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  • Jean se había tomado un tiempo libre fuera de su oficina, sin embargo, no salió a caminar ni a estirarse. Aprovechó para ir a la arena de entrenamiento con los Caballeros de Favonius. Miró el entrenamiento de ellos detenidamente miró errores, fallas casi de inmediato.

    -Deberé regañar a Kaeya. Los está consintiendo demasiado...

    Al escuchar a la Gran Maestra, los caballeros se tensaron, se pusieron en posición de firmes y saludaron en coro a la maestra. Ella, no sonrió, por primera vez, pudo haber respondido con aquella sonrisa amable con la que siempre saludaba, pero era preocupante lo que vio. Caminó por las escaleras bajando a la arena dejando que su paso firme resonara sobre el suelo de piedra.

    -Agradezco su disposición y su esfuerzo para mejorar enormemente. Sin embargo, no están siendo óptimos. ¿Dónde está Kaeya? -Dijo mientras buscaba al peli azul con la mirada-.

    +E-el Capitán Ka-Kaeya... dijo: "Consideren esto una prueba de iniciativa. Si necesitan que esté aquí para entrenar, entonces ya van retrasados".

    -.....

    Jean puso sus dedos en el puente de su nariz cerrando los ojos emitiendo un profundo suspiro "Me las va a pagar", pensó de inmediato, el caballero se puso nervioso y tragó seco.

    -No están en problemas. Pero vamos a organizar algunas cosas. Los movimientos que están usando carecen de funcionalidad, son movimientos muertos, eso al final cansa al cuerpo, para cuando necesitan responder ya hicieron seis o siente movimientos entre estocada, dejan mucho espacio, no hay una buena guardia.

    Después de irlos corrigiendo e indicando los movimientos que deberían hacer. Jean los puso a prueba. Tomó a siete caballeros en el centro de la arena. La Gran Maestra se enfrentó a todos al mismo tiempo, movimientos fluidos, elegantes, casi automáticos, instinto desarrollado y entrenamiento pulido juntos, esquivaba, bloqueaba, aprovechaba la fuerza de ellos y sus errores para usar el mínimo de fuerza necesario. Todos terminaron derrotados en el suelo, agotados, Jean, en el centro con a penas dos gotas de sudor en su frente por el sol.

    +N-no puede ser...no puede haber tanta diferente...
    Dijeron algunos. Los caballeros expectantes fuera de la arena murmuraban, otros silbaban por ver en acción a la Maestra porque casi nunca pasaba ello.

    -¿Ven lo que les dije?...Tienen "programado" la mala rutina que estuvieron haciendo. Comiencen desde cero con los ejercicios que les puse hasta que se les haga un hábito. Los errores que comentan aquí serán su sentencia en el campo de batalla. No quiero que ninguno de mis caballeros caiga.

    Los Caballeros se miraron entre ellos entendiendo una cosa, no los estaba maltratando, no los estaba humillando, les estaba enseñando, los estaba reconociendo, no como un número en las filas, como personas.

    -No quiero poner un valor a sus vidas, pero si debo hacerlo. Ninguno de ustedes puede morir en un campo de batalla hasta matar a 200 enemigos, uno menos a ello, le diré a Babara que los sane lo antes posible y los mataré yo misma. ¿Queda claro?

    Los caballeros terminaron sonriendo y riendo por el comentario, de alguna forma se habían motivado y entre risas y aplausos hubo un grito de guerra.

    -Bien. Entonces sigan con lo que les enseñé. 10 vueltas a los muros exteriores de Mondstadt, 100 estocadas y 100 bloqueos. ¡Coman, descansen, hidrátense, vayan con Sara al Gran Cazador! ¡La cuenta corre por Kaeya!.

    Jean guardó su espada mientras hablaba y llevó sus manos a la altura de su pecho dando dos aplausos fuertes para romper filas. Los caballeros gritaron, silbaron y rieron por la cuenta de Kaeya mientras se fueron a cumplir el entrenamiento. Jean ahora si sonrió y con aquella sonrisa, sacudió su ropa y caminó por la ciudad.
    Jean se había tomado un tiempo libre fuera de su oficina, sin embargo, no salió a caminar ni a estirarse. Aprovechó para ir a la arena de entrenamiento con los Caballeros de Favonius. Miró el entrenamiento de ellos detenidamente miró errores, fallas casi de inmediato. -Deberé regañar a Kaeya. Los está consintiendo demasiado... Al escuchar a la Gran Maestra, los caballeros se tensaron, se pusieron en posición de firmes y saludaron en coro a la maestra. Ella, no sonrió, por primera vez, pudo haber respondido con aquella sonrisa amable con la que siempre saludaba, pero era preocupante lo que vio. Caminó por las escaleras bajando a la arena dejando que su paso firme resonara sobre el suelo de piedra. -Agradezco su disposición y su esfuerzo para mejorar enormemente. Sin embargo, no están siendo óptimos. ¿Dónde está Kaeya? -Dijo mientras buscaba al peli azul con la mirada-. +E-el Capitán Ka-Kaeya... dijo: "Consideren esto una prueba de iniciativa. Si necesitan que esté aquí para entrenar, entonces ya van retrasados". -..... Jean puso sus dedos en el puente de su nariz cerrando los ojos emitiendo un profundo suspiro "Me las va a pagar", pensó de inmediato, el caballero se puso nervioso y tragó seco. -No están en problemas. Pero vamos a organizar algunas cosas. Los movimientos que están usando carecen de funcionalidad, son movimientos muertos, eso al final cansa al cuerpo, para cuando necesitan responder ya hicieron seis o siente movimientos entre estocada, dejan mucho espacio, no hay una buena guardia. Después de irlos corrigiendo e indicando los movimientos que deberían hacer. Jean los puso a prueba. Tomó a siete caballeros en el centro de la arena. La Gran Maestra se enfrentó a todos al mismo tiempo, movimientos fluidos, elegantes, casi automáticos, instinto desarrollado y entrenamiento pulido juntos, esquivaba, bloqueaba, aprovechaba la fuerza de ellos y sus errores para usar el mínimo de fuerza necesario. Todos terminaron derrotados en el suelo, agotados, Jean, en el centro con a penas dos gotas de sudor en su frente por el sol. +N-no puede ser...no puede haber tanta diferente... Dijeron algunos. Los caballeros expectantes fuera de la arena murmuraban, otros silbaban por ver en acción a la Maestra porque casi nunca pasaba ello. -¿Ven lo que les dije?...Tienen "programado" la mala rutina que estuvieron haciendo. Comiencen desde cero con los ejercicios que les puse hasta que se les haga un hábito. Los errores que comentan aquí serán su sentencia en el campo de batalla. No quiero que ninguno de mis caballeros caiga. Los Caballeros se miraron entre ellos entendiendo una cosa, no los estaba maltratando, no los estaba humillando, les estaba enseñando, los estaba reconociendo, no como un número en las filas, como personas. -No quiero poner un valor a sus vidas, pero si debo hacerlo. Ninguno de ustedes puede morir en un campo de batalla hasta matar a 200 enemigos, uno menos a ello, le diré a Babara que los sane lo antes posible y los mataré yo misma. ¿Queda claro? Los caballeros terminaron sonriendo y riendo por el comentario, de alguna forma se habían motivado y entre risas y aplausos hubo un grito de guerra. -Bien. Entonces sigan con lo que les enseñé. 10 vueltas a los muros exteriores de Mondstadt, 100 estocadas y 100 bloqueos. ¡Coman, descansen, hidrátense, vayan con Sara al Gran Cazador! ¡La cuenta corre por Kaeya!. Jean guardó su espada mientras hablaba y llevó sus manos a la altura de su pecho dando dos aplausos fuertes para romper filas. Los caballeros gritaron, silbaron y rieron por la cuenta de Kaeya mientras se fueron a cumplir el entrenamiento. Jean ahora si sonrió y con aquella sonrisa, sacudió su ropa y caminó por la ciudad.
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  • Pues...no creí que me quedara bien...Espero no se enoje la señorita Shenhe~
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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  • Después de varias de horas de papeleo la Maestra Intendente se había parado de su escritorio, solo para estirar las piernas un poco, miró por la ventana, miró hacia la puerta cerrada, no había nadie mas que ella. Por un momento dejó pasar que era una recatada dama, y aquella impulsiva, rebelde y libre Jean de la academia salió por un momento, extendió sus brazos al techo, estiró sus brazos lo más que puedo mientras cerraba los ojos y suspiraba a ojos cerrados con un ligero alivió sintiendo como su espalda se iba arqueando marcando estéticamente la curvatura de su espalda, sintió como su columna se estiraba, como tronaban sus tensos hombros y algunos huesitos de su espina.

    -¡Mmmh! ¡Aaah!,,

    Incluso sus piernas se estiraron, casi por reflejo se paró de puntitas sobre sus botas y sintió como todo su cuerpo se desentumía. flexionó su brazo izquierdo a la altura de su hombro y giró bruscamente en esa dirección su cintura 3 veces, escuchó un "Crack" suspiró un poco y sonrió aliviada, hizo lo mismo hacia el otro lado.

    -Por el Arconte Anemo... Si necesitaba estirarme un poco~...

    Caminó por su oficina dando unos silenciosos pasos y se topó con un estuche que no habría en mucho tiempo, a pesar de ello, no había polvo, ni una sola partícula de polvo en aquella casi estéril oficina, en sus labios se dibujó una sonrisa y pasó sus yemas por el estuche con una suave caricia, lo abrió y en el se encontraba un violín.

    -¿Será?...

    Se preguntó a si misma sonriendo un poco, se preguntaba si aún se acordaba de como tocarlo. Lo tomó con la delicadeza de una dama, lo puso en su hombro y apoyó suavemente su mejilla en el descanso del instrumentó, tomó el arco y lo deslizó entre las cuerdas perfectamente afinadas del violín. Sus ojos se cerraron y sus labios sonrieron, no había olvidado en absoluto como tocar. Continuó con una suave pieza.
    Después de varias de horas de papeleo la Maestra Intendente se había parado de su escritorio, solo para estirar las piernas un poco, miró por la ventana, miró hacia la puerta cerrada, no había nadie mas que ella. Por un momento dejó pasar que era una recatada dama, y aquella impulsiva, rebelde y libre Jean de la academia salió por un momento, extendió sus brazos al techo, estiró sus brazos lo más que puedo mientras cerraba los ojos y suspiraba a ojos cerrados con un ligero alivió sintiendo como su espalda se iba arqueando marcando estéticamente la curvatura de su espalda, sintió como su columna se estiraba, como tronaban sus tensos hombros y algunos huesitos de su espina. -¡Mmmh! ¡Aaah!,, Incluso sus piernas se estiraron, casi por reflejo se paró de puntitas sobre sus botas y sintió como todo su cuerpo se desentumía. flexionó su brazo izquierdo a la altura de su hombro y giró bruscamente en esa dirección su cintura 3 veces, escuchó un "Crack" suspiró un poco y sonrió aliviada, hizo lo mismo hacia el otro lado. -Por el Arconte Anemo... Si necesitaba estirarme un poco~... Caminó por su oficina dando unos silenciosos pasos y se topó con un estuche que no habría en mucho tiempo, a pesar de ello, no había polvo, ni una sola partícula de polvo en aquella casi estéril oficina, en sus labios se dibujó una sonrisa y pasó sus yemas por el estuche con una suave caricia, lo abrió y en el se encontraba un violín. -¿Será?... Se preguntó a si misma sonriendo un poco, se preguntaba si aún se acordaba de como tocarlo. Lo tomó con la delicadeza de una dama, lo puso en su hombro y apoyó suavemente su mejilla en el descanso del instrumentó, tomó el arco y lo deslizó entre las cuerdas perfectamente afinadas del violín. Sus ojos se cerraron y sus labios sonrieron, no había olvidado en absoluto como tocar. Continuó con una suave pieza.
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