Estatura: 1.75
Tez: Blanca

Curioso, desconfiado, serio hasta dar su confianza.
  • Género Masculino
  • Raza Hombre Lobo
  • Fandom OC / Genshin Impact
  • Aventurero.
  • Soltero(a)
  • Cumpleaños 10 de agosto
  • 123 Publicaciones
  • 155 Escenas
  • Se unió en agosto 2023
  • 73 Visitas perfil
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  • Las garras de la inocencia

    Razor era conocido en Mondstadt como un chico enérgico, tranquilo e inocente. Para muchos, incluso tierno. Sin embargo, bajo esa apariencia se escondía una mente alerta al peligro, una inteligencia nata para el combate y, por encima de todo, un instinto feroz por proteger a su manada, a quienes consideraba su verdadera familia.

    El mercado negro surtía de todo a quienes buscaban lo que no podía conseguirse por medios legales: pociones adulteradas, alcohol, ingredientes a sobreprecio, armas, materiales… y pieles. Demasiadas pieles.

    Tras los últimos aullidos, profundos y majestuosos, la noche cayó sobre el bosque. La manada dormía. Razor se encontraba acurrucado bajo el tronco de un árbol, abrazado a uno de los lobos más viejos; los cachorros descansaban junto a sus madres, y el alfa vigilaba desde lo alto de una roca.

    Entonces, un crujido.

    Las orejas del alfa se alzaron de golpe. Razor abrió los ojos al mismo tiempo, conteniendo la respiración. No era un animal nocturno.

    Las antorchas se encendieron de repente, rodeando a la manada. El fuego crepitó, proyectando sombras torcidas entre los árboles. Humanos avanzaban con cautela, cuchillos y mazos en mano, sonriendo mientras hablaban del botín.

    El alfa saltó frente a su manada, erizando el pelaje y gruñendo. Dudaron un segundo… pero eran demasiados.

    Desde un punto ciego, varios bandidos se lanzaron sobre una de las lobas. Los chillidos de los cachorros cortaron el aire cuando fueron arrancados de su madre y metidos en un saco.

    La risa de uno de los hombres se apagó de golpe.

    Un impacto seco. Brutal.

    Razor había caído sobre él, clavándole la rodilla en el pecho. El bandido quedó inconsciente antes de tocar el suelo.

    +¿Q-qué fue eso? ¡Dijeron que no había nadie cuidando!

    Las espadas se alzaron. Entonces lo vieron.

    +¡Es solo un niño!
    —¡Yo… proteger… familia! —gruñó Razor, con los colmillos apretados—. ¡Ustedes… ser… malos!

    Se lanzó.

    Los lobos se unieron al ataque. Dientes, garras, gritos. Cada alarido de dolor de su manada hacía que los golpes de Razor fueran más fuertes, más salvajes.

    No luchaba como un caballero. No había técnica elegante, solo reflejos afilados, agilidad y una fuerza nacida del instinto.

    +¡No puede ser… tiene una Visión!

    Las garras Electro brillaron en la oscuridad. Uno a uno, los bandidos cayeron. Razor sangraba, respiraba con dificultad… pero en sus ojos no había dolor. Solo furia. Y determinación.

    Cuando el silencio volvió al bosque, todos yacían en el suelo.

    Razor los ató con ayuda de la manada. El bosque exigía sangre, y él lo sabía. Lo sentía. Pero recordó voces. Jean. Lisa. Kaeya.

    Convenció a los lobos de no matar.

    La ley del bosque era una. La de Mondstadt, otra.

    Y esta vez, eligió confiar. Herido y cansado llegó a Mondstadt bajo los primeros rayos del sol, dando pasos lentos con un pie y leves arrastres con el otro, herias en el cuerpo que si bien no eran mortales la cantidad de ellas hubieran dejado fuera de combate a cualquier otro. Los guardias de la puerta principal a la ciudad reconocieron a Razor de inmediato y, al ver el estado en el que se encontraba fueron a su auxilio de inmediato.

    -Gente...mala....bosque... -Alcanzó a decir a penas había sido alcanzado por uno de los guardias sosteniéndolo en brazos. Razor cayó inconsciente.-
    Las garras de la inocencia Razor era conocido en Mondstadt como un chico enérgico, tranquilo e inocente. Para muchos, incluso tierno. Sin embargo, bajo esa apariencia se escondía una mente alerta al peligro, una inteligencia nata para el combate y, por encima de todo, un instinto feroz por proteger a su manada, a quienes consideraba su verdadera familia. El mercado negro surtía de todo a quienes buscaban lo que no podía conseguirse por medios legales: pociones adulteradas, alcohol, ingredientes a sobreprecio, armas, materiales… y pieles. Demasiadas pieles. Tras los últimos aullidos, profundos y majestuosos, la noche cayó sobre el bosque. La manada dormía. Razor se encontraba acurrucado bajo el tronco de un árbol, abrazado a uno de los lobos más viejos; los cachorros descansaban junto a sus madres, y el alfa vigilaba desde lo alto de una roca. Entonces, un crujido. Las orejas del alfa se alzaron de golpe. Razor abrió los ojos al mismo tiempo, conteniendo la respiración. No era un animal nocturno. Las antorchas se encendieron de repente, rodeando a la manada. El fuego crepitó, proyectando sombras torcidas entre los árboles. Humanos avanzaban con cautela, cuchillos y mazos en mano, sonriendo mientras hablaban del botín. El alfa saltó frente a su manada, erizando el pelaje y gruñendo. Dudaron un segundo… pero eran demasiados. Desde un punto ciego, varios bandidos se lanzaron sobre una de las lobas. Los chillidos de los cachorros cortaron el aire cuando fueron arrancados de su madre y metidos en un saco. La risa de uno de los hombres se apagó de golpe. Un impacto seco. Brutal. Razor había caído sobre él, clavándole la rodilla en el pecho. El bandido quedó inconsciente antes de tocar el suelo. +¿Q-qué fue eso? ¡Dijeron que no había nadie cuidando! Las espadas se alzaron. Entonces lo vieron. +¡Es solo un niño! —¡Yo… proteger… familia! —gruñó Razor, con los colmillos apretados—. ¡Ustedes… ser… malos! Se lanzó. Los lobos se unieron al ataque. Dientes, garras, gritos. Cada alarido de dolor de su manada hacía que los golpes de Razor fueran más fuertes, más salvajes. No luchaba como un caballero. No había técnica elegante, solo reflejos afilados, agilidad y una fuerza nacida del instinto. +¡No puede ser… tiene una Visión! Las garras Electro brillaron en la oscuridad. Uno a uno, los bandidos cayeron. Razor sangraba, respiraba con dificultad… pero en sus ojos no había dolor. Solo furia. Y determinación. Cuando el silencio volvió al bosque, todos yacían en el suelo. Razor los ató con ayuda de la manada. El bosque exigía sangre, y él lo sabía. Lo sentía. Pero recordó voces. Jean. Lisa. Kaeya. Convenció a los lobos de no matar. La ley del bosque era una. La de Mondstadt, otra. Y esta vez, eligió confiar. Herido y cansado llegó a Mondstadt bajo los primeros rayos del sol, dando pasos lentos con un pie y leves arrastres con el otro, herias en el cuerpo que si bien no eran mortales la cantidad de ellas hubieran dejado fuera de combate a cualquier otro. Los guardias de la puerta principal a la ciudad reconocieron a Razor de inmediato y, al ver el estado en el que se encontraba fueron a su auxilio de inmediato. -Gente...mala....bosque... -Alcanzó a decir a penas había sido alcanzado por uno de los guardias sosteniéndolo en brazos. Razor cayó inconsciente.-
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  • ¿Tener....historias....de....lobos?....Chica explosiva...decir...que...tú...saber...muchas...historias....
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    Feliz año!
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  • Razor había entrado una vez más a la Biblioteca de su maestra y hermana Lisa. Caminó con cuidado por todos los pasillos asegurándose que ella no estuviera, como un pequeño ratón caminando con cuidado para no ser descubierto.

    -....No...haber....nadie....fu...fu...fu~.

    Dijo con cierta travesura inocente en su voz, se dedicó a decorar algunos estantes con adornos navideños dejando esferas y tiras de colores colgadas con el cuidado de no obstruir los libros. Después continuó con lo más importante y delicado, el escritorio de Lisa, pues si bien para los ojos de muchos era un "desastre" de hojas, papeles y libros, él sabía que Lisa sabía exactamente qué había y donde estaba cada cosa. Decoró a como pudo dejando adornos, un pequeño árbol en miniatura que le pidió a Jean que le ayudara a decorar y un plato con unos buñuelos de azúcar, aunque había algo peculiar, uno de ellos estaba mordido, no resistió el antojo y había evidencia del "delito" en sus mejillas llenas de azúcar.
    Razor había entrado una vez más a la Biblioteca de su maestra y hermana Lisa. Caminó con cuidado por todos los pasillos asegurándose que ella no estuviera, como un pequeño ratón caminando con cuidado para no ser descubierto. -....No...haber....nadie....fu...fu...fu~. Dijo con cierta travesura inocente en su voz, se dedicó a decorar algunos estantes con adornos navideños dejando esferas y tiras de colores colgadas con el cuidado de no obstruir los libros. Después continuó con lo más importante y delicado, el escritorio de Lisa, pues si bien para los ojos de muchos era un "desastre" de hojas, papeles y libros, él sabía que Lisa sabía exactamente qué había y donde estaba cada cosa. Decoró a como pudo dejando adornos, un pequeño árbol en miniatura que le pidió a Jean que le ayudara a decorar y un plato con unos buñuelos de azúcar, aunque había algo peculiar, uno de ellos estaba mordido, no resistió el antojo y había evidencia del "delito" en sus mejillas llenas de azúcar.
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  • Los fríos aires de festividad corría por Mondstadt, a Razor le gustaban esas fechas pues, aparte de poder jugar con la nieve olía cosas de temporada, canela, manzanas, azúcar. Sara le regalaba carne con ingredientes navideños y en ocasiones recibía regalos de Jean, Amber, dibujos de Klee y Bombas, que Jean terminaba confiscando por seguridad, a veces recibía un detalle por su Hermana/Maestra Lisa, el capitán Kaeya le ofrecía algún trago pero siempre era reñido por Jean o por Lisa.

    -Na...vi....dad... nieve...rega...los...comida...carne....

    Decía con calma mientras le daba un par de golpecitos con sus manos a su montículo de nueve para hacerlo más firme y asegurar que su figura no se deshiciera.
    Los fríos aires de festividad corría por Mondstadt, a Razor le gustaban esas fechas pues, aparte de poder jugar con la nieve olía cosas de temporada, canela, manzanas, azúcar. Sara le regalaba carne con ingredientes navideños y en ocasiones recibía regalos de Jean, Amber, dibujos de Klee y Bombas, que Jean terminaba confiscando por seguridad, a veces recibía un detalle por su Hermana/Maestra Lisa, el capitán Kaeya le ofrecía algún trago pero siempre era reñido por Jean o por Lisa. -Na...vi....dad... nieve...rega...los...comida...carne.... Decía con calma mientras le daba un par de golpecitos con sus manos a su montículo de nueve para hacerlo más firme y asegurar que su figura no se deshiciera.
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