• Me vas a decir con que este lugar no es para tomar baños ¿No es así?

    -rodo los ojos al escuchar unos suaves pasos acercándose al estanque a su vez que se incrementaba el aroma familiar de cierto ser escamoso. Tomo una bocanada de aire hinchando su pecho antes de soltarla con lentitud -

    O solo me hice una película yo solo y solo te vas a unir al baño, adelante le enseño a los niños que tiene que hacer cuando dejen de ser peces

    -movio la mano en el agua las crias de dragón hicieron espacio para que el dragón mayor ingresará -

    Eso sí, quítate la ropa la tela puedd tener tinturas que podría lastimar sus branquias ... Son tan delicados siendo cachorros no me extraña porque muy pocos llegan a adultos
    Iudex Neuvilette
    Me vas a decir con que este lugar no es para tomar baños ¿No es así? -rodo los ojos al escuchar unos suaves pasos acercándose al estanque a su vez que se incrementaba el aroma familiar de cierto ser escamoso. Tomo una bocanada de aire hinchando su pecho antes de soltarla con lentitud - O solo me hice una película yo solo y solo te vas a unir al baño, adelante le enseño a los niños que tiene que hacer cuando dejen de ser peces -movio la mano en el agua las crias de dragón hicieron espacio para que el dragón mayor ingresará - Eso sí, quítate la ropa la tela puedd tener tinturas que podría lastimar sus branquias ... Son tan delicados siendo cachorros no me extraña porque muy pocos llegan a adultos [Neuvi11ette]
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  • ¿?: conozco gente como tu se ve que eres confiable!

    No..no me conoces...eh matado gente...a esta altura ya no llevo la cuenta...pero se porque porque murieron...muerieron para yo viviera...para poder encontrar a mi hermana...las mate de las formas mas atrozes puedas imaginar...

    -mencionaba mientras miraba al suelo y despues a su contrari@, su mirada era friaz su mascara solo dejaba ver aquellos ojos cansados, cansados de luchar, solo queria encontrar un lugar tranquilo, una mascota quiza-

    ¿? : ...Que fue lo peor que isiste psra matar a alguien...

    ...le mordi el cuello a una persona...le arranque la traquea...mate a un hombre com un machete...le di con el en la cabeza asta quesar irreconocible...

    ¿?: cual fue la peor tortura que haz aplicado?

    ...junte a dos enemigos...los separe y tape sus bocas, le pregunte a uno de ellos la direccion exacta donde encontraria un portal...pero lo golpee por lucho tiempo asta hacerlo sangrar...su respuesta la escribio con sangre, luego le pregunte al otro, pero a este le mostre un mapa...apuñale su rodilla arrancandola de su pierna, y con el cuchillo con sangré lo obligue a marcar el lugar, las direcciones coincidian..asi que mate a ambos asficciandolos...
    ¿?: conozco gente como tu se ve que eres confiable! No..no me conoces...eh matado gente...a esta altura ya no llevo la cuenta...pero se porque porque murieron...muerieron para yo viviera...para poder encontrar a mi hermana...las mate de las formas mas atrozes puedas imaginar... -mencionaba mientras miraba al suelo y despues a su contrari@, su mirada era friaz su mascara solo dejaba ver aquellos ojos cansados, cansados de luchar, solo queria encontrar un lugar tranquilo, una mascota quiza- ¿? : ...Que fue lo peor que isiste psra matar a alguien... ...le mordi el cuello a una persona...le arranque la traquea...mate a un hombre com un machete...le di con el en la cabeza asta quesar irreconocible... ¿?: cual fue la peor tortura que haz aplicado? ...junte a dos enemigos...los separe y tape sus bocas, le pregunte a uno de ellos la direccion exacta donde encontraria un portal...pero lo golpee por lucho tiempo asta hacerlo sangrar...su respuesta la escribio con sangre, luego le pregunte al otro, pero a este le mostre un mapa...apuñale su rodilla arrancandola de su pierna, y con el cuchillo con sangré lo obligue a marcar el lugar, las direcciones coincidian..asi que mate a ambos asficciandolos...
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  • Con un movimiento lento y doloroso, se apartó el cabello de los hombros, dejando que cayera hacia un lado para observar su reflejo en el espejo de bronce de la habitación.

    ​Su espalda era un mapa de guerra.
    A las viejas cicatrices blancas, marcas de años de vagar como guerrera, se sumaban ahora las heridas frescas de la última emboscada...El Rey del Norte no había tenido piedad, sus hombres habían entrado por la puerta principal, aprovechando el hueco que ella misma había dejado al enviar a sus mejores escoltas a proteger a un simple aldeano en el río.

    ​Elizabeth cerró los ojos un segundo, y el sonido de los gritos volvió a su mente. El fuego, el olor a hierro y sangre, y el peso de su espada cortando el aire para forzar una retirada que llegó demasiado tarde.

    ​Al fondo del reflejo, la penumbra de la habitación revelaba una figura inmóvil sobre su cama, Milenka.
    ​La arquera, siempre tan ágil y llena de vida, yacía ahora bajo capas de lino manchadas de ungüentos. Elizabeth se giró lentamente, ignorando el pinchazo de sus propias heridas, y caminó hacia ella, se sentó en el borde de la cama, tomando un paño húmedo para limpiar la frente sudorosa de su compañera

    ✴ ​—Milenka —susurró Elizabeth, su voz apenas un hilo quebrado en el silencio—. Por un balde de agua perdimos a diez hombres. Por mi compasión, casi te pierdo a ti.

    ​Elizabeth pasó los dedos cerca de la herida vendada de su protegida, sin atreverse a tocarla. En el pueblo, la llamaban la Reina Escarlata, la líder que los sacó de la tiranía, pero en esa habitación, bajo el peso del saqueo y el lamento de las viudas que aún se escuchaba afuera, se sentía solo como una sombra.

    ✴​ —Sigurd dice que las decisiones no son buenas o malas, sino necesarias —continuó, más para sí misma que para la mujer inconsciente—. Pero Gunnar tiene razón... el Norte no perdona los errores de juicio. ¿Soy realmente una líder, o solo una guerrera que está arrastrando a todos a su propia tumba?

    ​Una lágrima solitaria recorrió su mejilla, pasando justo por encima de la cicatriz de su ojo derecho, antes de caer sobre su mano curtida. Elizabeth no se la limpió. Se quedó allí, vigilando el pulso débil de Milenka.

    El silencio de la habitación se rompió con el eco de unas botas pesadas contra la piedra.
    ​Elizabeth no se giró, sabía a quien pertenecían esos pasos.
    Siguió con el paño en la mano, recorriendo la frente de Milenka, aunque sintió la mirada del veterano clavada en las heridas abiertas de su propia espalda.

    ​Gunnar se acercó a la mesa de madera, dejando su hacha con un golpe seco que hizo tintinear los frascos de ungüentos. Su rostro, surcado por mil batallas, estaba inusualmente serio.

    ​—El pueblo está... de pie —dijo, cruzando sus brazos macizos—. Hemos contado doce bajas civiles. Los graneros del ala este fueron saqueados, se llevaron la mitad de la reserva de grano. Pero los hombres están limpiando la sangre de la entrada. No hay llantos, Elizabeth. Hay silencio. Y el silencio en Brattvåg suele preceder a la sed de venganza.
    ​Elizabeth bajó la cabeza, su cabello rojo ocultaba su rostro.

    ✴ ​—Fue mi culpa Gunnar. Desprotegí la puerta por un capricho de compasión. Milenka está ahí por mi culpa.

    ​Gunnar soltó un bufido de desdén y se acercó dos pasos, obligándola a mirarlo.

    ​— Escúchame bien. Enviaste escoltas porque este pueblo cree que su vida vale algo bajo tu mando. Si dejas que mueran de sed por miedo al Norte, no eres una líder, eres otra tirana —el veterano señaló hacia la ventana, donde las fogatas de vigilancia ya se encendían—. Cometiste un error de táctica, no de corazón. Ahora, deja de lamerte las heridas y decide qué sigue.

    ​Elizabeth apretó el paño con fuerza.

    ✴ ​—¿Qué sugieres? Sigurd dirá que racionemos lo que queda y nos encerremos.

    ​— Sigurd cuenta granos, yo cuento hachas —replicó Gunnar con una chispa de fuego en los ojos—. Si nos encerramos, el Rey del Norte sabrá que nos ha quebrado, propongo enviar una patrulla de rastreo. No para atacar su fortaleza, sino para recuperar lo que es nuestro... Necesitamos reforzar la puerta principal con empalizadas de piedra, no solo madera.

    ​Gunnar se quedó esperando, su presencia masiva llenando el hueco que la duda de Elizabeth había dejado.

    ​—Tú eres la Llama, Elizabeth. Si tú te apagas en esta habitación, el pueblo se congela esta misma noche. ¿Qué órdenes vas a dar?
    Con un movimiento lento y doloroso, se apartó el cabello de los hombros, dejando que cayera hacia un lado para observar su reflejo en el espejo de bronce de la habitación. ​Su espalda era un mapa de guerra. A las viejas cicatrices blancas, marcas de años de vagar como guerrera, se sumaban ahora las heridas frescas de la última emboscada...El Rey del Norte no había tenido piedad, sus hombres habían entrado por la puerta principal, aprovechando el hueco que ella misma había dejado al enviar a sus mejores escoltas a proteger a un simple aldeano en el río. ​Elizabeth cerró los ojos un segundo, y el sonido de los gritos volvió a su mente. El fuego, el olor a hierro y sangre, y el peso de su espada cortando el aire para forzar una retirada que llegó demasiado tarde. ​Al fondo del reflejo, la penumbra de la habitación revelaba una figura inmóvil sobre su cama, Milenka. ​La arquera, siempre tan ágil y llena de vida, yacía ahora bajo capas de lino manchadas de ungüentos. Elizabeth se giró lentamente, ignorando el pinchazo de sus propias heridas, y caminó hacia ella, se sentó en el borde de la cama, tomando un paño húmedo para limpiar la frente sudorosa de su compañera ✴ ​—Milenka —susurró Elizabeth, su voz apenas un hilo quebrado en el silencio—. Por un balde de agua perdimos a diez hombres. Por mi compasión, casi te pierdo a ti. ​Elizabeth pasó los dedos cerca de la herida vendada de su protegida, sin atreverse a tocarla. En el pueblo, la llamaban la Reina Escarlata, la líder que los sacó de la tiranía, pero en esa habitación, bajo el peso del saqueo y el lamento de las viudas que aún se escuchaba afuera, se sentía solo como una sombra. ✴​ —Sigurd dice que las decisiones no son buenas o malas, sino necesarias —continuó, más para sí misma que para la mujer inconsciente—. Pero Gunnar tiene razón... el Norte no perdona los errores de juicio. ¿Soy realmente una líder, o solo una guerrera que está arrastrando a todos a su propia tumba? ​Una lágrima solitaria recorrió su mejilla, pasando justo por encima de la cicatriz de su ojo derecho, antes de caer sobre su mano curtida. Elizabeth no se la limpió. Se quedó allí, vigilando el pulso débil de Milenka. El silencio de la habitación se rompió con el eco de unas botas pesadas contra la piedra. ​Elizabeth no se giró, sabía a quien pertenecían esos pasos. Siguió con el paño en la mano, recorriendo la frente de Milenka, aunque sintió la mirada del veterano clavada en las heridas abiertas de su propia espalda. ​Gunnar se acercó a la mesa de madera, dejando su hacha con un golpe seco que hizo tintinear los frascos de ungüentos. Su rostro, surcado por mil batallas, estaba inusualmente serio. ​—El pueblo está... de pie —dijo, cruzando sus brazos macizos—. Hemos contado doce bajas civiles. Los graneros del ala este fueron saqueados, se llevaron la mitad de la reserva de grano. Pero los hombres están limpiando la sangre de la entrada. No hay llantos, Elizabeth. Hay silencio. Y el silencio en Brattvåg suele preceder a la sed de venganza. ​Elizabeth bajó la cabeza, su cabello rojo ocultaba su rostro. ✴ ​—Fue mi culpa Gunnar. Desprotegí la puerta por un capricho de compasión. Milenka está ahí por mi culpa. ​Gunnar soltó un bufido de desdén y se acercó dos pasos, obligándola a mirarlo. ​— Escúchame bien. Enviaste escoltas porque este pueblo cree que su vida vale algo bajo tu mando. Si dejas que mueran de sed por miedo al Norte, no eres una líder, eres otra tirana —el veterano señaló hacia la ventana, donde las fogatas de vigilancia ya se encendían—. Cometiste un error de táctica, no de corazón. Ahora, deja de lamerte las heridas y decide qué sigue. ​Elizabeth apretó el paño con fuerza. ✴ ​—¿Qué sugieres? Sigurd dirá que racionemos lo que queda y nos encerremos. ​— Sigurd cuenta granos, yo cuento hachas —replicó Gunnar con una chispa de fuego en los ojos—. Si nos encerramos, el Rey del Norte sabrá que nos ha quebrado, propongo enviar una patrulla de rastreo. No para atacar su fortaleza, sino para recuperar lo que es nuestro... Necesitamos reforzar la puerta principal con empalizadas de piedra, no solo madera. ​Gunnar se quedó esperando, su presencia masiva llenando el hueco que la duda de Elizabeth había dejado. ​—Tú eres la Llama, Elizabeth. Si tú te apagas en esta habitación, el pueblo se congela esta misma noche. ¿Qué órdenes vas a dar?
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  • El portal se abrió en medio de ciudad pentagrama atrayendo miradas sorprendidas. ¿Por qué allí? Si sus vacaciones iban a verse interrumpidas, al menos debía asegurarse de que su retorno fuera cuanto menos escandaloso; asegurarse que todos supieran que ella estaba allí. Aún si su plan de permanecer fuera algo temporal parecía que debía recordar quién era la reina de aquel lugar; la verdadera soberana.
    Que el cielo se enterara que había abandonado la tranquilidad y confort del Edén no era algo que le preocupara ¿Qué era un par de plumas menos en las engreídas alas de Sera? De todas formas sólo el propio narcisismo de los ángeles pudo haberlos engañado con una verdad tan falsa como podía serlo ella; que la tenían como prisionera. Jamás lo había sido. ¿Cómo atraparla si no fue ella misma quien decidió dejarse atrapar para tomarse un descanso? Si es que algún plan de doble sentido impulsado por sus propias ambiciones no era el motivo real, claro. Aunque eso era algo que sólo ella sabía.

    Cruzó el portal aún con el atuendo tan casual que llevaba desde el jardín celestial; sin molestarse en quitarse sus gafas o su sombrero. Ignorando por completo las mandíbulas caer en los pecadores a su alrededor que habían presenciado su aparición, incluso algún otro que se había agotado con su bebida o los ojos desorbitados en sus espectadores.
    El silencio sepulcral en las calles infernales mientras el portal se cerraba detrás de ella. Sólo el resonar de sus tacos con aquel cautivador andar mientras se acercó al primer desdichado que encontró que parecía anonadado por su presencia y... Honestamente ¿Cómo culparlo? Con un dedo de su mano apenas si rozó el cuello del demonio, ascendiendo hasta su mentón para obligarle a mantener la mirada en alto aunque jamás se molestó en bajarse los lentes

    — Ow, mi pobre, desdichada y casi inútil alma pecadora... La fortuna parece haberte sonreído pues tendrás la oportunidad de ayudarme. ¿Por qué no me dices dónde está el hotel de mi adorada e ingenua hija? —

    ¿Podía saber aquella información por su propia cuenta? Por supuesto, pero dónde estaría la diversión si lo hiciera aquello era por mucho más entretenido.
    Temblando cual gelatina, con evidente sudor, con unos nervios que parecían superar los de un perro rosado y un tartamudeo aún peor que los de un puerquito con traje; acabó por señalarle el camino. Su encantadora sonrisa en su rostro mientras al alejarse le lanzaba un beso desde la distancia.

    — Sabía que serías útil, gracias querido —

    Con su cabello que parecía ondear en una brisa inexistente, siguió alejándose por las calles infernales en un andar casi hipnotizante como su misma apariencia. Atrajo miradas y estaba segura que incluso la de cámaras.
    La expresión perpleja en el rostro de todos mientras, tras salir del trance, el rumor comenzaba a esparcirse; en voz alta, en redes, en cada lugar donde la noticia pudiera llegar.

    Lilith había vuelto.
    El portal se abrió en medio de ciudad pentagrama atrayendo miradas sorprendidas. ¿Por qué allí? Si sus vacaciones iban a verse interrumpidas, al menos debía asegurarse de que su retorno fuera cuanto menos escandaloso; asegurarse que todos supieran que ella estaba allí. Aún si su plan de permanecer fuera algo temporal parecía que debía recordar quién era la reina de aquel lugar; la verdadera soberana. Que el cielo se enterara que había abandonado la tranquilidad y confort del Edén no era algo que le preocupara ¿Qué era un par de plumas menos en las engreídas alas de Sera? De todas formas sólo el propio narcisismo de los ángeles pudo haberlos engañado con una verdad tan falsa como podía serlo ella; que la tenían como prisionera. Jamás lo había sido. ¿Cómo atraparla si no fue ella misma quien decidió dejarse atrapar para tomarse un descanso? Si es que algún plan de doble sentido impulsado por sus propias ambiciones no era el motivo real, claro. Aunque eso era algo que sólo ella sabía. Cruzó el portal aún con el atuendo tan casual que llevaba desde el jardín celestial; sin molestarse en quitarse sus gafas o su sombrero. Ignorando por completo las mandíbulas caer en los pecadores a su alrededor que habían presenciado su aparición, incluso algún otro que se había agotado con su bebida o los ojos desorbitados en sus espectadores. El silencio sepulcral en las calles infernales mientras el portal se cerraba detrás de ella. Sólo el resonar de sus tacos con aquel cautivador andar mientras se acercó al primer desdichado que encontró que parecía anonadado por su presencia y... Honestamente ¿Cómo culparlo? Con un dedo de su mano apenas si rozó el cuello del demonio, ascendiendo hasta su mentón para obligarle a mantener la mirada en alto aunque jamás se molestó en bajarse los lentes — Ow, mi pobre, desdichada y casi inútil alma pecadora... La fortuna parece haberte sonreído pues tendrás la oportunidad de ayudarme. ¿Por qué no me dices dónde está el hotel de mi adorada e ingenua hija? — ¿Podía saber aquella información por su propia cuenta? Por supuesto, pero dónde estaría la diversión si lo hiciera aquello era por mucho más entretenido. Temblando cual gelatina, con evidente sudor, con unos nervios que parecían superar los de un perro rosado y un tartamudeo aún peor que los de un puerquito con traje; acabó por señalarle el camino. Su encantadora sonrisa en su rostro mientras al alejarse le lanzaba un beso desde la distancia. — Sabía que serías útil, gracias querido — Con su cabello que parecía ondear en una brisa inexistente, siguió alejándose por las calles infernales en un andar casi hipnotizante como su misma apariencia. Atrajo miradas y estaba segura que incluso la de cámaras. La expresión perpleja en el rostro de todos mientras, tras salir del trance, el rumor comenzaba a esparcirse; en voz alta, en redes, en cada lugar donde la noticia pudiera llegar. Lilith había vuelto.
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  • —He recorrido medio mundo. He conocido... -entrecierra los ojos mientras hace recuento mental y termina resoplando debido a que era un número complicado de calcular— a miles de personas... He leído libros, recorrido bibliotecas, santuarios, chamanes y adivinos... En busca de una sola respuesta... -alza el dedo indice- Una sola respuesta...

    El camarero alza sus cejas mientras sus manos detienen su tarea y el trapo con el que habia estado secando el vaso queda preso entre su mano tensa y el borde del vaso.

    -¿Cu-cual respuesta? -tartamudea el camarero, totalmente perdido en aquella conversación.

    -¿Como matar a alguien que no puede... morir? -sentencia haciendo un gesto con su dedo antes de usar esa mano para tomar su vaso de chupito y bebérselo de un trago.

    -Hmmm. -compone una expresión amarga ante el regusto del whisky- No es un hombre realmente, es demoníaco. Pero no en sentido literal.... -sacude la mano restándole importante- Esos son... otra cosa... Maquiavélico lo llamaría, más bien.
    —He recorrido medio mundo. He conocido... -entrecierra los ojos mientras hace recuento mental y termina resoplando debido a que era un número complicado de calcular— a miles de personas... He leído libros, recorrido bibliotecas, santuarios, chamanes y adivinos... En busca de una sola respuesta... -alza el dedo indice- Una sola respuesta... El camarero alza sus cejas mientras sus manos detienen su tarea y el trapo con el que habia estado secando el vaso queda preso entre su mano tensa y el borde del vaso. -¿Cu-cual respuesta? -tartamudea el camarero, totalmente perdido en aquella conversación. -¿Como matar a alguien que no puede... morir? -sentencia haciendo un gesto con su dedo antes de usar esa mano para tomar su vaso de chupito y bebérselo de un trago. -Hmmm. -compone una expresión amarga ante el regusto del whisky- No es un hombre realmente, es demoníaco. Pero no en sentido literal.... -sacude la mano restándole importante- Esos son... otra cosa... Maquiavélico lo llamaría, más bien.
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  • Thamyr
    Categoría Original
    ╰─── Fiadh ˢᵉˡᵏⁱᵉ

    ────────── ☼ ──────────

    En Nazarkh, un imperio de oriente, ubicado en medio del desierto, habían diferentes maravillas e historias por las que turistas de todos lados llegaban para contemplar. Una de las actividades más importantes era el pasar por el Gran Mercado, lugar construído en el gran oasis Thamyr. Era el punto medio antes de llegar a la capital, Oradis.

    Para llegar allí se debían seguir senderos marcados, pues de desviarse de ellos era muy fácil perderse entre las grandes montañas de arena y, por ende, en las Dunas de Karesh, donde se decía habitaban criaturas enormes, como leones de arena, o las serpientes gigantes por las noches, entre otros.

    Al ser un punto muy turístico era común ver todo tipo de comerciantes y puestos: comidas, telas, metales, artesanías, plantas, cristales, etc. En ese momento era la época donde llegaban muchos pescadores para brindar lo mejor que lograron conseguir, así que las caravanas iban repletas de mariscos bien conservados para la venta.

    Zarukhan, que prefería estar lejos del palacio y de la capital en general, siempre tomaba la más mínima oportunidad para escaparse. Pero debía ser cuidadoso para que nadie lo notara, en especial los guardias, o iba a tener que volver y escuchar una de las miles reprimendas del sultán o de los sacerdotes, a veces ambos a la vez.

    Se vistió con ropas oscuras a pesar del calor y el sol a mitad del cielo, pero eran colores diferentes a los que solía vestir. Menos adornos y bordados, pero manteniendo algunos accesorios para no verse extraño entre la multitud. Lo más difícil era cubrir sus ojos dorados que podrían delatarlo al instante, así que utilizaba una especie de velo sobre ellos que apaciguaba el brillo.

    Había escapado temprano ese día, queriendo estar presente cuando las caravanas con la mercancía llegara, siempre le había interesado ver cómo entre las personas regateaban o conversaban porque sí, muchos con historias que él mismo deseaba experimentar por cuenta propia. Por tal razón, y estando ya en el Gran Mercado, se paseó entre dichos transportes mientras iban bajando la mercadería, a veces ayudando si veía a alguien con dificultad para bajar las cajas o barriles.
    ╰─── [Fiadh_Selkie] ────────── ☼ ────────── En Nazarkh, un imperio de oriente, ubicado en medio del desierto, habían diferentes maravillas e historias por las que turistas de todos lados llegaban para contemplar. Una de las actividades más importantes era el pasar por el Gran Mercado, lugar construído en el gran oasis Thamyr. Era el punto medio antes de llegar a la capital, Oradis. Para llegar allí se debían seguir senderos marcados, pues de desviarse de ellos era muy fácil perderse entre las grandes montañas de arena y, por ende, en las Dunas de Karesh, donde se decía habitaban criaturas enormes, como leones de arena, o las serpientes gigantes por las noches, entre otros. Al ser un punto muy turístico era común ver todo tipo de comerciantes y puestos: comidas, telas, metales, artesanías, plantas, cristales, etc. En ese momento era la época donde llegaban muchos pescadores para brindar lo mejor que lograron conseguir, así que las caravanas iban repletas de mariscos bien conservados para la venta. Zarukhan, que prefería estar lejos del palacio y de la capital en general, siempre tomaba la más mínima oportunidad para escaparse. Pero debía ser cuidadoso para que nadie lo notara, en especial los guardias, o iba a tener que volver y escuchar una de las miles reprimendas del sultán o de los sacerdotes, a veces ambos a la vez. Se vistió con ropas oscuras a pesar del calor y el sol a mitad del cielo, pero eran colores diferentes a los que solía vestir. Menos adornos y bordados, pero manteniendo algunos accesorios para no verse extraño entre la multitud. Lo más difícil era cubrir sus ojos dorados que podrían delatarlo al instante, así que utilizaba una especie de velo sobre ellos que apaciguaba el brillo. Había escapado temprano ese día, queriendo estar presente cuando las caravanas con la mercancía llegara, siempre le había interesado ver cómo entre las personas regateaban o conversaban porque sí, muchos con historias que él mismo deseaba experimentar por cuenta propia. Por tal razón, y estando ya en el Gran Mercado, se paseó entre dichos transportes mientras iban bajando la mercadería, a veces ayudando si veía a alguien con dificultad para bajar las cajas o barriles.
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  • —¿Acaso esta barba de candado no es más que el musgo sobre una tumba, un intento fútil de ocultar mi marchitamiento? No... el tiempo es arcilla y yo soy su escultor más perverso. —

    *Observé cómo mi anatomía se derrite, cómo mis poros comienzan a exudar un aceite negro y denso, una secreción que devora mi propia piel hasta que mi estructura colapsa. Siendo una masa viscosa y palpitante que se arrastra por el suelo, un charco de voluntad corrupta que se estira y se retuerce en la penumbra.
    Poco a poco, desde ese lodo biológico, las fibras de mis músculos se trenzan de nuevo con un sonido de cuerdas tensas y húmedas. Una risa gutural, cargada de una vibración que hace temblar el aire estancado, escapa de mis pulmones recién formados. Mi figura humanoide emerge de la mancha oscura, goteando aún esa esencia lúgubre sobre mis dedos. Al sentir la presencia de alguien, mis ojos rotan con un hambre antiguo hacia tu escondite. Te regalo una mueca de complicidad macabra y sello el pacto con un dedo frío sobre mis labios.*

    — "Shhhh... lo que ha presenciado tu alma es un sacrilegio privado.Me guardarás el secreto.... ¿no es así?—
    —¿Acaso esta barba de candado no es más que el musgo sobre una tumba, un intento fútil de ocultar mi marchitamiento? No... el tiempo es arcilla y yo soy su escultor más perverso. — *Observé cómo mi anatomía se derrite, cómo mis poros comienzan a exudar un aceite negro y denso, una secreción que devora mi propia piel hasta que mi estructura colapsa. Siendo una masa viscosa y palpitante que se arrastra por el suelo, un charco de voluntad corrupta que se estira y se retuerce en la penumbra. Poco a poco, desde ese lodo biológico, las fibras de mis músculos se trenzan de nuevo con un sonido de cuerdas tensas y húmedas. Una risa gutural, cargada de una vibración que hace temblar el aire estancado, escapa de mis pulmones recién formados. Mi figura humanoide emerge de la mancha oscura, goteando aún esa esencia lúgubre sobre mis dedos. Al sentir la presencia de alguien, mis ojos rotan con un hambre antiguo hacia tu escondite. Te regalo una mueca de complicidad macabra y sello el pacto con un dedo frío sobre mis labios.* — "Shhhh... lo que ha presenciado tu alma es un sacrilegio privado.Me guardarás el secreto.... ¿no es así?—
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  • La pelirroja se reincorporó en el asiento, sintiendo cada músculo de su espalda protestar tras horas de audiencias. El trono de piedra, desgastado por los años pero impecablemente limpio, era una cárcel elegante que le recordaba el peso de su responsabilidad

    ​Sigurd se acercó con paso firme, sosteniendo un pergamino que se enrollaba con dificultad. Su mirada, siempre atenta y protectora, se posó en la reina escarlata.

    ​—El pueblo se levanta, Elizabeth, pero el hambre camina más rápido que las piedras que apilamos —comentó el consejero con voz grave—. Solo quedan tres sacos de grano en la reserva del ala este.

    ✴​—Prioriza a los constructores y a los niños, Sigurd —respondió ella, frotándose las sienes—. Si los muros no suben, el Rey del Norte no necesitará un asedio, solo tendrá que caminar hacia nosotros.
    ​Sigurd asintió y se dirigió hacia la gran puerta.

    ​—¡Siguiente! —exclamó.

    ​Un aldeano de manos callosas y ropa remendada entró, arrodillándose con torpeza.

    ​—Majestad...

    ✴ ─ Elizabeth, por favor, dime por mi nombre

    ​— Pe..perdon Majes-Elizabeth...
    los pozos del norte están secos. Si no compartimos el agua de la plaza, mis cultivos morirán antes de la cosecha.

    ​Elizabeth se inclinó hacia adelante, apoyando el peso de su cuerpo sobre una mano.

    ✴​—Si abrimos los pozos de la plaza a los cultivos, el pueblo se quedará sin agua potable en tres días. Escucha, lleva a tus hombres al riachuelo del lindero sur. Es más lejos, pero les daré escolta armada para que trabajen tranquilos. Sigurd, asígnale dos guardias.

    ​El hombre agradeció con una reverencia y salió con un rayo de esperanza en los ojos. Sigurd se volvió hacia ella, bajando el tono.

    ​—Esa escolta nos deja vulnerables en la puerta principal. ¿Estás segura de este paso mientras el enemigo se reagrupa en las colinas?

    ✴​—Sin comida no hay ejército que defender, Sigurd —sentenció Elizabeth con firmeza—. El Rey del Norte espera que nos desmoronemos desde dentro. No le daré ese placer. ¿Quién sigue?

    ​Sigurd suspiró, admirando la determinación de su reina, y volvió a abrir las puertas.

    ​—¡Siguiente! —anunció.
    La pelirroja se reincorporó en el asiento, sintiendo cada músculo de su espalda protestar tras horas de audiencias. El trono de piedra, desgastado por los años pero impecablemente limpio, era una cárcel elegante que le recordaba el peso de su responsabilidad ​Sigurd se acercó con paso firme, sosteniendo un pergamino que se enrollaba con dificultad. Su mirada, siempre atenta y protectora, se posó en la reina escarlata. ​—El pueblo se levanta, Elizabeth, pero el hambre camina más rápido que las piedras que apilamos —comentó el consejero con voz grave—. Solo quedan tres sacos de grano en la reserva del ala este. ✴​—Prioriza a los constructores y a los niños, Sigurd —respondió ella, frotándose las sienes—. Si los muros no suben, el Rey del Norte no necesitará un asedio, solo tendrá que caminar hacia nosotros. ​Sigurd asintió y se dirigió hacia la gran puerta. ​—¡Siguiente! —exclamó. ​Un aldeano de manos callosas y ropa remendada entró, arrodillándose con torpeza. ​—Majestad... ✴ ─ Elizabeth, por favor, dime por mi nombre ​— Pe..perdon Majes-Elizabeth... los pozos del norte están secos. Si no compartimos el agua de la plaza, mis cultivos morirán antes de la cosecha. ​Elizabeth se inclinó hacia adelante, apoyando el peso de su cuerpo sobre una mano. ✴​—Si abrimos los pozos de la plaza a los cultivos, el pueblo se quedará sin agua potable en tres días. Escucha, lleva a tus hombres al riachuelo del lindero sur. Es más lejos, pero les daré escolta armada para que trabajen tranquilos. Sigurd, asígnale dos guardias. ​El hombre agradeció con una reverencia y salió con un rayo de esperanza en los ojos. Sigurd se volvió hacia ella, bajando el tono. ​—Esa escolta nos deja vulnerables en la puerta principal. ¿Estás segura de este paso mientras el enemigo se reagrupa en las colinas? ✴​—Sin comida no hay ejército que defender, Sigurd —sentenció Elizabeth con firmeza—. El Rey del Norte espera que nos desmoronemos desde dentro. No le daré ese placer. ¿Quién sigue? ​Sigurd suspiró, admirando la determinación de su reina, y volvió a abrir las puertas. ​—¡Siguiente! —anunció.
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  • -La noche ya había caído hacía rato, y el bar de Ryuji estaba en uno de esos raros momentos de calma. Las luces cálidas colgaban del techo iluminando la madera oscura de las mesas, mientras algunas botellas brillaban suavemente detrás de la barra. El murmullo de la ciudad se filtraba apenas por las ventanas, pero dentro del lugar reinaba una tranquilidad casi cómoda.

    En una de las mesas cercanas al centro del bar estaba Ryuji, sentado en la silla con la espalda recargada, como si aquel lugar le perteneciera por completo, y en cierto modo así era. Sus botas descansaban despreocupadamente sobre la mesa, cruzadas una sobre la otra, mientras sus brazos se encontraban detrás de su cabeza sosteniéndola con total relajación. Su abrigo oscuro caía ligeramente por el respaldo de la silla, y la tenue luz del bar dibujaba reflejos rojizos en sus ojos-

    Bueno, un día mas de trabajo bien hecho… ahora solo toca relajarse, supongo.
    -La noche ya había caído hacía rato, y el bar de Ryuji estaba en uno de esos raros momentos de calma. Las luces cálidas colgaban del techo iluminando la madera oscura de las mesas, mientras algunas botellas brillaban suavemente detrás de la barra. El murmullo de la ciudad se filtraba apenas por las ventanas, pero dentro del lugar reinaba una tranquilidad casi cómoda. En una de las mesas cercanas al centro del bar estaba Ryuji, sentado en la silla con la espalda recargada, como si aquel lugar le perteneciera por completo, y en cierto modo así era. Sus botas descansaban despreocupadamente sobre la mesa, cruzadas una sobre la otra, mientras sus brazos se encontraban detrás de su cabeza sosteniéndola con total relajación. Su abrigo oscuro caía ligeramente por el respaldo de la silla, y la tenue luz del bar dibujaba reflejos rojizos en sus ojos- Bueno, un día mas de trabajo bien hecho… ahora solo toca relajarse, supongo.
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  • Sofia Scherze
    —Buenos dias querida hermanita~ escucha¡ Tengo tremendo plan malvado¡
    *Giko salta de la nada dandole un fuerte abrazo de koala a la contraria, mientras sus ojos brillaban de entusiasmó y maldad pura (corre de ahí, sofia)*
    —hermanita, estuve pensando en que deberiamos hacerle una broma a Python Deus Ex Machina Nos metemos a su partida del Minecraft y le instalamos un mod de terror pa' que cuando entre se asuste¡ ¿Si o no hermanita?
    [blaze_magenta_hare_467] —Buenos dias querida hermanita~ escucha¡ Tengo tremendo plan malvado¡ *Giko salta de la nada dandole un fuerte abrazo de koala a la contraria, mientras sus ojos brillaban de entusiasmó y maldad pura (corre de ahí, sofia)* —hermanita, estuve pensando en que deberiamos hacerle una broma a [T1Ph0N] Nos metemos a su partida del Minecraft y le instalamos un mod de terror pa' que cuando entre se asuste¡ ✨ ¿Si o no hermanita?
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