La cueva se extendía hacia las profundidades de la montaña como una herida abierta en la roca. El aire era frío y húmedo, cargado con un extraño resplandor que no provenía de ninguna fuente conocida. Cada paso del joven cura resonaba entre las paredes de piedra, mientras avanzaba sosteniendo una lumbre que proyectaba sombras danzantes sobre los túneles.

Entonces el pasadizo se abrió de repente. Ante él apareció una inmensa cámara natural repleta de cristales imposibles. Gigantescas formaciones de colores brillaban desde el suelo, las paredes y el techo. Algunos despedían destellos azules como fragmentos de cielo atrapados bajo tierra; otros relucían con tonos púrpura, esmeralda, dorado y carmesí. La luz parecía fluir en su interior como si estuvieran vivos, iluminando la cueva con reflejos irreales que convertían la roca en un mar de colores.

El joven cura permaneció inmóvil durante unos segundos, observando maravillado aquel espectáculo que desafiaba toda lógica. La llama de su antorcha parecía insignificante frente al brillo de aquellos minerales desconocidos.

Sus ojos recorrieron la inmensa gruta mientras una leve sonrisa aparecía en su rostro.

●Los rumores eran ciertos.

Su voz se perdió entre los ecos cristalinos de la caverna, como si las profundidades mismas respondieran a su descubrimiento.
La cueva se extendía hacia las profundidades de la montaña como una herida abierta en la roca. El aire era frío y húmedo, cargado con un extraño resplandor que no provenía de ninguna fuente conocida. Cada paso del joven cura resonaba entre las paredes de piedra, mientras avanzaba sosteniendo una lumbre que proyectaba sombras danzantes sobre los túneles. Entonces el pasadizo se abrió de repente. Ante él apareció una inmensa cámara natural repleta de cristales imposibles. Gigantescas formaciones de colores brillaban desde el suelo, las paredes y el techo. Algunos despedían destellos azules como fragmentos de cielo atrapados bajo tierra; otros relucían con tonos púrpura, esmeralda, dorado y carmesí. La luz parecía fluir en su interior como si estuvieran vivos, iluminando la cueva con reflejos irreales que convertían la roca en un mar de colores. El joven cura permaneció inmóvil durante unos segundos, observando maravillado aquel espectáculo que desafiaba toda lógica. La llama de su antorcha parecía insignificante frente al brillo de aquellos minerales desconocidos. Sus ojos recorrieron la inmensa gruta mientras una leve sonrisa aparecía en su rostro. ●Los rumores eran ciertos. Su voz se perdió entre los ecos cristalinos de la caverna, como si las profundidades mismas respondieran a su descubrimiento.
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