• Como cuando todo fluye de forma armoniosa en tu vida hasta que te acuerdas de un pequeño detalle... ¡no le has dicho a tus padres que estás embarazada!

    Y no, no es falta de comunicación ni amor, nada de eso.
    Leo y yo hemos vivido una etapa tan maravillosa que se nos olvidó que hay un mundo afuera, jajajaja.

    Ahora toca ir por outfits bonitos y preparar una reunión agradable para dar la gran noticia
    Como cuando todo fluye de forma armoniosa en tu vida hasta que te acuerdas de un pequeño detalle... ¡no le has dicho a tus padres que estás embarazada! Y no, no es falta de comunicación ni amor, nada de eso. Leo y yo hemos vivido una etapa tan maravillosa que se nos olvidó que hay un mundo afuera, jajajaja. Ahora toca ir por outfits bonitos y preparar una reunión agradable para dar la gran noticia ❤️
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    Con Jason Elaris y quien se quiera unir.

    En la trastienda, la habitación del fondo, subiendo por las escaleras de la derecha, estaba abierta de par en par, el interior estaba impecable, intacto, todas las cosas permanecían en su lugar, las sábanas blancas, limpias.

    Al bajar por las escaleras, se encontraba una mesa con una libreta llena con una lista de recursos que en su momento se escribieron y marcaron, un inventario, una pluma negra de alguna especie de ave desconocida y un tintero con un líquido carmesí en su interior.

    Los estantes organizados, cada uno con recursos diferentes, todos etiquetados con una caligrafía impecable.

    Al abrir la puerta de la trastienda, el bar, la barra, cada una de las copas y tazas estaban debidamente acomodadas.
    Impecables.
    Relucientes.

    La cafetera permaneció encendida preparando el suficiente café para cinco o seis personas.
    Sobre la barra, descansaba un paño blanco.

    Los asientos debidamente limpios, donde alguna vez alguien sin un techo para descansar, optó por dormir.

    Algunos clientes habituales en el bar, susurraban al ver el lugar más impecable que nunca. La rockola reproduciendo rock de los 80's a un volumen moderado.

    Algunas cajas de pizza descansaban en la esquina de la barra, calientes, recién compradas. Sobre de ellas, varios sobres blancos, cuidadosamente cerrados y marcados cada uno con la misma caligrafía de las etiquetas de la trastienda.

    Y una fotografía de cinco personas en la playa, finamente enmarcada en un cuadro de madera de ébano.

    En la entrada, se encontraban dos siluetas, dos viejos amigos, cómplices, que se conocían casi desde los inicios de la humanidad.

    El más alto, llevó la mano hacia el bolsillo del pantalón y sacó un juego de llaves, depositándolas con calma y lentitud en las manos de su interlocutor.

    - Te quedas a cargo. Es hora, Jay.

    Las palabras escaparon de sus labios, con la calma y tesitura habitual del dueño del bar.

    Colocó una mano sobre el hombro del peliplata.

    - Los sobres tienen cartas de despedida, así como un cheque por medio millón para cada quién, correspondientes al pago por el tiempo que han estado todos en el bar.

    Explicó calmadamente, al tiempo que se ajustaba las mangas de la camisa y se colocaba un par de guantes de cuero sin las últimas falanges.

    - Hay uno para cada quién. Nairis, Windburn, Lyra, El pequeño Al, y tú.

    Después de decir esto, un par de alas negras con tintes rojos se desplegaron de su espalda.

    - También, hay una para Saya.

    Las palabras salieron con dolor y un nudo en la garganta, respiró profundo antes de exhalar todo el aire contenido.

    - Me hubiera gustado decirle las cosas de frente.

    Admitió con pesar en el rostro, sacudió las alas y dirigió la mirada al cielo.

    - Disfruta tu vida, Jay. Tal vez después nos encontremos de nuevo.

    En un parpadeo, donde antes se encontraba el dueño del bar, solo había una pluma flotando lentamente hacia el suelo.
    Con [jay.elaris] y quien se quiera unir. En la trastienda, la habitación del fondo, subiendo por las escaleras de la derecha, estaba abierta de par en par, el interior estaba impecable, intacto, todas las cosas permanecían en su lugar, las sábanas blancas, limpias. Al bajar por las escaleras, se encontraba una mesa con una libreta llena con una lista de recursos que en su momento se escribieron y marcaron, un inventario, una pluma negra de alguna especie de ave desconocida y un tintero con un líquido carmesí en su interior. Los estantes organizados, cada uno con recursos diferentes, todos etiquetados con una caligrafía impecable. Al abrir la puerta de la trastienda, el bar, la barra, cada una de las copas y tazas estaban debidamente acomodadas. Impecables. Relucientes. La cafetera permaneció encendida preparando el suficiente café para cinco o seis personas. Sobre la barra, descansaba un paño blanco. Los asientos debidamente limpios, donde alguna vez alguien sin un techo para descansar, optó por dormir. Algunos clientes habituales en el bar, susurraban al ver el lugar más impecable que nunca. La rockola reproduciendo rock de los 80's a un volumen moderado. Algunas cajas de pizza descansaban en la esquina de la barra, calientes, recién compradas. Sobre de ellas, varios sobres blancos, cuidadosamente cerrados y marcados cada uno con la misma caligrafía de las etiquetas de la trastienda. Y una fotografía de cinco personas en la playa, finamente enmarcada en un cuadro de madera de ébano. En la entrada, se encontraban dos siluetas, dos viejos amigos, cómplices, que se conocían casi desde los inicios de la humanidad. El más alto, llevó la mano hacia el bolsillo del pantalón y sacó un juego de llaves, depositándolas con calma y lentitud en las manos de su interlocutor. - Te quedas a cargo. Es hora, Jay. Las palabras escaparon de sus labios, con la calma y tesitura habitual del dueño del bar. Colocó una mano sobre el hombro del peliplata. - Los sobres tienen cartas de despedida, así como un cheque por medio millón para cada quién, correspondientes al pago por el tiempo que han estado todos en el bar. Explicó calmadamente, al tiempo que se ajustaba las mangas de la camisa y se colocaba un par de guantes de cuero sin las últimas falanges. - Hay uno para cada quién. Nairis, Windburn, Lyra, El pequeño Al, y tú. Después de decir esto, un par de alas negras con tintes rojos se desplegaron de su espalda. - También, hay una para Saya. Las palabras salieron con dolor y un nudo en la garganta, respiró profundo antes de exhalar todo el aire contenido. - Me hubiera gustado decirle las cosas de frente. Admitió con pesar en el rostro, sacudió las alas y dirigió la mirada al cielo. - Disfruta tu vida, Jay. Tal vez después nos encontremos de nuevo. En un parpadeo, donde antes se encontraba el dueño del bar, solo había una pluma flotando lentamente hacia el suelo.
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  • +chibi estaba escondido bajo la cama metiéndose crayolas en la nariz +ouo
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  • ㅤ⠀⠀⠀⠀⠀𝑌𝑜𝑢 𝑐𝑎𝑛 𝑡𝑟𝑎𝑖𝑛 𝑎 𝑑𝑜𝑔 𝑡𝑜 ℎ𝑒𝑒𝑙
    ㅤ⠀⠀⠀⠀⠀𝐵𝑢𝑡 𝑎 𝑐𝑎𝑡... 𝑎 𝑐𝑎𝑡 𝑑𝑜𝑒𝑠𝑛'𝑡 𝑙𝑖𝑠𝑡𝑒𝑛 𝑡𝑜 𝑎𝑛𝑦𝑜𝑛𝑒.
    ㅤ⠀⠀⠀⠀⠀𝑌𝑜𝑢 𝑐𝑎𝑛 𝑡𝑟𝑎𝑖𝑛 𝑎 𝑑𝑜𝑔 𝑡𝑜 ℎ𝑒𝑒𝑙 ㅤ⠀⠀⠀⠀⠀𝐵𝑢𝑡 𝑎 𝑐𝑎𝑡... 𝑎 𝑐𝑎𝑡 𝑑𝑜𝑒𝑠𝑛'𝑡 𝑙𝑖𝑠𝑡𝑒𝑛 𝑡𝑜 𝑎𝑛𝑦𝑜𝑛𝑒.
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  • ¿No es bonito? El patrón estaba dentro del libro, no puedo creerlo. Mañana voy a intentar otro.
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  • 𝗕𝗲𝘄𝗮𝗿𝗲 𝗼𝗳 𝘁𝗵𝗲 𝘃𝗼𝗶𝗱 𝗼𝗳 𝗺𝘆 𝗲𝘆𝗲𝘀... 𝗬𝗼𝘂 𝗺𝗮𝘆 𝗴𝗲𝘁 𝗹𝗼𝘀𝘁.
    𝗕𝗲𝘄𝗮𝗿𝗲 𝗼𝗳 𝘁𝗵𝗲 𝘃𝗼𝗶𝗱 𝗼𝗳 𝗺𝘆 𝗲𝘆𝗲𝘀... 𝗬𝗼𝘂 𝗺𝗮𝘆 𝗴𝗲𝘁 𝗹𝗼𝘀𝘁.
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  • ────Algunos secretos son más discretos que otros. A veces se asoman en una pequeña sonrisa o un cruce de miradas. Por suerte, siempre he tenido talento para conservar pequeñas confidencias. La barra de chocolate como agradecimiento por el servicio es opcional, claro.
    ────Algunos secretos son más discretos que otros. A veces se asoman en una pequeña sonrisa o un cruce de miradas. Por suerte, siempre he tenido talento para conservar pequeñas confidencias. La barra de chocolate como agradecimiento por el servicio es opcional, claro.
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  • No te creas tan listo al fin y al cabo siempre tendre mi recompensa.
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  • — Ah… mira eso… tan pequeño… y aun así, tan infinito.

    * Susurra con una sonrisa suave, mientras sostiene un mundo que cabe entre sus manos *

    — Las estrellas no nacen grandes… ni los sueños tampoco. Todo comienza como este pequeño destello… brillante, frágil… pero lleno de posibilidades ilimitadas

    * Sus dedos se mueven con delicadeza, como si temiera alterar el equilibrio del universo *

    — Cada luz que ves… cada órbita, cada chispa… existe porque alguien creyó que podía existir

    * Inclina la cabeza, sus ojos reflejando galaxias enteras *

    — Así que… si alguna vez dudas de ti… recuerda esto: incluso el cosmos que sostengo ahora… alguna vez fue solo una idea perdida en la nada. Y aun así… míralo ahora.
    — Ah… mira eso… tan pequeño… y aun así, tan infinito. * Susurra con una sonrisa suave, mientras sostiene un mundo que cabe entre sus manos * — Las estrellas no nacen grandes… ni los sueños tampoco. Todo comienza como este pequeño destello… brillante, frágil… pero lleno de posibilidades ilimitadas * Sus dedos se mueven con delicadeza, como si temiera alterar el equilibrio del universo * — Cada luz que ves… cada órbita, cada chispa… existe porque alguien creyó que podía existir * Inclina la cabeza, sus ojos reflejando galaxias enteras * — Así que… si alguna vez dudas de ti… recuerda esto: incluso el cosmos que sostengo ahora… alguna vez fue solo una idea perdida en la nada. Y aun así… míralo ahora.
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  • Paseaba por el parque con esa calma natural en él que parecía que nada en este día perturbaría su paz, cuando en realidad llevaba cinco minutos debatiendo si alimentar o no a un pato. Su mirada seria se posaba en cada árbol que pasaba, como si esperara que la respuesta viniera de ellos , pero lo único que obtuvo fue una hoja cayéndole en la cabeza, rompiendo momentáneamente su dignidad de caballero en modo reflexivo. Aun así, no se inmutó; simplemente siguió caminando con las manos en los bolsillos, como si todo fuera parte de un plan mayor… aunque claramente el verdadero plan era no admitir que había perdido una discusión mental contra un ave... 
    Paseaba por el parque con esa calma natural en él que parecía que nada en este día perturbaría su paz, cuando en realidad llevaba cinco minutos debatiendo si alimentar o no a un pato. Su mirada seria se posaba en cada árbol que pasaba, como si esperara que la respuesta viniera de ellos , pero lo único que obtuvo fue una hoja cayéndole en la cabeza, rompiendo momentáneamente su dignidad de caballero en modo reflexivo. Aun así, no se inmutó; simplemente siguió caminando con las manos en los bolsillos, como si todo fuera parte de un plan mayor… aunque claramente el verdadero plan era no admitir que había perdido una discusión mental contra un ave...  :STK-49:
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