El bullicio del recinto se apagó en cuanto una figura conocida cruzó las puertas con paso tranquilo. Takeru Arakawa, con las manos en los bolsillos y una ligera sonrisa en el rostro, avanzó como si estuviera entrando a su propio dojo. Su cabello algo más largo le caía despreocupadamente sobre la frente, y aunque su cuerpo aún cargaba las cicatrices del pasado, su presencia seguía siendo imponente.

Los murmullos se intensificaron. No era solo su regreso, sino lo que significaba. El hombre que había llegado a la final contra Ohma Tokita, que había desaparecido tras su derrota, estaba de vuelta. Y lo hacía con el logo de su empresa, **Ryū no Kiba**, bordado en la chaqueta.

Al acercarse a la zona de vestuarios, una voz grave y calculadora lo llamó.

—Así que has decidido salir de tu cueva, Arakawa. —Hideki Nogi, presidente de la Asociación Kengan, lo miraba con su clásica expresión inescrutable.

Takeru se detuvo, inclinó la cabeza ligeramente y suspiró.

—No tenía opción, Nogi. Uno de mis chicos está a punto de entrar a la jaula con un montón de asesinos. ¿Qué clase de maestro sería si lo dejara sin apoyo?

—Tu alumno eligió este camino. No esperaba que fueras tan sentimental.

Takeru soltó una leve carcajada.

—Sentimental, ¿yo? —Se encogió de hombros—. Nah, no soy de los que dan discursos motivacionales. Solo quiero ver si todo el tiempo que pasé gritándole sirvió de algo.

Nogi lo observó por un momento, luego esbozó una leve sonrisa.

—Supongo que es bueno tenerte de vuelta… aunque solo sea como espectador.

Takeru metió las manos en los bolsillos y miró hacia la arena.

—¿Espectador? No me hagas reír, Nogi. —Giró levemente la cabeza y le lanzó una mirada confiada—. En cuanto mi chico ponga un pie ahí, todos van a saber de qué está hecho el Ryū no Kiba.
El bullicio del recinto se apagó en cuanto una figura conocida cruzó las puertas con paso tranquilo. Takeru Arakawa, con las manos en los bolsillos y una ligera sonrisa en el rostro, avanzó como si estuviera entrando a su propio dojo. Su cabello algo más largo le caía despreocupadamente sobre la frente, y aunque su cuerpo aún cargaba las cicatrices del pasado, su presencia seguía siendo imponente. Los murmullos se intensificaron. No era solo su regreso, sino lo que significaba. El hombre que había llegado a la final contra Ohma Tokita, que había desaparecido tras su derrota, estaba de vuelta. Y lo hacía con el logo de su empresa, **Ryū no Kiba**, bordado en la chaqueta. Al acercarse a la zona de vestuarios, una voz grave y calculadora lo llamó. —Así que has decidido salir de tu cueva, Arakawa. —Hideki Nogi, presidente de la Asociación Kengan, lo miraba con su clásica expresión inescrutable. Takeru se detuvo, inclinó la cabeza ligeramente y suspiró. —No tenía opción, Nogi. Uno de mis chicos está a punto de entrar a la jaula con un montón de asesinos. ¿Qué clase de maestro sería si lo dejara sin apoyo? —Tu alumno eligió este camino. No esperaba que fueras tan sentimental. Takeru soltó una leve carcajada. —Sentimental, ¿yo? —Se encogió de hombros—. Nah, no soy de los que dan discursos motivacionales. Solo quiero ver si todo el tiempo que pasé gritándole sirvió de algo. Nogi lo observó por un momento, luego esbozó una leve sonrisa. —Supongo que es bueno tenerte de vuelta… aunque solo sea como espectador. Takeru metió las manos en los bolsillos y miró hacia la arena. —¿Espectador? No me hagas reír, Nogi. —Giró levemente la cabeza y le lanzó una mirada confiada—. En cuanto mi chico ponga un pie ahí, todos van a saber de qué está hecho el Ryū no Kiba.
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