Carmina estaba recostada en su cama, rodeada de almohadas y mantas cómodas, con un libro en la mano que llevaba horas intentando terminar. La luz de su lámpara proyectaba un cálido resplandor en la habitación, y el aroma a té de manzanilla llenaba el aire. Apolo, su gato, dormía plácidamente sobre sus piernas, ronroneando de vez en cuando mientras ella pasaba las páginas.

Todo era perfecto, tranquilo, el tipo de noche que cualquiera envidiaría. Pero justo cuando estaba a punto de terminar un capítulo especialmente aburrido, algo en ella hizo clic.

Soltó el libro de golpe, haciéndolo caer al suelo, y se incorporó de un salto, haciendo que Apolo maullara indignado y huyera de la cama. Carmina alzó los brazos al cielo y, con una expresión de drama digno de una actriz de teatro, gritó:

—¡MI VIDA ES UN ABURRIMIENTO TOTAL!

El eco de su exclamación resonó en las paredes, y por un momento, el silencio volvió. Pero solo fue un instante, porque Apolo, desde la esquina de la habitación, la miró con ojos entrecerrados, como si estuviera juzgándola por arruinar su siesta.

Carmina empezó a caminar de un lado a otro, moviendo las manos mientras hablaba consigo misma.

—¡Todo es igual siempre! Trabajo, leer, dormir, repetir. ¡Ni siquiera el libro que estoy leyendo tiene emoción! ¿Cómo es posible que mi vida sea tan... tan monótona? —Se llevó una mano a la frente, exagerando su gesto como si estuviera a punto de desmayarse.


De repente, se detuvo frente al espejo de su armario y se señaló a sí misma.

—¡Necesito algo nuevo! Algo emocionante. Un cambio. Algo que me saque de esta rutina... —Su voz bajó un poco mientras reflexionaba—. Quizá debería hacer algo impulsivo, como... ¿pintarme el cabello de un color llamativo? O adoptar otro gato. No, espera, Apolo me mataría.

El gato, como si entendiera, le lanzó un bufido desde su rincón.

De repente, se detuvo frente a su escritorio y encendió su computadora.

—¡Ya sé! Lo que necesito es un cambio de look. Sí, eso es. Si me veo diferente, me sentiré diferente. Más atrevida, más emocionante. —Tecleó rápidamente mientras abría su sitio de compras favorito.

En menos de cinco minutos, estaba mirando una peluca negra con flequillo que prometía “un estilo chic y misterioso al instante.” Sin dudarlo, añadió el artículo al carrito.

—Esto es perfecto. Ni siquiera tengo que arriesgarme con un tinte de verdad. —Se inclinó sobre el teclado, entusiasmada—. Y solo cuesta... bueno, cuesta más de lo que debería, pero es por mi bienestar emocional.

Un clic más tarde, la compra estaba hecha. Carmina se recostó de nuevo en la cama, satisfecha consigo misma.

—Listo, Apolo. En tres días seré otra persona. ¿Qué te parece? —preguntó, mirando al gato que había vuelto a subirse a la cama con una expresión de resignación.

El gato simplemente cerró los ojos y ronroneó, ignorando su entusiasmo.

Tres días después, cuando la peluca llegó y Carmina se la puso frente al espejo, descubrió que, en lugar de verse como una femme fatale misteriosa, parecía un personaje de cosplay mal logrado.

—Bueno... tal vez el cambio de look no era exactamente lo que necesitaba —dijo, mientras Apolo la miraba con algo que parecía burla en sus ojos amarillos.

Carmina suspiró, pero no pudo evitar reírse de sí misma. Aunque no había encontrado la solución a su supuesta monotonía, al menos había ganado una anécdota divertida... y una peluca que probablemente nunca volvería a usar.
Carmina estaba recostada en su cama, rodeada de almohadas y mantas cómodas, con un libro en la mano que llevaba horas intentando terminar. La luz de su lámpara proyectaba un cálido resplandor en la habitación, y el aroma a té de manzanilla llenaba el aire. Apolo, su gato, dormía plácidamente sobre sus piernas, ronroneando de vez en cuando mientras ella pasaba las páginas. Todo era perfecto, tranquilo, el tipo de noche que cualquiera envidiaría. Pero justo cuando estaba a punto de terminar un capítulo especialmente aburrido, algo en ella hizo clic. Soltó el libro de golpe, haciéndolo caer al suelo, y se incorporó de un salto, haciendo que Apolo maullara indignado y huyera de la cama. Carmina alzó los brazos al cielo y, con una expresión de drama digno de una actriz de teatro, gritó: —¡MI VIDA ES UN ABURRIMIENTO TOTAL! El eco de su exclamación resonó en las paredes, y por un momento, el silencio volvió. Pero solo fue un instante, porque Apolo, desde la esquina de la habitación, la miró con ojos entrecerrados, como si estuviera juzgándola por arruinar su siesta. Carmina empezó a caminar de un lado a otro, moviendo las manos mientras hablaba consigo misma. —¡Todo es igual siempre! Trabajo, leer, dormir, repetir. ¡Ni siquiera el libro que estoy leyendo tiene emoción! ¿Cómo es posible que mi vida sea tan... tan monótona? —Se llevó una mano a la frente, exagerando su gesto como si estuviera a punto de desmayarse. De repente, se detuvo frente al espejo de su armario y se señaló a sí misma. —¡Necesito algo nuevo! Algo emocionante. Un cambio. Algo que me saque de esta rutina... —Su voz bajó un poco mientras reflexionaba—. Quizá debería hacer algo impulsivo, como... ¿pintarme el cabello de un color llamativo? O adoptar otro gato. No, espera, Apolo me mataría. El gato, como si entendiera, le lanzó un bufido desde su rincón. De repente, se detuvo frente a su escritorio y encendió su computadora. —¡Ya sé! Lo que necesito es un cambio de look. Sí, eso es. Si me veo diferente, me sentiré diferente. Más atrevida, más emocionante. —Tecleó rápidamente mientras abría su sitio de compras favorito. En menos de cinco minutos, estaba mirando una peluca negra con flequillo que prometía “un estilo chic y misterioso al instante.” Sin dudarlo, añadió el artículo al carrito. —Esto es perfecto. Ni siquiera tengo que arriesgarme con un tinte de verdad. —Se inclinó sobre el teclado, entusiasmada—. Y solo cuesta... bueno, cuesta más de lo que debería, pero es por mi bienestar emocional. Un clic más tarde, la compra estaba hecha. Carmina se recostó de nuevo en la cama, satisfecha consigo misma. —Listo, Apolo. En tres días seré otra persona. ¿Qué te parece? —preguntó, mirando al gato que había vuelto a subirse a la cama con una expresión de resignación. El gato simplemente cerró los ojos y ronroneó, ignorando su entusiasmo. Tres días después, cuando la peluca llegó y Carmina se la puso frente al espejo, descubrió que, en lugar de verse como una femme fatale misteriosa, parecía un personaje de cosplay mal logrado. —Bueno... tal vez el cambio de look no era exactamente lo que necesitaba —dijo, mientras Apolo la miraba con algo que parecía burla en sus ojos amarillos. Carmina suspiró, pero no pudo evitar reírse de sí misma. Aunque no había encontrado la solución a su supuesta monotonía, al menos había ganado una anécdota divertida... y una peluca que probablemente nunca volvería a usar.
Me encocora
2
0 turnos 0 maullidos
Patrocinados
Patrocinados