• Entonces él dijo ser su padre, y Side, quien no guardaba recuerdos de su familia, sintió la punzada de la tentación, sintió la fascinación de jugar aquel juego.

    La idea de pretender ser una buena hija.
    ¿Cómo era eso?
    ¿Cómo se sentía?

    Él tomó su mano con una calidez que no le pertenecía. No para ella.

    Su tacto era firme, convincente, lleno de una autoridad que Side no reconocía, pero tampoco rechazaba.

    No apartó la mano.
    No mostró resistencia.

    Él la condujo por los largos pasillos de la inmensa mansión, caminos retorcidos, enmarañados, antinaturales. Todo en ese lugar era elegante, meticulosamente ordenado, pero afín a su naturaleza.

    La llevó hasta la biblioteca. Decenas de estanterías se alzaban hasta el techo, repletas de libros con títulos dorados y lomos rígidos, perfectamente alineados. Un mundo de historias encerradas en palabras. Historias de otros. Historias que no eran la suya.

    Él acercó una silla, la empujó con suavidad hasta que el respaldo tocó la parte trasera de sus rodillas y la obligó a sentarse.

    — Lee —ordenó, sin mirarla, sin esperar respuesta. Y sin más, salió de la habitación, cerrando la puerta con un chasquido, la llave girando en la cerradura.

    Side no se movió de inmediato.
    El silencio era denso.

    Escuchó su propia respiración, tranquila, ajena a la solemnidad del momento.

    Extendió una mano hacia el libro más cercano y pasó los dedos por el lomo cubierto de polvo.

    “El deber filial y la moral familiar”.

    Ladeó la cabeza.

    ¿Era una burla?
    ¿Una lección?
    Una prueba, quizás.

    La idea de jugar a ser una buena hija la había seducido por un instante. Pero Side no era buena. No quedaba nada bueno en ella.

    Sonrió.
    Una sonrisa torcida, hueca.

    Tomó el libro, lo abrió sin mirarlo realmente y tomó la página por el extremo.

    Tiró y la página se desprendió.
    La tinta y el papel eran cosas frágiles.
    Como las mentiras.


    Entonces él dijo ser su padre, y Side, quien no guardaba recuerdos de su familia, sintió la punzada de la tentación, sintió la fascinación de jugar aquel juego. La idea de pretender ser una buena hija. ¿Cómo era eso? ¿Cómo se sentía? Él tomó su mano con una calidez que no le pertenecía. No para ella. Su tacto era firme, convincente, lleno de una autoridad que Side no reconocía, pero tampoco rechazaba. No apartó la mano. No mostró resistencia. Él la condujo por los largos pasillos de la inmensa mansión, caminos retorcidos, enmarañados, antinaturales. Todo en ese lugar era elegante, meticulosamente ordenado, pero afín a su naturaleza. La llevó hasta la biblioteca. Decenas de estanterías se alzaban hasta el techo, repletas de libros con títulos dorados y lomos rígidos, perfectamente alineados. Un mundo de historias encerradas en palabras. Historias de otros. Historias que no eran la suya. Él acercó una silla, la empujó con suavidad hasta que el respaldo tocó la parte trasera de sus rodillas y la obligó a sentarse. — Lee —ordenó, sin mirarla, sin esperar respuesta. Y sin más, salió de la habitación, cerrando la puerta con un chasquido, la llave girando en la cerradura. Side no se movió de inmediato. El silencio era denso. Escuchó su propia respiración, tranquila, ajena a la solemnidad del momento. Extendió una mano hacia el libro más cercano y pasó los dedos por el lomo cubierto de polvo. “El deber filial y la moral familiar”. Ladeó la cabeza. ¿Era una burla? ¿Una lección? Una prueba, quizás. La idea de jugar a ser una buena hija la había seducido por un instante. Pero Side no era buena. No quedaba nada bueno en ella. Sonrió. Una sonrisa torcida, hueca. Tomó el libro, lo abrió sin mirarlo realmente y tomó la página por el extremo. Tiró y la página se desprendió. La tinta y el papel eran cosas frágiles. Como las mentiras.
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  • Mínimo no reaccionó a la presencia del demonio Sebastián, sabría que estaría indagando alrededor de la mansión.

    Sigue jugueteando con el pétalo de una rosa blanca entre sus dedos sin arrancarla.
    Mínimo no reaccionó a la presencia del demonio Sebastián, sabría que estaría indagando alrededor de la mansión. Sigue jugueteando con el pétalo de una rosa blanca entre sus dedos sin arrancarla.
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  • [ . Ты был отцом, которого у меня не было.]

    Es uno de esos días en que los recuerdos te dejan sin aire, que empiezan a consumir cada célula de tu cuerpo hasta parecer que todo se ha vuelto como polvo.

    Recuerdo mi primera extracción de un trabajo. Yuri estaba desquiciado. No sabía si me mataría o me haría pagar mi desastre con el peor de los castigos. Cuando llegó, caminó por el pasillo y no hizo más que cargarme y disparar limpiamente maldiciendo en ruso.

    -Me despertaste de la siesta-me dijo susurrándome. Temblaba, el corte en el muslo y los golpes me dolían. -No esperaba que me interceptaran tan pronto, por eso di el alerta cuando me di cuenta. Discúlpeme señor, no volverá a ocurrir. -

    Dio la vuelta y caminó hacia el auto blindado, estacionado afuera. No me dijo una palabra. El chofer encendió el montor y volví a la mansión. -Debe importarle mucho al Señor Yuri, señorita Irina. No es de ponerse nervioso y se lo veía bastante impaciente por llegar. - En ese momento, sonreí y caí rendida en el asiento. No recuerdo mucho más de ese momento. Solo su voz, como una caja musical situada a lo lejos.

    Al despertar, la enfermera vino apurada, deteniendo mis movimientos. -Señorita, el señor Yuri pidió que descanse. - me dijo rápidamente. -Lo siento, enfermera, necesito verlo. -Fue ahí que lo escuché detrás mío. Involuntariamente, giré y tomé su chaleco hundiéndome en su pecho.-Perdón.. lo siento, tanto... No quiero irme. Entiendo que querrá despedirme, pero prometo hacerlo bien.. No qui- me silenció levantándome la cabeza hacia él-Niña, quién dijo que voy a echarte? Han sido días difíciles, debes descansar. -

    Nunca esperé que se comporte casi como un padre. Ahí empezó a demostrarme que él quería volverse eso para mí. Algo que nunca tuve, pero que en sueños y, entre juegos, podía ser. Algo que hoy no tengo, que añoro y atesoro como una memoria ajena.
    [ . Ты был отцом, которого у меня не было.] Es uno de esos días en que los recuerdos te dejan sin aire, que empiezan a consumir cada célula de tu cuerpo hasta parecer que todo se ha vuelto como polvo. Recuerdo mi primera extracción de un trabajo. Yuri estaba desquiciado. No sabía si me mataría o me haría pagar mi desastre con el peor de los castigos. Cuando llegó, caminó por el pasillo y no hizo más que cargarme y disparar limpiamente maldiciendo en ruso. -Me despertaste de la siesta-me dijo susurrándome. Temblaba, el corte en el muslo y los golpes me dolían. -No esperaba que me interceptaran tan pronto, por eso di el alerta cuando me di cuenta. Discúlpeme señor, no volverá a ocurrir. - Dio la vuelta y caminó hacia el auto blindado, estacionado afuera. No me dijo una palabra. El chofer encendió el montor y volví a la mansión. -Debe importarle mucho al Señor Yuri, señorita Irina. No es de ponerse nervioso y se lo veía bastante impaciente por llegar. - En ese momento, sonreí y caí rendida en el asiento. No recuerdo mucho más de ese momento. Solo su voz, como una caja musical situada a lo lejos. Al despertar, la enfermera vino apurada, deteniendo mis movimientos. -Señorita, el señor Yuri pidió que descanse. - me dijo rápidamente. -Lo siento, enfermera, necesito verlo. -Fue ahí que lo escuché detrás mío. Involuntariamente, giré y tomé su chaleco hundiéndome en su pecho.-Perdón.. lo siento, tanto... No quiero irme. Entiendo que querrá despedirme, pero prometo hacerlo bien.. No qui- me silenció levantándome la cabeza hacia él-Niña, quién dijo que voy a echarte? Han sido días difíciles, debes descansar. - Nunca esperé que se comporte casi como un padre. Ahí empezó a demostrarme que él quería volverse eso para mí. Algo que nunca tuve, pero que en sueños y, entre juegos, podía ser. Algo que hoy no tengo, que añoro y atesoro como una memoria ajena.
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  • Buenos días comienza otro dramático día en la mansión Gunningworth
    Buenos días comienza otro dramático día en la mansión Gunningworth
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  • Claire Novak llevaba años en el negocio de la caza, pero esta vez el caso exigía algo más que balas de plata y agua bendita: necesitaba una fachada perfecta. La mansión Hillcrest, situada en lo alto de una colina en San Francisco, había sido escenario de cinco muertes inexplicables en el último año. El espíritu que habitaba allí no era del tipo que se enfrentaba directamente, sino uno que acechaba en las sombras, esperando el momento de atacar.

    Para acercarse sin levantar sospechas, Claire se reinventó como Helena Monroe, una inversora de bienes raíces con una fortuna hecha a base de comprar y vender propiedades de lujo. Con un guardarropa impecable y una presencia imponente, Helena llegó a la mansión bajo el pretexto de estar interesada en adquirirla. Su llegada fue recibida por el agente inmobiliario y el ama de llaves, quienes, sin saberlo, serían sus primeras fuentes de información.

    #SeductiveSunday
    #Personajes3D #3D #Comunidad3D
    Claire Novak llevaba años en el negocio de la caza, pero esta vez el caso exigía algo más que balas de plata y agua bendita: necesitaba una fachada perfecta. La mansión Hillcrest, situada en lo alto de una colina en San Francisco, había sido escenario de cinco muertes inexplicables en el último año. El espíritu que habitaba allí no era del tipo que se enfrentaba directamente, sino uno que acechaba en las sombras, esperando el momento de atacar. Para acercarse sin levantar sospechas, Claire se reinventó como Helena Monroe, una inversora de bienes raíces con una fortuna hecha a base de comprar y vender propiedades de lujo. Con un guardarropa impecable y una presencia imponente, Helena llegó a la mansión bajo el pretexto de estar interesada en adquirirla. Su llegada fue recibida por el agente inmobiliario y el ama de llaves, quienes, sin saberlo, serían sus primeras fuentes de información. #SeductiveSunday #Personajes3D #3D #Comunidad3D
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  • La mansión estaba en completo silencio, excepto por el eco de los pasos apresurados de un sirviente que intentaba escapar. Su respiración entrecortada dejaba claro su pánico, pero sabía que no podía huir.

    —¿A dónde crees que vas? —la voz de Aiko resonó en el pasillo como un dulce veneno.

    El hombre se detuvo en seco y giró lentamente. Aiko estaba de pie junto a la ventana, bañada por la luz de la luna. Su vestido rojo abrazaba su figura con una elegancia letal, y su mirada carmesí brillaba con furia contenida. Sus labios estaban fruncidos en un puchero adorable, pero la amenaza en sus ojos era inconfundible.

    —¿De verdad pensaste que podías mentirme, Kazuki? —preguntó, dando un paso adelante.

    —M-mi lady… No fue mi intención… —balbuceó el sirviente, temblando.

    Aiko inclinó la cabeza, sus largos mechones dorados cayendo sobre su hombro. Parecía una muñeca perfecta, pero la tensión en su mandíbula delataba su enojo.

    —Dijiste que habías traído mi copa de vino… pero esta estaba vacía. —Sus labios se curvaron en una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. ¿Acaso querías verme de mal humor?

    Kazuki cayó de rodillas. —¡No, por favor! Fue un error, no me di cuenta…

    Aiko suspiró dramáticamente y cruzó los brazos bajo su pecho. —Qué problema… Tendré que castigarte, pero no te preocupes, seré tierna…

    Antes de que el sirviente pudiera reaccionar, Aiko ya estaba a su lado, sujetándolo con delicadeza por la barbilla. Sus labios rozaron su cuello, y una risa suave escapó de ella.

    —No te preocupes, solo tomaré un poco… —susurró, justo antes de clavar sus colmillos con una dulzura que contrastaba con su ferocidad.

    La mansión estaba en completo silencio, excepto por el eco de los pasos apresurados de un sirviente que intentaba escapar. Su respiración entrecortada dejaba claro su pánico, pero sabía que no podía huir. —¿A dónde crees que vas? —la voz de Aiko resonó en el pasillo como un dulce veneno. El hombre se detuvo en seco y giró lentamente. Aiko estaba de pie junto a la ventana, bañada por la luz de la luna. Su vestido rojo abrazaba su figura con una elegancia letal, y su mirada carmesí brillaba con furia contenida. Sus labios estaban fruncidos en un puchero adorable, pero la amenaza en sus ojos era inconfundible. —¿De verdad pensaste que podías mentirme, Kazuki? —preguntó, dando un paso adelante. —M-mi lady… No fue mi intención… —balbuceó el sirviente, temblando. Aiko inclinó la cabeza, sus largos mechones dorados cayendo sobre su hombro. Parecía una muñeca perfecta, pero la tensión en su mandíbula delataba su enojo. —Dijiste que habías traído mi copa de vino… pero esta estaba vacía. —Sus labios se curvaron en una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. ¿Acaso querías verme de mal humor? Kazuki cayó de rodillas. —¡No, por favor! Fue un error, no me di cuenta… Aiko suspiró dramáticamente y cruzó los brazos bajo su pecho. —Qué problema… Tendré que castigarte, pero no te preocupes, seré tierna… Antes de que el sirviente pudiera reaccionar, Aiko ya estaba a su lado, sujetándolo con delicadeza por la barbilla. Sus labios rozaron su cuello, y una risa suave escapó de ella. —No te preocupes, solo tomaré un poco… —susurró, justo antes de clavar sus colmillos con una dulzura que contrastaba con su ferocidad.
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  • Si yo renunciase a este tipo de vida ¿Arreglaría algo? ¿O solo dejaría libre la mansión que ocuparía el siguiente rico psicópata? A veces pienso que estoy dispuesto a todo con tal de cambiar las cosas, que me llevaría a toda la gente de este barrio por delante.

    A toda, menos a ella.

    Menos a ella.

    Antes de que se mudase estaba aquí solo, entre gente sin corazón, a punto de perder el mío. Soy consciente de que mi alma también está podrida.

    Siempre he sido parte del problema. Tal vez pueda serlo de la solución. No todo está perdido.
    Si yo renunciase a este tipo de vida ¿Arreglaría algo? ¿O solo dejaría libre la mansión que ocuparía el siguiente rico psicópata? A veces pienso que estoy dispuesto a todo con tal de cambiar las cosas, que me llevaría a toda la gente de este barrio por delante. A toda, menos a ella. Menos a ella. Antes de que se mudase estaba aquí solo, entre gente sin corazón, a punto de perder el mío. Soy consciente de que mi alma también está podrida. Siempre he sido parte del problema. Tal vez pueda serlo de la solución. No todo está perdido.
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  • Tensión artística
    Fandom Original
    Categoría Romance
    El ambiente era abrumador, lleno de luces parpadeantes, risas y conversaciones superpuestas que creaban una sinfonía caótica de éxito y poder, aquella noche, la premiación había reunido a las estrellas más grandes de la industria, los nombres que dominaban las marquesinas y las listas de éxitos, el evento celebraba el talento, el esfuerzo y la influencia, y entre los grandes ganadores de la noche se encontraba Sun, quien había arrasado con múltiples premios gracias a su impecable actuación en su última película de acción.

    Aplausos, flashes de cámaras, felicitaciones de colegas y entrevistas llenas de halagos habían sido su realidad durante horas, ahora, la fiesta post-premiación se desarrollaba en una lujosa mansión.

    Sin embargo, Sun no era partidario de las fiestas o más bien, su tolerancia a las multitudes tenía un límite, entre los destellos de copas elevándose en brindis y el eco de risas despreocupadas, decidió buscar refugio. Deslizándose entre los invitados sin llamar demasiado la atención, llegó hasta un balcón apartado, dejando atrás el bullicio del salón principal.

    El aire fresco de la noche lo envolvió de inmediato, contrastando con el calor sofocante del interior, agradeció mentalmente haber elegido un atuendo lo suficientemente abrigado, aunque la brisa nocturna aún lograba colarse sutilmente bajo la tela, provocándole un leve escalofrío.

    Desde allí, la vista era serena, el jardín, iluminado tenuemente, la luna llena dominaba el cielo, la música de la fiesta llegaba amortiguada hasta sus oídos, como un eco lejano que poco a poco perdía relevancia en su mente.

    — Un momento de tranquilidad...

    Murmuró para sí mismo, dejando escapar un suspiro mientras se apoyaba en el barandal de hierro forjado, sus dedos trazaron distraídamente los relieves del metal frío, como si necesitara anclar su presencia en el momento.

    Le gustaba esto, no la fiesta, no la fama, no el peso de ser siempre una figura pública… sino este preciso instante, donde nadie le exigía nada, donde podía simplemente existir sin ser observado ni analizado.




    || Buen día, en mi perfil está la ficha del personaje "Sun" este es un rol BL, Yaoi, homosexual o como lo conozca. Muchas gracias por leer.||
    El ambiente era abrumador, lleno de luces parpadeantes, risas y conversaciones superpuestas que creaban una sinfonía caótica de éxito y poder, aquella noche, la premiación había reunido a las estrellas más grandes de la industria, los nombres que dominaban las marquesinas y las listas de éxitos, el evento celebraba el talento, el esfuerzo y la influencia, y entre los grandes ganadores de la noche se encontraba Sun, quien había arrasado con múltiples premios gracias a su impecable actuación en su última película de acción. Aplausos, flashes de cámaras, felicitaciones de colegas y entrevistas llenas de halagos habían sido su realidad durante horas, ahora, la fiesta post-premiación se desarrollaba en una lujosa mansión. Sin embargo, Sun no era partidario de las fiestas o más bien, su tolerancia a las multitudes tenía un límite, entre los destellos de copas elevándose en brindis y el eco de risas despreocupadas, decidió buscar refugio. Deslizándose entre los invitados sin llamar demasiado la atención, llegó hasta un balcón apartado, dejando atrás el bullicio del salón principal. El aire fresco de la noche lo envolvió de inmediato, contrastando con el calor sofocante del interior, agradeció mentalmente haber elegido un atuendo lo suficientemente abrigado, aunque la brisa nocturna aún lograba colarse sutilmente bajo la tela, provocándole un leve escalofrío. Desde allí, la vista era serena, el jardín, iluminado tenuemente, la luna llena dominaba el cielo, la música de la fiesta llegaba amortiguada hasta sus oídos, como un eco lejano que poco a poco perdía relevancia en su mente. — Un momento de tranquilidad... Murmuró para sí mismo, dejando escapar un suspiro mientras se apoyaba en el barandal de hierro forjado, sus dedos trazaron distraídamente los relieves del metal frío, como si necesitara anclar su presencia en el momento. Le gustaba esto, no la fiesta, no la fama, no el peso de ser siempre una figura pública… sino este preciso instante, donde nadie le exigía nada, donde podía simplemente existir sin ser observado ni analizado. || Buen día, en mi perfil está la ficha del personaje "Sun" este es un rol BL, Yaoi, homosexual o como lo conozca. Muchas gracias por leer.||
    Tipo
    Individual
    Líneas
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    Estado
    Disponible
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  • La tenue luz del salón privado de su mansión iluminaba el rostro de Elisabetta Di Vincenzo, resaltando el brillo acerado en su mirada violeta. Sentada con elegancia en un lujoso sillón de cuero, cruzó las piernas con naturalidad y tomó su copa de vino, girando el líquido carmesí con movimientos pausados.

    Frente a ella, un hombre sudaba nervioso. Un traidor. Alguien que había vendido información a un clan rival.

    —¿Sabes qué es lo único que realmente valoro en este mundo? —preguntó con voz suave, pero cargada de autoridad. Su tono era casi hipnótico, pero el filo en sus palabras cortaba como un cuchillo.

    El hombre tragó saliva y asintió débilmente.

    —La lealtad —continuó Elisabetta, apoyando la copa sobre la mesa de mármol sin apartar su mirada de él—. Porque sin ella, no hay honor. No hay familia. No hay futuro.

    Se levantó lentamente, sus tacones resonando en la habitación. Caminó hasta él, inclinándose apenas, su cabello dorado cayendo en suaves ondas sobre su hombro.

    —Mi padre me enseñó que la traición es peor que la muerte. Y yo, querido, no perdono lo imperdonable.

    Le dedicó una sonrisa gélida antes de dar un paso atrás. Un chasquido de sus dedos fue la señal. Dos de sus hombres se acercaron, arrastrando al traidor fuera de la habitación. Él suplicó, balbuceó excusas, pero Elisabetta ya había dictado su sentencia.

    —Sin lealtad, eres nada —susurró, retomando su asiento mientras la puerta se cerraba tras ellos. Luego, con la calma de quien acaba de resolver un inconveniente menor, llevó su copa a los labios y disfrutó otro sorbo de vino.

    La tenue luz del salón privado de su mansión iluminaba el rostro de Elisabetta Di Vincenzo, resaltando el brillo acerado en su mirada violeta. Sentada con elegancia en un lujoso sillón de cuero, cruzó las piernas con naturalidad y tomó su copa de vino, girando el líquido carmesí con movimientos pausados. Frente a ella, un hombre sudaba nervioso. Un traidor. Alguien que había vendido información a un clan rival. —¿Sabes qué es lo único que realmente valoro en este mundo? —preguntó con voz suave, pero cargada de autoridad. Su tono era casi hipnótico, pero el filo en sus palabras cortaba como un cuchillo. El hombre tragó saliva y asintió débilmente. —La lealtad —continuó Elisabetta, apoyando la copa sobre la mesa de mármol sin apartar su mirada de él—. Porque sin ella, no hay honor. No hay familia. No hay futuro. Se levantó lentamente, sus tacones resonando en la habitación. Caminó hasta él, inclinándose apenas, su cabello dorado cayendo en suaves ondas sobre su hombro. —Mi padre me enseñó que la traición es peor que la muerte. Y yo, querido, no perdono lo imperdonable. Le dedicó una sonrisa gélida antes de dar un paso atrás. Un chasquido de sus dedos fue la señal. Dos de sus hombres se acercaron, arrastrando al traidor fuera de la habitación. Él suplicó, balbuceó excusas, pero Elisabetta ya había dictado su sentencia. —Sin lealtad, eres nada —susurró, retomando su asiento mientras la puerta se cerraba tras ellos. Luego, con la calma de quien acaba de resolver un inconveniente menor, llevó su copa a los labios y disfrutó otro sorbo de vino.
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  • -Después del ataque a la mansión Xue no se sentía muy seguro de descansar, tampoco de viajar pero ése joven extrañaba lo impredecible en sus aventuras..Todo estaba cambiando y como si fuera poco el último ataque había despertado en su cuerpo la energía resentida y sin una cura era una bomba a detonar en cualquier momento, bastaba un poco de ésas vibras contaminadas para que perdiera su buen juicio y se girase contra sus seres queridos...-
    -Después del ataque a la mansión Xue no se sentía muy seguro de descansar, tampoco de viajar pero ése joven extrañaba lo impredecible en sus aventuras..Todo estaba cambiando y como si fuera poco el último ataque había despertado en su cuerpo la energía resentida y sin una cura era una bomba a detonar en cualquier momento, bastaba un poco de ésas vibras contaminadas para que perdiera su buen juicio y se girase contra sus seres queridos...-
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