• Te estás acercando demasiado a la zona roja.... Desagradable

    -afila la mirada observando con desconfianza a las dos cosas que se están acercando demasiado a su esposo -
    Te estás acercando demasiado a la zona roja.... Desagradable -afila la mirada observando con desconfianza a las dos cosas que se están acercando demasiado a su esposo -
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  • eres el mejor padre que pude elegir para mis hijos.
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  • Al ver a [Abbey_Thc] distraída decido ir por detrás y le tapo los ojos.

    - ¿ Quién soy ? -
    Al ver a [Abbey_Thc] distraída decido ir por detrás y le tapo los ojos. - ¿ Quién soy ? -
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  • 𝑨 𝐺𝑂𝐷 𝒅𝒐𝒆𝒔𝒏'𝒕 𝒑𝒍𝒆𝒂𝒅
    Advertencias: esta ficha está LLENA de spoilers y sujeta a cambios Generalidades Nombre: Loki Laufeyson (él prefiere Friggason, es un niño de mamá) Edad: +1500 Raza: gigante de hielo (jotnar) Fandom: Marvel/Mitología nórdica Debido a las diferencias entre Marvel y la mitología nórdica, no será lo mismo rolear con personajes de...
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  • Wow, wow, wow, espera... De que cosa me entero? No estoy presente un poco, y empiezan a aparecer muchas cosas...
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  • Me he despertado demasiado pronto hoy... pero bueno, buenos días ~
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  • El Rey de los Mares emergió de entre las olas, pues en su curiosidad, quizo dar un vistazo a este nuevo territorio.

    ▬ Veo que los mortales siguen revolcándose en su ignorancia y mediocridad.. Nada nuevo en la superficie. ▬
    El Rey de los Mares emergió de entre las olas, pues en su curiosidad, quizo dar un vistazo a este nuevo territorio. ▬ Veo que los mortales siguen revolcándose en su ignorancia y mediocridad.. Nada nuevo en la superficie. ▬
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  • A veces, cuando no está demasiado ocupado, se pone a divagar y pensar en múltiples posibilidades. A veces los efectos secundarios de una poción o un hechizo, otras tantas sobre cómo habría cambiado su vida si eligiese una afición diferente; pero siempre hay una pregunta que regresa para atravesar su mente como una feroz saeta: ¿Cuál es la mejor manera de cocinar una foca sin desperdiciarla demasiado?

    — Quizá sopa. Sí, sopa es la mejor alternativa. Y unos filetes, incluso carne seca. Siempre viene bien algo de carne seca para los viajes.
    A veces, cuando no está demasiado ocupado, se pone a divagar y pensar en múltiples posibilidades. A veces los efectos secundarios de una poción o un hechizo, otras tantas sobre cómo habría cambiado su vida si eligiese una afición diferente; pero siempre hay una pregunta que regresa para atravesar su mente como una feroz saeta: ¿Cuál es la mejor manera de cocinar una foca sin desperdiciarla demasiado? — Quizá sopa. Sí, sopa es la mejor alternativa. Y unos filetes, incluso carne seca. Siempre viene bien algo de carne seca para los viajes.
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  • Carmina estaba recostada en su cama, rodeada de almohadas y mantas cómodas, con un libro en la mano que llevaba horas intentando terminar. La luz de su lámpara proyectaba un cálido resplandor en la habitación, y el aroma a té de manzanilla llenaba el aire. Apolo, su gato, dormía plácidamente sobre sus piernas, ronroneando de vez en cuando mientras ella pasaba las páginas.

    Todo era perfecto, tranquilo, el tipo de noche que cualquiera envidiaría. Pero justo cuando estaba a punto de terminar un capítulo especialmente aburrido, algo en ella hizo clic.

    Soltó el libro de golpe, haciéndolo caer al suelo, y se incorporó de un salto, haciendo que Apolo maullara indignado y huyera de la cama. Carmina alzó los brazos al cielo y, con una expresión de drama digno de una actriz de teatro, gritó:

    —¡MI VIDA ES UN ABURRIMIENTO TOTAL!

    El eco de su exclamación resonó en las paredes, y por un momento, el silencio volvió. Pero solo fue un instante, porque Apolo, desde la esquina de la habitación, la miró con ojos entrecerrados, como si estuviera juzgándola por arruinar su siesta.

    Carmina empezó a caminar de un lado a otro, moviendo las manos mientras hablaba consigo misma.

    —¡Todo es igual siempre! Trabajo, leer, dormir, repetir. ¡Ni siquiera el libro que estoy leyendo tiene emoción! ¿Cómo es posible que mi vida sea tan... tan monótona? —Se llevó una mano a la frente, exagerando su gesto como si estuviera a punto de desmayarse.


    De repente, se detuvo frente al espejo de su armario y se señaló a sí misma.

    —¡Necesito algo nuevo! Algo emocionante. Un cambio. Algo que me saque de esta rutina... —Su voz bajó un poco mientras reflexionaba—. Quizá debería hacer algo impulsivo, como... ¿pintarme el cabello de un color llamativo? O adoptar otro gato. No, espera, Apolo me mataría.

    El gato, como si entendiera, le lanzó un bufido desde su rincón.

    De repente, se detuvo frente a su escritorio y encendió su computadora.

    —¡Ya sé! Lo que necesito es un cambio de look. Sí, eso es. Si me veo diferente, me sentiré diferente. Más atrevida, más emocionante. —Tecleó rápidamente mientras abría su sitio de compras favorito.

    En menos de cinco minutos, estaba mirando una peluca negra con flequillo que prometía “un estilo chic y misterioso al instante.” Sin dudarlo, añadió el artículo al carrito.

    —Esto es perfecto. Ni siquiera tengo que arriesgarme con un tinte de verdad. —Se inclinó sobre el teclado, entusiasmada—. Y solo cuesta... bueno, cuesta más de lo que debería, pero es por mi bienestar emocional.

    Un clic más tarde, la compra estaba hecha. Carmina se recostó de nuevo en la cama, satisfecha consigo misma.

    —Listo, Apolo. En tres días seré otra persona. ¿Qué te parece? —preguntó, mirando al gato que había vuelto a subirse a la cama con una expresión de resignación.

    El gato simplemente cerró los ojos y ronroneó, ignorando su entusiasmo.

    Tres días después, cuando la peluca llegó y Carmina se la puso frente al espejo, descubrió que, en lugar de verse como una femme fatale misteriosa, parecía un personaje de cosplay mal logrado.

    —Bueno... tal vez el cambio de look no era exactamente lo que necesitaba —dijo, mientras Apolo la miraba con algo que parecía burla en sus ojos amarillos.

    Carmina suspiró, pero no pudo evitar reírse de sí misma. Aunque no había encontrado la solución a su supuesta monotonía, al menos había ganado una anécdota divertida... y una peluca que probablemente nunca volvería a usar.
    Carmina estaba recostada en su cama, rodeada de almohadas y mantas cómodas, con un libro en la mano que llevaba horas intentando terminar. La luz de su lámpara proyectaba un cálido resplandor en la habitación, y el aroma a té de manzanilla llenaba el aire. Apolo, su gato, dormía plácidamente sobre sus piernas, ronroneando de vez en cuando mientras ella pasaba las páginas. Todo era perfecto, tranquilo, el tipo de noche que cualquiera envidiaría. Pero justo cuando estaba a punto de terminar un capítulo especialmente aburrido, algo en ella hizo clic. Soltó el libro de golpe, haciéndolo caer al suelo, y se incorporó de un salto, haciendo que Apolo maullara indignado y huyera de la cama. Carmina alzó los brazos al cielo y, con una expresión de drama digno de una actriz de teatro, gritó: —¡MI VIDA ES UN ABURRIMIENTO TOTAL! El eco de su exclamación resonó en las paredes, y por un momento, el silencio volvió. Pero solo fue un instante, porque Apolo, desde la esquina de la habitación, la miró con ojos entrecerrados, como si estuviera juzgándola por arruinar su siesta. Carmina empezó a caminar de un lado a otro, moviendo las manos mientras hablaba consigo misma. —¡Todo es igual siempre! Trabajo, leer, dormir, repetir. ¡Ni siquiera el libro que estoy leyendo tiene emoción! ¿Cómo es posible que mi vida sea tan... tan monótona? —Se llevó una mano a la frente, exagerando su gesto como si estuviera a punto de desmayarse. De repente, se detuvo frente al espejo de su armario y se señaló a sí misma. —¡Necesito algo nuevo! Algo emocionante. Un cambio. Algo que me saque de esta rutina... —Su voz bajó un poco mientras reflexionaba—. Quizá debería hacer algo impulsivo, como... ¿pintarme el cabello de un color llamativo? O adoptar otro gato. No, espera, Apolo me mataría. El gato, como si entendiera, le lanzó un bufido desde su rincón. De repente, se detuvo frente a su escritorio y encendió su computadora. —¡Ya sé! Lo que necesito es un cambio de look. Sí, eso es. Si me veo diferente, me sentiré diferente. Más atrevida, más emocionante. —Tecleó rápidamente mientras abría su sitio de compras favorito. En menos de cinco minutos, estaba mirando una peluca negra con flequillo que prometía “un estilo chic y misterioso al instante.” Sin dudarlo, añadió el artículo al carrito. —Esto es perfecto. Ni siquiera tengo que arriesgarme con un tinte de verdad. —Se inclinó sobre el teclado, entusiasmada—. Y solo cuesta... bueno, cuesta más de lo que debería, pero es por mi bienestar emocional. Un clic más tarde, la compra estaba hecha. Carmina se recostó de nuevo en la cama, satisfecha consigo misma. —Listo, Apolo. En tres días seré otra persona. ¿Qué te parece? —preguntó, mirando al gato que había vuelto a subirse a la cama con una expresión de resignación. El gato simplemente cerró los ojos y ronroneó, ignorando su entusiasmo. Tres días después, cuando la peluca llegó y Carmina se la puso frente al espejo, descubrió que, en lugar de verse como una femme fatale misteriosa, parecía un personaje de cosplay mal logrado. —Bueno... tal vez el cambio de look no era exactamente lo que necesitaba —dijo, mientras Apolo la miraba con algo que parecía burla en sus ojos amarillos. Carmina suspiró, pero no pudo evitar reírse de sí misma. Aunque no había encontrado la solución a su supuesta monotonía, al menos había ganado una anécdota divertida... y una peluca que probablemente nunca volvería a usar.
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  • Era imposible no llamar la atención.

    Llevaba un adorable peluche de mono, este además estaba trajeado, como los dioses de la muerte del despacho.

    William quiso retroceder, darse la vuelta y tirar este peluche al tacho de basura más cercano. Pero, su subordinado había tenido el gesto de regalarle ese reloj, William como su superior debía devolverle el gesto, sobre todo en un día tan especial como era su cumpleaños.

    Sí, aunque suene extraño, algunos dioses de la muerte siguen festejando su cumpleaños, una remanencia de la mortalidad.

    —Collins, supe que—

    Mas no terminó lo que iba a decir, los monos acumulados en el escritorio del susodicho lo dejaron sin palabras.
    Era imposible no llamar la atención. Llevaba un adorable peluche de mono, este además estaba trajeado, como los dioses de la muerte del despacho. William quiso retroceder, darse la vuelta y tirar este peluche al tacho de basura más cercano. Pero, su subordinado había tenido el gesto de regalarle ese reloj, William como su superior debía devolverle el gesto, sobre todo en un día tan especial como era su cumpleaños. Sí, aunque suene extraño, algunos dioses de la muerte siguen festejando su cumpleaños, una remanencia de la mortalidad. —Collins, supe que— Mas no terminó lo que iba a decir, los monos acumulados en el escritorio del susodicho lo dejaron sin palabras. :STK-91:
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