• La timidez es una condición ajena al corazón, una categoría, una dimensión que desemboca en la soledad.
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  • Sería necesario unirse a alguien o alguna comunidad? Si…soledad pasaba cuenta, no era una chica que pasaba desapercibida, pero había hecho todo por ser invisible, quizá era hora de dejar eso atrás ?
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  • Adiós a la Kairi que esperaba tus llamadas a la Kairi que mendigaba un poco de tu atencion y a la que nunca tomaste enserio ahora renaci agradezco ser desechada por los Ishtar ellos me estancaban y únicamente me atrasaban ya que fingen ser una familia unida pero son más falsos que un billete de 2 dólares ahora soy una Nura es verdad me costó mi soledad pero prefiero esta soledad que vivir de apariencias como esa familia incestuosa y asquerosa que de familia solo tienen el apellido porque familia nunca lo fueron
    Adiós a la Kairi que esperaba tus llamadas a la Kairi que mendigaba un poco de tu atencion y a la que nunca tomaste enserio ahora renaci agradezco ser desechada por los Ishtar ellos me estancaban y únicamente me atrasaban ya que fingen ser una familia unida pero son más falsos que un billete de 2 dólares ahora soy una Nura es verdad me costó mi soledad pero prefiero esta soledad que vivir de apariencias como esa familia incestuosa y asquerosa que de familia solo tienen el apellido porque familia nunca lo fueron
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  • — No pretendo arrebatarte tu nombre ni borrar quién eres… jamás me atrevería a despojarte de lo único que te pertenece por completo. Solo quiero acercarme lo suficiente para sostener tu dolor sin que tengas que cargarlo en soledad, y ayudarte a sanar esas heridas que el tiempo nunca se dignó a perdonar —Murmuró, acercándose con cautela, como si temiera romperlo con su propia presencia. Sus dedos temblaron levemente antes de detenerse a escasos centímetros...
    — No pretendo arrebatarte tu nombre ni borrar quién eres… jamás me atrevería a despojarte de lo único que te pertenece por completo. Solo quiero acercarme lo suficiente para sostener tu dolor sin que tengas que cargarlo en soledad, y ayudarte a sanar esas heridas que el tiempo nunca se dignó a perdonar —Murmuró, acercándose con cautela, como si temiera romperlo con su propia presencia. Sus dedos temblaron levemente antes de detenerse a escasos centímetros...
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Sofía Callahan

    Edad: 25 años
    Profesión: Historiadora (especializada en archivos civiles y correspondencia privada del siglo XIX)
    Residencia: Un apartamento modesto en las afueras, a dos horas de la ciudad; suficiente distancia para que el ruido se vuelva recuerdo y el aire tenga la ausencia de orina y gasolina que es tan maravillosa de inspirar desde el pecho.

    ✧ Apariencia

    No es llamativa en el sentido inmediato, pueden llegar a encontrarse indicios de dinero generacional, pero meramente es admiración por el estilo pasado y ojo clínico a la hora de ir a mercados de segunda mano.
    Cabello oscuro que suele recoger con descuido práctico; mechones sueltos que sobreviven al intento de orden y a grandes rasgos no llegan a ser contraproducentes a la hora de enterrar el rostro en un libro. Piel clara que acusa las horas frente a documentos y lámparas amarillas. Ojos que parecen más viejos de lo que deberían, como si hubieran leído demasiado pronto ciertas cosas.

    Viste prendas sencillas: faldas de tonos apagados, suéteres gruesos, blusas heredadas o encontradas en ventas de garaje. Siempre lleva una cadena fina con un pequeño símbolo religioso, casi escondido bajo la tela.

    ✧ Personalidad

    Doméstica sin ser sumisa.
    Reservada sin ser fría.

    Sofía tiene una manera suave de habitar el espacio, como si pidiera permiso incluso cuando nadie se lo exige. Habla bajo, pero con precisión. El tipo de conversación que se encuentra en profesores de universidad con tintes de maestra de kinder, reverencia al conocimiento y amor a algo que se le debe la ternura que nunca le fue otorgada. No soporta las afirmaciones vacías ni la grandilocuencia sin sustancia, meses de estar acurrucada entre palabras firmes y transparencia escondida en los lugares que deben ser ganados le dejó una pequeña tara a la hora de enfrentar el baile social moderno.

    Su delicadeza no es dramática, es mutismo selectivo:
    — Su mente se pierde felizmente en la espiral descendente de la introspección o la fantasía.
    — Acuna una tendencia patológica a acumular información de cualquier sea el tipo para acurrucarse en ella.
    — Su corazón late con más fuerza y calidez cuando se mantiene dentro de su mundo interno.

    Pero hay algo en ella que no se ha quebrado: una fe pequeña, casi infantil, que no se apoya en dogmas sino en la esperanza obstinada de que la verdad importa, de que la memoria dignifica, de que las cosas pueden repararse aunque nadie lo vea.

    A veces reza, no siempre por sí misma, y definitivamente nunca al mismo ente.

    ✧ Vida cotidiana

    Su apartamento es humilde igual que el resto de los asalariados, aunque profundamente provisto de tonterías, decoraciones, instrumentos del siglo pasado y una vivencia héctica.

    Una mesa de escritura desplegable edwardiana junto a la ventana donde trabaja.

    Tazas de porcelana real, distintos dibujos y una miriada de orígenes.

    Una planta que lucha por sobrevivir al invierno, nadie dijo que las suculentas fueran tan demandantes.

    Estanterías con libros marcados con notas al margen, rebosantes de marca hojas y con cuadernos junto que detallan la investigación a la que asistieron o las aventuras que llegaron a subsidiar.

    Una radio antigua que solo sintoniza bien por las noches.

    La distancia con la ciudad es deliberada. Dos horas de tren o carretera que funcionan como frontera emocional. Allí trabaja, investiga, consulta archivos. Aquí vive.

    Su realidad culinaria es deplorable, pero sin recaer a la miseria absoluta, comidas congeladas, platillos en contenedores de papel y algunos contenedores de vidrio que su madre insiste en dejarle. Encuentra una calma casi sagrada en doblar la ropa o limpiar los platos con cuidado, uno de los peligros de poseer vajilla de relevancia histórica nula pero amplio significado emocional.

    ✧ Conflictos internos

    Se siente atraída por historias trágicas del pasado; hay algo en el sufrimiento antiguo que la consuela.

    Tiene miedo de volverse indiferente.

    A veces confunde soledad con vocación.

    No es ingenua, pero conserva una ternura peligrosa: todavía cree en la bondad inesperada. Todavía se sorprende cuando alguien miente.

    ✧ Creencias

    No milita activamente en ninguna institución religiosa, pero guarda fe.
    Enciende velas pequeñas en fechas que nadie más recuerda.
    Cree en la memoria como acto moral.
    Cree que el amor —aunque no haya tenido uno grande todavía— es algo serio, casi sagrado.


    Sofía Callahan Edad: 25 años Profesión: Historiadora (especializada en archivos civiles y correspondencia privada del siglo XIX) Residencia: Un apartamento modesto en las afueras, a dos horas de la ciudad; suficiente distancia para que el ruido se vuelva recuerdo y el aire tenga la ausencia de orina y gasolina que es tan maravillosa de inspirar desde el pecho. ✧ Apariencia No es llamativa en el sentido inmediato, pueden llegar a encontrarse indicios de dinero generacional, pero meramente es admiración por el estilo pasado y ojo clínico a la hora de ir a mercados de segunda mano. Cabello oscuro que suele recoger con descuido práctico; mechones sueltos que sobreviven al intento de orden y a grandes rasgos no llegan a ser contraproducentes a la hora de enterrar el rostro en un libro. Piel clara que acusa las horas frente a documentos y lámparas amarillas. Ojos que parecen más viejos de lo que deberían, como si hubieran leído demasiado pronto ciertas cosas. Viste prendas sencillas: faldas de tonos apagados, suéteres gruesos, blusas heredadas o encontradas en ventas de garaje. Siempre lleva una cadena fina con un pequeño símbolo religioso, casi escondido bajo la tela. ✧ Personalidad Doméstica sin ser sumisa. Reservada sin ser fría. Sofía tiene una manera suave de habitar el espacio, como si pidiera permiso incluso cuando nadie se lo exige. Habla bajo, pero con precisión. El tipo de conversación que se encuentra en profesores de universidad con tintes de maestra de kinder, reverencia al conocimiento y amor a algo que se le debe la ternura que nunca le fue otorgada. No soporta las afirmaciones vacías ni la grandilocuencia sin sustancia, meses de estar acurrucada entre palabras firmes y transparencia escondida en los lugares que deben ser ganados le dejó una pequeña tara a la hora de enfrentar el baile social moderno. Su delicadeza no es dramática, es mutismo selectivo: — Su mente se pierde felizmente en la espiral descendente de la introspección o la fantasía. — Acuna una tendencia patológica a acumular información de cualquier sea el tipo para acurrucarse en ella. — Su corazón late con más fuerza y calidez cuando se mantiene dentro de su mundo interno. Pero hay algo en ella que no se ha quebrado: una fe pequeña, casi infantil, que no se apoya en dogmas sino en la esperanza obstinada de que la verdad importa, de que la memoria dignifica, de que las cosas pueden repararse aunque nadie lo vea. A veces reza, no siempre por sí misma, y definitivamente nunca al mismo ente. ✧ Vida cotidiana Su apartamento es humilde igual que el resto de los asalariados, aunque profundamente provisto de tonterías, decoraciones, instrumentos del siglo pasado y una vivencia héctica. Una mesa de escritura desplegable edwardiana junto a la ventana donde trabaja. Tazas de porcelana real, distintos dibujos y una miriada de orígenes. Una planta que lucha por sobrevivir al invierno, nadie dijo que las suculentas fueran tan demandantes. Estanterías con libros marcados con notas al margen, rebosantes de marca hojas y con cuadernos junto que detallan la investigación a la que asistieron o las aventuras que llegaron a subsidiar. Una radio antigua que solo sintoniza bien por las noches. La distancia con la ciudad es deliberada. Dos horas de tren o carretera que funcionan como frontera emocional. Allí trabaja, investiga, consulta archivos. Aquí vive. Su realidad culinaria es deplorable, pero sin recaer a la miseria absoluta, comidas congeladas, platillos en contenedores de papel y algunos contenedores de vidrio que su madre insiste en dejarle. Encuentra una calma casi sagrada en doblar la ropa o limpiar los platos con cuidado, uno de los peligros de poseer vajilla de relevancia histórica nula pero amplio significado emocional. ✧ Conflictos internos Se siente atraída por historias trágicas del pasado; hay algo en el sufrimiento antiguo que la consuela. Tiene miedo de volverse indiferente. A veces confunde soledad con vocación. No es ingenua, pero conserva una ternura peligrosa: todavía cree en la bondad inesperada. Todavía se sorprende cuando alguien miente. ✧ Creencias No milita activamente en ninguna institución religiosa, pero guarda fe. Enciende velas pequeñas en fechas que nadie más recuerda. Cree en la memoria como acto moral. Cree que el amor —aunque no haya tenido uno grande todavía— es algo serio, casi sagrado.
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  • ¡Oh, mis queridos y pecaminosos oyentes! Qué placer me produce sintonizar la deliciosa frecuencia de su desesperación romántica... Puedo olerla desde aquí, y es... exquisita.
    Si han encontrado a alguien lo suficientemente valiente para estar a su lado, procuren no asfixiarse entre tanta cursilería barata; sería una lástima que su historia terminara de forma tan... insípida. Y si se encuentran solos en la penumbra... bueno, la soledad es la amante más fiel para quienes comprendemos que la verdadera diversión, la que realmente hace que la sangre hierva, comienza justo cuando las luces se apagan y las sombras cobran vida. Jxjxjxjx...
    ¿Alguien tuvo la osadía de decirles que no? ¡Bravo! ¡Maravilloso! El universo tiene un sentido del humor tan retorcido como el mío, ¿no les parece? Seguramente solo están saldando deudas de vidas pasadas, deudas que sus pobres mentes han preferido olvidar para no perder el juicio.
    Así que, por favor, dejen de lamentarse; se ven absolutamente patéticos arrastrando los pies como almas en pena. Es mucho más... tentador... mantener esa sonrisa grabada en el rostro. Después de todo, es la máscara perfecta para ocultar el hambre voraz que llevan dentro... el hambre de lo que sea que estén buscando devorar esta noche.
    ¡Sonrían,mis queridos oyentes! Nunca se sabe quién está observando desde la oscuridad... o quién está esperando pacientemente a que bajen la guardia para dar el primer y último mordisco. Jajajajaja...
    ¡Oh, mis queridos y pecaminosos oyentes! Qué placer me produce sintonizar la deliciosa frecuencia de su desesperación romántica... Puedo olerla desde aquí, y es... exquisita. Si han encontrado a alguien lo suficientemente valiente para estar a su lado, procuren no asfixiarse entre tanta cursilería barata; sería una lástima que su historia terminara de forma tan... insípida. Y si se encuentran solos en la penumbra... bueno, la soledad es la amante más fiel para quienes comprendemos que la verdadera diversión, la que realmente hace que la sangre hierva, comienza justo cuando las luces se apagan y las sombras cobran vida. Jxjxjxjx... ¿Alguien tuvo la osadía de decirles que no? ¡Bravo! ¡Maravilloso! El universo tiene un sentido del humor tan retorcido como el mío, ¿no les parece? Seguramente solo están saldando deudas de vidas pasadas, deudas que sus pobres mentes han preferido olvidar para no perder el juicio. Así que, por favor, dejen de lamentarse; se ven absolutamente patéticos arrastrando los pies como almas en pena. Es mucho más... tentador... mantener esa sonrisa grabada en el rostro. Después de todo, es la máscara perfecta para ocultar el hambre voraz que llevan dentro... el hambre de lo que sea que estén buscando devorar esta noche. ¡Sonrían,mis queridos oyentes! Nunca se sabe quién está observando desde la oscuridad... o quién está esperando pacientemente a que bajen la guardia para dar el primer y último mordisco. Jajajajaja...
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  • • ¿Perdido o simplemente sin un camino definido? •

    Mi vida llevaba años siendo un desastre,desde que mamá me tuvo ella me mantuvo oculto de todos los demás, ella murió y me enteré de toda la verdad, tenía un hermano que murió, yo también tengo uno perdido,mi padre fue desarmado en piezas...y todo el mundo se enteró que el hijo de la bruja escarlata estaba suelto.Cuando las brujas empezaron también llegó mi más grande soledad, caminaba por la escuela solo mientras los demas me gritaba,insultaban o golpeaban , y cuando porfin pude defenderme...perdí el control y acabe con una vida,mas no me arrepentí,me fui y ahora escape de lo que solía ser...no solo cambie mi nombre y mi hogar... también mi apariencia y sentí que me estaba soltando de todo lo que era y fui... incluyendo mi familia y cuando finalmente creí que tendría amistades y amor...fui un simplemente juguete para engañar y pasar el rato...bueno,al menos tengo mi deliciosa receta de galletas, alguien piede quitarme eso?
    • ¿Perdido o simplemente sin un camino definido? • Mi vida llevaba años siendo un desastre,desde que mamá me tuvo ella me mantuvo oculto de todos los demás, ella murió y me enteré de toda la verdad, tenía un hermano que murió, yo también tengo uno perdido,mi padre fue desarmado en piezas...y todo el mundo se enteró que el hijo de la bruja escarlata estaba suelto.Cuando las brujas empezaron también llegó mi más grande soledad, caminaba por la escuela solo mientras los demas me gritaba,insultaban o golpeaban , y cuando porfin pude defenderme...perdí el control y acabe con una vida,mas no me arrepentí,me fui y ahora escape de lo que solía ser...no solo cambie mi nombre y mi hogar... también mi apariencia y sentí que me estaba soltando de todo lo que era y fui... incluyendo mi familia y cuando finalmente creí que tendría amistades y amor...fui un simplemente juguete para engañar y pasar el rato...bueno,al menos tengo mi deliciosa receta de galletas, alguien piede quitarme eso?
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  • « ¿No has sentido alguna vez esa necesidad de estar con alguien? »

    Una pregunta habitual. Entre confidencias, entre risas y anécdotas; siempre terminaba asomándose esa pregunta silenciosa e incómoda. La conversación parecía girar, una y otra vez, sobre la misma respuesta ambigua que daba cada vez.

    "No realmente."

    No. Realmente no necesitaba a alguien como decía. Realmente no sentía la necesidad de compartir, o más bien abrir, tanto su vida a otra persona. Los años desde su última relación le habían hecho desarrollar un gusto por la soledad o, quizá, por esa falta de rutina que se atiene a los horarios y gustos de alguien más. No debía levantarse temprano en los días de descanso para prepararse ante las visitas, no debía quebrarse la cabeza pensando qué almorzarian ese día ni tenía que complicarse con planes elaborados de actividades para hacer a lo largo del día. Cosas habituales que se habían vuelto una rutina cansada, agotadora, que odiaba volver a repetir.

    Cuando ya estaba tan metido en sí mismo, en su vida y su espacio, acostumbrado a sus horarios y opciones; ¿cómo iba a acoplarse nuevamente a alguien que intempestivamente cambiara sus esquemas? ¿Cómo iba decirle que, por ese día o unas horas, prefería no verle y pasar el tiempo encerrado en casa jugando video juegos o mirando televisión? ¿Cómo hacerlo sin que se malinterpretara o los sentimientos mermaran? Una relación, a esas alturas de su vida, era una ruptura en su rutina, en su esencia. En su comodidad.

    "No es algo que necesite".

    No ahora. No pronto. No hasta quién sabe cuando. A Vincent siempre le había costado visualizarse en todo; era el último en responder esa pregunta cliché que hacía recursos humanos para motivar a los trabajadores: "¿cómo te ves de aquí a cinco años?" Su respuesta siempre era la misma, pero no tenía sentido ni lograba hacerse a la idea. Desde la universidad no se había imaginado en una relación, mucho menos casado y ni hablar de los hijos. En alguna ocasión la idea le cruzó por la cabeza, fugaz y de ensueño, pero con el tiempo se evaporó hasta ser olvidada.

    El amor, últimamente, se le hacía complicado y más complejo le resultaba conocer personas. Siempre estaba trabajando y, cuando no lo hacía, estaba en casa con sus gatos. Vincent nunca había sido una persona de salir ni de verse extrovertido, siempre era reservado, tímido y callado. Con esos factores en contra, ¿cómo es que iba a conocer a alguien? En el trabajo no había nadie que ocasionara esa chispa, esa curiosidad, ese gusto. Para él solo era una rutina donde sus compañeros eran eso y nada más, amigos y compañeros con los que mantenía una estabilidad social mas no una compatibilidad emocional. Si en el único lugar que frecuentaba no sentía nada, ¿cómo iba a poder desarrollar una relación?

    ¿Presentarle a alguien? Ni hablar. ¿Una cita a ciegas? Ni de broma. ¿Siquiera por curiosidad? No, podía morir perfectamente sin saber cómo se sentía amar o, más bien, cómo volver a amar.

    Vincent sabía lo que quería y lo que no quería. Mantener su libertad sin perder sus gustos, respetar sus límites sin arriesgar su seguridad, tener la cabez fría y no dejar que su corazón tomara nuevamente decisiones equivocadas. Y, al final, siempre terminaba negándose a experimentar porque sus conocidos no eran los casos de éxito ideales: Infidelidades, divorcios apresurados por engaños, demandas de atención excesivas, posesión desmedida y ciclos repetitivos de violencia difíciles de romper. ¿Con qué ánimos se podía aventurar a volver a experimentar cuando nada le motivaba a intentar?

    Y, aún así, siempre existía la espinita que lo hacía reflexionar. ¿Alguna vez se iba a poder enamorar? ¿Alguna vez iba a poder sentir otra vez ese calor en el pecho por la emoción? ¿Sentiria de nuevo las mariposas en el estómago? ¿Alguna vez hallaría paz y seguridad en otra persona? Quizá sí, quizá no. El tiempo le daría algún día la respuesta, tendría la razón o la vida lo golpearía por su error.

    El amor es complicado. Más para los asustados a salir lastimados otra vez, y para los que temen perder nuevamente sus sentimientos valiosos por error.
    « ¿No has sentido alguna vez esa necesidad de estar con alguien? » Una pregunta habitual. Entre confidencias, entre risas y anécdotas; siempre terminaba asomándose esa pregunta silenciosa e incómoda. La conversación parecía girar, una y otra vez, sobre la misma respuesta ambigua que daba cada vez. "No realmente." No. Realmente no necesitaba a alguien como decía. Realmente no sentía la necesidad de compartir, o más bien abrir, tanto su vida a otra persona. Los años desde su última relación le habían hecho desarrollar un gusto por la soledad o, quizá, por esa falta de rutina que se atiene a los horarios y gustos de alguien más. No debía levantarse temprano en los días de descanso para prepararse ante las visitas, no debía quebrarse la cabeza pensando qué almorzarian ese día ni tenía que complicarse con planes elaborados de actividades para hacer a lo largo del día. Cosas habituales que se habían vuelto una rutina cansada, agotadora, que odiaba volver a repetir. Cuando ya estaba tan metido en sí mismo, en su vida y su espacio, acostumbrado a sus horarios y opciones; ¿cómo iba a acoplarse nuevamente a alguien que intempestivamente cambiara sus esquemas? ¿Cómo iba decirle que, por ese día o unas horas, prefería no verle y pasar el tiempo encerrado en casa jugando video juegos o mirando televisión? ¿Cómo hacerlo sin que se malinterpretara o los sentimientos mermaran? Una relación, a esas alturas de su vida, era una ruptura en su rutina, en su esencia. En su comodidad. "No es algo que necesite". No ahora. No pronto. No hasta quién sabe cuando. A Vincent siempre le había costado visualizarse en todo; era el último en responder esa pregunta cliché que hacía recursos humanos para motivar a los trabajadores: "¿cómo te ves de aquí a cinco años?" Su respuesta siempre era la misma, pero no tenía sentido ni lograba hacerse a la idea. Desde la universidad no se había imaginado en una relación, mucho menos casado y ni hablar de los hijos. En alguna ocasión la idea le cruzó por la cabeza, fugaz y de ensueño, pero con el tiempo se evaporó hasta ser olvidada. El amor, últimamente, se le hacía complicado y más complejo le resultaba conocer personas. Siempre estaba trabajando y, cuando no lo hacía, estaba en casa con sus gatos. Vincent nunca había sido una persona de salir ni de verse extrovertido, siempre era reservado, tímido y callado. Con esos factores en contra, ¿cómo es que iba a conocer a alguien? En el trabajo no había nadie que ocasionara esa chispa, esa curiosidad, ese gusto. Para él solo era una rutina donde sus compañeros eran eso y nada más, amigos y compañeros con los que mantenía una estabilidad social mas no una compatibilidad emocional. Si en el único lugar que frecuentaba no sentía nada, ¿cómo iba a poder desarrollar una relación? ¿Presentarle a alguien? Ni hablar. ¿Una cita a ciegas? Ni de broma. ¿Siquiera por curiosidad? No, podía morir perfectamente sin saber cómo se sentía amar o, más bien, cómo volver a amar. Vincent sabía lo que quería y lo que no quería. Mantener su libertad sin perder sus gustos, respetar sus límites sin arriesgar su seguridad, tener la cabez fría y no dejar que su corazón tomara nuevamente decisiones equivocadas. Y, al final, siempre terminaba negándose a experimentar porque sus conocidos no eran los casos de éxito ideales: Infidelidades, divorcios apresurados por engaños, demandas de atención excesivas, posesión desmedida y ciclos repetitivos de violencia difíciles de romper. ¿Con qué ánimos se podía aventurar a volver a experimentar cuando nada le motivaba a intentar? Y, aún así, siempre existía la espinita que lo hacía reflexionar. ¿Alguna vez se iba a poder enamorar? ¿Alguna vez iba a poder sentir otra vez ese calor en el pecho por la emoción? ¿Sentiria de nuevo las mariposas en el estómago? ¿Alguna vez hallaría paz y seguridad en otra persona? Quizá sí, quizá no. El tiempo le daría algún día la respuesta, tendría la razón o la vida lo golpearía por su error. El amor es complicado. Más para los asustados a salir lastimados otra vez, y para los que temen perder nuevamente sus sentimientos valiosos por error.
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  • —Es curioso como la música puede transportarnos a lugares desconocidos, transmitirnos alegrías, tristezas, soledad, melancólico... O tal vez son sensaciones que están solo en mi corazón.
    —Es curioso como la música puede transportarnos a lugares desconocidos, transmitirnos alegrías, tristezas, soledad, melancólico... O tal vez son sensaciones que están solo en mi corazón.
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  • Que sueño...... lleva dias desde que estoy sola que solo siento mi vida muy rutinaria ,aveces la soledad aburre...

    *añade mientras se estira*
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