• Jamás se había caracterizado por ser un médico petulante, ni había abusado de su autoridad frente a sus colegas, a pesar del abrumador peso que suponía ostentar la Jefatura de Cirugía a su edad. Poseía la facultad de delegar el trabajo, pero su estoica devoción siempre lo empujaba a colocarse en la primera línea de los casos más críticos.

    Hacía todo lo humana y científicamente posible. El noventa por ciento de sus intervenciones culminaba en éxito, desafiando a menudo las nefastas estadísticas... Elias se desvivía por ser un cirujano de excelencia, un buen hombre, un ser humano competente. ¿Entonces por qué? ¿Por qué el universo se ensañaba con él? ¿Por qué siempre era su rostro el que recibía el repudio y la furia de las familias cuando la muerte ganaba la partida?

    El impacto lo había derribado contra el frío linóleo del pasillo, y el latido punzante en el centro de su rostro le advertía que, muy probablemente, le habían fracturado la nariz. Estaba aturdido. La sangre caliente comenzaba a resbalar por su labio superior mientras escuchaba, como si estuviera sumergido bajo el agua, los alaridos rotos y las preguntas incriminatorias del hombre enfurecido frente a él. ¿Por qué su hija no había salido viva del quirófano?

    Elias también anhelaba saberlo. Había seguido cada protocolo con precisión milimétrica, e incluso se había aventurado en terrenos que otros cirujanos temían: ejecutó una craneotomía descompresiva de emergencia combinada con un bypass extracraneal-intracraneal de altísimo riesgo, navegando a ciegas entre el tejido para drenar una hemorragia masiva que ya estaba asfixiando el tronco encefálico. Había suturado arterias microscópicas durante ocho agónicas horas... pero fue inútil. La necrosis fue inclemente.

    Sin embargo, lo que le helaba la sangre y le aceleraba el pulso no era la amenaza de recibir un segundo golpe por parte de aquel hombre. Era esa macabra y asfixiante sensación de déjà vu. La escena le resultaba tan familiar... tan dolorosamente calcada de su pasado.

    Tirado en el suelo, llevándose una mano temblorosa al rostro ensangrentado, Elias se sintió minúsculo. Volvía a tener diez años en lugar de 28. El pasillo del hospital se desvaneció, siendo reemplazado por la lúgubre sala de su infancia. Y el hombre que le gritaba ya no era un padre en duelo, sino la imponente y aterradora sombra de su propio progenitor, moliéndolo a golpes sin piedad, castigando con furia el más mínimo error en una práctica de disección.
    Jamás se había caracterizado por ser un médico petulante, ni había abusado de su autoridad frente a sus colegas, a pesar del abrumador peso que suponía ostentar la Jefatura de Cirugía a su edad. Poseía la facultad de delegar el trabajo, pero su estoica devoción siempre lo empujaba a colocarse en la primera línea de los casos más críticos. Hacía todo lo humana y científicamente posible. El noventa por ciento de sus intervenciones culminaba en éxito, desafiando a menudo las nefastas estadísticas... Elias se desvivía por ser un cirujano de excelencia, un buen hombre, un ser humano competente. ¿Entonces por qué? ¿Por qué el universo se ensañaba con él? ¿Por qué siempre era su rostro el que recibía el repudio y la furia de las familias cuando la muerte ganaba la partida? El impacto lo había derribado contra el frío linóleo del pasillo, y el latido punzante en el centro de su rostro le advertía que, muy probablemente, le habían fracturado la nariz. Estaba aturdido. La sangre caliente comenzaba a resbalar por su labio superior mientras escuchaba, como si estuviera sumergido bajo el agua, los alaridos rotos y las preguntas incriminatorias del hombre enfurecido frente a él. ¿Por qué su hija no había salido viva del quirófano? Elias también anhelaba saberlo. Había seguido cada protocolo con precisión milimétrica, e incluso se había aventurado en terrenos que otros cirujanos temían: ejecutó una craneotomía descompresiva de emergencia combinada con un bypass extracraneal-intracraneal de altísimo riesgo, navegando a ciegas entre el tejido para drenar una hemorragia masiva que ya estaba asfixiando el tronco encefálico. Había suturado arterias microscópicas durante ocho agónicas horas... pero fue inútil. La necrosis fue inclemente. Sin embargo, lo que le helaba la sangre y le aceleraba el pulso no era la amenaza de recibir un segundo golpe por parte de aquel hombre. Era esa macabra y asfixiante sensación de déjà vu. La escena le resultaba tan familiar... tan dolorosamente calcada de su pasado. Tirado en el suelo, llevándose una mano temblorosa al rostro ensangrentado, Elias se sintió minúsculo. Volvía a tener diez años en lugar de 28. El pasillo del hospital se desvaneció, siendo reemplazado por la lúgubre sala de su infancia. Y el hombre que le gritaba ya no era un padre en duelo, sino la imponente y aterradora sombra de su propio progenitor, moliéndolo a golpes sin piedad, castigando con furia el más mínimo error en una práctica de disección.
    Me entristece
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  • Alguien voló sobre el nido del cuco
    Fandom Clan Ishtar
    Categoría Original
    https://www.youtube.com/watch?v=_1_IXFQY5Wk&list=LL&index=113

    Aeropuerto Internacional de San Francisco.
    Noche. No importa la hora.
    Multitud. Cada uno de ellos, cual animal de pastoreo se dirige a su destino.
    Sin mirar a los lados. Con sus ojos sobre sus pertenencias, móvil o pendientes de alguna tontería del estilo.

    Hacía unas semanas, las dudas habían asaltado mi mente.
    Mi familia había comenzado a preocuparse. Los cambios en mi actitud eran evidentes.
    Pero no había forma de que les dijese que mi propia personalidad estaba indefinida.
    Que, como dice el dicho, la cabra tira al monte. Y lo que siempre había sido, estaba volviendo para reclamar su lugar.

    Al inicio me encontraba reticente.
    Era consciente de la oscuridad que albergaba. Del peligro que podía suponer. De que, entregarle el mando a alguien más podría suponer el fin de lo que conocía.
    Por otra parte, era cuestión de tiempo que acabase pasando.
    Y pedir ayuda no era una opción.
    No cuando hay una parte de mi que comienza a aceptar lo que está pasando.
    Y tras aquel día donde por primera vez tras mucho tiempo, mi cabello platinado comenzaba a ennegrecerse en sus raíces mientras me había manchado de sangre de la misma forma que podría haber estado lloviendo sobre mi, cada vez una dualidad que no tenía lugar estaba comenzando a manifestarse.

    Sin embargo, no tardé tanto en decidir.

    No pasó nada. Simplemente, quise hacerlo.

    Me levanté. Me vi al espejo. Me di cuenta de lo muerta que se había vuelto mi mirada. De que mi impecablemente peinado cabello hacía días que comenzaba a estar revuelto.

    Y, como quien se encuentra tras tanto tiempo con un viejo amigo, abracé la oscuridad por completo.

    Sin miedo, de manera inesperada y por primera vez, cerré los ojos.
    Extendí la mano.
    Concentré todo el poder del contrato en las puntas de mis dedos.
    Y haciendo el gesto de haber girado una llave, entré a su plano.

    Cuando abrí los ojos, me encontraba en ese lugar.

    Veinte años atrás, estaba totalmente aterrorizado. Yo mismo y sin poderes, no entendía nada. ¿Era un lugar? ¿Una presencia? ¿Por qué mi cabeza me decía que estas escaleras de Escher eran correctas e incorrectas al mismo tiempo? ¿Que lo estaba entendiendo y a la vez no?
    Sentía un miedo que me rebajaba a lo humano.
    Me sometía ante el.
    Y ante todo, me recordaba que había siempre algo por encima de mi a lo que me convenía someterme.

    En este momento, lo estaba haciendo con determinación.
    Conciencia.
    Sabía de sobra lo que había.
    La presencia seguía siendo igual de abrumadora.
    Pero yo había cambiado.
    Entiendo que no entiendo. Sé que puedo lo que no puedo. Donde todo comienza y termina, sé y a la vez no sé lo que hay y deja de haber.

    ── Debes estar confuso. ── dije. Mi antigua personalidad había resquebrajado un sello que parecía imposible. Y de igual manera, la conjunción y armonía de ambas personalidades, pasada y presente, habían encontrado un hilo del que tirar.

    Una voz parece oírse. Desde todas partes, desde dentro de mi, en mi propia mente. Esta presencia omnipotente, omnisciente…era su manera de hacerse ver.
    Él sabía mejor que nadie que haber decidido trascender y existir como algo mucho más allá de algo físico era la manera de ser el más poderoso.
    Nadie podía atacar su propia mente.
    Nadie podía acorralar algo que no pudiese definir.
    Se había refugiado en cada presencia, cada mente, cada individuo capaz de interpretar la realidad.
    Él existía a través de ello. Y mientras la realidad siguiese en el mismo plano, su existencia sería eterna.

    ── Mi Apóstol. Algo te inquieta. ──. Sus palabras son medidas. Nunca se ha expresado más de lo necesario. No lo consideraba.

    ── No. Simplemente he venido a tomar lo que considero mío. ──

    Son palabras mayores frente a la mismísima identidad que rige lo que cada individuo hasta la fecha ha considerado como “alma”.
    Nadie tenía la respuesta acerca de su propia conciencia.
    Montones de religiones habían surgido, creado a sus dioses, sus demonios, conceptualizado lo que había tras la muerte.
    La misma ciencia era incapaz de explicar del todo la realidad que rodea a cada individuo.
    Y no dejaba de ser tremendamente presuntuoso que un único individuo con su poder prestado pareciese desafiarle.

    ── ¿Será? ──

    El susurro, proveniente de cada centímetro y de cada espacio visible o imperceptible se deja sentir.

    ── Eres un ciclo. Yo también lo soy. Cuando me muera, dejarás de tener poder sobre mi. Esa es la primera ley: tu poder no es omnipotente. Tu alcance está limitado, y juegas con ello. Sabes que la existencia se repite. Cambia su forma. Muta su esencia. Evoluciona e involuciona

    Manejas lo que hace que la existencia tenga parte de su sentido. Si no hay nada o nadie capaz de ver, ser parte y perpetuar el ciclo, simplemente tu poder se apagaría.

    Navaja de Ockam. El alma…son impulsos. Eléctricos, a nuestro parecer y definición. Hacen que a través de ello y gracias a ello, puedas canalizarte.

    Sin nada de ello, sólo tú sabes lo que serías.

    Pero que incluso algo omnisciente sepa que debe… ──

    Mis palabras son interrumpidas por su risa.
    Grave.
    Absoluta.

    ── Una respuesta muy humana. ──

    Se queda callado.
    Me quedo quieto.
    Mi mirada sigue sin cambiar.
    ¿Siquiera pienso que he acertado en algo? ¿Que he podido ganarle a una entidad de la que depende directamente que cada ser actuante, más divino, más inmortal o más todopoderoso que exista pueda hacer hasta el más mínimo acto?
    El solo planteamiento suena como una mala broma.

    ── Sabía que te llegarías a dar cuenta. Negar una parte de ti. Tratar de aceptar sólo lo que quieres. Has entendido que es ilógico. ──

    El silencio sigue un momento más.

    ── Sin embargo, hay algo que no has entendido hasta ahora. No eres mi siervo. Eres mi Apóstol. Siempre has sido capaz de usar mi poder a tu libertad. Jamás te impuse límite alguno. Recuerda. ──

    Y entonces, me doy cuenta.
    Los términos del contrato nunca especificaban castigo alguno si lo “rompía”.
    Ni siquiera tenía prohibido hablar del demonio.

    ── Veo que lo entiendes. ──

    Vuelvo a abrir los ojos.
    A ver el ordinario y tan normal mundo que me rodea.
    Y ahora, mi alma resuena plenamente. He comprendido todo.

    No es que tuviese prohibido hablar del demonio de la cognición. Es que yo mismo no iba a permitir que semejante poder pudiese siquiera conocerlo alguien más. Hacerlo hubiese supuesto un punto débil. Desventajoso, tremendamente, en mi contra.

    No es que yo me estuviese defendiendo. Es que, aquella noche esperé a que se confiasen cada uno de los doce asaltantes.
    Pude haberlos inhabilitado. Y los maté a sangre fría. Todos y cada uno.

    Ante todo, el motivo real de que esta mi personalidad hubiese quebrantado un sello que parecía tan prohibido.
    Piedad. Amor. Egoísmo. Desconozco como definirlo.
    Pero cuando Fenrir nació, algo dentro de mi me dijo que su bondad, su inocencia, su integridad en un mundo tan corrupto, sería a cambio de volver a lo que había olvidado.
    Usar la cognición rompía el sello que me permitía ser un demonio más. Pertenecer a la nobleza Jaegerjaquez e Ishtar de pleno derecho. Apartar un lado humano que no necesitaba.
    Irónicamente, un lado demoníaco con un corazón más humano era el que estaba negando a un humano con el corazón más demoníaco.
    Un poco de luz en la sombra y un poco de sombra en la luz. Todo se encontraba en equilibrio.
    Pero en este momento, soy un demonio puro con un corazón demoníaco.
    El amor de un padre, dirían algunos.
    La continuación de un legado, podría decir yo.

    Y sobre todo, no es que estuviese dándome cuenta de todo esto ahora.
    Por pura comodidad, no he querido asumirlo antes.
    Pero por dentro, hervía de ganas.

    Como demonio que soy, si ni siquiera mis propios congéneres me maldicen, mal honor habré hecho a mi especie.
    https://www.youtube.com/watch?v=_1_IXFQY5Wk&list=LL&index=113 Aeropuerto Internacional de San Francisco. Noche. No importa la hora. Multitud. Cada uno de ellos, cual animal de pastoreo se dirige a su destino. Sin mirar a los lados. Con sus ojos sobre sus pertenencias, móvil o pendientes de alguna tontería del estilo. Hacía unas semanas, las dudas habían asaltado mi mente. Mi familia había comenzado a preocuparse. Los cambios en mi actitud eran evidentes. Pero no había forma de que les dijese que mi propia personalidad estaba indefinida. Que, como dice el dicho, la cabra tira al monte. Y lo que siempre había sido, estaba volviendo para reclamar su lugar. Al inicio me encontraba reticente. Era consciente de la oscuridad que albergaba. Del peligro que podía suponer. De que, entregarle el mando a alguien más podría suponer el fin de lo que conocía. Por otra parte, era cuestión de tiempo que acabase pasando. Y pedir ayuda no era una opción. No cuando hay una parte de mi que comienza a aceptar lo que está pasando. Y tras aquel día donde por primera vez tras mucho tiempo, mi cabello platinado comenzaba a ennegrecerse en sus raíces mientras me había manchado de sangre de la misma forma que podría haber estado lloviendo sobre mi, cada vez una dualidad que no tenía lugar estaba comenzando a manifestarse. Sin embargo, no tardé tanto en decidir. No pasó nada. Simplemente, quise hacerlo. Me levanté. Me vi al espejo. Me di cuenta de lo muerta que se había vuelto mi mirada. De que mi impecablemente peinado cabello hacía días que comenzaba a estar revuelto. Y, como quien se encuentra tras tanto tiempo con un viejo amigo, abracé la oscuridad por completo. Sin miedo, de manera inesperada y por primera vez, cerré los ojos. Extendí la mano. Concentré todo el poder del contrato en las puntas de mis dedos. Y haciendo el gesto de haber girado una llave, entré a su plano. Cuando abrí los ojos, me encontraba en ese lugar. Veinte años atrás, estaba totalmente aterrorizado. Yo mismo y sin poderes, no entendía nada. ¿Era un lugar? ¿Una presencia? ¿Por qué mi cabeza me decía que estas escaleras de Escher eran correctas e incorrectas al mismo tiempo? ¿Que lo estaba entendiendo y a la vez no? Sentía un miedo que me rebajaba a lo humano. Me sometía ante el. Y ante todo, me recordaba que había siempre algo por encima de mi a lo que me convenía someterme. En este momento, lo estaba haciendo con determinación. Conciencia. Sabía de sobra lo que había. La presencia seguía siendo igual de abrumadora. Pero yo había cambiado. Entiendo que no entiendo. Sé que puedo lo que no puedo. Donde todo comienza y termina, sé y a la vez no sé lo que hay y deja de haber. ── Debes estar confuso. ── dije. Mi antigua personalidad había resquebrajado un sello que parecía imposible. Y de igual manera, la conjunción y armonía de ambas personalidades, pasada y presente, habían encontrado un hilo del que tirar. Una voz parece oírse. Desde todas partes, desde dentro de mi, en mi propia mente. Esta presencia omnipotente, omnisciente…era su manera de hacerse ver. Él sabía mejor que nadie que haber decidido trascender y existir como algo mucho más allá de algo físico era la manera de ser el más poderoso. Nadie podía atacar su propia mente. Nadie podía acorralar algo que no pudiese definir. Se había refugiado en cada presencia, cada mente, cada individuo capaz de interpretar la realidad. Él existía a través de ello. Y mientras la realidad siguiese en el mismo plano, su existencia sería eterna. ── Mi Apóstol. Algo te inquieta. ──. Sus palabras son medidas. Nunca se ha expresado más de lo necesario. No lo consideraba. ── No. Simplemente he venido a tomar lo que considero mío. ── Son palabras mayores frente a la mismísima identidad que rige lo que cada individuo hasta la fecha ha considerado como “alma”. Nadie tenía la respuesta acerca de su propia conciencia. Montones de religiones habían surgido, creado a sus dioses, sus demonios, conceptualizado lo que había tras la muerte. La misma ciencia era incapaz de explicar del todo la realidad que rodea a cada individuo. Y no dejaba de ser tremendamente presuntuoso que un único individuo con su poder prestado pareciese desafiarle. ── ¿Será? ── El susurro, proveniente de cada centímetro y de cada espacio visible o imperceptible se deja sentir. ── Eres un ciclo. Yo también lo soy. Cuando me muera, dejarás de tener poder sobre mi. Esa es la primera ley: tu poder no es omnipotente. Tu alcance está limitado, y juegas con ello. Sabes que la existencia se repite. Cambia su forma. Muta su esencia. Evoluciona e involuciona Manejas lo que hace que la existencia tenga parte de su sentido. Si no hay nada o nadie capaz de ver, ser parte y perpetuar el ciclo, simplemente tu poder se apagaría. Navaja de Ockam. El alma…son impulsos. Eléctricos, a nuestro parecer y definición. Hacen que a través de ello y gracias a ello, puedas canalizarte. Sin nada de ello, sólo tú sabes lo que serías. Pero que incluso algo omnisciente sepa que debe… ── Mis palabras son interrumpidas por su risa. Grave. Absoluta. ── Una respuesta muy humana. ── Se queda callado. Me quedo quieto. Mi mirada sigue sin cambiar. ¿Siquiera pienso que he acertado en algo? ¿Que he podido ganarle a una entidad de la que depende directamente que cada ser actuante, más divino, más inmortal o más todopoderoso que exista pueda hacer hasta el más mínimo acto? El solo planteamiento suena como una mala broma. ── Sabía que te llegarías a dar cuenta. Negar una parte de ti. Tratar de aceptar sólo lo que quieres. Has entendido que es ilógico. ── El silencio sigue un momento más. ── Sin embargo, hay algo que no has entendido hasta ahora. No eres mi siervo. Eres mi Apóstol. Siempre has sido capaz de usar mi poder a tu libertad. Jamás te impuse límite alguno. Recuerda. ── Y entonces, me doy cuenta. Los términos del contrato nunca especificaban castigo alguno si lo “rompía”. Ni siquiera tenía prohibido hablar del demonio. ── Veo que lo entiendes. ── Vuelvo a abrir los ojos. A ver el ordinario y tan normal mundo que me rodea. Y ahora, mi alma resuena plenamente. He comprendido todo. No es que tuviese prohibido hablar del demonio de la cognición. Es que yo mismo no iba a permitir que semejante poder pudiese siquiera conocerlo alguien más. Hacerlo hubiese supuesto un punto débil. Desventajoso, tremendamente, en mi contra. No es que yo me estuviese defendiendo. Es que, aquella noche esperé a que se confiasen cada uno de los doce asaltantes. Pude haberlos inhabilitado. Y los maté a sangre fría. Todos y cada uno. Ante todo, el motivo real de que esta mi personalidad hubiese quebrantado un sello que parecía tan prohibido. Piedad. Amor. Egoísmo. Desconozco como definirlo. Pero cuando Fenrir nació, algo dentro de mi me dijo que su bondad, su inocencia, su integridad en un mundo tan corrupto, sería a cambio de volver a lo que había olvidado. Usar la cognición rompía el sello que me permitía ser un demonio más. Pertenecer a la nobleza Jaegerjaquez e Ishtar de pleno derecho. Apartar un lado humano que no necesitaba. Irónicamente, un lado demoníaco con un corazón más humano era el que estaba negando a un humano con el corazón más demoníaco. Un poco de luz en la sombra y un poco de sombra en la luz. Todo se encontraba en equilibrio. Pero en este momento, soy un demonio puro con un corazón demoníaco. El amor de un padre, dirían algunos. La continuación de un legado, podría decir yo. Y sobre todo, no es que estuviese dándome cuenta de todo esto ahora. Por pura comodidad, no he querido asumirlo antes. Pero por dentro, hervía de ganas. Como demonio que soy, si ni siquiera mis propios congéneres me maldicen, mal honor habré hecho a mi especie.
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  • BATALLA DRAGON (parte 2)

    -ambos dragones se volvieron a mirar entre ellos con miradas desafiantes y sed de sangre, tenía que detener esto a como de lugar y entonces, hice que la musculatura de mí cuerpo se elevará un poco, solo aumente lo suficiente como para no perder velocidad-

    Esas heridas que tienen debieron doler mucho, ¿No es así? Les debo una disculpa debí haber llegado antes, perdonenme.. voy a liberarlos para que sean libres

    -un brillo se haría notable en mí espalda solo unos segundos como si algo hubiese aparecido ahí, sacaría de mí bolsa dos cadenas que al inicio no parecían muy grandes pero al apretarlas con fuerza se cubrirían en un aura anaranjada-

    Muy bien chicos es hora de terminar con esto y en el caso de que les duela pues les pido que me perdonen. ¡Aumento!

    -al pronunciar esa última palabra daría un golpe de látigo hacia los lados con ambas cadenas viéndose como estás ahora se habían alargado mucho más y las enrollaria a dos de aquellas rocas de hielo, cuando estaba preparado empecé a correr hacia ellos arrancando ambas rocas del suelo para traerlas conmigo y cuando estuve a mitad de camino balancearla ambas rocas hacia un lado para así arrojarlas hacia el dragón de fuego, logré dar dos impactos directo a su nuca causando que perdiera equilibrio y cayera al suelo, por otro lado, el dragón de hielo me miró listo para atacar-

    (El grandote ya está tirado y tardara varios minutos en levantarse, debo esperar el momento indicado)

    -el dragón crearía pinchos de hielo en su cola antes de arrojarmelos como si fueran una enorme lluvia de flechas, esquivaria lo que se encontraban cerca de mí y al resto los destruía con mis cadenas, cuando salí ileso de aquello vi como ese dragón se preparaba para arrojar uno de sus rayos y en ese momento note que era mí oportunidad, me lance corriendo hacia el y cuando lo tenía cerca enrollaria mis cadenas en sus cuernos para después sacar mis alas y volar por encima de el y aterrizar en el cuello del dragón de fuego, justo donde está ese collar-

    ¿¡Que estás esperando!? Aquí me tienes, dispara de una vez ¡Hazlooo!

    -provocado por mis palabras el dragón arrojo su rayo hacia mí y lo esquive de un salto, cuando el rayo tocó el collar lo congelo por completo y cuando volví a caer encima de el rompería el collar dejando al dragón de fuego libre-

    Dragón de F: ¡Aaaggh! Siento como si me hubieran lanzado dos rocas a la cabeza, ¿Quien fue?

    Me disculpare contigo luego pero ahora te necesito ¡Debes romper ese collar!

    Dragón de F: tengo una idea mejor, lo distraigo y tu se lo quitas

    -el dragón de fuego se lanzó para embestir al de hielo y sostenerlo con sus garras para que no se alejara, mientras tanto yo habría dado un salto por encima del dragón de hielo y aterricé justo en su cuello para atar mis dos cadenas a su collar-

    No voy a permitir que nos utilicen a su antojo, nuestras vidas no son algo para jugar ¡Merecemos libertad!

    -agarraria de la parte superior ambas cadenas para así jalar con mucha fuerza logrando partir en dos dicho collar, después de eso ambos dragones volvieron a sus formas humanas estando exhaustos-

    Dragón de H: haa.. has.. muchas gracias joven.. crei que íbamos a morir..

    Dragón de F: eres muy buen luchador y pude reconocer tus técnicas perteneces al ejército de la reina dragón, ¿Verdad?

    Ya no existe reina dragón.. tuve que dejar aquella vida atrás cuando la vi morir junto a su esposo..

    Dragón de H: te entendemos.. todos perdimos algo importante aquella vez..

    Oigan, el que les puso esos collares ¿Se acuerdan de el?

    Dragón de F: se dónde se ubica pero no es uno solo, tienen una base con varios soldados, además, tienen dragones capturados

    Iré a liberarlos en cuanto pueda pero ustedes regresen a sus hogares

    Dragón de F: si llegas a necesitar ayuda no dudes en avisar y ahí estaremos

    Fin...
    BATALLA DRAGON (parte 2) -ambos dragones se volvieron a mirar entre ellos con miradas desafiantes y sed de sangre, tenía que detener esto a como de lugar y entonces, hice que la musculatura de mí cuerpo se elevará un poco, solo aumente lo suficiente como para no perder velocidad- Esas heridas que tienen debieron doler mucho, ¿No es así? Les debo una disculpa debí haber llegado antes, perdonenme.. voy a liberarlos para que sean libres -un brillo se haría notable en mí espalda solo unos segundos como si algo hubiese aparecido ahí, sacaría de mí bolsa dos cadenas que al inicio no parecían muy grandes pero al apretarlas con fuerza se cubrirían en un aura anaranjada- Muy bien chicos es hora de terminar con esto y en el caso de que les duela pues les pido que me perdonen. ¡Aumento! -al pronunciar esa última palabra daría un golpe de látigo hacia los lados con ambas cadenas viéndose como estás ahora se habían alargado mucho más y las enrollaria a dos de aquellas rocas de hielo, cuando estaba preparado empecé a correr hacia ellos arrancando ambas rocas del suelo para traerlas conmigo y cuando estuve a mitad de camino balancearla ambas rocas hacia un lado para así arrojarlas hacia el dragón de fuego, logré dar dos impactos directo a su nuca causando que perdiera equilibrio y cayera al suelo, por otro lado, el dragón de hielo me miró listo para atacar- (El grandote ya está tirado y tardara varios minutos en levantarse, debo esperar el momento indicado) -el dragón crearía pinchos de hielo en su cola antes de arrojarmelos como si fueran una enorme lluvia de flechas, esquivaria lo que se encontraban cerca de mí y al resto los destruía con mis cadenas, cuando salí ileso de aquello vi como ese dragón se preparaba para arrojar uno de sus rayos y en ese momento note que era mí oportunidad, me lance corriendo hacia el y cuando lo tenía cerca enrollaria mis cadenas en sus cuernos para después sacar mis alas y volar por encima de el y aterrizar en el cuello del dragón de fuego, justo donde está ese collar- ¿¡Que estás esperando!? Aquí me tienes, dispara de una vez ¡Hazlooo! -provocado por mis palabras el dragón arrojo su rayo hacia mí y lo esquive de un salto, cuando el rayo tocó el collar lo congelo por completo y cuando volví a caer encima de el rompería el collar dejando al dragón de fuego libre- Dragón de F: ¡Aaaggh! Siento como si me hubieran lanzado dos rocas a la cabeza, ¿Quien fue? Me disculpare contigo luego pero ahora te necesito ¡Debes romper ese collar! Dragón de F: tengo una idea mejor, lo distraigo y tu se lo quitas -el dragón de fuego se lanzó para embestir al de hielo y sostenerlo con sus garras para que no se alejara, mientras tanto yo habría dado un salto por encima del dragón de hielo y aterricé justo en su cuello para atar mis dos cadenas a su collar- No voy a permitir que nos utilicen a su antojo, nuestras vidas no son algo para jugar ¡Merecemos libertad! -agarraria de la parte superior ambas cadenas para así jalar con mucha fuerza logrando partir en dos dicho collar, después de eso ambos dragones volvieron a sus formas humanas estando exhaustos- Dragón de H: haa.. has.. muchas gracias joven.. crei que íbamos a morir.. Dragón de F: eres muy buen luchador y pude reconocer tus técnicas perteneces al ejército de la reina dragón, ¿Verdad? Ya no existe reina dragón.. tuve que dejar aquella vida atrás cuando la vi morir junto a su esposo.. Dragón de H: te entendemos.. todos perdimos algo importante aquella vez.. Oigan, el que les puso esos collares ¿Se acuerdan de el? Dragón de F: se dónde se ubica pero no es uno solo, tienen una base con varios soldados, además, tienen dragones capturados Iré a liberarlos en cuanto pueda pero ustedes regresen a sus hogares Dragón de F: si llegas a necesitar ayuda no dudes en avisar y ahí estaremos Fin...
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  • La vida está llena de desafíos y sorpresas.
    La vida está llena de desafíos y sorpresas.
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  • -Permanecía inmóvil frente al enorme ventanal, observando la ciudad extenderse bajo él como un océano interminable de luces y ruido distante. Desde aquella altura, todo parecía pequeño… insignificante. Los edificios, los autos, las personas viviendo sus vidas sin imaginar cuántas cosas oscuras se escondían entre las sombras de esa misma ciudad. Una de sus manos descansaba dentro del bolsillo del pantalón mientras la otra permanecía relajada a un costado de su cuerpo. Su expresión era tranquila, demasiado tranquila para alguien que años atrás habría Acabado con ya tantos seres, demonios, dragones, hadas, licántropos y todo lo que no fuese humano.

    El cristal reflejaba tenuemente su silueta… pero no era exactamente la que tenía frente a él ahora. El reflejo devolvía una versión más vieja de sí mismo. Una más fría. Más violenta. Aquella mirada roja no mostraba calma, sino rabia contenida; un monstruo vestido con rostro humano que durante mucho tiempo solo supo avanzar dejando sangre detrás de cada paso. Ryuji bajó apenas la mirada, observando de reojo aquella imagen como si estuviera viendo a alguien más… aunque sabía perfectamente que seguía siendo él-

    Antes pensaba que el odio servía para seguir adelante…

    -El silencio volvió a llenar el lugar mientras la ciudad seguía brillando al otro lado del cristal. Su reflejo parecía observarlo también, casi desafiándolo, como si aquella versión pasada todavía siguiera viva en algún rincón dentro de él-

    Y durante mucho tiempo funcionó.

    -Sus ojos se entrecerraron apenas. Recordaba perfectamente esa sensación. El deseo constante de destruir algo. La necesidad de responder violencia con más violencia. Las noches donde la espada pesaba menos que los pensamientos que llevaba encima. Lentamente levantó una mano, apoyando apenas los dedos sobre el vidrio frío, justo donde el reflejo de aquella vieja versión lo observaba-

    Pero el odio es un fuego extraño… al principio sientes que te hace más fuerte. Después entiendes que solo estaba consumiéndote más lento que al resto.

    -Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, cansada… casi amarga-

    Supongo que sobrevivir suficiente tiempo también significa tener que mirar en qué te estabas convirtiendo.
    -Permanecía inmóvil frente al enorme ventanal, observando la ciudad extenderse bajo él como un océano interminable de luces y ruido distante. Desde aquella altura, todo parecía pequeño… insignificante. Los edificios, los autos, las personas viviendo sus vidas sin imaginar cuántas cosas oscuras se escondían entre las sombras de esa misma ciudad. Una de sus manos descansaba dentro del bolsillo del pantalón mientras la otra permanecía relajada a un costado de su cuerpo. Su expresión era tranquila, demasiado tranquila para alguien que años atrás habría Acabado con ya tantos seres, demonios, dragones, hadas, licántropos y todo lo que no fuese humano. El cristal reflejaba tenuemente su silueta… pero no era exactamente la que tenía frente a él ahora. El reflejo devolvía una versión más vieja de sí mismo. Una más fría. Más violenta. Aquella mirada roja no mostraba calma, sino rabia contenida; un monstruo vestido con rostro humano que durante mucho tiempo solo supo avanzar dejando sangre detrás de cada paso. Ryuji bajó apenas la mirada, observando de reojo aquella imagen como si estuviera viendo a alguien más… aunque sabía perfectamente que seguía siendo él- Antes pensaba que el odio servía para seguir adelante… -El silencio volvió a llenar el lugar mientras la ciudad seguía brillando al otro lado del cristal. Su reflejo parecía observarlo también, casi desafiándolo, como si aquella versión pasada todavía siguiera viva en algún rincón dentro de él- Y durante mucho tiempo funcionó. -Sus ojos se entrecerraron apenas. Recordaba perfectamente esa sensación. El deseo constante de destruir algo. La necesidad de responder violencia con más violencia. Las noches donde la espada pesaba menos que los pensamientos que llevaba encima. Lentamente levantó una mano, apoyando apenas los dedos sobre el vidrio frío, justo donde el reflejo de aquella vieja versión lo observaba- Pero el odio es un fuego extraño… al principio sientes que te hace más fuerte. Después entiendes que solo estaba consumiéndote más lento que al resto. -Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, cansada… casi amarga- Supongo que sobrevivir suficiente tiempo también significa tener que mirar en qué te estabas convirtiendo.
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  • Tras un extenso y desafiante periplo, y con la inestimable compañía de un leal equino, he tenido la oportunidad de recorrer diversas localidades y adquirir una selecta colección de artículos para su comercialización. Me complace comunicar que he recuperado mi yelmo, previamente empeñado, y que, además, he restituido el suyo a mi estimado colega Siegward de Catarina. Ha sido una experiencia sumamente enriquecedora, y mi intención es proseguir con mi actividad mercantil, emprendiendo nuevas expediciones.
    Tras un extenso y desafiante periplo, y con la inestimable compañía de un leal equino, he tenido la oportunidad de recorrer diversas localidades y adquirir una selecta colección de artículos para su comercialización. Me complace comunicar que he recuperado mi yelmo, previamente empeñado, y que, además, he restituido el suyo a mi estimado colega Siegward de Catarina. Ha sido una experiencia sumamente enriquecedora, y mi intención es proseguir con mi actividad mercantil, emprendiendo nuevas expediciones.
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  • *Luego de la explosión del castillo, me dirigí a las ruinas del mismo para investigar fluctuaciones mágicas residuales. Desafortunadamente, los restos de ectoplasma en el aire no solo evidenciaban que el Lyche aún seguía vivo, sino que la esencia de Drizz Whirlpool Aún permeaba en el ambiente.*

    "Ambos aún están vivos.....habrá que estar atento..."
    *Luego de la explosión del castillo, me dirigí a las ruinas del mismo para investigar fluctuaciones mágicas residuales. Desafortunadamente, los restos de ectoplasma en el aire no solo evidenciaban que el Lyche aún seguía vivo, sino que la esencia de [specter_gold_magician_349] Aún permeaba en el ambiente.* "Ambos aún están vivos.....habrá que estar atento..."
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  • —Recibí aquel aviso pidiéndome que estuviera alerta y, aunque el mensaje era vago, mi intuición ya me señalaba a su autor. No alcancé a dar más de un par de pasos antes de que la gravedad hiciera lo suyo; de repente, el suelo dejó de existir y terminé sentado sobre el regazo de Vergil Sparda . Entre parpadeos de confusión, me pregunté cómo era posible que mi esposo lograra sorprenderme de esa forma una y otra vez, desafiando cualquier intento de anticiparme a sus movimientos.—

    —Recibí aquel aviso pidiéndome que estuviera alerta y, aunque el mensaje era vago, mi intuición ya me señalaba a su autor. No alcancé a dar más de un par de pasos antes de que la gravedad hiciera lo suyo; de repente, el suelo dejó de existir y terminé sentado sobre el regazo de [Vergil_Sparda_Oficial] . Entre parpadeos de confusión, me pregunté cómo era posible que mi esposo lograra sorprenderme de esa forma una y otra vez, desafiando cualquier intento de anticiparme a sus movimientos.—
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    Oigan aqui dejo una trama random , es mas para otros pj pero es bastante flexible

    En un mundo en el que las series películas y vídeo juegos en realidad son actores (tipo chip y dale ), dos amigos se enfrenta a los desafíos de ser actores , pero deciden darse un descanso por lo que deciden ir de campamento a la propiedad de uno de los dos a mitad de el bosque, con una semana por delante en la que se quedarían incomunicados los espera algo emocionante y al regresar mas problemas
    Es una de las varias tramas que estaré dejando por aqui nos vemos gente
    Oigan aqui dejo una trama random , es mas para otros pj pero es bastante flexible En un mundo en el que las series películas y vídeo juegos en realidad son actores (tipo chip y dale ), dos amigos se enfrenta a los desafíos de ser actores , pero deciden darse un descanso por lo que deciden ir de campamento a la propiedad de uno de los dos a mitad de el bosque, con una semana por delante en la que se quedarían incomunicados los espera algo emocionante y al regresar mas problemas Es una de las varias tramas que estaré dejando por aqui nos vemos gente
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    ****Edad del Caos****
    El Árbol de las Almas"

    Con el paso de los meses, el nombre de Yen dejó de ser solo un susurro entre enemigos y se convirtió en un símbolo, "La Hija del Monstruo".

    Así la llamaban los Elunai, los soldados, incluso los demonios que habían sobrevivido a su furia. Lo que nació como un insulto terminó transformándose en un título que Yen portaba con orgullo. Cada vez que lo escuchaba, no sentía vergüenza sino una extraña satisfacción. Era la prueba de que su existencia pesaba en el mundo. De que ya no era la niña olvidada en un calabozo sino que era alguien a quien temer.

    Pero mientras su leyenda crecía, la de los Elunai comenzaba a desmoronarse, las generaciones dejaron de renovarse. Los nacimientos disminuyeron. Los templos ya no podían ocultarlo: algo estaba fallando en la raíz misma de su raza.

    No sabían que su destino ya había sido sellado mucho antes. En las sombras de la guerra, Ozma había descubierto el secreto mejor guardado de los dioses: "El Árbol de las Almas".

    No era un símbolo ni un mito, era una prisión. Cada Elunai que moría no regresaba al flujo natural de la existencia. Su alma era arrastrada hacia ese árbol, atrapada, reciclada y obligada a renacer una y otra vez como parte de la misma raza. Un ciclo cerrado, perfecto, controlado.

    Los dioses no otorgaban vida, la administraban, así evitaban compartir su poder con nuevas almas. Así mantenían intacto el número de aquellos bendecidos. Así aseguraban que su dominio jamás fuera desafiado.

    Ozma no buscó ese árbol por odio, lo buscó por amor. Durante años, entre ruinas y templos destruidos, reunió fragmentos de conocimiento, persiguió rumores, desenterró secretos con un solo objetivo: Encontrar el alma de Selin y devolverla para darle un nuevo cuerpo.

    Pero cuando finalmente encontró el Árbol de las Almas no la halló, no estaba allí, no había rastro de ella, ni esencia o eco, tampoco fragmentos.

    Era como si Selin jamás hubiese existido. En ese instante algo en Ozma se quebró de forma irreversible, porque la muerte y el tiempo podía aceptarlos, pero aquello era peor que la muerte, era el olvido absoluto, la negación de toda existencia.

    La furia que nació en él no fue como las anteriores, no fue un estallido, fue algo más frío y profundo. Ozma no destruyó el Árbol, lo corrompió silenciosamente sin que los dioses lo notaran. Alteró su esencia, envenenó su función, rompió su ciclo desde dentro. Las almas ya no serían reclamadas, ya no regresarían, ya no alimentarían el sistema que los dioses habían creado.

    Los Elunai seguirían viviendo pero lentamente se extinguirían. No lo hizo solo por venganza, también lo hizo por Yen, porque comprendió algo aterrador: Si los dioses pudieron borrar a Selin… También podrían borrar a su hija.

    Y eso eso era algo que jamás permitiría, ya había perdido a Selin y a su hija no nacida, no perdería a Yen. Desde ese momento, la guerra dejó de ser una lucha contra templos o ejércitos. Se convirtió en algo mucho más oscuro, Ozma ya no peleaba por justicia ni siquiera por venganza, ahora peleaba contra el propio orden del mundo y mientras él se hundía cada vez más en esa oscuridad, Yen, la Hija del Monstruo… Caminaba sin saber que el destino que la aguardaba era incluso más cruel que el de su padre.
    ****Edad del Caos**** El Árbol de las Almas" Con el paso de los meses, el nombre de Yen dejó de ser solo un susurro entre enemigos y se convirtió en un símbolo, "La Hija del Monstruo". Así la llamaban los Elunai, los soldados, incluso los demonios que habían sobrevivido a su furia. Lo que nació como un insulto terminó transformándose en un título que Yen portaba con orgullo. Cada vez que lo escuchaba, no sentía vergüenza sino una extraña satisfacción. Era la prueba de que su existencia pesaba en el mundo. De que ya no era la niña olvidada en un calabozo sino que era alguien a quien temer. Pero mientras su leyenda crecía, la de los Elunai comenzaba a desmoronarse, las generaciones dejaron de renovarse. Los nacimientos disminuyeron. Los templos ya no podían ocultarlo: algo estaba fallando en la raíz misma de su raza. No sabían que su destino ya había sido sellado mucho antes. En las sombras de la guerra, Ozma había descubierto el secreto mejor guardado de los dioses: "El Árbol de las Almas". No era un símbolo ni un mito, era una prisión. Cada Elunai que moría no regresaba al flujo natural de la existencia. Su alma era arrastrada hacia ese árbol, atrapada, reciclada y obligada a renacer una y otra vez como parte de la misma raza. Un ciclo cerrado, perfecto, controlado. Los dioses no otorgaban vida, la administraban, así evitaban compartir su poder con nuevas almas. Así mantenían intacto el número de aquellos bendecidos. Así aseguraban que su dominio jamás fuera desafiado. Ozma no buscó ese árbol por odio, lo buscó por amor. Durante años, entre ruinas y templos destruidos, reunió fragmentos de conocimiento, persiguió rumores, desenterró secretos con un solo objetivo: Encontrar el alma de Selin y devolverla para darle un nuevo cuerpo. Pero cuando finalmente encontró el Árbol de las Almas no la halló, no estaba allí, no había rastro de ella, ni esencia o eco, tampoco fragmentos. Era como si Selin jamás hubiese existido. En ese instante algo en Ozma se quebró de forma irreversible, porque la muerte y el tiempo podía aceptarlos, pero aquello era peor que la muerte, era el olvido absoluto, la negación de toda existencia. La furia que nació en él no fue como las anteriores, no fue un estallido, fue algo más frío y profundo. Ozma no destruyó el Árbol, lo corrompió silenciosamente sin que los dioses lo notaran. Alteró su esencia, envenenó su función, rompió su ciclo desde dentro. Las almas ya no serían reclamadas, ya no regresarían, ya no alimentarían el sistema que los dioses habían creado. Los Elunai seguirían viviendo pero lentamente se extinguirían. No lo hizo solo por venganza, también lo hizo por Yen, porque comprendió algo aterrador: Si los dioses pudieron borrar a Selin… También podrían borrar a su hija. Y eso eso era algo que jamás permitiría, ya había perdido a Selin y a su hija no nacida, no perdería a Yen. Desde ese momento, la guerra dejó de ser una lucha contra templos o ejércitos. Se convirtió en algo mucho más oscuro, Ozma ya no peleaba por justicia ni siquiera por venganza, ahora peleaba contra el propio orden del mundo y mientras él se hundía cada vez más en esa oscuridad, Yen, la Hija del Monstruo… Caminaba sin saber que el destino que la aguardaba era incluso más cruel que el de su padre.
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