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    ╔══════════════════════════════════════╗
    ISHTAR’S DEMONIC DÈESSE
    Infernal Glamour · VIP Edition
    ╚══════════════════════════════════════╝

    ✦ PORTADA OFICIAL · ISHTAR’S VIP ✦

    El poder del rojo · Dominio · Estilo real

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    ✦ MODELO PRINCIPAL ✦

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Nombre: Ignia Ishtar
    Título editorial: El Rey del Glamour Infernal
    Estado: Soltero · Inalcanzable · Absoluto

    Ignia Ishtar pisa la alfombra roja no para ser visto… sino para ser recordado. Su sola presencia redefine el concepto de exclusividad, convirtiendo la noche en su reino personal.

    Ishtar’s Demonic Dèesse – Infernal Glamour (VIP) representa la coronación de Ignia Ishtar como ícono de poder, deseo y elegancia oscura. Esta sesión mezcla moda real, mitología infernal y lujo nocturno, presentando a un rey moderno que no necesita compañía para dominar.

    El rojo no es un color.
    Es una advertencia.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    ✦ NARRATIVA VISUAL ✦

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Bajo la luna llena, Ignia avanza por la alfombra roja mientras flashes lo rodean como relámpagos. No posa: avanza.
    Cada paso declara independencia, control y magnetismo.

    La ciudad observa.
    La prensa arde.
    El rey sonríe.

    ✦ DIRECCIÓN ARTÍSTICA ✦

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    ✦ Estilo: Royal Infernal · Dark VIP · High Fantasy Fashion
    ✦ Inspiración: Realeza moderna, dioses del fuego, galas exclusivas
    ✦ Mood: Elegante, dominante, seductor, intocable

    Todo está diseñado para que Ignia sea el centro del universo visual.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    ✦ MAQUILLAJE & LOOK ✦

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Piel impecable, iluminada por flashes
    👁 Mirada segura, ligeramente desafiante
    Sonrisa de quien sabe que no necesita competir

    El maquillaje realza su aura: belleza peligrosa, carisma sobrenatural.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    ✦ ESCENOGRAFÍA ✦

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    🏙 Ciudad nocturna de fondo
    Prensa internacional rodeándolo
    Alfombra roja: su territorio

    Ignia no asiste a la gala.
    La gala ocurre porque él llegó.

    ✦ SIMBOLOGÍA ✦

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    El rojo: dominio, deseo, linaje
    ⚔ La lanza: poder real, protección, conquista
    La luna: soberanía nocturna
    Los flashes: adoración pública

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    ✦ MENSAJE EDITORIAL ✦

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    “El rey no busca pareja.
    Busca imperios.”

    ISHTAR’S VIP presenta a Ignia Ishtar como el nuevo estándar del glamour infernal: soltero, poderoso y absolutamente exclusivo.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    ✦ IMPACTO DE MARCA ✦

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Consolida a ISHTAR’S VIP como revista de élite
    Eleva la moda a narrativa mitológica
    Convierte el estado “soltero” en símbolo de poder
    ╔══════════════════════════════════════╗ 👑🔥 ISHTAR’S DEMONIC DÈESSE 🔥👑 Infernal Glamour · VIP Edition ╚══════════════════════════════════════╝ ✦ PORTADA OFICIAL · ISHTAR’S VIP ✦ El poder del rojo · Dominio · Estilo real ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ MODELO PRINCIPAL ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🩸 Nombre: Ignia Ishtar 👑 Título editorial: El Rey del Glamour Infernal 💔 Estado: Soltero · Inalcanzable · Absoluto Ignia Ishtar pisa la alfombra roja no para ser visto… sino para ser recordado. Su sola presencia redefine el concepto de exclusividad, convirtiendo la noche en su reino personal. Ishtar’s Demonic Dèesse – Infernal Glamour (VIP) representa la coronación de Ignia Ishtar como ícono de poder, deseo y elegancia oscura. Esta sesión mezcla moda real, mitología infernal y lujo nocturno, presentando a un rey moderno que no necesita compañía para dominar. El rojo no es un color. Es una advertencia. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ NARRATIVA VISUAL ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ Bajo la luna llena, Ignia avanza por la alfombra roja mientras flashes lo rodean como relámpagos. No posa: avanza. Cada paso declara independencia, control y magnetismo. La ciudad observa. La prensa arde. El rey sonríe. ✦ DIRECCIÓN ARTÍSTICA ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ Estilo: Royal Infernal · Dark VIP · High Fantasy Fashion ✦ Inspiración: Realeza moderna, dioses del fuego, galas exclusivas ✦ Mood: Elegante, dominante, seductor, intocable Todo está diseñado para que Ignia sea el centro del universo visual. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ MAQUILLAJE & LOOK ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 💄 Piel impecable, iluminada por flashes 👁 Mirada segura, ligeramente desafiante 😈 Sonrisa de quien sabe que no necesita competir El maquillaje realza su aura: belleza peligrosa, carisma sobrenatural. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ ESCENOGRAFÍA ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🏙 Ciudad nocturna de fondo 🎥 Prensa internacional rodeándolo 🔴 Alfombra roja: su territorio Ignia no asiste a la gala. La gala ocurre porque él llegó. ✦ SIMBOLOGÍA ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 👑 El rojo: dominio, deseo, linaje ⚔ La lanza: poder real, protección, conquista 🌕 La luna: soberanía nocturna 📸 Los flashes: adoración pública ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ MENSAJE EDITORIAL ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🔥 “El rey no busca pareja. Busca imperios.” ISHTAR’S VIP presenta a Ignia Ishtar como el nuevo estándar del glamour infernal: soltero, poderoso y absolutamente exclusivo. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ IMPACTO DE MARCA ✦ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 👑 Consolida a ISHTAR’S VIP como revista de élite 🔥 Eleva la moda a narrativa mitológica 🩸 Convierte el estado “soltero” en símbolo de poder
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  • El rugido de los motores llena el desierto del Outer Ring como un trueno rodante. Lighter va al frente, bufanda roja ondeando como bandera de guerra, gafas de sol reflejando el sol implacable.
    Caesar a su derecha, riendo a carcajadas mientras acelera para alcanzarlo, la moto rugiendo como si tuviera vida propia.
    Lucy y Piper detrás, Lucy gritando algo sobre "¡no me dejen atrás, idiotas!" mientras Piper solo sonríe tranquila, el viento revolviéndole el pelo.
    Lighter levanta una mano sin mirar atrás, señalando la ruta que se pierde entre dunas y rocas. Grita por encima del ruido:
    -¡Vamos, Sons! ¡El que llegue último paga la siguiente ronda en el bar de Big Daddy!
    El rugido de los motores llena el desierto del Outer Ring como un trueno rodante. Lighter va al frente, bufanda roja ondeando como bandera de guerra, gafas de sol reflejando el sol implacable. Caesar a su derecha, riendo a carcajadas mientras acelera para alcanzarlo, la moto rugiendo como si tuviera vida propia. Lucy y Piper detrás, Lucy gritando algo sobre "¡no me dejen atrás, idiotas!" mientras Piper solo sonríe tranquila, el viento revolviéndole el pelo. Lighter levanta una mano sin mirar atrás, señalando la ruta que se pierde entre dunas y rocas. Grita por encima del ruido: -¡Vamos, Sons! ¡El que llegue último paga la siguiente ronda en el bar de Big Daddy!
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  • Las garras de la inocencia

    Razor era conocido en Mondstadt como un chico enérgico, tranquilo e inocente. Para muchos, incluso tierno. Sin embargo, bajo esa apariencia se escondía una mente alerta al peligro, una inteligencia nata para el combate y, por encima de todo, un instinto feroz por proteger a su manada, a quienes consideraba su verdadera familia.

    El mercado negro surtía de todo a quienes buscaban lo que no podía conseguirse por medios legales: pociones adulteradas, alcohol, ingredientes a sobreprecio, armas, materiales… y pieles. Demasiadas pieles.

    Tras los últimos aullidos, profundos y majestuosos, la noche cayó sobre el bosque. La manada dormía. Razor se encontraba acurrucado bajo el tronco de un árbol, abrazado a uno de los lobos más viejos; los cachorros descansaban junto a sus madres, y el alfa vigilaba desde lo alto de una roca.

    Entonces, un crujido.

    Las orejas del alfa se alzaron de golpe. Razor abrió los ojos al mismo tiempo, conteniendo la respiración. No era un animal nocturno.

    Las antorchas se encendieron de repente, rodeando a la manada. El fuego crepitó, proyectando sombras torcidas entre los árboles. Humanos avanzaban con cautela, cuchillos y mazos en mano, sonriendo mientras hablaban del botín.

    El alfa saltó frente a su manada, erizando el pelaje y gruñendo. Dudaron un segundo… pero eran demasiados.

    Desde un punto ciego, varios bandidos se lanzaron sobre una de las lobas. Los chillidos de los cachorros cortaron el aire cuando fueron arrancados de su madre y metidos en un saco.

    La risa de uno de los hombres se apagó de golpe.

    Un impacto seco. Brutal.

    Razor había caído sobre él, clavándole la rodilla en el pecho. El bandido quedó inconsciente antes de tocar el suelo.

    +¿Q-qué fue eso? ¡Dijeron que no había nadie cuidando!

    Las espadas se alzaron. Entonces lo vieron.

    +¡Es solo un niño!
    —¡Yo… proteger… familia! —gruñó Razor, con los colmillos apretados—. ¡Ustedes… ser… malos!

    Se lanzó.

    Los lobos se unieron al ataque. Dientes, garras, gritos. Cada alarido de dolor de su manada hacía que los golpes de Razor fueran más fuertes, más salvajes.

    No luchaba como un caballero. No había técnica elegante, solo reflejos afilados, agilidad y una fuerza nacida del instinto.

    +¡No puede ser… tiene una Visión!

    Las garras Electro brillaron en la oscuridad. Uno a uno, los bandidos cayeron. Razor sangraba, respiraba con dificultad… pero en sus ojos no había dolor. Solo furia. Y determinación.

    Cuando el silencio volvió al bosque, todos yacían en el suelo.

    Razor los ató con ayuda de la manada. El bosque exigía sangre, y él lo sabía. Lo sentía. Pero recordó voces. Jean. Lisa. Kaeya.

    Convenció a los lobos de no matar.

    La ley del bosque era una. La de Mondstadt, otra.

    Y esta vez, eligió confiar. Herido y cansado llegó a Mondstadt bajo los primeros rayos del sol, dando pasos lentos con un pie y leves arrastres con el otro, herias en el cuerpo que si bien no eran mortales la cantidad de ellas hubieran dejado fuera de combate a cualquier otro. Los guardias de la puerta principal a la ciudad reconocieron a Razor de inmediato y, al ver el estado en el que se encontraba fueron a su auxilio de inmediato.

    -Gente...mala....bosque... -Alcanzó a decir a penas había sido alcanzado por uno de los guardias sosteniéndolo en brazos. Razor cayó inconsciente.-
    Las garras de la inocencia Razor era conocido en Mondstadt como un chico enérgico, tranquilo e inocente. Para muchos, incluso tierno. Sin embargo, bajo esa apariencia se escondía una mente alerta al peligro, una inteligencia nata para el combate y, por encima de todo, un instinto feroz por proteger a su manada, a quienes consideraba su verdadera familia. El mercado negro surtía de todo a quienes buscaban lo que no podía conseguirse por medios legales: pociones adulteradas, alcohol, ingredientes a sobreprecio, armas, materiales… y pieles. Demasiadas pieles. Tras los últimos aullidos, profundos y majestuosos, la noche cayó sobre el bosque. La manada dormía. Razor se encontraba acurrucado bajo el tronco de un árbol, abrazado a uno de los lobos más viejos; los cachorros descansaban junto a sus madres, y el alfa vigilaba desde lo alto de una roca. Entonces, un crujido. Las orejas del alfa se alzaron de golpe. Razor abrió los ojos al mismo tiempo, conteniendo la respiración. No era un animal nocturno. Las antorchas se encendieron de repente, rodeando a la manada. El fuego crepitó, proyectando sombras torcidas entre los árboles. Humanos avanzaban con cautela, cuchillos y mazos en mano, sonriendo mientras hablaban del botín. El alfa saltó frente a su manada, erizando el pelaje y gruñendo. Dudaron un segundo… pero eran demasiados. Desde un punto ciego, varios bandidos se lanzaron sobre una de las lobas. Los chillidos de los cachorros cortaron el aire cuando fueron arrancados de su madre y metidos en un saco. La risa de uno de los hombres se apagó de golpe. Un impacto seco. Brutal. Razor había caído sobre él, clavándole la rodilla en el pecho. El bandido quedó inconsciente antes de tocar el suelo. +¿Q-qué fue eso? ¡Dijeron que no había nadie cuidando! Las espadas se alzaron. Entonces lo vieron. +¡Es solo un niño! —¡Yo… proteger… familia! —gruñó Razor, con los colmillos apretados—. ¡Ustedes… ser… malos! Se lanzó. Los lobos se unieron al ataque. Dientes, garras, gritos. Cada alarido de dolor de su manada hacía que los golpes de Razor fueran más fuertes, más salvajes. No luchaba como un caballero. No había técnica elegante, solo reflejos afilados, agilidad y una fuerza nacida del instinto. +¡No puede ser… tiene una Visión! Las garras Electro brillaron en la oscuridad. Uno a uno, los bandidos cayeron. Razor sangraba, respiraba con dificultad… pero en sus ojos no había dolor. Solo furia. Y determinación. Cuando el silencio volvió al bosque, todos yacían en el suelo. Razor los ató con ayuda de la manada. El bosque exigía sangre, y él lo sabía. Lo sentía. Pero recordó voces. Jean. Lisa. Kaeya. Convenció a los lobos de no matar. La ley del bosque era una. La de Mondstadt, otra. Y esta vez, eligió confiar. Herido y cansado llegó a Mondstadt bajo los primeros rayos del sol, dando pasos lentos con un pie y leves arrastres con el otro, herias en el cuerpo que si bien no eran mortales la cantidad de ellas hubieran dejado fuera de combate a cualquier otro. Los guardias de la puerta principal a la ciudad reconocieron a Razor de inmediato y, al ver el estado en el que se encontraba fueron a su auxilio de inmediato. -Gente...mala....bosque... -Alcanzó a decir a penas había sido alcanzado por uno de los guardias sosteniéndolo en brazos. Razor cayó inconsciente.-
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  • La mosca en la nuca
    Categoría Contemporáneo
    El asfalto mojado bajo las ruedas de la motocicleta parecía un espejo oscuro que reflejaba un cielo que no le pertenecía. Alberto apretó el embrague, sintiendo la vibración del motor entre sus muslos como un recordatorio de que, en este mundo, todo era mecánico, tangible y finito. Exactamente como él quería que fuera.

    Había dejado atrás la ciudad hacía tres horas, pero el olor a ozono y azufre —ese rastro invisible que solo los de su clase podían detectar— no se despegaba de su nuca. No era una persecución ruidosa; era una sombra que se alargaba, un susurro entre el viento que le recordaba que la sangre de Belcebú no se limpia con agua, ni se esconde con identidades falsas.

    Se detuvo en una gasolinera olvidada, una mancha de luces de neón parpadeantes en mitad de la carretera nacional. Al bajar de la moto, sus manos temblaron ligeramente. No de miedo, sino de fatiga. Cada vez que usaba su don, cada vez que esa "anomalía" de su linaje brotaba para salvar una vida humana, su rastro en el mapa infernal brillaba como una bengala en la noche.

    «Curar es destruir el orden natural de la decadencia», le decía su ancestro. Alberto escupió a un lado, desafiando a la memoria.

    Entró en el pequeño local, compró un café aguado que sabía a plástico y regresó a su moto. El silencio del lugar era absoluto, roto solo por el clic metálico del motor enfriándose. Fue entonces cuando sintió la vibración en el bolsillo de su chaqueta de cuero.

    Sacó el móvil. No había número de remitente. No había prefijo. Solo un mensaje de texto que iluminó su rostro cansado con una luz blanca y aséptica.

    [Desconocido]: "La podredumbre siempre vuelve a su origen, Alberto. No importa cuántas veces remiendes la carne, el alma sigue teniendo nuestra marca. Mira detrás de ti."

    Alberto no se giró. Bloqueó la pantalla, guardó el teléfono y arrancó la moto de una patada, haciendo que el motor rugiera contra la oscuridad del bosque circundante. Sabía que la tregua se había terminado. Otro mensaje le llegó, pero ésta vez no se trataba de uno hostil:
    El asfalto mojado bajo las ruedas de la motocicleta parecía un espejo oscuro que reflejaba un cielo que no le pertenecía. Alberto apretó el embrague, sintiendo la vibración del motor entre sus muslos como un recordatorio de que, en este mundo, todo era mecánico, tangible y finito. Exactamente como él quería que fuera. Había dejado atrás la ciudad hacía tres horas, pero el olor a ozono y azufre —ese rastro invisible que solo los de su clase podían detectar— no se despegaba de su nuca. No era una persecución ruidosa; era una sombra que se alargaba, un susurro entre el viento que le recordaba que la sangre de Belcebú no se limpia con agua, ni se esconde con identidades falsas. Se detuvo en una gasolinera olvidada, una mancha de luces de neón parpadeantes en mitad de la carretera nacional. Al bajar de la moto, sus manos temblaron ligeramente. No de miedo, sino de fatiga. Cada vez que usaba su don, cada vez que esa "anomalía" de su linaje brotaba para salvar una vida humana, su rastro en el mapa infernal brillaba como una bengala en la noche. «Curar es destruir el orden natural de la decadencia», le decía su ancestro. Alberto escupió a un lado, desafiando a la memoria. Entró en el pequeño local, compró un café aguado que sabía a plástico y regresó a su moto. El silencio del lugar era absoluto, roto solo por el clic metálico del motor enfriándose. Fue entonces cuando sintió la vibración en el bolsillo de su chaqueta de cuero. Sacó el móvil. No había número de remitente. No había prefijo. Solo un mensaje de texto que iluminó su rostro cansado con una luz blanca y aséptica. [Desconocido]: "La podredumbre siempre vuelve a su origen, Alberto. No importa cuántas veces remiendes la carne, el alma sigue teniendo nuestra marca. Mira detrás de ti." Alberto no se giró. Bloqueó la pantalla, guardó el teléfono y arrancó la moto de una patada, haciendo que el motor rugiera contra la oscuridad del bosque circundante. Sabía que la tregua se había terminado. Otro mensaje le llegó, pero ésta vez no se trataba de uno hostil:
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
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  • ────Cuidado, Gorgona. Si sigues golpeando de esa forma tan bruta, terminarás partiendo la forja en dos –le advertí a Ferrus.

    Ella resopló. No levantó la vista para mirarme, y contrario a lo que le dije, comenzó a golpear el metal con más fuerza de la necesaria. La base sólida sobre la que trabajábamos fue sabia y supo absorber sus brutales impactos. Poco refinados, como era su costumbre. Me irritaba cuando hacía eso.

    ────El metal no necesita halagos –gruñó absorta en su labor–. Necesita disciplina. Aguantar.

    ────Claro que sí –respondí, ladeando la cabeza. A diferencia suya, cada impacto de mi martillo sobre el bloque era preciso, exacto. Tomé el metal con las pinzas, me calentó el rostro al alzarlo frente a mí–. El metal de este no solo será certero en combate, despertará admiración en cualquiera que vea quién lo está portando.

    ────Un arma no es un accesorio de belleza. –replicó. Hizo un ademán despectivo, ceñuda, como si hubiera desafiado cualquier lógica existente. Por fin me miraba–Además, ¿qué es esa cosa?

    Abrí los ojos, exageradamente ofendida.

    ────Que comentario tan cruel. «Esa cosa», como tú lo llamas, no solo será hermoso, será devastador con quién se interponga en su camino en la Gran Cruzada.

    Ferrus negó con la cabeza y retomó su trabajo. Jamás se lo dije, pero era adorable cuando lograba sacarla de sus casillas. Su ceja espesa dramatizaba sus gestos, el color le trepaba por el cuello y un brote de manchas rojas le salpicaba el rostro severo. Parecía una fresa fresca salida de los jardines de Iax. Solo que si yo le hincaba el diente, lo que explotaría no sería precisamente un sabor que se quedaría impreso en mi boca.

    ────Si se rompe en batalla, no vengas llorando.

    ────Si se rompe –sonreí–, será porque la galaxia no estaba preparada para él. Y tú sabes bien que, para cualquier cosa que pase en mis manos, eso es... imposible.

    Fui infantil en ese instante y le sacudí de lado a lado el bloque incandescente junto a ella. Solo con Ferrus me permitía bromear de esa forma. El metal emitió un leve zumbido. Casi un ronroneo de un felino peludo.

    ────¿Ves? Le agradas. Pero... –hice una pausa y miré el bloque como si fuera mi mayor confidente– yo te agrado más, ¿verdad?

    ────Cersei, estoy a punto de arrojar a tu amiguito a la lava, como sigas así.

    ────Una amenaza vacía. No lo admites, pero puedes observar la calidad y la perfección con la que esta arma se está forjando. Te conozco, Ferrus, y sé que nunca dejarías salir de tu forja una pieza tan bien trabajada sin terminar.

    Su columna permaneció quieta por un momento. La siguiente sucesión de golpes sobre el yunque confirmó mis sospechas. Ella nunca permitiría que se corriera la voz de que un trabajo mal hecho había salido del calor de su forja.

    ────Haces demasiadas bromas –gruñó. Más golpes brutales se precipitaron sobre el metal, este se desplegó como un pergamino antiguo sobre nuestro espacio de trabajo. Lo que estaba creando sería una espada–. Hablas mucho y trabajas tan poco.

    Le sonreí, dejé mis herramientas a un lado y me senté en el borde del área de trabajo. El sudor me resbalaba por la piel como una película líquida de la que quería deshacerme con el vapor de una ducha caliente.

    ────Porque eres aburrida hasta la muerte.

    ────Idiota.

    ────Una idiota perfecta –la corregí–. Y tú una herrera cabeza dura... con gran talento.

    Levanté una ceja cuando me observó de reojo. Yo no exageraba; no era un elogio dicho a la ligera, jamás lo eran. Ferrus era una herrera excepcional, nadie superaba su destreza en el arte de la forja. Ningunas manos podrían igualarla, ni replicar nada de lo que ella era capaz de hacer. Y aún así allí estaba yo, aceptando aquel desafío, apunto de descubrir quién de las dos sería capaz de crear el arma perfecta. La respetaba.

    Entonces la vi. Justo debajo de su mejilla, se dibujó una sonrisa. La primera en aquellas interminables horas. No recuerdo cuánto tiempo pasamos dentro de esa forja, trabajando hombro con hombro, rodeadas por el incesante golpear de los martillos, intercambiando insultos y bromas sanas que nos lanzábamos mutuamente. El metal siseó al enfriarse, hasta que su brillo se apagó.

    Esos largos días dieron dos frutos. Yo forjé un martillo de guerra, recio y de peso formidable. En la cabeza tenía esculpida una gloriosa águila, su pico se alzaba amenazante, marcando el punto de impacto, capaz de someter a una montaña. Lo llamé Rompeforjas.

    Ferrus, en cambio, fabricó una espada dorada que ardía permanentemente, conteniendo en su hoja afilada el calor de la forja. Su nombre era Filo de Fuego.

    Me quedé sin palabras al observar su creación en sus manos. Filo de Fuego era imponente, pensé en las tantas formas con las que se podría bailar con ella en el campo de batalla; perforando el acero y cauterizando heridas al mismo tiempo que las trazaba sobre la piel. Bajé a Rompeforjas y mi frente ante la Gorgona. Admití mi derrota, su espada era mejor que mi martillo.

    Y para mi sorpresa, ella hizo exactamente mismo.

    Intercambiamos nuestras armas; yo me quedé con la espada, y ella con el martillo. La forja no solo moldeó a nuestras creaciones, también una amistad que creíamos eterna. Hasta que el destino la puso a prueba de la peor forma posible.

    Y... esa fue toda la historia. ¿Quieres más vino de la victoria? Yo sí. Aún conserva ese sabor añejado que Eidolon le dio al barril. Sería una descortesía desperdiciarlo. Mi garganta está seca.
    ────Cuidado, Gorgona. Si sigues golpeando de esa forma tan bruta, terminarás partiendo la forja en dos –le advertí a Ferrus. Ella resopló. No levantó la vista para mirarme, y contrario a lo que le dije, comenzó a golpear el metal con más fuerza de la necesaria. La base sólida sobre la que trabajábamos fue sabia y supo absorber sus brutales impactos. Poco refinados, como era su costumbre. Me irritaba cuando hacía eso. ────El metal no necesita halagos –gruñó absorta en su labor–. Necesita disciplina. Aguantar. ────Claro que sí –respondí, ladeando la cabeza. A diferencia suya, cada impacto de mi martillo sobre el bloque era preciso, exacto. Tomé el metal con las pinzas, me calentó el rostro al alzarlo frente a mí–. El metal de este no solo será certero en combate, despertará admiración en cualquiera que vea quién lo está portando. ────Un arma no es un accesorio de belleza. –replicó. Hizo un ademán despectivo, ceñuda, como si hubiera desafiado cualquier lógica existente. Por fin me miraba–Además, ¿qué es esa cosa? Abrí los ojos, exageradamente ofendida. ────Que comentario tan cruel. «Esa cosa», como tú lo llamas, no solo será hermoso, será devastador con quién se interponga en su camino en la Gran Cruzada. Ferrus negó con la cabeza y retomó su trabajo. Jamás se lo dije, pero era adorable cuando lograba sacarla de sus casillas. Su ceja espesa dramatizaba sus gestos, el color le trepaba por el cuello y un brote de manchas rojas le salpicaba el rostro severo. Parecía una fresa fresca salida de los jardines de Iax. Solo que si yo le hincaba el diente, lo que explotaría no sería precisamente un sabor que se quedaría impreso en mi boca. ────Si se rompe en batalla, no vengas llorando. ────Si se rompe –sonreí–, será porque la galaxia no estaba preparada para él. Y tú sabes bien que, para cualquier cosa que pase en mis manos, eso es... imposible. Fui infantil en ese instante y le sacudí de lado a lado el bloque incandescente junto a ella. Solo con Ferrus me permitía bromear de esa forma. El metal emitió un leve zumbido. Casi un ronroneo de un felino peludo. ────¿Ves? Le agradas. Pero... –hice una pausa y miré el bloque como si fuera mi mayor confidente– yo te agrado más, ¿verdad? ────Cersei, estoy a punto de arrojar a tu amiguito a la lava, como sigas así. ────Una amenaza vacía. No lo admites, pero puedes observar la calidad y la perfección con la que esta arma se está forjando. Te conozco, Ferrus, y sé que nunca dejarías salir de tu forja una pieza tan bien trabajada sin terminar. Su columna permaneció quieta por un momento. La siguiente sucesión de golpes sobre el yunque confirmó mis sospechas. Ella nunca permitiría que se corriera la voz de que un trabajo mal hecho había salido del calor de su forja. ────Haces demasiadas bromas –gruñó. Más golpes brutales se precipitaron sobre el metal, este se desplegó como un pergamino antiguo sobre nuestro espacio de trabajo. Lo que estaba creando sería una espada–. Hablas mucho y trabajas tan poco. Le sonreí, dejé mis herramientas a un lado y me senté en el borde del área de trabajo. El sudor me resbalaba por la piel como una película líquida de la que quería deshacerme con el vapor de una ducha caliente. ────Porque eres aburrida hasta la muerte. ────Idiota. ────Una idiota perfecta –la corregí–. Y tú una herrera cabeza dura... con gran talento. Levanté una ceja cuando me observó de reojo. Yo no exageraba; no era un elogio dicho a la ligera, jamás lo eran. Ferrus era una herrera excepcional, nadie superaba su destreza en el arte de la forja. Ningunas manos podrían igualarla, ni replicar nada de lo que ella era capaz de hacer. Y aún así allí estaba yo, aceptando aquel desafío, apunto de descubrir quién de las dos sería capaz de crear el arma perfecta. La respetaba. Entonces la vi. Justo debajo de su mejilla, se dibujó una sonrisa. La primera en aquellas interminables horas. No recuerdo cuánto tiempo pasamos dentro de esa forja, trabajando hombro con hombro, rodeadas por el incesante golpear de los martillos, intercambiando insultos y bromas sanas que nos lanzábamos mutuamente. El metal siseó al enfriarse, hasta que su brillo se apagó. Esos largos días dieron dos frutos. Yo forjé un martillo de guerra, recio y de peso formidable. En la cabeza tenía esculpida una gloriosa águila, su pico se alzaba amenazante, marcando el punto de impacto, capaz de someter a una montaña. Lo llamé Rompeforjas. Ferrus, en cambio, fabricó una espada dorada que ardía permanentemente, conteniendo en su hoja afilada el calor de la forja. Su nombre era Filo de Fuego. Me quedé sin palabras al observar su creación en sus manos. Filo de Fuego era imponente, pensé en las tantas formas con las que se podría bailar con ella en el campo de batalla; perforando el acero y cauterizando heridas al mismo tiempo que las trazaba sobre la piel. Bajé a Rompeforjas y mi frente ante la Gorgona. Admití mi derrota, su espada era mejor que mi martillo. Y para mi sorpresa, ella hizo exactamente mismo. Intercambiamos nuestras armas; yo me quedé con la espada, y ella con el martillo. La forja no solo moldeó a nuestras creaciones, también una amistad que creíamos eterna. Hasta que el destino la puso a prueba de la peor forma posible. Y... esa fue toda la historia. ¿Quieres más vino de la victoria? Yo sí. Aún conserva ese sabor añejado que Eidolon le dio al barril. Sería una descortesía desperdiciarlo. Mi garganta está seca.
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  • No juzgues un libro por su portada.
    Fandom OC
    Categoría Suspenso
    Rhett Zakharov

    Una invitación había sido entregada.

    Ella y el hombre habían tenido un pequeño encuentro en una situación peculiar. Morana se encontraba en su apartamento, un lugar lujoso en lo alto de un edificio. Se podían ver las luces de la ciudad a la distancia.

    Era una noche de lluvia, las gotas golpeaban los cristales, el humo del tabaco se acumulaba en el salón, ya que estaba todo cerrado. El aire acondicionado mantenía el lugar a una temperatura agradable. La luz del lugar era blanca y tenue, a Morana nunca le gustaron las luces intensas.

    En una pequeña mesa de cristal reposaban dos copas, una botella de Pétrus (Vino francés de alta calidad). Rodeando la mesa había un sofá grande en forma de L, de tono grisáceo.

    Morana no acostumbraba a ser paciente, pero ahora mismo no tenía prisa y había encargado a su "compañera" de piso que saliera a hacer unos trabajos para ella, así habría soledad para ambos al momento de hablar de "negocios".

    El sonido de la puerta se hizo presente, Morana se levantó con calma... El sonido de los tacones se hizo notar al acercarse a la puerta.

    Abrió la puerta con calma. — Parece que alguien llega pronto. — Comentó con una tenue sonrisa, abriendo la puerta por completo y permitiendo el paso a su "invitado".
    [theannoyingcriminal75] Una invitación había sido entregada. Ella y el hombre habían tenido un pequeño encuentro en una situación peculiar. Morana se encontraba en su apartamento, un lugar lujoso en lo alto de un edificio. Se podían ver las luces de la ciudad a la distancia. Era una noche de lluvia, las gotas golpeaban los cristales, el humo del tabaco se acumulaba en el salón, ya que estaba todo cerrado. El aire acondicionado mantenía el lugar a una temperatura agradable. La luz del lugar era blanca y tenue, a Morana nunca le gustaron las luces intensas. En una pequeña mesa de cristal reposaban dos copas, una botella de Pétrus (Vino francés de alta calidad). Rodeando la mesa había un sofá grande en forma de L, de tono grisáceo. Morana no acostumbraba a ser paciente, pero ahora mismo no tenía prisa y había encargado a su "compañera" de piso que saliera a hacer unos trabajos para ella, así habría soledad para ambos al momento de hablar de "negocios". El sonido de la puerta se hizo presente, Morana se levantó con calma... El sonido de los tacones se hizo notar al acercarse a la puerta. Abrió la puerta con calma. — Parece que alguien llega pronto. — Comentó con una tenue sonrisa, abriendo la puerta por completo y permitiendo el paso a su "invitado".
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  • —Escribe en tu libro cómo el agua de la lluvia gotea de los brazos de esta mujer y se mezcla con el sudor del mediodía. Quiero saber si ese rastro de humedad la hace sentir sucia o si es la prueba más pura de que está viva y presente.—
    Comenta ladeando la cabeza, sus ojos rojos fijos en la ventana sellada que la protege del exterior.
    —Escribe en tu libro cómo el agua de la lluvia gotea de los brazos de esta mujer y se mezcla con el sudor del mediodía. Quiero saber si ese rastro de humedad la hace sentir sucia o si es la prueba más pura de que está viva y presente.— Comenta ladeando la cabeza, sus ojos rojos fijos en la ventana sellada que la protege del exterior.
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  • El vapor del té se eleva entre los dos, cargado de un aroma a bergamota que ella sirve con la precisión de un autómata de porcelana. Te dedica una sonrisa mansa, ladeando la cabeza con esa quietud de las estatuas que adornan los pasillos

    —Me han dicho que tu pluma es capaz de crear mundos —dice, y sus ojos rojos te recorren con una transparencia tan limpia que resulta ilegible.

    No hay rastro de colmillos en su gesto. Sus dedos largos dejan la tetera sobre la mesa sin producir el más mínimo tintineo.

    —Padezco de una vigilia que no cede. Me pregunto si podrías inventar un remedio para mí.

    Se detiene un segundo, sosteniendo la taza con ambas manos mientras el calor empaña sus pestañas. Su mirada se fija en la tuya, manteniéndose imperturbable en su suavidad.

    —Háblame de una mujer de mi estirpe que pueda caminar bajo el mediodía sin arder. Cuéntame cómo es su rutina en un mundo que no conoce la guerra.

    Bebe un sorbo corto, manteniendo esa sonrisa de joya inútil, aguardando en un silencio absoluto a que el rastro de la tinta aparezca en el papel.
    El vapor del té se eleva entre los dos, cargado de un aroma a bergamota que ella sirve con la precisión de un autómata de porcelana. Te dedica una sonrisa mansa, ladeando la cabeza con esa quietud de las estatuas que adornan los pasillos —Me han dicho que tu pluma es capaz de crear mundos —dice, y sus ojos rojos te recorren con una transparencia tan limpia que resulta ilegible. No hay rastro de colmillos en su gesto. Sus dedos largos dejan la tetera sobre la mesa sin producir el más mínimo tintineo. —Padezco de una vigilia que no cede. Me pregunto si podrías inventar un remedio para mí. Se detiene un segundo, sosteniendo la taza con ambas manos mientras el calor empaña sus pestañas. Su mirada se fija en la tuya, manteniéndose imperturbable en su suavidad. —Háblame de una mujer de mi estirpe que pueda caminar bajo el mediodía sin arder. Cuéntame cómo es su rutina en un mundo que no conoce la guerra. Bebe un sorbo corto, manteniendo esa sonrisa de joya inútil, aguardando en un silencio absoluto a que el rastro de la tinta aparezca en el papel.
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  • El peligro no descansa
    Fandom Cualquiera
    Categoría Acción
    Aikaterine Ouro
    Serithra
    Dohanna Veythra Lili Queen Ishtar
    Elina Drakon

    En una gran aldea, los habitantes se encontraban descansando luego de dos noches de celebración, la aldean cumplía 200 años de existencia, y cómo tradición, suelen festejar a lo grande. Una aldea con al rededor de +15.000, sin embargo, en una noche que debería ser de paz, se convirtió en una noche de terror.
    El aullido feroz de lo que parecía ser a los ojos de los aldeanos, un Licántropo negro con cuernos demoníacos y ojos morados, expresando oscuridad, provocó que múltiples criaturas de aspecto aterrador, comenzaran a salir desde debajo de la tierra y atacaran sin piedad a los aldeanos, el ataque orquestado por Torcuart, uno de los Esbirros de La Princesa del Inframundo Judith Thompson. El Licántropo con poderes sobrenaturales, se encargaría de otro tipo de seres que intentarían estropear sus planes.

    Torcuart:
    — Huh... parece que hay gusanos intentando arruinarlo todo, muy bien, al menos tendré algo de acción y no me quedaré con los brazos cruzados! —

    Torcuart ha sentido la presencia de individuos no ordinarios que quieren detenerlo a él y a las criaturas demoníacas que trajo, ¿Podrán hacerlo?
    [Mercenary1x] [Sun_Goddess] [moon_energy_goddess] [Lili.Queen] [radiant_onyx_whale_635] En una gran aldea, los habitantes se encontraban descansando luego de dos noches de celebración, la aldean cumplía 200 años de existencia, y cómo tradición, suelen festejar a lo grande. Una aldea con al rededor de +15.000, sin embargo, en una noche que debería ser de paz, se convirtió en una noche de terror. El aullido feroz de lo que parecía ser a los ojos de los aldeanos, un Licántropo negro con cuernos demoníacos y ojos morados, expresando oscuridad, provocó que múltiples criaturas de aspecto aterrador, comenzaran a salir desde debajo de la tierra y atacaran sin piedad a los aldeanos, el ataque orquestado por Torcuart, uno de los Esbirros de La Princesa del Inframundo Judith Thompson. El Licántropo con poderes sobrenaturales, se encargaría de otro tipo de seres que intentarían estropear sus planes. Torcuart: — Huh... parece que hay gusanos intentando arruinarlo todo, muy bien, al menos tendré algo de acción y no me quedaré con los brazos cruzados! — Torcuart ha sentido la presencia de individuos no ordinarios que quieren detenerlo a él y a las criaturas demoníacas que trajo, ¿Podrán hacerlo?
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  • —Dicen que mientras más sudas en el entrenamiento, menos sangras en el campo de batalla. —

    —Lo que no te dicen es que van a haber veces en las que no importa lo mucho que entrenes, lo mucho que te esfuerces, lo mucho que sacrifiques: igual vas a terminar sobre un charco de sangre en el pavimento. O peor. —

    —Así es la vida, nada más, aceptar eso. Y si viene el fin que venga. Igual nadie te va a quitar lo bailado. —

    El cajero se queda mirando a Jason, parpadeando un par de veces.

    —Señor, esto es un Wendy's.—

    —...Ah, sí, entonces deme un cuarto de libra con queso.—
    —Dicen que mientras más sudas en el entrenamiento, menos sangras en el campo de batalla. — —Lo que no te dicen es que van a haber veces en las que no importa lo mucho que entrenes, lo mucho que te esfuerces, lo mucho que sacrifiques: igual vas a terminar sobre un charco de sangre en el pavimento. O peor. — —Así es la vida, nada más, aceptar eso. Y si viene el fin que venga. Igual nadie te va a quitar lo bailado. — El cajero se queda mirando a Jason, parpadeando un par de veces. —Señor, esto es un Wendy's.— —...Ah, sí, entonces deme un cuarto de libra con queso.—
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