• "El choque de guerreros. JIMOTO VS ALEJANDRO".
    Fandom Fantasía, ciencia ficción
    Categoría Acción
    La ciudad brillaba bajo el sol de la tarde, con los edificios reluciendo bajo un cielo despejado. La paz parecía reinar, pero una ruidosa explosión en la avenida principal rompió la calma.

    Un grupo de criminales armados intentaba huir con un botín millonario, disparando a las fuerzas del orden que los perseguían. Sin embargo, antes de que pudieran escapar, una silueta envuelta en una capa verde descendió del cielo.

    —¡Alto ahí, malhechores!— exclamó la imponente figura.

    Era **Gran Saiyaman**, o mejor dicho, Jimoto, un Saiyajin que se había convertido en protector de la Tierra. Con su traje característico, visera oscura y actitud heroica, se lanzó contra los criminales con precisión quirúrgica. En cuestión de segundos, los desarmó y los dejó inconscientes en la calle.

    Los ciudadanos comenzaron a aplaudir, pero antes de que Jimoto pudiera dar su clásico discurso de justicia, un ruido atronador rasgó el cielo. Un objeto metálico atravesó la atmósfera como un meteoro y descendió sobre la ciudad, causando una onda expansiva que sacudió los edificios cercanos.

    Entre el humo y los escombros, una figura emergió. Su traje blanco, ajustado y marcado con símbolos dorados en los codos, brillaba bajo la luz del sol. Su cabello castaño estaba perfectamente peinado hacia atrás, y sus ojos marrones observaron el mundo con una calma imponente.

    —Interesante planeta— murmuró, con una sonrisa apenas perceptible. Luego, elevó la voz—. ¡Habitantes de la Tierra, escuchen! Mi nombre es **Alejandro Zeppeli**, emisario del **Imperio Viltrum**. A partir de este momento, este mundo estará bajo el control de Viltrum. La rebelión no será tolerada.

    El silencio fue absoluto. Nadie entendía lo que estaba ocurriendo. Pero Jimoto, aún con su pose heroica, dio un paso al frente.

    —¡¿Bajo control de qué?!— gritó, ajustando sus guantes—. ¡La Tierra ya tiene un protector, y no dejaré que ningún villano se apodere de ella!

    Alejandro suspiró y extendió una mano con gesto paciente.

    —No soy un villano, joven. Soy un conquistador.

    Sin más palabras, ambos se lanzaron al combate.

    ### **Saiyajin vs. Viltrumita**

    Jimoto, sin perder tiempo, se transformó en **Super Saiyajin**, su cabello dorado brillando con intensidad. Lanzó un rápido combo de golpes, pero Alejandro bloqueó cada uno con una facilidad inquietante.

    —Nada mal— comentó el viltrumita, desviando un puñetazo y respondiendo con una patada que lanzó a Jimoto contra un edificio.

    Pero el Saiyajin no se quedó atrás. Antes de tocar el concreto, se impulsó con una onda de ki y regresó con un **ráfaga de golpes**, logrando impactar a Alejandro en el rostro.

    El viltrumita sonrió.

    —Al menos harás esto interesante.

    Ambos combatientes se elevaron en el aire, intercambiando golpes a una velocidad imposible de seguir para los humanos. Cada choque de sus puños generaba ondas de energía que sacudían la ciudad. Jimoto aprovechó un instante para lanzar un **Kamehameha**, pero Alejandro, en un despliegue de velocidad, lo esquivó en el último segundo y apareció detrás de él, estrellándolo contra el suelo con un golpe brutal.

    Jimoto se incorporó rápidamente, limpiándose la sangre del labio con el dorso de la mano.

    —Vaya, sí que eres duro…

    —No es personal— respondió Alejandro—. Pero si te interpones en los planes del Imperio Viltrum, tendré que eliminarte.

    Antes de que pudieran continuar, una alarma resonó en la ciudad. **Un ejército alienígena había llegado a la Tierra.**

    ### **Un enemigo en común**

    Desde el cielo descendían naves biomecánicas, liberando hordas de criaturas con piel metálica y ojos rojos. Sin dudarlo, comenzaron a arrasar la ciudad, disparando rayos de energía y destruyendo todo a su paso.

    Jimoto y Alejandro se detuvieron.

    —¿Estos son tuyos?— preguntó Jimoto con recelo.

    —No— respondió Alejandro, con un tono más serio—. Y eso es un problema.

    El viltrumita observó el caos con una mezcla de molestia y desdén.

    —Este planeta ya tiene dueño— murmuró, y luego miró a Jimoto—. Si alguien va a conquistar este mundo, será el Imperio Viltrum.

    El Saiyajin sonrió.

    —Eso sí que es una lógica extraña.

    Sin más palabras, ambos guerreros se lanzaron contra el ejército alienígena, luchando lado a lado. Alejandro destrozaba a los invasores con una precisión quirúrgica, mientras que Jimoto los aniquilaba con ráfagas de energía y técnicas de combate Saiyajin.

    La batalla se extendió por horas, hasta que finalmente los invasores fueron erradicados. La ciudad quedó en ruinas, pero la Tierra había sido protegida… por ahora.

    Alejandro flotó en el aire, observando el horizonte.

    —No te equivoques, Saiyajin— dijo, cruzándose de brazos—. Esto no cambia nada. La Tierra sigue siendo territorio viltrumita.

    Jimoto suspiró, cruzando los brazos.

    —Lo que digas, amigo. Pero si intentas algo, ya sabes que no te la pondré fácil.

    Alejandro sonrió levemente.

    —Eso espero.

    Y con esas palabras, el viltrumita se quedó en la Tierra, **vigilándola desde las sombras**, esperando el momento adecuado para reclamarla en nombre del Imperio Viltrum.
    La ciudad brillaba bajo el sol de la tarde, con los edificios reluciendo bajo un cielo despejado. La paz parecía reinar, pero una ruidosa explosión en la avenida principal rompió la calma. Un grupo de criminales armados intentaba huir con un botín millonario, disparando a las fuerzas del orden que los perseguían. Sin embargo, antes de que pudieran escapar, una silueta envuelta en una capa verde descendió del cielo. —¡Alto ahí, malhechores!— exclamó la imponente figura. Era **Gran Saiyaman**, o mejor dicho, Jimoto, un Saiyajin que se había convertido en protector de la Tierra. Con su traje característico, visera oscura y actitud heroica, se lanzó contra los criminales con precisión quirúrgica. En cuestión de segundos, los desarmó y los dejó inconscientes en la calle. Los ciudadanos comenzaron a aplaudir, pero antes de que Jimoto pudiera dar su clásico discurso de justicia, un ruido atronador rasgó el cielo. Un objeto metálico atravesó la atmósfera como un meteoro y descendió sobre la ciudad, causando una onda expansiva que sacudió los edificios cercanos. Entre el humo y los escombros, una figura emergió. Su traje blanco, ajustado y marcado con símbolos dorados en los codos, brillaba bajo la luz del sol. Su cabello castaño estaba perfectamente peinado hacia atrás, y sus ojos marrones observaron el mundo con una calma imponente. —Interesante planeta— murmuró, con una sonrisa apenas perceptible. Luego, elevó la voz—. ¡Habitantes de la Tierra, escuchen! Mi nombre es **Alejandro Zeppeli**, emisario del **Imperio Viltrum**. A partir de este momento, este mundo estará bajo el control de Viltrum. La rebelión no será tolerada. El silencio fue absoluto. Nadie entendía lo que estaba ocurriendo. Pero Jimoto, aún con su pose heroica, dio un paso al frente. —¡¿Bajo control de qué?!— gritó, ajustando sus guantes—. ¡La Tierra ya tiene un protector, y no dejaré que ningún villano se apodere de ella! Alejandro suspiró y extendió una mano con gesto paciente. —No soy un villano, joven. Soy un conquistador. Sin más palabras, ambos se lanzaron al combate. ### **Saiyajin vs. Viltrumita** Jimoto, sin perder tiempo, se transformó en **Super Saiyajin**, su cabello dorado brillando con intensidad. Lanzó un rápido combo de golpes, pero Alejandro bloqueó cada uno con una facilidad inquietante. —Nada mal— comentó el viltrumita, desviando un puñetazo y respondiendo con una patada que lanzó a Jimoto contra un edificio. Pero el Saiyajin no se quedó atrás. Antes de tocar el concreto, se impulsó con una onda de ki y regresó con un **ráfaga de golpes**, logrando impactar a Alejandro en el rostro. El viltrumita sonrió. —Al menos harás esto interesante. Ambos combatientes se elevaron en el aire, intercambiando golpes a una velocidad imposible de seguir para los humanos. Cada choque de sus puños generaba ondas de energía que sacudían la ciudad. Jimoto aprovechó un instante para lanzar un **Kamehameha**, pero Alejandro, en un despliegue de velocidad, lo esquivó en el último segundo y apareció detrás de él, estrellándolo contra el suelo con un golpe brutal. Jimoto se incorporó rápidamente, limpiándose la sangre del labio con el dorso de la mano. —Vaya, sí que eres duro… —No es personal— respondió Alejandro—. Pero si te interpones en los planes del Imperio Viltrum, tendré que eliminarte. Antes de que pudieran continuar, una alarma resonó en la ciudad. **Un ejército alienígena había llegado a la Tierra.** ### **Un enemigo en común** Desde el cielo descendían naves biomecánicas, liberando hordas de criaturas con piel metálica y ojos rojos. Sin dudarlo, comenzaron a arrasar la ciudad, disparando rayos de energía y destruyendo todo a su paso. Jimoto y Alejandro se detuvieron. —¿Estos son tuyos?— preguntó Jimoto con recelo. —No— respondió Alejandro, con un tono más serio—. Y eso es un problema. El viltrumita observó el caos con una mezcla de molestia y desdén. —Este planeta ya tiene dueño— murmuró, y luego miró a Jimoto—. Si alguien va a conquistar este mundo, será el Imperio Viltrum. El Saiyajin sonrió. —Eso sí que es una lógica extraña. Sin más palabras, ambos guerreros se lanzaron contra el ejército alienígena, luchando lado a lado. Alejandro destrozaba a los invasores con una precisión quirúrgica, mientras que Jimoto los aniquilaba con ráfagas de energía y técnicas de combate Saiyajin. La batalla se extendió por horas, hasta que finalmente los invasores fueron erradicados. La ciudad quedó en ruinas, pero la Tierra había sido protegida… por ahora. Alejandro flotó en el aire, observando el horizonte. —No te equivoques, Saiyajin— dijo, cruzándose de brazos—. Esto no cambia nada. La Tierra sigue siendo territorio viltrumita. Jimoto suspiró, cruzando los brazos. —Lo que digas, amigo. Pero si intentas algo, ya sabes que no te la pondré fácil. Alejandro sonrió levemente. —Eso espero. Y con esas palabras, el viltrumita se quedó en la Tierra, **vigilándola desde las sombras**, esperando el momento adecuado para reclamarla en nombre del Imperio Viltrum.
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  • 𝐊𝐚𝐠𝐞𝐡𝐢𝐫𝐨

    Durante mucho tiempo, el amor fue un camino que aprendí a evitar. Entre cicatrices y decepciones, dejé de creer en la existencia de un hombre que me viera más allá de la piel y que no buscara únicamente tomarme.

    Y entonces apareció él, sin grandes promesas ni palabras elaboradas, pero con un lenguaje que hablaba directamente a mi alma. No es un hombre de discursos, pero en cada acto suyo hay una poesía silenciosa, un cuidado que me envuelve, una presencia que me sostiene sin necesidad de pedirlo.

    Dicen que es fácil apostar cuando se tiene poco que perder, pero aún queda la duda en si puedes perder más de lo poco que tienes, es atemorizante pensar, que al estar enamorada de él, hay una fuerte vulnerabilidad, no hay escudos ni muros y por ende el corazón es más susceptible a ser lastimado. Algo que por mucho tiempo evité, pues mi corazón ya estaba demasiado herido, pero hoy le entrego por completo mi corazón, aún a sabiendas de los riesgos, porqué el vale todos los riesgos del mundo, porqué también sé que son las mejores manos en las que puede estar.
    𝐊𝐚𝐠𝐞𝐡𝐢𝐫𝐨 Durante mucho tiempo, el amor fue un camino que aprendí a evitar. Entre cicatrices y decepciones, dejé de creer en la existencia de un hombre que me viera más allá de la piel y que no buscara únicamente tomarme. Y entonces apareció él, sin grandes promesas ni palabras elaboradas, pero con un lenguaje que hablaba directamente a mi alma. No es un hombre de discursos, pero en cada acto suyo hay una poesía silenciosa, un cuidado que me envuelve, una presencia que me sostiene sin necesidad de pedirlo. Dicen que es fácil apostar cuando se tiene poco que perder, pero aún queda la duda en si puedes perder más de lo poco que tienes, es atemorizante pensar, que al estar enamorada de él, hay una fuerte vulnerabilidad, no hay escudos ni muros y por ende el corazón es más susceptible a ser lastimado. Algo que por mucho tiempo evité, pues mi corazón ya estaba demasiado herido, pero hoy le entrego por completo mi corazón, aún a sabiendas de los riesgos, porqué el vale todos los riesgos del mundo, porqué también sé que son las mejores manos en las que puede estar.
    Me encocora
    Me entristece
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  • Tres cosas:

    1:Como detesto encargarme todo el tiempo de los mismos tipos de la misma secta que intenta atacarme

    2:Dejare de perder mi tiempo con gente que no me interesa, porque perdí el interés y me aburrió el discurso del amor, y si sigue con hablarme voy a cometer actos de mayor nivel

    3:Me siento muy feliz porque conocí a un soldado
    Tres cosas: 1:Como detesto encargarme todo el tiempo de los mismos tipos de la misma secta que intenta atacarme 2:Dejare de perder mi tiempo con gente que no me interesa, porque perdí el interés y me aburrió el discurso del amor, y si sigue con hablarme voy a cometer actos de mayor nivel 3:Me siento muy feliz porque conocí a un soldado :STK-21:
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  • El bullicio del recinto se apagó en cuanto una figura conocida cruzó las puertas con paso tranquilo. Takeru Arakawa, con las manos en los bolsillos y una ligera sonrisa en el rostro, avanzó como si estuviera entrando a su propio dojo. Su cabello algo más largo le caía despreocupadamente sobre la frente, y aunque su cuerpo aún cargaba las cicatrices del pasado, su presencia seguía siendo imponente.

    Los murmullos se intensificaron. No era solo su regreso, sino lo que significaba. El hombre que había llegado a la final contra Ohma Tokita, que había desaparecido tras su derrota, estaba de vuelta. Y lo hacía con el logo de su empresa, **Ryū no Kiba**, bordado en la chaqueta.

    Al acercarse a la zona de vestuarios, una voz grave y calculadora lo llamó.

    —Así que has decidido salir de tu cueva, Arakawa. —Hideki Nogi, presidente de la Asociación Kengan, lo miraba con su clásica expresión inescrutable.

    Takeru se detuvo, inclinó la cabeza ligeramente y suspiró.

    —No tenía opción, Nogi. Uno de mis chicos está a punto de entrar a la jaula con un montón de asesinos. ¿Qué clase de maestro sería si lo dejara sin apoyo?

    —Tu alumno eligió este camino. No esperaba que fueras tan sentimental.

    Takeru soltó una leve carcajada.

    —Sentimental, ¿yo? —Se encogió de hombros—. Nah, no soy de los que dan discursos motivacionales. Solo quiero ver si todo el tiempo que pasé gritándole sirvió de algo.

    Nogi lo observó por un momento, luego esbozó una leve sonrisa.

    —Supongo que es bueno tenerte de vuelta… aunque solo sea como espectador.

    Takeru metió las manos en los bolsillos y miró hacia la arena.

    —¿Espectador? No me hagas reír, Nogi. —Giró levemente la cabeza y le lanzó una mirada confiada—. En cuanto mi chico ponga un pie ahí, todos van a saber de qué está hecho el Ryū no Kiba.
    El bullicio del recinto se apagó en cuanto una figura conocida cruzó las puertas con paso tranquilo. Takeru Arakawa, con las manos en los bolsillos y una ligera sonrisa en el rostro, avanzó como si estuviera entrando a su propio dojo. Su cabello algo más largo le caía despreocupadamente sobre la frente, y aunque su cuerpo aún cargaba las cicatrices del pasado, su presencia seguía siendo imponente. Los murmullos se intensificaron. No era solo su regreso, sino lo que significaba. El hombre que había llegado a la final contra Ohma Tokita, que había desaparecido tras su derrota, estaba de vuelta. Y lo hacía con el logo de su empresa, **Ryū no Kiba**, bordado en la chaqueta. Al acercarse a la zona de vestuarios, una voz grave y calculadora lo llamó. —Así que has decidido salir de tu cueva, Arakawa. —Hideki Nogi, presidente de la Asociación Kengan, lo miraba con su clásica expresión inescrutable. Takeru se detuvo, inclinó la cabeza ligeramente y suspiró. —No tenía opción, Nogi. Uno de mis chicos está a punto de entrar a la jaula con un montón de asesinos. ¿Qué clase de maestro sería si lo dejara sin apoyo? —Tu alumno eligió este camino. No esperaba que fueras tan sentimental. Takeru soltó una leve carcajada. —Sentimental, ¿yo? —Se encogió de hombros—. Nah, no soy de los que dan discursos motivacionales. Solo quiero ver si todo el tiempo que pasé gritándole sirvió de algo. Nogi lo observó por un momento, luego esbozó una leve sonrisa. —Supongo que es bueno tenerte de vuelta… aunque solo sea como espectador. Takeru metió las manos en los bolsillos y miró hacia la arena. —¿Espectador? No me hagas reír, Nogi. —Giró levemente la cabeza y le lanzó una mirada confiada—. En cuanto mi chico ponga un pie ahí, todos van a saber de qué está hecho el Ryū no Kiba.
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  • —Ah, mira quién decidió aparecer.

    —Sabía que tarde o temprano vendrías a darme otro sermón.

    —Déjame adivinar: “Ghost, interfieres con lo que no comprendes” o “Ghost, estás rompiendo el equilibrio” o mi favorita, “Ghost, no puedes salvarlos a todos.”

    {“̵͚̏Ñ̶̜ŏ̶̗.̸̩͠ ̴͚̈N̷̺͑o̷̙͗s̸͙̎o̶̲̾t̶̜̊r̸̝͌ȍ̶͈s̴͙̽ ̵̟̓n̴͍͝ǭ̷ ̴̙͊c̴̦̚a̵͉͘m̵͕̉ḭ̸̕ń̴͕a̸̡̒m̸̙̚ǫ̷̛s̷͚͘ ̷͈̒ę̷͌n̸̢̑ ̵̬̚ś̶͍ù̸̯s̷͙͝ ̴̹̍s̸̝͌o̶͎̽m̴̨̽b̷̘͊r̵̞̓ȃ̶̱s̶̡̕.̵̤̏ ̷̬̏N̷̗͋o̴̗̎ ̵͕̽r̷̰̋o̵͔͋z̴͕̈a̸̰̾m̴̪̑ō̶̠s̴͖̓ ̵̢̽s̸̱̓u̸̜̍s̵̜̕ ̵̛͇m̸̗̿á̶̺̎r̵̺̍g̷̡̒e̷̙̊n̴͎̈́e̵̡͘s̷̤͘.̷͔̋”

    “̵̡͘E̴̛̳l̶̘̎ ̵̜̀c̴̛͓í̵̗̽r̸̰̕c̶̖̒u̸͖̇l̴̘̓o̶̩̚ ̵̢̄s̴͉̀ḛ̶̍r̵̻͑á̵̼͗ ̸̤̌r̴̪̓o̵͇̽m̷̰͊p̷̘̋ḯ̸̟d̸̬̅o̴̗̅,̴͖̔ ̸̢̊y̴͚̑ ̶̼͌l̴̼͠o̵̲͑ ̶͔̋q̵̠̋ú̸̦è̷̳ ̴͕̓m̴͍̓i̴̜͠ȓ̷̦ȧ̷̜ ̴̲̿h̸͉͌a̵̖͊c̶̖̚i̷̢̕a̵͜͝ ̵̡̾a̴̦͆d̷̲̿ë̸̠́n̶̡̚t̸̡̒r̴̰̅o̵͖̿ ̴̪̆s̷͍̍e̵̱̓r̵̩̓á̴͔̓ ̵̳͊v̶̱̍i̵͕͝s̴͇̅t̶̺͂o̶͓͊.̶͙̉”

    “̸͍͒D̵̙̚e̶͙͗j̵͍͆a̴̡͘r̷̖͆.̵̹̓ ̵̤̆N̶͎̈́ö̸͇ ̵̜̚a̴̦͛l̴̠͘t̴͕͝ë̶͓́r̷͓͗a̸͉͑r̷̹̓.̶̬̎ ̸͕̎S̶̙̿u̸̫̎s̷̹̎ ̶̖̚h̷̗͆í̶̦́ľ̵̟ò̶̟s̸͖̏ ̵̜̌n̸͇͠o̷͇̕ ̶͖̆d̸̯͠e̶͎͝b̷͙̌e̶͎̿n̵̙̾ ̴͍̑s̷̻̃e̴͖̓ȑ̶̤ ̷̜̾ť̵͚o̶͚͝c̴̰̈́a̵̰̚d̶̺̆o̸̝͑s̴̡̅.̶̞̓”}.

    —Oh, vaya, hoy viniste más dramático. ¿Ese discurso lo ensayaste frente al espejo de tu trono o improvisaste en el camino?

    —No, en serio, me intriga. Porque suena como si creyeras que tu autoridad aquí significa algo para mí.

    —Sí, sí, el ciclo, el destino, la condena inevitable, bla, bla, bla. Ya me sé el libreto.

    —Pero aquí está el problema, mi imponente monarca de la desesperanza… No creo en tu ciclo.

    —No creo en un destino escrito en piedra.

    —Y no creo, ni por un segundo, que dejar a los perdidos vagar sin ayuda sea lo correcto.

    —¿Que altero el orden? ¡Claro que sí!

    —¿Que interfiero con las reglas? ¡Obviamente!

    —Pero ¿sabes por qué lo hago?

    —Porque alguien tiene que hacerlo.

    —Porque si tú y los tuyos solo ven almas que deben resignarse a su suerte, yo veo personas que merecen algo mejor.

    —¿Te molesta eso? ¿Te arde que alguien como yo, un simple espectro interdimensional sin corona ni títulos, desafíe tu ley?

    —Oh, qué tragedia.

    —Supongo que tendré que seguir dándote motivos para odiarme.

    —¿Ahora, si me disculpas? Tengo gente que necesita mi ayuda. Y tú tienes un trono vacío al que regresar.
    —Ah, mira quién decidió aparecer. —Sabía que tarde o temprano vendrías a darme otro sermón. —Déjame adivinar: “Ghost, interfieres con lo que no comprendes” o “Ghost, estás rompiendo el equilibrio” o mi favorita, “Ghost, no puedes salvarlos a todos.” {“̵͚̏Ñ̶̜ŏ̶̗.̸̩͠ ̴͚̈N̷̺͑o̷̙͗s̸͙̎o̶̲̾t̶̜̊r̸̝͌ȍ̶͈s̴͙̽ ̵̟̓n̴͍͝ǭ̷ ̴̙͊c̴̦̚a̵͉͘m̵͕̉ḭ̸̕ń̴͕a̸̡̒m̸̙̚ǫ̷̛s̷͚͘ ̷͈̒ę̷͌n̸̢̑ ̵̬̚ś̶͍ù̸̯s̷͙͝ ̴̹̍s̸̝͌o̶͎̽m̴̨̽b̷̘͊r̵̞̓ȃ̶̱s̶̡̕.̵̤̏ ̷̬̏N̷̗͋o̴̗̎ ̵͕̽r̷̰̋o̵͔͋z̴͕̈a̸̰̾m̴̪̑ō̶̠s̴͖̓ ̵̢̽s̸̱̓u̸̜̍s̵̜̕ ̵̛͇m̸̗̿á̶̺̎r̵̺̍g̷̡̒e̷̙̊n̴͎̈́e̵̡͘s̷̤͘.̷͔̋” “̵̡͘E̴̛̳l̶̘̎ ̵̜̀c̴̛͓í̵̗̽r̸̰̕c̶̖̒u̸͖̇l̴̘̓o̶̩̚ ̵̢̄s̴͉̀ḛ̶̍r̵̻͑á̵̼͗ ̸̤̌r̴̪̓o̵͇̽m̷̰͊p̷̘̋ḯ̸̟d̸̬̅o̴̗̅,̴͖̔ ̸̢̊y̴͚̑ ̶̼͌l̴̼͠o̵̲͑ ̶͔̋q̵̠̋ú̸̦è̷̳ ̴͕̓m̴͍̓i̴̜͠ȓ̷̦ȧ̷̜ ̴̲̿h̸͉͌a̵̖͊c̶̖̚i̷̢̕a̵͜͝ ̵̡̾a̴̦͆d̷̲̿ë̸̠́n̶̡̚t̸̡̒r̴̰̅o̵͖̿ ̴̪̆s̷͍̍e̵̱̓r̵̩̓á̴͔̓ ̵̳͊v̶̱̍i̵͕͝s̴͇̅t̶̺͂o̶͓͊.̶͙̉” “̸͍͒D̵̙̚e̶͙͗j̵͍͆a̴̡͘r̷̖͆.̵̹̓ ̵̤̆N̶͎̈́ö̸͇ ̵̜̚a̴̦͛l̴̠͘t̴͕͝ë̶͓́r̷͓͗a̸͉͑r̷̹̓.̶̬̎ ̸͕̎S̶̙̿u̸̫̎s̷̹̎ ̶̖̚h̷̗͆í̶̦́ľ̵̟ò̶̟s̸͖̏ ̵̜̌n̸͇͠o̷͇̕ ̶͖̆d̸̯͠e̶͎͝b̷͙̌e̶͎̿n̵̙̾ ̴͍̑s̷̻̃e̴͖̓ȑ̶̤ ̷̜̾ť̵͚o̶͚͝c̴̰̈́a̵̰̚d̶̺̆o̸̝͑s̴̡̅.̶̞̓”}. —Oh, vaya, hoy viniste más dramático. ¿Ese discurso lo ensayaste frente al espejo de tu trono o improvisaste en el camino? —No, en serio, me intriga. Porque suena como si creyeras que tu autoridad aquí significa algo para mí. —Sí, sí, el ciclo, el destino, la condena inevitable, bla, bla, bla. Ya me sé el libreto. —Pero aquí está el problema, mi imponente monarca de la desesperanza… No creo en tu ciclo. —No creo en un destino escrito en piedra. —Y no creo, ni por un segundo, que dejar a los perdidos vagar sin ayuda sea lo correcto. —¿Que altero el orden? ¡Claro que sí! —¿Que interfiero con las reglas? ¡Obviamente! —Pero ¿sabes por qué lo hago? —Porque alguien tiene que hacerlo. —Porque si tú y los tuyos solo ven almas que deben resignarse a su suerte, yo veo personas que merecen algo mejor. —¿Te molesta eso? ¿Te arde que alguien como yo, un simple espectro interdimensional sin corona ni títulos, desafíe tu ley? —Oh, qué tragedia. —Supongo que tendré que seguir dándote motivos para odiarme. —¿Ahora, si me disculpas? Tengo gente que necesita mi ayuda. Y tú tienes un trono vacío al que regresar.
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  • ¿Y después de una emergencia médica...?
    Fandom Original
    Categoría Acción
    Ryuna Takahari

    Era martes por la mañana, y… Estaba estresado. Demasiado estresado. Quería echarse a dormir un poco, pero el día no prometía darle un mero descanso. Al contrario.

    —No tiene porqué estar perdido…

    Lo miraba dar vueltas de un lado a otro en el apartamento, provocando que su propia sensación de angustia incrementara; buscaba primero tras el televisor, luego bajo la mesa, luego en los cajones, luego detrás de una estatuilla de San Lucas. Ella se llevó dos dedos sobre el anillo que le dio antes del supuesto incidente - el tenerlo en el dedo le hacía creer que sería imposible para él haberlo perdido en cualquier sitio, como si nada.

    —Es que tiene que estarlo, si no… ¡Ugh! —acababa berreando de frustración mientras guardaba de nuevo unos libros en su estantería—. ¿Crees que me lo han robado?

    Ella inmediatamente negó con la cabeza. La idea de que lo hicieran era hasta un poquito graciosa, aunque no tanto para hacerla salir de su miedo y responderle cara a cara. —¿Quién robaría un cuaderno de bocetos? Uno sin empezar, encima.

    —No lo sé. Pero es uno de cuero… Algún valor tiene.

    —Iso… Tiene todo el valor del mundo, para ti. Y para él.

    Los celos no impedían que le sentara mal verlo de esa forma. Había pasado unos malos días, y con todo no lo culpaba por reaccionar alterado. El chico tomó asiento sobre el sofá y ella al fin se puso de pie para aproximarse, arrastrando los zapatos por los azulejos del suelo. Cuanto más cerca la tenía, más notaba el olor a…

    Sí, a marihuana. Estaba fumando dentro de su casa, y las ventanas abiertas no evitaban que aquello se llenara de una peste terrible; pero si ella le aguantaba el alcoholismo, él tampoco iba a decir nada. Le pasó los dedos por el cabello, rascando de una forma especial que lo hizo entornar los ojos. —Tendrás otro momento de darle algo, pero… ¡Tampoco es nada! Y yo creo que estará feliz de verte, más que de tener algo súper especial de ti. Ahora…

    Y se detuvo. Era un silencio sepulcral que lo dejó algo descolocado, porque se le iban el tartamudeo y la vergüenza con él cerca. Entonces empezó a mover los dedos sobre su pelo de forma errática. Isidro levantó la cabeza y se dio cuenta de que Bruna no miraba a ninguna parte, y que su mandíbula se tensaba y que ya no podía hablar, y que posiblemente no sabía ni dónde estaba en ese momento.

    -----

    —Presenta actividad cerebral anómala en el lóbulo temporal...

    —Sí, ya sé que es epiléptica.

    Pese a que lo llevaba sabiendo desde que se conocieron, aquel matasanos se empeñaba en darle la tabarra con las mismas explicaciones de siempre, causando que se le agotaran la paciencia y la educación. Claro, que Isidro no aparecía en sus registros como familiar, o pareja de hecho, o nada del estilo. De hecho, no aparecía nadie, pese al hecho de que Razvan estaba en su habitación fingiendo ser un tío, o primo, o hermano, o un vetetúasaberquéleshadichoéste. El caso es que Razvan estaba con ella (¡y con el chiquillo de cinco años, encima!), y él estaba obligado a quedarse fuera a esperar. Como si ella fuera una persona inmunocomprometida, y él pudiera matarla por introducir patógenos de español viejomundano en sus cercanías.

    —Yo solamente deseo informar… —le dio un papel con alguna clase de infografía sobre crisis epilépticas—... de que hay ciertos factores, como el consumo de sustancias estupefacientes o el estrés, que aumentan el riesgo de que…

    Ahora lo entendía todo. ¿Por qué le daban la tabarra a él? Porque fue el que llamó cuando vio que tardaba demasiado en volver a la normalidad, el que estaba junto a ella mientras se drogaba y aguantaba algo en silencio, y porque tendría que haberlo evitado. Escuchó el resto del discurso con la cabeza gacha, sin rebatirlo, o defenderse. Era cierto que ella cada vez fumaba más, y él nunca quería indagar en esas cosas…

    Al final, se dedicó a dar vueltas por el hospital. Necesitaba estirar las piernas, respirar aire fresco, tranquilizarse un poquito… Necesitaba un trago. ¿Le pasaría factura inmediata a él también? Lo desconocía, pero ahora no le importaba, y maldecía estar en un hospital donde no sirvieran copa alguna. No guardaba el papel donde ponía datos básicos de la enfermedad, mismos a los que debería haber estado más atento, y se paseaba con este entre manos como si se lo estudiara para examen.
    [eclipse_violet_frog_172] Era martes por la mañana, y… Estaba estresado. Demasiado estresado. Quería echarse a dormir un poco, pero el día no prometía darle un mero descanso. Al contrario. —No tiene porqué estar perdido… Lo miraba dar vueltas de un lado a otro en el apartamento, provocando que su propia sensación de angustia incrementara; buscaba primero tras el televisor, luego bajo la mesa, luego en los cajones, luego detrás de una estatuilla de San Lucas. Ella se llevó dos dedos sobre el anillo que le dio antes del supuesto incidente - el tenerlo en el dedo le hacía creer que sería imposible para él haberlo perdido en cualquier sitio, como si nada. —Es que tiene que estarlo, si no… ¡Ugh! —acababa berreando de frustración mientras guardaba de nuevo unos libros en su estantería—. ¿Crees que me lo han robado? Ella inmediatamente negó con la cabeza. La idea de que lo hicieran era hasta un poquito graciosa, aunque no tanto para hacerla salir de su miedo y responderle cara a cara. —¿Quién robaría un cuaderno de bocetos? Uno sin empezar, encima. —No lo sé. Pero es uno de cuero… Algún valor tiene. —Iso… Tiene todo el valor del mundo, para ti. Y para él. Los celos no impedían que le sentara mal verlo de esa forma. Había pasado unos malos días, y con todo no lo culpaba por reaccionar alterado. El chico tomó asiento sobre el sofá y ella al fin se puso de pie para aproximarse, arrastrando los zapatos por los azulejos del suelo. Cuanto más cerca la tenía, más notaba el olor a… Sí, a marihuana. Estaba fumando dentro de su casa, y las ventanas abiertas no evitaban que aquello se llenara de una peste terrible; pero si ella le aguantaba el alcoholismo, él tampoco iba a decir nada. Le pasó los dedos por el cabello, rascando de una forma especial que lo hizo entornar los ojos. —Tendrás otro momento de darle algo, pero… ¡Tampoco es nada! Y yo creo que estará feliz de verte, más que de tener algo súper especial de ti. Ahora… Y se detuvo. Era un silencio sepulcral que lo dejó algo descolocado, porque se le iban el tartamudeo y la vergüenza con él cerca. Entonces empezó a mover los dedos sobre su pelo de forma errática. Isidro levantó la cabeza y se dio cuenta de que Bruna no miraba a ninguna parte, y que su mandíbula se tensaba y que ya no podía hablar, y que posiblemente no sabía ni dónde estaba en ese momento. ----- —Presenta actividad cerebral anómala en el lóbulo temporal... —Sí, ya sé que es epiléptica. Pese a que lo llevaba sabiendo desde que se conocieron, aquel matasanos se empeñaba en darle la tabarra con las mismas explicaciones de siempre, causando que se le agotaran la paciencia y la educación. Claro, que Isidro no aparecía en sus registros como familiar, o pareja de hecho, o nada del estilo. De hecho, no aparecía nadie, pese al hecho de que Razvan estaba en su habitación fingiendo ser un tío, o primo, o hermano, o un vetetúasaberquéleshadichoéste. El caso es que Razvan estaba con ella (¡y con el chiquillo de cinco años, encima!), y él estaba obligado a quedarse fuera a esperar. Como si ella fuera una persona inmunocomprometida, y él pudiera matarla por introducir patógenos de español viejomundano en sus cercanías. —Yo solamente deseo informar… —le dio un papel con alguna clase de infografía sobre crisis epilépticas—... de que hay ciertos factores, como el consumo de sustancias estupefacientes o el estrés, que aumentan el riesgo de que… Ahora lo entendía todo. ¿Por qué le daban la tabarra a él? Porque fue el que llamó cuando vio que tardaba demasiado en volver a la normalidad, el que estaba junto a ella mientras se drogaba y aguantaba algo en silencio, y porque tendría que haberlo evitado. Escuchó el resto del discurso con la cabeza gacha, sin rebatirlo, o defenderse. Era cierto que ella cada vez fumaba más, y él nunca quería indagar en esas cosas… Al final, se dedicó a dar vueltas por el hospital. Necesitaba estirar las piernas, respirar aire fresco, tranquilizarse un poquito… Necesitaba un trago. ¿Le pasaría factura inmediata a él también? Lo desconocía, pero ahora no le importaba, y maldecía estar en un hospital donde no sirvieran copa alguna. No guardaba el papel donde ponía datos básicos de la enfermedad, mismos a los que debería haber estado más atento, y se paseaba con este entre manos como si se lo estudiara para examen.
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  • Ahora, Yaken esta preparado para ver a la Kitsune, Yae Miko en un parque que Yaken se encontro mientras caminaba. Hoy queria recibir la respuesta final de Yae ante sus sentimientos.

    Su plan no es demasiado complicado. No le interesa adornar sus palabras ni armar un discurso perfecto. No lo necesita. Solo dirá lo que siente, con la misma franqueza con la que se enfrenta al mundo. Si Yae le dice que no, entonces se irá sin mirar atrás y esperara para continuar conquistándola, poco a poco. Pero si hay siquiera una mínima oportunidad… entonces no la dejará escapar.

    — "Por favor que venga la Kitsune. ¡Dios por favor!. Me corto las venas y un huevo si es necesario, ¡pero que venga!" (?

    🌸Yae Miko🌸
    Ahora, Yaken esta preparado para ver a la Kitsune, Yae Miko en un parque que Yaken se encontro mientras caminaba. Hoy queria recibir la respuesta final de Yae ante sus sentimientos. Su plan no es demasiado complicado. No le interesa adornar sus palabras ni armar un discurso perfecto. No lo necesita. Solo dirá lo que siente, con la misma franqueza con la que se enfrenta al mundo. Si Yae le dice que no, entonces se irá sin mirar atrás y esperara para continuar conquistándola, poco a poco. Pero si hay siquiera una mínima oportunidad… entonces no la dejará escapar. — "Por favor que venga la Kitsune. ¡Dios por favor!. Me corto las venas y un huevo si es necesario, ¡pero que venga!" (? [ripple_lime_bison_158]
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  • 𝚄𝙽 𝚅𝙸𝙰𝙹𝙴 𝙰𝙻 𝙿𝙰𝚂𝙰𝙳𝙾: 𝕃𝕀𝔹𝔼ℝ𝕋𝔸𝔻 || Monorol que queria crear hace mucho tiempo, pero se me olvido y ahora que toque el tema en una conversación, aqui esta || el es otra persona hablando

    𝕰𝖑 𝖉𝖔𝖑𝖔𝖗 𝖉𝖊 𝖛𝖔𝖑𝖛𝖊𝖗 𝖆 𝖕𝖊𝖗𝖉𝖊𝖗 𝖙𝖚 𝖑𝖎𝖇𝖊𝖗𝖙𝖆𝖉 𝙷𝚊𝚌𝚎 𝟻 𝚊ñ𝚘𝚜


    Yaken, cuando entonces seguia siendo tan activo en sus matanzas sanguinarias, sin bajare ni un segundo al tono de su crueldad. Cuando mataba sin piedad. Cuando seguia siendo el tan temido "Demonio de las sombras".
    Se encontraba en un pequeño pueblo, como de costumbre, atentando contra los mas humildes e inocentes.

    Estaba caminando por la plaza, sin llamar tanto la atencion ya que en ese pueblo era normal ver algunos albinos.
    Luego de un rato de explorar este pueblo, decidio empezar con aquella matanza. Subiéndose al techo de la iglesia de aquel pequeño lugar, dispuesto a dar un discurso antes de empezar con su forma de divertirse.

    — "¡Escuchen bien!. Yo soy-"

    Cuando este iba a presentarse, una cadena sujeto su cuello, dándole pequeñas descargar electricas. Luego, casi de inmediato, mientras Yaken trataba de soltarse, seria elevado al cielo para terminar cayendo a gran velocidad dentro de un bosque.
    Una ves en el suelo, este trato de volver a quitarse la cadena, pero cuando lo intento, algo jalo de ella, haciendo que Yaken que estaba acostado se pusiera de pie y luego terminara arrodillado.

    Una persona, algo robusta y alta empezo a salir de las sombras. Caminaba mientras envolvía la cadena en sus manos. Era un agente de la misma agencia en la que trabajaba su hermano.

    : Vaya, vaya, vaya. Parece que mi presa esta ves fue el celebre Yaken Samui-netsu. Hoy vine a ponerle fin a tu estupido reinado de terror. Has causado muchos problemas

    — "¡Problemas tu putisima ma!-"

    Antes de terminar el insulto, las descargas volvieron a su cuello. Haciendo que un grito desgarrador saliera de Yaken.

    : Parece que no entiendes tu posición, escalón N°9

    — "Entiendo que eres un maldito que desea... que desea morir... ¡¿Sabes con quien te estas metiendo?!"

    : Calmate, escalón N°9

    — "¡Soy Yaken, no un maldito escalón!"

    Luego de eso, Yaken se pondria de pie, corriendo al sujeto para morder su cuello y asesinarlo rapidamente. Pero cuando se acerco, recibió una patada en su pecho que lo hizo chocar con un arbol mientras la cadena ahora lo enredaba en el mismo arbol para que no pudiera moverse.

    : No entiendes nada. Tu eres enemigo de la humanidad, y al mismo tiempo le perteneces a la agencia. ¿Recuerdas que te escapaste?. Conseguirte "libertad" temporal, porque ahora, yo, te llevare a la celda en que debes estar para que sigan experimentando contigo.

    Apenas volvio a la mente de Yaken aquella celda, sus ojos se nublaron. Su cuerpo termino relajándose bastante. No dejaria que nadie ni nada lo llevara a ese infierno de nuevo. A una maldita celda donde solamente cortaban su cuerpo, viendo su regeneracion.
    Era sufrimiento tras sufrimiento. Esa celda, ese lugar que corrompio a Yaken hasta volverlo lo que es. DESESPERO

    — "¡¿Celda?!... ¡¿CELDA?!. ¡¡No volvere a ese maldito lugar, nunca!!. ¡¡Prefiero morir a manos de Kori antes que ir de nuevo!!"

    Su voz alta, sus gritos. Se escuchaba como con cada grito que daba al momento de hablar su garganta no lo soportaba. Tenia la voz rasgada. Entre la electricidad, sus gritos de agonia de hace rato al electrocutarse y sus gritos de rebeldía actuales. Dañaban su garganta bastante.

    Yaken no se dejaria llevar de vuelta a ese lugar ni aunque lo mataran. Tenia que hacer algo. Ese instinto salvaje de Yaken similar al de un animal frente a su depredador natural desperto.
    Las cadenas empezaron a soltarse y a tornarse carmesi. "Tercer Don del Diablo: Esclavitud". Le permitia controlar a voluntad cadenas. Usando eso fue que se libero

    — "¡Ahora tu nunca volveras a ver a tu maldita agencia!"

    El sujeto solo dio un paso hacia atras, por la sorpresa de que Yaken lograra salir de ese agarre. Pero antes de que el pudiera prepararse para pelear a misma cadena atraveso el estomago del sujeto, enganchándolo en una arbol. Eso provoco que quedara suspendido en el aire con la cadena atravesando su estomago.

    Yaken empezaria a trepar por esa cadena hasta llegar al agente. En ese momento no penso en hablar, solo en actuar. De un mordisco al brazo derecho de este se lo arrancaría, luego con sus afiladas garras empezaria a arrancar la piel del rostro del agente. Asegurando que sufra

    : ¡D-dejame ir. No valgo la pena!

    — "¡Quisiste robar mi libre albedrio, ahora pagaras!. ¡NADIE ATENTA EN CONTRA DE MI LIBERTAD!"

    Luego de arrancar la piel de su rostro agarraria la lengua de el, arrancándola para luego comersela.
    Al momento bajo de la cadena, sujetandose de la pierna del agente y arrancandosela. Sacaria el fémur y este lo usaria como lanza y atravesaría el cuello el sujeto. Dejandolo en ese lugar para que muera lentamente.

    Luego de haber "torturado" rapidamente al agente, solamente sonreiria viendo a donde estaba este, sin poder hablar, sin poder moverse, sin poder respirar, sin moder caminar por si lograra escapar... Su risa aumentaría al ver la escena mas a detalle y terminaria esta risa en el ultimo suspiro del agente.

    — "Lo siento. Tal ves tu muerto ubiera sido rapida y sin dolor si solo hubieras venido a matarme en silencio"

    || Algun dia hare monoroles con parte 1 y parte 2 para que no se sienta tan apurado (?)
    𝚄𝙽 𝚅𝙸𝙰𝙹𝙴 𝙰𝙻 𝙿𝙰𝚂𝙰𝙳𝙾: 𝕃𝕀𝔹𝔼ℝ𝕋𝔸𝔻 || Monorol que queria crear hace mucho tiempo, pero se me olvido y ahora que toque el tema en una conversación, aqui esta || el ⬛ es otra persona hablando 🔆𝕰𝖑 𝖉𝖔𝖑𝖔𝖗 𝖉𝖊 𝖛𝖔𝖑𝖛𝖊𝖗 𝖆 𝖕𝖊𝖗𝖉𝖊𝖗 𝖙𝖚 𝖑𝖎𝖇𝖊𝖗𝖙𝖆𝖉 🔆 𝙷𝚊𝚌𝚎 𝟻 𝚊ñ𝚘𝚜 Yaken, cuando entonces seguia siendo tan activo en sus matanzas sanguinarias, sin bajare ni un segundo al tono de su crueldad. Cuando mataba sin piedad. Cuando seguia siendo el tan temido "Demonio de las sombras". Se encontraba en un pequeño pueblo, como de costumbre, atentando contra los mas humildes e inocentes. Estaba caminando por la plaza, sin llamar tanto la atencion ya que en ese pueblo era normal ver algunos albinos. Luego de un rato de explorar este pueblo, decidio empezar con aquella matanza. Subiéndose al techo de la iglesia de aquel pequeño lugar, dispuesto a dar un discurso antes de empezar con su forma de divertirse. — "¡Escuchen bien!. Yo soy-" Cuando este iba a presentarse, una cadena sujeto su cuello, dándole pequeñas descargar electricas. Luego, casi de inmediato, mientras Yaken trataba de soltarse, seria elevado al cielo para terminar cayendo a gran velocidad dentro de un bosque. Una ves en el suelo, este trato de volver a quitarse la cadena, pero cuando lo intento, algo jalo de ella, haciendo que Yaken que estaba acostado se pusiera de pie y luego terminara arrodillado. Una persona, algo robusta y alta empezo a salir de las sombras. Caminaba mientras envolvía la cadena en sus manos. Era un agente de la misma agencia en la que trabajaba su hermano. ⬛: Vaya, vaya, vaya. Parece que mi presa esta ves fue el celebre Yaken Samui-netsu. Hoy vine a ponerle fin a tu estupido reinado de terror. Has causado muchos problemas — "¡Problemas tu putisima ma!-" Antes de terminar el insulto, las descargas volvieron a su cuello. Haciendo que un grito desgarrador saliera de Yaken. ⬛: Parece que no entiendes tu posición, escalón N°9 — "Entiendo que eres un maldito que desea... que desea morir... ¡¿Sabes con quien te estas metiendo?!" ⬛: Calmate, escalón N°9 — "¡Soy Yaken, no un maldito escalón!" Luego de eso, Yaken se pondria de pie, corriendo al sujeto para morder su cuello y asesinarlo rapidamente. Pero cuando se acerco, recibió una patada en su pecho que lo hizo chocar con un arbol mientras la cadena ahora lo enredaba en el mismo arbol para que no pudiera moverse. ⬛: No entiendes nada. Tu eres enemigo de la humanidad, y al mismo tiempo le perteneces a la agencia. ¿Recuerdas que te escapaste?. Conseguirte "libertad" temporal, porque ahora, yo, te llevare a la celda en que debes estar para que sigan experimentando contigo. Apenas volvio a la mente de Yaken aquella celda, sus ojos se nublaron. Su cuerpo termino relajándose bastante. No dejaria que nadie ni nada lo llevara a ese infierno de nuevo. A una maldita celda donde solamente cortaban su cuerpo, viendo su regeneracion. Era sufrimiento tras sufrimiento. Esa celda, ese lugar que corrompio a Yaken hasta volverlo lo que es. DESESPERO — "¡¿Celda?!... ¡¿CELDA?!. ¡¡No volvere a ese maldito lugar, nunca!!. ¡¡Prefiero morir a manos de Kori antes que ir de nuevo!!" Su voz alta, sus gritos. Se escuchaba como con cada grito que daba al momento de hablar su garganta no lo soportaba. Tenia la voz rasgada. Entre la electricidad, sus gritos de agonia de hace rato al electrocutarse y sus gritos de rebeldía actuales. Dañaban su garganta bastante. Yaken no se dejaria llevar de vuelta a ese lugar ni aunque lo mataran. Tenia que hacer algo. Ese instinto salvaje de Yaken similar al de un animal frente a su depredador natural desperto. Las cadenas empezaron a soltarse y a tornarse carmesi. "Tercer Don del Diablo: Esclavitud". Le permitia controlar a voluntad cadenas. Usando eso fue que se libero — "¡Ahora tu nunca volveras a ver a tu maldita agencia!" El sujeto solo dio un paso hacia atras, por la sorpresa de que Yaken lograra salir de ese agarre. Pero antes de que el pudiera prepararse para pelear a misma cadena atraveso el estomago del sujeto, enganchándolo en una arbol. Eso provoco que quedara suspendido en el aire con la cadena atravesando su estomago. Yaken empezaria a trepar por esa cadena hasta llegar al agente. En ese momento no penso en hablar, solo en actuar. De un mordisco al brazo derecho de este se lo arrancaría, luego con sus afiladas garras empezaria a arrancar la piel del rostro del agente. Asegurando que sufra ⬛: ¡D-dejame ir. No valgo la pena! — "¡Quisiste robar mi libre albedrio, ahora pagaras!. ¡NADIE ATENTA EN CONTRA DE MI LIBERTAD!" Luego de arrancar la piel de su rostro agarraria la lengua de el, arrancándola para luego comersela. Al momento bajo de la cadena, sujetandose de la pierna del agente y arrancandosela. Sacaria el fémur y este lo usaria como lanza y atravesaría el cuello el sujeto. Dejandolo en ese lugar para que muera lentamente. Luego de haber "torturado" rapidamente al agente, solamente sonreiria viendo a donde estaba este, sin poder hablar, sin poder moverse, sin poder respirar, sin moder caminar por si lograra escapar... Su risa aumentaría al ver la escena mas a detalle y terminaria esta risa en el ultimo suspiro del agente. — "Lo siento. Tal ves tu muerto ubiera sido rapida y sin dolor si solo hubieras venido a matarme en silencio" || Algun dia hare monoroles con parte 1 y parte 2 para que no se sienta tan apurado (?)
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  • 𝑀𝑖𝑡𝑠𝑢𝑟𝑢 𝐾𝑖𝑟𝑖𝑗𝑜

    Es como si ayer mismo junto con el resto del alumnado y el profesorado de la escuela Gekkoukan.
    Reunidos en el gimnasio, muchos impactantes, otros cotilleando y yo pensando en mis cosas. Irrumpió una joven pelirroja (a la cual no había visto antes), dio un discurso anunciando que sería la nueva estudiante.

    Esa fue la primera vez que nuestras miradas penetraron, el comienzo de nuestra historia que en 2025 continúa y continuará hasta que el Tártaro decida llevarnos.
    [ThxicewomanMK13] Es como si ayer mismo junto con el resto del alumnado y el profesorado de la escuela Gekkoukan. Reunidos en el gimnasio, muchos impactantes, otros cotilleando y yo pensando en mis cosas. Irrumpió una joven pelirroja (a la cual no había visto antes), dio un discurso anunciando que sería la nueva estudiante. Esa fue la primera vez que nuestras miradas penetraron, el comienzo de nuestra historia que en 2025 continúa y continuará hasta que el Tártaro decida llevarnos.
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  • «No contactes este número de nuevo. Estás muerto para mí».

    Ocho años desde entonces. ¿O son diez? Ah, no importa. Nada importa. Recordar es un fastidio.

    El mensaje es corto y contundente, hacía más fáciles las cosas. Casi catártico, como eso que se siente al sacarse una astilla de madera.

    "Sawajiri, la ceremonia ya casi empieza. ¿Qué pasa? ¿Tus padres no vienen?"

    ¿Cuánto tiempo se había quedado ahí parado viendo el mensaje? Y no, por supuesto que no van a venir. Hacía falta una mentira. Están de viaje, la tía Akane se volvió a caer de la escalera, no importa. Nada importa.

    Qué fastidio son las ceremonias de graduación. ¿Usar una toga? Fastidio. ¿Estar sentado por horas? Fastidio. ¿Escuchar al director hablar como si los graduados fueran superhéroes? Fas. Ti. Dio.

    Y el mayor fastidio de todos era tener que decir el discurso de cierre. Sí, por alguna razón que encontraba inexplicable, él tenía que hacerlo.

    Oh, no, ya estaba tras el micrófono. ¿Qué se supone que debía decir? Ni siquiera quería ser profesor, eligió la carrera al azar. Literalmente al azar, lanzó un dardo a la página con la oferta curricular. Lo que sea para no darle gusto al viejo.

    —Yo...

    ¿Por qué carajo lo miraban tanto?

    —...te odio.

    ¿Qué fue lo que dijo?

    —Te odio. Me alegra estar muerto para ti.

    Confusión, murmullos, cabezas siendo rascadas y entrecejos levantándose. Usual.

    —Estar muerto es mejor que tener que soportarte. Tampoco es que haya mucha diferencia. Aunque debería preguntarme de qué vida se supone que morí. Yo nunca tuve una vida propia, tenía que ser una jodida copia tuya. ¿Estoy muerto para ti? ¿Cuándo estuve vivo para ti?

    Ya varios de sus compañeros estaban de pie. No importa. Nada importa. Dos sillas vacías había en medio del caos. Siempre vacías.

    —Jódete.

    Bajó del escenario, caminó justo por el centro de la multitud. Se habrían alejado menos de un leproso.

    Pero no importa. Nada importa. Qué fastidio.
    «No contactes este número de nuevo. Estás muerto para mí». Ocho años desde entonces. ¿O son diez? Ah, no importa. Nada importa. Recordar es un fastidio. El mensaje es corto y contundente, hacía más fáciles las cosas. Casi catártico, como eso que se siente al sacarse una astilla de madera. "Sawajiri, la ceremonia ya casi empieza. ¿Qué pasa? ¿Tus padres no vienen?" ¿Cuánto tiempo se había quedado ahí parado viendo el mensaje? Y no, por supuesto que no van a venir. Hacía falta una mentira. Están de viaje, la tía Akane se volvió a caer de la escalera, no importa. Nada importa. Qué fastidio son las ceremonias de graduación. ¿Usar una toga? Fastidio. ¿Estar sentado por horas? Fastidio. ¿Escuchar al director hablar como si los graduados fueran superhéroes? Fas. Ti. Dio. Y el mayor fastidio de todos era tener que decir el discurso de cierre. Sí, por alguna razón que encontraba inexplicable, él tenía que hacerlo. Oh, no, ya estaba tras el micrófono. ¿Qué se supone que debía decir? Ni siquiera quería ser profesor, eligió la carrera al azar. Literalmente al azar, lanzó un dardo a la página con la oferta curricular. Lo que sea para no darle gusto al viejo. —Yo... ¿Por qué carajo lo miraban tanto? —...te odio. ¿Qué fue lo que dijo? —Te odio. Me alegra estar muerto para ti. Confusión, murmullos, cabezas siendo rascadas y entrecejos levantándose. Usual. —Estar muerto es mejor que tener que soportarte. Tampoco es que haya mucha diferencia. Aunque debería preguntarme de qué vida se supone que morí. Yo nunca tuve una vida propia, tenía que ser una jodida copia tuya. ¿Estoy muerto para ti? ¿Cuándo estuve vivo para ti? Ya varios de sus compañeros estaban de pie. No importa. Nada importa. Dos sillas vacías había en medio del caos. Siempre vacías. —Jódete. Bajó del escenario, caminó justo por el centro de la multitud. Se habrían alejado menos de un leproso. Pero no importa. Nada importa. Qué fastidio.
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