• Dije que no quenaria Asgard , pero nunca mencione que dejaria de molestar a los demas ~
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  • Nadie se preguntó por que soy asi , mas que engaños , mentiras y travesuras se yo se lo que es esta roto por dentro y aun tengo muchas dudas , las mentias e bromas me hacen sentir vivo ~

    https://youtu.be/Fh4JfHz9d8o?si=CTYC1-033c2xCYtr
    Nadie se preguntó por que soy asi , mas que engaños , mentiras y travesuras se yo se lo que es esta roto por dentro y aun tengo muchas dudas , las mentias e bromas me hacen sentir vivo ~ https://youtu.be/Fh4JfHz9d8o?si=CTYC1-033c2xCYtr
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  • MUCHAS GRACIAS POR SU AMISTAD, DE MI PARTE ESPERO ACEPTEN TODOS ESTE PEQUEÑO PRESENTE..
    Pueden pasar por el suyo..
    *Los deja sobre una mesa para que los que desean tomen uno*
    MUCHAS GRACIAS POR SU AMISTAD, DE MI PARTE ESPERO ACEPTEN TODOS ESTE PEQUEÑO PRESENTE.. Pueden pasar por el suyo.. *Los deja sobre una mesa para que los que desean tomen uno*
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  • Celebrando San Valentín con la cita de turno...
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  • Celebrar San Valentín con los compañeros de trabajo.
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  • #TheOriginalVillain #ShenJiu #ShenQingQiu

    Al maestro del Pico Qing Jing le había comenzado a doler un poco la cabeza, por esa razón había llevado sus dedos índice y medio hacia una de sus propias sienes mientras cerraba los ojos y fruncía el ceño con el fin de apaciguar el dolor. Delante de él, había un par de regalos elegantes y algunas cuantas golosinas — Este maestro es tan popular que ha recibido demasiados regalos...Hmph, no los usaré, así que pueden tomarse la libertad de tomar alguno —

    Aunque, Shen Jiu no admitiría, incluso si lo golpearan hasta la muerte, que él mismo se había tomado la molestia de comprar obsequios y golosinas para el resto. Al final, incluso murmuró para sí — Aún hay cierta "pequeña bestia" a la que no he visto últimamente, debería hacer un nuevo intento por recuperar mi abanico... —
    #TheOriginalVillain #ShenJiu #ShenQingQiu Al maestro del Pico Qing Jing le había comenzado a doler un poco la cabeza, por esa razón había llevado sus dedos índice y medio hacia una de sus propias sienes mientras cerraba los ojos y fruncía el ceño con el fin de apaciguar el dolor. Delante de él, había un par de regalos elegantes y algunas cuantas golosinas — Este maestro es tan popular que ha recibido demasiados regalos...Hmph, no los usaré, así que pueden tomarse la libertad de tomar alguno — Aunque, Shen Jiu no admitiría, incluso si lo golpearan hasta la muerte, que él mismo se había tomado la molestia de comprar obsequios y golosinas para el resto. Al final, incluso murmuró para sí — Aún hay cierta "pequeña bestia" a la que no he visto últimamente, debería hacer un nuevo intento por recuperar mi abanico... —
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  • ese loki va terminar incendiando todo Asgard...
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  • Yo que pense , que seria aburrido el dia ~ pero bueno hacer travesuras un poco ..... no tan terribles por el momento , no me dijan incendiar asgard ~
    Yo que pense , que seria aburrido el dia ~ pero bueno hacer travesuras un poco ..... no tan terribles por el momento , no me dijan incendiar asgard ~
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  • Soy un caos 24/7 y me gusta molestar a los demas ..... aun que casi siempre soy un santo ~
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  • En el templo de entrenamiento, Kalhi observaba desde el borde con los brazos cruzados, la postura recta y equilibrada. No veía a sus compañeros como personas, los medía, los observaba, calculaba su fuerza, su equilibrio, pero sobre todo potencia, como si fueran herraientas.

    El Kalaripayattu no era para tomarlo a la ligera.

    Hoy había un testigo externo, un hombre que pidió presenciar el entrenamiento quién sabe por qué. Hablando demasiado y paseándose con una sonrisa ladeada, escupía palabras con voz lo bastante alta como para que todos escucharan, aunque nadie le prestaba atención realmente.

    — Las mujeres siempre consiguen lo que quieren con manipulación, encanto o lloriqueo, pero no con fuerza —se encogió de hombros—. No es culpa suya, es sólo que la biología es así.

    Kalhi lo estudió: mandíbula apretada, centro de gravedad adelantado y un leve olor a perro.

    — Lo único manipulable es la debilidad —dijo ella.

    Silencio.

    — No soy débil... —masculló él.

    Y queriendo demostrarlo, sacó un arma de fuego con la que apuntó a las piernas de ella.

    Kalhi no retrocedió. Giró, atrapó la muñeca en trayectoria descendente, el arma se disparó, ella lo pasó por alto y pivotó, su cadera desarmó el equilibrio de él. Lo proyectó contra el suelo con un impacto seco que levantó polvo y pedacitos de orgullo roto.

    El hombre intentó incorporarse. Ella ya estaba encima con la rodilla presionando su antebrazo, aunque sin romperlo. Podría hacerlo, pero se conformó con mancharle la piel con la sangre que escurrió de la herida de bala en su muslo.

    — ¿Tanto te duele oír la verdad? Esa es una debilidad peligrosa...

    Aumentó apenas la presión. Él gruñó y ladró una maldición.

    — Dispararme no te da la razón, sólo prueba lo frágil que eres.
    En el templo de entrenamiento, Kalhi observaba desde el borde con los brazos cruzados, la postura recta y equilibrada. No veía a sus compañeros como personas, los medía, los observaba, calculaba su fuerza, su equilibrio, pero sobre todo potencia, como si fueran herraientas. El Kalaripayattu no era para tomarlo a la ligera. Hoy había un testigo externo, un hombre que pidió presenciar el entrenamiento quién sabe por qué. Hablando demasiado y paseándose con una sonrisa ladeada, escupía palabras con voz lo bastante alta como para que todos escucharan, aunque nadie le prestaba atención realmente. — Las mujeres siempre consiguen lo que quieren con manipulación, encanto o lloriqueo, pero no con fuerza —se encogió de hombros—. No es culpa suya, es sólo que la biología es así. Kalhi lo estudió: mandíbula apretada, centro de gravedad adelantado y un leve olor a perro. — Lo único manipulable es la debilidad —dijo ella. Silencio. — No soy débil... —masculló él. Y queriendo demostrarlo, sacó un arma de fuego con la que apuntó a las piernas de ella. Kalhi no retrocedió. Giró, atrapó la muñeca en trayectoria descendente, el arma se disparó, ella lo pasó por alto y pivotó, su cadera desarmó el equilibrio de él. Lo proyectó contra el suelo con un impacto seco que levantó polvo y pedacitos de orgullo roto. El hombre intentó incorporarse. Ella ya estaba encima con la rodilla presionando su antebrazo, aunque sin romperlo. Podría hacerlo, pero se conformó con mancharle la piel con la sangre que escurrió de la herida de bala en su muslo. — ¿Tanto te duele oír la verdad? Esa es una debilidad peligrosa... Aumentó apenas la presión. Él gruñó y ladró una maldición. — Dispararme no te da la razón, sólo prueba lo frágil que eres.
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