⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘𝖨𝗇𝗀𝗋𝗂𝖽 𝖵𝖺𝗅𝖾𝗇𝗍𝗂𝗇𝖾 ⫘⫘⫘
El pasillo del segundo piso olía a madera húmeda y a la ceniza densa de los puros cerberus avanzó, su enorme silueta bloqueaba la tenue luz de los apliques de la pared. No hubo advertencias ni hubo palabras.
La orden del supervisor de la sección técnica había sido directa: Eliminación total.
La primera puerta cedió bajo el impacto de su bota con el estrépito de un trueno , el espacio se convirtió de inmediato en un matadero claustrofóbico.
Dos guardaespaldas, cuyos rostros estaban grabados en su memoria táctica, ni siquiera alcanzaron a desenfundar , la mano enguantada de cerberus, masiva y pesada como el hierro, se cerró en torno al cuello del primero, aplastando la laringe antes de arrojar el cuerpo contra el segundo.
La fuerza del impacto fracturó el cráneo de ambos contra la pared de hormigón, el olor cambió instantáneamente, el perfume barato y el tabaco desaparecieron, sepultados por el aroma denso, ferroso y caliente de la sangre fresca.
Los deudores y los mafiosos de la mesa central gritaron, volcando el mobiliario en un intento inútil de crear una barrera comenzando a disparar, tres balas de nueve milímetros impactaron directamente en el chaleco táctico de su pecho, y una cuarta le perforó la piel del hombro izquierdo.
Cerberus ni siquiera parpadeó, su tolerancia al dolor, alterada quirúrgicamente en los laboratorios de su infancia, transformó el daño en un mero estímulo de posicionamiento, en un incentivo en ir a sentir...MÁS.
Se movió con una agilidad monstruosa que desafiaba su tamaño , aquello fue una coreografía de brutalidad muda , rompió extremidades, hundió cajas torácicas con la palma de la mano y ejecutó cada baja con la precisión de una máquina. Uno de los líderes de la mafia intentó arrastrarse hacia la ventana, suplicando, ofreciendo dinero, llorando lágrimas de puro terror.
Cerberus lo miró desde arriba a través de las rendijas de su máscara obligatoria, sus ojos cansados, habitualmente apagados, brillaban ahora con la determinación de un propósito, alzó su bota, comenzando a aplastar su cabeza cual cucaracha en el suelo, haciendo que el crujido final puso fin al ruido. Silencio.... De nuevo el maldito silencio.
Cerberus permaneció de pie en el centro de la sala destruida, rodeado de escombros y cuerpos inertes. Su respiración agitada subía y bajaba en un ritmo violento, la adrenalina quemaba sus venas como ácido, manteniendo sus músculos tensos, listos para seguir despedazando carne.
No se quejó del hombro sangrante.
No se movió para limpiarse la cara.
Esperaba la orden de retirada por el auricular de su oído. Esperaba que alguien le dijera qué hacer ahora.
---creeeek---
El sonido no provino de su radio. Provino de la puerta rota del pasillo.
El olor a pólvora y sangre del cuarto fue cortado de golpe por un aroma nuevo, ajeno al matadero en el que se encontraba. Los ojos de Cerberus se abrieron de golpe, dilatados por la hipervigilancia extrema.
Sus mandíbulas se apretaron detrás de la máscara
¿Quién estaba ahi? ¿falló? ¿porque el aroma le podía tan alterado?
El pasillo del segundo piso olía a madera húmeda y a la ceniza densa de los puros cerberus avanzó, su enorme silueta bloqueaba la tenue luz de los apliques de la pared. No hubo advertencias ni hubo palabras.
La orden del supervisor de la sección técnica había sido directa: Eliminación total.
La primera puerta cedió bajo el impacto de su bota con el estrépito de un trueno , el espacio se convirtió de inmediato en un matadero claustrofóbico.
Dos guardaespaldas, cuyos rostros estaban grabados en su memoria táctica, ni siquiera alcanzaron a desenfundar , la mano enguantada de cerberus, masiva y pesada como el hierro, se cerró en torno al cuello del primero, aplastando la laringe antes de arrojar el cuerpo contra el segundo.
La fuerza del impacto fracturó el cráneo de ambos contra la pared de hormigón, el olor cambió instantáneamente, el perfume barato y el tabaco desaparecieron, sepultados por el aroma denso, ferroso y caliente de la sangre fresca.
Los deudores y los mafiosos de la mesa central gritaron, volcando el mobiliario en un intento inútil de crear una barrera comenzando a disparar, tres balas de nueve milímetros impactaron directamente en el chaleco táctico de su pecho, y una cuarta le perforó la piel del hombro izquierdo.
Cerberus ni siquiera parpadeó, su tolerancia al dolor, alterada quirúrgicamente en los laboratorios de su infancia, transformó el daño en un mero estímulo de posicionamiento, en un incentivo en ir a sentir...MÁS.
Se movió con una agilidad monstruosa que desafiaba su tamaño , aquello fue una coreografía de brutalidad muda , rompió extremidades, hundió cajas torácicas con la palma de la mano y ejecutó cada baja con la precisión de una máquina. Uno de los líderes de la mafia intentó arrastrarse hacia la ventana, suplicando, ofreciendo dinero, llorando lágrimas de puro terror.
Cerberus lo miró desde arriba a través de las rendijas de su máscara obligatoria, sus ojos cansados, habitualmente apagados, brillaban ahora con la determinación de un propósito, alzó su bota, comenzando a aplastar su cabeza cual cucaracha en el suelo, haciendo que el crujido final puso fin al ruido. Silencio.... De nuevo el maldito silencio.
Cerberus permaneció de pie en el centro de la sala destruida, rodeado de escombros y cuerpos inertes. Su respiración agitada subía y bajaba en un ritmo violento, la adrenalina quemaba sus venas como ácido, manteniendo sus músculos tensos, listos para seguir despedazando carne.
No se quejó del hombro sangrante.
No se movió para limpiarse la cara.
Esperaba la orden de retirada por el auricular de su oído. Esperaba que alguien le dijera qué hacer ahora.
---creeeek---
El sonido no provino de su radio. Provino de la puerta rota del pasillo.
El olor a pólvora y sangre del cuarto fue cortado de golpe por un aroma nuevo, ajeno al matadero en el que se encontraba. Los ojos de Cerberus se abrieron de golpe, dilatados por la hipervigilancia extrema.
Sus mandíbulas se apretaron detrás de la máscara
¿Quién estaba ahi? ¿falló? ¿porque el aroma le podía tan alterado?
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El pasillo del segundo piso olía a madera húmeda y a la ceniza densa de los puros cerberus avanzó, su enorme silueta bloqueaba la tenue luz de los apliques de la pared. No hubo advertencias ni hubo palabras.
La orden del supervisor de la sección técnica había sido directa: Eliminación total.
La primera puerta cedió bajo el impacto de su bota con el estrépito de un trueno , el espacio se convirtió de inmediato en un matadero claustrofóbico.
Dos guardaespaldas, cuyos rostros estaban grabados en su memoria táctica, ni siquiera alcanzaron a desenfundar , la mano enguantada de cerberus, masiva y pesada como el hierro, se cerró en torno al cuello del primero, aplastando la laringe antes de arrojar el cuerpo contra el segundo.
La fuerza del impacto fracturó el cráneo de ambos contra la pared de hormigón, el olor cambió instantáneamente, el perfume barato y el tabaco desaparecieron, sepultados por el aroma denso, ferroso y caliente de la sangre fresca.
Los deudores y los mafiosos de la mesa central gritaron, volcando el mobiliario en un intento inútil de crear una barrera comenzando a disparar, tres balas de nueve milímetros impactaron directamente en el chaleco táctico de su pecho, y una cuarta le perforó la piel del hombro izquierdo.
Cerberus ni siquiera parpadeó, su tolerancia al dolor, alterada quirúrgicamente en los laboratorios de su infancia, transformó el daño en un mero estímulo de posicionamiento, en un incentivo en ir a sentir...MÁS.
Se movió con una agilidad monstruosa que desafiaba su tamaño , aquello fue una coreografía de brutalidad muda , rompió extremidades, hundió cajas torácicas con la palma de la mano y ejecutó cada baja con la precisión de una máquina. Uno de los líderes de la mafia intentó arrastrarse hacia la ventana, suplicando, ofreciendo dinero, llorando lágrimas de puro terror.
Cerberus lo miró desde arriba a través de las rendijas de su máscara obligatoria, sus ojos cansados, habitualmente apagados, brillaban ahora con la determinación de un propósito, alzó su bota, comenzando a aplastar su cabeza cual cucaracha en el suelo, haciendo que el crujido final puso fin al ruido. Silencio.... De nuevo el maldito silencio.
Cerberus permaneció de pie en el centro de la sala destruida, rodeado de escombros y cuerpos inertes. Su respiración agitada subía y bajaba en un ritmo violento, la adrenalina quemaba sus venas como ácido, manteniendo sus músculos tensos, listos para seguir despedazando carne.
No se quejó del hombro sangrante.
No se movió para limpiarse la cara.
Esperaba la orden de retirada por el auricular de su oído. Esperaba que alguien le dijera qué hacer ahora.
---creeeek---
El sonido no provino de su radio. Provino de la puerta rota del pasillo.
El olor a pólvora y sangre del cuarto fue cortado de golpe por un aroma nuevo, ajeno al matadero en el que se encontraba. Los ojos de Cerberus se abrieron de golpe, dilatados por la hipervigilancia extrema.
Sus mandíbulas se apretaron detrás de la máscara
¿Quién estaba ahi? ¿falló? ¿porque el aroma le podía tan alterado?