentirse como el niño huérfano que miraba desde afuera. Podía esperar unos meses más, después de todo, Mine se convenció así mismo de que ๐น๐ฎ ๐๐ฒ๐ป๐ด๐ฎ๐ป๐๐ฎ ๐ฒ๐ ๐๐ป ๐ท๐๐ฒ๐ด๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ผ๐ป๐๐ผ๐.
El hombre volvió cuando el dinero se acabó. Volvió con la misma sonrisa untuosa, la misma falta de vergüenza, los mismos gestos de camaradería... y Mine sonrió. Le dio la bienvenida, puso una mano en su hombro y dijo que entendía, que eran tiempos difíciles, que los hermanos se perdonan. Cada palabra era un cuchillo que enterraba en su propia carne, pero la sonrisa no se movió ni un milímetro.
Dejó que el hombre creyera que había triunfado, que la traición había sido olvidada, que su lugar junto al futuro patriarca seguía intacto. Le prestó dinero cuando lo pidió, asintió con la cabeza cuando el hombre hablaba de sus planes grandiosos, rió cuando contaba sus chistes vulgares. Cada interacción era una prueba de resistencia, un ejercicio de control tan exquisito que a veces Mine se sorprendía a sí mismo, ๐ฝ๐ฟ๐ฒ๐ด๐๐ป๐๐ฎฬ๐ป๐ฑ๐ผ๐๐ฒ ๐๐ถ ๐ฟ๐ฒ๐ฎ๐น๐บ๐ฒ๐ป๐๐ฒ ๐ฒ๐ฟ๐ฎ ๐ต๐๐บ๐ฎ๐ป๐ผ ๐ผ ๐๐ผ๐น๐ผ ๐๐ป๐ฎ ๐บ๐ฎฬ๐พ๐๐ถ๐ป๐ฎ ๐ฑ๐ถ๐๐ณ๐ฟ๐ฎ๐๐ฎ๐ฑ๐ฎ ๐ฑ๐ฒ ๐ต๐ผ๐บ๐ฏ๐ฟ๐ฒ.
Pero la paciencia, como todo en la vida, tenía un límite.
Fue una tarde cualquiera. Mine estaba en su oficina de la sede de la Familia Hakuho, repasando informes trimestrales que prometían ganancias récord, cuando el hombre irrumpió sin anunciarse. Ya había estado bebiendo, el aliento a shลchลซ llegó antes que él, impregnando el aire con ese olor agrio que Mine había aprendido a identificar como presagio de problemas. Y entonces comenzó..
Primero fueron las acusaciones: Que Mine le debía más, que lo había mantenido en una posición baja a propósito para humillarlo, que él había puesto su vida en riesgo por el clan y qué había recibido a cambio. La voz del hombre crecía en volumen y en absurdez, cada palabra más inflamada que la anterior, hasta que el traqueteo de los muebles al ser empujados se sumó al ruido. Una lámpara de mesa de porcelana china, una pieza que Mine había adquirido en una subasta en Kioto, valorada en más de lo que aquel cerdo había ganado en toda su vida, voló contra la pared y estalló en fragmentos blancos. Un portarretratos con una fotografía que Mine ni siquiera recordaba haber colocado allí siguió el mismo camino. Luego un jarrón, luego un monitor...
—¡ME DEBES TODO! —el grito del hombre resonó entre las paredes de caoba, sus puños golpeando el escritorio donde Mine todavía estaba sentado, observando con una calma que parecía sobrenatural—. ¡TODO EL DINERO, MINE! ¡Y TUS HOMBRES! ¡ME CANSÉ DE ESTA MIERDA! ¡VOY A ARMAR UNA GUERRA SI NO ME DAS LO QUE ME CORRESPONDE!
Sus manos gordezuelas se cerraron sobre el borde del escritorio, volcando la taza de té que Mine había estado bebiendo momentos antes. El líquido caliente se derramó sobre los informes, arruinando horas de trabajo meticuloso. Y fue eso, de todas las cosas, lo que hizo que algo en los ojos de Mine cambiara. No fue la amenaza de guerra, no fue la destrucción de sus pertenencias. Fue el té sobre los informes. ๐๐น ๐ด๐ฒ๐๐๐ผ ๐ฝ๐ฒ๐พ๐๐ฒ๐ปฬ๐ผ, ๐ฐ๐ฎ๐๐ถ ๐ถ๐ป๐๐ถ๐ด๐ป๐ถ๐ณ๐ถ๐ฐ๐ฎ๐ป๐๐ฒ, ๐พ๐๐ฒ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐น๐ฎ๐ฏ๐ฎ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ป๐ฎ ๐ณ๐ฎ๐น๐๐ฎ ๐ฑ๐ฒ ๐ฟ๐ฒ๐๐ฝ๐ฒ๐๐ผ ๐๐ฎ๐ป ๐ฝ๐ฟ๐ผ๐ณ๐๐ป๐ฑ๐ฎ ๐พ๐๐ฒ ๐ป๐ถ ๐๐ถ๐พ๐๐ถ๐ฒ๐ฟ๐ฎ ๐บ๐ฒ๐ฟ๐ฒ๐ฐ๐ฬ๐ฎ ๐๐ฒ๐ฟ ๐ฐ๐ผ๐ป๐๐ถ๐ฑ๐ฒ๐ฟ๐ฎ๐ฑ๐ฎ.
El hombre seguía gritando, su cara congestionada hasta adquirir un tono púrpura, la saliva volando de sus labios mientras enumeraba todas las formas en que Mine le había fallado. No había notado cómo la sonrisa de Mine, esa sonrisa que había sostenido durante dos años enteros, había desaparecido de su rostro como si nunca hubiera existido.
Cuando Mine se levantó de su silla, lo hizo con fluidez, el golpe fue tan rápido que el hombre apenas tuvo tiempo de parpadear antes de que el puño de Mine se hundiera en su estómago blando con precisión. El aire salió de sus pulmones en un gemido húmedo, sus rodillas se doblaron, y luego vino el segundo golpe, y el tercero. ๐๐ฎ๐ฑ๐ฎ ๐ถ๐บ๐ฝ๐ฎ๐ฐ๐๐ผ ๐ฒ๐ฟ๐ฎ ๐๐ป๐ฎ ๐น๐ถ๐ฏ๐ฒ๐ฟ๐ฎ๐ฐ๐ถ๐ผฬ๐ป, ๐ฐ๐ฎ๐ฑ๐ฎ ๐๐ผ๐ป๐ถ๐ฑ๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐ต๐๐ฒ๐๐ผ ๐ฐ๐ผ๐ป๐๐ฟ๐ฎ ๐ฐ๐ฎ๐ฟ๐ป๐ฒ ๐๐ป ๐ฒ๐ฐ๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ผ๐ฑ๐ฎ๐ ๐น๐ฎ๐ ๐๐ผ๐ป๐ฟ๐ถ๐๐ฎ๐ ๐ณ๐ฎ๐น๐๐ฎ๐, ๐๐ผ๐ฑ๐ฎ๐ ๐น๐ฎ๐ ๐ฝ๐ฟ๐ผ๐บ๐ฒ๐๐ฎ๐ ๐ฟ๐ผ๐๐ฎ๐, ๐๐ผ๐ฑ๐ฎ๐ ๐น๐ฎ๐ ๐ป๐ผ๐ฐ๐ต๐ฒ๐ ๐ฒ๐ป ๐พ๐๐ฒ ๐ ๐ถ๐ป๐ฒ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐บ๐ถ๐ฟ๐ฎ๐ฑ๐ผ ๐ฎ๐น ๐๐ฒ๐ฐ๐ต๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ ๐ฎ๐ฝ๐ฎ๐ฟ๐๐ฎ๐บ๐ฒ๐ป๐๐ผ ๐ฝ๐ฟ๐ฒ๐ด๐๐ป๐๐ฎฬ๐ป๐ฑ๐ผ๐๐ฒ ๐ฝ๐ผ๐ฟ ๐พ๐๐ฒฬ ๐๐ฒ๐ด๐๐ฬ๐ฎ ๐๐ถ๐ป๐๐ถ๐ฒ๐ป๐ฑ๐ผ ๐ฒ๐๐ฒ ๐๐ฎ๐ฐ๐ฬ๐ผ ๐ฎ ๐ฝ๐ฒ๐๐ฎ๐ฟ ๐ฑ๐ฒ ๐๐ผ๐ฑ๐ผ ๐น๐ผ ๐พ๐๐ฒ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐น๐ผ๐ด๐ฟ๐ฎ๐ฑ๐ผ.
La sangre salpicó la manga de su traje, pero Mine ni siquiera parpadeó. Sus nudillos ardían, y el dolor era casi agradable, desestresante diría.
Cuando el hombre yacía en el suelo, entre los restos de porcelana y los papeles manchados de té, emitiendo sonidos que ya no eran palabras sino gemidos, Mine se enderezó. Tomó un pañuelo de su bolsillo interior y se limpió los nudillos meticulosidad. Sólo entonces, con un gesto casi perezoso de su mano, ๐น๐น๐ฎ๐บ๐ผฬ ๐ฎ ๐๐๐ ๐๐๐ฏ๐ผ๐ฟ๐ฑ๐ถ๐ป๐ฎ๐ฑ๐ผ๐.
Dos hombres en traje negro aparecieron en el marco de la puerta, sus rostros perfectamente impasibles, esperando instrucciones.
Mine los miró, y luego desvió la vista hacia el bulto tembloroso en el suelo. Su voz, cuando habló, fue baja y serena, el mismo tono que usaba para aprobar presupuestos trimestrales.
—๐ก๐ผ ๐น๐ผ ๐ต๐ฎ๐ด๐ฎ๐ป ๐ฎ๐พ๐๐ฬ
Salió de la oficina sin mirar atrás. Caminó por el pasillo de la sede con pasos medidos, escuchando cómo los gritos comenzaban de nuevo detrás de él, más agudos y más desesperados, la voz de aquel hombre que ya no era su "mejor amigo", ๐พ๐๐ฒ ๐ป๐๐ป๐ฐ๐ฎ ๐น๐ผ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐๐ถ๐ฑ๐ผ, ๐พ๐๐ฒ ๐ป๐๐ป๐ฐ๐ฎ ๐ฝ๐ผ๐ฑ๐ฟ๐ฬ๐ฎ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฒ๐ฟ๐น๐ผ ๐๐ถ๐ฑ๐ผ.
Porque esa era la lección, ¿no? Mine había aprendido muy pronto que en este mundo no recibes nada gratis. Y aquella cosa en el suelo de su oficina, ese despojo que gemía entre la sangre y los restos de porcelana, nunca había sido un hermano. ๐ฆ๐ผ๐น๐ผ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐๐ถ๐ฑ๐ผ ๐๐ป ๐ฐ๐ผ๐ป๐๐ฟ๐ฎ๐๐ผ ๐บ๐ฎ๐น ๐ฟ๐ฒ๐ฑ๐ฎ๐ฐ๐๐ฎ๐ฑ๐ผ, ๐๐ป๐ฎ ๐ถ๐ป๐๐ฒ๐ฟ๐๐ถ๐ผฬ๐ป ๐ฐ๐ผ๐ป ๐ฟ๐ฒ๐ป๐ฑ๐ถ๐บ๐ถ๐ฒ๐ป๐๐ผ๐ ๐ป๐ฒ๐ด๐ฎ๐๐ถ๐๐ผ๐, ๐๐ป๐ฎ ๐ฝ๐ฎฬ๐ด๐ถ๐ป๐ฎ ๐บ๐ฎฬ๐ ๐ฒ๐ป ๐ฒ๐น ๐น๐ฎ๐ฟ๐ด๐ผ ๐ฒ๐
๐ฝ๐ฒ๐ฑ๐ถ๐ฒ๐ป๐๐ฒ ๐ฑ๐ฒ ๐ฟ๐ฎ๐๐ผ๐ป๐ฒ๐ ๐ฝ๐ผ๐ฟ ๐น๐ฎ๐ ๐พ๐๐ฒ ๐ ๐ถ๐ป๐ฒ ๐ต๐ฎ๐ฏ๐ฬ๐ฎ ๐ฑ๐ฒ๐ท๐ฎ๐ฑ๐ผ ๐ฑ๐ฒ ๐ฐ๐ฟ๐ฒ๐ฒ๐ฟ ๐พ๐๐ฒ ๐น๐ผ๐ ๐น๐ฎ๐๐ผ๐ ๐ฒ๐ป๐๐ฟ๐ฒ ๐ต๐ผ๐บ๐ฏ๐ฟ๐ฒ๐ ๐ฝ๐ผ๐ฑ๐ฬ๐ฎ๐ป ๐๐ฒ๐ฟ ๐ฎ๐น๐ด๐ผ ๐บ๐ฎฬ๐ ๐พ๐๐ฒ ๐๐ฟ๐ฎ๐ป๐๐ฎ๐ฐ๐ฐ๐ถ๐ผ๐ป๐ฒ๐.