Con año nuevo finalizado, no era sino hasta ahora que se cuestionaba por qué demonios había tomado aquella decisión.
No solo había gastado estúpidamente un favor tan valioso, la deuda del rey para con él, sino que además con el favor cumplido se le había revocado su propia protección. Pues, de desearlo, ahora Lucifer podía matarlo.

Varias veces dejó que su frente golpeara suavemente la superficie de la barra del bar, haciendo caso omiso al rostro perplejo y confundido que su gato tenía al verle. No le importaba, de todas formas le constaba que no abriría la boca.

Un beso. Todo tirado por la borda por un simple beso.
Y aún así, al recordar la expresión de genuina felicidad, aquel suave sonrojo en el rostro de ángel e incluso la pequeña y armoniosa risa; de nuevo aquella extraña sensación en su pecho que le hizo gruñir con frustración. Sus orejas reclinadas hacia atrás.
Apenas levantó la mirada cuando oyó el sonido de algo resbalar en la superficie de la barra; Husk le había preparado un vaso cargado de una considerable cantidad de whisky de centeno adornado con tres pequeños hielos.

Con un suspiro cargado con pesadez, apoyó un codo en la barra y dejó el peso de su cabeza fuera sostenido con una mano mientras con la libre jugaba con el licor. Sosteniendo el vaso de vidrio mientras hacia girar los hielos en su interior, su mirada perdida sutilmente en ellos... ¿Realmente se arrepentía?
La parte lógica, calculadora, estratégica de él decía que sí... Que había sido la decisión más estúpida que alguna vez pudo tomar y ¿Honestamente? Tenía razón.
Y después estaba su otra parte, una que creyó sellar, dejar a un lado; al desviar la mirada hacia un costado estaba su sombra. Ambos codos sobre la mesada y su mentón entre sus manos mientras lo observaba con una sonrisa divertida pero cómplice. Una sonrisa que le hizo gruñir bajando las orejas tanto como pudo mientras desviaba la mirada y bebía un largo trago de su licor. Allí estaba la otra parte suya, la que no le importaba las consecuencias a futuro y que había disfrutado, por alguna extraña razón, cada segundo de su favor cobrado.
Con año nuevo finalizado, no era sino hasta ahora que se cuestionaba por qué demonios había tomado aquella decisión. No solo había gastado estúpidamente un favor tan valioso, la deuda del rey para con él, sino que además con el favor cumplido se le había revocado su propia protección. Pues, de desearlo, ahora Lucifer podía matarlo. Varias veces dejó que su frente golpeara suavemente la superficie de la barra del bar, haciendo caso omiso al rostro perplejo y confundido que su gato tenía al verle. No le importaba, de todas formas le constaba que no abriría la boca. Un beso. Todo tirado por la borda por un simple beso. Y aún así, al recordar la expresión de genuina felicidad, aquel suave sonrojo en el rostro de ángel e incluso la pequeña y armoniosa risa; de nuevo aquella extraña sensación en su pecho que le hizo gruñir con frustración. Sus orejas reclinadas hacia atrás. Apenas levantó la mirada cuando oyó el sonido de algo resbalar en la superficie de la barra; Husk le había preparado un vaso cargado de una considerable cantidad de whisky de centeno adornado con tres pequeños hielos. Con un suspiro cargado con pesadez, apoyó un codo en la barra y dejó el peso de su cabeza fuera sostenido con una mano mientras con la libre jugaba con el licor. Sosteniendo el vaso de vidrio mientras hacia girar los hielos en su interior, su mirada perdida sutilmente en ellos... ¿Realmente se arrepentía? La parte lógica, calculadora, estratégica de él decía que sí... Que había sido la decisión más estúpida que alguna vez pudo tomar y ¿Honestamente? Tenía razón. Y después estaba su otra parte, una que creyó sellar, dejar a un lado; al desviar la mirada hacia un costado estaba su sombra. Ambos codos sobre la mesada y su mentón entre sus manos mientras lo observaba con una sonrisa divertida pero cómplice. Una sonrisa que le hizo gruñir bajando las orejas tanto como pudo mientras desviaba la mirada y bebía un largo trago de su licor. Allí estaba la otra parte suya, la que no le importaba las consecuencias a futuro y que había disfrutado, por alguna extraña razón, cada segundo de su favor cobrado.
Me gusta
1
0 turnos 0 maullidos
Patrocinados
Patrocinados