• "All I want for Christmas..."
    Fandom Criminal Minds (Mentes Criminales)
    Categoría Slice of Life


    ㅤㅤㅤㅤㅤ⧽ 𝐒𝐓𝐀𝐑𝐓𝐄𝐑
    ㅤㅤㅤㅤㅤ˹ Angie Brooks


    ㅤㅤㅤㅤㅤ
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤSi echaba la vista atrás y revisaba el último año, podía sentir incluso vértigo. Habían cambiado demasiadas cosas y el Jack que habia existido en las Navidades del año 2011 nada tenia que ver con el hombre que afrontaba esas festividades aquel nuevo año. Su vida habia dado un giro radical desde que Angie habia aparecido de nuevo en su vida y le habia ayudado a encontrar esa versión mejorada de sí mismo. No solo eso, le habia ayudado a encontrar una felicidad que creía extinta. Y sentía que habia rejuvenecido, minimo, diez años. Eso le habia dicho Dave Rossi en alguna ocasión.

    Desde la boda de JJ y Will habían ocurrido demasiadas cosas a un ritmo vertiginoso. Pero, vayamos por partes. Pues los hechos son largos y el camino es corto.

    Tal y como Angie habia prometido, se reincorporó a la Unidad de Análisis de Conducta. Y Jack, ahora instaurado definitivamente como nuevo Jefe de Equipo del Equipo B de la UAC, habia decidido darle a la joven agente el tiempo necesario para volver a retomar el trabajo bajo sus términos, tal y como le habia prometido. No la eximia del trabajo de campo, pero sus horas sobre el terreno eran más limitadas y siempre, absolutamente siempre, formaba equipo con él. Aquello habia logrado aumentar la confianza de la joven Brooks y, para cuando se sintió totalmente segura de nuevo, apenas habían pasado un par de meses. Por otro lado, Hammond se mantenía más callado de lo habitual. Acataba normas sin rechistar y trataba de mantener un perfil bajo. Lo que no ayudaba a Jack a eliminar sus dudas sobre él después de su intento de puñalada trapera con la directiva del FBI. Algo tramaba y JT no podía bajar la guardia.

    En el resto de la UAC, las cosas marchaban bien. Tras la marcha de la agente Prentiss en Mayo, Rossi habia bromeado con la posibilidad de robarles a Angie, pero finalmente Hotchner tomó una sabia decisión al contratar a la profesora Alex Blake. Una cerebrito al nivel de Reid.

    Los dos equipos de la UAC se enfrentaban a sus propios casos semana tras semana y con la llegada del verano llegó el momento de conceder vacaciones a sus diversos miembros de forma alterna. Primero el equipo B, luego el equipo A. Asi pues, durante esas vacaciones, JT y Angie afianzaron aun más, y mejor, su relacion sentimental. Incluso, Jack habia decidido cumplir su promesa de pasar más tiempo con su familia y amigos. Por eso, el 4 de Julio acudió hasta la casa de Lana y Jeremy para ser participe de los festejos de aquella celebración nacional. Volvieron a hacer barbacoa en el jardín, volvieron a lanzar fuegos artificiales… Una costumbre que inauguró Keith muchos años atrás y que habían decidido conservar año tras año.

    Lana estaba de los nervios y ponía nervioso tambien a Jeremy ante la perspectiva de la llegada de su primer bebé. Incluso invitaron a la mujer que les daría su hijo en adopción a pasar aquella festividad con ellos.

    Por fin, después de tanto tiempo, las cosas parecían salir bien.

    No supo bien como surgió, ni como llegaron a esa conversacion, pero era agradable poder hablar de ello sin dolor, el nombre de Grace salió a colación. Angie tenia muchas preguntas y Jack agradeció poder hablar de su difunta mujer sin sentir dolor o culpa. La terapia funcionaba bastante bien y JT habia aprendido que debía perdonarse y a quitarse de encima la culpa que no le pertenecía.

    Y entonces, mientras hablaban de Grace, Jack mencionó que los padres de Grace vivían cerca de allí y que no los habia vuelto a ver desde poco después del funeral. La madre de Grace, Doreen, lo llamaba alguna vez… Pero Jack habia pasado tanto tiempo culpándose que ahora… no sabia como recuperar el contacto. Y fue la propia Angie quien lo animó a volver a hacerlo. Prometiendo acompañarlo.

    Y asi fue, un par de dias más tarde, antes de regresar a casa, decidieron desviarse a la casa del matrimonio Ryan. Los nervios de JT estaban a flor de piel, era obvio. Demasiadas dudas asaltaban su mente: ¿Cómo mirarlos a la cara después de lo que le habia pasado a Grace? ¿Qué decirles después de cinco años de casi absoluto silencio? ¿Era buena idea presentarse allí sin avisar? ¿Era aun peor idea presentarse allí con Angie?

    Tuvo el impulso de darse la vuelta a pesar de incluso estar esperando en el umbral de la puerta. Pero esta se abrió y Doreen Ryan lo miró con una expresión que navegaba entre la alegría más pura y la confusión más absoluta.

    -¿Jack? ¿Jack Tessaro? ¿Eres tú? -preguntó Doreen.

    Jack asintió suavemente.

    -Hola, Doreen… No sabía si debía venir…

    Pero las palabras de Jack se esfumaron de sus pensamientos como vaho en el aire cuando Doreen lo estrechó fuertemente entre sus brazos. Obviamente Jack respondió a aquel abrazo sintiendo que una de las muchas heridas de su pasado se cerraban.

    Doreen los hizo pasar, y llamó animadamente a su marido, Paul. Puede que la persona a quien mas temía Jack enfrentar. ¿Cómo mirar a la cara del padre de su mujer muerta? Le constaba todavia que las consecuencias para el propio Hotchner habían sido terribles tras la muerte de su exmujer ocurrida dos años atrás. Y habían sido esas consecuencias las que le habían hecho temer a él tambien la posible reacción de los padres de Grace. Pero los padres de Grace no eran el padre de Hayley Hotchner… Lo habían querido como un hijo y se habían preocupado por él tanto o más que Lana, Jeremy o Luke…

    Por otro lado, no hizo falta que Jack mencionara nada de la naturaleza de su relacion con Angie. Doreen lo entendió con solo ver el lenguaje corporal entre los dos. Y pareció… contenta de verlo feliz. De ver que habia conseguido rehacer su vida. Al menos eso fue lo que dijo…

    -Nunca quisimos que te culparas, Jack…- dijo la mujer mientras los cuatro compartían un tentempié preparado por Paul- Nos preocupados tanto por ti en el funeral… No parecías tú… Paul ha amenazado cien veces con ir a meterte en vereda y que encontraras tu camino… -sonrió Doreen- Pero yo sabía que lo encontrarías a tu propio ritmo. Grace te queria muchisimo. Y ella hubiera querido que fueras feliz…

    En ese momento, Doreen Ryan le dedicó una mirada cómplice a Angie y volvió a mirar a Jack.

    -Me alegro de que ahora seas feliz…

    En cuanto a más cambios en la vida de Jack… Angie habia logrado que la casa del federal dejara de parecer un piso piloto dispuesta para la siguiente visita. Entre marcos de fotos con fotos de ambos, fotos familiares y cuadros de la propia Angie la casa proto pareció habitada de verdad. Las cosas de Grace habían desaparecido de la habitación vacía de la planta superior. Jack le habia entregado la mayoría a Paul y Doreen. Les pertenecían… Salvo un par de recuerdos que Jack quiso conservar. Asi pues esa habitación quedó disponible. Y Jack la acondicionó para que Angie tuviera allí tambien su propio estudio de pintura.

    No habían sido cambios realizados de forma impulsiva. Cualquier persona que conociera a Jack sabría que él era de todo menos impulsivo. Incluso habia realizado una lista de pros y contras y otra de usos para la habitación una vez quedase vacía.

    Pero con el paso de aquellos meses, desde que empezara su relacion con Angie, Jack habia entrado en un importante proceso de cambio. Cambiar para avanzar. Y se sentía bien… Liberado.

    Y entre asesinos en serie y asuntos de la vida cotidiana llegó el aniversario de la incorporación de Angie al equipo. Si bien el 13 de Diciembre los cogió en mitad de un caso, en cuanto regresaron a casa, Jack preparó una cena de celebración. Mientras tanto, la UAC enfrentaba a un peligroso asesino. Alguien llevaba semanas repitiendo los crímenes que la Unidad habia resuelto desde hacia varios meses. Lo cual no opacaba la celebración de Angie y Jack.

    Y asi… llegaron los preparativos para la cena de Navidad. Por supuesto, Lana queria celebrarlo en su casa a pesar de su reciente maternidad. Jack habia sugerido hacerlo en su casa para liberarla del jaleo y los preparativos, pero Lana se habia negado tajantemente.

    -Ni hablar -le dijo por teléfono- Mi casa siempre ha sido bulliciosa y mi hija tendrá que acostumbrarse -luego su tono de voz cambió- Además, me da miedo sacarla de casa. Es que es muy pequeña…

    Asi que, una vez más, la casa de Lana y Jeremy acogería los festejos de Navidad. Y con estos festejos a la vuelta de la esquina, la fecha límite que Jack y Angie se habían puesto para revelar la naturaleza de su relacion a su familia se acercaba terriblemente.

    -Creo que se lo tomará bien… -comentó Jack aquella mañana mientras preparaban la maleta- Lana confía en mí, me conoce y sabe que soy de fiar. Se dará cuenta de que soy el novio perfecto. O de que tienes problemas paternos…- bromeó Jack. Y ante la cara de agobio por parte de Angie, el federal dejó el jersey que habia estado doblando y se acercó a la rubia.

    -Eh… - dijo acercándola hacia si y rodeando su cintura con un brazo para tomar su mano con la otra y asi dejar un beso en sus nudillos- Lo haremos juntos. Y después del día de Navidad se terminaron los secretos. Si Lana tiene alguna critica que me la haga saber a mí. Pero… creo que has tenido una buena idea invitando a Dave… Lana se sentirá menos predispuesta a matarnos… -bromeó.


    #Personajes3D #3D #Comunidad3D #NuevoStarter #CriminalMinds
    ㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤ⧽ 𝐒𝐓𝐀𝐑𝐓𝐄𝐑 ㅤㅤㅤㅤㅤ˹ [AngieBrooks] ㅤㅤㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤSi echaba la vista atrás y revisaba el último año, podía sentir incluso vértigo. Habían cambiado demasiadas cosas y el Jack que habia existido en las Navidades del año 2011 nada tenia que ver con el hombre que afrontaba esas festividades aquel nuevo año. Su vida habia dado un giro radical desde que Angie habia aparecido de nuevo en su vida y le habia ayudado a encontrar esa versión mejorada de sí mismo. No solo eso, le habia ayudado a encontrar una felicidad que creía extinta. Y sentía que habia rejuvenecido, minimo, diez años. Eso le habia dicho Dave Rossi en alguna ocasión. Desde la boda de JJ y Will habían ocurrido demasiadas cosas a un ritmo vertiginoso. Pero, vayamos por partes. Pues los hechos son largos y el camino es corto. Tal y como Angie habia prometido, se reincorporó a la Unidad de Análisis de Conducta. Y Jack, ahora instaurado definitivamente como nuevo Jefe de Equipo del Equipo B de la UAC, habia decidido darle a la joven agente el tiempo necesario para volver a retomar el trabajo bajo sus términos, tal y como le habia prometido. No la eximia del trabajo de campo, pero sus horas sobre el terreno eran más limitadas y siempre, absolutamente siempre, formaba equipo con él. Aquello habia logrado aumentar la confianza de la joven Brooks y, para cuando se sintió totalmente segura de nuevo, apenas habían pasado un par de meses. Por otro lado, Hammond se mantenía más callado de lo habitual. Acataba normas sin rechistar y trataba de mantener un perfil bajo. Lo que no ayudaba a Jack a eliminar sus dudas sobre él después de su intento de puñalada trapera con la directiva del FBI. Algo tramaba y JT no podía bajar la guardia. En el resto de la UAC, las cosas marchaban bien. Tras la marcha de la agente Prentiss en Mayo, Rossi habia bromeado con la posibilidad de robarles a Angie, pero finalmente Hotchner tomó una sabia decisión al contratar a la profesora Alex Blake. Una cerebrito al nivel de Reid. Los dos equipos de la UAC se enfrentaban a sus propios casos semana tras semana y con la llegada del verano llegó el momento de conceder vacaciones a sus diversos miembros de forma alterna. Primero el equipo B, luego el equipo A. Asi pues, durante esas vacaciones, JT y Angie afianzaron aun más, y mejor, su relacion sentimental. Incluso, Jack habia decidido cumplir su promesa de pasar más tiempo con su familia y amigos. Por eso, el 4 de Julio acudió hasta la casa de Lana y Jeremy para ser participe de los festejos de aquella celebración nacional. Volvieron a hacer barbacoa en el jardín, volvieron a lanzar fuegos artificiales… Una costumbre que inauguró Keith muchos años atrás y que habían decidido conservar año tras año. Lana estaba de los nervios y ponía nervioso tambien a Jeremy ante la perspectiva de la llegada de su primer bebé. Incluso invitaron a la mujer que les daría su hijo en adopción a pasar aquella festividad con ellos. Por fin, después de tanto tiempo, las cosas parecían salir bien. No supo bien como surgió, ni como llegaron a esa conversacion, pero era agradable poder hablar de ello sin dolor, el nombre de Grace salió a colación. Angie tenia muchas preguntas y Jack agradeció poder hablar de su difunta mujer sin sentir dolor o culpa. La terapia funcionaba bastante bien y JT habia aprendido que debía perdonarse y a quitarse de encima la culpa que no le pertenecía. Y entonces, mientras hablaban de Grace, Jack mencionó que los padres de Grace vivían cerca de allí y que no los habia vuelto a ver desde poco después del funeral. La madre de Grace, Doreen, lo llamaba alguna vez… Pero Jack habia pasado tanto tiempo culpándose que ahora… no sabia como recuperar el contacto. Y fue la propia Angie quien lo animó a volver a hacerlo. Prometiendo acompañarlo. Y asi fue, un par de dias más tarde, antes de regresar a casa, decidieron desviarse a la casa del matrimonio Ryan. Los nervios de JT estaban a flor de piel, era obvio. Demasiadas dudas asaltaban su mente: ¿Cómo mirarlos a la cara después de lo que le habia pasado a Grace? ¿Qué decirles después de cinco años de casi absoluto silencio? ¿Era buena idea presentarse allí sin avisar? ¿Era aun peor idea presentarse allí con Angie? Tuvo el impulso de darse la vuelta a pesar de incluso estar esperando en el umbral de la puerta. Pero esta se abrió y Doreen Ryan lo miró con una expresión que navegaba entre la alegría más pura y la confusión más absoluta. -¿Jack? ¿Jack Tessaro? ¿Eres tú? -preguntó Doreen. Jack asintió suavemente. -Hola, Doreen… No sabía si debía venir… Pero las palabras de Jack se esfumaron de sus pensamientos como vaho en el aire cuando Doreen lo estrechó fuertemente entre sus brazos. Obviamente Jack respondió a aquel abrazo sintiendo que una de las muchas heridas de su pasado se cerraban. Doreen los hizo pasar, y llamó animadamente a su marido, Paul. Puede que la persona a quien mas temía Jack enfrentar. ¿Cómo mirar a la cara del padre de su mujer muerta? Le constaba todavia que las consecuencias para el propio Hotchner habían sido terribles tras la muerte de su exmujer ocurrida dos años atrás. Y habían sido esas consecuencias las que le habían hecho temer a él tambien la posible reacción de los padres de Grace. Pero los padres de Grace no eran el padre de Hayley Hotchner… Lo habían querido como un hijo y se habían preocupado por él tanto o más que Lana, Jeremy o Luke… Por otro lado, no hizo falta que Jack mencionara nada de la naturaleza de su relacion con Angie. Doreen lo entendió con solo ver el lenguaje corporal entre los dos. Y pareció… contenta de verlo feliz. De ver que habia conseguido rehacer su vida. Al menos eso fue lo que dijo… -Nunca quisimos que te culparas, Jack…- dijo la mujer mientras los cuatro compartían un tentempié preparado por Paul- Nos preocupados tanto por ti en el funeral… No parecías tú… Paul ha amenazado cien veces con ir a meterte en vereda y que encontraras tu camino… -sonrió Doreen- Pero yo sabía que lo encontrarías a tu propio ritmo. Grace te queria muchisimo. Y ella hubiera querido que fueras feliz… En ese momento, Doreen Ryan le dedicó una mirada cómplice a Angie y volvió a mirar a Jack. -Me alegro de que ahora seas feliz… En cuanto a más cambios en la vida de Jack… Angie habia logrado que la casa del federal dejara de parecer un piso piloto dispuesta para la siguiente visita. Entre marcos de fotos con fotos de ambos, fotos familiares y cuadros de la propia Angie la casa proto pareció habitada de verdad. Las cosas de Grace habían desaparecido de la habitación vacía de la planta superior. Jack le habia entregado la mayoría a Paul y Doreen. Les pertenecían… Salvo un par de recuerdos que Jack quiso conservar. Asi pues esa habitación quedó disponible. Y Jack la acondicionó para que Angie tuviera allí tambien su propio estudio de pintura. No habían sido cambios realizados de forma impulsiva. Cualquier persona que conociera a Jack sabría que él era de todo menos impulsivo. Incluso habia realizado una lista de pros y contras y otra de usos para la habitación una vez quedase vacía. Pero con el paso de aquellos meses, desde que empezara su relacion con Angie, Jack habia entrado en un importante proceso de cambio. Cambiar para avanzar. Y se sentía bien… Liberado. Y entre asesinos en serie y asuntos de la vida cotidiana llegó el aniversario de la incorporación de Angie al equipo. Si bien el 13 de Diciembre los cogió en mitad de un caso, en cuanto regresaron a casa, Jack preparó una cena de celebración. Mientras tanto, la UAC enfrentaba a un peligroso asesino. Alguien llevaba semanas repitiendo los crímenes que la Unidad habia resuelto desde hacia varios meses. Lo cual no opacaba la celebración de Angie y Jack. Y asi… llegaron los preparativos para la cena de Navidad. Por supuesto, Lana queria celebrarlo en su casa a pesar de su reciente maternidad. Jack habia sugerido hacerlo en su casa para liberarla del jaleo y los preparativos, pero Lana se habia negado tajantemente. -Ni hablar -le dijo por teléfono- Mi casa siempre ha sido bulliciosa y mi hija tendrá que acostumbrarse -luego su tono de voz cambió- Además, me da miedo sacarla de casa. Es que es muy pequeña… Asi que, una vez más, la casa de Lana y Jeremy acogería los festejos de Navidad. Y con estos festejos a la vuelta de la esquina, la fecha límite que Jack y Angie se habían puesto para revelar la naturaleza de su relacion a su familia se acercaba terriblemente. -Creo que se lo tomará bien… -comentó Jack aquella mañana mientras preparaban la maleta- Lana confía en mí, me conoce y sabe que soy de fiar. Se dará cuenta de que soy el novio perfecto. O de que tienes problemas paternos…- bromeó Jack. Y ante la cara de agobio por parte de Angie, el federal dejó el jersey que habia estado doblando y se acercó a la rubia. -Eh… - dijo acercándola hacia si y rodeando su cintura con un brazo para tomar su mano con la otra y asi dejar un beso en sus nudillos- Lo haremos juntos. Y después del día de Navidad se terminaron los secretos. Si Lana tiene alguna critica que me la haga saber a mí. Pero… creo que has tenido una buena idea invitando a Dave… Lana se sentirá menos predispuesta a matarnos… -bromeó. #Personajes3D #3D #Comunidad3D #NuevoStarter #CriminalMinds
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    Terminado
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  • 𝘓𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘣𝘰𝘴𝘲𝘶𝘦 𝘰𝘤𝘶𝘭𝘵𝘢.
    Fandom ACOTAR
    Categoría Fantasía
    Desde la cima todo era demasiado pequeño, mucho mas que la última vez que había visto el paisaje brillante de Prythian,  tan malditamente despampanante de alegria que le enfermaba el corazon y mas aun a sabiendas de que en algún sucio rincón de esa felicidad se encontraba aquella que tanto despreciaba y ahora caminaba con la gracia de los de su especie, portando el titulo de "Alta Lady".

    El estomago se le revolvió al pensarla sentada junto a su juguete favorito por encima de todos, mezclándose con los suyos como la mentira asquerosa que ella sabia que era aquella humana repugnante. Pero por mas que quisiera la reina destronada no podía ir contra todos ella sola, sin su poder en su máximo esplendor o aliados con los que luchar era un suicidio total siendo la vitalidad su primer punto en la lista.

    Se abrazo de muchos ingenuos que no podían reconocerla con ese rostro tan similar y tan distinto al de ella misma en su momento, robando vitalidad, robando magia, robando todo lo que encontrara en su interior hasta saciar el vacío dentro de ella.
    Para cuando paso un año, algunos inteligentes habían preferido su vida antes de ser torturados por la nueva Ama de los bosques, nunca el mismo lugar, siempre un rumor, pero el temor no fue suficiente para los incautos e imbéciles curiosos.

    -Pronto será hora -Dijo con un tono suave mientras la mujer a sus pies se arrastraba hacia la puerta.- Espero que hayas sonreido suficiente, Feyre Archeron.

    Sus chillidos eran un deleite para Amarantha, quien piso una vez mas la carne blanda del muslo de la mujer, encajando su tacon profundamente mientras algo mas oscuro se enredaba como una serpiente por el cuerpo de la mujer hasta su garganta.

    -Sus sueños, sus esperanzas, su futuro. -Una sonrisa encantadora y un crujido simple la acompañaron en su alegre momento.- Todo será mio de nuevo, junto con tu dulce bebé.
    Desde la cima todo era demasiado pequeño, mucho mas que la última vez que había visto el paisaje brillante de Prythian,  tan malditamente despampanante de alegria que le enfermaba el corazon y mas aun a sabiendas de que en algún sucio rincón de esa felicidad se encontraba aquella que tanto despreciaba y ahora caminaba con la gracia de los de su especie, portando el titulo de "Alta Lady". El estomago se le revolvió al pensarla sentada junto a su juguete favorito por encima de todos, mezclándose con los suyos como la mentira asquerosa que ella sabia que era aquella humana repugnante. Pero por mas que quisiera la reina destronada no podía ir contra todos ella sola, sin su poder en su máximo esplendor o aliados con los que luchar era un suicidio total siendo la vitalidad su primer punto en la lista. Se abrazo de muchos ingenuos que no podían reconocerla con ese rostro tan similar y tan distinto al de ella misma en su momento, robando vitalidad, robando magia, robando todo lo que encontrara en su interior hasta saciar el vacío dentro de ella. Para cuando paso un año, algunos inteligentes habían preferido su vida antes de ser torturados por la nueva Ama de los bosques, nunca el mismo lugar, siempre un rumor, pero el temor no fue suficiente para los incautos e imbéciles curiosos. -Pronto será hora -Dijo con un tono suave mientras la mujer a sus pies se arrastraba hacia la puerta.- Espero que hayas sonreido suficiente, Feyre Archeron. Sus chillidos eran un deleite para Amarantha, quien piso una vez mas la carne blanda del muslo de la mujer, encajando su tacon profundamente mientras algo mas oscuro se enredaba como una serpiente por el cuerpo de la mujer hasta su garganta. -Sus sueños, sus esperanzas, su futuro. -Una sonrisa encantadora y un crujido simple la acompañaron en su alegre momento.- Todo será mio de nuevo, junto con tu dulce bebé.
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  • El vapor llenaba el baño, difuminando la luz que entraba por la ventana. Margo estaba sumergida hasta los hombros, con los ojos cerrados, tratando de sacarse el peso de la noche anterior, de las imágenes que aún quemaban en su cabeza.

    Un golpe suave en la puerta la hizo levantar apenas la mirada.

    —¿Puedo? —la voz de Reid se coló por la rendija, cautelosa, como si temiera romper algo más que la puerta.

    Margo esbozó una sonrisa ligera, cansada, y dejó que entrara:

    —Sí, Spence si no te importa la humedad.

    Él entró, un poco nervioso, con la carpeta cerrada en las manos. La tensión del caso aún estaba marcada en su rostro, pero sus ojos brillaban con esa mezcla de curiosidad y cuidado que siempre la desconcertaba.

    —Pensé que tal vez querrías —titubeó— hablar del caso. O no hablar o no hacer nada en absoluto.

    Ella rió suavemente, dejando que su espalda se hundiera un poco más en el agua caliente.

    —Eso suena como un plan, Doctor Reid. Te dejo decidir cuál de las tres opciones quieres.

    Él se sentó en el borde de la tina, con cuidado de no salpicarla, y respiró hondo. La vio cerrar los ojos otra vez y, sin decir nada más, simplemente se quedó ahí, ofreciendo presencia, un hombro seguro, un silencio que entendía más de lo que las palabras podrían.

    Y en ese instante, después de un caso tan intenso, Margo se permitió sentir alivio.
    Porque Spencer no venía a rescatarla.
    Solo estaba ahí.
    El vapor llenaba el baño, difuminando la luz que entraba por la ventana. Margo estaba sumergida hasta los hombros, con los ojos cerrados, tratando de sacarse el peso de la noche anterior, de las imágenes que aún quemaban en su cabeza. Un golpe suave en la puerta la hizo levantar apenas la mirada. —¿Puedo? —la voz de Reid se coló por la rendija, cautelosa, como si temiera romper algo más que la puerta. Margo esbozó una sonrisa ligera, cansada, y dejó que entrara: —Sí, Spence si no te importa la humedad. Él entró, un poco nervioso, con la carpeta cerrada en las manos. La tensión del caso aún estaba marcada en su rostro, pero sus ojos brillaban con esa mezcla de curiosidad y cuidado que siempre la desconcertaba. —Pensé que tal vez querrías —titubeó— hablar del caso. O no hablar o no hacer nada en absoluto. Ella rió suavemente, dejando que su espalda se hundiera un poco más en el agua caliente. —Eso suena como un plan, Doctor Reid. Te dejo decidir cuál de las tres opciones quieres. Él se sentó en el borde de la tina, con cuidado de no salpicarla, y respiró hondo. La vio cerrar los ojos otra vez y, sin decir nada más, simplemente se quedó ahí, ofreciendo presencia, un hombro seguro, un silencio que entendía más de lo que las palabras podrían. Y en ese instante, después de un caso tan intenso, Margo se permitió sentir alivio. Porque Spencer no venía a rescatarla. Solo estaba ahí.
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  • Habia llegado de madrugada después de un caso en la otra punta del país. Entró en el piso de Angie y se arrastró hasta la cama donde sabia que ella le esperaba. La parte buena de que la joven se encontrara de baja era que siempre estaba allí .

    Por la mañana, Jack se levantó, se duchó y preparó un desayuno digno de una reina. Y es que no se le habia olvidado aquel dia... El 23 de Noviembre estaba más que marcado en su calendario y su cerebro. No era Reid, pero lo cierto era que tenia una memoria envidiable. Para lo que queria y para lo que no también...

    Para cuando Angie Brooks despertó, él ya tenia preparado un desayuno completo en la mesa del salón. Una caja aguardaba por la rubia al lado de un ramo de rosas. ¿Puede que se hubiera pasado con el precio del colgante? Puede... No iba a negarlo. Pero cuando se trataba de Angie, Jack no era capaz de encontrar el limite. La queria y lo daba todo por ella sin pensar...

    -¡Feliz cumpleaños, preciosa! -exclamó Jack al verla aparecer por el pasillo.
    Habia llegado de madrugada después de un caso en la otra punta del país. Entró en el piso de Angie y se arrastró hasta la cama donde sabia que ella le esperaba. La parte buena de que la joven se encontrara de baja era que siempre estaba allí . Por la mañana, Jack se levantó, se duchó y preparó un desayuno digno de una reina. Y es que no se le habia olvidado aquel dia... El 23 de Noviembre estaba más que marcado en su calendario y su cerebro. No era Reid, pero lo cierto era que tenia una memoria envidiable. Para lo que queria y para lo que no también... Para cuando [AngieBrooks] despertó, él ya tenia preparado un desayuno completo en la mesa del salón. Una caja aguardaba por la rubia al lado de un ramo de rosas. ¿Puede que se hubiera pasado con el precio del colgante? Puede... No iba a negarlo. Pero cuando se trataba de Angie, Jack no era capaz de encontrar el limite. La queria y lo daba todo por ella sin pensar... -¡Feliz cumpleaños, preciosa! -exclamó Jack al verla aparecer por el pasillo.
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  • “Te encontré” — Rescate de Ellis

    La casa abandonada estaba en silencio.
    Demasiado silencio.

    Reid avanzó primero, casi corriendo, la linterna temblando en su mano por los nervios.
    Morgan gritó algo detrás, un “¡Reid, esperá!” que él ignoró.

    No podía esperar.
    No después de lo que Rachel había dicho.
    No después de sentir que el mundo se le venía abajo solo por imaginar a Ellis lastimada.

    Abrió una puerta, otra, otra.
    Todas vacías.

    Hasta que escuchó un golpe leve.
    Como un suspiro.
    Como alguien tratando de respirar sin hacer ruido.

    —Ellis… —susurró, con la voz ya rota.

    El sonido venía del sótano.

    Reid bajó los escalones tan rápido que casi se cae.
    Y allí, iluminada por un rayo de luz que entraba por una ventana rota, estaba ella:
    atrapada en una silla, manos atadas, la ropa sucia, el cabello pegado a la frente, pero viva.

    Viva.

    —Ellis —fue casi un sollozo.

    Ella levantó la cabeza con esfuerzo, y cuando lo vio, sus labios temblaron en algo que parecía una sonrisa cansada.

    —Spencer —lo dijo suave, como si estuviera soñando.

    Reid soltó la linterna, dejó caer su arma al suelo y cruzó la habitación en dos pasos.
    No lo pensó.
    No lo procesó.
    No calculó probabilidades.

    Simplemente la rodeó con los brazos y la jaló contra su pecho.

    El golpe del abrazo fue fuerte, desesperado.
    Ella exhaló contra su cuello, como si por fin pudiera respirar.

    —¿Estás bien? —preguntó él, pero su voz quebrada decía que necesitaba oírlo más de lo que ella necesitaba decirlo.

    —Estoy estoy bien, Spencer —susurró, apoyando la cabeza en su hombro—. Sabía que vendrías.

    Sus dedos se aferraron a la tela de su chaqueta, como si necesitara asegurarse de que fuera real.

    Reid cerró los ojos.
    Un segundo.
    Solo un segundo.
    Suficiente para dejar salir un mínimo temblor que no dejaría que nadie más viera.

    —No vuelvas a hacerme esto —murmuró él, a medio camino entre un reproche y un alivio absoluto—. No vuelvas a desaparecer así.

    Ella rió, una risa débil, pero viva.

    —No planeaba hacerlo
    Y menos si sé que te pones así.

    Reid exhaló una mezcla de risa y llanto que nunca admitiría.
    Después se separó un poco, lo justo para verla a los ojos.

    —Te tengo —dijo, y esta vez fue promesa, no aviso.

    —Siempre lo supe —respondió Ellis con suavidad—. Tu siempre me encuentras, Spence.

    Morgan y Prentiss llegaron corriendo detrás, pero ninguno tuvo corazón para interrumpirlos.

    Reid estaba arrodillado frente a ella, desatando las cuerdas con manos temblorosas, mientras Ellis apoyaba la frente en la suya, respirando el mismo aire, compartiendo ese segundo que dijo más que cualquier palabra.

    Porque él la encontró.
    Porque ella lo esperó.
    Porque ese abrazo fue un “te necesito” disfrazado de alivio.
    Porque Reid rescato a su hermana elegida.

    Y nadie en ese sótano tuvo dudas:

    Ellis Preece era la persona capaz de romper —y reconstruir— el corazón de Spencer Reid.
    “Te encontré” — Rescate de Ellis La casa abandonada estaba en silencio. Demasiado silencio. Reid avanzó primero, casi corriendo, la linterna temblando en su mano por los nervios. Morgan gritó algo detrás, un “¡Reid, esperá!” que él ignoró. No podía esperar. No después de lo que Rachel había dicho. No después de sentir que el mundo se le venía abajo solo por imaginar a Ellis lastimada. Abrió una puerta, otra, otra. Todas vacías. Hasta que escuchó un golpe leve. Como un suspiro. Como alguien tratando de respirar sin hacer ruido. —Ellis… —susurró, con la voz ya rota. El sonido venía del sótano. Reid bajó los escalones tan rápido que casi se cae. Y allí, iluminada por un rayo de luz que entraba por una ventana rota, estaba ella: atrapada en una silla, manos atadas, la ropa sucia, el cabello pegado a la frente, pero viva. Viva. —Ellis —fue casi un sollozo. Ella levantó la cabeza con esfuerzo, y cuando lo vio, sus labios temblaron en algo que parecía una sonrisa cansada. —Spencer —lo dijo suave, como si estuviera soñando. Reid soltó la linterna, dejó caer su arma al suelo y cruzó la habitación en dos pasos. No lo pensó. No lo procesó. No calculó probabilidades. Simplemente la rodeó con los brazos y la jaló contra su pecho. El golpe del abrazo fue fuerte, desesperado. Ella exhaló contra su cuello, como si por fin pudiera respirar. —¿Estás bien? —preguntó él, pero su voz quebrada decía que necesitaba oírlo más de lo que ella necesitaba decirlo. —Estoy estoy bien, Spencer —susurró, apoyando la cabeza en su hombro—. Sabía que vendrías. Sus dedos se aferraron a la tela de su chaqueta, como si necesitara asegurarse de que fuera real. Reid cerró los ojos. Un segundo. Solo un segundo. Suficiente para dejar salir un mínimo temblor que no dejaría que nadie más viera. —No vuelvas a hacerme esto —murmuró él, a medio camino entre un reproche y un alivio absoluto—. No vuelvas a desaparecer así. Ella rió, una risa débil, pero viva. —No planeaba hacerlo Y menos si sé que te pones así. Reid exhaló una mezcla de risa y llanto que nunca admitiría. Después se separó un poco, lo justo para verla a los ojos. —Te tengo —dijo, y esta vez fue promesa, no aviso. —Siempre lo supe —respondió Ellis con suavidad—. Tu siempre me encuentras, Spence. Morgan y Prentiss llegaron corriendo detrás, pero ninguno tuvo corazón para interrumpirlos. Reid estaba arrodillado frente a ella, desatando las cuerdas con manos temblorosas, mientras Ellis apoyaba la frente en la suya, respirando el mismo aire, compartiendo ese segundo que dijo más que cualquier palabra. Porque él la encontró. Porque ella lo esperó. Porque ese abrazo fue un “te necesito” disfrazado de alivio. Porque Reid rescato a su hermana elegida. Y nadie en ese sótano tuvo dudas: Ellis Preece era la persona capaz de romper —y reconstruir— el corazón de Spencer Reid.
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  • 𝐓𝐡𝐞 𝐒𝐭𝐚𝐫𝐫𝐲 𝐍𝐢𝐠𝐡𝐭
    Fandom Original + Zodiac's
    Categoría Original
    El firmamento estaba tranquilo, un mar oscuro salpicado de luz plateada. Entre todas las constelaciones, Elsbeth permanecía sola, la favorita de la Luna, observando cómo los demás descendían a la Tierra. Cada uno había dejado su rastro, sus luchas y su historia, y ella los había visto a todos perderse y confundirse en el mundo humano.

    Pero antes de partir, dejó su propio mensaje. Una lluvia de nereidas comenzó a surcar el cielo nocturno, un espectáculo que solo sus hermanos podrían reconocer. Cada destello era un susurro, un recuerdo de que, aunque distante, su mirada y su cuidado aún los seguían. Entre todos los destellos, uno brilló más fuerte, más intenso. Esa era ella: una señal, clara e inconfundible.

    Entonces, la Luna habló con un susurro que sólo Elsbeth podía escuchar:
    —Ve. Es tu momento.

    Sin dudarlo, descendió. No era una caída, sino un desplazamiento preciso, elegante, que parecía rasgar la oscuridad con su luz. Tocó la Tierra con suavidad, la misma calma letal con la que siempre ejecutaba su destino. Su cabello negro azabache flotaba ligeramente, reflejando los últimos destellos de la lluvia de nereidas, y su piel pálida parecía capturar la luz de cada estrella que aún parpadeaba en el aire.

    Al alzar la mirada al cielo nocturno, sonrió. Por primera vez en siglos, estaba en el mismo plano que sus hermanos, el mismo espacio que todos ellos, aunque separados. Cada chispa de la lluvia era un recordatorio de que no los había olvidado, que siempre había estado observando.

    —Ahora sí que comience —susurró, dejando que su voz se perdiera entre los ecos de la noche—.

    El firmamento estaba tranquilo, un mar oscuro salpicado de luz plateada. Entre todas las constelaciones, Elsbeth permanecía sola, la favorita de la Luna, observando cómo los demás descendían a la Tierra. Cada uno había dejado su rastro, sus luchas y su historia, y ella los había visto a todos perderse y confundirse en el mundo humano. Pero antes de partir, dejó su propio mensaje. Una lluvia de nereidas comenzó a surcar el cielo nocturno, un espectáculo que solo sus hermanos podrían reconocer. Cada destello era un susurro, un recuerdo de que, aunque distante, su mirada y su cuidado aún los seguían. Entre todos los destellos, uno brilló más fuerte, más intenso. Esa era ella: una señal, clara e inconfundible. Entonces, la Luna habló con un susurro que sólo Elsbeth podía escuchar: —Ve. Es tu momento. Sin dudarlo, descendió. No era una caída, sino un desplazamiento preciso, elegante, que parecía rasgar la oscuridad con su luz. Tocó la Tierra con suavidad, la misma calma letal con la que siempre ejecutaba su destino. Su cabello negro azabache flotaba ligeramente, reflejando los últimos destellos de la lluvia de nereidas, y su piel pálida parecía capturar la luz de cada estrella que aún parpadeaba en el aire. Al alzar la mirada al cielo nocturno, sonrió. Por primera vez en siglos, estaba en el mismo plano que sus hermanos, el mismo espacio que todos ellos, aunque separados. Cada chispa de la lluvia era un recordatorio de que no los había olvidado, que siempre había estado observando. —Ahora sí que comience —susurró, dejando que su voz se perdiera entre los ecos de la noche—.
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  • ¿Se sigue riendo de la humillada que le ha dado a ese criajo engreido?

    Por supuesto.

    ¿Que seguro Temachus irá a llorarle a su mamá?

    Obviamente.

    ¿Se arrepiente?

    Ni en lo más mínimo.
    ¿Se sigue riendo de la humillada que le ha dado a ese criajo engreido? Por supuesto. ¿Que seguro Temachus irá a llorarle a su mamá? Obviamente. ¿Se arrepiente? Ni en lo más mínimo.
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  • Desde otro punto de vista
    Fandom Criminal Minds (Mentes Criminales)
    Categoría Acción
    ㅤㅤㅤㅤ
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ⎤⎤⎤⃟ 𝑛𝑒𝑤
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝐬𝐭𝐚𝐫𝐭𝐞𝐫
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤSean Wesson

    Cuando el equipo B de la UAC regresó de Pensacola eran pasadas las nueve y media de la noche. Casi al mismo tiempo que regresaba el equipo de Hotchner. Un hito para recordar, pues no solían coincidir nada más que algunas mañanas en horario de oficina… Y la realidad era que todos se llevaban bastante bien. Lauren solía quedar a menudo con Prentiss, JJ y García. Wesson salía a entrenar con Derek Morgan de tanto en tanto. Y se había ofrecido a ayudar a Dave Rossi con la reconstrucción de uno de sus coches de época, además de debatir sobre cualquier cosa con Spencer Reid.

    La conversacion se había tornado tan animada entre los equipos de camino al ascensor para subir a la planta de su departamento donde poder recoger sus efectos personales en la oficina y marcharse a casa que, cuando Dave Rossi había propuesto ir a tomar una copa a uno de los establecimientos de confianza del equipo, nadie pudo negarse. Bueno, nadie salvo JT. Ese hombre vivía por y para el trabajo y declinó la oferta poniendo una excusa demasiado pobre que nadie se creyó. Lauren no recordaba haberlo visto divertirse. Nunca. Nunca en los tres años que hacía que trabajaban juntos. Conocía su trágica historia, por supuesto. Pero era muy triste y casi desolador ver como parecía haber dejado toda su existencia en pausa. Jack solamente vivía para el trabajo…

    Aunque Lauren no hizo nada por invitarle a ir con ellos, ya que sabía la respuesta que obtendría, sí que esa pequeña espina se quedó clavada en ella de un modo algo molesto. Y, si bien no pensó en ello en toda la velada que pasó con sus amigos y compañeros de trabajo, ya que estuvo demasiado ocupada bailando con Wesson y las chicas del equipo de Hotch, sí se atrevió a verbalizarlo cuando entró en su casa.

    -Deberíamos insistirle más para que saliera con nosotros, ¿no te parece? -preguntó quitándose los tacones y dejándolos a un lado del sofá- Quiero decir… parece que vive como un ermitaño.

    Se giró hacia su compañero, Sean Wesson y su rostro fue iluminado por una enorme sonrisa.

    -Debería empezar a traer mi ropa a esta casa poco a poco, ¿no te parece? Prácticamente parece que vivo aquí -rio y alargó una mano para agarrar a Sean por la camisa y acercarlo a ella- Ven aquí…- dijo, y no estaba muy segura de haberlo terminado la frase antes de fundirse en un cálido beso con él. Por supuesto ese era el primer beso que le daba desde la mañana. Por supuesto nadie en la oficina sabía nada de su affaire romántico con Wesson. Por supuesto que este había empezado casi tres años atrás.
    ㅤㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ⎤⎤⎤⃟ 𝑛𝑒𝑤 ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝐬𝐭𝐚𝐫𝐭𝐞𝐫 ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ[WESS0N] Cuando el equipo B de la UAC regresó de Pensacola eran pasadas las nueve y media de la noche. Casi al mismo tiempo que regresaba el equipo de Hotchner. Un hito para recordar, pues no solían coincidir nada más que algunas mañanas en horario de oficina… Y la realidad era que todos se llevaban bastante bien. Lauren solía quedar a menudo con Prentiss, JJ y García. Wesson salía a entrenar con Derek Morgan de tanto en tanto. Y se había ofrecido a ayudar a Dave Rossi con la reconstrucción de uno de sus coches de época, además de debatir sobre cualquier cosa con Spencer Reid. La conversacion se había tornado tan animada entre los equipos de camino al ascensor para subir a la planta de su departamento donde poder recoger sus efectos personales en la oficina y marcharse a casa que, cuando Dave Rossi había propuesto ir a tomar una copa a uno de los establecimientos de confianza del equipo, nadie pudo negarse. Bueno, nadie salvo JT. Ese hombre vivía por y para el trabajo y declinó la oferta poniendo una excusa demasiado pobre que nadie se creyó. Lauren no recordaba haberlo visto divertirse. Nunca. Nunca en los tres años que hacía que trabajaban juntos. Conocía su trágica historia, por supuesto. Pero era muy triste y casi desolador ver como parecía haber dejado toda su existencia en pausa. Jack solamente vivía para el trabajo… Aunque Lauren no hizo nada por invitarle a ir con ellos, ya que sabía la respuesta que obtendría, sí que esa pequeña espina se quedó clavada en ella de un modo algo molesto. Y, si bien no pensó en ello en toda la velada que pasó con sus amigos y compañeros de trabajo, ya que estuvo demasiado ocupada bailando con Wesson y las chicas del equipo de Hotch, sí se atrevió a verbalizarlo cuando entró en su casa. -Deberíamos insistirle más para que saliera con nosotros, ¿no te parece? -preguntó quitándose los tacones y dejándolos a un lado del sofá- Quiero decir… parece que vive como un ermitaño. Se giró hacia su compañero, Sean Wesson y su rostro fue iluminado por una enorme sonrisa. -Debería empezar a traer mi ropa a esta casa poco a poco, ¿no te parece? Prácticamente parece que vivo aquí -rio y alargó una mano para agarrar a Sean por la camisa y acercarlo a ella- Ven aquí…- dijo, y no estaba muy segura de haberlo terminado la frase antes de fundirse en un cálido beso con él. Por supuesto ese era el primer beso que le daba desde la mañana. Por supuesto nadie en la oficina sabía nada de su affaire romántico con Wesson. Por supuesto que este había empezado casi tres años atrás.
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  • ⎣ Primer Contacto. ⎤

    A medio metro del suelo. Inmóvil. Enraizado contra un rincón de la habitación. Unas hebras negras salían de su espalda adhiriéndose al concreto y el ladrillo como si fueran venas.

    La criatura a la que pertenecía el rastro térmico que Viper vio, estaba ahí. Adentro de la sala al final del corredor en espiral, tal y como había dicho Ekkora.

    Viper sabía que no estaba inactiva como parecía. Su rostro vacío, literalmente, no parecía inerte. De repente, ese rostro le miró.

    Ese hueco en medio de la cabeza donde debería haber una cara, ese vacío de pareidolia que angustiaría a cualquiera. A Viper no le afectó... tanto. Su autocontrol ya estaba bien curtido.

    La criatura, sin embargo, ladeó la cabeza. Lo había sentido, que no visto. Pero parecía confundida, como si la reacción de Viper le desconcertara.

    — No.

    Dijo Viper. Fue una advertencia y nada más. Una que parecía carecer de sentido para la criatura. No lo comprendió, o no dio señales de ello. El naga no tenía los dotes de Ekkora para comunicarse en el idioma de las anomalías.

    Viper, que se había detenido en la puerta, echó a andar de nuevo. Sólo traía un cuchillo corriente en la mano.

    Las venas palpitaron una vez, dos veces. Describían un ritmo, un patrón... que reconoció como el de su propio corazón.

    — No ves... pero sientes.

    ¿La criatura intentaba comunicarse?
    ¿Qué estaría queriendo decirle?
    ¿Estaría analizándole?

    La última posibilidad despertó el modo defensivo en Viper. Su corazón se aceleró apenas lo suficiente como para suministrar la adrenalina de forma más eficiente.

    Eso activó a la criatura.

    Una explosión psíquica le atravesó el cráneo. Su mente, aturdida como si acabara de salir de una licuadora, batallaba por recuperar el control de sus sentidos. Viper se tambaleó y apretó los colmillos. Sintió como la criatura se desprendía entre crujidos estremecedores. Sus venas se convirtieron en rígidas lanzas. La criatura embistió con desconcertante velocidad, pero Viper evadió las lanzas rodando por el piso hacia un costado.

    Un pilar fue su refugio. Allí descubrió que le ardía el brazo, tenía una herida que sangraba sin control, como si aún hubiera carne a la que irrigar. Pero le faltaba un trozo del músculo como si nunca hubiera estado ahí, sin piel.

    Esa fue la primera vez que se enfrentó a una herida dimensional. Su cuerpo no sabía qué hacer, ni siquiera comprendía que estaba herido.

    No tuvo tiempo de pensar en ello. La criatura volvía a abalanzarse contra él con pasos que no hacían ruido. Y pudo ver que, un segundo antes de que una lanza casi le atravesara la cabeza, algo brilló en el interior que creyó vacío de la criatura.

    Un núcleo.

    Viper se alejó a trompicones, saltando de un lado a otro con improvisada torpeza. Se guardó el cuchillo, desenfundó sus espadas gemelas y buscó ponerse a cubierto.

    Otra descarga psíquica le sacudió la cabeza y supo que estaría vulnerable y expuesto por al menos un par de segundos. Sin sentidos.

    Cuando se recuperó, una punzada de dolor le atravesaba el pecho de lado a lado. La criatura estaba frente a él, sus tentáculos clavándosele en el pecho quién sabe en cuántos sitios. La frustración le inundó de pies a cabeza, pero supo que no todo estaba perdido cuando vio que la abertura brillaba.

    El núcleo estaba expuesto.

    Viper clavó la espada que sostenía con el brazo sano, la hundió presionando con fuerza en el hueco de la criatura. Y esta, desconcertada por el daño que le hacía un arma que aparentaba ser como tantas otras que no fueron efectivas, no gritó. Su desesperación fue como una onda expansiva silenciosa. Como si la gravedad se sacudiera. Cuando la criatura cayó, quemándose lentamente en su propio plano, las venas se retorcieron como gusanos en sal.

    Para cuando la paz regresó, Viper ya no estaba ahí.
    Usó su último resquicio de consciencia para teletransportarse de regreso a casa.
    ⎣ Primer Contacto. ⎤ A medio metro del suelo. Inmóvil. Enraizado contra un rincón de la habitación. Unas hebras negras salían de su espalda adhiriéndose al concreto y el ladrillo como si fueran venas. La criatura a la que pertenecía el rastro térmico que Viper vio, estaba ahí. Adentro de la sala al final del corredor en espiral, tal y como había dicho Ekkora. Viper sabía que no estaba inactiva como parecía. Su rostro vacío, literalmente, no parecía inerte. De repente, ese rostro le miró. Ese hueco en medio de la cabeza donde debería haber una cara, ese vacío de pareidolia que angustiaría a cualquiera. A Viper no le afectó... tanto. Su autocontrol ya estaba bien curtido. La criatura, sin embargo, ladeó la cabeza. Lo había sentido, que no visto. Pero parecía confundida, como si la reacción de Viper le desconcertara. — No. Dijo Viper. Fue una advertencia y nada más. Una que parecía carecer de sentido para la criatura. No lo comprendió, o no dio señales de ello. El naga no tenía los dotes de Ekkora para comunicarse en el idioma de las anomalías. Viper, que se había detenido en la puerta, echó a andar de nuevo. Sólo traía un cuchillo corriente en la mano. Las venas palpitaron una vez, dos veces. Describían un ritmo, un patrón... que reconoció como el de su propio corazón. — No ves... pero sientes. ¿La criatura intentaba comunicarse? ¿Qué estaría queriendo decirle? ¿Estaría analizándole? La última posibilidad despertó el modo defensivo en Viper. Su corazón se aceleró apenas lo suficiente como para suministrar la adrenalina de forma más eficiente. Eso activó a la criatura. Una explosión psíquica le atravesó el cráneo. Su mente, aturdida como si acabara de salir de una licuadora, batallaba por recuperar el control de sus sentidos. Viper se tambaleó y apretó los colmillos. Sintió como la criatura se desprendía entre crujidos estremecedores. Sus venas se convirtieron en rígidas lanzas. La criatura embistió con desconcertante velocidad, pero Viper evadió las lanzas rodando por el piso hacia un costado. Un pilar fue su refugio. Allí descubrió que le ardía el brazo, tenía una herida que sangraba sin control, como si aún hubiera carne a la que irrigar. Pero le faltaba un trozo del músculo como si nunca hubiera estado ahí, sin piel. Esa fue la primera vez que se enfrentó a una herida dimensional. Su cuerpo no sabía qué hacer, ni siquiera comprendía que estaba herido. No tuvo tiempo de pensar en ello. La criatura volvía a abalanzarse contra él con pasos que no hacían ruido. Y pudo ver que, un segundo antes de que una lanza casi le atravesara la cabeza, algo brilló en el interior que creyó vacío de la criatura. Un núcleo. Viper se alejó a trompicones, saltando de un lado a otro con improvisada torpeza. Se guardó el cuchillo, desenfundó sus espadas gemelas y buscó ponerse a cubierto. Otra descarga psíquica le sacudió la cabeza y supo que estaría vulnerable y expuesto por al menos un par de segundos. Sin sentidos. Cuando se recuperó, una punzada de dolor le atravesaba el pecho de lado a lado. La criatura estaba frente a él, sus tentáculos clavándosele en el pecho quién sabe en cuántos sitios. La frustración le inundó de pies a cabeza, pero supo que no todo estaba perdido cuando vio que la abertura brillaba. El núcleo estaba expuesto. Viper clavó la espada que sostenía con el brazo sano, la hundió presionando con fuerza en el hueco de la criatura. Y esta, desconcertada por el daño que le hacía un arma que aparentaba ser como tantas otras que no fueron efectivas, no gritó. Su desesperación fue como una onda expansiva silenciosa. Como si la gravedad se sacudiera. Cuando la criatura cayó, quemándose lentamente en su propio plano, las venas se retorcieron como gusanos en sal. Para cuando la paz regresó, Viper ya no estaba ahí. Usó su último resquicio de consciencia para teletransportarse de regreso a casa.
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  • —Las freidoras de aire y sus consecuencias han sido un desastre para mis habilidades culinarias.
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