• — ¿Cuál sería un buen destino de vacaciones?
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  • "La felicidad no está en el destino, sino en el camino".
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  • La rueda del destino comenzó a girar, la nigromante había hecho los preparativos para su ritual.
    Las barreras estaban listas para alzarse como catástrofes inevitables, ya que no hay vista que estas no alcancen, su autoridad iba más allá de lo que cualquier mortal podría pensar.

    Los participantes serían traídos a la fuerza por un poder misterioso, digno de su naturaleza. Una puerta sería el origen de cada silueta, los participantes caminarían al epicentro del lugar, desolado, antiguo, parecía que no ha habido un alma allí en milenios. Nombres grabados en placas desgastadas, irreconocibles ya sea por lengua o rigidez, un mundo en el que ni siquiera los pájaros cantaban.
    Ante la estatua de un ángel corroído por el tiempo y la maleza, es donde se reunían una sensación de calidez extraña, la agresión no tenía lugar aquí. Pues era la víspera para algo mucho peor que se avecinaba.

    Las dudas seguro invadirán a los inquilinos, ¿dónde estaban?¿por qué... o por quién? Todo tendría su resolución pronto, pero el silencio mutuo solo extendería la discordia, la desconfianzas y las falsedades, pero motivaría a los hablantes.
    Todos podían verse claramente entre sí, todos frente a frente, el disfraz, la cautela y la mentira no tenían hogar, la extensión del terreno era pobre, y salir era imposible. La realidad misma se doblaba para evitar que salieran de su tan peculiar prisión.

    A los pies del monumento, un escrito...

    "Nada escapa de la mirada de la anfitriona
    Habéis sido elegidos, almas fuertes.
    Demostrad vuestro poder, alzaos encima del resto.
    Cuando el momento llegue..."

    Lo único que compartían todos los presentes, es la sensación de ser observados. El cielo era un gran ojo que buscaba devorar todo conocimiento o información, eran parte de un juego tétrico, quien hizo los preparativos muy adecuadamente para este momento.

    Serían testigos y participantes del próximo escalón de la humanidad.

    Kalhi NigDurgaeGrimmjow Jaegerjaquez 𝑻𝑬𝑵𝑬𝑩𝑹𝑶𝑼𝑺 [nebula_emerald_zebra_687]Ophelia Sephtálon Feu[PROPHETESS.1]Leo 𝙀𝙧𝙞𝙣 Nikto

    //El orden de turnos será por orden de llegada
    La rueda del destino comenzó a girar, la nigromante había hecho los preparativos para su ritual. Las barreras estaban listas para alzarse como catástrofes inevitables, ya que no hay vista que estas no alcancen, su autoridad iba más allá de lo que cualquier mortal podría pensar. Los participantes serían traídos a la fuerza por un poder misterioso, digno de su naturaleza. Una puerta sería el origen de cada silueta, los participantes caminarían al epicentro del lugar, desolado, antiguo, parecía que no ha habido un alma allí en milenios. Nombres grabados en placas desgastadas, irreconocibles ya sea por lengua o rigidez, un mundo en el que ni siquiera los pájaros cantaban. Ante la estatua de un ángel corroído por el tiempo y la maleza, es donde se reunían una sensación de calidez extraña, la agresión no tenía lugar aquí. Pues era la víspera para algo mucho peor que se avecinaba. Las dudas seguro invadirán a los inquilinos, ¿dónde estaban?¿por qué... o por quién? Todo tendría su resolución pronto, pero el silencio mutuo solo extendería la discordia, la desconfianzas y las falsedades, pero motivaría a los hablantes. Todos podían verse claramente entre sí, todos frente a frente, el disfraz, la cautela y la mentira no tenían hogar, la extensión del terreno era pobre, y salir era imposible. La realidad misma se doblaba para evitar que salieran de su tan peculiar prisión. A los pies del monumento, un escrito... "Nada escapa de la mirada de la anfitriona Habéis sido elegidos, almas fuertes. Demostrad vuestro poder, alzaos encima del resto. Cuando el momento llegue..." Lo único que compartían todos los presentes, es la sensación de ser observados. El cielo era un gran ojo que buscaba devorar todo conocimiento o información, eran parte de un juego tétrico, quien hizo los preparativos muy adecuadamente para este momento. Serían testigos y participantes del próximo escalón de la humanidad. [kalh1][6espada] [Tenebrous2][nebula_emerald_zebra_687][vortex_navy_bat_673][storm_pink_crow_361][PROPHETESS.1][Cursed_Bastard][Black.Rose][p0isonmaker] //El orden de turnos será por orden de llegada
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  • Dean no había planeado terminar en un bar de Lebanon esa noche. En realidad, su idea original era “solo una cerveza rápida” después de una cacería particularmente asquerosa. Pero el Rusty Spur estaba más lleno de lo normal: luces de neón parpadeando, música country demasiado alta y un grupo de personas reunidas alrededor de algo que parecía… divertido.

    Un toro mecánico.

    Dean levantó una ceja.
    —Esto es nuevo —murmuró, entrando como si aquel fuera su territorio natural.

    Un cartel hecho con cartulina anunciaba: TORNEO DE TORO MECÁNICO – GANADOR: BEBIDAS GRATIS TODA LA NOCHE.

    Sus ojos brillaron con la intensidad de alguien que acababa de encontrar su propósito en la vida.

    Se apoyó en la barra y pidió una cerveza mientras observaba a los participantes: un tipo demasiado borracho cayó a los tres segundos, una chica aguantó casi veinte antes de salir volando entre risas, y otro terminó enredado con la cuerda como si el toro lo hubiera declarado enemigo personal.

    Dean sonrió de medio lado.
    —Vamos, cariño… tú y yo tenemos asuntos pendientes.

    Cuando anunciaron su turno, algunos lo miraron con curiosidad: camisa de franela, botas gastadas, expresión confiada. El operador del toro le explicó las reglas con voz aburrida.

    —El que dure más tiempo gana.

    Dean se subió al toro con una facilidad insultante y se ajustó el agarre.

    —Hazlo interesante —le dijo al operador—. No seas tímido.

    La música subió. El toro empezó lento, casi burlón. Dean se balanceaba con naturalidad, como si hubiera nacido para eso. La gente comenzó a animar. Luego el toro aceleró, giró con violencia, saltó de un lado a otro.
    Dean apretó los dientes cuando el toro hizo un giro brusco que habría lanzado a cualquiera al suelo. Pero él se mantuvo firme, una mano en alto, la otra aferrada como si fuera una cacería más.

    —¡Vamos! —gritó alguien desde la barra.

    El operador subió la dificultad al máximo. El toro parecía poseído por algo del infierno. Dean estuvo a punto de caer cuando el animal dio un latigazo final… pero logró recuperar el equilibrio con una risa salvaje.

    Y entonces… se detuvo.

    Silencio.

    Un segundo después, el bar explotó en aplausos y vítores.

    —¡Tenemos ganador! —anunció el camarero—. ¡El vaquero de cuadros!

    Dean se dejó caer al suelo, respirando agitado, con una sonrisa enorme.

    —Eso… ha sido lo mejor de la semana —dijo, levantándose.

    Alguien le puso una cerveza en la mano. Luego otra. Y otra más.

    Durante el resto de la noche fue tratado como una leyenda local: palmadas en la espalda, fotos con desconocidos y comentarios como “Ese tipo montó el toro como si fuera el Apocalipsis”.

    Cuando volvió al búnker horas después, oliendo a cerveza y gloria, Sam lo miró desde la mesa de mapas.

    —¿Dónde estabas?

    Dean dejó el trofeo sobre la mesa con orgullo.

    —Ganando el primero torneo de toro mecánico de Lebanon.

    Sam parpadeó.
    —…¿Por qué no me sorprende?

    Dean se encogió de hombros, sonriendo.

    —Hay cosas que simplemente están escritas en mi destino, Sammy.

    Y esa noche, el destino llevaba botas, música country y bebidas gratis.
    Dean no había planeado terminar en un bar de Lebanon esa noche. En realidad, su idea original era “solo una cerveza rápida” después de una cacería particularmente asquerosa. Pero el Rusty Spur estaba más lleno de lo normal: luces de neón parpadeando, música country demasiado alta y un grupo de personas reunidas alrededor de algo que parecía… divertido. Un toro mecánico. Dean levantó una ceja. —Esto es nuevo —murmuró, entrando como si aquel fuera su territorio natural. Un cartel hecho con cartulina anunciaba: TORNEO DE TORO MECÁNICO – GANADOR: BEBIDAS GRATIS TODA LA NOCHE. Sus ojos brillaron con la intensidad de alguien que acababa de encontrar su propósito en la vida. Se apoyó en la barra y pidió una cerveza mientras observaba a los participantes: un tipo demasiado borracho cayó a los tres segundos, una chica aguantó casi veinte antes de salir volando entre risas, y otro terminó enredado con la cuerda como si el toro lo hubiera declarado enemigo personal. Dean sonrió de medio lado. —Vamos, cariño… tú y yo tenemos asuntos pendientes. Cuando anunciaron su turno, algunos lo miraron con curiosidad: camisa de franela, botas gastadas, expresión confiada. El operador del toro le explicó las reglas con voz aburrida. —El que dure más tiempo gana. Dean se subió al toro con una facilidad insultante y se ajustó el agarre. —Hazlo interesante —le dijo al operador—. No seas tímido. La música subió. El toro empezó lento, casi burlón. Dean se balanceaba con naturalidad, como si hubiera nacido para eso. La gente comenzó a animar. Luego el toro aceleró, giró con violencia, saltó de un lado a otro. Dean apretó los dientes cuando el toro hizo un giro brusco que habría lanzado a cualquiera al suelo. Pero él se mantuvo firme, una mano en alto, la otra aferrada como si fuera una cacería más. —¡Vamos! —gritó alguien desde la barra. El operador subió la dificultad al máximo. El toro parecía poseído por algo del infierno. Dean estuvo a punto de caer cuando el animal dio un latigazo final… pero logró recuperar el equilibrio con una risa salvaje. Y entonces… se detuvo. Silencio. Un segundo después, el bar explotó en aplausos y vítores. —¡Tenemos ganador! —anunció el camarero—. ¡El vaquero de cuadros! Dean se dejó caer al suelo, respirando agitado, con una sonrisa enorme. —Eso… ha sido lo mejor de la semana —dijo, levantándose. Alguien le puso una cerveza en la mano. Luego otra. Y otra más. Durante el resto de la noche fue tratado como una leyenda local: palmadas en la espalda, fotos con desconocidos y comentarios como “Ese tipo montó el toro como si fuera el Apocalipsis”. Cuando volvió al búnker horas después, oliendo a cerveza y gloria, Sam lo miró desde la mesa de mapas. —¿Dónde estabas? Dean dejó el trofeo sobre la mesa con orgullo. —Ganando el primero torneo de toro mecánico de Lebanon. Sam parpadeó. —…¿Por qué no me sorprende? Dean se encogió de hombros, sonriendo. —Hay cosas que simplemente están escritas en mi destino, Sammy. Y esa noche, el destino llevaba botas, música country y bebidas gratis.
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  • Sentado sobre una rama alta, con un poleron cubriéndole el torso y la luna colándose entre las hojas, Sniffles observaba su reflejo distorsionado en la superficie del lago oscuro. “¿La raza define quién eres?”, se preguntaba en silencio, sus dedos tocaba sin querer el pelaje de su mejilla, como recordando una infancia que parecía lejana. Si su sangre provenía de vermilinguos. ¿Era un animal disfrazado de humano?. Por primera vez en mucho tiempo, dudó si realmente podía escapar del legado que fluía en sus venas… o si, como la niebla que invocaba, su destino estaba condenado a tomar la forma del animal que siempre ha reprimido.
    Sentado sobre una rama alta, con un poleron cubriéndole el torso y la luna colándose entre las hojas, Sniffles observaba su reflejo distorsionado en la superficie del lago oscuro. “¿La raza define quién eres?”, se preguntaba en silencio, sus dedos tocaba sin querer el pelaje de su mejilla, como recordando una infancia que parecía lejana. Si su sangre provenía de vermilinguos. ¿Era un animal disfrazado de humano?. Por primera vez en mucho tiempo, dudó si realmente podía escapar del legado que fluía en sus venas… o si, como la niebla que invocaba, su destino estaba condenado a tomar la forma del animal que siempre ha reprimido.
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  • ¿Por qué vuelves?
    Fandom OC
    Categoría Romance
    ¿Qué pasaría si por casualidades de la vida tuvieras que volver a tu pueblo natal por una temporada y allí te reencontraras con el el primer amor de tu vida?

    Esto no es tan solo una pregunta, esta puede ser la realidad de los protagonistas de esta historia. En un pequeño pueblo costero, en el cual la pesca es la actividad comercial más relevante, la cotidianidad era lo que reinaba el ambiente de lugar, las mismas rutinas, las mismas personas, los mismos locales o los mismos paisajes. Esto para algunos era el paraíso en el cual querrían vivir durante toda su vida, para otros un infierno del cual tendrían que escapar cuanto antes.

    El claro ejemplo lo tenemos en nuestros dos protagonistas, nacidos en el mismo pueblo, siendo los mejores amigos prácticamente desde pequeños, creciendo juntos, aprendiendo de la vida tranquila y sencilla, además de una especie de sentimientos aún sin resolver… Pero cada parte eligiendo el camino que quería tomar para su vida, uno de ellos deseaba salir a conocer algo más allá de lo qeu ya sabía, la otra parte prefería quedarse donde más cómodo se sentía y con una gran seguridad de querer formar su vida en el pueblo.

    Estas decisiones ocasionaron ruptura, rupturas entre dos personas que pensaban que lo tenían todo si estaban el uno con el otro, aún así aquello no parecía suficiente una vez miraban hacía el futuro y la imagen del otro parecía difuminarse. Y como el destino lo predijo sus caminos se separaron a la llegada de oportunidades, de decisiones difíciles y de sentimientos partidos. Al principio no fue fácil acostumbrarse a la ausencia del otro, pero poco a poco la costumbre les hizo poder acomodarse a no saber nada de la vida de la otra persona, de seguir adelante sin esa otra mitad hasta que, de repente, parecía que la sensación de opresión en el pecho desaparecía, resignándose a una vida marcada por la separación y la soledad.

    Sin embargo ¿Crees que el destino se puede cambiar?
    ¿Qué pasaría si por casualidades de la vida tuvieras que volver a tu pueblo natal por una temporada y allí te reencontraras con el el primer amor de tu vida? Esto no es tan solo una pregunta, esta puede ser la realidad de los protagonistas de esta historia. En un pequeño pueblo costero, en el cual la pesca es la actividad comercial más relevante, la cotidianidad era lo que reinaba el ambiente de lugar, las mismas rutinas, las mismas personas, los mismos locales o los mismos paisajes. Esto para algunos era el paraíso en el cual querrían vivir durante toda su vida, para otros un infierno del cual tendrían que escapar cuanto antes. El claro ejemplo lo tenemos en nuestros dos protagonistas, nacidos en el mismo pueblo, siendo los mejores amigos prácticamente desde pequeños, creciendo juntos, aprendiendo de la vida tranquila y sencilla, además de una especie de sentimientos aún sin resolver… Pero cada parte eligiendo el camino que quería tomar para su vida, uno de ellos deseaba salir a conocer algo más allá de lo qeu ya sabía, la otra parte prefería quedarse donde más cómodo se sentía y con una gran seguridad de querer formar su vida en el pueblo. Estas decisiones ocasionaron ruptura, rupturas entre dos personas que pensaban que lo tenían todo si estaban el uno con el otro, aún así aquello no parecía suficiente una vez miraban hacía el futuro y la imagen del otro parecía difuminarse. Y como el destino lo predijo sus caminos se separaron a la llegada de oportunidades, de decisiones difíciles y de sentimientos partidos. Al principio no fue fácil acostumbrarse a la ausencia del otro, pero poco a poco la costumbre les hizo poder acomodarse a no saber nada de la vida de la otra persona, de seguir adelante sin esa otra mitad hasta que, de repente, parecía que la sensación de opresión en el pecho desaparecía, resignándose a una vida marcada por la separación y la soledad. Sin embargo ¿Crees que el destino se puede cambiar?
    Tipo
    Individual
    Líneas
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    Estado
    Disponible
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  • "The cold never bothered me anyway ♪ ~"

    — Era una ventisca. Una tormenta, de las más frías e implacables, pero el Caballero de Boreas necesitaba llegar a su destino por lo que, aún bajo el rugir del viento y la inclemente temperatura, sólo tomó su mandoble y se disspusos a seguir su camino.

    Con su carácter tan pintoresco incluso pareció cantar, tararear en lo que paso a paso avanzaba, su figura perdiéndose entre la poca visibilidad que el clima permitía. A saber dónde iba. Sólo él lo sabía—.
    "The cold never bothered me anyway ♪ ~" — Era una ventisca. Una tormenta, de las más frías e implacables, pero el Caballero de Boreas necesitaba llegar a su destino por lo que, aún bajo el rugir del viento y la inclemente temperatura, sólo tomó su mandoble y se disspusos a seguir su camino. Con su carácter tan pintoresco incluso pareció cantar, tararear en lo que paso a paso avanzaba, su figura perdiéndose entre la poca visibilidad que el clima permitía. A saber dónde iba. Sólo él lo sabía—.
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  • Hace cientos de años, hubo un enfrentamiento feroz entre dos enemigos mortales, la representante del Sol, la luz máxima de los planetas, contra el representante de la oscuridad absoluta.
    Una batalla que se desencadenó cuando la profecía indicaba que el amo de la oscuridad haría su aparición en la Tierra, y que apagaría el Sol y convertiría la Luna en una Luna Roja, para vivir en un eterno eclipse. Sin embargo, la humanidad consiguió adelantarse y decidió invocar en sus tierras, a la Deidad Solar, la única capaz de impedir aquel tal atroz destino, y esto provocó un combate a muerte en quienes por obvias razones, eran enemigos.

    Darakox
    Hace cientos de años, hubo un enfrentamiento feroz entre dos enemigos mortales, la representante del Sol, la luz máxima de los planetas, contra el representante de la oscuridad absoluta. Una batalla que se desencadenó cuando la profecía indicaba que el amo de la oscuridad haría su aparición en la Tierra, y que apagaría el Sol y convertiría la Luna en una Luna Roja, para vivir en un eterno eclipse. Sin embargo, la humanidad consiguió adelantarse y decidió invocar en sus tierras, a la Deidad Solar, la única capaz de impedir aquel tal atroz destino, y esto provocó un combate a muerte en quienes por obvias razones, eran enemigos. [Darakox_DarkGod]
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  • Adrián salió a la calle sin un destino claro, como solía hacerlo cuando necesitaba ordenar la cabeza. No llevaba prisa ni un plan. Solo las manos en los bolsillos y la sensación de que el mundo, allá afuera, todavía tenía algo que mostrarle.

    Se sentó en un banco, a un costado de la acera, desde donde podía ver el flujo constante de la gente. Personas caminando con sonrisas distraídas, parejas hablando en voz baja, amigos riendo sin preocuparse por el tiempo. Más adelante, unos niños corrían de un lado a otro, persiguiéndose bajo la mirada atenta de sus padres. Sus risas rompían el ruido habitual de la ciudad, como si por un momento todo se volviera más liviano.

    Adrián observaba en silencio.

    Su madre no le había enseñado muchas cosas antes de morir. No hubo largas lecciones ni grandes discursos. Pero le enseño algo que la fotografia le enseño a ella y quiso mostrarle lo que alguna vez sus ojos miraron. le enseñó algo que nadie más pudo: a mirar. A detenerse en lo que otros pasaban por alto. A encontrar sentido en los detalles pequeños, en los instantes que parecían no importar.

    Las luces de la calle comenzaban a encenderse, tiñendo el asfalto de reflejos cálidos. Los edificios se alzaban imponentes, llenos de ventanas iluminadas que escondían historias ajenas. Adrián pensó en cuántas vidas transcurrían detrás de esos muros, cuántas rutinas, cuántos recuerdos nacían y morían sin que nadie los notara.

    Para él, todo eso era distinto.

    Donde otros veían solo una calle concurrida, él veía escenas. Donde otros veían ruido, él encontraba ritmo. Su madre le había dejado esa forma de mirar el mundo, como una herencia silenciosa que seguía viva en él.

    Se quedó ahí un buen rato, sin hacer nada más que admirar. Sin fotos, sin música, sin distracciones. Solo él y el mundo moviéndose frente a sus ojos.

    Y por primera vez en el día, Adrián sintió que no necesitaba nada más.
    Adrián salió a la calle sin un destino claro, como solía hacerlo cuando necesitaba ordenar la cabeza. No llevaba prisa ni un plan. Solo las manos en los bolsillos y la sensación de que el mundo, allá afuera, todavía tenía algo que mostrarle. Se sentó en un banco, a un costado de la acera, desde donde podía ver el flujo constante de la gente. Personas caminando con sonrisas distraídas, parejas hablando en voz baja, amigos riendo sin preocuparse por el tiempo. Más adelante, unos niños corrían de un lado a otro, persiguiéndose bajo la mirada atenta de sus padres. Sus risas rompían el ruido habitual de la ciudad, como si por un momento todo se volviera más liviano. Adrián observaba en silencio. Su madre no le había enseñado muchas cosas antes de morir. No hubo largas lecciones ni grandes discursos. Pero le enseño algo que la fotografia le enseño a ella y quiso mostrarle lo que alguna vez sus ojos miraron. le enseñó algo que nadie más pudo: a mirar. A detenerse en lo que otros pasaban por alto. A encontrar sentido en los detalles pequeños, en los instantes que parecían no importar. Las luces de la calle comenzaban a encenderse, tiñendo el asfalto de reflejos cálidos. Los edificios se alzaban imponentes, llenos de ventanas iluminadas que escondían historias ajenas. Adrián pensó en cuántas vidas transcurrían detrás de esos muros, cuántas rutinas, cuántos recuerdos nacían y morían sin que nadie los notara. Para él, todo eso era distinto. Donde otros veían solo una calle concurrida, él veía escenas. Donde otros veían ruido, él encontraba ritmo. Su madre le había dejado esa forma de mirar el mundo, como una herencia silenciosa que seguía viva en él. Se quedó ahí un buen rato, sin hacer nada más que admirar. Sin fotos, sin música, sin distracciones. Solo él y el mundo moviéndose frente a sus ojos. Y por primera vez en el día, Adrián sintió que no necesitaba nada más.
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  • Yo abandoné el Olimpo.
    No por cobardía,
    sino por cansancio.
    Me llevé conmigo a Ares
    y dejé a los dioses devorarse entre sí.

    Abajo aprendí algo imperdonable:
    los mortales saben que van a morir
    y aun así se atreven a amar.
    Nosotros, eternos,
    solo sabíamos poseer.

    Cuando regresé,
    el Olimpo ya estaba muerto.

    No me esperaban.
    No hubo reproches.
    Ni truenos.
    Ni himnos.

    Solo mis pasos
    profanando un lugar
    que ya no quería ser sagrado.

    Mi jardín no estaba marchito:
    estaba abandonado,
    como si la vida se hubiera rendido
    antes de intentarlo.

    El trono del rayo
    no estaba vacío:
    estaba cansado.
    Como si incluso Zeus
    hubiera huido de sí mismo.

    Apolo no profetizaba.
    El sol no cantaba.
    El silencio le había arrancado la voz.

    La sala de los fantasmas
    no tenía ecos,
    porque ya no había nadie
    que recordara.

    El jardín eterno
    murió sin testigos.
    La eternidad se desangró
    sin que nadie la llorara.

    Entré a la habitación
    de la reina del Olimpo
    y no brillaba:
    apestaba a ausencia.

    Entonces lo entendí.
    No me fui un instante.
    Me fui demasiado.

    En los Campos Elíseos
    los héroes dormían
    como cadáveres bien ordenados,
    olvidados incluso por la gloria
    que los había prometido inmortales.

    El inframundo seguía en pie,
    pero congelado,
    como un corazón que late
    solo por costumbre.
    Perséfone no volvió.
    Y nadie la fue a buscar.

    Las Moiras no existían.
    No porque murieran,
    sino porque ya no había destino
    que valiera la pena tejer.

    La copa de Asclepio
    estaba seca.
    Ni la vida suplicó.
    Ni la muerte respondió.

    Y yo quedé allí.
    Inmortal.
    Sola.

    No como diosa.
    Sino como testigo
    del día en que los dioses
    se cansaron de existir.

    El Olimpo no cayó.
    Fue peor.
    El Olimpo fue olvidado.

    #rol #mitologiagriega
    dedicado al fandom de mitologia griega de ficrol que hoy en dia esta muerto.

    Yo abandoné el Olimpo. No por cobardía, sino por cansancio. Me llevé conmigo a Ares y dejé a los dioses devorarse entre sí. Abajo aprendí algo imperdonable: los mortales saben que van a morir y aun así se atreven a amar. Nosotros, eternos, solo sabíamos poseer. Cuando regresé, el Olimpo ya estaba muerto. No me esperaban. No hubo reproches. Ni truenos. Ni himnos. Solo mis pasos profanando un lugar que ya no quería ser sagrado. Mi jardín no estaba marchito: estaba abandonado, como si la vida se hubiera rendido antes de intentarlo. El trono del rayo no estaba vacío: estaba cansado. Como si incluso Zeus hubiera huido de sí mismo. Apolo no profetizaba. El sol no cantaba. El silencio le había arrancado la voz. La sala de los fantasmas no tenía ecos, porque ya no había nadie que recordara. El jardín eterno murió sin testigos. La eternidad se desangró sin que nadie la llorara. Entré a la habitación de la reina del Olimpo y no brillaba: apestaba a ausencia. Entonces lo entendí. No me fui un instante. Me fui demasiado. En los Campos Elíseos los héroes dormían como cadáveres bien ordenados, olvidados incluso por la gloria que los había prometido inmortales. El inframundo seguía en pie, pero congelado, como un corazón que late solo por costumbre. Perséfone no volvió. Y nadie la fue a buscar. Las Moiras no existían. No porque murieran, sino porque ya no había destino que valiera la pena tejer. La copa de Asclepio estaba seca. Ni la vida suplicó. Ni la muerte respondió. Y yo quedé allí. Inmortal. Sola. No como diosa. Sino como testigo del día en que los dioses se cansaron de existir. El Olimpo no cayó. Fue peor. El Olimpo fue olvidado. #rol #mitologiagriega dedicado al fandom de mitologia griega de ficrol que hoy en dia esta muerto.
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