• ℍ𝕖'𝕤 𝕓𝕒𝕔𝕜!
    Fandom N/A
    Categoría Fantasía
    El Tartaro… un sitio ubicado en un punto mucho más profundo en el inframundo que el mismo Hades gobernaba con justicia y compasión. Un sitio inundado en las tinieblas, el cual se hallaban los más infames criminales contra los dioses y los más peligrosos. Unos cuantos mortales fueron arrojados ahí, condenando su alma al encierro eterno, sin la posibilidad de reencarnar. De hecho, las almas mortales se desvanecen y se vuelven parte de la oscuridad misma, ese era el olvido eterno.

    Una prisión más adecuada para los dioses, de los cuales la mayoría de la primera generación de dioses quedó encerrada: los Titanes. Ahí, se resguardaban bajo cadenas del mismo lugar aquel rey de los Titanes pasaba las horas meditando, imaginando, pensando e ideando alguna manera de poder salir de la prisión de sus hijos que, amargamente le condenaron. Varios intentos había ya realizado para salir, pero todos y cada uno de ellos se vieron frustrados gracias a los sellos del mismo Zeus y Hades, quien éste último se tomaba su tiempo para hacerlo retroceder y encadenarlo nuevamente en cada ocasión que aquel prisionero buscaba liberar sus ataduras.

    Aún encerrado, su voluntad y su conciencia lograban filtrarse al mundo superior para poder seguir influyendo en el tiempo, las cosechas y demás eventos. Tan sólo era una fracción de su ser, su esencia, era capaz de manifestarse en el mundo físico, ya que las restricciones eran bastante severas. En uno de sus caminos a la superficie lo vió…

    Aquel hombrecillo que pereció en aquella pirámide durante los eventos de la Guerra por el Códex y la Profecía. Ahí estaba, en el oscuro vacío sin rumbo y sin ánimos de escapar, lentamente su alma se disolvía en la profundidad del vacío, en la inmensidad de la oscuridad del Tártaro. Había fallado a los designios de otros seres supremos, pero también le había generado cierto entretenimiento, pues a pesar de estar encerrado, pudo ver y escuchar cada uno de los momentos que aquel hombre tuvo en su proyecto donde casi se vuelve exitoso su intento por devolver el mundo a los dioses.

    —Oye, despierta… oye, aún no caigas en el sueño eterno…— Vociferó al hombre que cuya figura en su alma se desvanecía lentamente.

    —... tus intentos han sido inútiles, pero entretenidos. Osiris no debió matar a alguien tan útil como tú…—

    🜏 ☿ ♅ ♆ ♄ Dʀ Jᴏʜɴ Dᴇᴇ 0̷0̷7̷ ♄ ♆ ♅ ☿ 🜏
    El Tartaro… un sitio ubicado en un punto mucho más profundo en el inframundo que el mismo Hades gobernaba con justicia y compasión. Un sitio inundado en las tinieblas, el cual se hallaban los más infames criminales contra los dioses y los más peligrosos. Unos cuantos mortales fueron arrojados ahí, condenando su alma al encierro eterno, sin la posibilidad de reencarnar. De hecho, las almas mortales se desvanecen y se vuelven parte de la oscuridad misma, ese era el olvido eterno. Una prisión más adecuada para los dioses, de los cuales la mayoría de la primera generación de dioses quedó encerrada: los Titanes. Ahí, se resguardaban bajo cadenas del mismo lugar aquel rey de los Titanes pasaba las horas meditando, imaginando, pensando e ideando alguna manera de poder salir de la prisión de sus hijos que, amargamente le condenaron. Varios intentos había ya realizado para salir, pero todos y cada uno de ellos se vieron frustrados gracias a los sellos del mismo Zeus y Hades, quien éste último se tomaba su tiempo para hacerlo retroceder y encadenarlo nuevamente en cada ocasión que aquel prisionero buscaba liberar sus ataduras. Aún encerrado, su voluntad y su conciencia lograban filtrarse al mundo superior para poder seguir influyendo en el tiempo, las cosechas y demás eventos. Tan sólo era una fracción de su ser, su esencia, era capaz de manifestarse en el mundo físico, ya que las restricciones eran bastante severas. En uno de sus caminos a la superficie lo vió… Aquel hombrecillo que pereció en aquella pirámide durante los eventos de la Guerra por el Códex y la Profecía. Ahí estaba, en el oscuro vacío sin rumbo y sin ánimos de escapar, lentamente su alma se disolvía en la profundidad del vacío, en la inmensidad de la oscuridad del Tártaro. Había fallado a los designios de otros seres supremos, pero también le había generado cierto entretenimiento, pues a pesar de estar encerrado, pudo ver y escuchar cada uno de los momentos que aquel hombre tuvo en su proyecto donde casi se vuelve exitoso su intento por devolver el mundo a los dioses. —Oye, despierta… oye, aún no caigas en el sueño eterno…— Vociferó al hombre que cuya figura en su alma se desvanecía lentamente. —... tus intentos han sido inútiles, pero entretenidos. Osiris no debió matar a alguien tan útil como tú…— [JD_007]
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    Cualquier línea
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  • ── A veces el brillo de este mundo me parece una burla cruel frente a la penumbra que llevo dentro...

    Pero... Aún en este abismo, he notado algo.

    Hay acciones sencillas que hacen la diferencia; pequeñas luces que parpadean en la oscurida ; son palabras que para algunos suenan insulsas, ecos vacíos en el viento, pero para otros... para los que estamos a punto de dejarnos caer al vacío definitivo, son la diferencia entre desaparecer y seguir insistiendo en que la vida no está del todo perdida.

    Es extraño que un caído como yo lo diga, pero incluso en las cenizas, a veces se siente un poco de calor. ──
    ── A veces el brillo de este mundo me parece una burla cruel frente a la penumbra que llevo dentro... Pero... Aún en este abismo, he notado algo. Hay acciones sencillas que hacen la diferencia; pequeñas luces que parpadean en la oscurida ; son palabras que para algunos suenan insulsas, ecos vacíos en el viento, pero para otros... para los que estamos a punto de dejarnos caer al vacío definitivo, son la diferencia entre desaparecer y seguir insistiendo en que la vida no está del todo perdida. Es extraño que un caído como yo lo diga, pero incluso en las cenizas, a veces se siente un poco de calor. ──
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    **Bienvenido a Crónicas de la Familia Queen**

    Esta página está dedicada a recopilar y organizar el lore de un mundo nacido desde el Desbordamiento primordial, donde el origen de la existencia, el caos y el paso del tiempo dan forma a múltiples eras y realidades.

    Aquí encontrarás un recorrido de los inicios de la familia Queen, hasta los eventos más recientes que rodean.

    El contenido se presenta en forma de:

    * Fragmentos de historia y acontecimientos importantes

    * Pequeños relatos basados en roles que expanden el desarrollo de los personajes

    * Información sobre el linaje, conflictos y evolución de la familia Queen

    No es necesario conocer todo desde el inicio. Puedes explorar cada publicación como una pieza independiente de un todo más grande.

    Estas crónicas no solo narran lo que ocurrió… sino cómo el legado del origen sigue influyendo en quienes lo heredaron.
    **Bienvenido a Crónicas de la Familia Queen** Esta página está dedicada a recopilar y organizar el lore de un mundo nacido desde el Desbordamiento primordial, donde el origen de la existencia, el caos y el paso del tiempo dan forma a múltiples eras y realidades. Aquí encontrarás un recorrido de los inicios de la familia Queen, hasta los eventos más recientes que rodean. El contenido se presenta en forma de: * Fragmentos de historia y acontecimientos importantes * Pequeños relatos basados en roles que expanden el desarrollo de los personajes * Información sobre el linaje, conflictos y evolución de la familia Queen No es necesario conocer todo desde el inicio. Puedes explorar cada publicación como una pieza independiente de un todo más grande. Estas crónicas no solo narran lo que ocurrió… sino cómo el legado del origen sigue influyendo en quienes lo heredaron.
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  • Las pesadas puertas del gran salón se cerraron tras el anuncio de la llegada de la reina al lugar. Elizabeth quien hace unos minutos había sufrido por el esfuerzo de vendarse sus heridas recién tratadas, ahora caminaba erguida como si el dolor no acuchillara su costado en cada paso. Al entrar, quedó claro que su llegada había interrumpido una acalorada discusión, y no tardó en descifrar el motivo

    ​—Es una imprudencia —dijo Sigurd al resto del séquito, golpeando suavemente la mesa de madera tallada— Los rumores vuelan rápido... Dicen que hace milagros, que cura lo incurable. Si el Rey del Norte llega a escuchar que ocultamos a un ser con semejante poder, lo tomará como una provocación de guerra o, peor aún, como un arma que le estamos robando.
    ​Elizabeth, cuya figura destacaba bajo la luz de los vitrales, cruzó sus brazos con calma. Sus ojos rojos recorrieron la mesa, silenciando los murmullos con una sola mirada.

    ​—El pueblo no es tonto —continuó otro consejero—. Su apariencia ya es un factor demasiado llamativo. Hay aldeanos, bueno... mas aldeanas que aldeanos, que llevan horas apostadas en las grandes puertas, ignorando sus labores solo para intentar verle el rostro. No podemos tenerlo en el castillo. Es un riesgo político que no podemos permitirnos. Debe irse, y debe hacerlo antes del amanecer.

    ​✴ ─ El extranjero se queda —la voz de Elizabeth cortó el aire como una hoja de acero.

    ​Un silencio sepulcral cayó sobre la sala. Elizabeth dio un paso al frente, y apoyo ambas manos en el mesón su presencia llenó el espacio con una autoridad que no admitía réplicas.

    ​✴ ─ Se ha ganado el derecho de ser hospedado en estos muros —declaró ella con firmeza—
    ​Se acercó a la ventana que daba al patio principal, observando las siluetas de los aldeanos a lo lejos.

    ​✴ ─Mantendremos el secreto a puertas cerradas. Refuercen la guardia en las alas privadas y asegúrense de que nadie, absolutamente nadie externo al consejo, vuelva a verlo. Su apariencia podrá ser inusual, pero mientras esté dentro de estos muros, es un asunto de la corona. Si el Rey del Norte quiere respuestas, tendrá que pedírmelas a mí directamente.

    La reina había hablado, pero el consejo real no compartía su decisión. Sabían que el sanador no era un simple huésped, era un peligro latente para todo Brattvåg.

    ──────────
    Continuación de https://ficrol.com/posts/359883
    Las pesadas puertas del gran salón se cerraron tras el anuncio de la llegada de la reina al lugar. Elizabeth quien hace unos minutos había sufrido por el esfuerzo de vendarse sus heridas recién tratadas, ahora caminaba erguida como si el dolor no acuchillara su costado en cada paso. Al entrar, quedó claro que su llegada había interrumpido una acalorada discusión, y no tardó en descifrar el motivo ​—Es una imprudencia —dijo Sigurd al resto del séquito, golpeando suavemente la mesa de madera tallada— Los rumores vuelan rápido... Dicen que hace milagros, que cura lo incurable. Si el Rey del Norte llega a escuchar que ocultamos a un ser con semejante poder, lo tomará como una provocación de guerra o, peor aún, como un arma que le estamos robando. ​Elizabeth, cuya figura destacaba bajo la luz de los vitrales, cruzó sus brazos con calma. Sus ojos rojos recorrieron la mesa, silenciando los murmullos con una sola mirada. ​—El pueblo no es tonto —continuó otro consejero—. Su apariencia ya es un factor demasiado llamativo. Hay aldeanos, bueno... mas aldeanas que aldeanos, que llevan horas apostadas en las grandes puertas, ignorando sus labores solo para intentar verle el rostro. No podemos tenerlo en el castillo. Es un riesgo político que no podemos permitirnos. Debe irse, y debe hacerlo antes del amanecer. ​✴ ─ El extranjero se queda —la voz de Elizabeth cortó el aire como una hoja de acero. ​Un silencio sepulcral cayó sobre la sala. Elizabeth dio un paso al frente, y apoyo ambas manos en el mesón su presencia llenó el espacio con una autoridad que no admitía réplicas. ​✴ ─ Se ha ganado el derecho de ser hospedado en estos muros —declaró ella con firmeza— ​Se acercó a la ventana que daba al patio principal, observando las siluetas de los aldeanos a lo lejos. ​✴ ─Mantendremos el secreto a puertas cerradas. Refuercen la guardia en las alas privadas y asegúrense de que nadie, absolutamente nadie externo al consejo, vuelva a verlo. Su apariencia podrá ser inusual, pero mientras esté dentro de estos muros, es un asunto de la corona. Si el Rey del Norte quiere respuestas, tendrá que pedírmelas a mí directamente. La reina había hablado, pero el consejo real no compartía su decisión. Sabían que el sanador no era un simple huésped, era un peligro latente para todo Brattvåg. ────────── Continuación de https://ficrol.com/posts/359883
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  • —AYUDA¡ LOS PATOS ME RODEAN, ¡QUIEREN COMER MI ALMA!
    *dijo el conejo alienígena mientras una orda de patos asesinos lo rodeaban, emanando sed de sangre*
    —AAAAA¡ CORRE PERRA, CORRE¡-
    *Mort salió corriendo del lugar mientras el ejército de patos lo seguían, esto era la venganza de los patos*
    —AYUDA¡ LOS PATOS ME RODEAN, ¡QUIEREN COMER MI ALMA! *dijo el conejo alienígena mientras una orda de patos asesinos lo rodeaban, emanando sed de sangre* —AAAAA¡ CORRE PERRA, CORRE¡- *Mort salió corriendo del lugar mientras el ejército de patos lo seguían, esto era la venganza de los patos*
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  • ☩ PRÓLOGO ☩

    Antes de que los nombres fueran registrados,
    antes de que las historias fueran contadas…

    existían aquellos cuya sola existencia moldeaba el mundo.

    Este códice no es un simple compendio.
    No es una recopilación de datos, ni una crónica común.

    Es un registro de poder.

    Aquí se recogen las entidades, linajes y figuras que han definido, alterado y sostenido la estructura misma de su realidad. Cada nombre inscrito en estas páginas no representa únicamente a un individuo, sino a una fuerza, a una voluntad y a una presencia cuya influencia trasciende el tiempo, el espacio y la percepción ordinaria.

    Las páginas que siguen no deben interpretarse como relatos aislados,
    sino como fragmentos de un sistema mayor.

    Un sistema donde el poder no siempre se impone,
    donde la voluntad no siempre se declara,
    y donde el control rara vez es visible.

    Este códice existe con un propósito claro:

    Registrar.
    Definir.
    Preservar.

    Porque aquello que no se registra…
    se pierde.

    Y aquello que se pierde…
    deja de influir.

    Cada ficha contenida en este documento responde a una estructura precisa: historia, forma, naturaleza, poder e influencia. No como elementos independientes, sino como partes de un todo que permite comprender la verdadera magnitud de cada entidad.

    No todos los nombres aquí recogidos son iguales.
    No todos los poderes son comparables.

    Pero todos comparten una verdad:

    Han dejado huella.

    Y en muchos casos…
    siguen haciéndolo.

    Este códice no juzga.
    No glorifica.
    No condena.

    Solo expone.

    Y al hacerlo, revela una realidad que muchos no perciben:

    El mundo no pertenece a quienes lo habitan…
    sino a quienes lo moldean.
    ☩ PRÓLOGO ☩ Antes de que los nombres fueran registrados, antes de que las historias fueran contadas… existían aquellos cuya sola existencia moldeaba el mundo. Este códice no es un simple compendio. No es una recopilación de datos, ni una crónica común. Es un registro de poder. Aquí se recogen las entidades, linajes y figuras que han definido, alterado y sostenido la estructura misma de su realidad. Cada nombre inscrito en estas páginas no representa únicamente a un individuo, sino a una fuerza, a una voluntad y a una presencia cuya influencia trasciende el tiempo, el espacio y la percepción ordinaria. Las páginas que siguen no deben interpretarse como relatos aislados, sino como fragmentos de un sistema mayor. Un sistema donde el poder no siempre se impone, donde la voluntad no siempre se declara, y donde el control rara vez es visible. Este códice existe con un propósito claro: Registrar. Definir. Preservar. Porque aquello que no se registra… se pierde. Y aquello que se pierde… deja de influir. Cada ficha contenida en este documento responde a una estructura precisa: historia, forma, naturaleza, poder e influencia. No como elementos independientes, sino como partes de un todo que permite comprender la verdadera magnitud de cada entidad. No todos los nombres aquí recogidos son iguales. No todos los poderes son comparables. Pero todos comparten una verdad: Han dejado huella. Y en muchos casos… siguen haciéndolo. Este códice no juzga. No glorifica. No condena. Solo expone. Y al hacerlo, revela una realidad que muchos no perciben: El mundo no pertenece a quienes lo habitan… sino a quienes lo moldean.
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  • Perversos pensamientos rodean mi aturdida cabeza.
    Estoy dando vueltas.
    ¿Qué tan rápido puede desplomarse el sol?






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    Perversos pensamientos rodean mi aturdida cabeza. Estoy dando vueltas. ¿Qué tan rápido puede desplomarse el sol? [Megara real versión]
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  • Aquello se le hace bola. Nunca ha sido bueno con esos temas, y no iba a empezar a serlo ahora, pero que no fuera bueno expresándose no implica que no lo sienta, que no quiera, que no le importen las personas que le rodean, y ese día tan solo hay una persona que se le viene a la cabeza cuando piensa en la figura paterna mas fuerte que ha tenido en su vida.

    Por esa razón ese día se traga sus reticencias y algo incomodo se acerca hasta Bobby Singer palmeando su espalda para acercarse hasta él y darle un abrazo.

    — Feliz día, Bobby...
    Aquello se le hace bola. Nunca ha sido bueno con esos temas, y no iba a empezar a serlo ahora, pero que no fuera bueno expresándose no implica que no lo sienta, que no quiera, que no le importen las personas que le rodean, y ese día tan solo hay una persona que se le viene a la cabeza cuando piensa en la figura paterna mas fuerte que ha tenido en su vida. Por esa razón ese día se traga sus reticencias y algo incomodo se acerca hasta [Y0UAREIDJITS] palmeando su espalda para acercarse hasta él y darle un abrazo. — Feliz día, Bobby...
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  • Con un movimiento lento y doloroso, se apartó el cabello de los hombros, dejando que cayera hacia un lado para observar su reflejo en el espejo de bronce, su espalda era un mapa de guerra.

    A las viejas cicatrices blancas, marcas de años de vagar como guerrera, se sumaban ahora las heridas frescas de la última emboscada...El Rey del Norte no había tenido piedad, sus hombres habían entrado por la puerta principal, aprovechando el hueco que ella misma había dejado al enviar a sus mejores escoltas a proteger a un simple aldeano en el río.

    ​Elizabeth cerró los ojos un segundo, y el sonido de los gritos volvió a su mente. El fuego, el olor a hierro y sangre, y el peso de su espada cortando el aire para forzar una retirada que llegó demasiado tarde.

    ​Al fondo del reflejo, la penumbra de la habitación revelaba una figura inmóvil sobre su cama, Milenka.
    ​La arquera, siempre tan ágil y llena de vida, yacía ahora bajo capas de lino manchadas de ungüentos. Elizabeth se giró lentamente, ignorando el pinchazo de sus propias heridas, y caminó hacia ella, se sentó en el borde de la cama, tomando un paño húmedo para limpiar la frente sudorosa de su compañera

    ✴ ​—Milenka —susurró Elizabeth, su voz apenas un hilo quebrado en el silencio—. Por un balde de agua perdimos a diez hombres. Por mi compasión, casi te pierdo a ti.

    ​Elizabeth pasó los dedos cerca de la herida vendada de su protegida, sin atreverse a tocarla.
    En el pueblo, la llamaban la Reina Escarlata, la líder que los sacó de la tiranía, pero en esa habitación, bajo el peso del saqueo y el lamento de las viudas que aún se escuchaba afuera, se sentía solo como una sombra.

    ✴​ —Sigurd dice que las decisiones no son buenas o malas, sino necesarias —continuó, más para sí misma que para la mujer inconsciente—. Pero Gunnar tiene razón... el Norte no perdona los errores de juicio. ¿Soy realmente una líder, o solo una guerrera que está arrastrando a todos a su propia tumba?

    ​Una lágrima solitaria recorrió su mejilla, pasando justo por encima de la cicatriz de su ojo derecho, antes de caer sobre su mano curtida. Elizabeth no se la limpió. Se quedó allí, vigilando el pulso débil de Milenka.

    El silencio de la habitación se rompió con el eco de unas botas pesadas contra la piedra.
    ​Elizabeth no se giró, sabía a quien pertenecían esos pasos.
    Siguió con el paño en la mano, recorriendo la frente de Milenka, aunque sintió la mirada del veterano clavada en las heridas abiertas de su propia espalda.

    ​Gunnar se acercó a la mesa de madera, dejando su hacha con un golpe seco que hizo tintinear los frascos de ungüentos. Su rostro, surcado por mil batallas, estaba inusualmente serio.

    ​—El pueblo está... de pie —dijo, cruzando sus brazos macizos—. Hemos contado doce bajas civiles. Los graneros del ala este fueron saqueados, se llevaron la mitad de la reserva de grano. Pero los hombres están limpiando la sangre de la entrada. No hay llantos, Elizabeth. Hay silencio. Y el silencio en Brattvåg suele preceder a la sed de venganza.
    ​Elizabeth bajó la cabeza, su cabello rojo ocultaba su rostro.

    ✴ ​—Fue mi culpa Gunnar. Desprotegí la puerta por un capricho de compasión. Milenka está ahí por mi culpa.

    ​Gunnar soltó un bufido de desdén y se acercó dos pasos, obligándola a mirarlo.

    ​— Escúchame bien. Enviaste escoltas porque este pueblo cree que su vida vale algo bajo tu mando. Si dejas que mueran de sed por miedo al Norte, no eres una líder, eres otra tirana —el veterano señaló hacia la ventana, donde las fogatas de vigilancia ya se encendían—. Cometiste un error de táctica, no de corazón. Ahora, deja de lamerte las heridas y decide qué sigue.

    ​Elizabeth apretó el paño con fuerza.

    ✴ ​—¿Qué sugieres? Sigurd dirá que racionemos lo que queda y nos encerremos.

    ​— Sigurd cuenta granos, yo cuento hachas —replicó Gunnar con una chispa de fuego en los ojos—. Si nos encerramos, el Rey del Norte sabrá que nos ha quebrado, propongo enviar una patrulla de rastreo. No para atacar su fortaleza, sino para recuperar lo que es nuestro... Necesitamos reforzar la puerta principal con empalizadas de piedra, no solo madera.

    ​Gunnar se quedó esperando, su presencia masiva llenando el hueco que la duda de Elizabeth había dejado.

    ​—Tú eres la Llama, Elizabeth. Si tú te apagas en esta habitación, el pueblo se congela esta misma noche. ¿Qué órdenes vas a dar?
    Con un movimiento lento y doloroso, se apartó el cabello de los hombros, dejando que cayera hacia un lado para observar su reflejo en el espejo de bronce, su espalda era un mapa de guerra. A las viejas cicatrices blancas, marcas de años de vagar como guerrera, se sumaban ahora las heridas frescas de la última emboscada...El Rey del Norte no había tenido piedad, sus hombres habían entrado por la puerta principal, aprovechando el hueco que ella misma había dejado al enviar a sus mejores escoltas a proteger a un simple aldeano en el río. ​Elizabeth cerró los ojos un segundo, y el sonido de los gritos volvió a su mente. El fuego, el olor a hierro y sangre, y el peso de su espada cortando el aire para forzar una retirada que llegó demasiado tarde. ​Al fondo del reflejo, la penumbra de la habitación revelaba una figura inmóvil sobre su cama, Milenka. ​La arquera, siempre tan ágil y llena de vida, yacía ahora bajo capas de lino manchadas de ungüentos. Elizabeth se giró lentamente, ignorando el pinchazo de sus propias heridas, y caminó hacia ella, se sentó en el borde de la cama, tomando un paño húmedo para limpiar la frente sudorosa de su compañera ✴ ​—Milenka —susurró Elizabeth, su voz apenas un hilo quebrado en el silencio—. Por un balde de agua perdimos a diez hombres. Por mi compasión, casi te pierdo a ti. ​Elizabeth pasó los dedos cerca de la herida vendada de su protegida, sin atreverse a tocarla. En el pueblo, la llamaban la Reina Escarlata, la líder que los sacó de la tiranía, pero en esa habitación, bajo el peso del saqueo y el lamento de las viudas que aún se escuchaba afuera, se sentía solo como una sombra. ✴​ —Sigurd dice que las decisiones no son buenas o malas, sino necesarias —continuó, más para sí misma que para la mujer inconsciente—. Pero Gunnar tiene razón... el Norte no perdona los errores de juicio. ¿Soy realmente una líder, o solo una guerrera que está arrastrando a todos a su propia tumba? ​Una lágrima solitaria recorrió su mejilla, pasando justo por encima de la cicatriz de su ojo derecho, antes de caer sobre su mano curtida. Elizabeth no se la limpió. Se quedó allí, vigilando el pulso débil de Milenka. El silencio de la habitación se rompió con el eco de unas botas pesadas contra la piedra. ​Elizabeth no se giró, sabía a quien pertenecían esos pasos. Siguió con el paño en la mano, recorriendo la frente de Milenka, aunque sintió la mirada del veterano clavada en las heridas abiertas de su propia espalda. ​Gunnar se acercó a la mesa de madera, dejando su hacha con un golpe seco que hizo tintinear los frascos de ungüentos. Su rostro, surcado por mil batallas, estaba inusualmente serio. ​—El pueblo está... de pie —dijo, cruzando sus brazos macizos—. Hemos contado doce bajas civiles. Los graneros del ala este fueron saqueados, se llevaron la mitad de la reserva de grano. Pero los hombres están limpiando la sangre de la entrada. No hay llantos, Elizabeth. Hay silencio. Y el silencio en Brattvåg suele preceder a la sed de venganza. ​Elizabeth bajó la cabeza, su cabello rojo ocultaba su rostro. ✴ ​—Fue mi culpa Gunnar. Desprotegí la puerta por un capricho de compasión. Milenka está ahí por mi culpa. ​Gunnar soltó un bufido de desdén y se acercó dos pasos, obligándola a mirarlo. ​— Escúchame bien. Enviaste escoltas porque este pueblo cree que su vida vale algo bajo tu mando. Si dejas que mueran de sed por miedo al Norte, no eres una líder, eres otra tirana —el veterano señaló hacia la ventana, donde las fogatas de vigilancia ya se encendían—. Cometiste un error de táctica, no de corazón. Ahora, deja de lamerte las heridas y decide qué sigue. ​Elizabeth apretó el paño con fuerza. ✴ ​—¿Qué sugieres? Sigurd dirá que racionemos lo que queda y nos encerremos. ​— Sigurd cuenta granos, yo cuento hachas —replicó Gunnar con una chispa de fuego en los ojos—. Si nos encerramos, el Rey del Norte sabrá que nos ha quebrado, propongo enviar una patrulla de rastreo. No para atacar su fortaleza, sino para recuperar lo que es nuestro... Necesitamos reforzar la puerta principal con empalizadas de piedra, no solo madera. ​Gunnar se quedó esperando, su presencia masiva llenando el hueco que la duda de Elizabeth había dejado. ​—Tú eres la Llama, Elizabeth. Si tú te apagas en esta habitación, el pueblo se congela esta misma noche. ¿Qué órdenes vas a dar?
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  • Los días pasan igual que la vidas humanas..
    - Mientras una pequeña brisa entro por la ventana rodeando a la joven moviendo su cabello plateado y deshaciendo los dientes de león que tiene en sus manos generando que flotaran en el aire como pequeño paracaídas -

    Tan frágiles pero tan hermosas..
    Cambiantes cuando el entorno así lo indica..
    Viajan trayectorias largas para cumplir su meta..
    Y yo los acompaño durante toda su vida...
    En esta y en la otra..
    Los días pasan igual que la vidas humanas.. - Mientras una pequeña brisa entro por la ventana rodeando a la joven moviendo su cabello plateado y deshaciendo los dientes de león que tiene en sus manos generando que flotaran en el aire como pequeño paracaídas - Tan frágiles pero tan hermosas.. Cambiantes cuando el entorno así lo indica.. Viajan trayectorias largas para cumplir su meta.. Y yo los acompaño durante toda su vida... En esta y en la otra..
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