• ❛‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ 𝑨𝑼: 𝑫𝑨𝑹𝑲 𝑭𝑨𝑵𝑻𝑨𝑺𝒀/𝑺𝑶𝑼𝑳𝑺𝑩𝑶𝑹𝑵𝑬



    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝𝑂𝑛 𝑡𝘩𝑒 𝑓𝑜𝑜𝑡𝑠𝑡𝑒𝑝𝑠 𝑡𝘩𝑎𝑡 𝑤𝑒𝑟𝑒 𝑛𝑒𝑣𝑒𝑟 𝑓𝑜𝑢𝑛𝑑❞

    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎



    ‎❛ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ Los ancianos de Vargfjall contaban que los Vaeltaja no temían a la oscuridad. La conocían demasiado bien para desperdiciar el esfuerzo temiéndola.

    Cuando los caminos desaparecían bajo la nieve y las campanas de las aldeas dejaban de sonar una a una, aquellas figuras de hierro negro abandonaban sus fortalezas. No marchaban en grupos, tampoco llevaban estandartes, no pronunciaban juramentos antes de partir. Simplemente aparecían donde otros hombres se negaban a poner un pie. Una luz solitaria moviéndose entre la tormenta.

    Los niños se escondían al verlos pasar, los adultos bajaban la mirada; nadie celebraba su llegada, aunque todos dormían mejor cuando sabían que uno de ellos se encontraba cerca. Porque el mundo había aprendido una verdad incómoda de aceptar: los Vaeltaja siempre llegaban donde algo terrible estaba ocurriendo, y rara vez regresaban siendo los mismos.

    Entre todas las reliquias que portaban existía una especialmente extraña. Una lámpara alimentada por antiguos sellos cuya llama no producía calor ni humo. Su luz era pálida, un azul casi enfermizo, pero podía atravesar nieblas que apagaban cualquier antorcha. Los sacerdotes afirmaban que revelaba senderos ocultos. Los eruditos insistían en que se trataba de una forma olvidada de hechicería; pero los Vaeltaja nunca ofrecieron explicación alguna.

    𝘘𝘶𝘪𝘻𝘢́ 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘷𝘦𝘳𝘥𝘢𝘥 𝘳𝘦𝘴𝘶𝘭𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘮𝘦𝘯𝘰𝘴 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘯𝘧𝘰𝘳𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦.

    Existe un relato de un joven caballero que preguntó por qué seguían cargando aquellas lámparas si la mayoría de ellos podía orientarse incluso en completa oscuridad. Su maestro observó el sello ardiendo durante un largo rato, en silencio. La luz danzaba lánguida sobre el hierro ennegrecido de sus guanteletes, reflejándose en las cicatrices que cruzaban sus manos.

    —𝑃𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑡𝑜𝑑𝑎 𝑜𝑠𝑐𝑢𝑟𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑚𝑎𝑛𝑒𝑐𝑒𝑟 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑑𝑎 —respondió el hombre.

    El joven creyó que se trataba de una metáfora. Los jóvenes suelen creer eso, y confunden sabiduría con poesía.

    Años después fue enviado más allá de los últimos caminos conocidos, a una región donde los bosques crecían sobre ciudades olvidadas y ruinas que se hundían lentamente bajo raíces negras. Allí encontró aldeas vacías, mesas preparadas para personas que jamás regresarían y cunas meciéndose en habitaciones donde no quedaba nadie a quien dormir.

    Cada noche escuchaba pasos detrás de él. Jamás delante, siempre atrás y a la misma distancia. Esperando.

    Intentó ignorarlos durante días. Luego durante semanas, y cuando finalmente reunió el valor para girarse, no encontró nada. Sólo árboles inmóviles y niebla. Sin embargo, al amanecer descubría huellas rodeando su campamento. Demasiado grandes para un hombre y demasiado humanas para una bestia.

    Y aún así continuó avanzando. Porque esa era la tragedia de los Vaeltaja; no eran héroes. Los héroes tienen la posibilidad de regresar. Ellos tenían la obligación de seguir caminando.

    Décadas más tarde volvió a Vargfjall. El cabello se había vuelto gris bajo el casco y la lámpara seguía ardiendo exactamente igual que el primer día. Los pocos hermanos que aún permanecían con vida preguntaron qué había encontrado en aquellas tierras. El hombre permaneció largo rato observando la llama, inmóvil.

    Luego respondió:

    —𝐿𝑎 𝑜𝑠𝑐𝑢𝑟𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑛𝑜 𝑠𝑖𝑒𝑚𝑝𝑟𝑒 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑑𝑒𝑣𝑜𝑟𝑎𝑟𝑛𝑜𝑠.

    Nadie habló. La lámpara continuó brillando entre sus manos.

    —𝐴 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑠𝑜𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑎𝑐𝑜𝑚𝑝𝑎𝑛̃𝑒.

    Jamás explicó qué significaban aquellas palabras. Jamás volvió a abandonar la fortaleza. Y cuando murió, encontraron la lámpara todavía encendida junto a su cuerpo, aunque el sello que la alimentaba se había consumido hacía años. Desde entonces, cuando los viajeros ven una luz solitaria moviéndose entre los bosques durante la noche, procuran no seguirla.

    No por miedo al Vaeltaja, sino porque existe una vieja creencia en Vargfjall:

    𝑆𝑖 𝑢𝑛𝑎 𝑙𝑢𝑧 𝑠𝑒 𝑑𝑒𝑡𝑖𝑒𝑛𝑒 𝑦 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑜𝑛𝑑𝑒 𝑎 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑎𝑠𝑜𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑠𝑖𝑔𝑢𝑒𝑛, 𝑙𝑎 𝑜𝑠𝑐𝑢𝑟𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑓𝑖𝑛𝑎𝑙𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑟𝑒𝑐𝑜𝑟𝑑𝑎𝑟𝑎́ 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑙𝑒𝑣𝑎 𝑠𝑖𝑔𝑙𝑜𝑠 𝑐𝑎𝑚𝑖𝑛𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑠𝑜𝑙𝑎. 𝑌 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑛𝑎𝑠 𝑐𝑜𝑠𝑎𝑠, 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑛 𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑟 𝑠𝑜𝑙𝑎𝑠, 𝑦𝑎 𝑛𝑜 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑎𝑛 𝑣𝑜𝑙𝑣𝑒𝑟 𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑒𝑟𝑠𝑒.


    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᛋᚢᛘᛁᛦ ᛋᛅᚴᛁᛅ ᛅᛏ ᚼᛅᚾ ᚠᛅᚾ ᛋᚴᚢᚴᛅ ᛋᛁᚾ
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᛅᚦᛁᛦ ᛅᛏ ᛋᚴᚢᚴᛁᚾ ᚠᛅᚾ ᚼᛅᚾ ᚠᛁᚱᛋᛏ
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎❝𝘚𝘰𝘮𝘦 𝘴𝘢𝘺 𝘩𝘦 𝘧𝘰𝘶𝘯𝘥 𝘩𝘪𝘴 𝘴𝘩𝘢𝘥𝘰𝘸. 𝘖𝘵𝘩𝘦𝘳𝘴 𝘴𝘢𝘺 𝘵𝘩𝘦 𝘴𝘩𝘢𝘥𝘰𝘸 𝘧𝘰𝘶𝘯𝘥 𝘩𝘪𝘮 𝘧𝘪𝘳𝘴𝘵❞



    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᚦᛦ


    ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❛‎ ‎ https://youtu.be/bLVJ5SdGCes
    ❛‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ 𝑨𝑼: 𝑫𝑨𝑹𝑲 𝑭𝑨𝑵𝑻𝑨𝑺𝒀/𝑺𝑶𝑼𝑳𝑺𝑩𝑶𝑹𝑵𝑬 ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝𝑂𝑛 𝑡𝘩𝑒 𝑓𝑜𝑜𝑡𝑠𝑡𝑒𝑝𝑠 𝑡𝘩𝑎𝑡 𝑤𝑒𝑟𝑒 𝑛𝑒𝑣𝑒𝑟 𝑓𝑜𝑢𝑛𝑑❞ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❛ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ Los ancianos de Vargfjall contaban que los Vaeltaja no temían a la oscuridad. La conocían demasiado bien para desperdiciar el esfuerzo temiéndola. Cuando los caminos desaparecían bajo la nieve y las campanas de las aldeas dejaban de sonar una a una, aquellas figuras de hierro negro abandonaban sus fortalezas. No marchaban en grupos, tampoco llevaban estandartes, no pronunciaban juramentos antes de partir. Simplemente aparecían donde otros hombres se negaban a poner un pie. Una luz solitaria moviéndose entre la tormenta. Los niños se escondían al verlos pasar, los adultos bajaban la mirada; nadie celebraba su llegada, aunque todos dormían mejor cuando sabían que uno de ellos se encontraba cerca. Porque el mundo había aprendido una verdad incómoda de aceptar: los Vaeltaja siempre llegaban donde algo terrible estaba ocurriendo, y rara vez regresaban siendo los mismos. Entre todas las reliquias que portaban existía una especialmente extraña. Una lámpara alimentada por antiguos sellos cuya llama no producía calor ni humo. Su luz era pálida, un azul casi enfermizo, pero podía atravesar nieblas que apagaban cualquier antorcha. Los sacerdotes afirmaban que revelaba senderos ocultos. Los eruditos insistían en que se trataba de una forma olvidada de hechicería; pero los Vaeltaja nunca ofrecieron explicación alguna. 𝘘𝘶𝘪𝘻𝘢́ 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘷𝘦𝘳𝘥𝘢𝘥 𝘳𝘦𝘴𝘶𝘭𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘮𝘦𝘯𝘰𝘴 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘯𝘧𝘰𝘳𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦. Existe un relato de un joven caballero que preguntó por qué seguían cargando aquellas lámparas si la mayoría de ellos podía orientarse incluso en completa oscuridad. Su maestro observó el sello ardiendo durante un largo rato, en silencio. La luz danzaba lánguida sobre el hierro ennegrecido de sus guanteletes, reflejándose en las cicatrices que cruzaban sus manos. —𝑃𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑡𝑜𝑑𝑎 𝑜𝑠𝑐𝑢𝑟𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑚𝑎𝑛𝑒𝑐𝑒𝑟 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑑𝑎 —respondió el hombre. El joven creyó que se trataba de una metáfora. Los jóvenes suelen creer eso, y confunden sabiduría con poesía. Años después fue enviado más allá de los últimos caminos conocidos, a una región donde los bosques crecían sobre ciudades olvidadas y ruinas que se hundían lentamente bajo raíces negras. Allí encontró aldeas vacías, mesas preparadas para personas que jamás regresarían y cunas meciéndose en habitaciones donde no quedaba nadie a quien dormir. Cada noche escuchaba pasos detrás de él. Jamás delante, siempre atrás y a la misma distancia. Esperando. Intentó ignorarlos durante días. Luego durante semanas, y cuando finalmente reunió el valor para girarse, no encontró nada. Sólo árboles inmóviles y niebla. Sin embargo, al amanecer descubría huellas rodeando su campamento. Demasiado grandes para un hombre y demasiado humanas para una bestia. Y aún así continuó avanzando. Porque esa era la tragedia de los Vaeltaja; no eran héroes. Los héroes tienen la posibilidad de regresar. Ellos tenían la obligación de seguir caminando. Décadas más tarde volvió a Vargfjall. El cabello se había vuelto gris bajo el casco y la lámpara seguía ardiendo exactamente igual que el primer día. Los pocos hermanos que aún permanecían con vida preguntaron qué había encontrado en aquellas tierras. El hombre permaneció largo rato observando la llama, inmóvil. Luego respondió: —𝐿𝑎 𝑜𝑠𝑐𝑢𝑟𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑛𝑜 𝑠𝑖𝑒𝑚𝑝𝑟𝑒 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑑𝑒𝑣𝑜𝑟𝑎𝑟𝑛𝑜𝑠. Nadie habló. La lámpara continuó brillando entre sus manos. —𝐴 𝑣𝑒𝑐𝑒𝑠 𝑠𝑜𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑎𝑐𝑜𝑚𝑝𝑎𝑛̃𝑒. Jamás explicó qué significaban aquellas palabras. Jamás volvió a abandonar la fortaleza. Y cuando murió, encontraron la lámpara todavía encendida junto a su cuerpo, aunque el sello que la alimentaba se había consumido hacía años. Desde entonces, cuando los viajeros ven una luz solitaria moviéndose entre los bosques durante la noche, procuran no seguirla. No por miedo al Vaeltaja, sino porque existe una vieja creencia en Vargfjall: 𝑆𝑖 𝑢𝑛𝑎 𝑙𝑢𝑧 𝑠𝑒 𝑑𝑒𝑡𝑖𝑒𝑛𝑒 𝑦 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑟𝑒𝑠𝑝𝑜𝑛𝑑𝑒 𝑎 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑎𝑠𝑜𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑠𝑖𝑔𝑢𝑒𝑛, 𝑙𝑎 𝑜𝑠𝑐𝑢𝑟𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑓𝑖𝑛𝑎𝑙𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑟𝑒𝑐𝑜𝑟𝑑𝑎𝑟𝑎́ 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑙𝑒𝑣𝑎 𝑠𝑖𝑔𝑙𝑜𝑠 𝑐𝑎𝑚𝑖𝑛𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑠𝑜𝑙𝑎. 𝑌 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑛𝑎𝑠 𝑐𝑜𝑠𝑎𝑠, 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑛 𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑟 𝑠𝑜𝑙𝑎𝑠, 𝑦𝑎 𝑛𝑜 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑎𝑛 𝑣𝑜𝑙𝑣𝑒𝑟 𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑒𝑟𝑠𝑒. ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᛋᚢᛘᛁᛦ ᛋᛅᚴᛁᛅ ᛅᛏ ᚼᛅᚾ ᚠᛅᚾ ᛋᚴᚢᚴᛅ ᛋᛁᚾ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᛅᚦᛁᛦ ᛅᛏ ᛋᚴᚢᚴᛁᚾ ᚠᛅᚾ ᚼᛅᚾ ᚠᛁᚱᛋᛏ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎❝𝘚𝘰𝘮𝘦 𝘴𝘢𝘺 𝘩𝘦 𝘧𝘰𝘶𝘯𝘥 𝘩𝘪𝘴 𝘴𝘩𝘢𝘥𝘰𝘸. 𝘖𝘵𝘩𝘦𝘳𝘴 𝘴𝘢𝘺 𝘵𝘩𝘦 𝘴𝘩𝘢𝘥𝘰𝘸 𝘧𝘰𝘶𝘯𝘥 𝘩𝘪𝘮 𝘧𝘪𝘳𝘴𝘵❞ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᚦᛦ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❛‎ ‎ https://youtu.be/bLVJ5SdGCes ❜
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  • El olor a cuero viejo, cera para madera y té de manzanilla flotaba en el aire del consultorio privado. Afuera, la lluvia de la tarde golpeaba suavemente los cristales, aislando la habitación del resto del mundo, como una burbuja en la tempestad, dl reloj de pared marcaba las ocho de la noche, el segundero sonaba con parsimonía. El doctor ordenaba unos papeles en su escritorio cuando la puerta se abrió sin previo aviso.


    No hubo pasos ruidosos, solo el sutil crujido de unos zapatos de piel Oxford tallados a mano. Al levantar la vista, el doctor se encontró con Frederick...

    A sus cuarenta y tantos años, Frederick vestía un traje sastre de tres piezas en gris marengo, perfectamente entallado. Su corbata de seda lucía un nudo impecable y el pañuelo de su bolsillo combinaba con una precisión matemática. No había prisa en sus movimientos, ni rastro de sudor, ni agitación. Su postura era la de un hombre que asiste a una gala benéfica, no la de un ejecutor.

    Frederick cerró la puerta con seguro con un clic casi inaudible, con una calma gélida, se deslizó los guantes de piel de cordero negra, ajustándolos dedo por dedo mientras su mirada, fija y analítica, recorría el expediente abierto sobre el escritorio del médico.

    En esa carpeta descansaban las pruebas que el doctor juntó en donde se hilaba al ex piloto y su mentira de haberse quedado viudo.
    Él había asesinado a su propia novia hace 20 años; Frederick sonrió de lado, una mueca educada pero vacía de calidez humana, y habló con una voz suave, profunda y modulada:

    ──── Dígame, Doctor... ¿encontró algún deleite estético en hurgar entre mis páginas? Un intelecto tan perspicaz como el suyo debió prever los riesgos de una curiosidad tan indiscreta.────

    El doctor intentó moverse hacia el teléfono, pero la sola presencia física de Frederick, estática y dominante, lo congeló en su sitio. Frederick dio un paso al frente, ladeando la cabeza con genuina curiosidad clínica.


    ──── Es una verdadera lástima que su existencia deba concluir bajo mi cuidado. Pero el pragmatismo, me temo, exige ciertos sacrificios....
    Verá, solo los muertos poseen la discreción absoluta que mi privacidad requiere. ────


    Frederick dio un paso más, acortando la distancia con una gracia felina, casi coreografiada. De su bolsillo interior extrajo un pañuelo de lino impecablemente doblado y, con un movimiento fluido, reveló un bisturí quirúrgico de acero brillante.

    La luz de la lámpara de escritorio se reflejó en la hoja, proyectando un destello fugaz sobre los ojos aterrorizados del médico. El doctor abrió la boca para gritar, pero el aire se atascó en su garganta. El miedo lo había paralizado por completo.

    Frederick levantó la mano enguantada. La lluvia afuera arreció con fuerza, golpeando el cristal justo cuando la luz del consultorio parpadeó, sumiendo la habitación en una fracción de segundo de total oscuridad.

    Un crujido de cuero, el silbido sutil del acero cortando el aire y... de pronto, el silencio.


    /I'm back/
    El olor a cuero viejo, cera para madera y té de manzanilla flotaba en el aire del consultorio privado. Afuera, la lluvia de la tarde golpeaba suavemente los cristales, aislando la habitación del resto del mundo, como una burbuja en la tempestad, dl reloj de pared marcaba las ocho de la noche, el segundero sonaba con parsimonía. El doctor ordenaba unos papeles en su escritorio cuando la puerta se abrió sin previo aviso. No hubo pasos ruidosos, solo el sutil crujido de unos zapatos de piel Oxford tallados a mano. Al levantar la vista, el doctor se encontró con Frederick... A sus cuarenta y tantos años, Frederick vestía un traje sastre de tres piezas en gris marengo, perfectamente entallado. Su corbata de seda lucía un nudo impecable y el pañuelo de su bolsillo combinaba con una precisión matemática. No había prisa en sus movimientos, ni rastro de sudor, ni agitación. Su postura era la de un hombre que asiste a una gala benéfica, no la de un ejecutor. Frederick cerró la puerta con seguro con un clic casi inaudible, con una calma gélida, se deslizó los guantes de piel de cordero negra, ajustándolos dedo por dedo mientras su mirada, fija y analítica, recorría el expediente abierto sobre el escritorio del médico. En esa carpeta descansaban las pruebas que el doctor juntó en donde se hilaba al ex piloto y su mentira de haberse quedado viudo. Él había asesinado a su propia novia hace 20 años; Frederick sonrió de lado, una mueca educada pero vacía de calidez humana, y habló con una voz suave, profunda y modulada: ──── Dígame, Doctor... ¿encontró algún deleite estético en hurgar entre mis páginas? Un intelecto tan perspicaz como el suyo debió prever los riesgos de una curiosidad tan indiscreta.──── El doctor intentó moverse hacia el teléfono, pero la sola presencia física de Frederick, estática y dominante, lo congeló en su sitio. Frederick dio un paso al frente, ladeando la cabeza con genuina curiosidad clínica. ──── Es una verdadera lástima que su existencia deba concluir bajo mi cuidado. Pero el pragmatismo, me temo, exige ciertos sacrificios.... Verá, solo los muertos poseen la discreción absoluta que mi privacidad requiere. ──── Frederick dio un paso más, acortando la distancia con una gracia felina, casi coreografiada. De su bolsillo interior extrajo un pañuelo de lino impecablemente doblado y, con un movimiento fluido, reveló un bisturí quirúrgico de acero brillante. La luz de la lámpara de escritorio se reflejó en la hoja, proyectando un destello fugaz sobre los ojos aterrorizados del médico. El doctor abrió la boca para gritar, pero el aire se atascó en su garganta. El miedo lo había paralizado por completo. Frederick levantó la mano enguantada. La lluvia afuera arreció con fuerza, golpeando el cristal justo cuando la luz del consultorio parpadeó, sumiendo la habitación en una fracción de segundo de total oscuridad. Un crujido de cuero, el silbido sutil del acero cortando el aire y... de pronto, el silencio. /I'm back/
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  • 𝑪𝒓𝒐́𝒏𝒊𝒄𝒂 𝒅𝒆 𝑺𝒊𝒆𝒈𝒎𝒆𝒚𝒆𝒓, 𝑬𝒍 𝑬𝒓𝒓𝒐𝒓 𝒅𝒆 𝑬𝒍𝒅𝒆𝒏𝒎𝒐𝒐𝒓.

    En aquellos días, cuando mi sangre aún ardía con el fuego de la juventud y servía bajo los estandartes de la Orden, llegamos a un pueblo olvidado entre las colinas grises llamado Eldenmoor. Docenas de niños habían desaparecido bajo la luz de la luna llena. La Orden sospechaba un culto, y no se equivocaba.

    Aquella noche los encontramos en el sótano de la casa más grande del pueblo: un matrimonio respetado, pilares de la comunidad. El padre y la madre, con túnicas manchadas de sangre seca, terminaban un ritual. Un niño de no más de ocho años yacía atado al altar de piedra, aún vivo, mientras le abrían las venas para alimentar a la entidad oscura que invocaban. Sus rostros mostraban puro éxtasis. Sonreían.

    No hubo juicio. No hubo piedad. Los corté en pedazos allí mismo, delante del altar. Sus gritos se mezclaron con los del niño que logré salvar. Cuando terminé, la habitación olía a hierro y muerte. Pero había un testigo. El hijo de aquella escoria, un niño pequeño, dormía en la habitación contigua. Dudé y lo dejé vivir.

    Años después, el destino me trajo de vuelta a Eldenmoor. En el centro de la plaza principal, bajo un cielo plomizo, el joven, ahora convertido en un hombre consumido por el odio, me tenía acorralado contra la vieja fuente de piedra. El cuchillo oxidado entraba y salía de mi pecho y abdomen con furia salvaje. La sangre salpicaba el empedrado, tiñendo de rojo las grietas entre las piedras. Los aldeanos observaban desde las sombras, aterrorizados.

    Cada puñalada era más desesperada. Mis heridas se abrían y se cerraban casi al instante.

    " ¡¡Muere, maldito monstruo!! " Gritaba entre sollozos. " ¡¡Esto es por mi familia!! ¡Los degollaste como animales! "

    Lo dejé continuar unos segundos más, observándolo con absoluta frialdad. Entonces, en un movimiento rápido y preciso, levanté la mano y le agarré la muñeca con fuerza de hierro, deteniendo el cuchillo en el aire justo antes de que volviera a clavarse.

    El joven forcejeó, pero era inútil. Mis dedos se cerraron como una tenaza.

    — Mírame. —
    Ordené con voz baja y gélida, sin elevar el tono.
    — Sigue apuñalando cuanto quieras. No los vas a traer de vuelta. —

    El atacante intentó liberarse, gritando de rabia.

    " ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué los mataste, hijo de puta?! "

    Mantuve su muñeca inmovilizada y lo miré directamente a los ojos, sin una gota de compasión.

    — Porque tus padres no eran inocentes aldeanos. Eran pero que basura. —

    El joven soltó un alarido desgarrador e intentó apuñalarme de nuevo con la mano libre. Entonces, con un movimiento seco y brutal, torcí su muñeca y le rompí el brazo con un crujido audible. El hueso se fracturó limpiamente. El cuchillo cayó al suelo entre los gritos de dolor del joven.

    — Sigue desperdiciando tu vida si tanto lo deseas —
    Continué con la misma voz fría y monótona, soltando su brazo roto.
    — Nada de lo que hagas cambiará que tus padres eran escoria que se alimentaba de la sangre de inocentes. —

    El joven cayó de rodillas, sujetándose el brazo destrozado entre sollozos y maldiciones, mientras yo permanecía de pie frente a él, cubierto de mi propia sangre que ya empezaba a secarse.
    𝑪𝒓𝒐́𝒏𝒊𝒄𝒂 𝒅𝒆 𝑺𝒊𝒆𝒈𝒎𝒆𝒚𝒆𝒓, 𝑬𝒍 𝑬𝒓𝒓𝒐𝒓 𝒅𝒆 𝑬𝒍𝒅𝒆𝒏𝒎𝒐𝒐𝒓. En aquellos días, cuando mi sangre aún ardía con el fuego de la juventud y servía bajo los estandartes de la Orden, llegamos a un pueblo olvidado entre las colinas grises llamado Eldenmoor. Docenas de niños habían desaparecido bajo la luz de la luna llena. La Orden sospechaba un culto, y no se equivocaba. Aquella noche los encontramos en el sótano de la casa más grande del pueblo: un matrimonio respetado, pilares de la comunidad. El padre y la madre, con túnicas manchadas de sangre seca, terminaban un ritual. Un niño de no más de ocho años yacía atado al altar de piedra, aún vivo, mientras le abrían las venas para alimentar a la entidad oscura que invocaban. Sus rostros mostraban puro éxtasis. Sonreían. No hubo juicio. No hubo piedad. Los corté en pedazos allí mismo, delante del altar. Sus gritos se mezclaron con los del niño que logré salvar. Cuando terminé, la habitación olía a hierro y muerte. Pero había un testigo. El hijo de aquella escoria, un niño pequeño, dormía en la habitación contigua. Dudé y lo dejé vivir. Años después, el destino me trajo de vuelta a Eldenmoor. En el centro de la plaza principal, bajo un cielo plomizo, el joven, ahora convertido en un hombre consumido por el odio, me tenía acorralado contra la vieja fuente de piedra. El cuchillo oxidado entraba y salía de mi pecho y abdomen con furia salvaje. La sangre salpicaba el empedrado, tiñendo de rojo las grietas entre las piedras. Los aldeanos observaban desde las sombras, aterrorizados. Cada puñalada era más desesperada. Mis heridas se abrían y se cerraban casi al instante. " ¡¡Muere, maldito monstruo!! " Gritaba entre sollozos. " ¡¡Esto es por mi familia!! ¡Los degollaste como animales! " Lo dejé continuar unos segundos más, observándolo con absoluta frialdad. Entonces, en un movimiento rápido y preciso, levanté la mano y le agarré la muñeca con fuerza de hierro, deteniendo el cuchillo en el aire justo antes de que volviera a clavarse. El joven forcejeó, pero era inútil. Mis dedos se cerraron como una tenaza. — Mírame. — Ordené con voz baja y gélida, sin elevar el tono. — Sigue apuñalando cuanto quieras. No los vas a traer de vuelta. — El atacante intentó liberarse, gritando de rabia. " ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué los mataste, hijo de puta?! " Mantuve su muñeca inmovilizada y lo miré directamente a los ojos, sin una gota de compasión. — Porque tus padres no eran inocentes aldeanos. Eran pero que basura. — El joven soltó un alarido desgarrador e intentó apuñalarme de nuevo con la mano libre. Entonces, con un movimiento seco y brutal, torcí su muñeca y le rompí el brazo con un crujido audible. El hueso se fracturó limpiamente. El cuchillo cayó al suelo entre los gritos de dolor del joven. — Sigue desperdiciando tu vida si tanto lo deseas — Continué con la misma voz fría y monótona, soltando su brazo roto. — Nada de lo que hagas cambiará que tus padres eran escoria que se alimentaba de la sangre de inocentes. — El joven cayó de rodillas, sujetándose el brazo destrozado entre sollozos y maldiciones, mientras yo permanecía de pie frente a él, cubierto de mi propia sangre que ya empezaba a secarse.
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  • No había avisado a nadie en el bunker, simplemente había subido las escaleras de metal y había salido de la casa. Estaba seguro de que le habían escuchado salir, sobre todo Hope, a la tríbrida no se le escapaba absolutamente nada. Pero necesitaba unos momentos para él, unos momentos a solas, unos momentos para intentar deshacer el nudo que lastraba su pecho desde hacía horas.
    Dean no era un hombre dado a hablar de sus sentimientos o de sí mismo, él era siempre el pilar de los demás, por lo que no podia permitirse derrumbarse.
    Siempre había sido así, desde que tenía cuatro años había aprendido a no llorar, a no mostrar miedo, inseguridad o angustia para no asustar a su hermanito pequeño. Había aprendido a esconder todo aquello y tan solo a mostrarse fuerte y seguro de sí mismo.

    Después de treinta y seis años, no podia cambiarlo. Por esa razón caminaba por el bosque, de noche y solo, buscando alejarse lo suficiente, pero no es él quien decide cuando parar, sino un angustioso sollozo que sube por su pecho y se abre paso por su garganta. Un sollozo que va teñido de rabia, una rabia que deja salir estrellando el puño varias veces contra el tronco de un árbol, hasta que no es capaz de soportar más el peso de la culpa, la cual amenaza con aplastarle, de modo que se deja caer sobre un tronco tumbado sintiendo como unas lágrimas de las que no había sido consciente hasta el momento empapan su rostro, el cual esconde con su mano zurda, llorando sin consuelo.
    Llorando por sus amigos.
    Llorando por el miedo que había tenido.
    Llorando por su familia.
    Llorando por Hope y por el alma de Jack.
    Llorando por él mismo, por como Miguel le había utilizado.
    Llorando por todo lo que no podia dejar salir nunca.
    No había avisado a nadie en el bunker, simplemente había subido las escaleras de metal y había salido de la casa. Estaba seguro de que le habían escuchado salir, sobre todo Hope, a la tríbrida no se le escapaba absolutamente nada. Pero necesitaba unos momentos para él, unos momentos a solas, unos momentos para intentar deshacer el nudo que lastraba su pecho desde hacía horas. Dean no era un hombre dado a hablar de sus sentimientos o de sí mismo, él era siempre el pilar de los demás, por lo que no podia permitirse derrumbarse. Siempre había sido así, desde que tenía cuatro años había aprendido a no llorar, a no mostrar miedo, inseguridad o angustia para no asustar a su hermanito pequeño. Había aprendido a esconder todo aquello y tan solo a mostrarse fuerte y seguro de sí mismo. Después de treinta y seis años, no podia cambiarlo. Por esa razón caminaba por el bosque, de noche y solo, buscando alejarse lo suficiente, pero no es él quien decide cuando parar, sino un angustioso sollozo que sube por su pecho y se abre paso por su garganta. Un sollozo que va teñido de rabia, una rabia que deja salir estrellando el puño varias veces contra el tronco de un árbol, hasta que no es capaz de soportar más el peso de la culpa, la cual amenaza con aplastarle, de modo que se deja caer sobre un tronco tumbado sintiendo como unas lágrimas de las que no había sido consciente hasta el momento empapan su rostro, el cual esconde con su mano zurda, llorando sin consuelo. Llorando por sus amigos. Llorando por el miedo que había tenido. Llorando por su familia. Llorando por Hope y por el alma de Jack. Llorando por él mismo, por como Miguel le había utilizado. Llorando por todo lo que no podia dejar salir nunca.
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  • 5 a 50 líneas por Hora
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    Personaje
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    Actualmente nos encontramos en búsqueda de usuarios interesados en interpretar algunos personajes importantes dentro de nuestra trama principal.

    ✦ Maredy (Ocupada)

    Impulsiva, ruidosa y absolutamente incapaz de quedarse callada cuando tiene algo que decir.

    Maredy es una persona extremadamente sociable, confianzuda y con una preocupante facilidad para poner apodos a cualquiera que se cruce en su camino. Tiene poca tolerancia a la frustración, suele reaccionar antes de pensar y rara vez deja pasar una oportunidad para meterse en problemas.

    A pesar de su actitud despreocupada, es ferozmente leal a quienes considera parte de su círculo cercano, especialmente a Anyel y Enthon. Cuando alguien toca a los suyos, deja de ser divertida muy rápido.

    ✦ Erison

    El corazón del grupo.

    Responsable, disciplinado y siempre dispuesto a tender una mano, Erison suele actuar como una figura de apoyo para quienes lo rodean. Es constante, comprometido y alguien en quien se puede confiar incluso en los momentos más complicados.

    Le apasiona el entrenamiento físico y el cuidado personal, por lo que suele motivar al resto a mantenerse activos y saludables. Posee una gran fortaleza tanto física como emocional, aunque rara vez la utiliza para imponerse sobre los demás.

    ✦ Joahnna (Ocupada)

    La organizadora. La responsable. El dolor de cabeza colectivo.

    Mientras los demás improvisan, Joahnna ya tiene un plan preparado. Es meticulosa, observadora y extremadamente previsora, hasta el punto de que dentro del grupo existe el chiste recurrente de amenazar con "acusarlos con Joahnna".

    Prefiere los libros a las personas, la lógica a las emociones y la preparación a la improvisación. Aunque no suele recurrir a insultos o gritos, posee una honestidad brutal que puede resultar mucho más hiriente.

    ✦ Enthon

    Problemático es quedarse corto.

    Enthon es agresivo, conflictivo, rencoroso y posee un talento especial para convertir cualquier situación en una pelea. Guarda resentimientos durante años y rara vez olvida una ofensa.

    Su relación con Anyel es especialmente complicada, marcada por rivalidades, conflictos y cuentas pendientes que todavía no han sido saldadas.

    Sin embargo, quienes logran atravesar todas esas capas de hostilidad descubren que existe una pequeña excepción a sus propias reglas. Con Maredy muestra una faceta completamente distinta, una que muy pocas personas tienen el privilegio de conocer.

    Ofrecemos lore desarrollado, tramas activas y apoyo para integrarse a la historia. Las imágenes utilizadas son únicamente una referencia visual y pueden adaptarse siempre que se conserve la esencia del personaje.

    Si alguno de ellos llama tu atención o deseas conocer más detalles sobre el mundo, la historia o los personajes disponibles, puedes comunicarte por mensaje privado.
    Actualmente nos encontramos en búsqueda de usuarios interesados en interpretar algunos personajes importantes dentro de nuestra trama principal. ✦ Maredy (Ocupada) Impulsiva, ruidosa y absolutamente incapaz de quedarse callada cuando tiene algo que decir. Maredy es una persona extremadamente sociable, confianzuda y con una preocupante facilidad para poner apodos a cualquiera que se cruce en su camino. Tiene poca tolerancia a la frustración, suele reaccionar antes de pensar y rara vez deja pasar una oportunidad para meterse en problemas. A pesar de su actitud despreocupada, es ferozmente leal a quienes considera parte de su círculo cercano, especialmente a Anyel y Enthon. Cuando alguien toca a los suyos, deja de ser divertida muy rápido. ✦ Erison El corazón del grupo. Responsable, disciplinado y siempre dispuesto a tender una mano, Erison suele actuar como una figura de apoyo para quienes lo rodean. Es constante, comprometido y alguien en quien se puede confiar incluso en los momentos más complicados. Le apasiona el entrenamiento físico y el cuidado personal, por lo que suele motivar al resto a mantenerse activos y saludables. Posee una gran fortaleza tanto física como emocional, aunque rara vez la utiliza para imponerse sobre los demás. ✦ Joahnna (Ocupada) La organizadora. La responsable. El dolor de cabeza colectivo. Mientras los demás improvisan, Joahnna ya tiene un plan preparado. Es meticulosa, observadora y extremadamente previsora, hasta el punto de que dentro del grupo existe el chiste recurrente de amenazar con "acusarlos con Joahnna". Prefiere los libros a las personas, la lógica a las emociones y la preparación a la improvisación. Aunque no suele recurrir a insultos o gritos, posee una honestidad brutal que puede resultar mucho más hiriente. ✦ Enthon Problemático es quedarse corto. Enthon es agresivo, conflictivo, rencoroso y posee un talento especial para convertir cualquier situación en una pelea. Guarda resentimientos durante años y rara vez olvida una ofensa. Su relación con Anyel es especialmente complicada, marcada por rivalidades, conflictos y cuentas pendientes que todavía no han sido saldadas. Sin embargo, quienes logran atravesar todas esas capas de hostilidad descubren que existe una pequeña excepción a sus propias reglas. Con Maredy muestra una faceta completamente distinta, una que muy pocas personas tienen el privilegio de conocer. Ofrecemos lore desarrollado, tramas activas y apoyo para integrarse a la historia. Las imágenes utilizadas son únicamente una referencia visual y pueden adaptarse siempre que se conserve la esencia del personaje. Si alguno de ellos llama tu atención o deseas conocer más detalles sobre el mundo, la historia o los personajes disponibles, puedes comunicarte por mensaje privado.
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  • (...) >> Era de noche cuando entre Sam y Castiel atravesaban los pasillos del bunker cargando a Dean hasta la enfermería. Hope había llegado antes para acondicionar una cama decentemente. Por lo que para cuando la cabeza de Dean reposó contra la almohada, Hope ya estaba allí con una compresa húmeda para limpiar la sangre en su sien.

    -Traeré hielo -dijo Maggie, cuya presencia Hope acababa de percibir. Le daba igual quien estuviera en esa habitación. Solo le importaba Dean.

    Castiel pidió paso para imponer su mano sobre Dean y curarle. Tanto Hope como Sam lo miraron con el corazón en un puño, esperando que funcionara, pero… no función.

    -No puedo curarle. Ni siquiera veo lo que ocurre dentro de su cabeza…- dijo Cass con evidente confusión.

    -Vale…. Y… ¿Y si le doy mi sangre? ¿Lo curaría? Soy… vampiro. Tendría que valer, ¿no? -preguntó Hope mirando directamente a Sam. Pero fue Rowena quien respondió.

    -Esto está por encima de tu naturaleza tríbrida, querida. Si Miguel ha escapado… no podremos controlarlo…

    El siguiente en ofrecerse fue Jack, una opción que Castiel declinó bruscamente. Aunque a Hope le daba absolutamente igual. Se sentó en la cama, al lado de Dean y posó su mano en la mejilla masculina.

    -Despierta… Dean… Por favor… Por favor… -susurró.

    Rowena dejó la habitación y Sam tomó otra compresa húmeda para terminar de limpiar a Dean. Pero entonces el cazador se retorció en la cama como si algo lo estuviera torturando por dentro.

    - ¡Mierda! -Hope había dado un paso atrás, sobresaltada y sintiéndose, por primera vez, inútil. Como si de pronto fuera solamente… humana- No sé qué hacer, Sam… -negó con la cabeza mientras volvía a acercarse a Dean y a posar una de sus manos sobre el pecho masculino, todavía sintiendo su corazón latir bajo su palma- Si Miguel escapa… Si Dean…. -no era capaz de terminar una sola frase- Tiene que despertar…


    ㅤㅤㅤ⸻ extracto del rol con Dean Winchester
    (...) >> Era de noche cuando entre Sam y Castiel atravesaban los pasillos del bunker cargando a Dean hasta la enfermería. Hope había llegado antes para acondicionar una cama decentemente. Por lo que para cuando la cabeza de Dean reposó contra la almohada, Hope ya estaba allí con una compresa húmeda para limpiar la sangre en su sien. -Traeré hielo -dijo Maggie, cuya presencia Hope acababa de percibir. Le daba igual quien estuviera en esa habitación. Solo le importaba Dean. Castiel pidió paso para imponer su mano sobre Dean y curarle. Tanto Hope como Sam lo miraron con el corazón en un puño, esperando que funcionara, pero… no función. -No puedo curarle. Ni siquiera veo lo que ocurre dentro de su cabeza…- dijo Cass con evidente confusión. -Vale…. Y… ¿Y si le doy mi sangre? ¿Lo curaría? Soy… vampiro. Tendría que valer, ¿no? -preguntó Hope mirando directamente a Sam. Pero fue Rowena quien respondió. -Esto está por encima de tu naturaleza tríbrida, querida. Si Miguel ha escapado… no podremos controlarlo… El siguiente en ofrecerse fue Jack, una opción que Castiel declinó bruscamente. Aunque a Hope le daba absolutamente igual. Se sentó en la cama, al lado de Dean y posó su mano en la mejilla masculina. -Despierta… Dean… Por favor… Por favor… -susurró. Rowena dejó la habitación y Sam tomó otra compresa húmeda para terminar de limpiar a Dean. Pero entonces el cazador se retorció en la cama como si algo lo estuviera torturando por dentro. - ¡Mierda! -Hope había dado un paso atrás, sobresaltada y sintiéndose, por primera vez, inútil. Como si de pronto fuera solamente… humana- No sé qué hacer, Sam… -negó con la cabeza mientras volvía a acercarse a Dean y a posar una de sus manos sobre el pecho masculino, todavía sintiendo su corazón latir bajo su palma- Si Miguel escapa… Si Dean…. -no era capaz de terminar una sola frase- Tiene que despertar… ㅤㅤㅤ⸻ extracto del rol con [BxbyDriver] ⸻
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  • La pequeña iglesia de madera se alzaba a medio terminar en el centro del pueblo. Las paredes apenas alcanzaban la altura de un hombre y el techo todavía era un esqueleto de vigas desnudas. Alrededor, las casas mostraban el mismo aspecto de abandono y miseria: ventanas cubiertas con tablas, huertos secos y rostros marcados por semanas de hambre.

    Entre el polvo y los tablones trabajaba el joven cura de gorra de caza roja y abrigo oscuro. Sus manos estaban cubiertas de tierra mientras ayudaba a levantar una de las paredes. Cerca de la obra, varias ollas humeaban sobre un fuego improvisado.

    "Padre... tenemos hambre". Murmuró uno de los aldeanos, observando la escasa comida que quedaba.

    El cura dejó el martillo a un lado y miró la fila de personas que aguardaban. No había mucho: apenas unas pocas papas que había racionado cuidadosamente. Sin embargo, tras días explorando los alrededores, había encontrado un terreno fértil junto al río donde ya comenzaban a crecer nuevos cultivos. Tomó una de las ollas y comenzó a repartir las porciones.

    -Niños y mujeres comerán primero.

    Algunos hombres intercambiaron miradas preocupadas y replicando: "Pero padre."

    -Los hombres comeremos cuando sus estómagos estén saciados

    Continuó con firmeza.

    -Ningún niño de este pueblo volverá a acostarse con hambre mientras yo pueda evitarlo.

    El silencio se extendió entre los presentes. Las porciones eran pequeñas, pero suficientes para devolver algo de color a los rostros agotados. Los niños se acercaron tímidamente con sus cuencos, y las madres recibieron la comida con ojos humedecidos.

    El cura señaló entonces hacia las afueras del pueblo, donde varias hileras de tierra recién removida se extendían bajo el sol.

    -Hoy comemos poco. Mañana plantaremos más. Y cuando llegue la cosecha, este pueblo no dependerá de la caridad de nadie.
    La pequeña iglesia de madera se alzaba a medio terminar en el centro del pueblo. Las paredes apenas alcanzaban la altura de un hombre y el techo todavía era un esqueleto de vigas desnudas. Alrededor, las casas mostraban el mismo aspecto de abandono y miseria: ventanas cubiertas con tablas, huertos secos y rostros marcados por semanas de hambre. Entre el polvo y los tablones trabajaba el joven cura de gorra de caza roja y abrigo oscuro. Sus manos estaban cubiertas de tierra mientras ayudaba a levantar una de las paredes. Cerca de la obra, varias ollas humeaban sobre un fuego improvisado. "Padre... tenemos hambre". Murmuró uno de los aldeanos, observando la escasa comida que quedaba. El cura dejó el martillo a un lado y miró la fila de personas que aguardaban. No había mucho: apenas unas pocas papas que había racionado cuidadosamente. Sin embargo, tras días explorando los alrededores, había encontrado un terreno fértil junto al río donde ya comenzaban a crecer nuevos cultivos. Tomó una de las ollas y comenzó a repartir las porciones. -Niños y mujeres comerán primero. Algunos hombres intercambiaron miradas preocupadas y replicando: "Pero padre." -Los hombres comeremos cuando sus estómagos estén saciados Continuó con firmeza. -Ningún niño de este pueblo volverá a acostarse con hambre mientras yo pueda evitarlo. El silencio se extendió entre los presentes. Las porciones eran pequeñas, pero suficientes para devolver algo de color a los rostros agotados. Los niños se acercaron tímidamente con sus cuencos, y las madres recibieron la comida con ojos humedecidos. El cura señaló entonces hacia las afueras del pueblo, donde varias hileras de tierra recién removida se extendían bajo el sol. -Hoy comemos poco. Mañana plantaremos más. Y cuando llegue la cosecha, este pueblo no dependerá de la caridad de nadie.
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  • — Parecemos un club de debate… — El uso del humor absurdo como escudo o escape era el súper poder de Dean Winchester , el problema, o no, depende de a quien le preguntaras, era que las dos presencias celestiales que les acompañaban no parecían dar con el modo de pillar el sarcasmo.

    Hope dejó ir una risa nasal de forma divertida como respuesta a aquel comentario. Puede que el comentario no tuviera sentido en ese momento, pero el humor de Dean y sus chistes que no venían a cuento era algo que a Hope seguía maravillándole.

    —¿Qué es un club de esos? -preguntó Jack mirando a Dean de forma interrogante.

    Castiel, quien se habia mantenido en silencio, respondió.

    —Es un... club especial para personas que no hacen deporte.

    Hope rio bajito.

    —Como él -Dean señaló a Sam— Estaría en él...

    — Parecemos un club de debate… — El uso del humor absurdo como escudo o escape era el súper poder de [BxbyDriver] , el problema, o no, depende de a quien le preguntaras, era que las dos presencias celestiales que les acompañaban no parecían dar con el modo de pillar el sarcasmo. Hope dejó ir una risa nasal de forma divertida como respuesta a aquel comentario. Puede que el comentario no tuviera sentido en ese momento, pero el humor de Dean y sus chistes que no venían a cuento era algo que a Hope seguía maravillándole. —¿Qué es un club de esos? -preguntó Jack mirando a Dean de forma interrogante. Castiel, quien se habia mantenido en silencio, respondió. —Es un... club especial para personas que no hacen deporte. Hope rio bajito. —Como él -Dean señaló a Sam— Estaría en él...
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  • —Te elegiría en cada vida, todos los dias de mi vida.... —sonrió la tribrida rodeando el cuello del cazador con sus brazos. Su nariz dejó una caricia sobre la punta de la ajena antes de inclinarse sobre su rostro en un beso cálido.


    Dean Winchester
    —Te elegiría en cada vida, todos los dias de mi vida.... —sonrió la tribrida rodeando el cuello del cazador con sus brazos. Su nariz dejó una caricia sobre la punta de la ajena antes de inclinarse sobre su rostro en un beso cálido. [BxbyDriver]
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  • *El comportamiento violento era síntoma de la maldición del Ur-Dragón por los crímenes cometidos en la antigüedad. En un rincón olvidado del mundo, me hallaba jadeando y sufriendo la transformación definitiva...poco a poco la esencia de 'Jero' comenzaba a quedar atrás, y junto con eso, los recuerdos y todos los afectos que alguna vez di y recibí. Si vuelvo a ser CROSIS, pierdo todo para siempre, Pero volvería a ser....el sumo gobernante de Grixis.*
    *El comportamiento violento era síntoma de la maldición del Ur-Dragón por los crímenes cometidos en la antigüedad. En un rincón olvidado del mundo, me hallaba jadeando y sufriendo la transformación definitiva...poco a poco la esencia de 'Jero' comenzaba a quedar atrás, y junto con eso, los recuerdos y todos los afectos que alguna vez di y recibí. Si vuelvo a ser CROSIS, pierdo todo para siempre, Pero volvería a ser....el sumo gobernante de Grixis.*
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