• - Eh? ¿Que donde esta Axel? Bueno.. el esta dormido, no lo quiero despertar, esta muy cansado después de un dia de trabajo duro

    - estaba algo sonrojada por la situación repentina que la encontraron con el pequeño axel entre sus almohadas -

    Axel Koroved
    - Eh? ¿Que donde esta Axel? Bueno.. el esta dormido, no lo quiero despertar, esta muy cansado después de un dia de trabajo duro - estaba algo sonrojada por la situación repentina que la encontraron con el pequeño axel entre sus almohadas - [Akly_5]
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  • Ina está debajo de su manta, en pijama de pulpo, abrazando una almohada con forma de calamar gigante.

    —Woaaaa —bostezo exagerado— hoy fue un buen día para el Team Apocalipsis... —sonrisa somnolienta— espero que mi nuevo reclutador...coff coff Conner coff coff —tose como si se ahogara— esté ahora mismo repartiendo folletos con esa sonrisa de héroe que... —susurro— no sospecha que también sirve de propaganda.

    Se lanza sobre la cama y gira sobre si misma.

    —Ojala... —bostezo— el señorito aura-de-boy-scout logré convencer a alguien antes del viernes...necesito nuevos miembros para el coro de los lamentos del ritual 42 —otro bostezo— ay, dormiré tan bien sabiendo que —los ojos se le cierran— él hace el trabajo duro y yo solo... —último suspiro— soñaré con el abismo.
    Ina está debajo de su manta, en pijama de pulpo, abrazando una almohada con forma de calamar gigante. —Woaaaa —bostezo exagerado— hoy fue un buen día para el Team Apocalipsis... —sonrisa somnolienta— espero que mi nuevo reclutador...coff coff Conner coff coff —tose como si se ahogara— esté ahora mismo repartiendo folletos con esa sonrisa de héroe que... —susurro— no sospecha que también sirve de propaganda. Se lanza sobre la cama y gira sobre si misma. —Ojala... —bostezo— el señorito aura-de-boy-scout logré convencer a alguien antes del viernes...necesito nuevos miembros para el coro de los lamentos del ritual 42 —otro bostezo— ay, dormiré tan bien sabiendo que —los ojos se le cierran— él hace el trabajo duro y yo solo... —último suspiro— soñaré con el abismo💜.
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  • ≿Listo, tras decir lo que había preparado durante todo el día mete la cabeza bajo la almohada, como avestruz metiendo la cabeza en un agujero, dejando ver solamente el resto de su enorme cuerpo atigrado≾
    ≿Listo, tras decir lo que había preparado durante todo el día mete la cabeza bajo la almohada, como avestruz metiendo la cabeza en un agujero, dejando ver solamente el resto de su enorme cuerpo atigrado≾
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  • De tanto estar en el mundo humano hace mucho no volvia a mi mundo, reina descuidada, igual estaba haciendo trabajos para mis hadas pero... Que paz siento estando aqui, un lugar al que solo yo (Con o sin visitas que vengan conmigo) u otras hadas pueden entrar, un lugar seguro y protegido de cualquier mal, necesitaba escapar un momento de los humanos
    De tanto estar en el mundo humano hace mucho no volvia a mi mundo, reina descuidada, igual estaba haciendo trabajos para mis hadas pero... Que paz siento estando aqui, un lugar al que solo yo (Con o sin visitas que vengan conmigo) u otras hadas pueden entrar, un lugar seguro y protegido de cualquier mal, necesitaba escapar un momento de los humanos
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  • “Cuando cerré mis ojos por primera vez, fue que pude verlo.

    La esencia de su alma, la extensión de su inmortalidad… al menos, la que vino después de su tragedia.

    Vi como sus ropas blancas manchadas de rojo se rasgaron. Vi como su divinidad se corrompía lentamente por el dolor, respirando cada vez más cerca de la inexistencia.

    Y luego.. vi como la negrura implantada por la mismísima oscuridad emergía de la nada, haciéndose uno con su esencia. Vi como el vacío tomaba forma, y la oscuridad primordial coronaba a su monarca.

    Vi como la luz más grande, se corrompía hasta volverse la más profunda oscuridad, el abismo que existió incluso antes del océano de almas.

    Y luego, silencio.”
    “Cuando cerré mis ojos por primera vez, fue que pude verlo. La esencia de su alma, la extensión de su inmortalidad… al menos, la que vino después de su tragedia. Vi como sus ropas blancas manchadas de rojo se rasgaron. Vi como su divinidad se corrompía lentamente por el dolor, respirando cada vez más cerca de la inexistencia. Y luego.. vi como la negrura implantada por la mismísima oscuridad emergía de la nada, haciéndose uno con su esencia. Vi como el vacío tomaba forma, y la oscuridad primordial coronaba a su monarca. Vi como la luz más grande, se corrompía hasta volverse la más profunda oscuridad, el abismo que existió incluso antes del océano de almas. Y luego, silencio.”
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  • Que nadie le diga a mi hermano que me puse modo hada chillona de nuevo, es que sigo teniendo marcas sin borrar y pues vuelven a afectar, como quisiera borrar aquella parte de mi vida, menos el haber conocido a mi hermano, para volver a sentir porque siento que tengo a la persona correcta cerca y y quiero dar tambien todo ese amor, quiero aprender a amar de buena manera (Sunshine emocional, se me pasara)
    Que nadie le diga a mi hermano que me puse modo hada chillona de nuevo, es que sigo teniendo marcas sin borrar y pues vuelven a afectar, como quisiera borrar aquella parte de mi vida, menos el haber conocido a mi hermano, para volver a sentir porque siento que tengo a la persona correcta cerca y y quiero dar tambien todo ese amor, quiero aprender a amar de buena manera (Sunshine emocional, se me pasara) :STK-31:
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  • Los últimos días han sido bastante cansados. Agotadores, física y mentalmente. Finalmente pudo dormir un poco sin mayores estreses. Su cuerpo se relajó tanto que estaba virtualmente desconectado, apagado, indiferente al mundo exterior.

    Tanto, que ni el golpe por caer de la cama abrazado a la almohada le afectó. Ya era cerca del medio día, pero él seguía en su merecido descanso...
    Los últimos días han sido bastante cansados. Agotadores, física y mentalmente. Finalmente pudo dormir un poco sin mayores estreses. Su cuerpo se relajó tanto que estaba virtualmente desconectado, apagado, indiferente al mundo exterior. Tanto, que ni el golpe por caer de la cama abrazado a la almohada le afectó. Ya era cerca del medio día, pero él seguía en su merecido descanso...
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ~El interior del árbol estaba sumido en la total oscuridad. sólo la destellante luz provocaba por el impacto del martillo contra las runas brindaban unos breves instantes de claridad cegadora. Sin embargo, sus ojos no derramaban lágrimas por el brillo del círculo; Las perlas de sus ojos surgían cada vez que miraba la dorada sangre manchando sus brazos desde las manos hasta los codos. Y asimismo golpeaba con más fuerza. Según los martillazos eran dados notaba como su piel, su cuerpo en si, empezaba a romperse, como si fuera una muñeca de porcelana. Pero le daba igual; en ese momento la ira, frustración y tristeza que sentía en ese momento la hacían olvidar, que su cuerpo se fragmentaba. El quería salir, quería reparar el daño que ella estaba haciendo; pero no estaba dispuesta a dejarle aparecer. La bestia intentaba detener sus brazos y alejarla del círculo del Elden, cuál marioneta, más no estaba dispuesta a permitírselo una vez más.

    Un martillazo, otro, otro, todos acompañados de un solemne impacto que resonaba por las paredes con un eco fantasmal.....Hasta que acabó.

    Las runas estaban esparcidas como piezas de un puzzle de oro y santidad; y gran parte de su brazo izquierdo se fragmentó en pedazos, dejando a la vista una oscura sombra. Se arrodilló, agotada y aturdida, mientras parte de su cuerpo empezaba a desprenderse y convertirse en piedra, desde su pierna hasta la cabeza. Involuntariamente, movida por la bestia, sus brazos se abrieron y postrada en el suelo, agachada. finalmente la cabeza, siendo alzada y tomada presa.

    Ya, después de todo lo ocurrido, no le importaba lo que fuera a pasar ahora.
    ~El interior del árbol estaba sumido en la total oscuridad. sólo la destellante luz provocaba por el impacto del martillo contra las runas brindaban unos breves instantes de claridad cegadora. Sin embargo, sus ojos no derramaban lágrimas por el brillo del círculo; Las perlas de sus ojos surgían cada vez que miraba la dorada sangre manchando sus brazos desde las manos hasta los codos. Y asimismo golpeaba con más fuerza. Según los martillazos eran dados notaba como su piel, su cuerpo en si, empezaba a romperse, como si fuera una muñeca de porcelana. Pero le daba igual; en ese momento la ira, frustración y tristeza que sentía en ese momento la hacían olvidar, que su cuerpo se fragmentaba. El quería salir, quería reparar el daño que ella estaba haciendo; pero no estaba dispuesta a dejarle aparecer. La bestia intentaba detener sus brazos y alejarla del círculo del Elden, cuál marioneta, más no estaba dispuesta a permitírselo una vez más. Un martillazo, otro, otro, todos acompañados de un solemne impacto que resonaba por las paredes con un eco fantasmal.....Hasta que acabó. Las runas estaban esparcidas como piezas de un puzzle de oro y santidad; y gran parte de su brazo izquierdo se fragmentó en pedazos, dejando a la vista una oscura sombra. Se arrodilló, agotada y aturdida, mientras parte de su cuerpo empezaba a desprenderse y convertirse en piedra, desde su pierna hasta la cabeza. Involuntariamente, movida por la bestia, sus brazos se abrieron y postrada en el suelo, agachada. finalmente la cabeza, siendo alzada y tomada presa. Ya, después de todo lo ocurrido, no le importaba lo que fuera a pasar ahora.
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  • 𝘌𝘯𝘵𝘳𝘦 𝘴𝘰𝘮𝘣𝘳𝘢𝘴 𝘺 𝘭𝘶𝘻
    Fandom Ninguno
    Categoría Fantasía
    〈 Rol con Svetla Le’ron ♡ 〉

    El viento murmuraba entre los árboles, susurrando antiguas melodías que solo la naturaleza comprendía, una canción ancestral tejida con las huellas de generaciones pasadas. Cada brisa que cruzaba el claro parecía tener una voz propia, modulada por el crujir suave de las ramas y el suspiro de las hojas que se mecían en su danza. Los árboles, imponentes y sabios, se erguían en una formación que hablaba de un orden primordial, más allá de la percepción humana; sus troncos, gruesos y rugosos, estaban marcados por las cicatrices de siglos, testigos de tormentas, inviernos y veranos interminables. Sus raíces, hundidas en lo profundo de la tierra, parecían como venas vivas, respirando al ritmo de la misma tierra que nutría todo lo que los rodeaba.

    Las hojas, de un verde profundo y casi vibrante, danzaban suavemente al compás del viento. La luz que se filtraba entre las ramas creaba una sinfonía de sombras, que se estiraban y se contraían, como si jugaran con la luz misma. Cada movimiento de estas era una susurrante revelación, una historia contada en un lenguaje antiguo, entendible solo para aquellos que supieran escuchar con el alma. El aire, que acariciaba la piel con su frescura, estaba impregnado con la fragancia envolvente de las flores silvestres, pequeñas joyas del campo que se alzaban como un tapiz multicolor entre la hierba alta. El aroma era un recordatorio de la vida que florecía sin restricciones, ajena a las manos del hombre, pura y sin contaminar.

    La tierra, mojada por la reciente lluvia, exhalaba un aroma cálido, profundo como el suspiro de la naturaleza misma. Cada rincón del claro parecía vibrar con la promesa de vida renovada, un respiro que solo los rincones alejados del mundo podían ofrecer. El suelo, cubierto de musgo y hojas caídas, crujía suavemente bajo cada paso, como si el propio suelo tuviera conciencia de su ser. A veces, el eco lejano del canto de un pájaro, o el crujido de un pequeño roedor en la maleza rompía el silencio, trayendo consigo la sensación de que la vida nunca dejaba de moverse.

    Era un lugar apartado, despojado de la influencia de los castillos altivos, que se alzaban como monumentos de poder e indiferencia a la belleza de lo natural. Ahí, no existían las murmuraciones de los pueblos bulliciosos, ni el constante clamor de los mercados o las forjas. En su lugar, sólo existía la pureza inquebrantable del entorno, donde el tiempo parecía haberse detenido, olvidado entre las sombras del pasado. No había rastro de la humanidad, de sus pesares, de sus ambiciones, solo la eterna danza de la naturaleza, que se renovaba constantemente, ajena a los destinos de aquellos que vivían más allá de su alcance. La luz del sol se descomponía en haces que caían suavemente sobre el suelo, creando un paisaje de sombras y claridad que se alternaban como una melodía en constante transformación.

    Pero entre todo aquello, entre la vida que brotaba en el silencio, algo sobresalía. Algo que no pertenecía a ese rincón olvidado de la tierra. Una figura, solitaria y solemne, caminaba en medio de la quietud del claro, su presencia desafiando todo lo que ese lugar representaba: pureza, vida, frescura. Ella no era de ese mundo, ni de los mundos que deberían haberla acogido. Era un eco de lo que debió haber sido, un vestigio de lo que alguna vez brilló, pero que la oscuridad había mancillado.

    Su figura era una contradicción en movimiento. Un ser atrapado entre lo que era y lo que ya no era, suspendido en ese espacio intermedio donde las expectativas se disuelven y el destino es incierto. Su manto negro, pesado y solemne, ondeaba suavemente en el aire, absorbiendo la luz del sol como si fuera parte de la misma nada.

    El cabello, de un color dorado desvaído, caía en ondas suaves sobre sus hombros. El brillo del trigo maduro, de la vida a punto de ser cosechada, se entrelazaba con el viento, creando una especie de halo irreal. Pero lo que realmente atraía la mirada eran sus ojos como el ámbar incandescente, llameantes y profundos que reflejaban las cenizas de un sol olvidado, y la luz de una luna que ya no existía en este mundo. Eran ojos que no pertenecían a alguien inocente ni a alguien purificado; eran ojos de alguien que había contemplado la parte de una eternidad en su peor forma, que había desvelado el sufrimiento del tiempo y lo había aceptado como parte de su ser.

    Su armadura, a medio camino entre lo antiguo y lo desgastado, se abrazaba a su cuerpo con la misma delicadeza que la sombra se abrazaba a la luna. Unas placas de metal oscuro cubrían sus hombros, el torso, las piernas, pero en su centro, donde la batalla había dejado sus huellas, las marcas de la guerra eran claras. La armadura estaba mellada, rota en algunas partes, como si hubiera sido desgarrada por el paso de muchas luchas. Los surcos en el metal, las abolladuras y grietas eran la prueba de que había peleado, de que había resistido y caído, pero aún estaba de pie.

    Pero lo que realmente la definía, lo que la hacía imposible de ignorar, eran sus alas. Un par de alas, majestuosas en su caída, que se desplegaban con una lentitud casi dolorosa. No blancas, no puras, sino bañadas en una neblina de polvo gris, un gris ceniciento que parecía llevar consigo la marca de un fuego que nunca terminó de consumirla. Eran alas malditas, alas que no sabían si pertenecían a un ángel caído o a una criatura condenada. Aun así, la belleza era innegable, en su tormento, en su suciedad. Las plumas, aunque desgastadas y manchadas, mantenían una fuerza solemne, un recordatorio de una majestuosidad que había sido, pero ya no era.

    Aquel ser, atrapado entre lo humano y lo divino, entre la condena y la salvación, se arrodilló en el centro del claro. El suelo era frío bajo sus rodillas, pero no parecía importarle. Sus ojos, fijos en el pequeño racimo de flores que crecía junto a ella, se suavizaron, como si el simple gesto de observar las pequeñas criaturas de la tierra le ofreciera una tregua, aunque breve, de la guerra interna que libraba. Sus manos, endurecidas por el acero, por la lucha, por el sufrimiento, se extendieron lentamente hacia las flores y con una delicadeza inesperada, tocó los pétalos con la punta de sus dedos, apenas una caricia, pero llena de la reverencia de alguien que aún sabe lo que es sentir.

    Los pétalos eran suaves, frágiles, como si pudieran desvanecerse en cualquier momento, pero las tocó con una quietud que contrastaba con la tormenta que era su vida. En sus ojos, había una chispa, una sombra de algo profundo, algo que no se revelaba fácilmente: nostalgia. Nostalgia de algo perdido, de algo que tal vez nunca fue suyo, pero que había sido tocado por su existencia. La flor, en su simpleza, en su fragilidad, le ofrecía algo que el mundo ya no podía: consuelo.

    Las alas, al agacharse, se arrastraron suavemente por el suelo, como si también ellas quisieran descansar, aliviar su peso. La imagen de aquel ángel mancillado, de aquella alma rota, quedó suspendida en el aire entre lo que fue y lo que podría haber sido. Y mientras la flor se mecía en el viento, ella permaneció allí, inmóvil atrapada en sus propios pensamientos.
    〈 Rol con [Svetlaler0n] ♡ 〉 El viento murmuraba entre los árboles, susurrando antiguas melodías que solo la naturaleza comprendía, una canción ancestral tejida con las huellas de generaciones pasadas. Cada brisa que cruzaba el claro parecía tener una voz propia, modulada por el crujir suave de las ramas y el suspiro de las hojas que se mecían en su danza. Los árboles, imponentes y sabios, se erguían en una formación que hablaba de un orden primordial, más allá de la percepción humana; sus troncos, gruesos y rugosos, estaban marcados por las cicatrices de siglos, testigos de tormentas, inviernos y veranos interminables. Sus raíces, hundidas en lo profundo de la tierra, parecían como venas vivas, respirando al ritmo de la misma tierra que nutría todo lo que los rodeaba. Las hojas, de un verde profundo y casi vibrante, danzaban suavemente al compás del viento. La luz que se filtraba entre las ramas creaba una sinfonía de sombras, que se estiraban y se contraían, como si jugaran con la luz misma. Cada movimiento de estas era una susurrante revelación, una historia contada en un lenguaje antiguo, entendible solo para aquellos que supieran escuchar con el alma. El aire, que acariciaba la piel con su frescura, estaba impregnado con la fragancia envolvente de las flores silvestres, pequeñas joyas del campo que se alzaban como un tapiz multicolor entre la hierba alta. El aroma era un recordatorio de la vida que florecía sin restricciones, ajena a las manos del hombre, pura y sin contaminar. La tierra, mojada por la reciente lluvia, exhalaba un aroma cálido, profundo como el suspiro de la naturaleza misma. Cada rincón del claro parecía vibrar con la promesa de vida renovada, un respiro que solo los rincones alejados del mundo podían ofrecer. El suelo, cubierto de musgo y hojas caídas, crujía suavemente bajo cada paso, como si el propio suelo tuviera conciencia de su ser. A veces, el eco lejano del canto de un pájaro, o el crujido de un pequeño roedor en la maleza rompía el silencio, trayendo consigo la sensación de que la vida nunca dejaba de moverse. Era un lugar apartado, despojado de la influencia de los castillos altivos, que se alzaban como monumentos de poder e indiferencia a la belleza de lo natural. Ahí, no existían las murmuraciones de los pueblos bulliciosos, ni el constante clamor de los mercados o las forjas. En su lugar, sólo existía la pureza inquebrantable del entorno, donde el tiempo parecía haberse detenido, olvidado entre las sombras del pasado. No había rastro de la humanidad, de sus pesares, de sus ambiciones, solo la eterna danza de la naturaleza, que se renovaba constantemente, ajena a los destinos de aquellos que vivían más allá de su alcance. La luz del sol se descomponía en haces que caían suavemente sobre el suelo, creando un paisaje de sombras y claridad que se alternaban como una melodía en constante transformación. Pero entre todo aquello, entre la vida que brotaba en el silencio, algo sobresalía. Algo que no pertenecía a ese rincón olvidado de la tierra. Una figura, solitaria y solemne, caminaba en medio de la quietud del claro, su presencia desafiando todo lo que ese lugar representaba: pureza, vida, frescura. Ella no era de ese mundo, ni de los mundos que deberían haberla acogido. Era un eco de lo que debió haber sido, un vestigio de lo que alguna vez brilló, pero que la oscuridad había mancillado. Su figura era una contradicción en movimiento. Un ser atrapado entre lo que era y lo que ya no era, suspendido en ese espacio intermedio donde las expectativas se disuelven y el destino es incierto. Su manto negro, pesado y solemne, ondeaba suavemente en el aire, absorbiendo la luz del sol como si fuera parte de la misma nada. El cabello, de un color dorado desvaído, caía en ondas suaves sobre sus hombros. El brillo del trigo maduro, de la vida a punto de ser cosechada, se entrelazaba con el viento, creando una especie de halo irreal. Pero lo que realmente atraía la mirada eran sus ojos como el ámbar incandescente, llameantes y profundos que reflejaban las cenizas de un sol olvidado, y la luz de una luna que ya no existía en este mundo. Eran ojos que no pertenecían a alguien inocente ni a alguien purificado; eran ojos de alguien que había contemplado la parte de una eternidad en su peor forma, que había desvelado el sufrimiento del tiempo y lo había aceptado como parte de su ser. Su armadura, a medio camino entre lo antiguo y lo desgastado, se abrazaba a su cuerpo con la misma delicadeza que la sombra se abrazaba a la luna. Unas placas de metal oscuro cubrían sus hombros, el torso, las piernas, pero en su centro, donde la batalla había dejado sus huellas, las marcas de la guerra eran claras. La armadura estaba mellada, rota en algunas partes, como si hubiera sido desgarrada por el paso de muchas luchas. Los surcos en el metal, las abolladuras y grietas eran la prueba de que había peleado, de que había resistido y caído, pero aún estaba de pie. Pero lo que realmente la definía, lo que la hacía imposible de ignorar, eran sus alas. Un par de alas, majestuosas en su caída, que se desplegaban con una lentitud casi dolorosa. No blancas, no puras, sino bañadas en una neblina de polvo gris, un gris ceniciento que parecía llevar consigo la marca de un fuego que nunca terminó de consumirla. Eran alas malditas, alas que no sabían si pertenecían a un ángel caído o a una criatura condenada. Aun así, la belleza era innegable, en su tormento, en su suciedad. Las plumas, aunque desgastadas y manchadas, mantenían una fuerza solemne, un recordatorio de una majestuosidad que había sido, pero ya no era. Aquel ser, atrapado entre lo humano y lo divino, entre la condena y la salvación, se arrodilló en el centro del claro. El suelo era frío bajo sus rodillas, pero no parecía importarle. Sus ojos, fijos en el pequeño racimo de flores que crecía junto a ella, se suavizaron, como si el simple gesto de observar las pequeñas criaturas de la tierra le ofreciera una tregua, aunque breve, de la guerra interna que libraba. Sus manos, endurecidas por el acero, por la lucha, por el sufrimiento, se extendieron lentamente hacia las flores y con una delicadeza inesperada, tocó los pétalos con la punta de sus dedos, apenas una caricia, pero llena de la reverencia de alguien que aún sabe lo que es sentir. Los pétalos eran suaves, frágiles, como si pudieran desvanecerse en cualquier momento, pero las tocó con una quietud que contrastaba con la tormenta que era su vida. En sus ojos, había una chispa, una sombra de algo profundo, algo que no se revelaba fácilmente: nostalgia. Nostalgia de algo perdido, de algo que tal vez nunca fue suyo, pero que había sido tocado por su existencia. La flor, en su simpleza, en su fragilidad, le ofrecía algo que el mundo ya no podía: consuelo. Las alas, al agacharse, se arrastraron suavemente por el suelo, como si también ellas quisieran descansar, aliviar su peso. La imagen de aquel ángel mancillado, de aquella alma rota, quedó suspendida en el aire entre lo que fue y lo que podría haber sido. Y mientras la flor se mecía en el viento, ella permaneció allí, inmóvil atrapada en sus propios pensamientos.
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  • *mike estaria tirado en un bosque con rosas en mano llamando a venus y cantandole una cancion*

    Vuelves en cada sueño que tengo
    Caigo de nuevo en tu red
    Sé que tarda un tiempo
    Curarme de ti de una vez
    Tuve tantos momentos felices
    Que olvido lo triste que fue
    Darte de mi alma
    Lo que tú echaste a perder
    Yo no quería amarte
    Tú me enseñaste a odiarte
    Todos los besos que me imaginé
    Vuelven al lugar donde los vi crecer
    En Saturno
    Viven los hijos que nunca tuvimos
    En Plutón
    Aún se oyen gritos de amor
    Y en la Luna
    Gritan a solas tu voz y mi voz
    Pidiendo perdón
    Cosa que nunca pudimos hacer
    Peor
    Tienes la misma culpa que tengo
    Aunque te cueste admitir
    Que sientes como siento
    La almohada no suele mentir
    Y yo no quería amarte
    Tú me enseñaste a odiarte
    Todos los besos que me imaginé
    Vuelven al lugar donde los vi crecer
    En Saturno
    Viven los hijos que nunca tuvimos
    En Plutón
    Aún se oyen gritos de amor
    En la Luna
    Gritan a solas tu voz y mi voz
    Pidiendo perdón
    Cosa que nunca pudimos hacer
    Peor
    Gritan a solas tu voz y mi voz
    Pidiendo perdón
    Cosa que nunca pudimos hacer
    (Peor)
    Cosa que nunca pudimos hacer
    Peor

    Venus Alakahan
    *mike estaria tirado en un bosque con rosas en mano llamando a venus y cantandole una cancion* Vuelves en cada sueño que tengo Caigo de nuevo en tu red Sé que tarda un tiempo Curarme de ti de una vez Tuve tantos momentos felices Que olvido lo triste que fue Darte de mi alma Lo que tú echaste a perder Yo no quería amarte Tú me enseñaste a odiarte Todos los besos que me imaginé Vuelven al lugar donde los vi crecer En Saturno Viven los hijos que nunca tuvimos En Plutón Aún se oyen gritos de amor Y en la Luna Gritan a solas tu voz y mi voz Pidiendo perdón Cosa que nunca pudimos hacer Peor Tienes la misma culpa que tengo Aunque te cueste admitir Que sientes como siento La almohada no suele mentir Y yo no quería amarte Tú me enseñaste a odiarte Todos los besos que me imaginé Vuelven al lugar donde los vi crecer En Saturno Viven los hijos que nunca tuvimos En Plutón Aún se oyen gritos de amor En la Luna Gritan a solas tu voz y mi voz Pidiendo perdón Cosa que nunca pudimos hacer Peor Gritan a solas tu voz y mi voz Pidiendo perdón Cosa que nunca pudimos hacer (Peor) Cosa que nunca pudimos hacer Peor [Iam_ur_love4ever]
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