• -miren no tendre una fuerza descomunal pero deben aceotar que bailar en estas bellezas merece su premio, y para quien diga que no ya lo quiero ver bailando por 2-3 horas seguidas en tacones mientras cantas-
    -miren no tendre una fuerza descomunal pero deben aceotar que bailar en estas bellezas merece su premio, y para quien diga que no ya lo quiero ver bailando por 2-3 horas seguidas en tacones mientras cantas-
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  • Hoy estare de animo , mañana sera otro dia mas ¡Diablos que aburrcion!
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  • Un simple susurro basta para tenerme a tus pies.
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  • — 𝐐𝐮𝐞 𝐥𝐥𝐞𝐠𝐮𝐞 𝐲𝐚 𝐞𝐥 𝐯𝐞𝐫𝐚𝐧𝐨 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐩𝐚𝐥𝐢𝐝𝐞𝐳 𝐧𝐚𝐝𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐯𝐞𝐫
    — 𝐐𝐮𝐞 𝐥𝐥𝐞𝐠𝐮𝐞 𝐲𝐚 𝐞𝐥 𝐯𝐞𝐫𝐚𝐧𝐨 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐩𝐚𝐥𝐢𝐝𝐞𝐳 𝐧𝐚𝐝𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐯𝐞𝐫
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  • Después de tanto tiempo...lo he logrado.
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  • El aire en la habitación parecía haberse espesado, cargado con ese silencio eléctrico que solo existe cuando dos personas han dejado de hablar porque las palabras ya no alcanzan. No había prisa; el tiempo fuera de esas cuatro paredes había dejado de existir, quedando reducido únicamente al ritmo acompasado de sus respiraciones.

    La luz tenue (quizás el reflejo de la luna o una lámpara olvidada en un rincón) dibujaba sombras suaves sobre la piel de Alberto, quien acortó la distancia mínima que aún los separaba. Sus dedos, con una lentitud casi agónica, trazaron una línea invisible que comenzaba en la base del cuello del otro, bajando con la delicadeza de quien toca algo sagrado y, a la vez, terriblemente prohibido.

    Se detuvo justo donde el pulso late con fuerza, sintiendo la vibración bajo la yema de sus dedos. Era una invitación muda, un desafío envuelto en ternura. Se inclinó un poco más, lo suficiente para que el calor que irradiaban sus cuerpos se fusionase, permitiendo que el aroma del otro lo invadiera por completo.

    — No digas nada —susurró, su voz apenas un roce contra el oído ajeno, cargada de una ronquera profunda—. Quédate así. Solo... deja que te sienta.—

    Sus ojos buscaban los del otro, claros y brillantes, cargados de una promesa que no necesita ser pronunciada. Había una vulnerabilidad compartida en la forma en que sus rodillas se rozaban, en cómo sus manos buscaban instintivamente un punto de apoyo en la cadera o el hombro del compañero. Era un baile de piel contra piel, donde cada centímetro ganado era una pequeña victoria sobre el autocontrol.
    Zetch Stamenkovich
    El aire en la habitación parecía haberse espesado, cargado con ese silencio eléctrico que solo existe cuando dos personas han dejado de hablar porque las palabras ya no alcanzan. No había prisa; el tiempo fuera de esas cuatro paredes había dejado de existir, quedando reducido únicamente al ritmo acompasado de sus respiraciones. La luz tenue (quizás el reflejo de la luna o una lámpara olvidada en un rincón) dibujaba sombras suaves sobre la piel de Alberto, quien acortó la distancia mínima que aún los separaba. Sus dedos, con una lentitud casi agónica, trazaron una línea invisible que comenzaba en la base del cuello del otro, bajando con la delicadeza de quien toca algo sagrado y, a la vez, terriblemente prohibido. Se detuvo justo donde el pulso late con fuerza, sintiendo la vibración bajo la yema de sus dedos. Era una invitación muda, un desafío envuelto en ternura. Se inclinó un poco más, lo suficiente para que el calor que irradiaban sus cuerpos se fusionase, permitiendo que el aroma del otro lo invadiera por completo. — No digas nada —susurró, su voz apenas un roce contra el oído ajeno, cargada de una ronquera profunda—. Quédate así. Solo... deja que te sienta.— Sus ojos buscaban los del otro, claros y brillantes, cargados de una promesa que no necesita ser pronunciada. Había una vulnerabilidad compartida en la forma en que sus rodillas se rozaban, en cómo sus manos buscaban instintivamente un punto de apoyo en la cadera o el hombro del compañero. Era un baile de piel contra piel, donde cada centímetro ganado era una pequeña victoria sobre el autocontrol. [storm_yellow_lizard_274]
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  • Siendo el cumpleaños de su sobrino y casi hijo indirecto, obviamente pensaba preparar algo especial pero no sabía el que.
    Maxi era capaz de transformar y crear cualquier cosa con su sentido de caos y eso le dejaba limitaciones en busca de darle algo que no se le hubiera ocurrido antes, siendo como un golpe cuando la idea le llegó y se puso a trabajar en ello antes de llevar la caja ante él.

    —¡Feliz cumpleaños a mi pequeño angelillo caótico!~

    Sí, para él siempre sería ese pequeño y dulce ser que llegó a conocer, sin importar cuan grande estuviera, pero reconociendo que ya era capaz de tantas cosas desde entonces.
    Extensión la caja de fina madera tallada y con distintivos, como no podía ser de otro modo, de patos.
    Unas cuantas botellas de licor personalizadas por su propia mano, de colección pero igualmente consumibles si lo deseaba.

    Siendo el cumpleaños de su sobrino y casi hijo indirecto, obviamente pensaba preparar algo especial pero no sabía el que. Maxi era capaz de transformar y crear cualquier cosa con su sentido de caos y eso le dejaba limitaciones en busca de darle algo que no se le hubiera ocurrido antes, siendo como un golpe cuando la idea le llegó y se puso a trabajar en ello antes de llevar la caja ante él. —¡Feliz cumpleaños a mi pequeño angelillo caótico!~ Sí, para él siempre sería ese pequeño y dulce ser que llegó a conocer, sin importar cuan grande estuviera, pero reconociendo que ya era capaz de tantas cosas desde entonces. Extensión la caja de fina madera tallada y con distintivos, como no podía ser de otro modo, de patos. Unas cuantas botellas de licor personalizadas por su propia mano, de colección pero igualmente consumibles si lo deseaba.
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  • Solo espero que tengan un gran dia hoy
    Solo espero que tengan un gran dia hoy
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  • Booo!
    Buenos dias! A todos ustedes amigos
    Booo! 👻 Buenos dias! A todos ustedes amigos 🖤
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  • Buenos dias!
    Les deseo hoy a todos ustedes ~
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