• Al menos hoy puedo descansar en casa de los ensayos, con Nana
    Al menos hoy puedo descansar en casa de los ensayos, con Nana
    Me gusta
    Me encocora
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • Adrián despertó con la luz pálida de la mañana filtrándose entre las cortinas. No saltó de la cama; se quedó unos segundos mirando el techo, escuchando el rumor distante de la ciudad que nunca terminaba de dormir. Tomó el teléfono, apagó la alarma antes de que sonara del todo y respiró hondo, como si ese gesto marcara el inicio oficial del día.

    Se levantó y fue directo al baño. El agua fría en el rostro lo despabiló lo suficiente para despejar la neblina del sueño. Se observó en el espejo sin demasiada atención, se pasó una mano por el cabello desordenado y apartó la mirada. Se vistió con ropa cómoda, la misma combinación sencilla de siempre, y antes de salir del cuarto tomó la cámara, revisando por costumbre que todo estuviera en su lugar.

    En la cocina preparó café. El sonido del agua hirviendo y el aroma amargo llenaron el departamento en silencio. Desayunó algo ligero, de pie, apoyado en la encimera, mirando por la ventana cómo la ciudad empezaba a moverse: gente apurada, autos, el día avanzando sin esperar a nadie. Dio el último sorbo, dejó la taza en el fregadero y colgó la cámara al cuello.

    Salió de casa y caminó sin prisa. Le gustaba recorrer unas cuantas calles antes de comer, como si así ordenara sus pensamientos. Observó escaparates, reflejos en los vidrios, sombras alargadas sobre la acera. Por un momento pensó en tomar una foto, pero decidió guardarlo para después.

    Entró a un pequeño café que frecuentaba. El lugar era tranquilo, con mesas de madera y una música suave de fondo. Se sentó cerca de la ventana y pidió lo de siempre. Mientras esperaba, apoyó la cámara a su lado y se quedó mirando hacia afuera, atento a los detalles: una pareja discutiendo en voz baja, un hombre leyendo el periódico, la luz entrando en ángulo perfecto.

    Cuando la comida llegó, comió despacio, sin distracciones. No era un momento especial, pero tampoco uno vacío. Era parte de su rutina, de esa calma frágil que había aprendido a construir. Al terminar, pagó, tomó su cámara y salió de nuevo a la calle, listo para dejar que el día siguiera su curso.
    Adrián despertó con la luz pálida de la mañana filtrándose entre las cortinas. No saltó de la cama; se quedó unos segundos mirando el techo, escuchando el rumor distante de la ciudad que nunca terminaba de dormir. Tomó el teléfono, apagó la alarma antes de que sonara del todo y respiró hondo, como si ese gesto marcara el inicio oficial del día. Se levantó y fue directo al baño. El agua fría en el rostro lo despabiló lo suficiente para despejar la neblina del sueño. Se observó en el espejo sin demasiada atención, se pasó una mano por el cabello desordenado y apartó la mirada. Se vistió con ropa cómoda, la misma combinación sencilla de siempre, y antes de salir del cuarto tomó la cámara, revisando por costumbre que todo estuviera en su lugar. En la cocina preparó café. El sonido del agua hirviendo y el aroma amargo llenaron el departamento en silencio. Desayunó algo ligero, de pie, apoyado en la encimera, mirando por la ventana cómo la ciudad empezaba a moverse: gente apurada, autos, el día avanzando sin esperar a nadie. Dio el último sorbo, dejó la taza en el fregadero y colgó la cámara al cuello. Salió de casa y caminó sin prisa. Le gustaba recorrer unas cuantas calles antes de comer, como si así ordenara sus pensamientos. Observó escaparates, reflejos en los vidrios, sombras alargadas sobre la acera. Por un momento pensó en tomar una foto, pero decidió guardarlo para después. Entró a un pequeño café que frecuentaba. El lugar era tranquilo, con mesas de madera y una música suave de fondo. Se sentó cerca de la ventana y pidió lo de siempre. Mientras esperaba, apoyó la cámara a su lado y se quedó mirando hacia afuera, atento a los detalles: una pareja discutiendo en voz baja, un hombre leyendo el periódico, la luz entrando en ángulo perfecto. Cuando la comida llegó, comió despacio, sin distracciones. No era un momento especial, pero tampoco uno vacío. Era parte de su rutina, de esa calma frágil que había aprendido a construir. Al terminar, pagó, tomó su cámara y salió de nuevo a la calle, listo para dejar que el día siguiera su curso.
    Me gusta
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Espero que estéis todos bien, feliz domingo.
    Espero que estéis todos bien, feliz domingo.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • [tempest_ruby_magpie_196] me veo rara con este vestido....
    [tempest_ruby_magpie_196] me veo rara con este vestido....
    Me encocora
    Me gusta
    6
    1 turno 0 maullidos
  • Hoy hace un día muy bueno para pasear por el parque. *Sonrie timidaemente.*
    Hoy hace un día muy bueno para pasear por el parque. *Sonrie timidaemente.*
    Me encocora
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • -Bien, 𝐒𝐎𝐋𝐃𝐈𝐄𝐑 ¿me explicas por qué tengo que ir asi vestida? - Le preguntó luciendo ese elegante vestido. -¿Con quien tengo que hablar y entretener?
    -Bien, [SOLDIER0] ¿me explicas por qué tengo que ir asi vestida? - Le preguntó luciendo ese elegante vestido. -¿Con quien tengo que hablar y entretener?
    Me encocora
    Me endiabla
    5
    0 turnos 0 maullidos
  • Está esforzándose por volver a sonreír gracias a Asriel Richards 士
    Está esforzándose por volver a sonreír gracias a [IAMPAUL2007]
    Me encocora
    Me entristece
    2
    79 turnos 0 maullidos
  • ¿Que debería hacerle a mí dios para desayunar?

    #SeductiveSunday
    ¿Que debería hacerle a mí dios para desayunar? #SeductiveSunday
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Tú y yo arderemos en un infierno infinito.
    #SeductiveSunday
    Tú y yo arderemos en un infierno infinito. #SeductiveSunday
    Me gusta
    Me encocora
    3
    3 turnos 0 maullidos
  • ──Creí que era obvio, pero el pecho de un dragón no se toca. ──

    #SeductiveSunday
    ──Creí que era obvio, pero el pecho de un dragón no se toca. ── #SeductiveSunday
    Me gusta
    Me shockea
    6
    0 turnos 0 maullidos
Patrocinados