• ¡Es tan caballeroso, que me muero de ternura!
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    ⫸ ELIZABETH AIGIS ⫷
    ⫸ THE SILVER MAIDEN ⫷

    ⫸ Edad: 20 (Por una "bendición", está maldita a no envejecer más).
    ⫸ Sexo: Femenino
    ⫸ Género: Femenino
    ⫸ Orientación sexual/romántica: Heterosexual
    ⫸ Estatura: 158 cm
    ⫸ Etnicidad: Da un aire de mezcla europea, inglesa y nórdica.
    ⫸ Mythos: Su tierra natal tiene una mezcla particular entre mitología nórdica, griega y romana.
    ⫸ Oficio: Dame (caballero, pero mujer) y aventurera.
    ⫸ Personalidad: Elizabeth es tranquila. Socialmente incómoda, pero se acopla fácil a las personas. Es un alma dulce, gentil, amorosa y algo maternal. Esperando un hombre que la complemente. Alguien a quien apoyar, pero seguro de sí mismo. Valiente, que sepa tomar decisiones y sabe lo que quiere. Puede tener la mente en las nubes, y es una romántica apasionada. Es tan melosa y cariñosa, como lo es erótica y ardiente por su pareja.
    ⫸ Talentos: Canta precioso, sabe bailar bien, y es una excelente cocinera. Algo necesario como aventurera, pero también por su inmenso apetito. Ella cree que proviene como efecto secundario de su fuerza titánica.
    ⫸ Temores y debilidades: LOS HOMBRES. Tiene muchos problemas con ellos. Ya sea por su voluptuoso cuerpo, o simplemente es pésima al conocer gente nueva. Le tiene miedo al mar profundo y a algunos insectos. Motor fino, su fuerza es tanta que puede romper cosas con tanta facilidad. Es muy apegada emocionalmente, y hasta cierto punto, celosa. Piensa demasiado bien de las personas.

    ⫸Resumen de su pasado⫷
    Elizabeth siempre quiso ser un héroe.
    A los 16 años, se juntó con un grupo de aventureros para vencer a La Emperatriz del Vacío y salvar a su reino.
    En el encuentro final contra la Emperatriz, solo Elizabeth llegó con vida. Llena de energía... perdió a su grupo, no pudo salvarlos.
    Cegada en dolor e ira, asesina a la Emperatriz del Vacío ella sola.
    Exhausta, los dioses la "bendijeron" con eternidad y juventud eterna.
    Ella lo ve como una cruel broma y maldición, ya que probablemente nunca volverá a ver a sus amigos...
    A pesar de ser admirada y condecorada por su reino. Ella decide viajar por varias tierras, en busca de un nuevo comienzo. Y cumplir la promesa hecha a su mejor amiga, que perdió en esa última batalla: "¡Enamórate, cásate, ten una familia, cuéntale nuestra historia a tus hijos!"
    ⫸ ELIZABETH AIGIS ⫷ ⫸ THE SILVER MAIDEN ⫷ ⫸ Edad: 20 (Por una "bendición", está maldita a no envejecer más). ⫸ Sexo: Femenino ⫸ Género: Femenino ⫸ Orientación sexual/romántica: Heterosexual ⫸ Estatura: 158 cm ⫸ Etnicidad: Da un aire de mezcla europea, inglesa y nórdica. ⫸ Mythos: Su tierra natal tiene una mezcla particular entre mitología nórdica, griega y romana. ⫸ Oficio: Dame (caballero, pero mujer) y aventurera. ⫸ Personalidad: Elizabeth es tranquila. Socialmente incómoda, pero se acopla fácil a las personas. Es un alma dulce, gentil, amorosa y algo maternal. Esperando un hombre que la complemente. Alguien a quien apoyar, pero seguro de sí mismo. Valiente, que sepa tomar decisiones y sabe lo que quiere. Puede tener la mente en las nubes, y es una romántica apasionada. Es tan melosa y cariñosa, como lo es erótica y ardiente por su pareja. ⫸ Talentos: Canta precioso, sabe bailar bien, y es una excelente cocinera. Algo necesario como aventurera, pero también por su inmenso apetito. Ella cree que proviene como efecto secundario de su fuerza titánica. ⫸ Temores y debilidades: LOS HOMBRES. Tiene muchos problemas con ellos. Ya sea por su voluptuoso cuerpo, o simplemente es pésima al conocer gente nueva. Le tiene miedo al mar profundo y a algunos insectos. Motor fino, su fuerza es tanta que puede romper cosas con tanta facilidad. Es muy apegada emocionalmente, y hasta cierto punto, celosa. Piensa demasiado bien de las personas. ⫸Resumen de su pasado⫷ Elizabeth siempre quiso ser un héroe. A los 16 años, se juntó con un grupo de aventureros para vencer a La Emperatriz del Vacío y salvar a su reino. En el encuentro final contra la Emperatriz, solo Elizabeth llegó con vida. Llena de energía... perdió a su grupo, no pudo salvarlos. Cegada en dolor e ira, asesina a la Emperatriz del Vacío ella sola. Exhausta, los dioses la "bendijeron" con eternidad y juventud eterna. Ella lo ve como una cruel broma y maldición, ya que probablemente nunca volverá a ver a sus amigos... A pesar de ser admirada y condecorada por su reino. Ella decide viajar por varias tierras, en busca de un nuevo comienzo. Y cumplir la promesa hecha a su mejor amiga, que perdió en esa última batalla: "¡Enamórate, cásate, ten una familia, cuéntale nuestra historia a tus hijos!"
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  • El aroma a jazmin, combiando con el tinteo de las cucharas de plata contra la porclena dentro del gran jardin harían olvidar a cualquiera que se encuentran en el reino mas lujoso y custodiado, Aurelia.

    -El té no está mal, de hecho me gusta bastante, solo que hay un pequeño tema...

    *La seda del traje rozaba con una suavidad incomoda mi piel, tanto que mi mano no paraba de acomodar esa parte del traje una y otra vez. Un contraste evidente comparado a las herramientas de cerrajeria fina que llevaba bajo el forro de la manga izquierda*

    -Te dije que queria una armadura de caballero, o de escolta real, no un traje real...¿de que te ries?
    El aroma a jazmin, combiando con el tinteo de las cucharas de plata contra la porclena dentro del gran jardin harían olvidar a cualquiera que se encuentran en el reino mas lujoso y custodiado, Aurelia. -El té no está mal, de hecho me gusta bastante, solo que hay un pequeño tema... *La seda del traje rozaba con una suavidad incomoda mi piel, tanto que mi mano no paraba de acomodar esa parte del traje una y otra vez. Un contraste evidente comparado a las herramientas de cerrajeria fina que llevaba bajo el forro de la manga izquierda* -Te dije que queria una armadura de caballero, o de escolta real, no un traje real...¿de que te ries?
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  • *Se quita el cabello de la frente con un gesto dramático y hace una reverencia exagerada, casi cómica, pero con esa sonrisa pícara que nunca se le borra de la cara.*

    —¡Ay, caramba! Mil perdones, señoritaa. Si hubiera sabido que me encontraría con una presencia tan... radiante en este rincón olvidado de la mano de Dios, me habría lustrado las botas o, por lo menos, buscado un cigarrillo de mejor calidad.

    A veces olvido que entre tanto habitante con hacha y modales cuestionables, todavía queda belleza en este mundo. Me presento como es debido: Luis Sera, a su servicio. Científico de profesión, caballero por vocación y, de vez en cuando, un pícaro por pura necesidad. Dígame, ¿qué hace una dama como usted en un lugar tan... pintoresco?
    *Se quita el cabello de la frente con un gesto dramático y hace una reverencia exagerada, casi cómica, pero con esa sonrisa pícara que nunca se le borra de la cara.* —¡Ay, caramba! Mil perdones, señoritaa. Si hubiera sabido que me encontraría con una presencia tan... radiante en este rincón olvidado de la mano de Dios, me habría lustrado las botas o, por lo menos, buscado un cigarrillo de mejor calidad. A veces olvido que entre tanto habitante con hacha y modales cuestionables, todavía queda belleza en este mundo. Me presento como es debido: Luis Sera, a su servicio. Científico de profesión, caballero por vocación y, de vez en cuando, un pícaro por pura necesidad. Dígame, ¿qué hace una dama como usted en un lugar tan... pintoresco?
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  • Prepárense!

    La caballerosidad no está muerta.
    Prepárense! La caballerosidad no está muerta.
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  • La mañana apenas comenzaba en Mondstadt, y aun así las luces de la oficina de la Gran Maestra Interina ya permanecían encendidas.

    Jean llevaba allí desde antes del amanecer.

    Sentada detrás de su amplio escritorio de roble, repasaba informes militares y registros comerciales mientras el vapor de una taza de café recién servido ascendía lentamente junto a ella. Afuera, la ciudad apenas despertaba bajo el viento suave de la madrugada, pero una extraña sensación de inquietud había acompañado a Jean desde que abrió los ojos aquella mañana.

    Como si algo estuviera por ocurrir.

    Tres golpes suaves resonaron en la puerta.

    —Adelante.

    La puerta se abrió apenas lo suficiente para revelar a Noelle sosteniendo varias cartas cuidadosamente acomodadas entre sus brazos.

    +Gran Maestra Jean, llegó la correspondencia de esta mañana.

    —Déjala aquí, gracias, Noelle.

    La joven obedeció con una sonrisa amable, colocando el montón de sobres sobre el escritorio. Sin embargo, en lugar de marcharse enseguida, permaneció cerca de la puerta, acomodando discretamente sus guantes mientras observaba a Jean revisar los documentos.

    Jean apenas comenzaba a separar la correspondencia cuando algo llamó su atención.

    Un sello plateado grabado sobre cera oscura.

    Un copo de nieve rodeado por adornos espinosos.

    Fatui.

    El ambiente pareció enfriarse de golpe.

    Jean frunció el ceño apenas tomó el sobre.

    Noelle notó el cambio en su expresión casi al instante.

    +¿Ocurre algo…?

    Jean guardó silencio unos segundos antes de romper el sello con cuidado. Luego, en vez de quedarse detrás del escritorio, se acomodó sobre el borde del mismo, cruzando lentamente las piernas mientras comenzaba a leer.

    La luz de la mañana iluminaba parcialmente su uniforme blanco y azul, reflejándose sobre los detalles dorados de la oficina mientras sus ojos recorrían cada línea de la carta.

    —Como imaginaba… —murmuró en voz baja.

    Noelle dudó un momento antes de acercarse un poco más.

    +¿Es una mala noticia?

    Jean dejó escapar un suspiro cansado.

    —Depende de cómo se mire.

    Sus dedos sostuvieron la carta con firmeza mientras levantaba la vista hacia Noelle.

    —Es una invitación formal de los Fatui. Quieren una cena diplomática.

    Noelle parpadeó sorprendida.

    +¿Una cena…?

    —Mhm. Oficialmente hablan de cooperación comercial, seguridad en rutas y relaciones entre Mondstadt y Snezhnaya…

    Jean hizo una pequeña pausa antes de bajar la mirada nuevamente hacia la carta.

    —Pero el verdadero objetivo es otro.

    Noelle se acercó un poco más, curiosa y preocupada al mismo tiempo.

    +¿Qué quieren realmente?

    Jean apoyó la carta sobre su muslo y tomó lentamente la taza de café a su lado.

    —Quieren establecer una base logística permanente cerca de Mondstadt.

    Noelle abrió apenas los ojos.

    +¿Los Fatui… aquí?

    —“Temporal”, según ellos —respondió Jean con una ligera ironía—. Pero los Fatui rara vez hacen algo sin una intención más profunda.

    La oficina quedó en silencio unos instantes.

    Noelle observó a Jean con atención. Aunque mantenía aquella postura elegante y serena sobre el escritorio, podía notar el cansancio oculto detrás de su expresión.

    La presión.

    La responsabilidad.

    Las decisiones imposibles.

    +Entonces… ¿rechazará la invitación?

    Jean permaneció callada unos segundos mientras el vapor del café ascendía lentamente entre ambas.

    Finalmente negó con la cabeza.

    —No puedo hacerlo.

    La respuesta salió más suave de lo esperado.

    —Si los ignoramos, podrían usarlo como excusa diplomática. Y si aceptamos demasiado rápido… podrían interpretarlo como debilidad.

    Noelle bajó ligeramente la mirada.

    +Eso suena difícil…

    Jean dejó escapar una pequeña sonrisa cansada al escucharla.

    —Bienvenida al trabajo administrativo de los Caballeros de Favonius.

    Aquello hizo que Noelle sonriera apenas.

    Jean volvió a mirar por la ventana de la oficina, observando cómo la luz del amanecer comenzaba a cubrir lentamente la ciudad.

    —Asistiré a la cena —dijo finalmente—. Pero no pienso permitir que los Fatui crean que pueden poner un pie en Mondstadt sin supervisión.

    Noelle asintió con firmeza casi de inmediato.

    +Entonces me aseguraré de que todo esté preparado para usted, Gran Maestra Jean.

    Jean la miró de reojo y, por primera vez esa mañana, su expresión se suavizó ligeramente.

    —Gracias, Noelle.
    La mañana apenas comenzaba en Mondstadt, y aun así las luces de la oficina de la Gran Maestra Interina ya permanecían encendidas. Jean llevaba allí desde antes del amanecer. Sentada detrás de su amplio escritorio de roble, repasaba informes militares y registros comerciales mientras el vapor de una taza de café recién servido ascendía lentamente junto a ella. Afuera, la ciudad apenas despertaba bajo el viento suave de la madrugada, pero una extraña sensación de inquietud había acompañado a Jean desde que abrió los ojos aquella mañana. Como si algo estuviera por ocurrir. Tres golpes suaves resonaron en la puerta. —Adelante. La puerta se abrió apenas lo suficiente para revelar a Noelle sosteniendo varias cartas cuidadosamente acomodadas entre sus brazos. +Gran Maestra Jean, llegó la correspondencia de esta mañana. —Déjala aquí, gracias, Noelle. La joven obedeció con una sonrisa amable, colocando el montón de sobres sobre el escritorio. Sin embargo, en lugar de marcharse enseguida, permaneció cerca de la puerta, acomodando discretamente sus guantes mientras observaba a Jean revisar los documentos. Jean apenas comenzaba a separar la correspondencia cuando algo llamó su atención. Un sello plateado grabado sobre cera oscura. Un copo de nieve rodeado por adornos espinosos. Fatui. El ambiente pareció enfriarse de golpe. Jean frunció el ceño apenas tomó el sobre. Noelle notó el cambio en su expresión casi al instante. +¿Ocurre algo…? Jean guardó silencio unos segundos antes de romper el sello con cuidado. Luego, en vez de quedarse detrás del escritorio, se acomodó sobre el borde del mismo, cruzando lentamente las piernas mientras comenzaba a leer. La luz de la mañana iluminaba parcialmente su uniforme blanco y azul, reflejándose sobre los detalles dorados de la oficina mientras sus ojos recorrían cada línea de la carta. —Como imaginaba… —murmuró en voz baja. Noelle dudó un momento antes de acercarse un poco más. +¿Es una mala noticia? Jean dejó escapar un suspiro cansado. —Depende de cómo se mire. Sus dedos sostuvieron la carta con firmeza mientras levantaba la vista hacia Noelle. —Es una invitación formal de los Fatui. Quieren una cena diplomática. Noelle parpadeó sorprendida. +¿Una cena…? —Mhm. Oficialmente hablan de cooperación comercial, seguridad en rutas y relaciones entre Mondstadt y Snezhnaya… Jean hizo una pequeña pausa antes de bajar la mirada nuevamente hacia la carta. —Pero el verdadero objetivo es otro. Noelle se acercó un poco más, curiosa y preocupada al mismo tiempo. +¿Qué quieren realmente? Jean apoyó la carta sobre su muslo y tomó lentamente la taza de café a su lado. —Quieren establecer una base logística permanente cerca de Mondstadt. Noelle abrió apenas los ojos. +¿Los Fatui… aquí? —“Temporal”, según ellos —respondió Jean con una ligera ironía—. Pero los Fatui rara vez hacen algo sin una intención más profunda. La oficina quedó en silencio unos instantes. Noelle observó a Jean con atención. Aunque mantenía aquella postura elegante y serena sobre el escritorio, podía notar el cansancio oculto detrás de su expresión. La presión. La responsabilidad. Las decisiones imposibles. +Entonces… ¿rechazará la invitación? Jean permaneció callada unos segundos mientras el vapor del café ascendía lentamente entre ambas. Finalmente negó con la cabeza. —No puedo hacerlo. La respuesta salió más suave de lo esperado. —Si los ignoramos, podrían usarlo como excusa diplomática. Y si aceptamos demasiado rápido… podrían interpretarlo como debilidad. Noelle bajó ligeramente la mirada. +Eso suena difícil… Jean dejó escapar una pequeña sonrisa cansada al escucharla. —Bienvenida al trabajo administrativo de los Caballeros de Favonius. Aquello hizo que Noelle sonriera apenas. Jean volvió a mirar por la ventana de la oficina, observando cómo la luz del amanecer comenzaba a cubrir lentamente la ciudad. —Asistiré a la cena —dijo finalmente—. Pero no pienso permitir que los Fatui crean que pueden poner un pie en Mondstadt sin supervisión. Noelle asintió con firmeza casi de inmediato. +Entonces me aseguraré de que todo esté preparado para usted, Gran Maestra Jean. Jean la miró de reojo y, por primera vez esa mañana, su expresión se suavizó ligeramente. —Gracias, Noelle.
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  • Hacía un poco de calor en Teyvat.
    Razor, el Chico Lobo ya había hecho casi todas sus actividades del día a día, jugó por horas con su manada de lobos, pescó, se bañó en el lago detrás de Mondstadt, había ido a la Biblioteca a sus clases con su maestra Lisa.

    Al salir de la biblioteca y de la sede de los caballeros de Favonius el sol pegó en su rostro haciéndolo cerrar ligeramente sus ojos hasta adaptarse de nuevo a la luz.

    -Nhg...sol...enojado... -Así conocía él "calor" y luego, sonrió. Siempre buscaba cualquier pretexto para que Sara, la dueña y cocinera de El Gran Cazador le hiciera un batido bien frío con ganchos de lobo y miel-

    Con aquella idea y pretexto perfecto fue corriendo al restaurante cerca de la plaza de Mondstadt.

    -¡Sara...Sara...Sara!... -Demandó entrando al lugar mientras señalaba indignado hacia arriba y hacia afuera "indignado"-...Sol...molesto...

    +¡Razor! ¡Que sorpresa verte por aquí!... ¿Hu? Con que sol "molesto" ¿Eh?

    -¡Uhum! ¡Mucho!...

    +¿No será que...?...Ay ya, ya sé lo que quieres...Siéntate, ya te traigo uno.

    Razor sonrió victorioso. Tomó asiento como siempre y movió sus piernas de lado a lado esperando. Minutos después Sara llegó con su "arma contra el sol", su batido helado.

    +No lo bebas muy rápido...siempre se te congela el cerebro~.

    Razor tomó el vaso con los ojos resplandecientes e ignorando como siempre la advertencia su primer sorbo fue, grande, sus ojos se cerraron y se quejó levemente, paladar y cerebro congelado, pero rió, era un dolor "bueno".

    +¡Te dije que con cuidado!
    -Heh...Batido...bueno.... -Dejó un par de Moras pagando el batido y se fue victorioso con bebida en manos. La puerta del restaurante se abrió de nuevo-...Gracias...Sara...buena...

    Se le había olvidado agradecer como le enseñaron Jean y Lisa, después de ello, se fue contento bebiendo.
    Hacía un poco de calor en Teyvat. Razor, el Chico Lobo ya había hecho casi todas sus actividades del día a día, jugó por horas con su manada de lobos, pescó, se bañó en el lago detrás de Mondstadt, había ido a la Biblioteca a sus clases con su maestra Lisa. Al salir de la biblioteca y de la sede de los caballeros de Favonius el sol pegó en su rostro haciéndolo cerrar ligeramente sus ojos hasta adaptarse de nuevo a la luz. -Nhg...sol...enojado... -Así conocía él "calor" y luego, sonrió. Siempre buscaba cualquier pretexto para que Sara, la dueña y cocinera de El Gran Cazador le hiciera un batido bien frío con ganchos de lobo y miel- Con aquella idea y pretexto perfecto fue corriendo al restaurante cerca de la plaza de Mondstadt. -¡Sara...Sara...Sara!... -Demandó entrando al lugar mientras señalaba indignado hacia arriba y hacia afuera "indignado"-...Sol...molesto... +¡Razor! ¡Que sorpresa verte por aquí!... ¿Hu? Con que sol "molesto" ¿Eh? -¡Uhum! ¡Mucho!... +¿No será que...?...Ay ya, ya sé lo que quieres...Siéntate, ya te traigo uno. Razor sonrió victorioso. Tomó asiento como siempre y movió sus piernas de lado a lado esperando. Minutos después Sara llegó con su "arma contra el sol", su batido helado. +No lo bebas muy rápido...siempre se te congela el cerebro~. Razor tomó el vaso con los ojos resplandecientes e ignorando como siempre la advertencia su primer sorbo fue, grande, sus ojos se cerraron y se quejó levemente, paladar y cerebro congelado, pero rió, era un dolor "bueno". +¡Te dije que con cuidado! -Heh...Batido...bueno.... -Dejó un par de Moras pagando el batido y se fue victorioso con bebida en manos. La puerta del restaurante se abrió de nuevo-...Gracias...Sara...buena... Se le había olvidado agradecer como le enseñaron Jean y Lisa, después de ello, se fue contento bebiendo.
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  • 𝑈𝑛 𝑓𝑟𝑎𝑔𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑎𝑠𝑎𝑑𝑜.

    Me senté en aquella roca junto al agua, como tantas veces antes. El peso de la armadura ya no me molestaba; era solo otra capa más sobre un cuerpo que se negaba a morir. Miré mi reflejo en el lago quieto: un caballero roto, un casco vacío, ojos que habían visto demasiado.

    Aquella voz me inundó cuando era solo un niño. Una presencia fría y eterna que susurró en lo más profundo de mi ser: “Levantate. La guerra te ha elegido.”. Y cumplió su palabra, pero nunca entendi que guerra era la que tenia que pelear. Vi cómo mataban a mis padres y a mis hermanos y hermanas en aquella misma noche de sangre y fuego. Intenté morir con ellos… pero no pude. Desde entonces he enterrado a amigos, a mis compañeros de armas. Imperios enteros se levantaron y cayeron mientras yo seguía aquí, respirando.

    Intenté acabar con esto muchas veces, la espada en mi propio pecho, el precipicio, el veneno. Nada funcionó. La herida se cerraba antes de que pudiera sentir alivio.

    Quinientos años. Mil. Ya ni siquiera recordaba el número. Solo sabía que estaba cansado. Muy cansado.
    —¿Cuánto más? —susurré dentro del yelmo, y mi voz sonó como grava vieja—. ¿Hasta cuándo tendré que seguir cargando esto?
    El reflejo no respondió. Solo me devolvió la misma mirada resignada.
    𝑈𝑛 𝑓𝑟𝑎𝑔𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑎𝑠𝑎𝑑𝑜. Me senté en aquella roca junto al agua, como tantas veces antes. El peso de la armadura ya no me molestaba; era solo otra capa más sobre un cuerpo que se negaba a morir. Miré mi reflejo en el lago quieto: un caballero roto, un casco vacío, ojos que habían visto demasiado. Aquella voz me inundó cuando era solo un niño. Una presencia fría y eterna que susurró en lo más profundo de mi ser: “Levantate. La guerra te ha elegido.”. Y cumplió su palabra, pero nunca entendi que guerra era la que tenia que pelear. Vi cómo mataban a mis padres y a mis hermanos y hermanas en aquella misma noche de sangre y fuego. Intenté morir con ellos… pero no pude. Desde entonces he enterrado a amigos, a mis compañeros de armas. Imperios enteros se levantaron y cayeron mientras yo seguía aquí, respirando. Intenté acabar con esto muchas veces, la espada en mi propio pecho, el precipicio, el veneno. Nada funcionó. La herida se cerraba antes de que pudiera sentir alivio. Quinientos años. Mil. Ya ni siquiera recordaba el número. Solo sabía que estaba cansado. Muy cansado. —¿Cuánto más? —susurré dentro del yelmo, y mi voz sonó como grava vieja—. ¿Hasta cuándo tendré que seguir cargando esto? El reflejo no respondió. Solo me devolvió la misma mirada resignada.
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  • El periódico dictabaㅤ「 ㅤGéminis hoyㅤ:ㅤ controla tus reacciones porque tu espíritu protestón puede salir a flote en el momento menos oportuno. En estos días te cruzarás con tu alma gemela. Procura detectarla.

    Tu número de la suerteㅤ: ㅤ4ㅤ」

    —¿Cuatro? Já, en cuatro es que te voy a... —Aquí tiene su té, caballero.

    Le agradeció al camarero con una sonrisa amable y cerró el periódico. El olor a limón y miel le invadía la nariz ya un poco menos congestionada, sentir el olor dispués de días sin poder hacerlo le hizo sonreír tanto que sintió cómo se le achicaban los ojos. Afuera llovía como si el cielo se fuera a caer y el rubio no tenía mas opción que quedarse disfrutando de la vista húmeda que le ofrecía el ventanal y la gente que corría huyendo del agua.

    —Corran o terminarán sufriendo como yo...

    Soltó una risita cuando alguien pisó un charco profundo y estornudó.

    —Mierda.
    El periódico dictabaㅤ「 ㅤGéminis hoyㅤ:ㅤ controla tus reacciones porque tu espíritu protestón puede salir a flote en el momento menos oportuno. En estos días te cruzarás con tu alma gemela. Procura detectarla. Tu número de la suerteㅤ: ㅤ4ㅤ」 —¿Cuatro? Já, en cuatro es que te voy a... —Aquí tiene su té, caballero. Le agradeció al camarero con una sonrisa amable y cerró el periódico. El olor a limón y miel le invadía la nariz ya un poco menos congestionada, sentir el olor dispués de días sin poder hacerlo le hizo sonreír tanto que sintió cómo se le achicaban los ojos. Afuera llovía como si el cielo se fuera a caer y el rubio no tenía mas opción que quedarse disfrutando de la vista húmeda que le ofrecía el ventanal y la gente que corría huyendo del agua. —Corran o terminarán sufriendo como yo... Soltó una risita cuando alguien pisó un charco profundo y estornudó. —Mierda.
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  • Entre lo cotidiano
    Categoría Suspenso
    En un lugar del mundo, a las orillas del mar en pleno aviso de tormenta, una figura amarilla se alza caminado sin rumbo, observando, callado, el rostro inobservable por la oscuridad que otorga el manto amarillo que le cubre, el Rey de Amarillo, ignorando cuanto tiempo ha pasado, pues para dicha entidad no es nada mas que un concepto vago, puesto a su longevidad ya no cuenta con percepción de este.
    Todo parecía lo mismo de siempre, olas que no paran de moverse, nubes oscuras que muestran la tormenta por venir, sin embargo algo inusual capto la atención de este, una calavera que el agua había traído a sus pies. Con cautela creo un tentáculo que surgiera de su capa para recogerlo, se detuvo a mirarlo, ¿Habrá sido otra victima del culto de Cthulhu? ¿O solo un pobre hombre muerto en otra parte cuyos restos se coordinaron para estar al frente?
    Mirando un poco al horizonte donde estaba la arena, observo un grupo de gente reunida, no era necesario para el acercarse a curiosear, el sabia el porque estaban ahí, el resto del cadáver estaba en ese lugar, por lo que tomo la forma de un joven lo mejor que pudo, desde su prisión en Carcosa, poco podía hacer mas que disminuir su poder para no causar locura ante los humanos, sus ropajes amarillos calzaban con los de la época, sin embargo no podía hacer mucho con su aspecto de ultratumba, pero probablemente era suficiente para acercarse.

    —Caballeros, damas.— Saludo de forma cortes. —Creo que encontré lo que faltaba del cadáver. — Al decir esto mostró la calavera. —¿Un asesinato?— Esta pregunta para el era innecesaria, puesto a que sabia la respuesta, pero en su conocimiento, sabia también que no presentar curiosidad morbosa crearía sospechas innecesarias. Al observar con detenimiento el resto de cadáver, observo una marca que lo disgusto, era efectivamente, la marca del culto de Cthulhu, así que como no tenia ninguno de sus seguidores cerca, decidió quedarse para ahondar en el caso y luego mandar a los suyos si esto llegaba a ser necesario.
    En un lugar del mundo, a las orillas del mar en pleno aviso de tormenta, una figura amarilla se alza caminado sin rumbo, observando, callado, el rostro inobservable por la oscuridad que otorga el manto amarillo que le cubre, el Rey de Amarillo, ignorando cuanto tiempo ha pasado, pues para dicha entidad no es nada mas que un concepto vago, puesto a su longevidad ya no cuenta con percepción de este. Todo parecía lo mismo de siempre, olas que no paran de moverse, nubes oscuras que muestran la tormenta por venir, sin embargo algo inusual capto la atención de este, una calavera que el agua había traído a sus pies. Con cautela creo un tentáculo que surgiera de su capa para recogerlo, se detuvo a mirarlo, ¿Habrá sido otra victima del culto de Cthulhu? ¿O solo un pobre hombre muerto en otra parte cuyos restos se coordinaron para estar al frente? Mirando un poco al horizonte donde estaba la arena, observo un grupo de gente reunida, no era necesario para el acercarse a curiosear, el sabia el porque estaban ahí, el resto del cadáver estaba en ese lugar, por lo que tomo la forma de un joven lo mejor que pudo, desde su prisión en Carcosa, poco podía hacer mas que disminuir su poder para no causar locura ante los humanos, sus ropajes amarillos calzaban con los de la época, sin embargo no podía hacer mucho con su aspecto de ultratumba, pero probablemente era suficiente para acercarse. —Caballeros, damas.— Saludo de forma cortes. —Creo que encontré lo que faltaba del cadáver. — Al decir esto mostró la calavera. —¿Un asesinato?— Esta pregunta para el era innecesaria, puesto a que sabia la respuesta, pero en su conocimiento, sabia también que no presentar curiosidad morbosa crearía sospechas innecesarias. Al observar con detenimiento el resto de cadáver, observo una marca que lo disgusto, era efectivamente, la marca del culto de Cthulhu, así que como no tenia ninguno de sus seguidores cerca, decidió quedarse para ahondar en el caso y luego mandar a los suyos si esto llegaba a ser necesario.
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