• "si , Pero aún que quiera ser , caballero sagrado.... Igual tomare el puesto de Rey de Liones"

    -el pequeña Tristán junto a su padre Meliodas e su madre.-
    "si , Pero aún que quiera ser , caballero sagrado.... Igual tomare el puesto de Rey de Liones" -el pequeña Tristán junto a su padre Meliodas e su madre.-
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  • — El encaje se ve muy bien pero ha quedado como transparente.—
    #seductivesunday
    — El encaje se ve muy bien pero ha quedado como transparente.— #seductivesunday
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  • Hm..
    Debería entrar en casa — susurro, observando la nieve del alrededor, soportando el frío.—
    Está tan bonito..
    Hm.. Debería entrar en casa — susurro, observando la nieve del alrededor, soportando el frío.— Está tan bonito..
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  • — Perdona, pero me sorprende que en tu complejidad seas tan profundamente simple.—
    — Perdona, pero me sorprende que en tu complejidad seas tan profundamente simple.—
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  • — La razón es sólo una cosa creada, impuesta con la fe en el mundo, las estrellas no prometen nada a nadie. —
    — La razón es sólo una cosa creada, impuesta con la fe en el mundo, las estrellas no prometen nada a nadie. —
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  • Mi ropa interior no es de Calvin Klein, pero también merece la pena mostrarla

    #SeductiveSunday

    #Personajes3D #3D #Comunidad3D
    Mi ropa interior no es de Calvin Klein, pero también merece la pena mostrarla #SeductiveSunday #Personajes3D #3D #Comunidad3D
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  • Oye, errante.
    ¿Porque no vamos a y cuarto oscuro para hacer tijeras?
    Te gustara.
    Oye, errante. ¿Porque no vamos a y cuarto oscuro para hacer tijeras? Te gustara.
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  • — Acostumbro a solo ver a los demás en este día... No a participar pero me veo obligado por el aburrimiento. Espero no me vea ninguna persona que conozca

    #SeductiveSunday
    — Acostumbro a solo ver a los demás en este día... No a participar pero me veo obligado por el aburrimiento. Espero no me vea ninguna persona que conozca #SeductiveSunday
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  • ⸻ 𝐒𝐨𝐧 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐞𝐥𝐞𝐜𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐥𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚𝐧 𝐪𝐮𝐢𝐞́𝐧𝐞𝐬 𝐬𝐨𝐦𝐨𝐬 𝐫𝐞𝐚𝐥𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞, 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐨 𝐦𝐚́𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐡𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝𝐞𝐬.
    ⸻ 𝐒𝐨𝐧 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐞𝐥𝐞𝐜𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐥𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚𝐧 𝐪𝐮𝐢𝐞́𝐧𝐞𝐬 𝐬𝐨𝐦𝐨𝐬 𝐫𝐞𝐚𝐥𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞, 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐨 𝐦𝐚́𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐡𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝𝐞𝐬.
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  • .
    Carmina se despertó con la sensación de tener un peso en el rostro, la nariz congestionada y la garganta ardiendo como si hubiera tragado brasas. Con un suspiro resignado, se levantó de la cama, consciente de que quedarse quieta no era una opción. A pesar de sentirse débil, la tienda seguía siendo su responsabilidad, y no quería que su abuela, con su salud delicada, se esforzara más de lo necesario.

    Cubierta con una bufanda gruesa y una mascarilla, Carmina se aseguró de lavarse las manos con frecuencia y desinfectar cada superficie que tocaba. Antes de bajar, preparó un termo de té con miel y limón, el único consuelo que tenía para el malestar.

    —Nonna, hoy me encargo de todo. Quédese tranquila en su cuarto, ¿de acuerdo? —dijo, su voz algo ronca pero firme.

    Su abuela, desde el marco de la puerta de la cocina, frunció el ceño.

    —Carmina, estás enferma. No deberías trabajar.

    —Y usted no debería contagiarse. Prometo descansar después, pero hoy lo tengo bajo control.

    Con cuidado, Carmina dejó un pequeño plato de galletas y el té en la mesa para su abuela antes de abrir las ventanas de la tienda para ventilar el lugar. Se puso guantes de látex y roció desinfectante en las superficies antes de acomodarse detrás del mostrador. Cada vez que atendía a un cliente, mantenía una distancia prudente y evitaba tocar el dinero directamente, utilizando un plato para recoger el cambio.

    A pesar del cansancio, Carmina se las arreglaba para mantener una sonrisa detrás de la mascarilla, su voz amable pero medida para no forzar la garganta. Entre clientes, aprovechaba para tomar pequeños sorbos de su té y rociar más desinfectante en el mostrador.

    En un momento de calma, se recargó contra la pared, cerrando los ojos por un instante. Sabía que su abuela estaría preocupada, pero el amor y la gratitud que sentía por ella le daban fuerzas. Después de todo, si algo había aprendido de Nonna era que la familia siempre se cuidaba, incluso si eso significaba trabajar con fiebre y un resfriado en pleno apogeo.

    Cuando la tarde comenzó a caer, Carmina escuchó pasos en la trastienda. Su abuela apareció con una sopa caliente y un gesto de terquedad.

    —Te dije que descansaras. Ahora, termina temprano, ¿me oyes?

    Carmina sonrió débilmente mientras aceptaba la sopa.

    —Nonna, usted manda.

    Y aunque el día había sido agotador, sentía una cálida satisfacción al saber que estaba cuidando a quien más amaba, sin importar lo mucho que le picara la garganta o lo pesada que se sintiera su cabeza.

    . Carmina se despertó con la sensación de tener un peso en el rostro, la nariz congestionada y la garganta ardiendo como si hubiera tragado brasas. Con un suspiro resignado, se levantó de la cama, consciente de que quedarse quieta no era una opción. A pesar de sentirse débil, la tienda seguía siendo su responsabilidad, y no quería que su abuela, con su salud delicada, se esforzara más de lo necesario. Cubierta con una bufanda gruesa y una mascarilla, Carmina se aseguró de lavarse las manos con frecuencia y desinfectar cada superficie que tocaba. Antes de bajar, preparó un termo de té con miel y limón, el único consuelo que tenía para el malestar. —Nonna, hoy me encargo de todo. Quédese tranquila en su cuarto, ¿de acuerdo? —dijo, su voz algo ronca pero firme. Su abuela, desde el marco de la puerta de la cocina, frunció el ceño. —Carmina, estás enferma. No deberías trabajar. —Y usted no debería contagiarse. Prometo descansar después, pero hoy lo tengo bajo control. Con cuidado, Carmina dejó un pequeño plato de galletas y el té en la mesa para su abuela antes de abrir las ventanas de la tienda para ventilar el lugar. Se puso guantes de látex y roció desinfectante en las superficies antes de acomodarse detrás del mostrador. Cada vez que atendía a un cliente, mantenía una distancia prudente y evitaba tocar el dinero directamente, utilizando un plato para recoger el cambio. A pesar del cansancio, Carmina se las arreglaba para mantener una sonrisa detrás de la mascarilla, su voz amable pero medida para no forzar la garganta. Entre clientes, aprovechaba para tomar pequeños sorbos de su té y rociar más desinfectante en el mostrador. En un momento de calma, se recargó contra la pared, cerrando los ojos por un instante. Sabía que su abuela estaría preocupada, pero el amor y la gratitud que sentía por ella le daban fuerzas. Después de todo, si algo había aprendido de Nonna era que la familia siempre se cuidaba, incluso si eso significaba trabajar con fiebre y un resfriado en pleno apogeo. Cuando la tarde comenzó a caer, Carmina escuchó pasos en la trastienda. Su abuela apareció con una sopa caliente y un gesto de terquedad. —Te dije que descansaras. Ahora, termina temprano, ¿me oyes? Carmina sonrió débilmente mientras aceptaba la sopa. —Nonna, usted manda. Y aunque el día había sido agotador, sentía una cálida satisfacción al saber que estaba cuidando a quien más amaba, sin importar lo mucho que le picara la garganta o lo pesada que se sintiera su cabeza.
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