El abismo parece pulsar, comunicando algo en un lenguaje que sólo él entiende. Detrás de la grieta, el colapso de varias capas de realidad, empalmándose y luchando todas por la misma potestad, creó algo aberrante.

¿Este era el espacio en el que Kazuha y Veyra estaban? No, esto, lo que quedaba, es sólo un cadaver. Profanado y canibalizado por sí mismo en un bucle imposible: El Ouroboros que del éter nace. Y al encontrar esta serpiente que más de sí misma no podía seguir consumiendo, se retuercía y regurgitaba, sufría, moría y renacía.. Un ciclo eterno que se repite infinitas veces cada segundo; cada repetición, más grande la grieta hacía.

Incompatible con la existencia era ese lugar -si es que puede llamárse "lugar" a una nada tan concentrada-, como incompatibles con el plano humano eran los seres que de aquí nacían, que desde aquí invaden.

...Y, sin embargo, ahí estaba, desafiando esa incompatibilidad.

—Haah... —jaló aire, aunque el aire ahí no existía. Diez minutos, un nuevo récord ahí adentro. Significaría algo, pero, sorpresa, el tiempo ahí no existía tampoco.

Es que existir era un desafío en sí mismo a la nada. Y el simple acto de existir ahí, ya suponía un esfuerzo titánico. Su magia abarcando cada célula de su cuerpo, estabilizándolas para no desintegrarse al instante. ¿Y si a eso le sumaba el acto de moverse? Una locura.

¿Y al acto de entrar ahí por voluntad propia a encarar a esos seres? Quizás no existía un nombre para algo así de imprudente. No todavía.

Pensaría en uno al salir.

"Hazte fuerte", dijo ella. ¿Qué carajo se supone que significaba eso? Tan irritantemente vago. Tan obvio y natural para alguien que -asumía él- nunca había tenido que encarar la debilidad.

—Diez minutos... diez segundos... —nuevo récord. Se desplomó al regresar. Ya volvería a intentarlo al despertar de una siesta de agotamiento -quién sabe cuántas llevaba a ese punto.
El abismo parece pulsar, comunicando algo en un lenguaje que sólo él entiende. Detrás de la grieta, el colapso de varias capas de realidad, empalmándose y luchando todas por la misma potestad, creó algo aberrante. ¿Este era el espacio en el que Kazuha y Veyra estaban? No, esto, lo que quedaba, es sólo un cadaver. Profanado y canibalizado por sí mismo en un bucle imposible: El Ouroboros que del éter nace. Y al encontrar esta serpiente que más de sí misma no podía seguir consumiendo, se retuercía y regurgitaba, sufría, moría y renacía.. Un ciclo eterno que se repite infinitas veces cada segundo; cada repetición, más grande la grieta hacía. Incompatible con la existencia era ese lugar -si es que puede llamárse "lugar" a una nada tan concentrada-, como incompatibles con el plano humano eran los seres que de aquí nacían, que desde aquí invaden. ...Y, sin embargo, ahí estaba, desafiando esa incompatibilidad. —Haah... —jaló aire, aunque el aire ahí no existía. Diez minutos, un nuevo récord ahí adentro. Significaría algo, pero, sorpresa, el tiempo ahí no existía tampoco. Es que existir era un desafío en sí mismo a la nada. Y el simple acto de existir ahí, ya suponía un esfuerzo titánico. Su magia abarcando cada célula de su cuerpo, estabilizándolas para no desintegrarse al instante. ¿Y si a eso le sumaba el acto de moverse? Una locura. ¿Y al acto de entrar ahí por voluntad propia a encarar a esos seres? Quizás no existía un nombre para algo así de imprudente. No todavía. Pensaría en uno al salir. "Hazte fuerte", dijo ella. ¿Qué carajo se supone que significaba eso? Tan irritantemente vago. Tan obvio y natural para alguien que -asumía él- nunca había tenido que encarar la debilidad. —Diez minutos... diez segundos... —nuevo récord. Se desplomó al regresar. Ya volvería a intentarlo al despertar de una siesta de agotamiento -quién sabe cuántas llevaba a ese punto.
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