• Apuesto a que me veo bonito con esta ropa! Si lo sé acepte el desafío pero no es que me guste... Bueno quizás si! Pero no sé acostumbren!
    Apuesto a que me veo bonito con esta ropa! Si lo sé acepte el desafío pero no es que me guste... Bueno quizás si! Pero no sé acostumbren! :STK-26:
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    El aire en el salón principal de la mansión Romanov se sentía más pesado que de costumbre. El tintineo de la cucharilla de plata contra la porcelana era el único sonido que se atrevía a desafiar el silencio, hasta que Sasha dejó la taza sobre la mesa con una elegancia que Maral reconoció como el preludio de un interrogatorio.

    —La paciencia, Maral, es una virtud en nuestro mundo, pero incluso la mía tiene límites —sentenció Sasha, sin apartar sus ojos gélidos de su hija—. Los nombres han estado sobre la mesa durante semanas. Alianzas que podrían consolidar nuestro imperio o destruirlo. ¿A qué esperas?

    Maral respiró hondo, sintiendo el frío contacto del metal de su daga, la Habibi, oculta bajo la tela de su ropa. Era su ancla, el recordatorio de que, aunque su madre controlara los hilos de la familia, ella aún era dueña de su propio acero.

    —No es una decisión que deba tomarse entre el desayuno y el almuerzo, madre —respondió Maral con una calma estudiada, aunque por dentro sus nervios se tensaban como cuerdas de violín—. Un matrimonio en la Bratva no es un romance, es un contrato de sangre. Y no estoy dispuesta a firmar mi sentencia con alguien que no sepa distinguir la lealtad del miedo.
    Sasha se inclinó hacia adelante, su sombra proyectándose larga sobre la mesa de caoba.

    —Me hablas de lealtad, pero tu silencio parece más bien una rebelión —dijo la matriarca con voz suave, casi peligrosa—. He recibido llamadas de Moscú, de Chicago, incluso de los clanes del sur. Todos preguntan por la joya de los Romanov. Si no eliges tú, elegiré yo. Y te aseguro que mi criterio no tendrá en cuenta tus sentimientos, solo los intereses del apellido.

    Maral sintió el impulso de llevarse la mano a la empuñadura de su daga, pero se obligó a mantener las manos entrelazadas sobre la mesa. No podía mostrar debilidad, ni tampoco una agresividad que su madre usaría en su contra.

    —Entiendo perfectamente lo que está en juego —replicó Maral, sosteniendo la mirada de la mujer que la había criado para ser un arma—. Pero si quieres que esta alianza sea duradera, necesito un hombre que sea un pilar, no una carga. Dame una semana más. Estoy analizando los movimientos de cada candidato. No quiero un esposo, quiero un socio que no me apuñale por la espalda cuando tú ya no estés para protegerme.

    Sasha guardó silencio durante unos segundos que parecieron eternos. Finalmente, se reclinó en su silla y soltó un suspiro imperceptible.

    —Una semana, Maral. Ni un día más —concedió Sasha, levantándose de la mesa—. Pero recuerda: en esta familia, el destino se escribe con sangre, no con dudas.

    Cuando la matriarca abandonó la habitación, Maral soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo. Sacó la Habibi por un momento, observando el reflejo de la luz en la hoja afilada. Su madre quería una boda; Maral, por ahora, solo quería sobrevivir a la próxima cena sin que el peso de la corona Romanov terminara por asfixiarla.
    El aire en el salón principal de la mansión Romanov se sentía más pesado que de costumbre. El tintineo de la cucharilla de plata contra la porcelana era el único sonido que se atrevía a desafiar el silencio, hasta que Sasha dejó la taza sobre la mesa con una elegancia que Maral reconoció como el preludio de un interrogatorio. —La paciencia, Maral, es una virtud en nuestro mundo, pero incluso la mía tiene límites —sentenció Sasha, sin apartar sus ojos gélidos de su hija—. Los nombres han estado sobre la mesa durante semanas. Alianzas que podrían consolidar nuestro imperio o destruirlo. ¿A qué esperas? Maral respiró hondo, sintiendo el frío contacto del metal de su daga, la Habibi, oculta bajo la tela de su ropa. Era su ancla, el recordatorio de que, aunque su madre controlara los hilos de la familia, ella aún era dueña de su propio acero. —No es una decisión que deba tomarse entre el desayuno y el almuerzo, madre —respondió Maral con una calma estudiada, aunque por dentro sus nervios se tensaban como cuerdas de violín—. Un matrimonio en la Bratva no es un romance, es un contrato de sangre. Y no estoy dispuesta a firmar mi sentencia con alguien que no sepa distinguir la lealtad del miedo. Sasha se inclinó hacia adelante, su sombra proyectándose larga sobre la mesa de caoba. —Me hablas de lealtad, pero tu silencio parece más bien una rebelión —dijo la matriarca con voz suave, casi peligrosa—. He recibido llamadas de Moscú, de Chicago, incluso de los clanes del sur. Todos preguntan por la joya de los Romanov. Si no eliges tú, elegiré yo. Y te aseguro que mi criterio no tendrá en cuenta tus sentimientos, solo los intereses del apellido. Maral sintió el impulso de llevarse la mano a la empuñadura de su daga, pero se obligó a mantener las manos entrelazadas sobre la mesa. No podía mostrar debilidad, ni tampoco una agresividad que su madre usaría en su contra. —Entiendo perfectamente lo que está en juego —replicó Maral, sosteniendo la mirada de la mujer que la había criado para ser un arma—. Pero si quieres que esta alianza sea duradera, necesito un hombre que sea un pilar, no una carga. Dame una semana más. Estoy analizando los movimientos de cada candidato. No quiero un esposo, quiero un socio que no me apuñale por la espalda cuando tú ya no estés para protegerme. Sasha guardó silencio durante unos segundos que parecieron eternos. Finalmente, se reclinó en su silla y soltó un suspiro imperceptible. —Una semana, Maral. Ni un día más —concedió Sasha, levantándose de la mesa—. Pero recuerda: en esta familia, el destino se escribe con sangre, no con dudas. Cuando la matriarca abandonó la habitación, Maral soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo. Sacó la Habibi por un momento, observando el reflejo de la luz en la hoja afilada. Su madre quería una boda; Maral, por ahora, solo quería sobrevivir a la próxima cena sin que el peso de la corona Romanov terminara por asfixiarla.
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  • ༒𓂀 𝔸𝕝𝕒𝕤𝕥𝕠𝕣 𝕿𝖍𝖊 𝕽𝖆𝖉𝖎𝖔 𝕯𝖊𝖒𝖔𝖓𓂀༒

    León dejó escapar una risa baja al sentir el peso elegante de Alastor acomodado sobre sus piernas, como si aquel sitio le perteneciera por derecho propio. Sus manos se posaron con naturalidad en la cintura ajena, firmes pero cuidadosas, mientras alzaba la vista hacia esa sonrisa eterna que tanto lograba confundirlo

    —Mira nada más… quién diría que terminarías sentado aquí.

    murmuró con ese tono relajado tan suyo, aunque en sus ojos había algo más serio de lo habitual.
    Sus pulgares rozaron lentamente la tela de su traje, casi distraído, antes de suspirar.

    —He peleado contra demasiadas cosas en mi vida, Alastor. Cosas peores de las que cualquiera imaginaría… pero nada me dejó tan fuera de balance como tú.

    León sostuvo su mirada sin apartarse ni un segundo.

    —Desde aquel trato que hicimos no he podido dejar de pensar en ti. En tu voz metiéndose en mi cabeza, en esa forma tuya de aparecer cuando menos lo espero… en cómo logras irritarme y fascinarme al mismo tiempo.

    Una media sonrisa apareció en sus labios mientras acercaba apenas el rostro al suyo.

    —No quiero seguir siendo otro subordinado más en tu lista. No quiero ser solo alguien útil cuando te conviene.

    Sus manos afirmaron suavemente la cintura de Alastor, manteniéndolo cerca.

    —Quiero algo de verdad contigo. Quiero pedirte formalizar esto… que seas mi pareja, y que yo sea algo más para ti que un simple peón.

    León arqueó una ceja, con esa mezcla de encanto y desafío que lo caracterizaba.

    —Así que dime, cariño… ¿hay lugar para mí a tu lado?
    [Alastor_rabbit] León dejó escapar una risa baja al sentir el peso elegante de Alastor acomodado sobre sus piernas, como si aquel sitio le perteneciera por derecho propio. Sus manos se posaron con naturalidad en la cintura ajena, firmes pero cuidadosas, mientras alzaba la vista hacia esa sonrisa eterna que tanto lograba confundirlo —Mira nada más… quién diría que terminarías sentado aquí. murmuró con ese tono relajado tan suyo, aunque en sus ojos había algo más serio de lo habitual. Sus pulgares rozaron lentamente la tela de su traje, casi distraído, antes de suspirar. —He peleado contra demasiadas cosas en mi vida, Alastor. Cosas peores de las que cualquiera imaginaría… pero nada me dejó tan fuera de balance como tú. León sostuvo su mirada sin apartarse ni un segundo. —Desde aquel trato que hicimos no he podido dejar de pensar en ti. En tu voz metiéndose en mi cabeza, en esa forma tuya de aparecer cuando menos lo espero… en cómo logras irritarme y fascinarme al mismo tiempo. Una media sonrisa apareció en sus labios mientras acercaba apenas el rostro al suyo. —No quiero seguir siendo otro subordinado más en tu lista. No quiero ser solo alguien útil cuando te conviene. Sus manos afirmaron suavemente la cintura de Alastor, manteniéndolo cerca. —Quiero algo de verdad contigo. Quiero pedirte formalizar esto… que seas mi pareja, y que yo sea algo más para ti que un simple peón. León arqueó una ceja, con esa mezcla de encanto y desafío que lo caracterizaba. —Así que dime, cariño… ¿hay lugar para mí a tu lado?
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  • 𝐋𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐧𝐢𝐞𝐠𝐚 𝐚 𝐦𝐨𝐫𝐢𝐫
    Fandom Resident Evil
    Categoría Videojuegos

    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝟏𝟎 𝒅𝒆 𝒇𝒆𝒃𝒓𝒆𝒓𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏

    Con lo último que le quedaba de aliento, Ethan empujó a Chris en aquel paso, antes que las vid de la megamiceta cubrieran todo y obstaculizara el paso, dejando a ambos separados.

    Con su mano izquierda, la que tan solo quedó con tres dedos, sostuvo el detonador de la bomba con fuerza mientras observó por última vez a la bebé en los brazos ajenos. El ardor en sus ojos fue intenso, la culpa por no haber podido hacer más lo carcomía. Debió hacer mucho más. Pero eso era lo que quedaba y lo mínimo que pudo hacer para darles tiempo al escuadrón y su esposa e hija en irse de allí.

    —Adiós, Rosemary. —su voz tembló antes de retroceder con dificultad, tanto por toda la carga física, el estar deteriorándose y el dolor de tener que abandonar a su pequeña. Todo por ella. Por eso volvió al corazón de la megamiceta, la cual se irguió con impotencia. Pocos segundos después, apretó el detonador.

    La explosión cubrió toda la aldea. Un destello enorme de luz que deshizo todo a su paso sin importar el tipo de tejido o estructura, hundiendo el terreno en un gran pozo. Finalmente había terminado, Miranda no volvería, la megamiceta fue destruída. Ethan hizo todo lo que estuvo en su poder para cumplir con su promesa de que los monstruos no alcanzarían a Rose.

    O eso se creyó al principio.


    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝟏𝟓 𝒅𝒆 𝒇𝒆𝒃𝒓𝒆𝒓𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏

    No sirvió.

    La megamiceta no cedió; en cambio, pareció enfurecerse por el intento en vano de ser eliminada. Como mutomiceta comenzó a expandirse por todos lados, abarcando diferentes territorios, diferentes pueblos. No fue una rapidez abrumadora, pero sí la suficiente para alertar. Las esporas que dejaba a su paso infectaban, mutaban a todo organismo que las inhalara por apenas un mínimo de segundo.

    El hongo se expandió en puntos estratégicos, unas especies de colmenas, donde se concentraba más el poder para evitar ser destruído con facilidad, fueron distribuídas en diferentes puntos. Se aferraba con total fervor a lo que tuviera cerca.

    Las personas que fueron desafortunadas viviendo en los pueblos más cercanos ni siquiera tuvieron el tiempo suficiente de entender lo que ocurría. Enfermaron de forma abrupta para luego despertar como mutaciones. Sin embargo, los pocos que lograron sobrevivir en lugares un poco más alejados pudieron dar el aviso. Pero no solo se trataba de personas o animales actuando raro y con malformaciones que podrían aterrar hasta el adulto más valiente, sino que hubo avistamientos de otro tipo de gente… algunos ni siquiera estaban seguros de que lo fueran. Se veían demasiado altos y con un porte intimidante, caminando de forma firme alrededor y deshaciéndose de los humanos infectados o lo que fuera que tuvieran en frente como si se trataran de simples gusanos. Nadie se quedaba lo suficiente para verlos mejor o siquiera intentar preguntar nada.


    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝟏𝟔 𝒅𝒆 𝒇𝒆𝒃𝒓𝒆𝒓𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏

    El aire quemó, pero era imposible no querer inhalar más y más para llenar sus pulmones. Tosió, se ahogó con su propia desesperación por respirar mientras que el movimiento por los espasmos apenas lo dejaba entender qué estaba pasando.

    La mente de Ethan era un caos de confusión, con una abrumadora sensación de dolor y de que algo estaba terriblemente mal.

    No podía ver demasiado, apenas unos pocos rayos de luz colándose entre los escombros. Sentía un peso encima suyo, una presión directa en su pecho que por unos segundos no supo si era real o solamente una ilusión.

    ¿Qué es lo que ocurrió?

    Apenas tenía fragmentos de los eventos anteriores que no le daban ninguna tranquilidad y solo traían más preguntas. También parecía sentir como si hubiera otra voz en su mente intentando colarse.. no, no era una sola voz. Eran muchas, superpuestas e imposibles de entender, ¿qué era? ¿quiénes?

    Movió apenas sus brazos, los únicos que parecían tener la libertad suficiente para hacerlo, y trató de aferrarse a lo que sea. Dolió al principio, pero pudo empezar a arrastrarse al ir elevando de a poco su cuerpo. Se sentía sospechosamente liviano a pesar de las circunstancias. No lo pensó mucho, su cabeza explotaba del dolor.

    De a poco la luz se hizo más intensa hasta que, al final, el aire frío chocó contra su rostro. Miró hacia todos lados, hacia la destrucción, y algunas cosas llegaron a su mente. Estaba buscando… ¿y había personas? Algo como hombres lobo. Y esos extraños sujetos… Dimitrescu, Beneviento, Moreau, Heisenberg… Sí, los recordó. Y a Miranda.

    —Rose… —apenas salió aire de entre sus labios antes de continuar arrastrándose, solo entonces mirando hacia abajo, a sus piernas… o donde se suponía que debían estar.

    Gritó, más por la sorpresa que por alguna clase de dolor. La parte inferior de su cuerpo no estaba, pero ni siquiera había sangre u órganos esparcidos, sino un líquido negro. De hecho, gran parte de lo que quedaba de su cuerpo estaba cubierto de ello. El hongo se movía de forma lenta, pero persistente, como si algo estuviera recordando cómo debía ser y tratando de reconstruirlo

    Al estar boca abajo se volteó, tocando con manos temblorosas su cintura, el extremo donde ya luego no había nada excepto esa masa negra.

    —¿Q-Qué carajos…? —su mano izquierda estaba bien, tenía sus dos dedos faltantes. Y habría sido perfecto que sus piernas también aparecieran. Pero era extraño, ¿cómo es que estaba vivo? No se suponía que lo estuviera. Se había estado deteriorando, secando.

    Casi como si fuera orden, el hongo continuó moviéndose, poco a poco aumentando la masa desde la cintura de Ethan, dando espacio a moldearse y tomar el aspecto de sus piernas de nuevo, incluyendo su ropa. Era extraño, como una extensión ajena a él conjunto con entumecimiento.

    El estar estupefacto duró poco, o más bien, no lo suficiente. Una vez sus piernas estuvieron completas se puso de pie. Tambaleó bastante hasta que logró quedar estable, una vez más viendo todo lo que lo rodeaba. Las vid de la mutomiceta se extendían, no tan gruesas como lo fueron antes, pero seguían vivas, moviéndose con sutileza.

    —¿Por qué nada se queda muerto a la primera? —vociferó con frustración, pero también era algo conveniente. Eso se aplicaba a él, y todavía estaba ahí.

    No era momento de preguntas, tenía que buscar la forma de salir de ahí. Si la bomba no funcionó entonces solo significaba una cosa: su trabajo no terminó. Daba igual su estado, primero era asegurarse que la megamiceta sea eliminada de una vez. Solo así estaría tranquilo de que su hija no correría peligro.

    ▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔

    𝐀𝐃𝐀 𝐖𝐎𝐍𝐆
    LEON S KENNEDY
    𝓡𝓮𝓫𝓮𝓬𝓬𝓪 𝓒𝓱𝓪𝓶𝓫𝓮𝓻𝓼

    ▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝟏𝟎 𝒅𝒆 𝒇𝒆𝒃𝒓𝒆𝒓𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏 Con lo último que le quedaba de aliento, Ethan empujó a Chris en aquel paso, antes que las vid de la megamiceta cubrieran todo y obstaculizara el paso, dejando a ambos separados. Con su mano izquierda, la que tan solo quedó con tres dedos, sostuvo el detonador de la bomba con fuerza mientras observó por última vez a la bebé en los brazos ajenos. El ardor en sus ojos fue intenso, la culpa por no haber podido hacer más lo carcomía. Debió hacer mucho más. Pero eso era lo que quedaba y lo mínimo que pudo hacer para darles tiempo al escuadrón y su esposa e hija en irse de allí. —Adiós, Rosemary. —su voz tembló antes de retroceder con dificultad, tanto por toda la carga física, el estar deteriorándose y el dolor de tener que abandonar a su pequeña. Todo por ella. Por eso volvió al corazón de la megamiceta, la cual se irguió con impotencia. Pocos segundos después, apretó el detonador. La explosión cubrió toda la aldea. Un destello enorme de luz que deshizo todo a su paso sin importar el tipo de tejido o estructura, hundiendo el terreno en un gran pozo. Finalmente había terminado, Miranda no volvería, la megamiceta fue destruída. Ethan hizo todo lo que estuvo en su poder para cumplir con su promesa de que los monstruos no alcanzarían a Rose. O eso se creyó al principio. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝟏𝟓 𝒅𝒆 𝒇𝒆𝒃𝒓𝒆𝒓𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏 No sirvió. La megamiceta no cedió; en cambio, pareció enfurecerse por el intento en vano de ser eliminada. Como mutomiceta comenzó a expandirse por todos lados, abarcando diferentes territorios, diferentes pueblos. No fue una rapidez abrumadora, pero sí la suficiente para alertar. Las esporas que dejaba a su paso infectaban, mutaban a todo organismo que las inhalara por apenas un mínimo de segundo. El hongo se expandió en puntos estratégicos, unas especies de colmenas, donde se concentraba más el poder para evitar ser destruído con facilidad, fueron distribuídas en diferentes puntos. Se aferraba con total fervor a lo que tuviera cerca. Las personas que fueron desafortunadas viviendo en los pueblos más cercanos ni siquiera tuvieron el tiempo suficiente de entender lo que ocurría. Enfermaron de forma abrupta para luego despertar como mutaciones. Sin embargo, los pocos que lograron sobrevivir en lugares un poco más alejados pudieron dar el aviso. Pero no solo se trataba de personas o animales actuando raro y con malformaciones que podrían aterrar hasta el adulto más valiente, sino que hubo avistamientos de otro tipo de gente… algunos ni siquiera estaban seguros de que lo fueran. Se veían demasiado altos y con un porte intimidante, caminando de forma firme alrededor y deshaciéndose de los humanos infectados o lo que fuera que tuvieran en frente como si se trataran de simples gusanos. Nadie se quedaba lo suficiente para verlos mejor o siquiera intentar preguntar nada. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝟏𝟔 𝒅𝒆 𝒇𝒆𝒃𝒓𝒆𝒓𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏 El aire quemó, pero era imposible no querer inhalar más y más para llenar sus pulmones. Tosió, se ahogó con su propia desesperación por respirar mientras que el movimiento por los espasmos apenas lo dejaba entender qué estaba pasando. La mente de Ethan era un caos de confusión, con una abrumadora sensación de dolor y de que algo estaba terriblemente mal. No podía ver demasiado, apenas unos pocos rayos de luz colándose entre los escombros. Sentía un peso encima suyo, una presión directa en su pecho que por unos segundos no supo si era real o solamente una ilusión. ¿Qué es lo que ocurrió? Apenas tenía fragmentos de los eventos anteriores que no le daban ninguna tranquilidad y solo traían más preguntas. También parecía sentir como si hubiera otra voz en su mente intentando colarse.. no, no era una sola voz. Eran muchas, superpuestas e imposibles de entender, ¿qué era? ¿quiénes? Movió apenas sus brazos, los únicos que parecían tener la libertad suficiente para hacerlo, y trató de aferrarse a lo que sea. Dolió al principio, pero pudo empezar a arrastrarse al ir elevando de a poco su cuerpo. Se sentía sospechosamente liviano a pesar de las circunstancias. No lo pensó mucho, su cabeza explotaba del dolor. De a poco la luz se hizo más intensa hasta que, al final, el aire frío chocó contra su rostro. Miró hacia todos lados, hacia la destrucción, y algunas cosas llegaron a su mente. Estaba buscando… ¿y había personas? Algo como hombres lobo. Y esos extraños sujetos… Dimitrescu, Beneviento, Moreau, Heisenberg… Sí, los recordó. Y a Miranda. —Rose… —apenas salió aire de entre sus labios antes de continuar arrastrándose, solo entonces mirando hacia abajo, a sus piernas… o donde se suponía que debían estar. Gritó, más por la sorpresa que por alguna clase de dolor. La parte inferior de su cuerpo no estaba, pero ni siquiera había sangre u órganos esparcidos, sino un líquido negro. De hecho, gran parte de lo que quedaba de su cuerpo estaba cubierto de ello. El hongo se movía de forma lenta, pero persistente, como si algo estuviera recordando cómo debía ser y tratando de reconstruirlo Al estar boca abajo se volteó, tocando con manos temblorosas su cintura, el extremo donde ya luego no había nada excepto esa masa negra. —¿Q-Qué carajos…? —su mano izquierda estaba bien, tenía sus dos dedos faltantes. Y habría sido perfecto que sus piernas también aparecieran. Pero era extraño, ¿cómo es que estaba vivo? No se suponía que lo estuviera. Se había estado deteriorando, secando. Casi como si fuera orden, el hongo continuó moviéndose, poco a poco aumentando la masa desde la cintura de Ethan, dando espacio a moldearse y tomar el aspecto de sus piernas de nuevo, incluyendo su ropa. Era extraño, como una extensión ajena a él conjunto con entumecimiento. El estar estupefacto duró poco, o más bien, no lo suficiente. Una vez sus piernas estuvieron completas se puso de pie. Tambaleó bastante hasta que logró quedar estable, una vez más viendo todo lo que lo rodeaba. Las vid de la mutomiceta se extendían, no tan gruesas como lo fueron antes, pero seguían vivas, moviéndose con sutileza. —¿Por qué nada se queda muerto a la primera? —vociferó con frustración, pero también era algo conveniente. Eso se aplicaba a él, y todavía estaba ahí. No era momento de preguntas, tenía que buscar la forma de salir de ahí. Si la bomba no funcionó entonces solo significaba una cosa: su trabajo no terminó. Daba igual su estado, primero era asegurarse que la megamiceta sea eliminada de una vez. Solo así estaría tranquilo de que su hija no correría peligro. ▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔ [glimmer_salmon_owl_865] [Leon_Kennedy] [mirage_brass_snake_762] ▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔
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  • —¿Sabes el dolor que te recorre el alma... cuando uno de los tuyos está acorralado entre aquellos con los que alguna vez rieron y fueron felices?...

    Su voz se quebró, pesada por una angustia que su cuerpo mortal a duras penas lograba contener. Raziel se arrodilló sobre el frío suelo, buscando en la penumbra de su refugio alguna señal de esa luz divina que los había abandonado.

    —Hoy lo experimenté de nuevo, Padre —susurró, cerrando los ojos con fuerza mientras las lágrimas finalmente escapaban—. Reviví ese amargo sabor de ver a quienes amaba ser unos asesinos sin piedad. Encontré a uno de mis hermanos... pero ellos también lo encontraron.

    Apretó los puños contra el pecho, justo donde el vacío de su divinidad amputada más le dolía.

    —Tú me hiciste la Guardiana de tus Secretos. Conozco el nombre de cada ángel que conformaba ese escuadrón de ejecución. Sé cuáles eran sus anhelos cuando el universo aún era joven. Recuerdo la calidez de su luz y la devoción con la que alguna vez cantamos juntos. Y hoy... tuve que ver cómo esa misma luz se usaba para acorralar y despedazar a nuestra propia sangre. Los cazadores que descendieron no llevaban rostros de monstruos; llevaban las sonrisas de nuestros amigos.

    Alzó el rostro hacia la oscuridad del techo, con los ojos dorados brillando de pura impotencia.

    —Mi intelecto solía abarcar el cosmos entero, pero esta cacería desafía cualquier lógica. Si nos dejaste aquí a oscuras para que aprendiéramos una lección, te suplico que la reveles ya... Porque el Cielo se está desangrando sobre la Tierra, y ver a tus hijos exterminándose entre sí me está arrebatando la cordura.
    —¿Sabes el dolor que te recorre el alma... cuando uno de los tuyos está acorralado entre aquellos con los que alguna vez rieron y fueron felices?... Su voz se quebró, pesada por una angustia que su cuerpo mortal a duras penas lograba contener. Raziel se arrodilló sobre el frío suelo, buscando en la penumbra de su refugio alguna señal de esa luz divina que los había abandonado. —Hoy lo experimenté de nuevo, Padre —susurró, cerrando los ojos con fuerza mientras las lágrimas finalmente escapaban—. Reviví ese amargo sabor de ver a quienes amaba ser unos asesinos sin piedad. Encontré a uno de mis hermanos... pero ellos también lo encontraron. Apretó los puños contra el pecho, justo donde el vacío de su divinidad amputada más le dolía. —Tú me hiciste la Guardiana de tus Secretos. Conozco el nombre de cada ángel que conformaba ese escuadrón de ejecución. Sé cuáles eran sus anhelos cuando el universo aún era joven. Recuerdo la calidez de su luz y la devoción con la que alguna vez cantamos juntos. Y hoy... tuve que ver cómo esa misma luz se usaba para acorralar y despedazar a nuestra propia sangre. Los cazadores que descendieron no llevaban rostros de monstruos; llevaban las sonrisas de nuestros amigos. Alzó el rostro hacia la oscuridad del techo, con los ojos dorados brillando de pura impotencia. —Mi intelecto solía abarcar el cosmos entero, pero esta cacería desafía cualquier lógica. Si nos dejaste aquí a oscuras para que aprendiéramos una lección, te suplico que la reveles ya... Porque el Cielo se está desangrando sobre la Tierra, y ver a tus hijos exterminándose entre sí me está arrebatando la cordura.
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  • -Neon ajustaria el micrófono y rasguea la guitarra-

    A ver, a ver... No soy cantante, pero me vas a escuchar, ¿Entendido?

    -Sonreiría-

    Veamos si aguantas mi ritmo.

    -Eso ultimo lo mencionó con tono desafiante, mientras comenzaba a tocar Helena de My Chemical Romance-

    https://youtu.be/d4DxaXRAGJk?si=szpD85_X5kmwxWXG
    -Neon ajustaria el micrófono y rasguea la guitarra- A ver, a ver... No soy cantante, pero me vas a escuchar, ¿Entendido? -Sonreiría- Veamos si aguantas mi ritmo. -Eso ultimo lo mencionó con tono desafiante, mientras comenzaba a tocar Helena de My Chemical Romance- https://youtu.be/d4DxaXRAGJk?si=szpD85_X5kmwxWXG
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  • El campo de batalla es un caos de metal y energía, saturado por el olor a ozono y el estruendo de las explosiones que sacuden los cimientos del área. Elsword, bajo su pesada armadura, se mantiene firme como un pilar de esperanza entre las ruinas humeantes; su capa roja ondea violentamente con cada ráfaga de viento, contrastando con el brillo azulado y puro de la energía de «El» en sus ojos. Tras haber despejado una horda de enemigos con un despliegue de su Grand Cross, el joven líder exhala un suspiro cargado de determinación, sintiendo cómo el calor de la batalla fluye por sus venas, pero manteniendo la mente tan afilada como su acero. En lugar de lanzarse de inmediato hacia el siguiente grupo de atacantes, gira parcialmente el cuerpo hacia su aliado, clavando sus ojos brillantes y decididos en los tuyos mientras el resplandor carmesí de su voluntad envuelve su figura.

    Con un gesto cargado de camaradería y una confianza inquebrantable que solo un caballero de su estatus podría proyectar, Elsword extiende su mano derecha enguantada hacia ti, dejando su palma abierta en una invitación clara y poderosa. Una sonrisa desafiante pero cálida curva sus labios, restándole peso a la gravedad de la situación sin ignorar el peligro que los rodea, mientras el aura dorada que caracteriza su maestría táctica comienza a pulsar, lista para reforzarlos a ambos en el próximo choque.

    —No pienses que la pelea ha terminado todavía, esto apenas está comenzando. No importa cuántos sean ni qué tan oscuro se vuelva el camino, si avanzamos juntos, no hay nada que pueda detener el filo de nuestra voluntad. Toma mi mano y demostrémosles de qué está hecho el verdadero espíritu del «El Search Party».
    El campo de batalla es un caos de metal y energía, saturado por el olor a ozono y el estruendo de las explosiones que sacuden los cimientos del área. Elsword, bajo su pesada armadura, se mantiene firme como un pilar de esperanza entre las ruinas humeantes; su capa roja ondea violentamente con cada ráfaga de viento, contrastando con el brillo azulado y puro de la energía de «El» en sus ojos. Tras haber despejado una horda de enemigos con un despliegue de su Grand Cross, el joven líder exhala un suspiro cargado de determinación, sintiendo cómo el calor de la batalla fluye por sus venas, pero manteniendo la mente tan afilada como su acero. En lugar de lanzarse de inmediato hacia el siguiente grupo de atacantes, gira parcialmente el cuerpo hacia su aliado, clavando sus ojos brillantes y decididos en los tuyos mientras el resplandor carmesí de su voluntad envuelve su figura. Con un gesto cargado de camaradería y una confianza inquebrantable que solo un caballero de su estatus podría proyectar, Elsword extiende su mano derecha enguantada hacia ti, dejando su palma abierta en una invitación clara y poderosa. Una sonrisa desafiante pero cálida curva sus labios, restándole peso a la gravedad de la situación sin ignorar el peligro que los rodea, mientras el aura dorada que caracteriza su maestría táctica comienza a pulsar, lista para reforzarlos a ambos en el próximo choque. —No pienses que la pelea ha terminado todavía, esto apenas está comenzando. No importa cuántos sean ni qué tan oscuro se vuelva el camino, si avanzamos juntos, no hay nada que pueda detener el filo de nuestra voluntad. Toma mi mano y demostrémosles de qué está hecho el verdadero espíritu del «El Search Party».
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  • 𝗘𝗹 𝗖𝗵𝗮𝗺𝗮́𝗻 𝘆 𝗲𝗹 𝗔𝗹𝗾𝘂𝗶𝗺𝗶𝘀𝘁𝗮 - 𝗣𝗧. 𝟭
    Fandom O.C. - Xros / Over.
    Categoría Acción
    ㅤㅤㅤ¿Qué tienen en común los mitos con la realidad?, que ambos se basan parcialmente en una mentira y parcialmente en una verdad, parecen opuestos, pero en realidad, beben de la incredulidad de la gente... Habían pasado años desde que un feroz y cercano cataclismo le mostró a la humanidad que había mucho más en el universo, fuerzas primordiales que eran incapaces de controlar o contener, personas que eran capaces de desafiar el sistema porque contaban con un poder natural, sobrehumano, que ni la naturaleza ni el dinero podían contener... Pero aquellas historias, en alguna vez, una sociedad humana común y corriente que experimentó el horror habían quedado en el pasado para un hombre que fue un protagonista de tantos entre las historias que se cuentan en el mundo. Apodado el ''Último Alquimista'' por quiénes lo veían como un salvador, y el ''Relámpago Negro'' por aquellos que lo veían como un castigo, aunque nadie parecía conocer al hombre detrás de una leyenda que se forjó en la inexactitud. Diez años habían pasado, diez años donde todo lo que alguna vez llegó a representar algo para él desapareció, conceptos como la familia, la amistad o la compañía lo habían abandonado... ese ''héroe legendario'', alguna vez joven y vivaz se había convertido en una pieza olvidada por quienes jamás conocieron su verdadera historia, su verdadero ser.

    En una isla lejana, en alguna parte aún cercana pero a su vez, alejada América, descansaba de las personas en una pequeña granja que había montado con sus propias manos... una granja que servía a su vez, como un hogar, y su santuario, su laboratorio... era humilde, con lo poco que había podido rescatar de los escombros de lo que alguna vez fue su casa, su cuna y, que, por poco, se convertía en su tumba... y mientras disfrutaba de un atardecer propicio, en lo que él llamaba ''La Cueva'', una gran edificación como una mansión hecha de madera y piedra perfectamente tallada, se podía ver la cándida luz de una chimenea encendida a leña... a costado de un asiento construido a mano con madera, algodón y telas, reposaba una pequeña tortuga descansando en su compañía. El alquimista, con las manos en la espalda, observaba la costa silenciosa como siempre, no sabía el porqué había adquirido ese extraño hábito últimamente, esperaba algún día encontrarse con un barco, y podía verlos a veces a la lejanía, pero nadie se acercaba allí, y tampoco le interesaba que así sucediera... prefería la soledad, la tranquilidad de la naturaleza que lo había aceptado, o que al menos, él se había aceptado dentro de ella.

    Su túnica negra ondeaba cuidadosamente con el viento nocturno que entraba a través de los vidrios ligeramente entreabiertos, brisa traída por las olas que se movían de manera inquieta para su curiosidad. ¿Será que debería ir a ver?, un resoplido de resignación salió de sus labios, y tomando el pliegue de su capucha, comenzó a levantarla cuidadosamente para colocársela sobre la cabeza, no sin antes, esconder a su preciada mascota de patas rojas en su gran pecera junto a su poca compañía, una tortuguita más pequeña que resultó ser su cría. El hombre abandonó la mansión, cerrando la puerta con un candado que solo él sabía abrir... sabía que la entrada podía ser forzada, pero había pasado tanto tiempo sin visitas que sabía que nadie vendría a husmear su hogar... por lo que cuando la densa noche lo recibió con un sordo eco de la brisa nocturna, el alquimista comenzó a caminar... tenía esa extraña sensación de que alguien, o algo, se había osado a entrar a sus tierras... Y aunque no era un bárbaro que lanzaba flechas y cuchillos a lo que sea que veía, el que alguien llegara ahí, la sola idea, le generaba algo de incomodidad.

    Su caminata lo llevó a la zona de la isla dónde se encontraban las arboledas, se agachó por un momento para presenciar una pequeña hoja que parecía quebrada, estaba seca, si, pero quebrada, pisoteada, como si alguien la hubiera pasado por alto... La tomó, como una pequeña prueba y la inspeccionó silenciosamente, el suelo cubierto de restos de pasto y fango hacían difícil encontrar un patrón de huellas o algo similar, sea quien sea que estaba allí, o parecía ser muy cuidadoso con sus pasos, o caminaba por encima del suelo como un fantasma.

    — Esto no me agrada. —

    @Illán
    ㅤㅤㅤ¿Qué tienen en común los mitos con la realidad?, que ambos se basan parcialmente en una mentira y parcialmente en una verdad, parecen opuestos, pero en realidad, beben de la incredulidad de la gente... Habían pasado años desde que un feroz y cercano cataclismo le mostró a la humanidad que había mucho más en el universo, fuerzas primordiales que eran incapaces de controlar o contener, personas que eran capaces de desafiar el sistema porque contaban con un poder natural, sobrehumano, que ni la naturaleza ni el dinero podían contener... Pero aquellas historias, en alguna vez, una sociedad humana común y corriente que experimentó el horror habían quedado en el pasado para un hombre que fue un protagonista de tantos entre las historias que se cuentan en el mundo. Apodado el ''Último Alquimista'' por quiénes lo veían como un salvador, y el ''Relámpago Negro'' por aquellos que lo veían como un castigo, aunque nadie parecía conocer al hombre detrás de una leyenda que se forjó en la inexactitud. Diez años habían pasado, diez años donde todo lo que alguna vez llegó a representar algo para él desapareció, conceptos como la familia, la amistad o la compañía lo habían abandonado... ese ''héroe legendario'', alguna vez joven y vivaz se había convertido en una pieza olvidada por quienes jamás conocieron su verdadera historia, su verdadero ser. En una isla lejana, en alguna parte aún cercana pero a su vez, alejada América, descansaba de las personas en una pequeña granja que había montado con sus propias manos... una granja que servía a su vez, como un hogar, y su santuario, su laboratorio... era humilde, con lo poco que había podido rescatar de los escombros de lo que alguna vez fue su casa, su cuna y, que, por poco, se convertía en su tumba... y mientras disfrutaba de un atardecer propicio, en lo que él llamaba ''La Cueva'', una gran edificación como una mansión hecha de madera y piedra perfectamente tallada, se podía ver la cándida luz de una chimenea encendida a leña... a costado de un asiento construido a mano con madera, algodón y telas, reposaba una pequeña tortuga descansando en su compañía. El alquimista, con las manos en la espalda, observaba la costa silenciosa como siempre, no sabía el porqué había adquirido ese extraño hábito últimamente, esperaba algún día encontrarse con un barco, y podía verlos a veces a la lejanía, pero nadie se acercaba allí, y tampoco le interesaba que así sucediera... prefería la soledad, la tranquilidad de la naturaleza que lo había aceptado, o que al menos, él se había aceptado dentro de ella. Su túnica negra ondeaba cuidadosamente con el viento nocturno que entraba a través de los vidrios ligeramente entreabiertos, brisa traída por las olas que se movían de manera inquieta para su curiosidad. ¿Será que debería ir a ver?, un resoplido de resignación salió de sus labios, y tomando el pliegue de su capucha, comenzó a levantarla cuidadosamente para colocársela sobre la cabeza, no sin antes, esconder a su preciada mascota de patas rojas en su gran pecera junto a su poca compañía, una tortuguita más pequeña que resultó ser su cría. El hombre abandonó la mansión, cerrando la puerta con un candado que solo él sabía abrir... sabía que la entrada podía ser forzada, pero había pasado tanto tiempo sin visitas que sabía que nadie vendría a husmear su hogar... por lo que cuando la densa noche lo recibió con un sordo eco de la brisa nocturna, el alquimista comenzó a caminar... tenía esa extraña sensación de que alguien, o algo, se había osado a entrar a sus tierras... Y aunque no era un bárbaro que lanzaba flechas y cuchillos a lo que sea que veía, el que alguien llegara ahí, la sola idea, le generaba algo de incomodidad. Su caminata lo llevó a la zona de la isla dónde se encontraban las arboledas, se agachó por un momento para presenciar una pequeña hoja que parecía quebrada, estaba seca, si, pero quebrada, pisoteada, como si alguien la hubiera pasado por alto... La tomó, como una pequeña prueba y la inspeccionó silenciosamente, el suelo cubierto de restos de pasto y fango hacían difícil encontrar un patrón de huellas o algo similar, sea quien sea que estaba allí, o parecía ser muy cuidadoso con sus pasos, o caminaba por encima del suelo como un fantasma. — Esto no me agrada. — @[Cursed_Bastard]
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    Grupal
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  • Lleva rato reduciendo el ritmo de sus pasos. Se está dejando dar alcance. El viento cambió de dirección hace más de media hora y sintió un olor incómodo. No por desagradable. Por su origen. Sentirse observado le tensa la mandíbula.

    Saberse perseguido, le pone los nudillos blancos.

    Y se gira. No es un movimiento brusco. Lo hace encorvado, de lado. El mentón se levanta. No es desafío, eso sería algo.

    Los párpados caen a media asta. Clava la mirada. Los dedos se encierran sobre la empuñadura de su espada. Se queda quieto, como una gran roca.

    Afilada.

    El viento no sopla. Azota. A ambos. Él no parpadea.
    Lleva rato reduciendo el ritmo de sus pasos. Se está dejando dar alcance. El viento cambió de dirección hace más de media hora y sintió un olor incómodo. No por desagradable. Por su origen. Sentirse observado le tensa la mandíbula. Saberse perseguido, le pone los nudillos blancos. Y se gira. No es un movimiento brusco. Lo hace encorvado, de lado. El mentón se levanta. No es desafío, eso sería algo. Los párpados caen a media asta. Clava la mirada. Los dedos se encierran sobre la empuñadura de su espada. Se queda quieto, como una gran roca. Afilada. El viento no sopla. Azota. A ambos. Él no parpadea.
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  • Imagina que encontrar a Dios no es encontrar un tesoro, sino contraer una enfermedad autoinmune del espíritu. Los desafortunados que se encontraron con Dios han canjeado su capacidad de asombro por un manual de instrucciones. Socialmente, esto se traduce en una pereza ética aterradora.
    El creyente ya no necesita empatizar con la víctima de una tragedia, solo necesita citar un versículo; ya no tiene que luchar por la justicia, porque está convencido de que un Juez Supremo pondrá orden cuando todos estemos muertos.
    Es la máxima forma de egoísmo disfrazada de humildad: creer que el universo, con sus miles de millones de galaxias, tiene un interés personal en lo que tú haces en tu habitación o en lo que pones en tu plato.
    Lo que un creyente no logra ver es que su "paz" es, en realidad, un aislamiento sensorial. Para mantener a su Dios intacto, debe ignorar el ruido de los huesos rompiéndose en lugares donde la oración nunca llega.
    Al final, encontrar a Dios es como mudarse a una casa con las ventanas pintadas de blanco: por fuera parece un refugio luminoso, pero por dentro es una celda donde han decidido que la realidad ya no es bienvenida.
    Su "afortunado" encuentro no es más que el momento en que dejaron de ser humanos para convertirse en eco de un silencio que ellos mimos bautizaron.
    Imagina que encontrar a Dios no es encontrar un tesoro, sino contraer una enfermedad autoinmune del espíritu. Los desafortunados que se encontraron con Dios han canjeado su capacidad de asombro por un manual de instrucciones. Socialmente, esto se traduce en una pereza ética aterradora. El creyente ya no necesita empatizar con la víctima de una tragedia, solo necesita citar un versículo; ya no tiene que luchar por la justicia, porque está convencido de que un Juez Supremo pondrá orden cuando todos estemos muertos. Es la máxima forma de egoísmo disfrazada de humildad: creer que el universo, con sus miles de millones de galaxias, tiene un interés personal en lo que tú haces en tu habitación o en lo que pones en tu plato. Lo que un creyente no logra ver es que su "paz" es, en realidad, un aislamiento sensorial. Para mantener a su Dios intacto, debe ignorar el ruido de los huesos rompiéndose en lugares donde la oración nunca llega. Al final, encontrar a Dios es como mudarse a una casa con las ventanas pintadas de blanco: por fuera parece un refugio luminoso, pero por dentro es una celda donde han decidido que la realidad ya no es bienvenida. Su "afortunado" encuentro no es más que el momento en que dejaron de ser humanos para convertirse en eco de un silencio que ellos mimos bautizaron.
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