• Perdón por llegar tan tarde: Había mucha gente y no me dejaban pasar. Además no sabía que ponerme para nuestra cita. * Sonríe* Anda te invito a comer lo que desees.
    Perdón por llegar tan tarde: Había mucha gente y no me dejaban pasar. Además no sabía que ponerme para nuestra cita. * Sonríe* Anda te invito a comer lo que desees.
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    5
    0 turnos 0 maullidos
  • Mi nuevo conjunto, me queda bien el negro, no?
    Mi nuevo conjunto, me queda bien el negro, no?
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Buenos días solecitos. El tío Luci les dice: "Hola"
    Buenos días solecitos. El tío Luci les dice: "Hola"
    Me encocora
    2
    4 turnos 0 maullidos
  • Simplemente día de no hacer nada...
    Simplemente día de no hacer nada...
    0 turnos 0 maullidos
  • Nya!!!

    -Hoy se sintió una gatita y se vistió de esa manera-
    Nya!!! -Hoy se sintió una gatita y se vistió de esa manera-
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • ⸻ 𝐍𝐨 𝐬𝐨𝐲 𝐮𝐧 𝐩𝐚́𝐣𝐚𝐫𝐨 𝐲 𝐧𝐢𝐧𝐠𝐮𝐧𝐚 𝐫𝐞𝐝 𝐦𝐞 𝐚𝐭𝐫𝐚𝐩𝐚. 𝐒𝐨𝐲 𝐮𝐧 𝐬𝐞𝐫 𝐥𝐢𝐛𝐫𝐞 𝐜𝐨𝐧 𝐮𝐧𝐚 𝐯𝐨𝐥𝐮𝐧𝐭𝐚𝐝 𝐢𝐧𝐝𝐞𝐩𝐞𝐧𝐝𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞.
    ⸻ 𝐍𝐨 𝐬𝐨𝐲 𝐮𝐧 𝐩𝐚́𝐣𝐚𝐫𝐨 𝐲 𝐧𝐢𝐧𝐠𝐮𝐧𝐚 𝐫𝐞𝐝 𝐦𝐞 𝐚𝐭𝐫𝐚𝐩𝐚. 𝐒𝐨𝐲 𝐮𝐧 𝐬𝐞𝐫 𝐥𝐢𝐛𝐫𝐞 𝐜𝐨𝐧 𝐮𝐧𝐚 𝐯𝐨𝐥𝐮𝐧𝐭𝐚𝐝 𝐢𝐧𝐝𝐞𝐩𝐞𝐧𝐝𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞.
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Está claro que no puedes dejar un castigo a manos de cualquiera [quasar_scarlet_koala_519] pero acabas de dar con el indicado. Le enseñaré a alastor a tener verdaderos motivos para no volver a revelarse a sus dueños pero....

    -acaricio la mordaza que le puso a Alastor Dëmøń para salvarse de sus mordidas. Quien sabe cuántos virtua informáticos le metería si lo llegaba a morder ?-

    Será mejor que el putito de S𝖆𝖒𝖆𝖊𝖑 𝕸𝖔𝖗𝖓𝖎𝖓𝖌𝖘𝖙𝖆𝖗 no aparezca. Lo bueno es el que el anciano no puede ni con el mismo así que.... Al Al.... Nos vamos a divertir te devolveré todo lo que me hiciste en el pasado ~
    Está claro que no puedes dejar un castigo a manos de cualquiera [quasar_scarlet_koala_519] pero acabas de dar con el indicado. Le enseñaré a alastor a tener verdaderos motivos para no volver a revelarse a sus dueños pero.... -acaricio la mordaza que le puso a [Dem0n] para salvarse de sus mordidas. Quien sabe cuántos virtua informáticos le metería si lo llegaba a morder ?- Será mejor que el putito de [LuciHe11] no aparezca. Lo bueno es el que el anciano no puede ni con el mismo así que.... Al Al.... Nos vamos a divertir te devolveré todo lo que me hiciste en el pasado ~
    12 turnos 1 maullido
  • ⸻ 𝐒𝐞 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐞𝐫𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐦𝐚𝐧̃𝐚𝐧𝐚 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐦𝐞 𝐥𝐞𝐯𝐚𝐧𝐭𝐞́, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐜𝐫𝐞𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐞 𝐝𝐞𝐛𝐢𝐝𝐨 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐚𝐫 𝐯𝐚𝐫𝐢𝐚𝐬 𝐯𝐞𝐜𝐞𝐬 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐨𝐧𝐜𝐞𝐬.
    ⸻ 𝐒𝐞 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐞𝐫𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐦𝐚𝐧̃𝐚𝐧𝐚 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐦𝐞 𝐥𝐞𝐯𝐚𝐧𝐭𝐞́, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐜𝐫𝐞𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐞 𝐝𝐞𝐛𝐢𝐝𝐨 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐚𝐫 𝐯𝐚𝐫𝐢𝐚𝐬 𝐯𝐞𝐜𝐞𝐬 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐨𝐧𝐜𝐞𝐬.
    0 turnos 0 maullidos
  • — La trataré como la princesa que creo que es... Luego como un objeto posa pies
    — La trataré como la princesa que creo que es... Luego como un objeto posa pies
    Me enjaja
    1
    1 turno 0 maullidos
  • Shoko estaba sentada en el alféizar de su ventana, observando el cielo teñido de tonos anaranjados mientras el sol se ocultaba tras los edificios del campus. En la distancia, podía escuchar los ecos lejanos de estudiantes jugando, riendo, viviendo vidas que parecían tan normales, tan mundanas.

    Con un suspiro, dejó caer su espalda contra el marco de la ventana. Sus días estaban llenos de exorcismos, entrenamientos y largas horas aprendiendo a salvar vidas en un mundo que la mayoría de las personas nunca conocería. No podía evitar pensar en cómo habría sido crecer sin maldiciones, sin este peso invisible. Quizá habría pasado más tiempo preocupándose por exámenes o clubes escolares en lugar de proteger su vida o la de sus compañeros.

    “¿Es raro que me sienta envidiosa?” murmuró para sí misma, revolviendo su cabello con una mano. Había veces que la normalidad parecía un lujo inalcanzable, una fantasía que nunca podría tocar.

    Sus pensamientos vagaron hacia algo más trivial pero igual de incómodo: el hecho de que nunca había tenido un novio, ni siquiera un pretendiente. Claro, eso no era exactamente una prioridad cuando se vivía entre maldiciones y misiones constantes, pero… ¿acaso era tan extraño querer experimentar algo típico? Un beso, por ejemplo. Algo que otras chicas de su edad parecían dar por sentado.

    Cerró los ojos, tratando de imaginar cómo sería. ¿Emocionante? ¿Incómodo? ¿Una completa decepción? Sus mejillas se tiñeron levemente de rojo al darse cuenta de que no tenía ni idea. Todo lo que sabía venía de películas o novelas que rara vez tenía tiempo de terminar.

    Entonces, un pensamiento surgió, absurdo al principio, pero difícil de ignorar. Había alguien en quien confiaba completamente, alguien que no se reiría de ella ni aprovecharía la situación. Suguru.

    La idea la hizo apretar los labios. Era ridículo, pero también tenía sentido de alguna manera. Suguru siempre había sido tranquilo, considerado y, sobre todo, respetuoso. Si había alguien con quien podía confiar para algo tan embarazoso, era él.

    Antes de darse cuenta, ya estaba bajándose del alféizar y caminando hacia la puerta de su habitación. Su corazón latía con fuerza mientras avanzaba por el pasillo, los ecos de sus pasos resonando en la quietud. Al llegar frente a la puerta de Suguru, alzó la mano para tocar, pero dudó un segundo.

    “Solo dilo rápido. No lo pienses demasiado,” se dijo en voz baja, intentando convencerse.

    Tocó dos veces.
    Apenas escuchó el chirrido de la puerta al empezar a abrirse, y que Suguru pudiera detenerse, las palabras salieron de su boca, rápidas y cortas:

    — Quiero que me beses. —

    El sonrojo que inundó su rostro no era por la emoción de la propuesta, ni por la curiosidad que la impulsaba a dar el paso. Era el calor de exponer esa vulnerabilidad, ese lado curioso y emocional que siempre trataba de mantener oculto bajo capas de indiferencia. No era como si estuviera nerviosa por el beso en sí, sino por mostrar una parte de sí misma que no acostumbraba compartir, especialmente con alguien como Suguru.

    Los latidos de su corazón aumentaron, no por el gesto, sino por la incomodidad de ser vista de esa manera, tan abierta y sin reservas.
    [Suguru.Geto]
    Shoko estaba sentada en el alféizar de su ventana, observando el cielo teñido de tonos anaranjados mientras el sol se ocultaba tras los edificios del campus. En la distancia, podía escuchar los ecos lejanos de estudiantes jugando, riendo, viviendo vidas que parecían tan normales, tan mundanas. Con un suspiro, dejó caer su espalda contra el marco de la ventana. Sus días estaban llenos de exorcismos, entrenamientos y largas horas aprendiendo a salvar vidas en un mundo que la mayoría de las personas nunca conocería. No podía evitar pensar en cómo habría sido crecer sin maldiciones, sin este peso invisible. Quizá habría pasado más tiempo preocupándose por exámenes o clubes escolares en lugar de proteger su vida o la de sus compañeros. “¿Es raro que me sienta envidiosa?” murmuró para sí misma, revolviendo su cabello con una mano. Había veces que la normalidad parecía un lujo inalcanzable, una fantasía que nunca podría tocar. Sus pensamientos vagaron hacia algo más trivial pero igual de incómodo: el hecho de que nunca había tenido un novio, ni siquiera un pretendiente. Claro, eso no era exactamente una prioridad cuando se vivía entre maldiciones y misiones constantes, pero… ¿acaso era tan extraño querer experimentar algo típico? Un beso, por ejemplo. Algo que otras chicas de su edad parecían dar por sentado. Cerró los ojos, tratando de imaginar cómo sería. ¿Emocionante? ¿Incómodo? ¿Una completa decepción? Sus mejillas se tiñeron levemente de rojo al darse cuenta de que no tenía ni idea. Todo lo que sabía venía de películas o novelas que rara vez tenía tiempo de terminar. Entonces, un pensamiento surgió, absurdo al principio, pero difícil de ignorar. Había alguien en quien confiaba completamente, alguien que no se reiría de ella ni aprovecharía la situación. Suguru. La idea la hizo apretar los labios. Era ridículo, pero también tenía sentido de alguna manera. Suguru siempre había sido tranquilo, considerado y, sobre todo, respetuoso. Si había alguien con quien podía confiar para algo tan embarazoso, era él. Antes de darse cuenta, ya estaba bajándose del alféizar y caminando hacia la puerta de su habitación. Su corazón latía con fuerza mientras avanzaba por el pasillo, los ecos de sus pasos resonando en la quietud. Al llegar frente a la puerta de Suguru, alzó la mano para tocar, pero dudó un segundo. “Solo dilo rápido. No lo pienses demasiado,” se dijo en voz baja, intentando convencerse. Tocó dos veces. Apenas escuchó el chirrido de la puerta al empezar a abrirse, y que Suguru pudiera detenerse, las palabras salieron de su boca, rápidas y cortas: — Quiero que me beses. — El sonrojo que inundó su rostro no era por la emoción de la propuesta, ni por la curiosidad que la impulsaba a dar el paso. Era el calor de exponer esa vulnerabilidad, ese lado curioso y emocional que siempre trataba de mantener oculto bajo capas de indiferencia. No era como si estuviera nerviosa por el beso en sí, sino por mostrar una parte de sí misma que no acostumbraba compartir, especialmente con alguien como Suguru. Los latidos de su corazón aumentaron, no por el gesto, sino por la incomodidad de ser vista de esa manera, tan abierta y sin reservas. [Suguru.Geto]
    Me gusta
    Me encocora
    4
    0 turnos 0 maullidos
Patrocinados