• *Mirando hacia la nada como de costumbre sentado en una parte del circo digital, viniéndome recuerdos fugaces de una época donde enseñaba a Caine paso por paso, aunque fuesen métodos algo infantiles era algo normal al ser una IA recién creada, sus métodos en sus inicios eran algo… inusuales*
    *Mirando hacia la nada como de costumbre sentado en una parte del circo digital, viniéndome recuerdos fugaces de una época donde enseñaba a [C41NE] paso por paso, aunque fuesen métodos algo infantiles era algo normal al ser una IA recién creada, sus métodos en sus inicios eran algo… inusuales*
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    Arashi

    [Extracto del pasado de Nagi - Poco después de la calamidad.]

    𝕁𝕦𝕣𝕠 𝕢𝕦𝕖 𝕞𝕖 𝕧𝕖𝕟𝕘𝕒𝕣𝕖́, 𝕤𝕚𝕟 𝕚𝕞𝕡𝕠𝕣𝕥𝕒𝕣 𝕝𝕒 𝕤𝕒𝕟𝕘𝕣𝕖 𝕢𝕦𝕖 𝕕𝕖𝕣𝕣𝕒𝕞𝕖 𝕖𝕟 𝕖𝕝 𝕔𝕒𝕞𝕚𝕟𝕠.

    El pueblo de Nagi, un lugar antaño pintoresco, de gente agradable y costumbres algo arcaicas. Un lugar donde la vida y la espada iban de la mano, un pueblo donde se forjaba y se blandía la espada...

    Todo había quedado reducido a cenizas.

    Ese pueblo y su gente ahora solo permanecería en los recuerdos de Nagi, sus cenizas se las llevaría el viento y, con el tiempo, sería olvidado, siendo Nagi la única prueba de que existió... Pero ahora no era momento de preocuparse por eso.

    Con una sensación en el cuerpo que la había perseguido desde el día que la tormenta asoló todo, decidió que era momento de partir; tomó su espada y con pesar caminó hacia lo que en su momento fue la salida del pueblo. El paisaje rompía el corazón de Nagi, una chica que, a fin de cuentas, no conocía nada más que a su gente y sus costumbres.

    Su andar se dirigió hacia el pueblo vecino, con el cual el comercio era recurrente. Poco sabía sobre el lugar, pero ahora mismo no le quedaba de otra que buscar ayuda, y en teoría no había demasiada distancia a recorrer entre ambos, apenas un par de horas caminando serían suficientes, tiempo en el que se centraría en las nuevas sensaciones de su cuerpo.

    Nagi sentía el cuerpo más ligero que antes, llevaba caminando ya una hora pero el cansancio no se hacía presente. Llevaba sin comer desde el día anterior, cuando ocurrió la calamidad, pero su cuerpo parecía tener energía de sobra, pero lo que más le intrigaba no era eso...

    Algo recorría su interior, una sensación que fluía a través de su tórax hacia sus extremidades y que, al aplicar fuerza, provocaba una ligera sensación de calambre. Mientras caminaba se observó las manos ¿Qué le había ocurrido? Apenas podía recordar nada de lo ocurrido, pero había una sensación que era muy vívida todavía, el rayo que la golpeó.

    La electricidad recorriendo su cuerpo, sus músculos tensándose por completo, la rigidez, la sensación de arder desde el interior y finalmente, el abandono de todos sus sentidos.

    Alzó la mirada, momento en el que vio que el pueblo al que se dirigía yacía en ruinas ¿La calamidad había pasado por aquí? En un momento se preparó para correr y con una velocidad que juraría no era propia corrió hacia el pueblo, fue entonces que, por las calles empezó a gritar en busca de supervivientes. ⸻ ¡¿Hola?! ¡¿Hay alguien?! ¡¿Queda alguien vivo?! ⸻ ¿Cuánto tiempo llevaba esto en ruinas?¿Siquiera quedaba alguien?
    [Arashi_Spellthief] [Extracto del pasado de Nagi - Poco después de la calamidad.] 𝕁𝕦𝕣𝕠 𝕢𝕦𝕖 𝕞𝕖 𝕧𝕖𝕟𝕘𝕒𝕣𝕖́, 𝕤𝕚𝕟 𝕚𝕞𝕡𝕠𝕣𝕥𝕒𝕣 𝕝𝕒 𝕤𝕒𝕟𝕘𝕣𝕖 𝕢𝕦𝕖 𝕕𝕖𝕣𝕣𝕒𝕞𝕖 𝕖𝕟 𝕖𝕝 𝕔𝕒𝕞𝕚𝕟𝕠. El pueblo de Nagi, un lugar antaño pintoresco, de gente agradable y costumbres algo arcaicas. Un lugar donde la vida y la espada iban de la mano, un pueblo donde se forjaba y se blandía la espada... Todo había quedado reducido a cenizas. Ese pueblo y su gente ahora solo permanecería en los recuerdos de Nagi, sus cenizas se las llevaría el viento y, con el tiempo, sería olvidado, siendo Nagi la única prueba de que existió... Pero ahora no era momento de preocuparse por eso. Con una sensación en el cuerpo que la había perseguido desde el día que la tormenta asoló todo, decidió que era momento de partir; tomó su espada y con pesar caminó hacia lo que en su momento fue la salida del pueblo. El paisaje rompía el corazón de Nagi, una chica que, a fin de cuentas, no conocía nada más que a su gente y sus costumbres. Su andar se dirigió hacia el pueblo vecino, con el cual el comercio era recurrente. Poco sabía sobre el lugar, pero ahora mismo no le quedaba de otra que buscar ayuda, y en teoría no había demasiada distancia a recorrer entre ambos, apenas un par de horas caminando serían suficientes, tiempo en el que se centraría en las nuevas sensaciones de su cuerpo. Nagi sentía el cuerpo más ligero que antes, llevaba caminando ya una hora pero el cansancio no se hacía presente. Llevaba sin comer desde el día anterior, cuando ocurrió la calamidad, pero su cuerpo parecía tener energía de sobra, pero lo que más le intrigaba no era eso... Algo recorría su interior, una sensación que fluía a través de su tórax hacia sus extremidades y que, al aplicar fuerza, provocaba una ligera sensación de calambre. Mientras caminaba se observó las manos ¿Qué le había ocurrido? Apenas podía recordar nada de lo ocurrido, pero había una sensación que era muy vívida todavía, el rayo que la golpeó. La electricidad recorriendo su cuerpo, sus músculos tensándose por completo, la rigidez, la sensación de arder desde el interior y finalmente, el abandono de todos sus sentidos. Alzó la mirada, momento en el que vio que el pueblo al que se dirigía yacía en ruinas ¿La calamidad había pasado por aquí? En un momento se preparó para correr y con una velocidad que juraría no era propia corrió hacia el pueblo, fue entonces que, por las calles empezó a gritar en busca de supervivientes. ⸻ ¡¿Hola?! ¡¿Hay alguien?! ¡¿Queda alguien vivo?! ⸻ ¿Cuánto tiempo llevaba esto en ruinas?¿Siquiera quedaba alguien?
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  • ✧ ¡Buen día, pequeños y adorables mortales! ✧

    Hoy es su día de suerte porque la hermosa y talentosa Luna, es decir yo, ha sido asignada para ser la cobradora kármica de su ciclo de reencarnación. ¡Yaaaaay! ¿No se sienten hiper-mega-chuchirrupi-afortunados por esta increíble noticia?

    ¿...Qué? ¿No saben lo que hace una cobradora kármica?

    ¡Nada de qué preocuparse! Por suerte están en mis manos, que cualquier otro cobrador ya los habría regañado por ser tan despistados, pero de Luna sólo obtendrán buenas vibras.

    Pongan mucha atención, lindos mortalitos: Cada vez que ustedes realizan una acción, desde la más trascendental hasta la más pequeñita e insignificante, su deuda kármica es afectada. Cuando hacen cosas que su ciclo considera favorables, su deuda disminuye. Y si son mortalitos traviesos y hacen cosas malas, su deuda aumenta.

    Y si ustedes dejan su vida mortal y su avatar físico expira (en otras palabras, si se mueren) teniendo un saldo pendiente con el karma, entonces ¡no escapan de este ciclo! Su alma se limpia un poquito, se tallan las imperfecciones, se borran sus recuerdos y ustedes renacen, una vida nueva para que puedan tener otra oportunidad de pagar.

    Y sí, ya sé lo que están pensando ahora: "Oh, pero hermosa, perfecta y sexy cobradora kármica Luna, ¡eso suena muy injusto! ¿Tengo que pagar por las deudas de mis vidas pasadas, aunque yo ni siquiera recuerdo nada de ellas?"

    Es injusto, pequeñitos y dulces mortalitos, pero me temo que es así como funciona esto. ¡Aaahh, pero ahí es donde entro yo! Normalmente, pagar una deuda kármica en una sola vida sería algo muuuuy difícil, por no llamarle imposible. ¡Pero con mi ayuda, si siguen al pie de la letra lo que les diga, es posible que les alcance esta vida para saldar casi toda su deuda! O incluso, si son especialmente buenos y obedientes mortalitos, saldarla por completo. ¿Ven qué afortunados son de tenerme aquí?

    Así que tú, SÍ TÚ EL QUE ME ESTÁ ESCUCHANDO, acércate y pregunta por tu deuda actual y qué cosas puedes hacer para saldarla. ¡Luna está aquí para ti!
    ✧ ¡Buen día, pequeños y adorables mortales! ✧ Hoy es su día de suerte porque la hermosa y talentosa Luna, es decir yo, ha sido asignada para ser la cobradora kármica de su ciclo de reencarnación. ¡Yaaaaay! ¿No se sienten hiper-mega-chuchirrupi-afortunados por esta increíble noticia? ¿...Qué? ¿No saben lo que hace una cobradora kármica? ¡Nada de qué preocuparse! Por suerte están en mis manos, que cualquier otro cobrador ya los habría regañado por ser tan despistados, pero de Luna sólo obtendrán buenas vibras. Pongan mucha atención, lindos mortalitos: Cada vez que ustedes realizan una acción, desde la más trascendental hasta la más pequeñita e insignificante, su deuda kármica es afectada. Cuando hacen cosas que su ciclo considera favorables, su deuda disminuye. Y si son mortalitos traviesos y hacen cosas malas, su deuda aumenta. Y si ustedes dejan su vida mortal y su avatar físico expira (en otras palabras, si se mueren) teniendo un saldo pendiente con el karma, entonces ¡no escapan de este ciclo! Su alma se limpia un poquito, se tallan las imperfecciones, se borran sus recuerdos y ustedes renacen, una vida nueva para que puedan tener otra oportunidad de pagar. Y sí, ya sé lo que están pensando ahora: "Oh, pero hermosa, perfecta y sexy cobradora kármica Luna, ¡eso suena muy injusto! ¿Tengo que pagar por las deudas de mis vidas pasadas, aunque yo ni siquiera recuerdo nada de ellas?" Es injusto, pequeñitos y dulces mortalitos, pero me temo que es así como funciona esto. ¡Aaahh, pero ahí es donde entro yo! Normalmente, pagar una deuda kármica en una sola vida sería algo muuuuy difícil, por no llamarle imposible. ¡Pero con mi ayuda, si siguen al pie de la letra lo que les diga, es posible que les alcance esta vida para saldar casi toda su deuda! O incluso, si son especialmente buenos y obedientes mortalitos, saldarla por completo. ¿Ven qué afortunados son de tenerme aquí? Así que tú, SÍ TÚ EL QUE ME ESTÁ ESCUCHANDO, acércate y pregunta por tu deuda actual y qué cosas puedes hacer para saldarla. ¡Luna está aquí para ti!
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  • Camino más liviana ahora. No porque el pasado haya dejado de existir, sino porque aprendí a soltar lo que ya no me pertenece. Hay recuerdos que todavía susurran, pero ya no dictan mis pasos. Los escucho, los reconozco… y sigo adelante.

    He entendido que no todo merece quedarse, y que crecer también es saber despedirse. De lugares, de personas, incluso de versiones de mí que ya no encajan con quien soy hoy. No hay rencor, solo distancia. Una necesaria, sana, elegida.

    A veces intento volver, tender puentes hacia amistades que alguna vez fueron hogar. Me acerco con cuidado, con una mezcla de esperanza y temor… pero hay algo dentro de mí que duda, que me susurra que quizás ya no soy digna de su cariño. Y aunque quisiera creer lo contrario, ese pensamiento pesa más de lo que me gustaría admitir.

    El futuro ya no me asusta como antes. Tiene algo distinto… como una promesa silenciosa que me invita a construir sin apuro, pero con intención. No necesito tener todas las respuestas, solo la certeza de que cada decisión que tomo ahora está alineada con lo que quiero ser.

    Hoy me concentro en lo que sí puedo tocar: mis acciones, mis palabras, mis límites. En lo pequeño que, sin darme cuenta, se vuelve grande. En cada paso firme, aunque a veces tiemble.

    No estoy huyendo del pasado. Estoy eligiendo el presente. Y desde aquí… todo empieza a tener sentido.
    Camino más liviana ahora. No porque el pasado haya dejado de existir, sino porque aprendí a soltar lo que ya no me pertenece. Hay recuerdos que todavía susurran, pero ya no dictan mis pasos. Los escucho, los reconozco… y sigo adelante. He entendido que no todo merece quedarse, y que crecer también es saber despedirse. De lugares, de personas, incluso de versiones de mí que ya no encajan con quien soy hoy. No hay rencor, solo distancia. Una necesaria, sana, elegida. A veces intento volver, tender puentes hacia amistades que alguna vez fueron hogar. Me acerco con cuidado, con una mezcla de esperanza y temor… pero hay algo dentro de mí que duda, que me susurra que quizás ya no soy digna de su cariño. Y aunque quisiera creer lo contrario, ese pensamiento pesa más de lo que me gustaría admitir. El futuro ya no me asusta como antes. Tiene algo distinto… como una promesa silenciosa que me invita a construir sin apuro, pero con intención. No necesito tener todas las respuestas, solo la certeza de que cada decisión que tomo ahora está alineada con lo que quiero ser. Hoy me concentro en lo que sí puedo tocar: mis acciones, mis palabras, mis límites. En lo pequeño que, sin darme cuenta, se vuelve grande. En cada paso firme, aunque a veces tiemble. No estoy huyendo del pasado. Estoy eligiendo el presente. Y desde aquí… todo empieza a tener sentido.
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  • █▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒
    ░▌█░ El Sueñ̷o̷ de un M̷o̷n̷s̷t̷r̷u̷o̷ ░█▐░
    █▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓▒░█▓░

    ╔════════════════════════════════════╗
    ║ “Hubo una vez un monstruo que soñó ser humano…
    ║ y en ese sueño fue feliz. Pero un día despertó.”
    ╚════════════════════════════════════╝

    La casa estaba en silencio, es tipo de silencio profundo que solo existe cuando el mundo duerme y todo parece en calma, hasta que no lo está.

    Un llanto suave, distante, rompió la quietud, Loki abrió los ojos con pesadez, aún envuelta en el calor de las sábanas y el cuerpo de Jason a su lado. Su mente tardó unos segundos en reaccionar… hasta que el sonido volvió a colarse por el monitor del bebé.

    Mh… Fenrir, ya voy… -murmuró, apenas consciente.-

    Con movimientos torpes se incorporó y salió de la habitación. El pasillo estaba oscuro, apenas iluminado por la tenue luz que entraba por la ventana, pero entonces… La vio,una luna roja.

    El mundo pareció detenerse, un mareo repentino la golpeó, obligándola a apoyarse contra la pared. Su respiración se volvió irregulary su mente se rompió en fragmentos, en visiones, ventanas, en recuerdos que no eran recuerdos.

    Habia una niña, Jennifer, apenas de unos cuatro años a lo mucho. Sus pequeños dientes apretados, sus ojos llenos de rabia, lanzándose contra soldados que la triplicaban en tamaño. Pero luego, un golpe, despues otro, su cuerpo pequeño estrellándose contra el suelo para quedar inmóvil.

    Noo!! -Susurró Loki, con la voz quebrándose, la escena cambió a Selin protegiéndola desesperada y sola, despues el brillo del acero, sangre y un silencio que provoca sudor frio.

    Selin… -Murmuro antes de sentir un dolor punzante le atravesó el pecho, como si algo intentara romperse desde dentro.

    La Elunia reacciono al notar que el llanto de Fenrir había desaparecido, sus Loki se abrieron de golpe, el miedo la consumió en un instante.

    Corrió sin pensar, sin respirar, solo corrió, empujó la puerta de la habitación y vio la cuna cuna vacía. El mundo se le cayó encima.

    No… no, no, no… -Su mirada se movió frenéticamente hasta detenerse en la ventana, y ahí estaba, de pie como si nada, una mujer de cabello rubio pálido, casi cenizo, brillando bajo la luz roja de la luna, ojos dorados y con la misma distorsión en su cuerpo, esos pequeños “glitches” en la realidad que parpadeaban como errores en la existencia.

    Loki lo supo al instante, era ella, la otra, esa con la que temía encontrarse de nuevo. La mujer inclinó ligeramente la cabeza y sonrió, la saludó con la mano como si fuera una visita cualquiera, como si no hubiera hecho nada.

    Hola, Loki… -El aire se volvió pesado, Loki buscó a Fenrir pero su presencia, su esencia, no habia nada, solo vacío. Eso rompió lo último que quedaba de su cordura en ese momento.

    El miedo se transformó en rabia y atacó, se lanzó contra ella sin dudarlo pero no pudo alcanzarla. Una mano la atrapó del cuello, el agarre fue firme, frio, Inamovible y al siguiente segundo el impacto contra el suelo sacudió la habitación.

    El aire abandonó sus pulmones, un dolor intenso era el el eco de algo familiar, demasiado familiar... Jennifer, la misma escena, el mismo resultado. Un cuerpo pequeño incapaz de hacer algo contra algo mucho más grande.

    La otra Loki caminó lentamente a su alrededor, como si inspeccionara algo roto.

    ¿Sabes…? -Le dijo con un tono casi aburrido, pero cargado de burla- Esto ya lo he visto antes.

    -Se detuvo a su lado, la miró desde arriba, sus ojos dorados reflejaban la luna roja.- ¿Cuánto tiempo más vas a fingir? -Hizo una pausa

    ¿Cuánto tiempo más vas a jugar a la familia feliz… a la paz… a ser “normal”?

    -Se inclinó un poco, acercándose a su rostro.- No perteneces aquí. -Una sonrisa torcida se formó en sus labios.- Nunca lo hiciste.

    -Su voz se volvió más baja, más fría, mas cruel.- Tu lugar… es con los monstruos.... con las bestias.

    -Sus ojos brillaron levemente.- Con lo que realmente eres.

    -Desde el suelo, Loki la observaba, su imagen se volvió borrosa por culpa de las lagrimas que inundaron su ojos.- Jason....

    Jason Jaegerjaquez Ishtar
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  • 𝕬ñ𝖔 206 𝕬.𝕮.

    Se encontraba completamente perdida. Su mirada llena de confusion. No sabía dónde estaba… ni siquiera podía recordaba quién era. A su alrededor, se extendía un vasto y perturbador mar de cuerpos, inertes, bañados en sangre… demasiada sangre.

    Podía sentir el sabor metálico invadiendo toda su boca. Sangre. ¿Su sangre o la de alguien más?

    Aunque intentará comprender, su mente era un vacío abrumador, incapaz de darle sentido a su situación.

    Resignada a permanecer en aquel lugar, comenzó a incorporarse con lentitud, como si el propio aire pesara sobre su cuerpo. Sus manos temblorosas se apoyaron contra el suelo húmedo, impregnado de sangre, mientras hacía un esfuerzo por ponerse de pie.

    Pero apenas logró erguirse por completo, un dolor agudo y punzante atravesó su cabeza, como si algo dentro de ella se desgarrara de golpe.

    Y entonces… todo volvió.

    Su vida pasó frente a sus ojos como una película rota. Fragmentos de su niñez aparecieron primero: risas suaves, el calor de un hogar que alguna vez fue suyo, las manos firmes de su padre guiándola con una ternura que ahora dolía recordar. Y luego 𝐄𝐋.

    𝐄𝐒𝐄 𝐇𝐎𝐌𝐁𝐑𝐄…

    Su presencia irrumpió en sus recuerdos como una sombra que lo devoraba todo. Todo había sido su culpa. Todo por un capricho. Por culpa de 𝐄𝐋.

    Su mirada descendió apenas. No se había atrevido a hacerlo desde que los recuerdos regresaron, desde que la verdad de lo que pasó regresó a ella.

    Y ahí estaba, aquella figura que una vez la había amado tanto, tirado en el frío piso, inerte junto a los escombros de lo que había sido su familia alguna vez. Su padre.

    Caería a el piso de rodillas. Había comprendido lo que había pasado. Ella había causado todo. Ella los había matado.
    𝕬ñ𝖔 206 𝕬.𝕮. Se encontraba completamente perdida. Su mirada llena de confusion. No sabía dónde estaba… ni siquiera podía recordaba quién era. A su alrededor, se extendía un vasto y perturbador mar de cuerpos, inertes, bañados en sangre… demasiada sangre. Podía sentir el sabor metálico invadiendo toda su boca. Sangre. ¿Su sangre o la de alguien más? Aunque intentará comprender, su mente era un vacío abrumador, incapaz de darle sentido a su situación. Resignada a permanecer en aquel lugar, comenzó a incorporarse con lentitud, como si el propio aire pesara sobre su cuerpo. Sus manos temblorosas se apoyaron contra el suelo húmedo, impregnado de sangre, mientras hacía un esfuerzo por ponerse de pie. Pero apenas logró erguirse por completo, un dolor agudo y punzante atravesó su cabeza, como si algo dentro de ella se desgarrara de golpe. Y entonces… todo volvió. Su vida pasó frente a sus ojos como una película rota. Fragmentos de su niñez aparecieron primero: risas suaves, el calor de un hogar que alguna vez fue suyo, las manos firmes de su padre guiándola con una ternura que ahora dolía recordar. Y luego 𝐄𝐋. 𝐄𝐒𝐄 𝐇𝐎𝐌𝐁𝐑𝐄… Su presencia irrumpió en sus recuerdos como una sombra que lo devoraba todo. Todo había sido su culpa. Todo por un capricho. Por culpa de 𝐄𝐋. Su mirada descendió apenas. No se había atrevido a hacerlo desde que los recuerdos regresaron, desde que la verdad de lo que pasó regresó a ella. Y ahí estaba, aquella figura que una vez la había amado tanto, tirado en el frío piso, inerte junto a los escombros de lo que había sido su familia alguna vez. Su padre. Caería a el piso de rodillas. Había comprendido lo que había pasado. Ella había causado todo. Ella los había matado.
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  • Cuando Fenrir nació…
    lo supe.

    Nada volvería a ser igual.

    No era duda.
    No era miedo.
    Era certeza.

    Necesitaba poder.

    Para protegerla.

    Para protegerme.

    Para dominar.

    …Pero yo ya tenía poder.

    No había sido bendecido por la Luna Violeta.
    Aquella entidad… poderosa, codiciosa, egoísta…
    me veía como poco más que un instrumento.
    Un siervo útil en su tablero.

    Y, sin embargo…
    yo sabía lo que era.

    Siempre lo había sabido.

    Conocía mi lugar.

    Y era la hora de, por fin, ponerse un poco serio.

    Entonces…
    los recuerdos regresaron.

    No como fragmentos.
    No como ecos.

    Sino como una verdad enterrada demasiado tiempo.

    El poder de creación contenido en las lunas…
    no era más que una fracción.

    Una parte ínfima… de algo mucho más antiguo.

    Mucho más profundo.

    Había aceptado mi naturaleza como catástrofe.
    Como maldición.

    …Pero aún no había aceptado lo que realmente era.

    Un demonio.

    Y lo más irónico…

    es que nunca había dejado de serlo.

    Ni siquiera hizo falta que pronunciara su nombre.

    Porque ya estaba allí.

    Esperando.

    Y entonces…
    con una calma que recorrió cada valle,
    que rozó cada brisa…

    el mundo se estremeció.

    No hubo explosión.
    No hubo ruido.

    Sólo presencia.

    La tierra tembló…
    no por impacto,
    sino por reconocimiento.

    El aire… desapareció.
    Convertido en un vacío que devoraba incluso los nombres.

    Los océanos… se replegaron.
    No por miedo…

    sino porque, por un instante,
    algo infinitamente más antiguo que ellos
    había reclamado la existencia.

    Y en ese silencio absoluto…

    todo se arrodilló.

    Incluso el rey del inframundo.

    Porque lo que emergía…

    no era poder.

    Era autoridad.

    Una espada.

    Olvidada.
    Arcana.
    Rota.

    No forjada como un arte…
    sino nacida de la furia de una bestia.

    Su tamaño… suficiente para ocultarme dos veces tras su hoja.
    Su forma… imperfecta, brutal.

    Y su filo…

    maldito.

    Cada corte no sólo destruía…
    alteraba la presión misma de la realidad,
    colapsándola sin vacilación.

    No dejaba heridas.

    Borraba la existencia.

    Y ante ella…

    incliné la cabeza.

    No por sumisión.

    Sino por respeto.

    Porque ese poder…
    siempre había sido mío.

    Y entonces…

    la voz que no necesitaba ser pronunciada…
    atravesó el mundo.

    "Arrasa, Leviatán."
    Cuando Fenrir nació… lo supe. Nada volvería a ser igual. No era duda. No era miedo. Era certeza. Necesitaba poder. Para protegerla. Para protegerme. Para dominar. …Pero yo ya tenía poder. No había sido bendecido por la Luna Violeta. Aquella entidad… poderosa, codiciosa, egoísta… me veía como poco más que un instrumento. Un siervo útil en su tablero. Y, sin embargo… yo sabía lo que era. Siempre lo había sabido. Conocía mi lugar. Y era la hora de, por fin, ponerse un poco serio. Entonces… los recuerdos regresaron. No como fragmentos. No como ecos. Sino como una verdad enterrada demasiado tiempo. El poder de creación contenido en las lunas… no era más que una fracción. Una parte ínfima… de algo mucho más antiguo. Mucho más profundo. Había aceptado mi naturaleza como catástrofe. Como maldición. …Pero aún no había aceptado lo que realmente era. Un demonio. Y lo más irónico… es que nunca había dejado de serlo. Ni siquiera hizo falta que pronunciara su nombre. Porque ya estaba allí. Esperando. Y entonces… con una calma que recorrió cada valle, que rozó cada brisa… el mundo se estremeció. No hubo explosión. No hubo ruido. Sólo presencia. La tierra tembló… no por impacto, sino por reconocimiento. El aire… desapareció. Convertido en un vacío que devoraba incluso los nombres. Los océanos… se replegaron. No por miedo… sino porque, por un instante, algo infinitamente más antiguo que ellos había reclamado la existencia. Y en ese silencio absoluto… todo se arrodilló. Incluso el rey del inframundo. Porque lo que emergía… no era poder. Era autoridad. Una espada. Olvidada. Arcana. Rota. No forjada como un arte… sino nacida de la furia de una bestia. Su tamaño… suficiente para ocultarme dos veces tras su hoja. Su forma… imperfecta, brutal. Y su filo… maldito. Cada corte no sólo destruía… alteraba la presión misma de la realidad, colapsándola sin vacilación. No dejaba heridas. Borraba la existencia. Y ante ella… incliné la cabeza. No por sumisión. Sino por respeto. Porque ese poder… siempre había sido mío. Y entonces… la voz que no necesitaba ser pronunciada… atravesó el mundo. "Arrasa, Leviatán."
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  • Recuerdos de una vida pasada, que no creó recordar del todo solo una cosa que realmente no importa ya
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  • Jason Jaegerjaquez Ishtar Loki Queen Ishtar

    https://ficrol.com/posts/366304 La boda.


    La primera vez que vi a mi hermanita… mi Lokita… se llamaba Ukyo.

    Y yo no estaba completa.
    Fue cuando Veythra dejó de ser mi katana… aunque en realidad nunca lo fue. Siempre fuimos dos almas.

    En aquel entonces, Veythra se separó de mi cuerpo y yo solo soñaba desde el lienzo del Caos.
    Soñaba la tragedia que ella iba a sufrir.
    Pero cuando su único objetivo era encontrar un cuerpo estable para su corazón… Ukyo la llamó, sin necesidad de palabras.

    Apareció simplemente… como un espectador cansado en busca de respuestas.
    Y fue ahí cuando comprendí que la familia vive en ti… incluso antes de nacer.

    La historia es muy larga, pero en ese mismo instante, en otro espacio-tiempo… Loki nació.
    En todas sus versiones.
    En todos sus nombres.

    Y desde entonces… desde siempre… te amo, Loki.

    —Miro a mi hermanita emocionada. Luego miro a Jason y sonrío con malicia, recordando todos los líos en los que me he metido con mi mejor amigo.—

    Jason…
    Estoy completamente segura de que en todas las dimensiones, en todos los rincones de cualquier multiverso y en cualquiera de sus formas… tú siempre eres quien se completa mutuamente con Loki.

    Nada me honra más que unir estas dos almas en una sola promesa.

    Jason también estuvo presente tiempo atrás… hasta formar parte de mi propio corazón, como todos los aquí presentes.

    Así que hoy… con estas memorias y estos recuerdos…

    Por el poder que me confiere mi linaje,
    por el sello de sangre que compartimos,
    y por el rito eterno de las almas…

    Invoco a los ancestros que ya no caminan en carne junto a nosotros,
    para que acojan esta unión con orgullo,
    para que la custodien desde el mundo de los espíritus,
    y para que bendigan vuestro camino con un espíritu guardián que proteja vuestro hogar, vuestro fruto… y todo lo que nazca de vuestro amor.

    Y ahora… ante todos los presentes, los vivos y los que observan desde más allá…

    Yo sello esta unión.

    Que vuestras almas caminen juntas,
    que vuestro vínculo sea eterno,
    y que desde hoy… Loki y Jason… sean reconocidos como una sola llama en dos cuerpos.
    [Jason07] [loki_q1] https://ficrol.com/posts/366304 La boda. La primera vez que vi a mi hermanita… mi Lokita… se llamaba Ukyo. Y yo no estaba completa. Fue cuando Veythra dejó de ser mi katana… aunque en realidad nunca lo fue. Siempre fuimos dos almas. En aquel entonces, Veythra se separó de mi cuerpo y yo solo soñaba desde el lienzo del Caos. Soñaba la tragedia que ella iba a sufrir. Pero cuando su único objetivo era encontrar un cuerpo estable para su corazón… Ukyo la llamó, sin necesidad de palabras. Apareció simplemente… como un espectador cansado en busca de respuestas. Y fue ahí cuando comprendí que la familia vive en ti… incluso antes de nacer. La historia es muy larga, pero en ese mismo instante, en otro espacio-tiempo… Loki nació. En todas sus versiones. En todos sus nombres. Y desde entonces… desde siempre… te amo, Loki. —Miro a mi hermanita emocionada. Luego miro a Jason y sonrío con malicia, recordando todos los líos en los que me he metido con mi mejor amigo.— Jason… Estoy completamente segura de que en todas las dimensiones, en todos los rincones de cualquier multiverso y en cualquiera de sus formas… tú siempre eres quien se completa mutuamente con Loki. Nada me honra más que unir estas dos almas en una sola promesa. Jason también estuvo presente tiempo atrás… hasta formar parte de mi propio corazón, como todos los aquí presentes. Así que hoy… con estas memorias y estos recuerdos… Por el poder que me confiere mi linaje, por el sello de sangre que compartimos, y por el rito eterno de las almas… Invoco a los ancestros que ya no caminan en carne junto a nosotros, para que acojan esta unión con orgullo, para que la custodien desde el mundo de los espíritus, y para que bendigan vuestro camino con un espíritu guardián que proteja vuestro hogar, vuestro fruto… y todo lo que nazca de vuestro amor. Y ahora… ante todos los presentes, los vivos y los que observan desde más allá… Yo sello esta unión. Que vuestras almas caminen juntas, que vuestro vínculo sea eterno, y que desde hoy… Loki y Jason… sean reconocidos como una sola llama en dos cuerpos.
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  • // Escena cerrada. Referente a https://ficrol.com/posts/364285 Enlace con contenido explícito //

    Kazuo acababa de llegar a su alcoba justo cuando los primeros rayos del sol comenzaban a abrirse paso en aquel nuevo amanecer sobre las tierras de Brattvåg.

    El día prometía ser largo; estaba más que seguro de que pronto sería llamado para un extenso interrogatorio, pues habían encontrado una de sus prendas allí donde la soberana del reino y él habían compartido un encuentro clandestino, tan prohibido como exquisito.

    Su piel aún ardía con el recuerdo de lo vivido junto a Elizabeth, además del rastro de quemaduras que se desvanecían con rapidez sobre su cuerpo. Nunca antes se había sentido tan pleno, tan satisfecho, tan deseado… tan vivo.

    Un calor profundo y un estremecimiento constante recorrían su ser cada vez que los recuerdos de aquella noche irrumpían en su mente, intensos, indómitos, sin pedir permiso, haciendo casi imposible apaciguar la excitación y el deseo que aún reclamaba su cuerpo.

    Aquello no era una simple atracción física; era algo primario, visceral… como si todo hubiese sido inevitable desde el principio.

    Entre todas sus habilidades, habría deseado poseer el don de detener el tiempo, de convertir aquella noche en un instante eterno solo para ambos.

    Sentado en su alcoba, sobre un banco de piedra en la esquina, sonreía con una satisfacción serena y, al mismo tiempo, casi peligrosa.

    —No pienso renunciar a ti… jamás… —se hizo aquella promesa a sí mismo.

    Un ser incapaz de mentir, atado por un mandato divino de sus propios dioses. Aquella era, por tanto, una promesa inquebrantable, incluso si ella decidía no volver a sentir o repetir lo ocurrido. Él sería capaz de conformarse con contemplarla desde la distancia.

    Pero las palabras de ella, aquella noche, habían sido claras: “Si te vas... te esperaré”.

    La soberana de cabellos carmesí se estaba convirtiendo en su obsesión… una tan intensa como difícil de saciar, dadas las circunstancias que envolvían a ambos.
    // Escena cerrada. Referente a ➡️ https://ficrol.com/posts/364285 ⚠️🔞Enlace con contenido explícito 🔞⚠️ // Kazuo acababa de llegar a su alcoba justo cuando los primeros rayos del sol comenzaban a abrirse paso en aquel nuevo amanecer sobre las tierras de Brattvåg. El día prometía ser largo; estaba más que seguro de que pronto sería llamado para un extenso interrogatorio, pues habían encontrado una de sus prendas allí donde la soberana del reino y él habían compartido un encuentro clandestino, tan prohibido como exquisito. Su piel aún ardía con el recuerdo de lo vivido junto a Elizabeth, además del rastro de quemaduras que se desvanecían con rapidez sobre su cuerpo. Nunca antes se había sentido tan pleno, tan satisfecho, tan deseado… tan vivo. Un calor profundo y un estremecimiento constante recorrían su ser cada vez que los recuerdos de aquella noche irrumpían en su mente, intensos, indómitos, sin pedir permiso, haciendo casi imposible apaciguar la excitación y el deseo que aún reclamaba su cuerpo. Aquello no era una simple atracción física; era algo primario, visceral… como si todo hubiese sido inevitable desde el principio. Entre todas sus habilidades, habría deseado poseer el don de detener el tiempo, de convertir aquella noche en un instante eterno solo para ambos. Sentado en su alcoba, sobre un banco de piedra en la esquina, sonreía con una satisfacción serena y, al mismo tiempo, casi peligrosa. —No pienso renunciar a ti… jamás… —se hizo aquella promesa a sí mismo. Un ser incapaz de mentir, atado por un mandato divino de sus propios dioses. Aquella era, por tanto, una promesa inquebrantable, incluso si ella decidía no volver a sentir o repetir lo ocurrido. Él sería capaz de conformarse con contemplarla desde la distancia. Pero las palabras de ella, aquella noche, habían sido claras: “Si te vas... te esperaré”. La soberana de cabellos carmesí se estaba convirtiendo en su obsesión… una tan intensa como difícil de saciar, dadas las circunstancias que envolvían a ambos.
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